El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Menuda marcha llevo con el blog, ¿eh?, acojonante el ritmo de actualizaciones!! ni os da tiempo a leer y ya tenéis otro post!!!

(Perdón perdón, hago lo que puedo, pero con Kota dando botes está la cosa un poco difícil…)

Bueno, total, que yo venía a contar lo que me pasó el otro día, que me eché unas risas muy bonicas, vamos a ello:

(entre el párrafo de arriba y el siguiente he montado la casa de Anpanman y rebuscado el sombrero de Mr. Potato que resulta que estaba metido dentro de un calcetín de Chiaki)

Supongo que ya sabéis que por aquí es bastante habitual ver a gente con máscaras de esas de papel por la calle. En algún sitio leí que es por la contaminación, pero lo cierto es que no tiene nada que ver: aquí la gente lleva máscaras cuando están enfermos básicamente para no contagiar al prójimo. Bueno, ese es el uso oficial, yo también me pongo máscara si no me quedan más huevos que ir en trenes de esos petadísimos por las mañanas donde no es raro que te echen el aliento de la muerte mezcla de tabaco y café, así tiene que oler la puerta del infierno, vamos no me jodas, que ascazo. ¡Ah! y el otro uso “no oficial” que se da es cuando alguna chiquilla tiene algún grano cerca de la boca o no se ha depilado el bigotillo pero tiene que salir a la calle, es la solución perfecta, que no se me pasa ni una a mi (me lo contó una que yo me sé pero vosotros no, jejeje).

Pues el otro día dejé la bici aparcada ya en Shibuya y enfilé el camino de la oficina, con menos prisa que ni sé, también hay que decirlo. Delante de mi iba un viejales entrajetado con máscara que no hacía más que sorberse los mocarros ahí formando un ruido asquerosísimo a cada dos pasos. Esta movida a mi me da mucho asco, así que apreté el paso para quitarme de encima a semejante engendro de la vista cuanto antes. En lo que estaba adelantándole por la derecha y sin que el elemento se diese cuenta que iba yo por ahí, cogió aire dos o tres veces, se sorbió los mocos a todo lo que daba grrrsssshhhhhjarrr y se dispuso a echar un gargajo del tamaño de la cabeza de Tyrion Lannister exactamente, sin desviarse un milímetro justamente encima de lo que viene siendo mi excelso ojete. Yo pegué un bote y dije algo así como “cojones!! tu puta madre!!” pero el tío ya lo había propulsado al mundo exterior con el pequeño detalle de que… ¡¡¡¡llevaba todavía la máscara puesta!!!!

Yo me descojoné vivo mientras el señor cerdaco se quitaba la mascara que era igual ya que una bolsa de té usada y mascullaba mierdas en japonés del estilo de “mecagüen la madre que me parió, que no me he dado cuenta, joder, aggghh, hostias”.

Mira tu que manera más guapa de empezar la mañana gracias aquí al tío gargajos!! :descojoner:

Llevamos unas navidades un poco moviditas los Tosca, el pequeño gran Kota se ha puesto malico y de momento nos hemos pasado unos días en casa. Hoy ya está mejor y está en la guardería, no preocuparse. El caso es que gracias al encierro forzado a pachas con Chiaki, he tragado bastante tele japonesa, si, esa en la que no sale más que gente comiendo y grupos de ídolos haciendo el monguer todos juntos. Y entre tanta gilipollez, porque mira que es infumable lo que echan, ¿eh?, me ha llamado la atención un vídeo que se ha hecho viral aquí en el que se ve a un empleado de una empresa de paquetería mandar todo a tomar por culo y emprenderla a hostias con los paquetes, el carrito de llevarlos y la madre que parió a todo, jajajaja, ojo aquí que le han cazao con la cámara:

A raíz de esta movida, parece ser que se ha descubierto que este tipo de empresas pagan dos duros y medio a los chavales a los que encima de pasar más frío que los huevos de un pingüino, encima les meten muchísima presión para entregar los paquetes en el horario acordado con el cliente (aquí en Japón, este tipo de servicios son inmejorables para el cliente, pero claro…).

Ala pues, marcho que he quedao!
:feliciano:

Hace bastante mas de un mes que me contactaron de Mochileros 2.0 para una colaboración en un artículo que tenían pensado publicar recopilando la visión de Japón que teníamos cada uno de nosotros. El caso es que lo que acabé escribiendo el día aquel que nevó, no fue ni mas ni menos que otro post mas del ikublog, así que es de justicia que lo publique aquí también. Por cierto, que a ver si retomo el blog mucho más en condiciones, que esto no puede ser ya, mecagüen la madre que parió a Peneke cuarenta veces!!!

