Archivo por meses: diciembre 2012

2012

Va tocando ya echar el freno de mano. Ya va siendo hora de acabar de subir este repecho, sacar el bocadillo, sentarse a la sombra de aquél árbol y entre mordisco y mordisco hacer las paces con el sendero que llevamos pisoteando desde hace doce meses. Porque se acaba ya y sería de desagradecidos no tener la cortesía de reconocerle al 2012 el detalle de, al menos, habernos dejado sobrevivirle.

La línea de salida estaba helada. La escarcha de Enero le entumecía a uno hasta las criadillas que se antojaban tan diminutas como las ganas de salir a la calle. De ahí que se tuviese tiempo para escoger pensamientos, ponerlos en cierto orden y amarrarlos en escritos como aquel en el que me deleité viviendo otras vidas que se antojaban cientos de veces mejor que la mía propia a la que el invierno tenía apalizada día si y noche también.

Los sábados los dedicaba a correr distancias largas por el entrenamiento de la maratón y después apenas poco más que pasarme el resto del tiempo recuperándome de la somanta de frío y agujetas que me esperaba. Y, mira por donde, que me aficioné al ramen porque no sólo me proporcionaba los hidratos de carbono que necesitaba después de los carrerones, sino que me hacía entrar en calor poniéndome en condiciones de nuevo para cumplir con los planes de los domingos que eran, claro, con Chiaki. No fue raro, entonces, que un domingo nos fuésemos al museo de ramen de Yokohama a ponernos turcios de fideos. Y tiene su lógica, con la rasca que hacía, que alguno que otro nos metiésemos en bañeras de agua caliente en algún onsen como el Ooedo Onsen Monogatari de Odaiba donde siempre se echa la tarde por aquello de que lo tienen montado de manera que parezca el Tokyo de los años catapún.


Algo que pasó en Enero y cuya relevancia no supe valorar lo suficiente hasta hoy, es que hice tres o cuatro entrevistas de trabajo y renuncié al que tenía incluso antes de tener ninguna oferta en firme. La razón: la bronca totalmente irracional y fuera de lugar que nos montó el presidente de la empresa en la que estaba: un gordaco de más de 150 kilos incapaz de verse las rodillas y al que le das el canuto y un boli y no te saca la O en toda la tarde, como mucho te fríe el boli en una sartén y se lo come con ketchup. Digo que no supe valorarlo porque ahora después de casi un año, me entero que el fanegas ha cerrado la empresa en Tokyo y se la ha llevado a Filipinas dejando a todos sin trabajo. Y no digo nada del cambio de hacer mierdacas en PHP a programar en Ruby así como pasar de chustacontratos de seis meses a uno indefinido. Por suerte o porque no soy gilipollas y sé elegir, una de dos, no me ha tocado meter horas extras sistemáticamente en ninguna empresa aquí y eso tampoco cambió.


Febrero llegó, por fin, y con él la tan esperada maratón de Tokyo. Los cuatro meses anteriores de mi vida habían estado dedicados únicamente a prepararme física y mentalmente para ser capaz de correr, por primera vez en mi vida, 42 kilómetros de principio a fin. No había otra meta que llegar a la meta, no importaba el tiempo, el reto era no rendirse bajo ninguno de los conceptos. Empecé en la oficina nueva donde debía aprender Ruby on Rails entre millones de cosas nuevas más, pero yo la cabeza la tenía en el 26 de febrero. Con millones de toneladas de orgullo y a pesar de hacer un tiempo ridículo de más de seis horas, corrí y acabé la Maratón de Tokyo del 2012 y me deshice en lágrimas nada más llegar a la meta.



Justo justo cuando iba llegando Marzo, cayó la nevada de todos los años en Tokyo y con ella, prácticamente, se puso fin al último invierno que, espero, pasaré viviendo solo en mi vida, aunque por aquel entonces no lo sabía.



