Y eso de Japón… (conclusión)

Esta es la conclusión de la historia de cómo llegué a vivir en Japan sin pan. Lo suyo es leerse primero las otras tres partes:

Y eso de Japón…
Y eso de Japón… (II)
Y eso de Japón… (III)

Hasta este punto podríamos resumir esto de Japón en:

  • Me dieron una beca del Gobierno Vasco para ir a Tokyo seis meses en el año 2001
  • Bea se vino conmigo con visado de turista, y al de un mes ya estaba trabajando con visado de un año
  • La beca se acabó y volvimos a Bilbao con un proyecto de la empresa de Beatriz que hicimos a medias a lo freelance moderno guay
  • Después de pasar por dos trabajos basura, acabé con un curro decente en el que estuve una temporada larga olvidándome de volver a Japón

Contaba justo al final de la última parte que después de muchos años Bea y yo dejamos de estar juntos. Lo cierto es que fueron momentos muy duros y los detalles son exclusivamente nuestros, pero sí que contaré que después de aquello la brújula ya no sabía para donde mirar. Sí que pensé que quizás me vendría bien un cambio de aires y empecé a escribir emails aquí y allí. Así retomé contacto con el presidente de la empresa donde Beatriz trabajó en Tokyo, un Irlandés con el que había coincidido algunas veces porque siempre nos invitaban a los dos a las cenas de trabajo.

Yo siempre había tenido muy buena imagen de esa empresa, un sitio donde trabajaba gente de muchas nacionalidades y que habían acogido tan fácil a Beatriz a pesar de saber que sólo iba a estar seis meses, tramitándole el visado y toda la pesca, así que digamos que me caían bien. Además hice trabajos temporales para ellos como traducirles la página web a castellano, así que sabía bastante bien qué era lo que hacían y cómo parecía que lo hacían.

Total, que le escribí preguntándole si tenía algo para mi, y resulta que estaba empezando con un nuevo proyecto que hablaba de crear una red social al estilo de Facebook pero con una perspectiva bastante diferente. La cosa pintaba bien, y después de hacerme llegar, firmar y reenviar un documento de confidencialidad, me pasó la documentación. Allí nos empezamos a emocionar, yo añadí nuevas ideas y empecé con un pequeño prototipo probando distintas configuraciones y tecnologías, tuvimos conferencias por Skype… sonaba serio y hasta habían empezado a tramitar los papeles para crear una nueva empresa.

Pasé un par de meses currando por las noches y los fines de semana mientras el mundo a mi alrededor se había ya desmoronado del todo, así que se me ocurrió que un cambio radical me ayudaría, al menos, a ver las cosas de otra manera. Desde Japón me decían que dejase el trabajo y empezase el proyecto nuevo desde casa, pero no era precisamente lo que yo quería, así que les dije que quería volver a Tokyo, al menos, una temporada.

Pero claro las empresas eran distintas, aunque el dueño era el mismo, y una estaba fundada en Japón mientras que la otra en América, así que si quería tener visado y vivir aquí no quedaba más remedio que trabajar en la de Tokyo, que era la misma en la que trabajó Beatriz, y el presidente de ésa empresa era otra persona distinta que no tenía porqué estar de acuerdo con todo esto…

Total, traduje mi CV y me encontré de repente escapándome de la oficina y yendo al coche porque un señor de madre japonesa y padre americano me iba a llamar para hacerme entrevistas de trabajo en un perfecto inglés del que no entendía de la misa a la half.

Así pasaron un par de semanas hasta que me dijeron que me cogían, que dejase el trabajo, comprase el billete de avión y me mudase a Tokyo. Que me contrataban en la empresa japonesa a media jornada tramitándome el visado, y la otra parte del tiempo lo dedicaría al proyecto de la empresa americana aún estando físicamente siempre en la misma oficina.

Mira por donde, 5 años después me encontré en el mismo lugar al que había acompañado a Bea a hacer su entrevista, pero ésta vez era yo el empleado.

A partir de ahí ya sólo quedaba tirar para adelante con esta nueva vida de salary man dos semanas al mes y programador el resto, con dos sueldos distintos, un inglés que desoxidar, un japonés que aprender y un español que no olvidar.