A ver que os parece:


Hoy nos hemos levantado con nieve en Tokio. Por lo visto, hacía algo más de cincuenta años desde la última vez que nevó en Noviembre y la televisión se ha encargado de recalcar este hecho una y otra vez estos últimos días. Es curioso: aquí se empeñan en exagerar hasta llegar a veces al ridículo cualquier evento de estas características… ahora que con el historial que tiene este país a sus espaldas, no seré yo quien les eche culpa alguna. Siempre suelen tratar de dar la máxima cobertura a, por ejemplo, cuando viene un tifón, mandando a un señor con un casco al árbol más cercano al epicentro con la intención de captar cuatro imágenes de hojas moviéndose. Y conectan con ese señor una y otra vez aunque a veces el tifón no haya llegado y apenas llueva, y hacen zoom a todo lo que da a los charcos, y en realidad allí no se ve nada más que un txirimiri y en la mayoría de los casos el tifón se desvía o se disipa antes de llegar.

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El caso es que si, que hoy ha nevado, no demasiado, pero si como para que uno se levante contentete por la cosa de la novedad. A mi hijo Kota casi hemos tenido que atarle a la pata de la mesa para que no saliese en pijama a la calle a pisar la nieve; es muy emocionante volver a vivir las cosas olvidadas de este mundo, ya tan normales, tan anodinas para nosotros, con los ojos de un niño de tres años como aquella vez que se chocó contra su misma imagen en el espejo de una tienda, o cuando nos enseñó la luna como su mayor descubrimiento señalándola como si le fuese la vida en ello con ese brillo tan especial de esos ojos de ver de primeras.

Hoy le he llevado a la guardería en brazos, bueno, en realidad colgado de mi con uno de esos artilugios, esa especie de mochila en la que le llevas, estómago con estómago, cual canguro. Cada vez pesa mas, no sé yo hasta cuando esto podrá ser viable, aunque me dice Chiaki, mi mujer, que ya van por tres las veces que ha vuelto ya andando todo el camino, seguro que en nada estamos echando carreras los dos por las mañanas.

Me resulta curioso lo integrado que estoy en esta nueva vida de padre, tan reciente y ya tan consolidada, tan natural. Hablo con otros padres y madres por las mañanas y siempre juego un poco con los demás niños y con Kota antes de salir de la guardería a afrontar la oficina. Ni los padres ni los profesores hacen distinción alguna porque yo sea el único occidental que deja allí a su hijo, hijo que no deja de ser más japonés que nadie aunque tenga el pelo castaño y los ojos más grandes que los demás. Por supuesto los demás niños ni notan la diferencia, o si la notan les da igual a la hora de meterme bloques de lego en el bolsillo de la chaqueta o enseñarme bellotas que han cogido del parque cercano, o contarme lo primero que se les pasa por la cabeza. Hoy Kaede-chan, después de enseñarme su camiseta rosa, me ha contado que ayer estuvo en casa de su abuela y que le dio chocolate; Shunya-kun me ha insistido, a gritos, que la nieve era igual que el kakigori que hace su padre y Tsubasa-kun me ha dado una hamburguesa de plástico mientras decía “irajaimaje” porque resulta que no pronuncia bien las eses.

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Al salir y como nevaba aún más si cabe, hoy también he aparcado mi bici y he ido a trabajar en tren. Las bicis, la mía y la eléctrica con la que llevamos a Kota, las alternamos entre el parking de casa y uno público que hay cerca de la estación que llevan unos jubilados por turnos. De alguna manera, gracias a la rutina de vernos todos los días supongo, nos hemos hecho buenos amigos; alguna vez hasta les he llevado algún pincho de tortilla para probar que era verdad eso de que yo también cocinaba en casa. Uno, a cambio, me regaló un libro de poesía que todavía no he leído ni sé si podré ser capaz de leer en condiciones algún día.

Por perderme esos ratos con mis abuelos prestados, no me gusta nada tener que ir en tren, por ese y otros motivos entre los cuales está la obviedad en Tokio de que los trenes son latas de sardinas por las mañanas, pero lo que más me disgusta, diría que incluso me apena, es la falta de maneras, de educación. Es algo que siempre me ha llamado la atención y con lo que todavía no he sabido lidiar. Me refiero a que en Tokio y de momento en cualquier otro lugar de Japón en el que he estado, la educación está asumida: cada uno respeta a cada cual, se valora la limpieza, el silencio, se reservan los gestos, se ceden pasos, se sujetan las puertas, se guardan las formas, la cortesía es intrínseca a esta sociedad… excepto en las estaciones de tren. Por alguna razón que todavía no acabo de comprender, cualquier anden en Tokio por las mañanas es una república independiente donde reina el caos: listos colándose para entrar los primeros en el tren, ancianos que tienen que hacer el viaje de pies porque tres salary man entrajetados se hacen los dormidos en los asientos de cortesía, empujones, pisotones…

No me gustan nada los trenes, por eso no me gustan los días de lluvia.