Y mientras yo seguía recuperándome de las agujetas, sin prácticamente darnos cuenta, se cumplió un año del gran terremoto de Kanto al que no le daríamos la importancia que le damos si no fuese por el tsunami que llegó después arrasando con todo. Fue tiempo de recordar, aunque fuese solo por ese día, tiempo también de no olvidar la zarzuela y la bachatta de los medios de comunicación que vinieron exigiendo con prisas algo que exigía, por respeto, ser recordado y madurado con calma.



De Abril sé que lo pasamos buscando piso porque se acababa el contrato del mío y la idea era irme a uno más grande, confiando en que los tres meses de prueba del contrato trajesen consigo muchos más sueldos. Y entre inmobiliarias y paseos, acabaron la Sky Tree y nosotros decidimos que nos volvíamos a España, pero al sur, a Extremadura donde estaban mis padres y donde hacía casi diez años que no volvía. Me encantó verles en su ambiente, claro, y saber que están allí tan bien o mejor que en Zalla. Además, aprovechamos para escaparnos una mañana a Sevilla y olé.





Cuando prácticamente teníamos ya un piso decidido para que me fuese a vivir, nos pusimos a hablar y pensamos en que pasar las noches a lo impar era la mayor perdida de tiempo del mundo, que ya de mudarnos, pues hacerlo juntos. Y decidimos casarnos, así, de sopetón, de un fin de semana para otro. No lo dudé porque ya sabía que iba a ser así tarde o temprano, la prueba está en alguien me preguntó si era feliz y supe al instante que no podía pedirle más a la vida que saberme así.



En Abril también debuté como profesor en las clases de cocina del Tío Chiqui con una receta de marmitako adaptada a los ingredientes de la zona. Allí nos cascamos tres marmitakos como tres plazas de toros, con su pedazo de salsa en la que untar el pan que el Chiqui nos enseñó a amasar desvelando la receta secreta de los Picazo.




También se gestó en este cuarto mes el tercer hito junto con casarme y la maratón del año 2012: el Chiqui me propuso hacer de telonero de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla que se venían a actuar a Tokyo. Tenía algo así como dos meses y medio para escribir un monólogo original, pulirlo, aprendérmelo y defenderlo a capa y espada delante de unas cien personas. Estaba claro que este año no iba a quedar la cosa tranquila, no…

Y mientras trataba de darle vueltas al monólogo pensando en abandonar tres veces al día, nos fuimos de viaje un fin de semana a Dougashima, fue de estos de ir una mañana y volver a la noche del día siguiente con fuerzas renovadas. Allí conocimos a Tomomi, una encantadora anciana que tenía bien claro cómo quería que fuese el resto de su vida.

En junio me mudé, por fin, a la casa nueva después de cinco años y medio viviendo en el mismo piso de Nishi Magome. Me vine a vivir más cerca de Shibuya a una casa con un par de habitaciones y una cocina en condiciones con vistas a vivir con Chiaki que se mudaría aprovechando las vacaciones de verano. Me llevé bastante disgusto porque el casero del piso anterior se quedó con el dinero de la fianza contándome que tenía que cambiar el papel de las paredes y no se que milongas más. Me dolió, no por el dinero, sino porque creía que teníamos muy buena relación y tanto él como yo sabíamos que no era cierto porque desde el primer día puse especial empeño en tener mucho cuidado con todo y además comprobé antes de irme que no había nada deteriorado… en fin.

Julio llegó y aquella noche el Chiqui me dijo que habíamos quedado con Ernesto Sevilla, Joaquín Reyes y su mujer, Victor, el representante de ambos y el Lorco para cenar. Me llevé a Chiaki, y la verdad es que me parecía mentira que estuviésemos allí mano a mano doblando cervezas con ellos. Nos lo pasamos muy bien a pesar de que al salir a eso de las dos o tres de la mañana, un grupo de estudiantes borrachísimos que estaban por allí se nos encararon y poco faltó para que nos liásemos a hostias. La vez que más cerca he estado en mi vida de pegarme con alguien, y tuvo que ser en Tokyo con Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, juas, parece un sketch. Eso si, les juramos y perjuramos que esto era rarísimo, que normalmente nunca tienes ningún problema de este tipo en este país… ¡menuda imagen!.

