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La cartera perdida

Llevaba un par de días regulero con la garganta y el jueves a mediodía decidí volverme a casa porque me subió la fiebre y no sabía hacer ya el Javascript ni con un canuto. Por la mañana, como cada dia, había ido en bici, pero a la vuelta y después de dudar bastante, pensé que mejor no arriesgar a ponerme peor con la sudada y la dejé aparcada ahí en los Shibuyas volviéndome en el tren chuchú. La cosa es que aunque aquí no suele pasar nunca nada, andaba yo ya inquieter: no me gusta un pelo que mi pobrecita pase la noche solica por ahí… aguanta, orbeica mía, que ya vuelvo a por ti en cuanto me ponga bien!! no te hagas caso de las gyarus pelandruscas!!

El viernes, que aquí fue fiesta y ya por la tarde estaba yo bastante recuperado, volví a montarme en el tren para ir al encuentro de mi amor biruedil. De paso, como ando al loro siempre para comprarme la Nintendo Switch y los viernes a mediodía corre el rumor de que son los «restocks», llevé la cartera con bastante dinero por si sonase la flute.

Ba, ni pa Dios… no tengo claro si estos de Nintendo son unos putos genios del marketing, que nos tienen en ascua viva por comprarles en cuanto tengan más, o los mayores desastres planificando a este lado del río Sumida.

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Me recorrí las tiendas habituales a contar cartelicos como el de arriba y enfilé cabizbajer y tristonero al parking de bicis. Hostias, por cierto, cuanta gente hay siempre en Shibuya, la madre que parió a Peneke, qué disparate y que sindios, mira que estoy por aquí todos los días y no me acostumbro todavía. Lo único bueno que le veo es que si te tiras un cuesco, a ver quien tiene cojones de señalar a alguien!

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Total, que acabé por fin con mi bici que estaba enterica y reluciente, le puse las luces que llevaba en la bolsa, la funda acolchada para el sillín en pos de que no sufriese mi excelso nalgar, y casco en melón, pillé la cuesta del 109 a la izquierda enfilando ya para casica. Me desvié un par de kilómetros con la intención de pillar unas hamburguesacas para la cena que Kota andaba con antojo, pero cuando llegué y justo antes de pedir, me di cuenta de que no tenía la cartera…

:peneke: :copon: :peneke:

Lo primero que pensé, pardillo de mi, fue que no la había cogido, así que le pregunté a Chiaki por si me la había dejado olvidada encima de la mesa o por ahí. La estuvo buscando un rato pero me decía que o se la había comido Kota, o allí en casa no estaba….

:peneke: :copon: :peneke:

Me volví para casa a buscar yo también, ya que, total, estaba bastante cerca… pero nada, ni pa Dios: lo más probable es que se me hubiese caído en Shibuya cuando saqué el casco de la bolsa.

¡¡ Maldita mochila-mierder que no tiene bolsillos y va todo junto ahí !!

En fin, no quedaba otra que tirar para Shibuya otra vez… segundo viaje en bici, trayecto que hice a todísima hostia folladísimo en do menor pensando en todo el jaleo que iba a ser cancelar las tarjetas de crédito, sacarme de nuevo el carnet de conducir, el DNI de aquí con mi recién estrenada visa permanente, liar a la de recursos humanos de la empresa para la tarjeta de la seguridad social… bufffff, jodé, pensaba mientras pedaleaba, dono mi huevo menos peludo con tal de encontrarme la cartera con todos los documentos, el dinero ya me la refulfla!!

Total, que llego con una sudada que ni Paquirrín con un cuaderno de rubio, rebusco y rebusco por allí y tampoco aparece. Ya medio desesperao voy donde el guardia del parking y resulta que está sentado en una silla de camping ahí sobao entero el gachó. Era una escena curiosa, porque tenía un chaleco de esos reflectantes que usan aquí pero con luces rojas que parpadean a todo meter; es decir: era un señor durmiendo al que se le veía desde la MIR.

Di un par de vueltas otra vez y como seguía sin aparecer, me fui a despertarle a semáforo-man con un par de sumimasens a cada cual más alto.

– Sumimasen
– SUMIMAsen
– Eh, hai haaaai
– Perdone, que es que hace una hora o así yo pa mi que se me ha caído la cartera por allí, no la habrá visto, ¿verdad?, o alguien que se la haya dado o algo…
– Pos no… pero lo mejor es que preguntes en la comisaría a ver…

Dicho & hecho, lo cierto es que ya iba yo con esa idea también, señor árbol de Navidad, pero total, tenía que intentarlo también, perdón por despertarle.

Tiro para comisaria, la que queda al lado de la estación, vamos, donde hay más gente que en el Aeropuerto del Prat (mwahaha) pero siempre. Dejo la bici ahí en la puerta y sale un policía al momento a echarme la bronca ya:

– Aquí no se puede aparcar, chato moreno, tira pallá.
– Ya ya, pero es que vengo a preguntar a ver si por un casual de Buda han visto ustedes mi cartera que se me ha perdido probablemente por allí por donde el parking de bicis
– Ah, vale, tira padentro
– Voy
– Pero canda la bici, alma de ピッチャー
– Ah, si si -esto lo hace para ver si no he mangado la bici, no es la primera vez que me para un policía y me dice que abra y cierre el candado para ver si tengo la llave, qué profesional, la vírgen, qué profesional.

Dentro de la comisaría, que no había estado nunca, resulta que había un huevo de policías, pero a mi me tocan tres. El que me habla todo el rato, que es un tío probablemente más joven que yo, más serio que el único enano paseando por la playa nudista llena, luego uno neutro que ni fú ni fá, y el tercero que equilibraba la ecuación que no hacía más que hablar medio riéndose y gesticulando un huevo.

Me habla el serio:

– Por favor, tu tarjeta de residente.
– Pues es que estaba dentro de la cartera -tío soseras
– ¿Puedes escribir japonés?
– Un poquejo, tampoco me pidas mucha historia

Interrumpe el sosaína:

– No te preocupes, con que sepas escribir tu nombre y dirección y poco más ya valdría.
– Ah, vale

Me dispongo a rellenar una hoja donde efectivamente se me piden mis datos y luego una lista con lo que he perdido: cartera, color, tamaño, marca, cuanto dinero tenía, qué tarjetas más o menos…

Habla el enfarlopao:

– Hostia puta! (Sugoi!) si sabes escribir japonés de puta madre (sugeee jyouzu jan!!), ¿cuanto llevas aquí?
– Algo más de diez años -le digo intentando concentrarme en lo que estoy escribiendo lo que para un crío japonés sería tirao, pero para mi es el puto pasapalabra
– ¿Y has estudiado por tu cuenta? ¿has ido a la universidad? ¿en qué trabajas?
– Eeettooo, pues …

Interrumpe Paco Umbral:

– Por favor, acaba de escribir

Y se hace el silencio con el que, mira tu, el neutrex parece estar más cómodo, hasta le cambió el color de las mejillas y todo, como mas asonrosao.