El trago se olvida pronto, entre resignación y costumbre, uno logra abstraerse y en cuanto llevas un par de minutos fuera de la estación, vuelves a querer a este país.

Suelo comprar algo para desayunar en el Seven Eleven de la esquina. Hace un par de meses que dejé de tomar café, pero siempre compro un onigiri o algún sándwich y una botella de agua con la que pasaré la mañana entre pantallas y teclas.

Nada de demasiado interés que recalcar en las horas de oficina. Donde yo trabajo, se trabaja bien, el nivel es muy alto y uno nunca deja de aprender. Me gusta estar donde estoy pero hay algo a lo que todavía no me he acostumbrado aunque también me pasaba en la anterior empresa en la que trabajé y es que los compañeros no te saluden por la calle, incluso por el pasillo.

Sé que no es algo racista, no tiene nada que ver porque lo hacen también entre ellos, me resulta incómodo cruzarme con alguien que conozco de sobras y que mire para otro lado aún habiéndome visto. A mi modo de ver es un gesto hostil, pero aquí no es así. No pasa con todos, hay algunos con los que tengo muy buena relación y siempre intercambiamos un par de palabras fuera de la oficina, como aquella vez que me encontré a uno de sistemas con su novia en un centro comercial en el que estaba yo con Chiaki, Kota y mi suegra y estuvimos echando un rato majo los cinco. Pero si que diría que es la norma general y no me gusta, me incomoda.

A los mediodías suelo ir al gimnasio, es un Gold’s Gym que hay en Shibuya al que van también algunos famosos como el chico negro del anuncio de SoftBank con el que he coincidido ya un par de veces. Es curioso como todos los gimnasios se parecen entre si; en Tokio también tenemos a los mismos personajes: el que le pone el doble de peso del que puede levantar a la máquina y hace series a medias a velocidad absurdísima, el que resopla y jadea dando vergüenza ajena, el que está más al móvil que a hacer nada, el de las poses en el espejo… en fin, yo a lo mío.

Si he de buscarle algo bueno a los días en que me toca aparcar la bici, es que aprovecho el rato de ir andando hasta la estación desde la oficina para disfrutar del disparate que es Shibuya con un poco más de calma: me paseo por entre las miradas de la gente, subo y bajo escaleras y cuestas, y mientras cruzo uno de los pasos de cebra más famosos del mundo, me pregunto, con la cara iluminada por televisiones enormes en alturas imposibles, ¿te has acostumbrado a esto, Oskar? ¿esto va a ser ya tu vida para siempre?…

Y entonces llego a casa y Kota grita “¡¡Mamá mamá, ha llegado papá!!”, y sale corriendo hacia la entrada donde yo aprovecho la inercia de su carrera para levantarle lo más alto que puedo en brazos y darle el beso que le tenía guardado desde que me despedí de él en la guardería.

Y pienso que quizás mi vida no sea tan diferente de la de cualquier otro padre primerizo del mundo, que Japón, que Tokio es circunstancial, que mientras estemos juntos, el escenario no es trascendente, da igual.

Nah, que ba. Tokio mola.

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Mira que el otro día contaba la última gilipollez de las chiquillas que pedían el sushi sin arroz para conservar la línea (y la tontería supina). Bien, pues resulta que una cadena de sushi de Osaka se ha tirado todo el verano troleando a los clientes extranjeros, sobretodo coreanos, echándoles una pechá de wasabi más del que tocaba.

Por lo visto les han cazado después de que les montaran el pollo y han tenido que emitir un comunicado oficial y toda la pesca. Como el tema es gaijin-sensible, han tenido que desmentir que era por racismo y la razón a la que se aferran es que la gran mayoría de los coreanos les pedían “extra” de wasabi normalmente, así que lo hicieron norma y cada vez que entraba uno, les ponían ahí más mandanga de la correspondiente.

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Ojo a la noticia en el telediario, le ponen ahí más wasabi que pescado casi:

Lo gracioso del tema, aparte de la supina troleada, es que en los medios lo han querido bautizar como “WasabiTero” que viene a significar: “Terrorismo de wasabi”. Tiene huevos la cosa, que elementos tenemos por aquí en la tele también.