Y dos días después, pues el monólogo. Entre los focos, que no me dejaban ver a la gente y que después de soltar dos o tres chorradas el público respondía, los nervios se relajaron un poco y salió todo mucho mejor de lo esperado. Siempre le queda a uno el miedo horroroso de que no se ría absolutamente nadie. No fue así, y esto no sólo fue una de las cosas más alucinantes del 2012 sino que probablemente de toda mi vida. Repetiría mañana mismo, sin dudarlo.

httpvh://www.youtube.com/watch?v=CinX7rhGeHY

En agosto me casaba, exactamente el último día del mes. Era un mero trámite: pasar por la embajada a hacer la entrevista y llevar los papeles al ayuntamiento, y después de que firmaran Carlos y el Señor Pikachu, nos fuimos a celebrarlo viendo una peli en el cine y después cada uno a su casa. En ese momento no era consciente de lo que acababa de hacer aunque tenía muchas ganas de hacerlo. Es ahora, cuando llevamos cinco meses viviendo juntos que se tiene cierta constancia de cómo va a ser la vida a partir de ahora. Y me gusta mucho el asunto. Mucho, mucho.

Ese mes también volví de nuevo al campamento de Karate con la familia Kanazawa al completo. Compartir tres días dedicados exclusivamente al karate en un pueblo perdido de Japón con profesores ya legendarios y famosos en todo el mundo me convierte en un auténtico privilegiado. Una vez más fui el único extranjero y sin embargo me sentí, de nuevo, como uno más. Aunque el fin de semana siguiente perdiese en el primer combate en el campeonato nacional.


En Septiembre me puse muy en serio con el ikulibro, tremendamente animado por la publicación de uno de mis posts en el libro de lenguaje de segundo de la ESO. Quería acabar las revisiones y enviárselas a Fran cuanto antes. Por alguna razón, quise publicar en el blog uno de los capítulos inéditos que escribí sobre mi hermano Javi. Supongo que esa nostalgia infinita que le entra a uno a veces por estar lejos… le quiero tanto…

También vinieron los de callejeros y estuvimos ahí grabando por Tokyo, la verdad es que nos lo pasamos muy bien, sobretodo en un karaoke al que fuimos. ¡¡A ver cuando lo sacan ya!!

Y en septiembre también celebramos los cumpleaños, el mío y el de Chiaki, por primera vez como el matrimonio Toscano que somos. Anda que no cambia cualquier cosa que se haga si se suman las ilusiones de dos.

En Octubre se celebró otra de las locuras del Tío Chiqui, ésta vez se trataba de enseñar a cortar jamón a japoneses. Como venía público hispanohablante y Raúl, el profe, habla japonés bastante mejor que yo, a mi me tocó la misión de traducir sus explicaciones a castellano. Mucho más fácil, sin duda, además me dejó tiempo para grabar un vídeo recordatorio del sarao que allí se montó:

httpv://www.youtube.com/watch?v=hsXk65Kfd5U

Y mira que de vídeos iba la cosa, porque Carlos que estuvo en una clase anterior de cocina, también hizo uno a modo de promoción que le quedó la mar de simpático:
httpvh://www.youtube.com/watch?v=DhEPdnKEQec

También fue Halloween otro año más y este me disfracé de un bicho que sale antes de las películas en los cines aquí, lo que hizo que todo el mundo se descojonara y se parara a sacarse fotos conmigo aunque yo no disfrutase mucho del asunto porque llevar una caja en la cabeza toda la noche fue un coñazo que no volveré a repetir…

Y llegó el frío, y con él la media maratón del Fuji de noviembre que en teoría me iba a servir de entrenamiento para la de Yokohama de la semana siguiente. Fui con muchas ganas y disfruté muchísimo del recorrido y las vistas. Una vez más me volví a sentir un privilegiado y no me arrepentiré nunca de meterme en tantos fregados. Si alguna vez me vuelvo de Japón, que pueda contar que aproveché el tiempo en exprimir lo que este país tiene que ofrecer más allá de dejarse la vida en la oficina o estar encerrado en casa delante de una pantalla.