Así estuve año y medio hasta que finalmente pasé a trabajar sólo para la empresa americana aún viniendo a la misma oficina, y aquí seguimos hasta hoy mismo. Si alguien está interesado en qué paso desde entonces, por aquí se puede empezar. Sobre qué pasará a partir de ahora… eso no sabría decir.

 

La estructura del libro

Como algunos ya me dijeron, quizás lo más difícil de la aventura esta del ikulibro era empezar. «Todo es ponerse, todo es ponerse, resumen de una vida: todo es ponerse» dicen de vez en cuando los Celtas Cortos por mis auriculares, y qué razón tienen. Así que ya que nos hemos puesto y tenemos un título y una introducción, ahora toca pensar en qué va a haber entre la primera y la última página.

Lo primero que pensé fué copiar directamente las entradas del Kokoro del blog y la duda que me surgía era si ordenarlas cronológicamente o por algún otro criterio y rápidamente decidí que lo primero tenía más sentido porque así el lector no se perdería la perspectiva del tiempo, la progresión de estilos y temas.

Y es que recuerdo enviar las primeras historias de este tipo a Bea para que me aconsejase sobre si escribirlas en el blog o no porque quizás eran demasiado personales y no cuadraban con el resto. Al fin y al cabo esto era ya un blog sobre Japón más y no recordaba haber leido nada parecido en ningún otro. Había mucho de vergüenza en ellas, de inseguridad por contar cosas demasiado personales, y además, ¿para qué iba a querer nadie leer que yo pasaba frío por las noches?

Al final se fueron publicando, primero tímidamente y conforme el invierno se iba acomodando la cosa fue a más. Tanto es así que ahora mismo escribo una casi cada semana, a veces con situaciones vividas horas antes, otras sacando espinas clavadas mucho tiempo atrás y lo cierto es que a veces pienso que casi ninguna de las publicadas tiene un final feliz aunque me siento un privilegiado por haber vivido cada una de ellas. Algunas con otros finales también me han pasado, ¿eh?, ya irán saliendo… por si a alguien le interesa.

Así que pasé a la acción y me puse a maquetar algunas de las entradas como la que habla de la entrañable anfitriona de mi barrio y que considero la primera que escribí de este tipo, y empecé a imprimir distintos diseños. Aquello quedaba soso, ahí hacía falta algo más que letras, así que decidí que cada una de las entradas iba a tener, al menos, una foto que la acompañase y a todo color, lo más grande posible y con la mayor calidad que se pueda. Si hay que salir a la calle a sacar nuevas específicamente para el libro, se sale, todavía estoy en Tokyo y estoy muy a tiempo, total esto es algo personal y no tengo a un jefe que me diga que lo saque en un mes. Prefiero tardar el doble y hacerlo lo mejor posible.

También decidí que éstas historias iban a estar copiadas tal cual, con correcciones gramaticales y ortográficas, pero que me iba a permitir el inmenso placer de escribir algo sobre cada una de ellas a modo de introducción o conclusión. Por ejemplo, en la historia del malnacido aquél que pegó a la chica en el tren, la cosa quedaría más o menos así:


Lunes, 28 de Septiembre de 2009

Get your fucking hands out of me

Sobre las diez de la noche, apenas cuarenta minutos antes, estaba esperando el tren en la estación de Ikebukuro. Venía hasta Meguro donde, bici mediante, voy a volver a casa a dormir después de escaquearme de Karate y darme el placer de una buena cena en compañía de todavía mejor gente….

[…]

Después de toda la historia, en la siguiente página iría una foto ocupando la hoja entera, en este caso la foto no ha sido tomada aún, así que tendré que sacar una que tenga que ver con lo contado, como por ejemplo del tren marrón de la Yamanote. Esto de buscar imágenes a las historias es emocionante, por cierto.

Y en las siguientes dos o tres hojas vendría una reflexión o conclusión, como ésta que ya tengo escrita:

Lo que pasó después de ese momento es que sentí que era extranjero más que nunca. Esta sensación se nota sobretodo al principio, la de tener muy presente que eres diferente al resto: te entra una especie de complejo por el que crees notar que todo el mundo te mira, que eres el centro de atención allá donde vayas.
Pero luego es fácil que se te olvide porque al final sigues una rutina de diario que te abstrae y te acabas acostumbrando de tal manera que ni te enteras. En Tokyo uno pasa desapercibido excepto a los ojos de algunos niños que hasta te señalan divertidos (o asustados).