El seriales me empieza a hacer más preguntas pero ya en plan interrogatorio muy serio, que donde lo he perdido, que a qué hora, que qué tarjetas tenía y cuanto dinero, que qué hacía en Japón, que cual era mi trabajo… y después me volvía a preguntar, como el que no quiere la cosa, por cuanto dinero y las tarjetas para ver si me contradecía o algo… Todo esto, por cierto, hablándome bastante cerca y en keigo, pero lo peor fue que tenía las cejas depiladas y, joder, me costó aguantar ahí sin descojonarme vivo… poco faltó para hacerme un Rajoy y soltarme…

Después de las preguntacas, que las contesté sin dudar porque, coño, era todo verdad, el neutrales saca una bolsa transparente con mi cartera dentro y yo pego un bote porque no me esperaba que la tuviesen:

– ¡¡Esa es!!, ¡¡¡toma toma toma toma!!!! pero falta la tarjeta azul de la oficina, que estaba en el bolsillo de fuera… -empiezo a decir dándome un poquillo igual, todo sea dicho

De repente salta el exaltao:

– ¡¡ no te preocupes !!, cuando la han traído he tenido que listar todo lo que había y después he metido todo dentro, me acuerdo de esa tarjeta, está dentro con el dinero, están los 30.000 como dices que había, ¡está todo! ¡qué suerte!, ¿eh? ¿eh?, ¡que bien! ¡Japón es muy seguro! ¡omotenashi!

Yo ya me reía abiertamente:

– Jajaja, jodé que si, os debo la vida, mil millones de gracias

El neutro neutraba a su aire más callao que Eduardo Inda con un detector de mentiras, pero el serio cejastrinque cortó todo atisbo de alegría con su voz ajusticiadora, joder, cualquiera diría que estaba resolviendo el caso del siglo:

– Rellene, por favor, este otro formulario como que le hemos entregado la cartera

Y vuelta a empezar: otra hoja con mis datos y mi firma certificando que estaba todo y que ale, a pastar por la sombra.

Salgo de la comisaría de culo haciendo reverencias deluxe plus, quito el candado de la bici y cuando me voy a pirar salta el toloco:

– Cuidao con la bici, ¿eh?, nada de llevar los auriculares esos que tienes colgando del cuello, ten mucho cuidao que hay mas accidentes que ni sé de bicis últimamente y encima ahora por la noche más todavía, ten cuidado, ¿eh? y no pierdas la cartera más, que es importante, ten cuidao.

Unos cuantos gracias gracias si si gracias gracias si si después ya estaba yo tirando pa casa otra vez, pero con la cartera bien guardaíca, la sonrisa puesta y el culo y las piernas que ni las sentía ya cuesta parriba cuesta pabajo.

Curioso país de locos en el que estamos, Tosca, curioso, disparatado, pero sin duda maravilloso país.

:gustico:

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Otoño otoñete

La vírgen como pasa el tiempo, madre de Dios.

¿¡¿Qué pasa, patausagis 足兎!?!? ¡¿¡que marcha me lleváis?!?. Yo aquí ando dándome cuenta de sopetón por enésima vez de que el tiempo pasa más rápido que ni sé… que se haya acabado el verano ya… ¿cómo te quedas?, yo pericueter tirando por lo bajo.

Bueno!! pasemos a ver en qué berenjenales hemos andado metidos… ah sí, ¡las vacaciones de verano!. Este año no han sido nada del otro mundo en realidad: una semanita solo na más. Como yo entré a trabajar en la empresa el uno de abril, me corresponden 12 días de vacaciones, pero jodé, desde que entré me he puesto malo bastantes días con fiebres más tontacas que ni sé (sponsored by la guardería de Kota, que se pone él malo un día, me lo pega y yo me tiro una semana). No sé si sabéis que aquí si te pones malo, o te pillas el día de vacaciones o te lo descuentan del sueldo, no hay más. Así que total: vacaciones muy cortas, pero mira, de lo malo malo, eso que ahorramos para volver a España los tres el año que viene que ya son tres billetes de avión los que hay que pagar.

De esa semana, decidimos pirarnos tres días a Atami a que Kota pudiese ir a la playa por primera vez en su vida con calma, y luego otro par de días a Hakone esta vez con mi suegra para que pasasen tiempo juntos porque aunque vivimos a apenas una hora de distancia, lo cierto es que la rutina nos deja poco margen para vernos. Qué curioso.

Bueno, total, que este viaje de Atami yo creo que ha sido el primero en el que nos lo hemos pasado bien de verdad con Kota, de repente la cosa ha cambiado de estar todo el rato intentando que no llore, que no lo pase mal en los trenes o intentar que se duerma en hoteles «hostiles», a descojonarnos vivos con sus ocurrencias. Es muy gracioso como entra en la habitación y se emociona a grito pelado descubriendo lo que hay dentro: «PAPÁ!!! EL BATER!!!!», jajaja, es el pataliebre mayor del reino!!

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La playa de Atami no es tampoco nada del otro mundo, la verdad es que quitando Okinawa, todavía estoy por ver una playa que le haga sombra a cualquiera de las nuestras del norte: aquí están bastante sucias y hay más gente que ni sé (por cierto: ¿sabéis que hay el doble de pezones que de personas?, de nada, el saber no ocupa lugar). Pero estuvo guay la experiencia de meter por primera vez a Kota en el mar: estaba acojonadísimo con las olas, jajaja.

Al volver a Tokyo, aprovechamos para llevarle también a Kota al cine a ver una película de Anpanman, por cierto que un día tengo que hablar del emporio Anpanman, es acojonante lo que tienen montado aquí en Japón con esos dibujos animados… es una mafia. Pero bueno, sacaban peli y tenemos un cine cerca que se adapta bajando el volumen y dejando bastantes luces encendidas para que puedas ir con niños muy pequeños sin que salgan escopeteados al primer trailer. Kota estuvo muy muy callado toda la película, yo creo que tan flipado que no era capaz de decir ni mú, parecía que no lo había disfrutado nada, pero luego después no dejó de hablar de la «tele grande» donde había visto al cararedondaman y de la peli en si, jajaja, jodé, es muy emocionante hacer estas cosas tan «normales» para nosotros con él.

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Jaja, me acabo de acordar que cuando saqué esa foto el móvil hizo un ruido de la hostia y encima saltó el flash, jajaja, vaya notas el gaijinaco de las entradas!!

Como decía por ahí arriba, también nos fuimos a Hakone con la abuela. Lo cierto es que hizo bastante malo aunque no llegó a llover, no vimos el Fuji ni de coña, pero lo pasamos muy muy bien. Kota no le soltaba la mano a la abuela ni pa Dios e hicimos lo que se hace en Hakone: subirnos en mil vehículos desde teleféricos, funiculares, trenes hasta el barco ese del lago. Y a la vuelta, pues echarnos un obento en el tren como mandan los cánones japoneses (te dan un mes más de visado por cada uno que te zampes si presentas el ticket en inmigración).

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De vuelta en Tokyo, otra vez, resulta que ese fin de semana había fuegos artificiales cerca de donde vivimos, así que fuimos a una azotea de unos centros comerciales que la abrían para estos menesteres y que prometía unas vistas privilegiadas.