El fin de semana anterior a la media maratón me fui a Hiroshima de viaje, sorpresón de Chiaki y viaje alucinante en todos los sentidos. Tanto por el museo de la paz de Hiroshima, como por el idílico paisaje de Miyajima. Recuerdos inolvidables, como inolvidable fue la intoxicación por ostras que me tuvo tres días encerrado en el cuarto de baño.




Mira tu por donde, que noviembre acabó con una desgracia: dos días después de la media maratón del Fuji y cuando quedaban tres para la de Yokohama, un coche se me cruzó y del frenazo que di nos fuimos la moto y yo al suelo. Balance de resultados: muñeca izquierda rota y escayola por un mes. O dicho de otra manera: ni maratón, ni examen de tercer dan de Karate, ni gimnasio ni nada. Lo que me dio mucho que pensar en este diciembre que se termina… ¡hasta arreglé el fin del mundo y todo!. Aunque en lo que más estoy invirtiendo mi tiempo, ahora que la actividad física se reduce prácticamente a cero, es en una página web que verá la luz muy pronto y que estoy convencidísimo de que os va a gustar. De momento no digo más, pero de Enero no pasa…

Menudo año… tantos y tantos buenos cambios, tantas nuevas experiencias… miedo me da pensar en que el 2013 venga la mitad de emocionante…

¡¡ Feliz año 2013 !!
:gustico:


Resumen de mi 2012:

Febrero
Cambié de trabajo
Corrí y acabé la maratón de Tokyo

Julio
Salí de telonero de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla

Agosto
Me casé con Chiaki
Fui a un campamento de Karate con la familia Kanazawa
Competí en el nacional de Karate

Septiembre
Los de segundo de la ESO empezaron a utilizar un libro de Lenguaje en el que sale un post mío
Vinieron a grabar los de Callejeros Tokyo

Noviembre
Corrí la media maratón del Fuji
Me partí el brazo

Diciembre
He empezado una nueva web que se hará pública en Enero
Una editorial está, por fin, leyendo el ikulibro y decidiendo qué hacer
He escrito un post biblico sobre lo que hice en el 2012


Solucionado lo del fin del mundo


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¿Que hoy qué? Huy que faenaaaa, no no no, esto no puede ser hombre. Dejadme a mi, dejadme…

– ¿Está Dios? si, el jefe, el mandamás, ese mismo… ya sé que estar está en todos los lados, pero que se ponga al teléfono también

– Gracias ángel, que eres un ángel

(son un primor, siempre me coge uno distinto, se ve que a la que pueden se escaquean del trabajo y se van volando)

– Si, ¿Dios?, hombre, que tal, cómo andamos, por las nubes como siempre, ¿no?. Bueno perdone, que mire que si puede retrasar lo del fin del mundo un poco, que va a venir mi primo del pueblo a pasar la navidad y, claro, nos viene mal… que si eso si no le daría lo mismo dejarlo para después. Claaaro, en diciembre nos coge a desmano… ¿le costaría mucho ponerlo en enero? que ya nos habremos gastado todo el dinero y ya de perdidos al río, total… o mejor en junio que se acaba la liga y ya nos morimos sin la duda.

– No claro, si yo lo entiendo, que la agenda con los jinetes esos… que si lo tenía apalabrao con los mayas… si… hay que ver que ocupao está usted y en qué chanchullos me anda, y eso que descansa los días 7. Pero hombre, no me haga este feo, que le rezo hasta los domingos que hay fútbol. Mire, le pongo dos velas más de aquí a que gane el Bilbao la copa si mira de dejarlo para otro año.

– Ah! que así si, anda que no le gusta que le mimen, ¿eh?, si en el fondo es usted un salao, tanto cura, tanta biblia que le tienen en un altar siempre y es usted un campechano. Bueno, pues si ve que tal, cambielo al año que viene y así nos comemos el pavo con mi primo, que está gordo gordo ya. No, mi primo no, el pavo, aunque mi primo tiene lo suyo también, que el otro día se subió a la báscula y le salió en la pantalla: «de uno en uno, háganme el favor».