Yo ese día ví como uno «de los míos» hizo la barbaridad que hizo con unos aires de superioridad que yo habría imaginado sólo dentro de una película de Tarantino. Fue tan terrible la imagen que dió, tan impactante para todos los que allí estábamos, que yo no puedo evitar pensar desde entonces que a todos los extranjeros nos meten en el mismo saco hasta que nos ganemos la imagen contraria.

Ahora ando con mucho ojo cuando me cruzo con alguna persona del estilo de ese malnacido, y si yo como extranjero tengo ya ese prejuicio metido en la cabeza, me parece lógico pensar que cualquier japonés que se encontrase en ese vagón lo alimentase también.

No es bueno generalizar, no es bueno tener prejuicios, pero son inevitables a veces y, sin tener razón, parecen hasta razonables en según qué situaciones.


Otras veces no será una conclusión, sino una introducción del contexto en el que sucedió la historia, algo como «por aquél entonces yo seguía trabajando en la empresa de Meguro, aunque todos mis compañeros ya eran excompañeros y algunos hasta examigos…».

Y así, con ésta estructura, el libro contendría de principio a fin toda la historia de cómo llegué a Japón y qué iba pasando por el medio: cómo fueron surgiendo las distintas actividades que hago ahora: Karate, ceremonia del Té, Yosakoi… teniendo como eje principal las historias ya publicadas en el blog, pero rodeándolas de un contexto, una continuación e imágenes. También anticipo que habrá alguna historia que estará únicamente en el libro y de hecho ya tengo una en mente que nunca me he atrevido a publicar aquí.

Creo que por aquí van a ir los tiros. Es decir, esto no va a ser una guía de Japón donde me ponga a explicar cómo es un Maid Café, porque para empezar no tengo ni idea, sino que va a contar mi vida aquí tal y como yo la estoy viviendo, sin velocidades de conexión a internet ni megapixeles de móviles, ni tribus urbanas de Harajuku, pero sí con amores al té verde y desengaños con cerveza, soledades de interior y amistades de trenes, bares y futones, patadas con respeto, gritos de contento y llantos de felicidad triste.

Una vez más, necesito vuestra ayuda:
– ¿qué os parece que tire por aquí?
– ¿hay algo más que os gustaría que se incluyese como excursiones u otra cosa?
– ¿algo de lo que he puesto aquí no os pega ni con loctite?

:ungusto:
                        :ikugracias:

La chica de Shimokitazawa

La chica de Shimokitazawa

El día que compré la cámara de fotos grande decidí darme una vuelta por Shimokitazawa porque por aquél entonces la energía y la ilusión con las que cogía los fines de semana todavía no entendían de obligaciones y rutinas. Eran otros tiempos, a veces pienso que mejores aunque no los cambiaría por los de ahora de patadas de Karate y bailes de Yosakoi cuyo sudor tiene, a menudo, más que ver con el corazón que la propia sangre.

Recuerdo una lista interminable de barrios de Tokyo que iba recopilando durante la semana. A veces los veía por internet, otras me los contaban y yo siempre lo apuntaba todo. Cuando llegaba el viernes por la noche elegía uno, normalmente al azar, y copiaba los datos a lápiz en el reverso de unos papeles de origami que hacían las veces de postit: líneas y estaciones de tren, horarios, tiendas… Nunca pude hacer nada más que la grulla con ellos, pero supe darles un buen uso, al fin y al cabo componían las figuras de mis fines de semana.

Las pupilas saben que el escenario es el mismo, y el personaje principal sigue siendo el que sale en mis espejos, pero es claro que la función parece haber cambiado de acto y no ha lugar volver atrás porque aquello ya se representó con éxito. Hoy los sábados son de Karate y los domingos de Yosakoi aunque siempre haya entreactos en papel de origami y esperanzas con agujetas.

Había mucho de arrepentimiento aquél día, y los venideros, por haberme comprado una cámara que necesitaba de mucho más que un bolsillo para acompañarme, y supe entonces que el dineral que me había costado iba a costar ser amortizado entre tantos botones y ruedas porque seguramente el modo automático iba a mirar por encima del hombro a las ganas, o la pereza, de aprender a manejarla.

