En la despedida de Josep, me enteré que había un examen de Karate el día 22 de este mes y he decidido presentarme, aunque mi trayectoria no se puede decir que sea muy normal:
Empecé con catorce o quince años en Zalla, y estuve practicando por unos diez años durante los cuales acabé dando clases a niños, y no tan niños, tanto en mi pueblo como en algunos de los alrededores.
Después nos vinimos a Japón seis meses, y encontramos un anuncio en una revista de segunda mano donde se vendía una nevera. Cuando fuimos a recogerla, el señor tenía fotos suyas en su casa con el traje de Karate, así que le preguntamos y al lunes siguiente ya estaba en Tokyo pegando patadas (gracias Tsuneo!).
Esto duró unos cuatro meses, el karategui que compré era de tela de niki del mercadillo y me quedaba grande y me lo pisaba, pero aún así la experiencia mereció la pena.
Y entonces volvimos, y empecé en un sitio distinto, en Santoña. Allí Carlos, el profesor, daba también clases de Kick Boxing, con lo que lo mezclaba un poco con las de Karate sin querer y era un poco bestia. Ya nos dimos nuestras palizas Carlos y yo allí, ya.
Después empecé en Bilbao, en Rekalde, pero duré poco. Estuve menos de medio año porque no alcanzaba a encontrar mi sitio, y eso que no me cuesta demasiado adaptarme, mirad donde estoy!
Y entonces pasaron algunos años sin practicar, tres o así, y me vine a Japón de nuevo y he podido empezar otra vez. Pero he querido hacerlo con cinturón blanco, y no con el negro que saqué tiempo atrás. Tengo muchas razones, pero la fundamental es que con tanto jaleo, ya no sabía ni por donde me daba el aire.
Así que el día 22 para mi será el momento en el que los que más saben de Karate del mundo me dirán, con un color, lo que piensan de mis pataditas. Motivante, que no?
Hay un señor mayor al que todos tratan de profesor, aunque nunca le he visto dar clases. Se da aires de superioridad, devuelve los saludos casi con desdén, trata a la gente bruscamente, echa broncas… Yo he intentado no dar demasiado la nota (dificil siendo extranjero), así que hasta hace un par de semanas nos hemos ignorado durante meses.
Pero el otro día después de la clase, se me acercó y me habló en japonés:
– Oskar-san, ponte en zenkyusu-dachi (una posición de karate)
– Hai!
– Esa posición está muy mal, dobla más las piernas!. Y levanta la cabeza, que parece que tienes miedo!.
– Hai!
– Ponte siempre así, no te quiero volver a ver hacerlo mal (y me da la espalda y se va)
– Hai! Oss! Arigato gozaimasu!
Esto se ha venido repitiendo durante las dos últimas semanas casi todos los días. Cuando no es una posición, es un kata o un movimiento, pero siempre de malas maneras.
Ayer yo estaba en la ducha y él no lo sabía, y le escuché en el vestuario que hablaba con el profesor:
– Creo que Oskar lo está haciendo muy bien, se esfuerza mucho.
– Si, eso parece, ya lleva un tiempo aquí, ¿verdad? ¿seis meses?
– Si. Se va a presentar al examen del día 22. Yo creo que su nivel es de cinturón negro, se lo merece.
– Sou desu ne…
Por dejarle seguir guardando las apariencias, no salí de la ducha hasta que supe que se había ido (fue una de las duchas más largas de mi vida).
Para mi ya ha merecido la pena haber empezado desde cero.