Y bueno, toca la Toscareflexió: tal y como yo lo veo, es una cadena de restaurantes muy popular entre los extranjeros, así que probablemente habrá gente allí haciendo cola para entrar. Los chefs, hasta los huevos de no entender la mitad de las cosas que le piden, de la cantidad de chorradas que tendrán que aguantar estilo “pásame el sashimi por la sartén que en mi país lo del pescado crudo como que no”, han salido por lo de enchufarles volquetes de wasabi hasta que se les quiten los mocos de por vida. ¿Razonable y justificable?, en absoluto, pero divertido que te cagas, jajaja, que cabrones!!

Pongámonos también en el lado contrario: si a un bar de pintxos en Bilbao siempre que van japoneses les piden la tortilla con el huevo medio crudo, sería entendible que por defecto se les sacase esa ya, ¿no?. Además es bastante probable que se metiese en el mismo saco no solo a japoneses, sino a cualquier oriental. Pues esto del wasabi la misma mierda es, pero al revés, y por extranjero aquí entra todo el resto del mundo no-japonés.

Ala pues! que vaya bien el domingo!

Fue uno de los primeros viajes que hicimos los tres junto a la madre de Chiaki; tengo casi la certeza de que fue el primero de todos aunque no acabo de poder acordarme del todo.

Para mi era algo novedoso, pero sin embargo para ellas dos era la continuación de una tradición familiar de hace muchos años, de cuando el padre de Chiaki todavía vivía. El destino siempre ha estado elegido y no es negociable: el ryokan en el que tantas veces se habían alojado los cinco cuando mi mujer y sus dos hermanos eran pequeños. Supe al instante que era algo importante para ellas dos, que era algo que debían hacer por honrar al abuelo que Kota solo conoce por las fotos, al suegro con el que, con el respeto que le otorga el rango, me hubiese encantado tener que tratar.

No sé demasiado de él: que era monje, como su padre y como su abuelo y como ahora lo es el mayor de sus hijos, que vivió una temporada en Nueva York, donde nació Chiaki, que hablaba inglés y que le gustaba tratar con extranjeros. Cuando me hablan, con infinita nostalgia, de él, suelen acabar la conversación con un: “le hubiese gustado conocerte, os hubieseis llevado bien”.

Supongo que si, no tengo duda alguna.

Es imposible que deje de dolerme algún día pensar en que Kota y mi padre apenas se han llegado a conocer…

Al llegar al ryokan me presentaron a la dueña con cierto orgullo y muchas reverencias y cuando el pequeño Kota decidió asomarse desde el refugio que eran mis piernas, creí notar que aquella buena mujer se emocionó de verdad al conocerle. Yo no pude evitar, aún sabiendo de sobra que no era así, sentirme como un intruso en aquella escena tantas veces vivida por aquella familia de la que ahora yo formaba parte y sin embargo a la vez era hermoso compartir la ilusión de Chiaki y de Tokuko, su madre, por enseñarme cada recoveco de aquel lugar entre montañas, por desgranarme cada recuerdo de cada rincón. Al río se cayó Nobuaki al intentar saltar de piedra en piedra, en el bar antes tocaba un señor mayor aquel piano que ves allí y la gente le bailaba las notas ataviados con el yukata del ryokan, de pequeña entraba en el onsen con mi padre…

El tiempo fue horrible: llovía a mares y hacía mucho mas frío del que tocaba en aquella época del año. Eso hizo que prácticamente hiciésemos vida entre paredes los dos días que hicimos noche; recuerdo que solo salimos un poco una vez que clareó la luna porque, decían, que se podían ver las luciérnagas danzando al compas del agua del arroyo, pero duramos justo lo que Kota tardó en asustarse por la oscuridad.

Tampoco importó demasiado: el edificio original se había ido quedando pequeño con los años y se le fueron anexando nuevas construcciones a ambos lados unidas por pasillos por los que uno nunca tenía claro del todo si iba a acabar saliendo al onsen, al restaurante, al salón con chimenea del piano o directamente a recepción. Harían falta más de dos días para aburrirse por allí dentro.

Volviendo de los baños la primera vez a mi me costó un buen rato encontrarme.

Aunque había un comedor enorme, la cena se servía en la habitación. En nuestro caso nos hospedábamos en dos diferentes para que Tokuko tuviese la intimidad, y quizás la paz, que Kota de ninguna de las maneras le iba a dar, pero a la hora de la cena nos juntábamos en la nuestra, que era la más espaciosa, no andaré demasiado desencaminado si digo que andaría por más de diez tatamis.