– Vale, pues en eso quedamos entonces. Si ya de carambola hace que se quede buena tarde, le deberé un par, muchas gracias de verdad. Jesusito bien, ¿no?, dele recuerdos, que se tape un poco, que hace frío. Ah!! ¿y Miliki ha llegado ya? ¿que le ha tocado una buena nube?, muy bien que se lo merece.

– Vaaale, pues cuelgo entonces, quede usted con Dios. O sea con usted mismo… bueno ya me entiende.

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Los ciervos de Nara y Miyajima

Yo cuando fui a Nara no tenía ni idea de que había ciervos por allí danzando. Y fíjate, me acaban de contar ahora mismo que son un problema como las palomas y que de vez en cuando se hacen batidas por parte del ayuntamiento para llevarse unos cuantos por delante.

La verdad es que me llamaron mucho mucho mucho la atención, yo creo que sólo había visto uno de verdad una vez subiendo a un monte de mi pueblo que se asomó un tío postizo de Bambi por allí dando saltos y echó a correr en cuanto me vio. Así que en Nara no paré de sacarles fotos, pero muchas muchas, ¿eh?. Sin embargo, cuando me llevaron a Miyajima ya iba yo avisao y no me quedé tan pichicueter… por los ciervos, claro, porque el lugar anda que no impresiona ni nada!

Total, ahí va un compendio ciervítico ikusukiense!

:triki:
:ojetepalinvierno:
:gatostiable:

Una semana y algunos días

Cuatro, exactamente, desde que me pusieron la escayola. Once noches tratando de no dar demasiadas vueltas debajo del edredón para minimizar las punzadas de dolor con las que me despierto a veces por una postura no reglamentaria para las condiciones del juego. El dolor es lo de menos, lo peor sin duda son las sobremesas, las tardes, mis horas que son todas mías cuando se baja el telón de la oficina y ya acabó mi actuación.

El viernes me descubrí en el descanso del mediodía paseando con mi brazo en cabestrillo por Shibuya con una canción sonando una y otra vez en el maltrecho iPhone que tampoco salió ileso del accidente. En el estribillo, gritan «demo akiramenai kara, akirametakunai kara»… pero no me rindo, no me quiero rendir… Hago mías sus palabras que me calan bien adentro y una vez más, aprovechando que estaba solo entre un montón de desconocidos, me dio por llorar. Porque resulta que yo lloro mucho, bueno o lo normal o… no sé, lloro lo que tengo que llorar porque siento que siento y espero que eso nunca cambie. Pero el caso es que apenas veinte minutos más tarde, cuando subía de nuevo la cuesta que separa la estación de mi oficina, lo hacía con una sonrisa desparramándose por las mejillas y el ánimo allá por el piso cuarenta de cualquiera de los rascacielos que me rodean.

¿Sabes que pasa?, que es que últimamente tengo mucho tiempo libre. Ya no voy al gimnasio a la hora de comer, ya no vuelvo corriendo de casa a la oficina ni voy a clases de Karate por las tardes. Ahora me estoy quieto y cojo trenes y me da por pensar que hace tiempo que no me daba por pensar, que eran tantas las cosas que hacía a diario que no era capaz de verme con una perspectiva un poco más allá que la de los kilómetros que me faltan para llegar o aquel kata que se me resiste.

Atrás queda la desorientación de los primeros días en los me sentía tan vendido que parecía que estaba por estar en cualquier situación y lugar, la desidia, la desgana, la inmensa rabia de querer seguir haciendo tanto y no poder hacer nada. Pero es curioso que poco a poco, junto con el dolor, el grado de irritación ha ido disminuyendo hasta toparme de morros con la tesitura de encontrarme conmigo mismo: un tipo que ha esperado a estar cerca de los 40 para partirse un brazo y agrietarse la crisma un par de veces.