Quizás para tratar de olvidarme de tan caro, pesado y aparentemente inútil colgajo, decidí que ya iba siendo hora de marcar el teléfono que aquella chica me había enviado después de unos cuantos intercambios de mensajes con más mensaje que letras escritas. Siempre habíamos bromeado sobre que no nos íbamos a poder entender porque ella no hablaba inglés y yo tampoco japonés, pero que seguramente nos llevaríamos bien porque, al menos en aquellas palabras escritas en pseudoinglés, parecía que nuestros temples entendían a templarse mutuamente.

La llamada fue un desastre y acabó conmigo esperándola en la salida de la estación opuesta a la que ella me explicó de mil y una formas.

  • Don’t move, ne, ima ikimasu kara -me dijo
  • Ok -contesté a lo primero, con esperanzas de que lo segundo fuese lo que yo creía haber entendido
  • Osukaa? – escuché al de unos minutos- halooo

Cuando me giré vi a la chica más guapa del mundo y pensé que si era ella de verdad, entonces iba a pasar todas las noches de mi vida en vela estudiando japonés para poder seguir viéndola el máximo de los latidos que me quedasen. Me dolían los ojos a causa de su sonrisa y si los cerraba la seguía viendo porque ya me había cegado para siempre jamás. Su piel morena se burlaba de cualquier tópico, su pelo parecía dibujado y colocado al milímetro sobre aquellos ojos tan distintos a los míos, que no podía dejar de mirarlos.

  • Haloooo, nice to meet you finally -me dijo como pudo
  • Very nice to meet you -dije como pude esforzándome el doble que ella por hablar y no sólo por el idioma

Después fuimos a un bar, un irlandés de éstos que tan buena suerte me traen y pusimos dos jarras de cerveza negra entre nuestras sonrisas, la mía la más estúpida del mundo, la suya haciéndole competencia al sol. Yo no era yo. Era verano y tenía frío, y habría tenido calor de ser febrero porque mi cuerpo estaba desajustado por no saber qué hacer con todo aquello que le llegaba por los sentidos.

No fuimos capaz de acabar ninguna frase por culpa del idioma, pero el punto y coma lo poníamos riéndonos en todas y cada una de ellas.

Y parecía tan de verdad que yo me lo creí por si acaso.

Quedamos algunas veces más después de aquella, y yo siempre llevaba la cara de tonto puesta desde casa. Hasta que aquella mañana de domingo en el parque de Yoyogi dijo que quería hablar conmigo. Sonó tan serio que estuve nervioso, más si cabe, desde el primer minuto que la ví. Bajo el cotilleo omnipresente del sol paseamos durante largo rato hasta que nuestras piernas acabaron tomándose una tregua consentida en un banco. Allí me cogió de la mano derecha con su mano izquierda y puso la otra encima. Todo el calor del mundo se fué allí, a esos cinco dedos que daban envidia, de la mala, al resto del cuerpo. Deseé ser tan pequeño como mi mano y poder recostarme en una y taparme con la otra para dormir allí acurrucado para siempre.

Costó mucho, muchísimo, que empezase a hablar, y yo que sabía que lo que fuera que fuese que me quería decir tenía que ver con grietas y ventrículos, esperé pacientemente atesorando el tacto de sus manos mientras respiraba el olor pregonero de su silencio agridulce.

  • Hace tiempo que te quiero decir algo -su inglés sonó perfecto, se notaba que se lo había preparado- y es que tienes que saber…

  • Ya está, se acabó, un mes había durado el sueño y ya iba siendo hora de despertarse -dijo mi mente- Si, dime -camufló mi garganta.

Con una lágrima quitó el pestillo y las puertas de su alma se abrieron dando un portazo por la corriente provocada por sus miedos y temores. Habló de nacionalidades y de personalidades, de futuros hipotéticos y almas partidas en trozos que nadie supo juntar de nuevo del todo. Y todo sonó tan razonable, tan poco a mentira, que no pude más que acatar todos y cada uno de sus secretos.

Y de doloroso acuerdo, no nos volvimos a ver más que entre las líneas de algún mensaje que todavía hoy compartimos entre primaveras y otoños.

Ahora yo también guardo un secreto. Y es que la veo a veces cuando amanece sin nubes y después de mirar al sol por un segundo, vuelve su sonrisa a rubricar mis párpados por el lado de dentro.