Como en prácticamente todos los ryokans, la cena era algo a lo que uno debía prestar toda la atención posible: aquello no es algo que se coma mirando la pantalla del móvil; esos platos son tan exquisitos que hay que degustarlos con todos los sentidos. Sabores y colores, aromas y texturas todos compitiendo en un equipo perfecto para formar la más refinada de las experiencias. Eso mientras uno está sentado en el tatami, en posición de seiza, ataviado con un yukata y en mi caso, rodeado de la rama japonesa de la familia.

Os podéis imaginar.

Volvió de nuevo la dueña a atendernos personalmente. A la izquierda de la mesa empezó a alinear con una mano, sujetándose la manga del kimono con la otra, cuencos desafiantemente humeantes de sopa miso, de arroz, de tofu que combinaban perfectamente con platos de pescado, de carne, de encurtidos, de trozos de pescado crudo de mil tonos y colores entre hojas shiso y piedras blandas de wasabi.

Lo hizo de forma armoniosa, sin prisa, tardó un buen rato en el que nadié pronunció palabra alguna, incluso Kota, lo que es mucho decir.

Después empezó a hacer lo propio delante de cada uno de nosotros por orden descendente de edad.

Cuando hubo acabado, había cuatro cenas: la de Chiaki, la de Tokuko, la mía y una más colocada con exquisitez delante de la hipotética persona que habría de presidir la mesa.

Entonces se sentó sobre sus rodillas cerca de la puerta, se ajustó el kimono a la altura de las caderas, nos hizo una reverencia y dirigiéndose a la madre de Chiaki, le dijo:

– Habéis venido tantos años que no puedes imaginarte cuanta alegría he sentido al saber que volvías a venir con tu familia que ha sido siempre un poco mía. Te doy las gracias por ello.

Entonces se dirigió a Chiaki:

– Te he visto correr por esos pasillos y crecer más rápido de lo que nunca hubiese imaginado, año tras año. Y ahora eres madre, es increíble lo poco que hemos cambiado nosotros y cuanto lo has hecho tu. Gracias por querer seguir viniendo y presentarme a tu hijo y a tu marido.

Y después de hacerme una reverencia a mi, volvió a hablarle a Tokuko, que hacía tiempo ya que había dejado de tratar de disimular las lágrimas:

– Como en otros tiempos, para mi tu marido sigue estando aquí velando por ti, por vuestros hijos y ahora por su nieto. Por favor, disfrutad de esta cena junto con él y honrad así su presencia. Siempre que vengáis, para mi él seguirá estando como siempre ha sido, como no debería de haber seguido siendo. Siempre os esperaré con los brazos abiertos, a él también.

Hizo otra reverencia, esta vez apoyando las dos manos en el tatami, y con especial elegancia deslizó de nuevo la puerta de papel de la habitación tras ella.

Nos costó parar de llorar. Nos costó un buen rato recuperar el habla. Fue Kota el que con el más a destiempo de sus gritos de “itadakimasu” nos hizo volver de aquel mundo de eterna nostalgia infinita al que ellas dos se fueron llevándome de pasajero.

– Por favor, Oskar, come, compartamos su comida entre todos -dijo Tokuko.

Y aunque a mi nunca se me hubiese ocurrido tocar ni un solo grano de arroz de lo contrario, así lo hice, así lo hicimos.

Aun conservando el gesto de haber derramado lágrimas, las vi felices, las sentí en paz y disfruté del brillo de sus sonrisas con más de un recuerdo de todos los que trajeron aquella velada entre las dos.

Hemos vuelto al menos dos veces más que recuerde y en todas y cada una de ellas ha estado el sitio reservado y la cena puesta para el que falta, pero que sin embargo, está. Sin que hubiese que pagar más por ello, sin que hubiese que pedirlo.

Esto me lo había contado Chiaki alguna vez y el otro día leí una noticia sobre ello. El caso es que últimamente a las chiquillas les ha dado por pedir sushi en los restaurantes, pero sin el arroz por aquello de la dieta y los carbohidratos. Es decir, básicamente entran en un restaurante de sushi y le piden al señor que les de el trozo de pescado crudo directamente… ¿tiene o no tiene huevos?.

Por si acaso, aclaro que sushi es el trozo de pescado crudo encima del arroz, al pescado crudo solo se le llama sashimi.

Uno podría decir que bueno, que total, que si pagan, por mi como si lo aliñan con cocacola y se lo zampan. Lo que es seguro que es todos los chefs pensarán que manda tamagos el asunto, como el de esta noticia que no dudó en echar a la chica del restaurante cuando se lo pidió. Chiaki se descojonaba.