Pero también el mismo tipo que ya no vive solo, que se ríe del invierno porque ya no le da miedo su frío. Un fulano que no puede atarse los cordones en condiciones, pero que es capaz todavía de llorar al darse cuenta de que lleva quedando desde hace tiempo todas las noches para soñar a pachas con la chica que nunca deja de sonreír y que ya queda mucho menos para la boda. El mismo gachó que ya no pide hamburguesas porque no se las puede comer con una sola mano y se seca las lágrimas y se ríe, cuesta arriba, pensando en la cara que pondrán sus padres que se vienen a bendecir la boda, cuando vean los rascacielos de Shinjuku o los templos de Kamakura, en cómo se quedarán Javi y su sobrina cuando se los lleve a Disneylandia, en que por fin podrán convencerse los suyos en primera persona de que su hijo está lejos, si, pero también, de lejos, mejor que nunca.

El mismo sujeto que teclea a duras penas en la oficina con un cojín bajo el brazo, que se pone el pijama de verano porque a la manga izquierda del otro no le entra la escayola, el mismo elemento que a nada que le obligaron a estarse quieto, se puso a pensar y se dio cuenta de que a parte de un par de huesos sanos, a su vida no le falta absolutamente nada.

Si acaso, un par de críos armando jaleo alrededor.

El ikublog en segundo de la ESO

El año pasado contactaron conmigo para hacerme una propuesta que sería imposible rechazar: querían pedirme permiso para publicar uno de mis posts en el libro de Lengua y Literatura de segundo de la ESO que se iba a utilizar este año en España. Imagínate, algo que he escrito yo publicado en un libro de educación, madre mía, cómo iba a imaginar yo que algo así podría pasar. Por supuesto que accedí encantadísimo, menudo honor, aunque la verdad es que tampoco me lo creía yo mucho el asunto…

Hasta que hace nada que he podido hacerme con el libro en cuestión y era verdad, efectivamente, ahí está el artículo:

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En concreto es el que publiqué una semana después del gran terremoto de marzo del año pasado, el titulado: Viernes, 18 de marzo de 2011. Lo cierto es que ese mismo artículo parece que tuvo cierto éxito porque también lo publicaron en El Correo, aunque allí se sobraron bastante porque grabaron incluso un vídeo con un tío leyéndolo en plan melancólico con música tristona que no venía a cuento y por supuesto, sin incluir la parte sobre los medios de comunicación…

Pero bueno, a lo que íbamos… ¡que salgo en un libro de la ESO!

La verdad es que me esto me animó y me dio mucha fuerza para seguir con el ikulibro que prácticamente ya tenemos acabado y revisado. Sólo nos falta meterle unas cuantas cosas más que creemos que van a quedar muy bien y para adelante. Como las editoriales no nos hacen caso, que ni nos contestan a los emails, seguramente lo saquemos por nuestra cuenta de alguna manera, pero de principios del año que viene no pasa, por estas, anda que no está quedando bonico ni nada. Yo no soy capaz de leer dos capítulos seguidos sin echar lagrimones, pero claro, son cosas que me han pasado a mi, si no me emocionasen, mal iríamos…

¡Buen fin de semana!
:estudier:

Hiroshima

Yo no sabía muy bien lo que había en Hiroshima. Bueno, no cabe duda que como todo el mundo, yo tenía claro lo que había pasado, la idea general que tenemos todos: la bomba atómica, población civil, ciudad desaparecida, radiación… también sabía que allí había un edificio que había quedado en pie y que lo tenían como monumento para no olvidar nunca lo que había pasado, que era muy gris y tenía una cúpula de metal que se había medio fundido.

Lo que no sabía es que Hiroshima es famosa por su okonomiyaki y mira, esa sorpresa que me llevé cuando me llevaron a uno de los restaurantes más famosos de la ciudad. Encima me advirtieron que la visita que íbamos a hacer después me iba a dejar bastante tocado, que uno no sale impune de un museo en el que se cuenta cómo y de qué manera murieron los que tuvieron la desgracia de estar debajo de la bomba más terrible usada jamás por la humanidad, que eso te lo llevas contigo para siempre. Así que aproveché y cogí bien de fuerzas antes de visitar lo que llevaba mucho tiempo posponiendo: el museo de la paz de Hiroshima.

