El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Llevamos unas navidades un poco moviditas los Tosca, el pequeño gran Kota se ha puesto malico y de momento nos hemos pasado unos días en casa. Hoy ya está mejor y está en la guardería, no preocuparse. El caso es que gracias al encierro forzado a pachas con Chiaki, he tragado bastante tele japonesa, si, esa en la que no sale más que gente comiendo y grupos de ídolos haciendo el monguer todos juntos. Y entre tanta gilipollez, porque mira que es infumable lo que echan, ¿eh?, me ha llamado la atención un vídeo que se ha hecho viral aquí en el que se ve a un empleado de una empresa de paquetería mandar todo a tomar por culo y emprenderla a hostias con los paquetes, el carrito de llevarlos y la madre que parió a todo, jajajaja, ojo aquí que le han cazao con la cámara:

A raíz de esta movida, parece ser que se ha descubierto que este tipo de empresas pagan dos duros y medio a los chavales a los que encima de pasar más frío que los huevos de un pingüino, encima les meten muchísima presión para entregar los paquetes en el horario acordado con el cliente (aquí en Japón, este tipo de servicios son inmejorables para el cliente, pero claro…).

Ala pues, marcho que he quedao!
:feliciano:

Hace bastante mas de un mes que me contactaron de Mochileros 2.0 para una colaboración en un artículo que tenían pensado publicar recopilando la visión de Japón que teníamos cada uno de nosotros. El caso es que lo que acabé escribiendo el día aquel que nevó, no fue ni mas ni menos que otro post mas del ikublog, así que es de justicia que lo publique aquí también. Por cierto, que a ver si retomo el blog mucho más en condiciones, que esto no puede ser ya, mecagüen la madre que parió a Peneke cuarenta veces!!!

A ver que os parece:


Hoy nos hemos levantado con nieve en Tokio. Por lo visto, hacía algo más de cincuenta años desde la última vez que nevó en Noviembre y la televisión se ha encargado de recalcar este hecho una y otra vez estos últimos días. Es curioso: aquí se empeñan en exagerar hasta llegar a veces al ridículo cualquier evento de estas características… ahora que con el historial que tiene este país a sus espaldas, no seré yo quien les eche culpa alguna. Siempre suelen tratar de dar la máxima cobertura a, por ejemplo, cuando viene un tifón, mandando a un señor con un casco al árbol más cercano al epicentro con la intención de captar cuatro imágenes de hojas moviéndose. Y conectan con ese señor una y otra vez aunque a veces el tifón no haya llegado y apenas llueva, y hacen zoom a todo lo que da a los charcos, y en realidad allí no se ve nada más que un txirimiri y en la mayoría de los casos el tifón se desvía o se disipa antes de llegar.

IMG_3566.JPG

DSC_4650-Edit.jpg

DSC_0083-Edit.jpg

El caso es que si, que hoy ha nevado, no demasiado, pero si como para que uno se levante contentete por la cosa de la novedad. A mi hijo Kota casi hemos tenido que atarle a la pata de la mesa para que no saliese en pijama a la calle a pisar la nieve; es muy emocionante volver a vivir las cosas olvidadas de este mundo, ya tan normales, tan anodinas para nosotros, con los ojos de un niño de tres años como aquella vez que se chocó contra su misma imagen en el espejo de una tienda, o cuando nos enseñó la luna como su mayor descubrimiento señalándola como si le fuese la vida en ello con ese brillo tan especial de esos ojos de ver de primeras.

Hoy le he llevado a la guardería en brazos, bueno, en realidad colgado de mi con uno de esos artilugios, esa especie de mochila en la que le llevas, estómago con estómago, cual canguro. Cada vez pesa mas, no sé yo hasta cuando esto podrá ser viable, aunque me dice Chiaki, mi mujer, que ya van por tres las veces que ha vuelto ya andando todo el camino, seguro que en nada estamos echando carreras los dos por las mañanas.

Me resulta curioso lo integrado que estoy en esta nueva vida de padre, tan reciente y ya tan consolidada, tan natural. Hablo con otros padres y madres por las mañanas y siempre juego un poco con los demás niños y con Kota antes de salir de la guardería a afrontar la oficina. Ni los padres ni los profesores hacen distinción alguna porque yo sea el único occidental que deja allí a su hijo, hijo que no deja de ser más japonés que nadie aunque tenga el pelo castaño y los ojos más grandes que los demás. Por supuesto los demás niños ni notan la diferencia, o si la notan les da igual a la hora de meterme bloques de lego en el bolsillo de la chaqueta o enseñarme bellotas que han cogido del parque cercano, o contarme lo primero que se les pasa por la cabeza. Hoy Kaede-chan, después de enseñarme su camiseta rosa, me ha contado que ayer estuvo en casa de su abuela y que le dio chocolate; Shunya-kun me ha insistido, a gritos, que la nieve era igual que el kakigori que hace su padre y Tsubasa-kun me ha dado una hamburguesa de plástico mientras decía “irajaimaje” porque resulta que no pronuncia bien las eses.

DSC_4683-Edit.jpg

DSC_4674-Edit.jpg

DSC_4664-Edit.jpg

DSC_4661-Edit-Edit.jpg

DSC_4652-Edit.jpg

Al salir y como nevaba aún más si cabe, hoy también he aparcado mi bici y he ido a trabajar en tren. Las bicis, la mía y la eléctrica con la que llevamos a Kota, las alternamos entre el parking de casa y uno público que hay cerca de la estación que llevan unos jubilados por turnos. De alguna manera, gracias a la rutina de vernos todos los días supongo, nos hemos hecho buenos amigos; alguna vez hasta les he llevado algún pincho de tortilla para probar que era verdad eso de que yo también cocinaba en casa. Uno, a cambio, me regaló un libro de poesía que todavía no he leído ni sé si podré ser capaz de leer en condiciones algún día.