Leyendo los comentarios de esa noticia, la mayoría de la gente está a favor de que el chef le saque el sushi sin el arroz como pide. Yo probablemente habría hecho lo mismo, pero si tu plato se basa en dos ingredientes y viene una rascayú a decirte que te ahorres uno, gracia seguro que no te hace, sobretodo sabiendo que eso mismo lo puede comer en otros restaurantes. Es como pedir un bocadillo de jamón sin pan o un café con leche sin leche.

Aunque el cliente en teoría debería tener la razón, por aquello de que es el que paga, creo que hay que tener cierto sentido del ridículo y respeto por lo que se ofrece, no hay que olvidar que estás en casa ajena. No se me va de la cabeza aquella vez que en un restaurante italiano una chica pidió una pizza de rúcula, pero sin la rúcula… lo que es lo mismo que pedir una masa de pizza sola. Y esto lo dice alguien que suele pedir que no le echen tomate crudo a nada, pero no se me ocurriría pedir una ensalada de tomate sin tomate.

Además, coño, que el sushi es un arte!! amos no me jodas!! tontalaspelotas!!!

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Ojo a estas fotos, que el chef en aquel restaurante me vio sacando fotos como un loco y me hizo el sushi más pequeño del mundo para que lo sacase también, menudo artista!!

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Este mundo es cada vez más un contradios y un disparate, madre mía.

En fin, ahí va un video de gatetes zampando sushi para rebajar tensión:

Probablemente, la chorrada más gorda que verás hoy en internet y que por alguna razón yo no puedo dejar de ver:

La vírgen como pasa el tiempo, madre de Dios.

¿¡¿Qué pasa, patausagis 足兎!?!? ¡¿¡que marcha me lleváis?!?. Yo aquí ando dándome cuenta de sopetón por enésima vez de que el tiempo pasa más rápido que ni sé… que se haya acabado el verano ya… ¿cómo te quedas?, yo pericueter tirando por lo bajo.

Bueno!! pasemos a ver en qué berenjenales hemos andado metidos… ah sí, ¡las vacaciones de verano!. Este año no han sido nada del otro mundo en realidad: una semanita solo na más. Como yo entré a trabajar en la empresa el uno de abril, me corresponden 12 días de vacaciones, pero jodé, desde que entré me he puesto malo bastantes días con fiebres más tontacas que ni sé (sponsored by la guardería de Kota, que se pone él malo un día, me lo pega y yo me tiro una semana). No sé si sabéis que aquí si te pones malo, o te pillas el día de vacaciones o te lo descuentan del sueldo, no hay más. Así que total: vacaciones muy cortas, pero mira, de lo malo malo, eso que ahorramos para volver a España los tres el año que viene que ya son tres billetes de avión los que hay que pagar.

De esa semana, decidimos pirarnos tres días a Atami a que Kota pudiese ir a la playa por primera vez en su vida con calma, y luego otro par de días a Hakone esta vez con mi suegra para que pasasen tiempo juntos porque aunque vivimos a apenas una hora de distancia, lo cierto es que la rutina nos deja poco margen para vernos. Qué curioso.

Bueno, total, que este viaje de Atami yo creo que ha sido el primero en el que nos lo hemos pasado bien de verdad con Kota, de repente la cosa ha cambiado de estar todo el rato intentando que no llore, que no lo pase mal en los trenes o intentar que se duerma en hoteles “hostiles”, a descojonarnos vivos con sus ocurrencias. Es muy gracioso como entra en la habitación y se emociona a grito pelado descubriendo lo que hay dentro: “PAPÁ!!! EL BATER!!!!”, jajaja, es el pataliebre mayor del reino!!

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La playa de Atami no es tampoco nada del otro mundo, la verdad es que quitando Okinawa, todavía estoy por ver una playa que le haga sombra a cualquiera de las nuestras del norte: aquí están bastante sucias y hay más gente que ni sé (por cierto: ¿sabéis que hay el doble de pezones que de personas?, de nada, el saber no ocupa lugar). Pero estuvo guay la experiencia de meter por primera vez a Kota en el mar: estaba acojonadísimo con las olas, jajaja.