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¿Veis el pedazo de logo del Seven Eleven?, pues detrás estaban los fuegos… qué cabrones, mientras vendían cervezas y bentos los del centro comercial, no avisaban que sólo se jipiaba algo si te sentabas a la derecha del todo… así que cuando empezaron y ya nos habíamos comido y bebido a Dios por una pata, no se veía ná y se escuchó un «EEEEEEEEE?!?!?!?» del 90% de los que estábamos allí que no nos quedó otra que pirarnos resignados para casa. Jajaja, menuda historia, hora y media esperando pa ná!!

Y las vacaciones se acabaron y la rutina sigue, que con Kota es cansada a veces pero aburrida nunca. Ojo a la foto:

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Un buen ejemplo: ir a cambiar las sábanas de la cama y al volver encontrarte que el tío le había pegado un bocao a todas las manzanas del frutero y luego las volvió a dejar ahí… y se estaba descojonando tanto que es que no puedes hacer otra que reírte también, jajaja.

Ah, jaja, ojo a esta otra foto también:

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Esa me la sacaron hace un par de meses, porque querían hacer una página para animar a la gente a que se viniese a la empresa; me hicieron una entrevista y después me hicieron posar ahí en plan modelo: ríete, ponte serio, las manos en los bolsillos, mira hacia un lado… jajaja, estuvo guay, me lo pasé muy bien y salieron fotos chulas. Cuidao conmigo que todavía tengo mojo, cuidao conmigo !!

La web es esta si tenéis curiosidad: Recruit Peroli.

Carlos, por cierto, deja de trabajar conmigo, jaja, anda que ha durado el tío. Voy a echar de menos el rollo que nos traemos, no tiene nada que ver trabajar solo en japonés que poder comentar la jugada en tu idioma con un colega. En fin, dicen que no hay dos sin tres, así que vete a saber!

En otro fin de semana tonto, nos fuimos con los de la empresa de Chiaki a una granja que hay en Chiba a ver ovejas. A mi, que soy de Zalla, que cada vez que iba a ver a mis abuelos pasaba por prados llenos, este plan me parecía una chorrada muy gorda, pero todo sea por ver la reacción de Kota que tenía pintas de que se iba a reír mucho.

Al final no fue así: al montarnos en un autobús, Kota se mareó y empezó a devolver, no teníamos ropa para cambiarle y hacía bastante frío… al final compramos ropa en una tienda que había por ahí y pudimos disfrutar un poquito de los bichos, pero la verdad es que nos podíamos haber ahorrado el viaje…

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En otra de estas, Chiaki se fue con una amiga suya que también tiene un crío de la misma edad que Kota, a pasar el día por ahí. En otras palabras: la jefa me dio el día libre, jajaja, así que se me ocurrió que estaría guay coger la bici e irme a visitar la casa donde viví tantos años yo solo al llegar a Japón. Me recorrí veintipico kilómetros y me moló ver Honmonji otra vez, además me hizo un día de la hostia. Saqué fotos para mandárselas a los de Orbea, pero pasaron de mi culo un huevo, jajaja, que gañanes!!

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Chiaki hizo los años, yo que voy a hacer cuarenta mañana flipo con lo joven que es, Tosca, eres el puto amo, jajajaja. Le regalé un pedazo de bolso, compré una tarta en Shibuya que traje en la bici como pude y un montón de chorradas de la tienda Tigers esa. A la mañana me levanté sobre las cinco para preparar todo, pero me pilló a medias, jajaja. Eso sí, la canción del cumpleaños feliz que ensayé con Kota fue infalible y estuvo un rato soltando lagrimones, jejejeje. ¡¡ Muchas felicidades, guapísima mía !!

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Y luego ná, como siempre pasando los sábados con Kota. Es el pito’s day del clan Tosca, los hombres de la familia se quedan solos para liarla tan parda como ir al parque a los columpios, a la piscina de bolas esa o a dar paseos por la calle buscando hormigas. Me río yo de Pablo Escobar, nosotros si que somos peligrosos, amigos!! cerrad puertas y ventanas que salimos a liarla!!

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Y con esto nos ponemos al día, creo yo. La última locura que me queda por contar es la del invento para hacer dominadas que compré y con el que creo que me he jodido el cuello porque me duele lo que no está escrito:

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Eso si, si finalmente hacemos el Dominada’s Challenge el maldito albaceteño y yo, que no se diga que no iré preparado!! (Chiaki dice que pa cuando llueva vendrá bien: arriba tendemos los pantalones y abajo las camisas.)

Y ya está, voy a ver si bajo a Kota de la encimera y consigo que se duerma un ratejo. De mientras…

¡¡ háganme el favor de pasar un buen fin de semana, muchachos !!
:gustico:

Díaz-san

Son cinco, quizás seis, los señores que por turnos se encargan del aparcamiento de bicicletas que queda a menos de una centena de metros de la estación. Sin margen de error y con total seguridad afirmo que todos pasan de las cinco docenas de años, diría que dos de ellos tienen incluso una docena y pico más. Por alguna razón que a ellos les valdrá han decidido darle sentido a su tiempo entre ruedas, manillares y candados buscando, creo yo, el contacto humano de los vecinos que nos pasamos tan a menudo por allí.

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El mismo azar que nos empujó a comprar piso en esa estación es el culpable de hacer que ellos y yo nos veamos las caras dos veces cada día: una cuando después de dejar por la mañana a mi Kota en la guardería, paso a confiarles la bici eléctrica a cambio de mi recién estrenada Orbea. Y la segunda, claro está, cuando mando ésta misma a dormir bajo su techo una vez finiquitada la jornada laboral y uno a uno todos los kilómetros que quedan entre medias.

Me conocen y no solo de vista; lo cierto es que me llaman por mi nombre. Bueno, por mi apellido más bien. Díaz-san, esto, Díaz-san lo otro. Ellos se lo saben por la solicitud que cursamos para poder aparcar allí. Y yo no me sé ni uno solo de los suyos ni creo que esto vaya a cambiar pronto. El caso es que de vez en cuando se paran a intercambiar algunas palabras conmigo más allá de los ohayos y konbanwas de rigor.

El espacio entre las charlas se ha ido acortando a la vez que la frecuencia y la duración han aumentado.

– Díaz-san, hoy cuidado al volver que va a llover, yo creo que mejor en tren, ¿eh?

– Díaz-san, ayer estuvo tu mujer aquí para pagar la cuota, hay que ver que guapa y que maja es, y mas joven que tu un rato largo, no te quejarás, ¿eh?

– Díaz-san, te he movido la bici a este sitio que había más espacio para que te sea más fácil sacarla.

– Díaz-san, ¿en qué idioma le hablas a tu hijo?, ¿en inglés?

Quitando a uno, que todavía no le ha cogido el truco a tratar conmigo, quizás por miedo a que no nos vayamos a entender, todos me dicen algo siempre que la actividad del momento lo permita. Porque, especialmente a las mañanas con todas esas madres dejando las bicis eléctricas, no te vayas a creer que están mirando el paisaje. Es admirable el trabajo que hacen, en Tokyo poca broma con todas las bicicletas que hay, yo he llegado a tener tres a la vez.