Por perderme esos ratos con mis abuelos prestados, no me gusta nada tener que ir en tren, por ese y otros motivos entre los cuales está la obviedad en Tokio de que los trenes son latas de sardinas por las mañanas, pero lo que más me disgusta, diría que incluso me apena, es la falta de maneras, de educación. Es algo que siempre me ha llamado la atención y con lo que todavía no he sabido lidiar. Me refiero a que en Tokio y de momento en cualquier otro lugar de Japón en el que he estado, la educación está asumida: cada uno respeta a cada cual, se valora la limpieza, el silencio, se reservan los gestos, se ceden pasos, se sujetan las puertas, se guardan las formas, la cortesía es intrínseca a esta sociedad… excepto en las estaciones de tren. Por alguna razón que todavía no acabo de comprender, cualquier anden en Tokio por las mañanas es una república independiente donde reina el caos: listos colándose para entrar los primeros en el tren, ancianos que tienen que hacer el viaje de pies porque tres salary man entrajetados se hacen los dormidos en los asientos de cortesía, empujones, pisotones…

No me gustan nada los trenes, por eso no me gustan los días de lluvia.

El trago se olvida pronto, entre resignación y costumbre, uno logra abstraerse y en cuanto llevas un par de minutos fuera de la estación, vuelves a querer a este país.

Suelo comprar algo para desayunar en el Seven Eleven de la esquina. Hace un par de meses que dejé de tomar café, pero siempre compro un onigiri o algún sándwich y una botella de agua con la que pasaré la mañana entre pantallas y teclas.

Nada de demasiado interés que recalcar en las horas de oficina. Donde yo trabajo, se trabaja bien, el nivel es muy alto y uno nunca deja de aprender. Me gusta estar donde estoy pero hay algo a lo que todavía no me he acostumbrado aunque también me pasaba en la anterior empresa en la que trabajé y es que los compañeros no te saluden por la calle, incluso por el pasillo.

Sé que no es algo racista, no tiene nada que ver porque lo hacen también entre ellos, me resulta incómodo cruzarme con alguien que conozco de sobras y que mire para otro lado aún habiéndome visto. A mi modo de ver es un gesto hostil, pero aquí no es así. No pasa con todos, hay algunos con los que tengo muy buena relación y siempre intercambiamos un par de palabras fuera de la oficina, como aquella vez que me encontré a uno de sistemas con su novia en un centro comercial en el que estaba yo con Chiaki, Kota y mi suegra y estuvimos echando un rato majo los cinco. Pero si que diría que es la norma general y no me gusta, me incomoda.

A los mediodías suelo ir al gimnasio, es un Gold’s Gym que hay en Shibuya al que van también algunos famosos como el chico negro del anuncio de SoftBank con el que he coincidido ya un par de veces. Es curioso como todos los gimnasios se parecen entre si; en Tokio también tenemos a los mismos personajes: el que le pone el doble de peso del que puede levantar a la máquina y hace series a medias a velocidad absurdísima, el que resopla y jadea dando vergüenza ajena, el que está más al móvil que a hacer nada, el de las poses en el espejo… en fin, yo a lo mío.

Si he de buscarle algo bueno a los días en que me toca aparcar la bici, es que aprovecho el rato de ir andando hasta la estación desde la oficina para disfrutar del disparate que es Shibuya con un poco más de calma: me paseo por entre las miradas de la gente, subo y bajo escaleras y cuestas, y mientras cruzo uno de los pasos de cebra más famosos del mundo, me pregunto, con la cara iluminada por televisiones enormes en alturas imposibles, ¿te has acostumbrado a esto, Oskar? ¿esto va a ser ya tu vida para siempre?…

Y entonces llego a casa y Kota grita “¡¡Mamá mamá, ha llegado papá!!”, y sale corriendo hacia la entrada donde yo aprovecho la inercia de su carrera para levantarle lo más alto que puedo en brazos y darle el beso que le tenía guardado desde que me despedí de él en la guardería.

Y pienso que quizás mi vida no sea tan diferente de la de cualquier otro padre primerizo del mundo, que Japón, que Tokio es circunstancial, que mientras estemos juntos, el escenario no es trascendente, da igual.

Nah, que ba. Tokio mola.

1294130916612664568.jpg

1289047181450216713.jpg

DSC_3483-Edit.jpg

DSC_0864.jpg

DSC_0022-1.jpg

DSC_0198-1-1.jpg

DSC_0018-1-Edit.jpg DSC_0007-1-1.jpg

DSC_0023-1.jpg

DSC_0275-1.jpg

DSC_0226-Edit.jpg

DSC05277-Edit.jpg

DSC05135-Edit.jpg

DSC_0047-Edit.jpg

Mira que el otro día contaba la última gilipollez de las chiquillas que pedían el sushi sin arroz para conservar la línea (y la tontería supina). Bien, pues resulta que una cadena de sushi de Osaka se ha tirado todo el verano troleando a los clientes extranjeros, sobretodo coreanos, echándoles una pechá de wasabi más del que tocaba.