Al volver a Tokyo, aprovechamos para llevarle también a Kota al cine a ver una película de Anpanman, por cierto que un día tengo que hablar del emporio Anpanman, es acojonante lo que tienen montado aquí en Japón con esos dibujos animados… es una mafia. Pero bueno, sacaban peli y tenemos un cine cerca que se adapta bajando el volumen y dejando bastantes luces encendidas para que puedas ir con niños muy pequeños sin que salgan escopeteados al primer trailer. Kota estuvo muy muy callado toda la película, yo creo que tan flipado que no era capaz de decir ni mú, parecía que no lo había disfrutado nada, pero luego después no dejó de hablar de la “tele grande” donde había visto al cararedondaman y de la peli en si, jajaja, jodé, es muy emocionante hacer estas cosas tan “normales” para nosotros con él.

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Jaja, me acabo de acordar que cuando saqué esa foto el móvil hizo un ruido de la hostia y encima saltó el flash, jajaja, vaya notas el gaijinaco de las entradas!!

Como decía por ahí arriba, también nos fuimos a Hakone con la abuela. Lo cierto es que hizo bastante malo aunque no llegó a llover, no vimos el Fuji ni de coña, pero lo pasamos muy muy bien. Kota no le soltaba la mano a la abuela ni pa Dios e hicimos lo que se hace en Hakone: subirnos en mil vehículos desde teleféricos, funiculares, trenes hasta el barco ese del lago. Y a la vuelta, pues echarnos un obento en el tren como mandan los cánones japoneses (te dan un mes más de visado por cada uno que te zampes si presentas el ticket en inmigración).

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De vuelta en Tokyo, otra vez, resulta que ese fin de semana había fuegos artificiales cerca de donde vivimos, así que fuimos a una azotea de unos centros comerciales que la abrían para estos menesteres y que prometía unas vistas privilegiadas.

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¿Veis el pedazo de logo del Seven Eleven?, pues detrás estaban los fuegos… qué cabrones, mientras vendían cervezas y bentos los del centro comercial, no avisaban que sólo se jipiaba algo si te sentabas a la derecha del todo… así que cuando empezaron y ya nos habíamos comido y bebido a Dios por una pata, no se veía ná y se escuchó un “EEEEEEEEE?!?!?!?” del 90% de los que estábamos allí que no nos quedó otra que pirarnos resignados para casa. Jajaja, menuda historia, hora y media esperando pa ná!!

Y las vacaciones se acabaron y la rutina sigue, que con Kota es cansada a veces pero aburrida nunca. Ojo a la foto:

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Un buen ejemplo: ir a cambiar las sábanas de la cama y al volver encontrarte que el tío le había pegado un bocao a todas las manzanas del frutero y luego las volvió a dejar ahí… y se estaba descojonando tanto que es que no puedes hacer otra que reírte también, jajaja.

Ah, jaja, ojo a esta otra foto también:

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Esa me la sacaron hace un par de meses, porque querían hacer una página para animar a la gente a que se viniese a la empresa; me hicieron una entrevista y después me hicieron posar ahí en plan modelo: ríete, ponte serio, las manos en los bolsillos, mira hacia un lado… jajaja, estuvo guay, me lo pasé muy bien y salieron fotos chulas. Cuidao conmigo que todavía tengo mojo, cuidao conmigo !!

La web es esta si tenéis curiosidad: Recruit Peroli.

Carlos, por cierto, deja de trabajar conmigo, jaja, anda que ha durado el tío. Voy a echar de menos el rollo que nos traemos, no tiene nada que ver trabajar solo en japonés que poder comentar la jugada en tu idioma con un colega. En fin, dicen que no hay dos sin tres, así que vete a saber!

En otro fin de semana tonto, nos fuimos con los de la empresa de Chiaki a una granja que hay en Chiba a ver ovejas. A mi, que soy de Zalla, que cada vez que iba a ver a mis abuelos pasaba por prados llenos, este plan me parecía una chorrada muy gorda, pero todo sea por ver la reacción de Kota que tenía pintas de que se iba a reír mucho.

Al final no fue así: al montarnos en un autobús, Kota se mareó y empezó a devolver, no teníamos ropa para cambiarle y hacía bastante frío… al final compramos ropa en una tienda que había por ahí y pudimos disfrutar un poquito de los bichos, pero la verdad es que nos podíamos haber ahorrado el viaje…

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En otra de estas, Chiaki se fue con una amiga suya que también tiene un crío de la misma edad que Kota, a pasar el día por ahí. En otras palabras: la jefa me dio el día libre, jajaja, así que se me ocurrió que estaría guay coger la bici e irme a visitar la casa donde viví tantos años yo solo al llegar a Japón. Me recorrí veintipico kilómetros y me moló ver Honmonji otra vez, además me hizo un día de la hostia. Saqué fotos para mandárselas a los de Orbea, pero pasaron de mi culo un huevo, jajaja, que gañanes!!