 

El último empujón

No queda nada, la semana que viene los señores de Bitácoras tendrán a bien anunciar los blogs ganadores de éste año. El ikublog resulta que aparece en varias categorías, pero en la que mejor situado está es en la del blog personal. El caso es que después de ir en cabeza todas las clasificaciones parciales, ya había liado a un montón de gente para hacer el vídeo vestido del gatostiable comiendo Wasabi cantando «Desde Santurce a Bilbao«, y teníamos hasta el plan hecho: nos íbamos a Shibuya con más de una cámara, con una me grababan a mi haciendo el asunto y con la otra grababan la reacción de la gente. Ese vídeo iba a ser épico, habría un antes y un después en mi vida…

¡¡¡ Como que estoy por hacerlo de todas formas !!!
:pirao:

Hombre, si ganase lo haría con más gustico, pero total, el ikublog no ha ganado nada nunca y tan felices que andamos. Así que si os pega el quarter of hour, me vendrían bien unos últimos votos, pero vamos que el vídeo ¡lo tenéis fijo!. La que nos vamos a reír haciéndolo el Guille, la Nere, el Rodri y todo el que se apunte va a ser parda.

Votar en los Premios Bitacoras.com
Mejor Blog Personal
:ikugracias:

La patrulla de la bulla de Shibuya

Yo ya había leido algo de ésta gente, pero el vídeo que ví ayer me ha acabado de dejar chato , así que procedo a :comillo: escribir :comillo: el post regulero que, afortunadamente para vosotros, ha dejado de ser semanal para aparecer cuando le sale de sus floridos tamagos perfumados.

El tema de la apotema es que por Shibuya de vez en cuando se ven unos rascayús vestidos del Combat School que no queda muy claro de qué rollo van. Ahora que tampoco llaman demasiado la atención entre los de los pelos cardaos y las gambiteras de las piernacas (te sale un hijo josto y lo tendrás que querer, digo yo)

Pues estos elementos resulta que van en plan patrulla vecinal a «poner orden» llamando la atención a todo aquél que consideran que está molestando. No son policías ni gaitas in vinegar, sino unos tipos que se creen que hacen un servicio a la comunidad pero que se han crecido mucho y se están haciendo famosos por sus malas maneras. Yo no he tenido el placer de tener ninguna con ellos, de hecho sólo les he visto un par de veces, pero si les juzgamos por los vídeos, la verdad es que parecen lo más tonto’l nardo que ha parido madre:

httpvh://www.youtube.com/watch?v=PoyVy_VYirI

httpvh://www.youtube.com/watch?v=jfxdVphMrXE

httpvh://www.youtube.com/watch?v=Ye6-VHKKNF8

httpvh://www.youtube.com/watch?v=WVef4LVGBD4

La palma se la lleva éste: resulta que a un chico africano que estaba tranquilamente apoyado en el guardaraíl le empezaron a tocar los mandinguis para que se levantase y él les pregunto que porqué. Entonces ahí fueron subiendo el tono hasta que el marine rantamplán empezó a decir que «le estaba hablando a un samurai» y gilipoyeces del estilo…

:peneke: :porsaquil: :palizero: :otiaya: :nunchakero: :menfadao: :bythesegao:

httpvh://www.youtube.com/watch?v=sNzZNTeUR1I

Para colmo al chico se lo llevó la policía, aunque le soltaron al de nada después de unas preguntas.

Yo lo tengo claro, a mi se me acerca un tarao de éstos a decirme que no me siente en la acera y le hago caso para no tener que aguantar payasadas. Ya nos resentaremos si eso en cuanto doblen la esquina aquí los rangers de Shibuya. Ya véis, ser gilipoyas no entiende de razas ni de nacionalidades… para que luego vayamos por ahí generalizando.

:regulero:

Fuente: Japan Probe
Escrito en ocho minuticos entre bocao y bocao
:cocinicas:

:bythesegao:

Ikebukuro Yosakoi 2009

Domingo 11 de Octubre

Efectivamente, de tanto quererlo, pasan las horas volando y ya estoy otra vez en Ikebukuro, aunque ésta vez no soy el último.
Se repite lo del día anterior, con mejor tiempo y más ganas si cabe, pelamen, maquillaje y ensayos en el parque incluidos.