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Aparte del ajetreo de reorganizar las bicis, de crear huecos donde parecía que no los había, de cobrar a los que no pagan cuota mensual sino por día. Aparte de todo eso, también tienen mucho papeleo que hacer: nuevas solicitudes de pases anuales, bajas, informes. Lo sé no solo porque les he visto hacerlo, sino porque me lo han contado. Este tipo de trabajo lo hacen en una especie de despacho, casi garita por lo estrecho, que cierran con llave supongo que por los cambios que puedan dejar. Si es el caso, yo procuro no molestar; aparco la bici, cierro el candado y me voy por donde he venido con las piernas temblorosas según vayamos cerrando la semana.

Ayer a la vuelta estaba el que más simpatía me regala cuando coincidimos: un anciano que me saca una cabeza, delgado como solo la palabra enjuto es capaz de matizar, con los pómulos de la cara tan marcados que es inconcebible que ahí haya existido carrillo alguno. Suele llevar una gorra pero muy vieja, como las que llevaban los ciclistas de antaño, descolorida y con tantos manchurrones como supongo que recuerdos porta la cabeza, repleta de canas, a la que protege de brisas traicioneras, que a ciertas edades mejor no arriesgar.

Me habla siempre que nos cruzamos. Ayer incluso dejó lo que estaba haciendo, salió de la garita y vino hacía mi. Se quitó las gafas y las dejó caer hasta que quedaron colgando de su cuello ancianándole todavía mas la facha. Venía riéndose, como si me hubiese estado esperando y por fin podía ya tachar de la lista la charleta con el chaval de las dos bicis, que era lo que le faltaba para ponerle colofón al día:

– Diaz-san, otsukaresama desu. ¿Te has mojado?, hoy por la mañana caía poco pero como tienes un rato largo hasta Shibuya, te habrás calado. ¿En España no hay tsuyu?, aquí es todos los años pero no se acaba de acostumbrar uno, ¿verdad?.

– Diaz-san, he estado mirando en internet y he encontrado Bilbao, es en el País Vasco, ¿verdad?, yo estuve una vez en Barcelona y otra en Madrid, pero he visto fotos del País Vasco y parece muy bonito.

– Diaz-san, no se te olvide candar la bici que ayer la dejaste suelta y tiene pintas de ser cara, a ver si vas a venir un día y no va a estar…

– Diaz-san, esto

– Diaz-san, lo otro

Y a mi se me olvidan las prisas, y me paro y echamos un rato.

Ya camino de casa, a pie esta vez, saco el boli y el cuaderno para tachar, sonrisa mediante, un punto más de las cosas que conviene hacer para conseguir que el día sea más bonito y valga más la pena.

  charlar con el abuelo de las bicis       

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Bicitips

Me casco algo más de 30km al día en bici entre mi casa y el trabajo. Gorro de lana en cabeza, sillín acolcherplus en culo y termo lleno de té caliente a modo de botellín, voy y pedaleo durante cerca de 50 minutos por Tokio dos veces cada jornada. Evito por todos los medios coger un tren, sobretodo por las mañanas, así que a no ser que llueva la de Dios es Cristo, ahí se me puede ver cuesta parriba y cuesta pabajo como alma que lleva el diablo.

Después de tanto trajín, ya le he pillado el truco al asunto, por ejemplo había un rascayú al que siempre adelantaba camino de Shibuya pero que el mamonazo de él me estaba luego esperando en un semáforo unos cuantos kilómetros más allá, así que decidí no adelantarle y seguirle un día descubriendo el atajo salvapiernas del siglo, menudo pájaro aquí mi primo.

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Total, que aquí van una serie de mandamientos bicicleteros que cualquiera debería saberse para andar en bici por el Tokio de mis amores:

– He leído de todo sobre registrar la bici: que si es obligatorio, que si no… normalmente te lo hacen en la misma tienda y es mejor hacerlo, pero yo la compré por Amazon y no la he registrado. Las cuarenta veces que me han parado para comprobar si es mía les cuento esto mismo y no pasa nada aunque a veces me hacen abrir y cerrar el candado para asegurarse que la bici es mía. Si eres extranjero aquí cuenta con que te paren muy a menudo, esto es así: aquí eres un pintas con esos ojacos garbanzo.

– No es obligatorio llevar casco aunque muy recomendable. Yo no llevo y a mi suegra no le hace esto ninguna gracia, que me lo recuerda siempre.

– No se puede ir escuchando música, si te pillan te paran y una de dos: o te dan un aviso o te ponen multa directamente. También está prohibido ir dos en una bici normal o llevar un paraguas abierto conduciendo (anda que no se ven de estos, por cierto!).


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– En Tokio apenas hay carril bici y aunque molaría que hubiese, tampoco pasa ná porque se puede ir por la acera y por la carretera sin problema, puedes mezclar las dos según te convenga y por supuesto si no la vas a liar parda. No te metas por una acera repleta de gente dando por saco con el timbre esperando que se aparten, bájate y anda, el peatón siempre tiene preferencia.

– Ve siempre por la izquierda, siempre siempre, tanto si vas por la carretera como si vas por la acera porque si te cruzas con otro ciclista, es lo que espera que pase. Esto me costó un par de sustos aprenderlo. Podrás adelantar por la izquierda coches sin problema, pero mucho cuidado con los autobuses y las paradas porque seguramente ni verán que estás ahí cuando se arrimen a la acera.

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– No está prohibido circular por el lado contrario de la carretera, es decir, que tu vayas arrimado a la acera por la izquierda y de repente te encuentres a un porculeiro en bici que viene de frente también. Eso es lo más peligroso que hay, en serio, peligroso peligroso porque al intentar esquivarle te sales y es fácil que te enchufe un coche. No hagas eso, por el amor de Dios, si vas a ir en sentido contrario, vete por la acera.

– Si vas por la carretera, se supone que debes seguir las normas de circulación como si fueses un coche. Pero el tema es muy flexible si andas un poco vivo: puedes cruzar un paso de cebra con la bici si te conviene y seguir por la acera del lado contrario, por ejemplo. El caso es que no pongas en peligro a nadie, si haces maniobras de estas con cuidado la policía no te dirá nada aunque te vean, todo Dios lo hace.

– Te pueden hacer control de alcoholemia si te paran yendo en bici y en Japón el límite es 0. Si das positivo te pueden hasta meter en la cárcel hasta 5 años y ponerte una multa de hasta un millón de yenes!! la cosa es seria!!

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– No te pases semáforos en rojo aunque acaben de cambiar, lo normal es que haya algún coche a toda hostia tratando de saltarse el naranja de su lado, sobretodo si son taxistas.

– Ojo a las puertas de los coches que aparcan ahí en el arcén, deja ahí bien de sitio no vaya a ser que salga el tipo justo cuando pases y te la zampes con potetos. Sobretodo, again, si son taxistas.

– Cuidado con las motos porque muchas veces te aparecen desde cualquier lado y normalmente pasan mucho de los ciclistas metiéndose delante y haciéndote frenar aunque te hayan visto. Especial precaución con las pequeñas que también se meten por entre la acera y el lado izquierdo del coche.

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– Cuidado, mucho mucho cuidado con los taxis: en cualquier momento pegan un frenazo y se paran ahí bloqueándote el paso prácticamente sin mirar. Igual están parados con las luces de emergencia puestas y salen de repente sudándosela todo, los taxistas en Tokio hacen lo que les sale de los tamagos, tienen unos huevacos como obispos.

– Las alcantarillas, los pasos de cebra y las líneas de la carretera resbalan un huevo cuando llueve. En serio: un huevo, mucho cuidado aquí.

– Canda la bici, esto puede parecer un consejo chorra pero lo cierto es que aquí prácticamente no mangan nada nunca… excepto las bicis, no es raro que te la pimplen para ir a algún sitio y después la dejen por ahí abandonada. A mi no me ha pasado nunca, pero a un par de amigos míos si. Lo que si me han mangado a mi han sido dos fundas acolchadas del asiento, tiene huevos que tenga que ir cargando con eso. Por cierto, otra excepción que no tiene que ver con bici: la gente en Tokio es muy educada… excepto en las estaciones y en los trenes donde ahí no hay un Dios que respetar, les daba de hostias a la mitad.

– Y ojo donde dejes la bici, no se te ocurra enchufarla al lado de ninguna estación porque te la lleva la poli fijo. Aquí no puedes aparcar donde te salga del nardo, aunque, por experiencia, si la dejas un par de horas por ahí, mientras no estorbe (incluso de un día para otro) no pasa nada. En dos días no está fijo.

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– Tirar la bici, como cualquier cosa aquí, cuesta pasta. Lo más fácil es dejar la bici «aparcada» por ahí y ya se encargará la poli de llevársela. Te mandarán un par de notas para que vayas a recogerla si la tenías registrada, a la tercera te dirán que la bici se ha reciclado por ahí y que te has quedado sin ella. Como esto igual no lo sabe mucha gente, es fácil encontrar gangas en Craigslist de gente que se pira del país y no quiere pagar dinero por tirar la bici, echadle un ojo!.

– Lleva luces, cómprate luces que parpadeen por delante y rojas por detrás porque aunque parezca mentira, la inmensa mayoría de las calles de Tokio son muy muy oscuras a nada que te pires del centro un poco, y estrechas, que a veces no pasan dos coches aunque sean de doble sentido. Que se te vea bien el culete, amigo, que si no te pueden poner hasta 50.000 yenacos de multa!

– Ponte a la cola, no me seas de tu tierra. Si hay un tío que ha llegado antes que tu al semáforo, no des por saco y te pongas en paralelo a él: le molestarás cuando el semáforo cambie y a la vez estarás también tocándole los huevos a los coches de detrás que no podrán adelantaros a los dos. Coño, ponte detrás y ya le adelantarás un poco más adelante. Y no te fíes un pelo de las amatxus que van cargadas con un par de críos o las abuelas porque fijo que van con bicis con batería y te mearán a la mínima cuesta, es acojonante lo rápido que pueden ir. Adelanta siempre teniendo esto presente.

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– Ya lo he dicho antes, pero insisto: no toques el timbre cuando vayas por la acera. Molestas. En serio: molestas un huevo, tu no tienes la prioridad, usa el timbrecillo tocapeloter cuando no te quede más remedio porque sea peligrosa la situación.

¡Y ya no sé que más contar!. Es una auténtica gozada poder ir en bici a currar aunque me pille un pelín lejos, recuerdo que intentaba ir en bici por Bilbao y cada día que llegaba a casa vivo o sin apalear por alguna vieja era un auténtico milagro, Tokio en bici mola mucho!!

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El edificio embolao

Llevamos una semana con un tiempo increíble en Tokyo, tanto que ayer por la mañana no pude aguantar metido en casa y me fui en bici hasta Shibuya con la cámara de fotos chiquitica metida en el bolsillo para sacar hasta en los semáforos, no te lo pierdas.

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Desde mi casa son unos 15 kilómetros y tenía en mente un objetivo concreto: sacar fotos de la movida del parque de Nike. Desde la Yamanote ya se veían distintas pancartas de protesta, y en el blog de Rest in Paint vi un vídeo donde se contaba un poco la historia: resulta que es un parque público que quería comprar Nike para hacer unas pistas de skate, pero el caso es que allí vive un montón de gente sin hogar que han montao la de San Quintín protestando. La verdad es que no acabo de ver claro que Nike fuese la mala de la película porque el gobierno era, en teoría, el que lo estaba vendiendo pasando de todo… pero bueno, aquí va el reportaje que hicieron, ojo a la primera imagen del paraguas con lo de «Dead» ahí:

Yo llegué allí y resulta que no había ningún cartel, no había ni rastro de lo que sale en el vídeo ese, sólo quedaba el que se ve desde las vías del tren y poco más.

Pero también había uno en el que dan explicaciones, por lo visto se han echado atrás o todo era un rumor desde el principio, véte a saber:

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Now, Shibuya-ku Ward (Tokyo) and NIKE try to start converting Miyashita Park into «NIKE Park».
What are they talking about? We have never accepted NIKE do sell in the park, public area! Miyashita Park is not only for NIKE’s consumers, but OURS! Thereupon, various artists are going to stay at Miyashita Park and execute their works (= Artist in Residence, A*I*R) from this spring. Throught the many projects such as exhibition, symposium, music perfomance, movie show, workshop and cafe, we will think about what Living, Playing, Live, Whereabouts, Exclusion, Discrimination, Violence etc. are, and we do PARK.

Air Miyashita Park

¡Así que me quedé sin ikureportaje!. Pero bueno, ya que estaba en Shibuya con la bici, me fui a la tienda ésta a ver si me cambiaban la cadenilla o algo…

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En el genius bar me dijeron que me fuese por lo iSegao, vaya plan, menos mal que a la vuelta pasé de casualidad por el edificio de la bola roja que tanto me llamaba la atención cuando lo veía desde el tren y le pude sacar unas fotos con calma. Resulta que es el edificio de la autoescuela Hinomaru de Ebisu, pero que a partir de ahora todos lo conoceremos como el edificio embolao y no se hable más.

¡No sabría con cual quedarme entre el ondulao, el desdoblao, el roto y éste! ¡molaría vivir dentro de una pelotaca!

Hoy me despido sin poner el gambiter mode, porque el domingo tengo competición de Karate. Es en el mismo sitio donde me empapelaron los morros la otra vez, a ver si hay suerte y ésta vez salgo de allí con mi habilidad de comer bocatas intacta. Yo creo que después de más de medio año de Capoeira, estoy mucho más rápido y ágil que antes, veremos si se nota… ¡en un rato os cuento dónde y cuando es para ver si alguien de Tokyo se anima a venir y grabarme!

El guardián del aposento

Para tener una bici aquí hay que hacer algo más que comprarla, sobretodo si se quiere utilizar como medio de transporte diario. Por ley, la tienes que registrar a tu nombre, y luego no la puedes dejar en cualquier lado, no por largo tiempo al menos porque te arriesgas a que se la lleven directamente. Por ejemplo, eso pasó una vez que entré con una compañera de la oficina a un bar a tomar algo y cuando salimos al de un par de horas, ya se la habían llevado y tuvo que ir a recogerla a no sé qué sitio previo pago de una multica bonica del tó. Que al final es más la gracia de tener que ir a casa Buda a por ella que el dinero, pero bueno.

Cerca de las estaciones es donde la cosa está más vigilada, normal por otra parte porque es donde se acumulan. Siempre hay un parking de pago al lado, pero aún así se siguen viendo todos los días papelicos de advertencia o multas directamente. Si coincide, además, que haya un súpermercado o algún establecimiento con parking de bicis un poco cerca de la estación, ese estará atiborrado aunque la tienda esté vacía.

Vamos, que todos al final todos nos acabamos sabiendo los sitios «buenos» de los alrededores aunque normalmente si no dejas la bici molestando en el santo medio, no pasa nada porque esté unas horicas candada a un árbol.

En la oficina lo mismo, tienes tu espacio para la bici pero el conserje se encarga de que tengas la pegatina que demuestra que has pagado los quinientos yenes anuales de cuota. Michiko me lo contó nada más llegar, y vamos, sin problema porque no es dinero. Y con la pegatina puesta, yo aparco pues donde hay sitio mayormente, porque suele estar bastante lleno.

El otro día estaba dejando la bici y veo a un tipo de pintas raras que trabaja en alguna oficina del edificio. Parecía que estaba esperando a alguien, lo que no pensaba yo es que era a mí:

– Estooo, perdona pero ese no es tu sitio -va y me dice
¿Cómo que no es mi sitio? ¿es que hay un sitio o qué?
Si, cuando pagamos, elegimos el sitio donde queremos aparcar la bici y ese es el mío, también aparcaste ahí el martes y el jueves pasado.

Yo miro al suelo y no veo absolutamente ninguna marca, es más, las bicis están todas puestas unas contra otras prácticamente con lo que eso del sitio queda claro que es una bola como el Godzilla con gases de gorda, y que lo que le da rabia a Matías es que yo haya llegado antes que él hoy también y aparque donde él suele aparcar.

– Ah vale, pues nada, perdón -le digo mientras cambio la bici medio metro más a la derecha
– No no, no te preocupes, si no lo sabías no pasa nada, porque si lo supieses y lo harías igual… -no acaba la frase, pero concluye con otra en un tono muy extraño y haciendo amagos de reverencias- …pero no lo sabías…

Entro a la oficina y comento la jugada:

Michiko, ¿pues no me dice el de los pelos que estaba aparcando en su sitio?
¡¡Pinche baboso!!, aquí nadie tiene sitios, eso se lo ha inventado él, espera que voy!!!
No no, jaja, tranquila que es igual, prefiero aparcar un poco más para allá que encontrarme un día con las ruedas pinchadas
¡Pero nos quejamos al conserje!
No no, que es igual, de verdad

Y es que el tipo éste viene con traje y corbata por arriba, pero con culotes y zapatillas de ciclismo por abajo, cuando habla lo hace tartamudeando, suele cerrar y abrir los ojos con mucha fuerza y muy seguido y siempre está haciendo el ruido ese de tragar saliva. A veces he coincidido con él y le he oido hablar sólo y reirse consigo mismo, y una vez estaba mirando una por una todas las pegatinas de todas las bicis del aparcamiento apuntando el número en un cuaderno mientras susurraba vete a saber qué por lo bajini.

Así que si Matías me dice que ese es su sitio. Ese ES su sitio. Y si me quiere llamar Yoko Ono, yo SOY Yoko Ono.

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La ikubiblia

He leído tantas chorradas sobre el tema, que he decidido arrojar un poco de luz sobre las tan mentadas diferencias entre Japón y España. Que diréis: jodé que regulero anda el Toscano, anda que no habrá posts de esos. Pues si, los hay, pero yo me he decidido, cual caballero andante, a tener la lista definitiva, el inventario indiscustible de todo aquello que nos separa cultural, gastronómica y gambiterilmente.

Además, palabra de tío Tosca, me comprometo a mantenerlo actualizado incluyendo todas vuestras revisiones y sugerencias, que serán filtradas y comprobadas meticulosamente para que lo aquí escrito sea estrictamente verídico y verídicamente aregulero.

La cosa va a ir por fascículos, a lo PlanetaAgostini iré soltando temas y los dejaré ahí sujetos al critiqueo y pejigueriamiento por parte de todos vosotros. Cortaré aquí, borraré allí y pegaré allá con lo que me digáis, y de vez en cuando soltaré otro tema. Cuando todo esté en condiciones, juntaré todas las entregas en un megapost que será

¡La ikubiblia de Japón!
:copon:

Compañeros, demos paso, pues, a la primera entrega:

De transportes y cosas con ruedas

Trenes y metros

– Si un metro o tren llega tarde porque se ha liado alguna parda, en las estaciones de destino suele haber personal repartiendo justificantes a la gente para que los enseñen en la empresa.

– Todo kiski en Tokyo usa las tarjetas Suica o Pasmo. Es como una tarjeta de crédito que se recarga en las estaciones y que vale para pagar metro, tren y autobús. Es IC o eso, vamos que no hay que meterla en ningún lado, basta con acercarla al sensor y ya fona. También se pueden comprar bebidas en máquinas expendedoras y en los combinis de la estación. Las máquinas expendedoras tienen una antenilla para que eso funcione. Como la cosa sólo funciona en las estaciones y alrededores, Akira y yo todavía nos estamos pegando sobre donde está la información del crédito, si en la tarjeta o en algún servidor (o en los dos). Porque si fuese en la tarjeta, no haría falta antenilla y funcionaría en cualquier lado… Valen 500 yenes y la primera vez que las compras tienes que apoquinar mil: 500 por la tarjeta, y 500 de recarga. Si las devuelves en cualquier estación, te reembolsan los 500 (no tengo ni idea de si te dan el dinero que quede o no).

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– Los empujadores existen, aunque no son tan habituales como se cree, sólo en algunas líneas y en horas punta. Por ejemplo: en la línea Inokashira en Shibuya a eso de las 6 de la tarde ahí están como campeones, y supongo que sobre las ocho de la mañana aquello será el copón de la baraja.

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– En todos los vagones de tren y metro hay asientos reservados para embarazadas, ancianos y minusválidos, y hay que apagar el móvil si uno se sienta ahí aunque nadie, o casi nadie lo hace. Además, las embarazadas llevan un colgante que las identifica, para que no tengan que andar ahí pidiendo a la gente que se levante, aunque esto si no lo cuenta Nora, yo ni me entero.

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– Dentro del tren, por megafonía van diciendo los nombres de las estaciones y las líneas en las que puedes hacer transbordo. Primero en japonés y luego en inglés. Lo curioso es que en inglés dicen el nombre del lugar pronunciado en inglés. Por ejemplo: Meguro lo dicen como «Megurouuu» a lo Aznar. Por cierto, yo estoy convencido que la chica de los trenes es la misma que la de los cajeros automáticos, la de los súpermercados, la de los autobuses y la de cualquier cacharro que hable con voz de tía (todos, hasta está dentro de mi cámara de vídeo que me habla cuando la batería se va a acabar).

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– Cuando en un tren de Tokyo parece que no cabe una persona más, caben diez.

– Los nombres de las estaciones están escritos en japonés pero también en alfabeto romano. Las máquinas de dar billetes tienen un botón para cambiar a inglés. Ambas historias aplican en Tokyo y alrededores, a medida que uno se aleja, ya no pasa tan a menudo hasta que deja de pasar y absolutamente todo está en japonés.

– La mejor manera de moverse por Tokyo es pasar de los mapas de líneas de trenes porque eso es un jaleo del copón, lo que hay que hacer es mirar en alguna de las webs donde pones los nombres de la estación origen y de la de destino y te dice como llegar, por ejemplo la de Jorudan, hay hasta aplicaciones para el iPhone que tienen la base de datos ya metida y no necesitan acceso a internet (dentro del metro no hay cobertura por mucho Japón que sea esto). Además si sacáis la Suica o la Pasmo, os olvidáis de tener que adivinar lo que cuesta el billete del trayecto, con la tarjeta esa entráis y salis por donde sea y ya os cobrará lo que toque.

– Por mi propia experiencia, en las estaciones y en los trenes la gente pierde las formas: te empujan, apachurran y pisan y ahí no suele haber reverencias. Supongo que es la manera práctica de actuar cuando hay trenes tan petados en según que horas.

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– Hay personal de la estación atento a cuando llega un tren al andén, y hablan por un micrófono inalámbrico diciendo cosas muy obvias: que viene el tren, que el destino es tal y cual, que la puerta se va a cerrar, que por favor de la línea amarilla para dentro. Aunque están siempre, también hay grabaciones que se ponen y dicen lo mismo pero las suelen cortar para hablar ellos. Serían algo así como nuestros jefes de estación, pero haciendo algo más que dar billetes (que sea o no útil ya será otra cosa)

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Coches y tráfico

– En Japón se conduce por la izquierda, por el otro lao, por del revés, por donde los ingleses. Yo ahora no, pero al principio siempre me metía por la bici por el lado contrario y me llevaba unos sustos chatos.

– Existen unos modelos de coche de menor potencia y tamaño que son más baratos y hacen el apaño. Se distinguen, a parte de porque son minicoches, porque el fondo de la matrícula es de color amarillo. Lo curioso es que los hay de todas las formas: furgonetas, camionetas, coches deportivos… pero en mini

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– Las puertas de atrás de los taxis se abren y cierran solas, no hay que tocarlas. Nunca se da propina, los asientos tienen bordados de puntilla y en la mayoría no se puede fumar (hay algunos que sí).

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– Los conductores de autobús tienen micrófono con pinganillo a lo Madonna, y van «cantando» las paradas. A veces, si el autobús va lleno y hay gente de pies, el conductor avisa cuando va a hacer alguna maniobra un poco brusca para que la gente se agarre bien. En una ocasión, el tío avisó cuando iba a frenar de repente porque un semáforo se estaba poniendo rojo, y además pidió perdón.

– Los coches de la poli tienen las sirenas extensibles. Es decir, que las sirenas se elevan un cacho por encima de coche para que se vean bien, por ejemplo, en mitad de un atasco.

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– Los surtidores de muchas gasolineras cuelgan del techo, es decir, el cacharro no está en el suelo, lo que deja mucho más espacio. En Tokyo, además, en la gran mayoría no tienes que salir del coche ni para pagar, te limpian los cristales, te vacían los ceniceros y te dicen cuando no hay tráfico para que puedas salir sin problema despidiéndote, además, con reverencias.

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– En los semáforos y paradas medianamente largas, los autobuses paran el motor y lo vuelven a arrancar justo al salir.

– Los semáforos son horizontales, de través, de lao a lao, de paquí a pallí no de parriba a pabajo

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– Algunos vehículos, como los camiones de la basura, hablan. Tienen altavoces con una voz que dice: cuidao cuidao que giro a la derecha, cuidao cuidao que giro a la izquierda y se oyen mucho.

– Las ambulancias normalmente van con mucha precaución, vamos, que a nuestros ojos van muy despacio que parece que para cuando lleguen ya está la cosa solucionada. Y también hablan diciendo cosas como: que vamos, cuidado por favor, vamos a girar, gracias por dejar sitio.

– Muchos conductores apagan las luces del coche si están parados en un semáforo para no deslumbrar a los peatones  y las vuelven a encender cuando el semáforo cambia y ya se van.

– Por Tokyo, la mayoría de los conductores no paran en un paso de cebra a no ser que estés ya pasando.

– En Tokyo no se puede aparcar por la calle, los coches siempre están en garajes o en parkings. Hay edificios enteros que son sólo parkings y que están automatizados, tu dejas el coche en un sitio y el chisme lo eleva hasta el piso que sea. Después pagas y te lo baja y te lo dejan en un sitio donde el suelo es giratorio para ponerlo derecho y que puedas salir según vas.

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– Los semáforos están muy por delante del lugar donde se tiene que parar uno y si es girando se puede pasar. Es decir, si giro a la izquierda y justo hay un semáforo en rojo, puedo tirar palante siempre y cuando no haya nadie pasando por el paso de cebra.

– Los coches llevan una pegata para identificar a los novatos, como nuestra L, pero aquí tiene forma de hoja verde y amarilla. El símbolo resulta que se ha adoptado también para indicar lo que es fácil de utilizar («para novatos»): lo podrás ver en tiendas de electrónica al lado de modelos de cámaras de fotos, impresoras, etc…

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– También existe una L pero para los señores mayores, en esta ocasión es de color amarillo y naranja y los ponen los jubilados para que los demás los tengan en cuenta

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Bicis

– Desde hace un par de semanas te pueden meter un multón de menéate y no te agarres si vas borracho conduciendo la bici. También, en teoría, te pueden multar si vas conduciéndola con una mano (hablando por el móvil o con un paragüas), o si van dos en una bici.

– En Tokyo es muy normal ir por la acera con la bici, nadie pone mala cara y siempre te suelen ceder el paso. Y si no, para eso está el timbrecillo.

– No se pueden dejar las bicis en cualquier lado, hay parkings de bicicletas que suelen ser baratos. A pesar de eso, la gente las deja cerca de las estaciones arriesgándose a que les pongan multa o a que se las retiren directamente. Si esto pasa, hay que ir a un sitio a pagar por recogerla. Normalmente no te la quitan a la primera, sino que te dejan un aviso ahí pegao al manillar.

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– Existen bicis con batería que son la leche pirula. Las de los polis tienen, y la gran mayoría que he visto yo son de madres que llevan a sus hijos ahí palante y patrás. Aunque el modelo de bici que más triunfa es el «mamachari» que es la bici de paseo de toda la vida, que las hay desde poco más de 10.000 yenes.

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– Las bicis están matriculadas, es decir, te ponen una pegata con un número y te la registran a tu nombre. De vez en cuando hay controles donde te piden el carnet y comprueban que la cosa coincida (yo voy por el quinto en dos años y pico). Yo para aparcar la bici en la oficina he tenido que pagar y también tengo una pegata. En mi caso son 500 yenes al año, así que es nada.

– Por regla general se respeta a los ciclistas, yo voy al currelo por una carretera de tres carriles para cada lado y nunca he tenido ningún susto, siempre me suelen dejar pasar y me esperan. Vamos, que me tienen en cuenta.

– Como la bici es un medio de transporte más que un medio de hacer ejercicio o de entretenimiento, es normal ver situaciones como entrajetados con el maletín en la cesta yendo a trabajar conduciéndola mientras se fuman un cigarro.

– Por lo mismo del punto anterior, venden todo tipo de artilugios: como cacharros para enganchar un paraguas abierto en el manillar o reposavasos para llevar latas abiertas en posición vertical. Yo llevo, además, dos luces que van a pilas, una blanca que enchufa a flashes para delante y otra roja que hace chiribitas para atrás.

El uso de la bici en Tokyo

Por alguna razón, cada vez que me monto en la bici me vienen a la cabeza Pantxo, Bea, Javi, Tito y hasta el Piraña silbando la cancioncita. Pero coincide que esto es Tokio y de ponerle algún color al verano, sería más bien el gris del asfalto, los edificios y hasta del cielo, que rara vez se ve azul.

Así empieza el último artículo que me han publicado en Soitu, donde trataba de contar de primera mano cómo es el uso de la bicicleta en Tokyo. Lo que me ha parecido curioso ha sido la reacción de algunos comentaristas. Yo trataba de contar cómo aquí conviven ciclistas y peatones en perfecta armonia y cómo esto es posible a pesar de no haber infraestructuras, porque todavía estoy por ver un carril bici en Tokyo. Mi conclusión era que la diferencia era meramente cultural, que no hace falta que me llenen Bilbao de carriles bici porque luego en la práctica resulta que por ahí va la gente paseando a los perros, sino que lo suyo sería que peatones, ciclistas y conductores entendiesen que es perfectamente posible coexistir siempre y cuando haya respeto mútuo.

Pero, como me temía, no estamos preparados. Y no me pongo del lado de ninguno, porque aquí soy ciclista pero en Bilbao era conductor y peatón, sino que simplemente queda bien claro que no nos respetamos y si no empezamos por ahí, mal vamos.

Quizás en Tokyo lo que pasa es que la inmensa mayoría de los peatones que van por la calle son a la vez ciclistas de diario, y claro así no hay posturas a acercar que valgan porque bien juntas y claras que están.

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Otros ikusoitus:

Mi vida en 20 metros cuadrados
Un día cualquiera en la ciudad más cara del mundo
Sayonara sale
Esas cosas que te han contado de los japoneses

Bicicletas con batería

Ya me extrañó a mi que me adelantara la viejecilla aquella subiendo la cuesta!!!! jodé que frustrao me sentí!

Lleva una batería que se carga en casa y te permite mantener la misma velocidad sin demasiado esfuerzo

Eso si, al pagar vete preparándote. Y no es la chorrada del año, porque por la calle se ven mucho, eh?

La idea no es mala, sobretodo para gente mayor que usa la bici para todo y no están ya para hacer el Indurain

Esto ya es para la gente chic. De hecho no se ni si se vendía…

A tomar por cleta la biciculo

No podía ser de otra forma. ¡Me he acabado comprando una bici!

Resulta que aquí todo el mundo va haciendo el Indurain por ahí, y precisamente eso es lo bueno, que como la mayoría tiene una, es lo más normal del mundo.

Aquí mi cleta. Roja, ¡cómo no!, y pequeñita! Fijaos en el candao, que es casi más grande que la rueda!

En Bilbao yo intentaba ir en bici a los sitios, pero por las aceras es imposible, mayormente porque nadie se aparta si te ve, es más, a la gente le parece mal. Y esa misma gente es la que después va andando por los bidegorris, o carriles bici, paseando a los perros, así que el panorama no puede ser peor. Te vuelves loco esquivando a la gente, y siempre tienes la sensación de que molestas.

Pero aquí no!!!! aquí más bien lo tiene mal el que va andando!!!, me encanta eso. Todo el mundo se aparta para que pases, los viejos no te miran mal por ir por la acera, y se puede ir por cualquier lado!!!

Epa epa, no os creáis que es todo tan fácil. Que ya que está tan extendido el asunto, hay una serie de normas a seguir.

Para empezar, al comprar la bici te pegan una pegatina con un número y te hacen rellenar unos papeles con tus datos. En cualquier momento, y más si tienes los ojos estilo garbanzo, te pueden parar y pedirte esos papeles, y como no los tengas, o el número no coincida, prepárate.

La matrícula de la bici

Espera espera, vamos a darle ambiente al post.

¡Muuucho mejor!. Pues lo siguiente es que te dan un manual con normas sobre cómo conducir, donde y como aparcar la bici, qué hacer en los semáforos y pasos de cebra. Leer, la verdad es que no me lo he leido porque todavía no hablo chirimbolense, pero los dibujillos lo dejan bastante claro:

Yo con no pillar a la gente, y que no me pillen a mi los coches, ya tengo bastante

Aquí, además de comer raro, andar a toda leche para todos los lados, haber más gente que en las manifas según los sindicatos y escribir como firman los médicos…

¡¡¡¡ conducen por el otro lado !!!!
¡¡¡qué salaos!!!

Vamos, que la primera semana andando en bici para mi ha sido como participar en el Grand Prix de Ramón García. Jodé que reto. Cada tres por dos me metía por el carril de los cristianos, y no me daba cuenta hasta que no me venía un coche de frente. Eso por no hablar de cuando me cruzo con otra bici, que siempre tiendo a meterme para la derecha y acabo pegando un frenazo.

Además, no se puede aparcar la bici donde te salga de la orejilla. Al lado de las estaciones siempre siempre hay un cartelillo parecido a éste:

Quitarte la bici, no te la quitan, pero te ponen multa! Recordad que tienen tus datos!

Así que hay parkings para bicis, de pago, por supuesto, en cada esquina de Tokyo. Si vas a un centro comercial, o a alguna tienda, tendrás, a parte del parking para coches, la zona para bicis, en estos casos suelen ser gratis.

Uno de los de pago, de dos plantas.

Las instrucciones para subirla a la parte de arriba

El parking del McDonalds donde he cenao hoy.

La oficina me pilla a 5 km, una media hora, así que no descarto ir algún día a currelar (ya he ido algún fin de semana para ver si la distancia era asequible). Pero es curioso, porque me tendría que sacar una pegata para poder dejar la bici en el parking del edificio… 500 yenes al año, lo que no es nada, pero no deja de ser bastante anecdótico.

Por cierto, ya que vengo de ahí, he sacado una foto de una hamburguesa que venden en el McDonalds. Creo que de regalo en vez de un muñequito, te dan un desfibrilador directamente!!!

Cuatro cachos de ¿carne?. Alaaaaa, vengaaaa, a cebarse!