Poco tardamos después en llegar al edificio superviviente, al Atomic Bomb Dome, rebautizado así por razones obvias pero cuyo nombre real era «Hiroshima Prefectural Industrial Promotion Hall». Poco sabía el arquitecto Checo que lo creó que iba a hacerse tan famoso pero encima no como se le ocurrió a él, sino medio derruido:


A uno le entran escalofríos en ese lugar, especialmente escuchando a los voluntarios que a sus pies suele haber, contar cómo momentos después de la detonación, los que se estaban literalmente quemando vivos se tiraban a aquel río de aguas cristalinas que teníamos al lado, muriendo prácticamente al instante dejando un reguero de cadáveres flotando en la dirección de la corriente.

El museo, que está a cinco minutos andando al otro lado del río, cuenta cómo era la Hiroshima de aquella época: un importante centro logístico militar durante la guerra donde a los estudiantes se les obligaba a demoler edificios para crear cortafuegos por temor a ser atacados con bombardeos como la lejana Tokyo. Poco se imaginaban la que se les venía encima en realidad.

Después de introducir la ciudad, van dando datos de la bomba: día, hora, donde y a qué altura explotó, temperatura alcanzada, radio de devastación. Algo que desconocía y que me impresionó mucho es que la presión fue tal que los cristales de los edificios salieron disparados a tanta velocidad que cortaban literalmente todo, incluso se pueden ver paredes con cristales incrustados, no quiero ni pensar lo que les haría a las personas.

A medida que uno va avanzando en el recorrido, se empiezan a contar historias personales de víctimas donde es prácticamente imposible no emocionarse, aún más con lo que se expone: la ropa que llevaban en ese momento que quedó destrozada, objetos metálicos totalmente fundidos… aunque quizás lo que más impacta es ver a los maniquís con la piel colgando representando los instantes después de la detonación…

De estas historias la más famosa es la de Sasaki Sadako, la niña que murió por los efectos de la radiación pero que no dejó de hacer grullas de papel prácticamente hasta el final de sus días, confiando en que así se curaría. Viendo algunas de estas grullas que tienen allí expuestas es cuando ya no pude aguantar más las lágrimas…

Alguien me decía que el museo estaba hecho a propósito para que uno saliese de allí tocado y le dí la razón: está todo contado de una forma dramática, de manera que es prácticamente imposible que alguien permanezca indiferente ante lo que se le cuenta. Pero es que si uno se para a pensar en el disparate que fue todo… no sé de que otra manera se podría…

Quise volver a la noche a fotografiar el Atomic Bomb Dome, pero por alguna razón no fui capaz de permanecer allí en la oscuridad más de diez minutos porque estaba muerto de frío. Y hacía cerca de 20 grados.

Ni maratón ni nada

Pues eso, el martes volviendo del trabajo con la moto le dio a un coche por meterse en mi carril de repente justo cuando yo pasaba. Frenazo repentino para no comérmelo y pon, al suelo con la mala suerte de que apoyé la mano izquierda y me he roto el brazo. Escayola por mes y medio según el médico, no hacer nada de deporte: ni karate, ni correr… si acaso dar paseos estilo abuelo cebolleter.

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Rabia infinita y resignación, total, no hay nada que pueda hacer para arreglar esto más que hacerle caso al médico y quedarme quieto. Eso sí, si yendo a 20 kilómetros por hora me caigo y me rompo un brazo, yendo a 50 no tengo claro qué habría pasado, así que jubilo la moto, no la arreglo ya!

la foto-Edit.jpg

Demasiado peligroso para mi, dos hostias tontas y dos hostias que me han dejado tocado. Esto no vuelve a pasar!!

Ahora sólo me queda animar a Dani, Fernando y Luis en la media de Yokohama este domingo y acostumbrarme al sofá!

arrrr que rabiaaaaa
:viejuno: :posna: :cebolleter: