El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Mira que el otro día contaba la última gilipollez de las chiquillas que pedían el sushi sin arroz para conservar la línea (y la tontería supina). Bien, pues resulta que una cadena de sushi de Osaka se ha tirado todo el verano troleando a los clientes extranjeros, sobretodo coreanos, echándoles una pechá de wasabi más del que tocaba.

Por lo visto les han cazado después de que les montaran el pollo y han tenido que emitir un comunicado oficial y toda la pesca. Como el tema es gaijin-sensible, han tenido que desmentir que era por racismo y la razón a la que se aferran es que la gran mayoría de los coreanos les pedían “extra” de wasabi normalmente, así que lo hicieron norma y cada vez que entraba uno, les ponían ahí más mandanga de la correspondiente.

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Ojo a la noticia en el telediario, le ponen ahí más wasabi que pescado casi:

Lo gracioso del tema, aparte de la supina troleada, es que en los medios lo han querido bautizar como “WasabiTero” que viene a significar: “Terrorismo de wasabi”. Tiene huevos la cosa, que elementos tenemos por aquí en la tele también.

Y bueno, toca la Toscareflexió: tal y como yo lo veo, es una cadena de restaurantes muy popular entre los extranjeros, así que probablemente habrá gente allí haciendo cola para entrar. Los chefs, hasta los huevos de no entender la mitad de las cosas que le piden, de la cantidad de chorradas que tendrán que aguantar estilo “pásame el sashimi por la sartén que en mi país lo del pescado crudo como que no”, han salido por lo de enchufarles volquetes de wasabi hasta que se les quiten los mocos de por vida. ¿Razonable y justificable?, en absoluto, pero divertido que te cagas, jajaja, que cabrones!!

Pongámonos también en el lado contrario: si a un bar de pintxos en Bilbao siempre que van japoneses les piden la tortilla con el huevo medio crudo, sería entendible que por defecto se les sacase esa ya, ¿no?. Además es bastante probable que se metiese en el mismo saco no solo a japoneses, sino a cualquier oriental. Pues esto del wasabi la misma mierda es, pero al revés, y por extranjero aquí entra todo el resto del mundo no-japonés.

Ala pues! que vaya bien el domingo!

Fue uno de los primeros viajes que hicimos los tres junto a la madre de Chiaki; tengo casi la certeza de que fue el primero de todos aunque no acabo de poder acordarme del todo.

Para mi era algo novedoso, pero sin embargo para ellas dos era la continuación de una tradición familiar de hace muchos años, de cuando el padre de Chiaki todavía vivía. El destino siempre ha estado elegido y no es negociable: el ryokan en el que tantas veces se habían alojado los cinco cuando mi mujer y sus dos hermanos eran pequeños. Supe al instante que era algo importante para ellas dos, que era algo que debían hacer por honrar al abuelo que Kota solo conoce por las fotos, al suegro con el que, con el respeto que le otorga el rango, me hubiese encantado tener que tratar.

No sé demasiado de él: que era monje, como su padre y como su abuelo y como ahora lo es el mayor de sus hijos, que vivió una temporada en Nueva York, donde nació Chiaki, que hablaba inglés y que le gustaba tratar con extranjeros. Cuando me hablan, con infinita nostalgia, de él, suelen acabar la conversación con un: “le hubiese gustado conocerte, os hubieseis llevado bien”.

Supongo que si, no tengo duda alguna.

Es imposible que deje de dolerme algún día pensar en que Kota y mi padre apenas se han llegado a conocer…

Al llegar al ryokan me presentaron a la dueña con cierto orgullo y muchas reverencias y cuando el pequeño Kota decidió asomarse desde el refugio que eran mis piernas, creí notar que aquella buena mujer se emocionó de verdad al conocerle. Yo no pude evitar, aún sabiendo de sobra que no era así, sentirme como un intruso en aquella escena tantas veces vivida por aquella familia de la que ahora yo formaba parte y sin embargo a la vez era hermoso compartir la ilusión de Chiaki y de Tokuko, su madre, por enseñarme cada recoveco de aquel lugar entre montañas, por desgranarme cada recuerdo de cada rincón. Al río se cayó Nobuaki al intentar saltar de piedra en piedra, en el bar antes tocaba un señor mayor aquel piano que ves allí y la gente le bailaba las notas ataviados con el yukata del ryokan, de pequeña entraba en el onsen con mi padre…

El tiempo fue horrible: llovía a mares y hacía mucho mas frío del que tocaba en aquella época del año. Eso hizo que prácticamente hiciésemos vida entre paredes los dos días que hicimos noche; recuerdo que solo salimos un poco una vez que clareó la luna porque, decían, que se podían ver las luciérnagas danzando al compas del agua del arroyo, pero duramos justo lo que Kota tardó en asustarse por la oscuridad.