Miguel, al que conocí el día anterior, se ha apuntado también hoy así que le paso la cámara de vídeo para que no se pierda detalle y ya pasa el día con nosotros (¡gracias Miguel!). Hoy también viene Michiko que se ríe mucho del maquillaje y me dice que no me vuelve a hablar si ese domingo salgo de Ikebukuro sin novia.

Empieza el primer baile, también con nervios que se pasan pronto y con muchas ganas. Tantas que en un punto de estos de gritar se me escapa un naruko volando cerca de la cara de un señor bajito del público. Miguel lo graba en vídeo, yo no sé muy bien qué hacer y me dá por reirme mientras sigo bailando con uno sólo, entonces el señor lo recoge del suelo y me lo devuelve, y yo sigo bailando sin poder aguantarme la risa.

Después bailamos dos veces más y ya sólo nos queda el último, el que puntúa para el concurso. Yasuki, el responsable del grupo, es un tipo pequeño muy flaco que mojado no pesará más de 50kg, pero tiene una personalidad arrolladora. El tío nos junta a todos antes de cada baile y nos grita cosas en un japonés rudo, casi violento que contestamos a gritos. Vaya si motiva el asunto.

Durante la espera de éste último baile, los sentimientos están a flor de piel, algunas chicas se abrazan entre ellas. Ganbatte se escucha entre risas, nervios y juegos. Ganbatte ne.

Otros estiran en silencio… cada cual prepara el momento que está por venir a su manera.
Alguien me coloca bien la capa, la miro, le doy las gracias y no puedo evitar darle un abrazo aunque no sé ni su nombre. Ganbatte ne.

Los sentimientos de todos se entrelazan y forman uno sólo que se debe notar hasta en Shinjuku.

Ya nos toca. El último, el que importa, el que resume todo.

Cuando acaban los de delante, Yasuki nos junta, hacemos un corro en medio de la calle. Grita cosas entre las que entiendo «último» y «corazón», y después las de siempre a las que todos hacemos el coro: sore sore sore soooran hacemos que retumbe, que se oiga y de paso que se nos incomode la espina dorsal al levantar el puño. Ya está liada. Mirar para atrás es de cobardes, no desafiar al mundo está penalizado.

Volvemos a las filas, a la formación y nuestro compañero ya tiene el micrófono. Nos presenta y acaba con un yoroshiku onegaishimasu! que, una vez más, coreamos con una reverencia. Uno… dos… y separamos la pierna derecha. El nombre del baile nos agita las entrañas de nuevo: ¡Appareeee!, ¡Ha! contestamos y después ya sabemos bien qué pose nos toca, más nos vale.

Con el primer acorde elevamos la mano al cielo y las nubes ya son testigo del resto.

Qué sensación. Qué manera de ser feliz por cuatro minutos, qué plenitud. Sólo me acuerdo del corazón, ni idea de qué hizo el resto del cuerpo.

Volvemos a apuntar a las nubes con el último acorde y veo que no se han atrevido a moverse ni un milímetro.

¡¡Arigato Gozaimashita!! gritamos, y salimos corriendo para juntarnos más adelante. Nos abrazamos, reímos… y de repente muchas personas del grupo se ponen a llorar. Nadie consuela a nadie, no hay nada que consolar. Ojalá llorásemos así todos los días de nuestra vida. No quedaba más por hacer que explotar, nos lo hemos ganado.

Iro iro arigato me da por decir a todo el que se pone delante, «gracias por todo». Y de verdad lo siento así: gracias por tener la paciencia de explicarme el baile una y otra vez, de que no importe que no entienda japonés tan bien, por dejarme estar ahí a pesar de haber faltado muchos días. Gracias Jorge por llevarme a esto. Gracias a todos. Por todo.

Después de las cervezas, la cena y las risas, me despido de los que quedan. Me cruzo con Yasuki y me responde con un abrazo, este hombre es todo nervio.

Mientras espero al ascensor viene Hory, la primera persona que ví el primer día que entré a aquella sala donde un montón de gente estaba bailando.

  • Hory, muchas gracias por todo, de corazón, me lo he pasado como nunca. -no habla, pero sonríe. Me abraza por un rato.

  • Vete con cuidado, ne, Oskar.

Si -y desde dentro del ascensor veo cómo se queda a esperar que las puertas se cierren.