Por lo visto les han cazado después de que les montaran el pollo y han tenido que emitir un comunicado oficial y toda la pesca. Como el tema es gaijin-sensible, han tenido que desmentir que era por racismo y la razón a la que se aferran es que la gran mayoría de los coreanos les pedían “extra” de wasabi normalmente, así que lo hicieron norma y cada vez que entraba uno, les ponían ahí más mandanga de la correspondiente.

sijouzushi_wasabi-2-2.jpg

Ojo a la noticia en el telediario, le ponen ahí más wasabi que pescado casi:

Lo gracioso del tema, aparte de la supina troleada, es que en los medios lo han querido bautizar como “WasabiTero” que viene a significar: “Terrorismo de wasabi”. Tiene huevos la cosa, que elementos tenemos por aquí en la tele también.

Y bueno, toca la Toscareflexió: tal y como yo lo veo, es una cadena de restaurantes muy popular entre los extranjeros, así que probablemente habrá gente allí haciendo cola para entrar. Los chefs, hasta los huevos de no entender la mitad de las cosas que le piden, de la cantidad de chorradas que tendrán que aguantar estilo “pásame el sashimi por la sartén que en mi país lo del pescado crudo como que no”, han salido por lo de enchufarles volquetes de wasabi hasta que se les quiten los mocos de por vida. ¿Razonable y justificable?, en absoluto, pero divertido que te cagas, jajaja, que cabrones!!

Pongámonos también en el lado contrario: si a un bar de pintxos en Bilbao siempre que van japoneses les piden la tortilla con el huevo medio crudo, sería entendible que por defecto se les sacase esa ya, ¿no?. Además es bastante probable que se metiese en el mismo saco no solo a japoneses, sino a cualquier oriental. Pues esto del wasabi la misma mierda es, pero al revés, y por extranjero aquí entra todo el resto del mundo no-japonés.

Ala pues! que vaya bien el domingo!

Fue uno de los primeros viajes que hicimos los tres junto a la madre de Chiaki; tengo casi la certeza de que fue el primero de todos aunque no acabo de poder acordarme del todo.

Para mi era algo novedoso, pero sin embargo para ellas dos era la continuación de una tradición familiar de hace muchos años, de cuando el padre de Chiaki todavía vivía. El destino siempre ha estado elegido y no es negociable: el ryokan en el que tantas veces se habían alojado los cinco cuando mi mujer y sus dos hermanos eran pequeños. Supe al instante que era algo importante para ellas dos, que era algo que debían hacer por honrar al abuelo que Kota solo conoce por las fotos, al suegro con el que, con el respeto que le otorga el rango, me hubiese encantado tener que tratar.

No sé demasiado de él: que era monje, como su padre y como su abuelo y como ahora lo es el mayor de sus hijos, que vivió una temporada en Nueva York, donde nació Chiaki, que hablaba inglés y que le gustaba tratar con extranjeros. Cuando me hablan, con infinita nostalgia, de él, suelen acabar la conversación con un: “le hubiese gustado conocerte, os hubieseis llevado bien”.

Supongo que si, no tengo duda alguna.

Es imposible que deje de dolerme algún día pensar en que Kota y mi padre apenas se han llegado a conocer…

Al llegar al ryokan me presentaron a la dueña con cierto orgullo y muchas reverencias y cuando el pequeño Kota decidió asomarse desde el refugio que eran mis piernas, creí notar que aquella buena mujer se emocionó de verdad al conocerle. Yo no pude evitar, aún sabiendo de sobra que no era así, sentirme como un intruso en aquella escena tantas veces vivida por aquella familia de la que ahora yo formaba parte y sin embargo a la vez era hermoso compartir la ilusión de Chiaki y de Tokuko, su madre, por enseñarme cada recoveco de aquel lugar entre montañas, por desgranarme cada recuerdo de cada rincón. Al río se cayó Nobuaki al intentar saltar de piedra en piedra, en el bar antes tocaba un señor mayor aquel piano que ves allí y la gente le bailaba las notas ataviados con el yukata del ryokan, de pequeña entraba en el onsen con mi padre…

El tiempo fue horrible: llovía a mares y hacía mucho mas frío del que tocaba en aquella época del año. Eso hizo que prácticamente hiciésemos vida entre paredes los dos días que hicimos noche; recuerdo que solo salimos un poco una vez que clareó la luna porque, decían, que se podían ver las luciérnagas danzando al compas del agua del arroyo, pero duramos justo lo que Kota tardó en asustarse por la oscuridad.

Tampoco importó demasiado: el edificio original se había ido quedando pequeño con los años y se le fueron anexando nuevas construcciones a ambos lados unidas por pasillos por los que uno nunca tenía claro del todo si iba a acabar saliendo al onsen, al restaurante, al salón con chimenea del piano o directamente a recepción. Harían falta más de dos días para aburrirse por allí dentro.

Volviendo de los baños la primera vez a mi me costó un buen rato encontrarme.

Aunque había un comedor enorme, la cena se servía en la habitación. En nuestro caso nos hospedábamos en dos diferentes para que Tokuko tuviese la intimidad, y quizás la paz, que Kota de ninguna de las maneras le iba a dar, pero a la hora de la cena nos juntábamos en la nuestra, que era la más espaciosa, no andaré demasiado desencaminado si digo que andaría por más de diez tatamis.