Tampoco importó demasiado: el edificio original se había ido quedando pequeño con los años y se le fueron anexando nuevas construcciones a ambos lados unidas por pasillos por los que uno nunca tenía claro del todo si iba a acabar saliendo al onsen, al restaurante, al salón con chimenea del piano o directamente a recepción. Harían falta más de dos días para aburrirse por allí dentro.

Volviendo de los baños la primera vez a mi me costó un buen rato encontrarme.

Aunque había un comedor enorme, la cena se servía en la habitación. En nuestro caso nos hospedábamos en dos diferentes para que Tokuko tuviese la intimidad, y quizás la paz, que Kota de ninguna de las maneras le iba a dar, pero a la hora de la cena nos juntábamos en la nuestra, que era la más espaciosa, no andaré demasiado desencaminado si digo que andaría por más de diez tatamis.

Como en prácticamente todos los ryokans, la cena era algo a lo que uno debía prestar toda la atención posible: aquello no es algo que se coma mirando la pantalla del móvil; esos platos son tan exquisitos que hay que degustarlos con todos los sentidos. Sabores y colores, aromas y texturas todos compitiendo en un equipo perfecto para formar la más refinada de las experiencias. Eso mientras uno está sentado en el tatami, en posición de seiza, ataviado con un yukata y en mi caso, rodeado de la rama japonesa de la familia.

Os podéis imaginar.

Volvió de nuevo la dueña a atendernos personalmente. A la izquierda de la mesa empezó a alinear con una mano, sujetándose la manga del kimono con la otra, cuencos desafiantemente humeantes de sopa miso, de arroz, de tofu que combinaban perfectamente con platos de pescado, de carne, de encurtidos, de trozos de pescado crudo de mil tonos y colores entre hojas shiso y piedras blandas de wasabi.

Lo hizo de forma armoniosa, sin prisa, tardó un buen rato en el que nadié pronunció palabra alguna, incluso Kota, lo que es mucho decir.

Después empezó a hacer lo propio delante de cada uno de nosotros por orden descendente de edad.

Cuando hubo acabado, había cuatro cenas: la de Chiaki, la de Tokuko, la mía y una más colocada con exquisitez delante de la hipotética persona que habría de presidir la mesa.

Entonces se sentó sobre sus rodillas cerca de la puerta, se ajustó el kimono a la altura de las caderas, nos hizo una reverencia y dirigiéndose a la madre de Chiaki, le dijo:

– Habéis venido tantos años que no puedes imaginarte cuanta alegría he sentido al saber que volvías a venir con tu familia que ha sido siempre un poco mía. Te doy las gracias por ello.

Entonces se dirigió a Chiaki:

– Te he visto correr por esos pasillos y crecer más rápido de lo que nunca hubiese imaginado, año tras año. Y ahora eres madre, es increíble lo poco que hemos cambiado nosotros y cuanto lo has hecho tu. Gracias por querer seguir viniendo y presentarme a tu hijo y a tu marido.

Y después de hacerme una reverencia a mi, volvió a hablarle a Tokuko, que hacía tiempo ya que había dejado de tratar de disimular las lágrimas:

– Como en otros tiempos, para mi tu marido sigue estando aquí velando por ti, por vuestros hijos y ahora por su nieto. Por favor, disfrutad de esta cena junto con él y honrad así su presencia. Siempre que vengáis, para mi él seguirá estando como siempre ha sido, como no debería de haber seguido siendo. Siempre os esperaré con los brazos abiertos, a él también.

Hizo otra reverencia, esta vez apoyando las dos manos en el tatami, y con especial elegancia deslizó de nuevo la puerta de papel de la habitación tras ella.

Nos costó parar de llorar. Nos costó un buen rato recuperar el habla. Fue Kota el que con el más a destiempo de sus gritos de “itadakimasu” nos hizo volver de aquel mundo de eterna nostalgia infinita al que ellas dos se fueron llevándome de pasajero.

– Por favor, Oskar, come, compartamos su comida entre todos -dijo Tokuko.

Y aunque a mi nunca se me hubiese ocurrido tocar ni un solo grano de arroz de lo contrario, así lo hice, así lo hicimos.

Aun conservando el gesto de haber derramado lágrimas, las vi felices, las sentí en paz y disfruté del brillo de sus sonrisas con más de un recuerdo de todos los que trajeron aquella velada entre las dos.

Hemos vuelto al menos dos veces más que recuerde y en todas y cada una de ellas ha estado el sitio reservado y la cena puesta para el que falta, pero que sin embargo, está. Sin que hubiese que pagar más por ello, sin que hubiese que pedirlo.

Esto me lo había contado Chiaki alguna vez y el otro día leí una noticia sobre ello. El caso es que últimamente a las chiquillas les ha dado por pedir sushi en los restaurantes, pero sin el arroz por aquello de la dieta y los carbohidratos. Es decir, básicamente entran en un restaurante de sushi y le piden al señor que les de el trozo de pescado crudo directamente… ¿tiene o no tiene huevos?.

Por si acaso, aclaro que sushi es el trozo de pescado crudo encima del arroz, al pescado crudo solo se le llama sashimi.

Uno podría decir que bueno, que total, que si pagan, por mi como si lo aliñan con cocacola y se lo zampan. Lo que es seguro que es todos los chefs pensarán que manda tamagos el asunto, como el de esta noticia que no dudó en echar a la chica del restaurante cuando se lo pidió. Chiaki se descojonaba.

Leyendo los comentarios de esa noticia, la mayoría de la gente está a favor de que el chef le saque el sushi sin el arroz como pide. Yo probablemente habría hecho lo mismo, pero si tu plato se basa en dos ingredientes y viene una rascayú a decirte que te ahorres uno, gracia seguro que no te hace, sobretodo sabiendo que eso mismo lo puede comer en otros restaurantes. Es como pedir un bocadillo de jamón sin pan o un café con leche sin leche.

Aunque el cliente en teoría debería tener la razón, por aquello de que es el que paga, creo que hay que tener cierto sentido del ridículo y respeto por lo que se ofrece, no hay que olvidar que estás en casa ajena. No se me va de la cabeza aquella vez que en un restaurante italiano una chica pidió una pizza de rúcula, pero sin la rúcula… lo que es lo mismo que pedir una masa de pizza sola. Y esto lo dice alguien que suele pedir que no le echen tomate crudo a nada, pero no se me ocurriría pedir una ensalada de tomate sin tomate.

Además, coño, que el sushi es un arte!! amos no me jodas!! tontalaspelotas!!!

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Ojo a estas fotos, que el chef en aquel restaurante me vio sacando fotos como un loco y me hizo el sushi más pequeño del mundo para que lo sacase también, menudo artista!!

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Este mundo es cada vez más un contradios y un disparate, madre mía.

En fin, ahí va un video de gatetes zampando sushi para rebajar tensión:

Probablemente, la chorrada más gorda que verás hoy en internet y que por alguna razón yo no puedo dejar de ver:

La vírgen como pasa el tiempo, madre de Dios.

¿¡¿Qué pasa, patausagis 足兎!?!? ¡¿¡que marcha me lleváis?!?. Yo aquí ando dándome cuenta de sopetón por enésima vez de que el tiempo pasa más rápido que ni sé… que se haya acabado el verano ya… ¿cómo te quedas?, yo pericueter tirando por lo bajo.

Bueno!! pasemos a ver en qué berenjenales hemos andado metidos… ah sí, ¡las vacaciones de verano!. Este año no han sido nada del otro mundo en realidad: una semanita solo na más. Como yo entré a trabajar en la empresa el uno de abril, me corresponden 12 días de vacaciones, pero jodé, desde que entré me he puesto malo bastantes días con fiebres más tontacas que ni sé (sponsored by la guardería de Kota, que se pone él malo un día, me lo pega y yo me tiro una semana). No sé si sabéis que aquí si te pones malo, o te pillas el día de vacaciones o te lo descuentan del sueldo, no hay más. Así que total: vacaciones muy cortas, pero mira, de lo malo malo, eso que ahorramos para volver a España los tres el año que viene que ya son tres billetes de avión los que hay que pagar.

De esa semana, decidimos pirarnos tres días a Atami a que Kota pudiese ir a la playa por primera vez en su vida con calma, y luego otro par de días a Hakone esta vez con mi suegra para que pasasen tiempo juntos porque aunque vivimos a apenas una hora de distancia, lo cierto es que la rutina nos deja poco margen para vernos. Qué curioso.

Bueno, total, que este viaje de Atami yo creo que ha sido el primero en el que nos lo hemos pasado bien de verdad con Kota, de repente la cosa ha cambiado de estar todo el rato intentando que no llore, que no lo pase mal en los trenes o intentar que se duerma en hoteles “hostiles”, a descojonarnos vivos con sus ocurrencias. Es muy gracioso como entra en la habitación y se emociona a grito pelado descubriendo lo que hay dentro: “PAPÁ!!! EL BATER!!!!”, jajaja, es el pataliebre mayor del reino!!

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La playa de Atami no es tampoco nada del otro mundo, la verdad es que quitando Okinawa, todavía estoy por ver una playa que le haga sombra a cualquiera de las nuestras del norte: aquí están bastante sucias y hay más gente que ni sé (por cierto: ¿sabéis que hay el doble de pezones que de personas?, de nada, el saber no ocupa lugar). Pero estuvo guay la experiencia de meter por primera vez a Kota en el mar: estaba acojonadísimo con las olas, jajaja.

Al volver a Tokyo, aprovechamos para llevarle también a Kota al cine a ver una película de Anpanman, por cierto que un día tengo que hablar del emporio Anpanman, es acojonante lo que tienen montado aquí en Japón con esos dibujos animados… es una mafia. Pero bueno, sacaban peli y tenemos un cine cerca que se adapta bajando el volumen y dejando bastantes luces encendidas para que puedas ir con niños muy pequeños sin que salgan escopeteados al primer trailer. Kota estuvo muy muy callado toda la película, yo creo que tan flipado que no era capaz de decir ni mú, parecía que no lo había disfrutado nada, pero luego después no dejó de hablar de la “tele grande” donde había visto al cararedondaman y de la peli en si, jajaja, jodé, es muy emocionante hacer estas cosas tan “normales” para nosotros con él.

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Jaja, me acabo de acordar que cuando saqué esa foto el móvil hizo un ruido de la hostia y encima saltó el flash, jajaja, vaya notas el gaijinaco de las entradas!!

Como decía por ahí arriba, también nos fuimos a Hakone con la abuela. Lo cierto es que hizo bastante malo aunque no llegó a llover, no vimos el Fuji ni de coña, pero lo pasamos muy muy bien. Kota no le soltaba la mano a la abuela ni pa Dios e hicimos lo que se hace en Hakone: subirnos en mil vehículos desde teleféricos, funiculares, trenes hasta el barco ese del lago. Y a la vuelta, pues echarnos un obento en el tren como mandan los cánones japoneses (te dan un mes más de visado por cada uno que te zampes si presentas el ticket en inmigración).

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De vuelta en Tokyo, otra vez, resulta que ese fin de semana había fuegos artificiales cerca de donde vivimos, así que fuimos a una azotea de unos centros comerciales que la abrían para estos menesteres y que prometía unas vistas privilegiadas.

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¿Veis el pedazo de logo del Seven Eleven?, pues detrás estaban los fuegos… qué cabrones, mientras vendían cervezas y bentos los del centro comercial, no avisaban que sólo se jipiaba algo si te sentabas a la derecha del todo… así que cuando empezaron y ya nos habíamos comido y bebido a Dios por una pata, no se veía ná y se escuchó un “EEEEEEEEE?!?!?!?” del 90% de los que estábamos allí que no nos quedó otra que pirarnos resignados para casa. Jajaja, menuda historia, hora y media esperando pa ná!!

Y las vacaciones se acabaron y la rutina sigue, que con Kota es cansada a veces pero aburrida nunca. Ojo a la foto:

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Un buen ejemplo: ir a cambiar las sábanas de la cama y al volver encontrarte que el tío le había pegado un bocao a todas las manzanas del frutero y luego las volvió a dejar ahí… y se estaba descojonando tanto que es que no puedes hacer otra que reírte también, jajaja.

Ah, jaja, ojo a esta otra foto también:

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Esa me la sacaron hace un par de meses, porque querían hacer una página para animar a la gente a que se viniese a la empresa; me hicieron una entrevista y después me hicieron posar ahí en plan modelo: ríete, ponte serio, las manos en los bolsillos, mira hacia un lado… jajaja, estuvo guay, me lo pasé muy bien y salieron fotos chulas. Cuidao conmigo que todavía tengo mojo, cuidao conmigo !!

La web es esta si tenéis curiosidad: Recruit Peroli.

Carlos, por cierto, deja de trabajar conmigo, jaja, anda que ha durado el tío. Voy a echar de menos el rollo que nos traemos, no tiene nada que ver trabajar solo en japonés que poder comentar la jugada en tu idioma con un colega. En fin, dicen que no hay dos sin tres, así que vete a saber!

En otro fin de semana tonto, nos fuimos con los de la empresa de Chiaki a una granja que hay en Chiba a ver ovejas. A mi, que soy de Zalla, que cada vez que iba a ver a mis abuelos pasaba por prados llenos, este plan me parecía una chorrada muy gorda, pero todo sea por ver la reacción de Kota que tenía pintas de que se iba a reír mucho.

Al final no fue así: al montarnos en un autobús, Kota se mareó y empezó a devolver, no teníamos ropa para cambiarle y hacía bastante frío… al final compramos ropa en una tienda que había por ahí y pudimos disfrutar un poquito de los bichos, pero la verdad es que nos podíamos haber ahorrado el viaje…

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En otra de estas, Chiaki se fue con una amiga suya que también tiene un crío de la misma edad que Kota, a pasar el día por ahí. En otras palabras: la jefa me dio el día libre, jajaja, así que se me ocurrió que estaría guay coger la bici e irme a visitar la casa donde viví tantos años yo solo al llegar a Japón. Me recorrí veintipico kilómetros y me moló ver Honmonji otra vez, además me hizo un día de la hostia. Saqué fotos para mandárselas a los de Orbea, pero pasaron de mi culo un huevo, jajaja, que gañanes!!

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Chiaki hizo los años, yo que voy a hacer cuarenta mañana flipo con lo joven que es, Tosca, eres el puto amo, jajajaja. Le regalé un pedazo de bolso, compré una tarta en Shibuya que traje en la bici como pude y un montón de chorradas de la tienda Tigers esa. A la mañana me levanté sobre las cinco para preparar todo, pero me pilló a medias, jajaja. Eso sí, la canción del cumpleaños feliz que ensayé con Kota fue infalible y estuvo un rato soltando lagrimones, jejejeje. ¡¡ Muchas felicidades, guapísima mía !!

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Y luego ná, como siempre pasando los sábados con Kota. Es el pito’s day del clan Tosca, los hombres de la familia se quedan solos para liarla tan parda como ir al parque a los columpios, a la piscina de bolas esa o a dar paseos por la calle buscando hormigas. Me río yo de Pablo Escobar, nosotros si que somos peligrosos, amigos!! cerrad puertas y ventanas que salimos a liarla!!

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Y con esto nos ponemos al día, creo yo. La última locura que me queda por contar es la del invento para hacer dominadas que compré y con el que creo que me he jodido el cuello porque me duele lo que no está escrito:

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Eso si, si finalmente hacemos el Dominada’s Challenge el maldito albaceteño y yo, que no se diga que no iré preparado!! (Chiaki dice que pa cuando llueva vendrá bien: arriba tendemos los pantalones y abajo las camisas.)

Y ya está, voy a ver si bajo a Kota de la encimera y consigo que se duerma un ratejo. De mientras…

¡¡ háganme el favor de pasar un buen fin de semana, muchachos !!
:gustico:

Video de la hostia que me he encontrado por ahí dando vueltas, echadle un ojo si estáis interesados en pillar un poco como de locos es este Tokyo:

Que se va a liar parda en Japón cuando lo saquen lo saben hasta los chinos. Sobretodo aquí en Tokyo, estoy expectante no por descargármelo y jugar, que eso me la chuza bastante, sino por las noticias que van a empezar a salir de la chavalada estampándose unos contra otros por cazar al bichardo de turno.

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El gobierno lo tiene todavía más claro y tratando de prevenir el desastre que sin ninguna duda va a ser, han sacado una “guía para jugar a Pokemon Go con seguridad”. Juas, se va a liar parda igual, jajaja, me estoy riendo ya.

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Son de bastante sentido común, vamos a ello:

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Protege tu identidad

Usa un nickname y no tu nombre real y procura no subir fotos de tu casa y alrededores a las redes sociales.

Cuidado con las aplicaciones chusqueras

Saldrán un huevo de aplicaciones alrededor de la oficial prometiendo hacer tu misión más fácil con trucos y consejos pero lo normal es que sean una puerta de entrada a tu teléfono para hackers o vengan con virus.

Bájate una aplicación que de el tiempo

No vaya a ser que estés cazando bichardos y te empiece a caer la de Dios es Cristo.

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Cuidao con el calor

Que en verano hace un caloraco bueno y estar todo el día en la calle puede hacer que te de un pampurrio.

Llévate una batería externa para el teléfono

Como el juego usa el GPS de tu teléfono, conviene que tengas una batería extra a mano.

Ten un plan B preparado siempre para contactar a tu familia

Lleva siempre una tarjeta de teléfono o reserva dinero para poder llamar a tu familia desde un teléfono público por si te pasa algo y te has quedado sin batería.

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No te metas en zonas peligrosas

Esta es de cajón, pero te aconsejan que no te metas en sitios donde sabes de sobra que no deberías estar.

Cuidado con gente que dice querer conocerte

Habrá gente que querrá que vayáis a coger pokemons juntos o que querrán liarte para que vayas con ellos a algún sitio porque ellos saben que allí habrá algún bichardo. No les hagas caso y no te vayas nunca con nadie que no conozcas.

No camines mientras miras el móvil

Esta en realidad no debería ser exclusiva del juego Pokémon Go, a mi me ponen de los nervios los que en las estaciones van mirando el móvil a paso de burra y hasta se chocan contigo. Pues bueno, bien está advertirlo, que si andas mira por donde andas y si vas a comprobar el mapa, párate en un lado que no molestes y que no te pongas en peligro.

Y ya. Me parece muy bien que saquen guías de estas y seguramente por la tele también saldrán consejos de este estilo en las noticias, pero es en vano!! ¡¡ se va a liar parda igual !! juassss

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¡¡Buen finde!!
:gustico: :gustico: :gustico:

Fuente: RocketNews24

De vez en cuando voy a ir contando más o menos como he pasado la última semana o semana y pico porque, mira, esto luego mola verlo después para comparar. Y es que, amigos, nos pongamos como nos pongamos, las rutinas caducan y nuestros días serán probablemente muy diferentes a nada que dejemos pasar tiempo. Tiempo que, por cierto, se pasea él solo a la velocidad que le da la gana. Dentro de nada hará ya cuatro años desde que me casé y Kota está muy cerca de los tres tacos, no te lo pierdas. Parece todo mentira.

Así, pensando en como hacer esto, me he dado cuenta de que ahora mismo no hay mejor referente de mi actualidad que Instagram, así que paso a relatar, para el que quiera leer, lo que ha acontecido a los Tosca de un tiempo a esta parte según San Insta.

La primera foto que iba a poner es la de la cara de todavía más gilipollas que se me quedó cuando vi el resultado de las elecciones, juas, vaya país… Pero en fin, pasemos página pronto y pongamos otra más alegre:

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↑ Bonica estampa esta, si señor, jajaja. Yo llevo en la nueva empresa casi cuatro meses, pero resulta que desde hace un mes está currando conmigo el señor Carlos… ¡otra vez!, porque ya rascatecleamos a pachas hace un par de años en otra empresa. Es otro mundo, no es que no saquemos trabajo adelante ni mucho menos, que anda que no currelamos con primor, pero la cosa cambia mucho cuando puedes comentar la jugada con un colega en tu propio idioma, menudas risas… y como salga otra movida que tenemos entre manos, ¡ni te cuento ya!

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Kota anda regulero, este mes estamos arreglados con resfriados y gripes, raro es que pasen tres o cuatro días y no se ponga malo el pobrecico mío. El caso es que le sube la fiebre un huevo y luego al día siguiente como vino se fue, es curioso. En uno de esos días buenos y aprovechando que el Tío Chiqui se iba para España, le compramos unos regalos a mi madre entre los que metimos una foto enmarcada de Kota felicitándole el cumpleaños:

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Lo de los envíos a España se ha puesto imposible… desde hace tres o cuatro años cuando mandamos algo para allá resulta que les toca pagar a ellos una pasta gansa por no se qué hostias de impuestos y mierdas que se han inventado. Gilipolleces supremas que nos han jodido el poder enviar cosas de aquí a nuestros seres queridos.

Y es que aunque aquí me va la vida muy bien, muchas veces, muchas más de las que seguramente creáis, me entra una especie de rabia tal que me enfado conmigo mismo por estar tan lejos de ellos, y más últimamente con todo lo que pasó el año pasado. Desde luego que hay que ver donde he venido a parar, como dice y dirá tantas veces mi madre con toda la razón del mundo.

En fin, a Kota, por su parte, le compramos un martillo de plástico y con eso ya echa las tardes, esto si que es curioso también, tiene un Furby que costó una pasta al que ni mira y sin embargo la mierda esta del todo a 100 ni la suelta!!

A video posted by @ikusuki on

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Menudo tunante el tío, está más majoooo, ¡pasaros un día por casa y le veis!

Y nada, entre semana la cosa no cambia mucho: en la bici nueva hasta Shibuya, a mediodía al gimnasio y retirada más o menos a pachas con el sol. Mola trabajar en Shibuya, mola ir en bici y mola que pueda ir al gimnasio a mediodía, lo que no sé si podré mantener porque en Agosto nos mudamos a un edificio nuevo que me da que va a pillar lejos del gimnasio al que voy ahora… pero bueno, ya apañaremos algo.

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La bici nueva es otro mundo totalmente, no sabía que la diferencia iba a ser tan tremenda… en hacer exactamente los mismos kilómetros por el mismo camino, tardo un cuarto de hora menos y me canso además bastante menos. Es de verdad una auténtica gozada y cuesta muy poco acostumbrarse al manillar de corredor, que era lo que me tenía más preocupado. Incluso me llevo zapatos de esos con anclajes y toda la pesca, que también se nota. Lo que más he notado, a parte de que pesa bastante menos, son los cambios que funcionan a la perfección y al haber un mayor rango, te permite ir muy rápido prácticamente todo el rato sin importar tanto que haya cuestas.

Las primeras semanas la aparcaba en la calle, pero me pusieron una receta y desde entonces la dejo en un parking que hay cerca de la oficina, que la verdad es que me da bastante mal rollo porque está lleno de vagabundos, que aquí no es que te digan nada ni tienen pintas de ser peligrosos, pobrecitos míos, pero si que da coseja…

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Por cierto que el otro día cayó en Shibuya la de Dios es Cristo, así sin avisar!!

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Ah, también me trajeron y enviaron de España un par de libros que ya tengo medio leídos, gracias Carlos y Susejin!!

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En el gimnasio me llamaron la atención por no taparme el tatuaje, y eso que el gimnasio es de una franquicia americana, pero aquí en Japón está la tontería esa de que está mal visto porque se asocia con Yakuzas y tal. Valiente gilipollez… ba, por un oído me entra y por otro me sale, paso de tener que taparme la mierda de tatuaje pequeñico que tengo cuando voy a la ducha porque a un viejales le parezca mal, vamos hombre!

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Los sábados, que nos quedamos Kota y yo solos hasta que Chiaki vuelve de trabajar, me lo llevo por ahí a hacer cosas, el objetivo es no parar en casa, prefiero mil veces tener que andar corriendo detrás de él por un parque a tenerle abobado delante de la tele!!

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Y este fin de semana que era de tres días aprovechamos y nos piramos a Yokohama. Que diréis: pues vaya un viaje de mis peloters, si Yokohama está al lado de Tokyo!! Pues no os faltará razón, queridos tocahuevos, pero tiene su explicación y es que cualquier viaje de más de una hora de tren con Kota se convierte en una odisea que no suele merecer la pena. Así que decidimos que hacíamos base en Yokohama y de ahí haríamos excursiones a Kamakura a la playa y alrededores, y aunque decían que iba a hacer muy mal tiempo, la verdad es que salieron unos días cojonudos!

Estuvimos en el barrio chino de Yokohama, en Kamakura y el lunes ya en el museo de Anpanman. Tuvimos mucha suerte porque además, sin saberlo, ese fin de semana hubo fuegos artificiales en Yokohama las dos noches que nos quedamos. La primera noche los vimos en la calle y la segunda desde la habitación del hotel, que estábamos en una planta veintipico y se guipaban de la hostia!!

Luego ya el lunes a Kota le subió la fiebre de nuevo y nos vinimos para casa rápidamente.

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Y desde el lunes hasta hoy, que es miércoles, que estamos sin dormir en condiciones. Kota con la fiebre y ahora la tos que tiene se despierta llorando cada nada y entre pesadillas dando voces. Ya está mucho mejor y a ver si hay suerte y esta noche caen al menos cuatro o cinco horas de sueño seguidas… ¡rezad por nuestras legañas!.

Son cinco, quizás seis, los señores que por turnos se encargan del aparcamiento de bicicletas que queda a menos de una centena de metros de la estación. Sin margen de error y con total seguridad afirmo que todos pasan de las cinco docenas de años, diría que dos de ellos tienen incluso una docena y pico más. Por alguna razón que a ellos les valdrá han decidido darle sentido a su tiempo entre ruedas, manillares y candados buscando, creo yo, el contacto humano de los vecinos que nos pasamos tan a menudo por allí.

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El mismo azar que nos empujó a comprar piso en esa estación es el culpable de hacer que ellos y yo nos veamos las caras dos veces cada día: una cuando después de dejar por la mañana a mi Kota en la guardería, paso a confiarles la bici eléctrica a cambio de mi recién estrenada Orbea. Y la segunda, claro está, cuando mando ésta misma a dormir bajo su techo una vez finiquitada la jornada laboral y uno a uno todos los kilómetros que quedan entre medias.

Me conocen y no solo de vista; lo cierto es que me llaman por mi nombre. Bueno, por mi apellido más bien. Díaz-san, esto, Díaz-san lo otro. Ellos se lo saben por la solicitud que cursamos para poder aparcar allí. Y yo no me sé ni uno solo de los suyos ni creo que esto vaya a cambiar pronto. El caso es que de vez en cuando se paran a intercambiar algunas palabras conmigo más allá de los ohayos y konbanwas de rigor.

El espacio entre las charlas se ha ido acortando a la vez que la frecuencia y la duración han aumentado.

– Díaz-san, hoy cuidado al volver que va a llover, yo creo que mejor en tren, ¿eh?

– Díaz-san, ayer estuvo tu mujer aquí para pagar la cuota, hay que ver que guapa y que maja es, y mas joven que tu un rato largo, no te quejarás, ¿eh?

– Díaz-san, te he movido la bici a este sitio que había más espacio para que te sea más fácil sacarla.

– Díaz-san, ¿en qué idioma le hablas a tu hijo?, ¿en inglés?

Quitando a uno, que todavía no le ha cogido el truco a tratar conmigo, quizás por miedo a que no nos vayamos a entender, todos me dicen algo siempre que la actividad del momento lo permita. Porque, especialmente a las mañanas con todas esas madres dejando las bicis eléctricas, no te vayas a creer que están mirando el paisaje. Es admirable el trabajo que hacen, en Tokyo poca broma con todas las bicicletas que hay, yo he llegado a tener tres a la vez.

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Aparte del ajetreo de reorganizar las bicis, de crear huecos donde parecía que no los había, de cobrar a los que no pagan cuota mensual sino por día. Aparte de todo eso, también tienen mucho papeleo que hacer: nuevas solicitudes de pases anuales, bajas, informes. Lo sé no solo porque les he visto hacerlo, sino porque me lo han contado. Este tipo de trabajo lo hacen en una especie de despacho, casi garita por lo estrecho, que cierran con llave supongo que por los cambios que puedan dejar. Si es el caso, yo procuro no molestar; aparco la bici, cierro el candado y me voy por donde he venido con las piernas temblorosas según vayamos cerrando la semana.

Ayer a la vuelta estaba el que más simpatía me regala cuando coincidimos: un anciano que me saca una cabeza, delgado como solo la palabra enjuto es capaz de matizar, con los pómulos de la cara tan marcados que es inconcebible que ahí haya existido carrillo alguno. Suele llevar una gorra pero muy vieja, como las que llevaban los ciclistas de antaño, descolorida y con tantos manchurrones como supongo que recuerdos porta la cabeza, repleta de canas, a la que protege de brisas traicioneras, que a ciertas edades mejor no arriesgar.

Me habla siempre que nos cruzamos. Ayer incluso dejó lo que estaba haciendo, salió de la garita y vino hacía mi. Se quitó las gafas y las dejó caer hasta que quedaron colgando de su cuello ancianándole todavía mas la facha. Venía riéndose, como si me hubiese estado esperando y por fin podía ya tachar de la lista la charleta con el chaval de las dos bicis, que era lo que le faltaba para ponerle colofón al día:

– Diaz-san, otsukaresama desu. ¿Te has mojado?, hoy por la mañana caía poco pero como tienes un rato largo hasta Shibuya, te habrás calado. ¿En España no hay tsuyu?, aquí es todos los años pero no se acaba de acostumbrar uno, ¿verdad?.

– Diaz-san, he estado mirando en internet y he encontrado Bilbao, es en el País Vasco, ¿verdad?, yo estuve una vez en Barcelona y otra en Madrid, pero he visto fotos del País Vasco y parece muy bonito.

– Diaz-san, no se te olvide candar la bici que ayer la dejaste suelta y tiene pintas de ser cara, a ver si vas a venir un día y no va a estar…

– Diaz-san, esto

– Diaz-san, lo otro

Y a mi se me olvidan las prisas, y me paro y echamos un rato.

Ya camino de casa, a pie esta vez, saco el boli y el cuaderno para tachar, sonrisa mediante, un punto más de las cosas que conviene hacer para conseguir que el día sea más bonito y valga más la pena.

  charlar con el abuelo de las bicis       

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Ya iba tocando.

No tengo claro por donde empezar, así que iré al grano: mi padre murió a principios de año. Es algo que todavía no tengo asimilado, es demasiado reciente y no tengo el ánimo para hablar de ello abiertamente, todavía no.

El año pasado y algunos meses del anterior fueron muy difíciles, todavía lo siguen siendo. Volví a España todas las veces que pude, porque es lo único que podía hacer, quizás es lo único que todavía puedo hacer: recorrer esta horrible distancia que nos separa el máximo de veces que sea posible. Para que Kota construya posos de memoria que nunca desaparezcan, para estar donde se debe. Por mi más que por nadie.

Este año empezó inevitablemente mal. Que nos echasen a todos de la empresa quedó en una anécdota que en realidad a mi nunca me preocupó demasiado porque sé que nunca me ha sido difícil encontrar trabajo, el verdadero problema podría estar en la falta de motivación. Pero por alguna razón que todavía no acabo de entender, quizás mi padre sepa algo de esto desde donde esté, me sobró determinación, me sobraron fuerzas. Supongo que tener una meta concreta después de demasiados meses de desorientación, hizo que me saliese la garra y pude hasta elegir entre tres o cuatro trabajos.

Ocupado por querer estarlo más que por estarlo en realidad.

Pero aquí estoy. Doy señales de vida, por fin.

Estoy bien, llevo dos meses en el trabajo nuevo, me he comprado una bici nueva… estoy contento, estamos bien los tres. Kota cada día nos sorprende con algo que ayer no hacía y consigue emocionarnos como ahora sé que solo un hijo puede emocionar. Tiene salud; tenemos salud, estamos tranquilos, estamos bien.

Trataré de que nos sigamos leyendo de alguna manera. Gracias por seguir ahí.

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