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Chiaki hizo los años, yo que voy a hacer cuarenta mañana flipo con lo joven que es, Tosca, eres el puto amo, jajajaja. Le regalé un pedazo de bolso, compré una tarta en Shibuya que traje en la bici como pude y un montón de chorradas de la tienda Tigers esa. A la mañana me levanté sobre las cinco para preparar todo, pero me pilló a medias, jajaja. Eso sí, la canción del cumpleaños feliz que ensayé con Kota fue infalible y estuvo un rato soltando lagrimones, jejejeje. ¡¡ Muchas felicidades, guapísima mía !!

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Y luego ná, como siempre pasando los sábados con Kota. Es el pito’s day del clan Tosca, los hombres de la familia se quedan solos para liarla tan parda como ir al parque a los columpios, a la piscina de bolas esa o a dar paseos por la calle buscando hormigas. Me río yo de Pablo Escobar, nosotros si que somos peligrosos, amigos!! cerrad puertas y ventanas que salimos a liarla!!

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Y con esto nos ponemos al día, creo yo. La última locura que me queda por contar es la del invento para hacer dominadas que compré y con el que creo que me he jodido el cuello porque me duele lo que no está escrito:

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Eso si, si finalmente hacemos el Dominada’s Challenge el maldito albaceteño y yo, que no se diga que no iré preparado!! (Chiaki dice que pa cuando llueva vendrá bien: arriba tendemos los pantalones y abajo las camisas.)

Y ya está, voy a ver si bajo a Kota de la encimera y consigo que se duerma un ratejo. De mientras…

¡¡ háganme el favor de pasar un buen fin de semana, muchachos !!
:gustico:

Video de la hostia que me he encontrado por ahí dando vueltas, echadle un ojo si estáis interesados en pillar un poco como de locos es este Tokyo:

Que se va a liar parda en Japón cuando lo saquen lo saben hasta los chinos. Sobretodo aquí en Tokyo, estoy expectante no por descargármelo y jugar, que eso me la chuza bastante, sino por las noticias que van a empezar a salir de la chavalada estampándose unos contra otros por cazar al bichardo de turno.

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El gobierno lo tiene todavía más claro y tratando de prevenir el desastre que sin ninguna duda va a ser, han sacado una “guía para jugar a Pokemon Go con seguridad”. Juas, se va a liar parda igual, jajaja, me estoy riendo ya.

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Son de bastante sentido común, vamos a ello:

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Protege tu identidad

Usa un nickname y no tu nombre real y procura no subir fotos de tu casa y alrededores a las redes sociales.

Cuidado con las aplicaciones chusqueras

Saldrán un huevo de aplicaciones alrededor de la oficial prometiendo hacer tu misión más fácil con trucos y consejos pero lo normal es que sean una puerta de entrada a tu teléfono para hackers o vengan con virus.

Bájate una aplicación que de el tiempo

No vaya a ser que estés cazando bichardos y te empiece a caer la de Dios es Cristo.

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Cuidao con el calor

Que en verano hace un caloraco bueno y estar todo el día en la calle puede hacer que te de un pampurrio.

Llévate una batería externa para el teléfono

Como el juego usa el GPS de tu teléfono, conviene que tengas una batería extra a mano.

Ten un plan B preparado siempre para contactar a tu familia

Lleva siempre una tarjeta de teléfono o reserva dinero para poder llamar a tu familia desde un teléfono público por si te pasa algo y te has quedado sin batería.

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No te metas en zonas peligrosas

Esta es de cajón, pero te aconsejan que no te metas en sitios donde sabes de sobra que no deberías estar.

Cuidado con gente que dice querer conocerte

Habrá gente que querrá que vayáis a coger pokemons juntos o que querrán liarte para que vayas con ellos a algún sitio porque ellos saben que allí habrá algún bichardo. No les hagas caso y no te vayas nunca con nadie que no conozcas.

No camines mientras miras el móvil

Esta en realidad no debería ser exclusiva del juego Pokémon Go, a mi me ponen de los nervios los que en las estaciones van mirando el móvil a paso de burra y hasta se chocan contigo. Pues bueno, bien está advertirlo, que si andas mira por donde andas y si vas a comprobar el mapa, párate en un lado que no molestes y que no te pongas en peligro.

Y ya. Me parece muy bien que saquen guías de estas y seguramente por la tele también saldrán consejos de este estilo en las noticias, pero es en vano!! ¡¡ se va a liar parda igual !! juassss

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¡¡Buen finde!!
:gustico: :gustico: :gustico:

Fuente: RocketNews24

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