Como en prácticamente todos los ryokans, la cena era algo a lo que uno debía prestar toda la atención posible: aquello no es algo que se coma mirando la pantalla del móvil; esos platos son tan exquisitos que hay que degustarlos con todos los sentidos. Sabores y colores, aromas y texturas todos compitiendo en un equipo perfecto para formar la más refinada de las experiencias. Eso mientras uno está sentado en el tatami, en posición de seiza, ataviado con un yukata y en mi caso, rodeado de la rama japonesa de la familia.

Os podéis imaginar.

Volvió de nuevo la dueña a atendernos personalmente. A la izquierda de la mesa empezó a alinear con una mano, sujetándose la manga del kimono con la otra, cuencos desafiantemente humeantes de sopa miso, de arroz, de tofu que combinaban perfectamente con platos de pescado, de carne, de encurtidos, de trozos de pescado crudo de mil tonos y colores entre hojas shiso y piedras blandas de wasabi.

Lo hizo de forma armoniosa, sin prisa, tardó un buen rato en el que nadié pronunció palabra alguna, incluso Kota, lo que es mucho decir.

Después empezó a hacer lo propio delante de cada uno de nosotros por orden descendente de edad.

Cuando hubo acabado, había cuatro cenas: la de Chiaki, la de Tokuko, la mía y una más colocada con exquisitez delante de la hipotética persona que habría de presidir la mesa.

Entonces se sentó sobre sus rodillas cerca de la puerta, se ajustó el kimono a la altura de las caderas, nos hizo una reverencia y dirigiéndose a la madre de Chiaki, le dijo:

– Habéis venido tantos años que no puedes imaginarte cuanta alegría he sentido al saber que volvías a venir con tu familia que ha sido siempre un poco mía. Te doy las gracias por ello.

Entonces se dirigió a Chiaki:

– Te he visto correr por esos pasillos y crecer más rápido de lo que nunca hubiese imaginado, año tras año. Y ahora eres madre, es increíble lo poco que hemos cambiado nosotros y cuanto lo has hecho tu. Gracias por querer seguir viniendo y presentarme a tu hijo y a tu marido.

Y después de hacerme una reverencia a mi, volvió a hablarle a Tokuko, que hacía tiempo ya que había dejado de tratar de disimular las lágrimas:

– Como en otros tiempos, para mi tu marido sigue estando aquí velando por ti, por vuestros hijos y ahora por su nieto. Por favor, disfrutad de esta cena junto con él y honrad así su presencia. Siempre que vengáis, para mi él seguirá estando como siempre ha sido, como no debería de haber seguido siendo. Siempre os esperaré con los brazos abiertos, a él también.

Hizo otra reverencia, esta vez apoyando las dos manos en el tatami, y con especial elegancia deslizó de nuevo la puerta de papel de la habitación tras ella.

Nos costó parar de llorar. Nos costó un buen rato recuperar el habla. Fue Kota el que con el más a destiempo de sus gritos de “itadakimasu” nos hizo volver de aquel mundo de eterna nostalgia infinita al que ellas dos se fueron llevándome de pasajero.

– Por favor, Oskar, come, compartamos su comida entre todos -dijo Tokuko.

Y aunque a mi nunca se me hubiese ocurrido tocar ni un solo grano de arroz de lo contrario, así lo hice, así lo hicimos.

Aun conservando el gesto de haber derramado lágrimas, las vi felices, las sentí en paz y disfruté del brillo de sus sonrisas con más de un recuerdo de todos los que trajeron aquella velada entre las dos.

Hemos vuelto al menos dos veces más que recuerde y en todas y cada una de ellas ha estado el sitio reservado y la cena puesta para el que falta, pero que sin embargo, está. Sin que hubiese que pagar más por ello, sin que hubiese que pedirlo.

Esto me lo había contado Chiaki alguna vez y el otro día leí una noticia sobre ello. El caso es que últimamente a las chiquillas les ha dado por pedir sushi en los restaurantes, pero sin el arroz por aquello de la dieta y los carbohidratos. Es decir, básicamente entran en un restaurante de sushi y le piden al señor que les de el trozo de pescado crudo directamente… ¿tiene o no tiene huevos?.

Por si acaso, aclaro que sushi es el trozo de pescado crudo encima del arroz, al pescado crudo solo se le llama sashimi.

Uno podría decir que bueno, que total, que si pagan, por mi como si lo aliñan con cocacola y se lo zampan. Lo que es seguro que es todos los chefs pensarán que manda tamagos el asunto, como el de esta noticia que no dudó en echar a la chica del restaurante cuando se lo pidió. Chiaki se descojonaba.

Leyendo los comentarios de esa noticia, la mayoría de la gente está a favor de que el chef le saque el sushi sin el arroz como pide. Yo probablemente habría hecho lo mismo, pero si tu plato se basa en dos ingredientes y viene una rascayú a decirte que te ahorres uno, gracia seguro que no te hace, sobretodo sabiendo que eso mismo lo puede comer en otros restaurantes. Es como pedir un bocadillo de jamón sin pan o un café con leche sin leche.

Aunque el cliente en teoría debería tener la razón, por aquello de que es el que paga, creo que hay que tener cierto sentido del ridículo y respeto por lo que se ofrece, no hay que olvidar que estás en casa ajena. No se me va de la cabeza aquella vez que en un restaurante italiano una chica pidió una pizza de rúcula, pero sin la rúcula… lo que es lo mismo que pedir una masa de pizza sola. Y esto lo dice alguien que suele pedir que no le echen tomate crudo a nada, pero no se me ocurriría pedir una ensalada de tomate sin tomate.

Además, coño, que el sushi es un arte!! amos no me jodas!! tontalaspelotas!!!

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_ffb.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_f83.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_f79.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_f71.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_5271.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_f8f.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_5260.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_5222.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_525f.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_18f9.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_fe5.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_5272.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_525e.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_3326.jpg

Ojo a estas fotos, que el chef en aquel restaurante me vio sacando fotos como un loco y me hizo el sushi más pequeño del mundo para que lo sacase también, menudo artista!!

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_f97.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_f95.jpg

UNADJUSTEDNONRAW_thumb_f91.jpg

Este mundo es cada vez más un contradios y un disparate, madre mía.

En fin, ahí va un video de gatetes zampando sushi para rebajar tensión:

Probablemente, la chorrada más gorda que verás hoy en internet y que por alguna razón yo no puedo dejar de ver:

La vírgen como pasa el tiempo, madre de Dios.

¿¡¿Qué pasa, patausagis 足兎!?!? ¡¿¡que marcha me lleváis?!?. Yo aquí ando dándome cuenta de sopetón por enésima vez de que el tiempo pasa más rápido que ni sé… que se haya acabado el verano ya… ¿cómo te quedas?, yo pericueter tirando por lo bajo.

Bueno!! pasemos a ver en qué berenjenales hemos andado metidos… ah sí, ¡las vacaciones de verano!. Este año no han sido nada del otro mundo en realidad: una semanita solo na más. Como yo entré a trabajar en la empresa el uno de abril, me corresponden 12 días de vacaciones, pero jodé, desde que entré me he puesto malo bastantes días con fiebres más tontacas que ni sé (sponsored by la guardería de Kota, que se pone él malo un día, me lo pega y yo me tiro una semana). No sé si sabéis que aquí si te pones malo, o te pillas el día de vacaciones o te lo descuentan del sueldo, no hay más. Así que total: vacaciones muy cortas, pero mira, de lo malo malo, eso que ahorramos para volver a España los tres el año que viene que ya son tres billetes de avión los que hay que pagar.

De esa semana, decidimos pirarnos tres días a Atami a que Kota pudiese ir a la playa por primera vez en su vida con calma, y luego otro par de días a Hakone esta vez con mi suegra para que pasasen tiempo juntos porque aunque vivimos a apenas una hora de distancia, lo cierto es que la rutina nos deja poco margen para vernos. Qué curioso.

Bueno, total, que este viaje de Atami yo creo que ha sido el primero en el que nos lo hemos pasado bien de verdad con Kota, de repente la cosa ha cambiado de estar todo el rato intentando que no llore, que no lo pase mal en los trenes o intentar que se duerma en hoteles “hostiles”, a descojonarnos vivos con sus ocurrencias. Es muy gracioso como entra en la habitación y se emociona a grito pelado descubriendo lo que hay dentro: “PAPÁ!!! EL BATER!!!!”, jajaja, es el pataliebre mayor del reino!!

1316699120483819035.jpg

1316485656876250571.jpg

1314249234664447456.jpg

1313712261889738483.jpg

1313584009669797853.jpg

La playa de Atami no es tampoco nada del otro mundo, la verdad es que quitando Okinawa, todavía estoy por ver una playa que le haga sombra a cualquiera de las nuestras del norte: aquí están bastante sucias y hay más gente que ni sé (por cierto: ¿sabéis que hay el doble de pezones que de personas?, de nada, el saber no ocupa lugar). Pero estuvo guay la experiencia de meter por primera vez a Kota en el mar: estaba acojonadísimo con las olas, jajaja.

Al volver a Tokyo, aprovechamos para llevarle también a Kota al cine a ver una película de Anpanman, por cierto que un día tengo que hablar del emporio Anpanman, es acojonante lo que tienen montado aquí en Japón con esos dibujos animados… es una mafia. Pero bueno, sacaban peli y tenemos un cine cerca que se adapta bajando el volumen y dejando bastantes luces encendidas para que puedas ir con niños muy pequeños sin que salgan escopeteados al primer trailer. Kota estuvo muy muy callado toda la película, yo creo que tan flipado que no era capaz de decir ni mú, parecía que no lo había disfrutado nada, pero luego después no dejó de hablar de la “tele grande” donde había visto al cararedondaman y de la peli en si, jajaja, jodé, es muy emocionante hacer estas cosas tan “normales” para nosotros con él.

1315071708838978667.jpg

Jaja, me acabo de acordar que cuando saqué esa foto el móvil hizo un ruido de la hostia y encima saltó el flash, jajaja, vaya notas el gaijinaco de las entradas!!

Como decía por ahí arriba, también nos fuimos a Hakone con la abuela. Lo cierto es que hizo bastante malo aunque no llegó a llover, no vimos el Fuji ni de coña, pero lo pasamos muy muy bien. Kota no le soltaba la mano a la abuela ni pa Dios e hicimos lo que se hace en Hakone: subirnos en mil vehículos desde teleféricos, funiculares, trenes hasta el barco ese del lago. Y a la vuelta, pues echarnos un obento en el tren como mandan los cánones japoneses (te dan un mes más de visado por cada uno que te zampes si presentas el ticket en inmigración).

1317155006322912626.jpg

1317123180506301105.jpg

1317121775665955190.jpg

1317112132600491361.jpg

De vuelta en Tokyo, otra vez, resulta que ese fin de semana había fuegos artificiales cerca de donde vivimos, así que fuimos a una azotea de unos centros comerciales que la abrían para estos menesteres y que prometía unas vistas privilegiadas.

1321643994471542309.jpg

¿Veis el pedazo de logo del Seven Eleven?, pues detrás estaban los fuegos… qué cabrones, mientras vendían cervezas y bentos los del centro comercial, no avisaban que sólo se jipiaba algo si te sentabas a la derecha del todo… así que cuando empezaron y ya nos habíamos comido y bebido a Dios por una pata, no se veía ná y se escuchó un “EEEEEEEEE?!?!?!?” del 90% de los que estábamos allí que no nos quedó otra que pirarnos resignados para casa. Jajaja, menuda historia, hora y media esperando pa ná!!

Y las vacaciones se acabaron y la rutina sigue, que con Kota es cansada a veces pero aburrida nunca. Ojo a la foto:

1325809830002237220.jpg

Un buen ejemplo: ir a cambiar las sábanas de la cama y al volver encontrarte que el tío le había pegado un bocao a todas las manzanas del frutero y luego las volvió a dejar ahí… y se estaba descojonando tanto que es que no puedes hacer otra que reírte también, jajaja.

Ah, jaja, ojo a esta otra foto también:

1324207815388173185.jpg

Esa me la sacaron hace un par de meses, porque querían hacer una página para animar a la gente a que se viniese a la empresa; me hicieron una entrevista y después me hicieron posar ahí en plan modelo: ríete, ponte serio, las manos en los bolsillos, mira hacia un lado… jajaja, estuvo guay, me lo pasé muy bien y salieron fotos chulas. Cuidao conmigo que todavía tengo mojo, cuidao conmigo !!

La web es esta si tenéis curiosidad: Recruit Peroli.

Carlos, por cierto, deja de trabajar conmigo, jaja, anda que ha durado el tío. Voy a echar de menos el rollo que nos traemos, no tiene nada que ver trabajar solo en japonés que poder comentar la jugada en tu idioma con un colega. En fin, dicen que no hay dos sin tres, así que vete a saber!

En otro fin de semana tonto, nos fuimos con los de la empresa de Chiaki a una granja que hay en Chiba a ver ovejas. A mi, que soy de Zalla, que cada vez que iba a ver a mis abuelos pasaba por prados llenos, este plan me parecía una chorrada muy gorda, pero todo sea por ver la reacción de Kota que tenía pintas de que se iba a reír mucho.

Al final no fue así: al montarnos en un autobús, Kota se mareó y empezó a devolver, no teníamos ropa para cambiarle y hacía bastante frío… al final compramos ropa en una tienda que había por ahí y pudimos disfrutar un poquito de los bichos, pero la verdad es que nos podíamos haber ahorrado el viaje…

1326586900492017360.jpg

1326581158775044385.jpg

1326568556552292417.jpg

En otra de estas, Chiaki se fue con una amiga suya que también tiene un crío de la misma edad que Kota, a pasar el día por ahí. En otras palabras: la jefa me dio el día libre, jajaja, así que se me ocurrió que estaría guay coger la bici e irme a visitar la casa donde viví tantos años yo solo al llegar a Japón. Me recorrí veintipico kilómetros y me moló ver Honmonji otra vez, además me hizo un día de la hostia. Saqué fotos para mandárselas a los de Orbea, pero pasaron de mi culo un huevo, jajaja, que gañanes!!

1331659165785076522.jpg

1331655282161609039.jpg

1331650569793708481.jpg

Chiaki hizo los años, yo que voy a hacer cuarenta mañana flipo con lo joven que es, Tosca, eres el puto amo, jajajaja. Le regalé un pedazo de bolso, compré una tarta en Shibuya que traje en la bici como pude y un montón de chorradas de la tienda Tigers esa. A la mañana me levanté sobre las cinco para preparar todo, pero me pilló a medias, jajaja. Eso sí, la canción del cumpleaños feliz que ensayé con Kota fue infalible y estuvo un rato soltando lagrimones, jejejeje. ¡¡ Muchas felicidades, guapísima mía !!

1338826022154323299.jpg

Y luego ná, como siempre pasando los sábados con Kota. Es el pito’s day del clan Tosca, los hombres de la familia se quedan solos para liarla tan parda como ir al parque a los columpios, a la piscina de bolas esa o a dar paseos por la calle buscando hormigas. Me río yo de Pablo Escobar, nosotros si que somos peligrosos, amigos!! cerrad puertas y ventanas que salimos a liarla!!

1341152789959394537.jpg

1338378855845368187.jpg

1325390663877104043.jpg

Y con esto nos ponemos al día, creo yo. La última locura que me queda por contar es la del invento para hacer dominadas que compré y con el que creo que me he jodido el cuello porque me duele lo que no está escrito:

1341021395450992427.jpg

Eso si, si finalmente hacemos el Dominada’s Challenge el maldito albaceteño y yo, que no se diga que no iré preparado!! (Chiaki dice que pa cuando llueva vendrá bien: arriba tendemos los pantalones y abajo las camisas.)

Y ya está, voy a ver si bajo a Kota de la encimera y consigo que se duerma un ratejo. De mientras…

¡¡ háganme el favor de pasar un buen fin de semana, muchachos !!
:gustico:

Video de la hostia que me he encontrado por ahí dando vueltas, echadle un ojo si estáis interesados en pillar un poco como de locos es este Tokyo:

Que se va a liar parda en Japón cuando lo saquen lo saben hasta los chinos. Sobretodo aquí en Tokyo, estoy expectante no por descargármelo y jugar, que eso me la chuza bastante, sino por las noticias que van a empezar a salir de la chavalada estampándose unos contra otros por cazar al bichardo de turno.

giphy.gif

El gobierno lo tiene todavía más claro y tratando de prevenir el desastre que sin ninguna duda va a ser, han sacado una “guía para jugar a Pokemon Go con seguridad”. Juas, se va a liar parda igual, jajaja, me estoy riendo ya.

screen-shot-2016-07-21-at-3-47-12-pm.png

Son de bastante sentido común, vamos a ello:

screen-shot-2016-07-21-at-3-56-23-pm.png

Protege tu identidad

Usa un nickname y no tu nombre real y procura no subir fotos de tu casa y alrededores a las redes sociales.

Cuidado con las aplicaciones chusqueras

Saldrán un huevo de aplicaciones alrededor de la oficial prometiendo hacer tu misión más fácil con trucos y consejos pero lo normal es que sean una puerta de entrada a tu teléfono para hackers o vengan con virus.

Bájate una aplicación que de el tiempo

No vaya a ser que estés cazando bichardos y te empiece a caer la de Dios es Cristo.

screen-shot-2016-07-21-at-3-56-32-pm.png

Cuidao con el calor

Que en verano hace un caloraco bueno y estar todo el día en la calle puede hacer que te de un pampurrio.

Llévate una batería externa para el teléfono

Como el juego usa el GPS de tu teléfono, conviene que tengas una batería extra a mano.

Ten un plan B preparado siempre para contactar a tu familia

Lleva siempre una tarjeta de teléfono o reserva dinero para poder llamar a tu familia desde un teléfono público por si te pasa algo y te has quedado sin batería.

screen-shot-2016-07-21-at-3-56-38-pm.png

No te metas en zonas peligrosas

Esta es de cajón, pero te aconsejan que no te metas en sitios donde sabes de sobra que no deberías estar.

Cuidado con gente que dice querer conocerte

Habrá gente que querrá que vayáis a coger pokemons juntos o que querrán liarte para que vayas con ellos a algún sitio porque ellos saben que allí habrá algún bichardo. No les hagas caso y no te vayas nunca con nadie que no conozcas.

No camines mientras miras el móvil

Esta en realidad no debería ser exclusiva del juego Pokémon Go, a mi me ponen de los nervios los que en las estaciones van mirando el móvil a paso de burra y hasta se chocan contigo. Pues bueno, bien está advertirlo, que si andas mira por donde andas y si vas a comprobar el mapa, párate en un lado que no molestes y que no te pongas en peligro.

Y ya. Me parece muy bien que saquen guías de estas y seguramente por la tele también saldrán consejos de este estilo en las noticias, pero es en vano!! ¡¡ se va a liar parda igual !! juassss

pikachu.gif

¡¡Buen finde!!
:gustico: :gustico: :gustico:

Fuente: RocketNews24

De vez en cuando voy a ir contando más o menos como he pasado la última semana o semana y pico porque, mira, esto luego mola verlo después para comparar. Y es que, amigos, nos pongamos como nos pongamos, las rutinas caducan y nuestros días serán probablemente muy diferentes a nada que dejemos pasar tiempo. Tiempo que, por cierto, se pasea él solo a la velocidad que le da la gana. Dentro de nada hará ya cuatro años desde que me casé y Kota está muy cerca de los tres tacos, no te lo pierdas. Parece todo mentira.

Así, pensando en como hacer esto, me he dado cuenta de que ahora mismo no hay mejor referente de mi actualidad que Instagram, así que paso a relatar, para el que quiera leer, lo que ha acontecido a los Tosca de un tiempo a esta parte según San Insta.

La primera foto que iba a poner es la de la cara de todavía más gilipollas que se me quedó cuando vi el resultado de las elecciones, juas, vaya país… Pero en fin, pasemos página pronto y pongamos otra más alegre:

A photo posted by CaDs (@cdonderis) on

↑ Bonica estampa esta, si señor, jajaja. Yo llevo en la nueva empresa casi cuatro meses, pero resulta que desde hace un mes está currando conmigo el señor Carlos… ¡otra vez!, porque ya rascatecleamos a pachas hace un par de años en otra empresa. Es otro mundo, no es que no saquemos trabajo adelante ni mucho menos, que anda que no currelamos con primor, pero la cosa cambia mucho cuando puedes comentar la jugada con un colega en tu propio idioma, menudas risas… y como salga otra movida que tenemos entre manos, ¡ni te cuento ya!

1290258809608972527.jpg

1294213243720375067.jpg

Kota anda regulero, este mes estamos arreglados con resfriados y gripes, raro es que pasen tres o cuatro días y no se ponga malo el pobrecico mío. El caso es que le sube la fiebre un huevo y luego al día siguiente como vino se fue, es curioso. En uno de esos días buenos y aprovechando que el Tío Chiqui se iba para España, le compramos unos regalos a mi madre entre los que metimos una foto enmarcada de Kota felicitándole el cumpleaños:

1284429983083633971.jpg

Lo de los envíos a España se ha puesto imposible… desde hace tres o cuatro años cuando mandamos algo para allá resulta que les toca pagar a ellos una pasta gansa por no se qué hostias de impuestos y mierdas que se han inventado. Gilipolleces supremas que nos han jodido el poder enviar cosas de aquí a nuestros seres queridos.

Y es que aunque aquí me va la vida muy bien, muchas veces, muchas más de las que seguramente creáis, me entra una especie de rabia tal que me enfado conmigo mismo por estar tan lejos de ellos, y más últimamente con todo lo que pasó el año pasado. Desde luego que hay que ver donde he venido a parar, como dice y dirá tantas veces mi madre con toda la razón del mundo.

En fin, a Kota, por su parte, le compramos un martillo de plástico y con eso ya echa las tardes, esto si que es curioso también, tiene un Furby que costó una pasta al que ni mira y sin embargo la mierda esta del todo a 100 ni la suelta!!

A video posted by @ikusuki on

1288118780245631360.jpg

1285939322864779658.jpg

Menudo tunante el tío, está más majoooo, ¡pasaros un día por casa y le veis!

Y nada, entre semana la cosa no cambia mucho: en la bici nueva hasta Shibuya, a mediodía al gimnasio y retirada más o menos a pachas con el sol. Mola trabajar en Shibuya, mola ir en bici y mola que pueda ir al gimnasio a mediodía, lo que no sé si podré mantener porque en Agosto nos mudamos a un edificio nuevo que me da que va a pillar lejos del gimnasio al que voy ahora… pero bueno, ya apañaremos algo.

1261573713695731620.jpg

1277463960648282061.jpg

1270011287888064071.jpg

1283999922412918043.jpg

1294559648628429836.jpg

1289047181450216713.jpg

1288036649179882379.jpg

La bici nueva es otro mundo totalmente, no sabía que la diferencia iba a ser tan tremenda… en hacer exactamente los mismos kilómetros por el mismo camino, tardo un cuarto de hora menos y me canso además bastante menos. Es de verdad una auténtica gozada y cuesta muy poco acostumbrarse al manillar de corredor, que era lo que me tenía más preocupado. Incluso me llevo zapatos de esos con anclajes y toda la pesca, que también se nota. Lo que más he notado, a parte de que pesa bastante menos, son los cambios que funcionan a la perfección y al haber un mayor rango, te permite ir muy rápido prácticamente todo el rato sin importar tanto que haya cuestas.

Las primeras semanas la aparcaba en la calle, pero me pusieron una receta y desde entonces la dejo en un parking que hay cerca de la oficina, que la verdad es que me da bastante mal rollo porque está lleno de vagabundos, que aquí no es que te digan nada ni tienen pintas de ser peligrosos, pobrecitos míos, pero si que da coseja…

1278002777801223169.jpg

1288332259187741427.jpg

1288035721148177529.jpg

Por cierto que el otro día cayó en Shibuya la de Dios es Cristo, así sin avisar!!

1294130916612664568.jpg

1294550811364100988.jpg

1294138372676034195.jpg

1294137735661978314.jpg

Ah, también me trajeron y enviaron de España un par de libros que ya tengo medio leídos, gracias Carlos y Susejin!!

1284035120425021601.jpg

1278631647952891027.jpg

En el gimnasio me llamaron la atención por no taparme el tatuaje, y eso que el gimnasio es de una franquicia americana, pero aquí en Japón está la tontería esa de que está mal visto porque se asocia con Yakuzas y tal. Valiente gilipollez… ba, por un oído me entra y por otro me sale, paso de tener que taparme la mierda de tatuaje pequeñico que tengo cuando voy a la ducha porque a un viejales le parezca mal, vamos hombre!

1294667693807109643.jpg

1288120998587839044.jpg

Los sábados, que nos quedamos Kota y yo solos hasta que Chiaki vuelve de trabajar, me lo llevo por ahí a hacer cosas, el objetivo es no parar en casa, prefiero mil veces tener que andar corriendo detrás de él por un parque a tenerle abobado delante de la tele!!

1280286762837339167.jpg

1276028647044411141.jpg

1290380233744975358.jpg

1282224461416564972.jpg

1280832215496739766.jpg

1295415064178509043.jpg

Y este fin de semana que era de tres días aprovechamos y nos piramos a Yokohama. Que diréis: pues vaya un viaje de mis peloters, si Yokohama está al lado de Tokyo!! Pues no os faltará razón, queridos tocahuevos, pero tiene su explicación y es que cualquier viaje de más de una hora de tren con Kota se convierte en una odisea que no suele merecer la pena. Así que decidimos que hacíamos base en Yokohama y de ahí haríamos excursiones a Kamakura a la playa y alrededores, y aunque decían que iba a hacer muy mal tiempo, la verdad es que salieron unos días cojonudos!

Estuvimos en el barrio chino de Yokohama, en Kamakura y el lunes ya en el museo de Anpanman. Tuvimos mucha suerte porque además, sin saberlo, ese fin de semana hubo fuegos artificiales en Yokohama las dos noches que nos quedamos. La primera noche los vimos en la calle y la segunda desde la habitación del hotel, que estábamos en una planta veintipico y se guipaban de la hostia!!

Luego ya el lunes a Kota le subió la fiebre de nuevo y nos vinimos para casa rápidamente.

1295444894915778408.jpg

1298265013072438541.jpg

1297825244182747320.jpg

1297467107638526228.jpg

1296938251907484880.jpg

1296920624749323879.jpg

1296345128357396015.jpg

1296129045314839660.jpg

1296076497924926394.jpg

1295613372926998469.jpg

1295512927315358865.jpg

Y desde el lunes hasta hoy, que es miércoles, que estamos sin dormir en condiciones. Kota con la fiebre y ahora la tos que tiene se despierta llorando cada nada y entre pesadillas dando voces. Ya está mucho mejor y a ver si hay suerte y esta noche caen al menos cuatro o cinco horas de sueño seguidas… ¡rezad por nuestras legañas!.

Ikupágina 1 de 14612345>102030>La última »