Hace tiempo que ya es de noche. En la Yamanote camino de casa veo mi reflejo en el cristal de las puertas. Un chico bajito, con un pelo indefinible que deja ver sus entradas con claridad. Va en vaqueros y lleva un niki blanco, una sudadera verde y amarilla con capucha, unas playeras azules y una mochila roja cargada hasta los topes de mucho más que ropa.

  • Has salido enfrente de un montón de gente en Tokyo a bailar -parece decirme- ¿no es acojonante?

  • Si lo es, si

httpvh://www.youtube.com/watch?v=lWV7XQSbAao

Los vídeos que grabaron Guille y Miguel los tengo todavía que procesar con más calma, este de aquí es el que grabó Zordor, que llegó a punto para este último baile.

:ikugracias: ¡Gracias a todos! :ungusto:

 

¡Por ahora me libro!

¿Os acordáis de la ikupromesa?, ya íbamos concretando el asunto:

Si ganaba el premio de Bitacoras al mejor blog personal cantaba «Desde Santurce a Bilbao» comiendo Wasabi vestido del gatostiable. La siguiente encuesta que tenía preparada era el lugar: en el medio de Shibuya, en Shinjuku, en Asakusa… y ya hasta había liado a otros para que me ayudasen a grabar el vídeo, peeeeeero

¡Nasti de plasti!
:vainas: :vainas: :vainas:

Ha salido la cuarta clasificación parcial y por ahora me libro de convertirme en el Hulk esmirriao… Guardo la encuesta por si acaso, que no se ha acabao, ¡la cosa depende de vosotros!

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Mejor Blog Personal
:ikugracias:

Un fin de semana de Yosakoi

Jueves 8 de Octubre – The tifón blues :comillo:

Se ha tirado toda la noche lloviendo con una escandalera del carajillo, pero yo he dormido muy bien, supongo que por la fiebre ésta que me tiene más amodorrao de lo normal.

Tengo un mensaje de Michiko, que está parada en Ebisu, que la Yamanote ya no tira pal monte ni nada, que está más quieta que el Hachiko. Decido tomármelo con calma.

Desayuno bien, me tomo la temperatura y sólo tengo unas décimas. Marcho a la oficina, llego sin problema mientras el tiempo ha cambiado radicalmente convirtiéndose en casi verano, las nubes se han ido todas para Korea por lo menos, el Kim Jon-il ese debe andar con chubasquero ya.

Estoy sólo, así que trabajo a mi aire pero al de un par de horas noto la cabeza salerosa, seguro que tengo fiebre otra vez. Me vuelvo a casa. Efectivamente, 38 y medio de fiebre. Aspirina y a dormir soñando con tabehodais de kitkatses.

 

Viernes 9 de Octubre – The tontuna’s fever :malico:

Sigo con fiebre que a veces sube y a veces baja, como la bilirrubina, el yen y el ojo izquierdo del Dioni. Decido ir a la farmacia y nada más entrar empezamos bien…

En fin, mejor gatostiable que toscamuerto, así que sigo y le cuento al señor calvo de gafas el asunto:

– Señor profesional de la bata, que es que tengo fiebre, pero no me duele nada, ni la garganta, ni el estómago ni nada, ni mocos tengo, esto es más raro que el bote verde ese que vendes ahí.
– Bua, nada hombre, tu te tomas esto y te pones bueno en un chotto, tu matte y ya verás como te pones más flamenco que ni wakaranai.
– Gracias señor farmaceutico de gafas!
– De nada, señor cliente con ojos agarbanzaos! vuelva otra vez pero estando bueno y cómpreme potingues kudasai!
– Hombre, claro! Pero el bote verde no que no me fío
– Haces bien de gozaimasu

 

Me enfutono tomándome la pastilla roja de Matrix, pero de dos en dos. A ver si hay suerte y llaman dos Trinitris a la puerta también, con sus dos pantaloncicos de cuero negro, sus cuatro… buff, ¡dormir dormir!

Pero antes es hora de tomar una decisión: si mañana por la mañana tengo fiebre, ¿voy al baile? y decido que voy aunque se me caiga una oreja y el huevo izquierdo…

¡yo salgo ahí aunque escuche en mono
y ande escorao como hay Budarro en Ushiku !
:menfadao:

Me duermo y allí no aparece Trinitri, ahora que tampoco ha venido el feo de Morfeo alias «The CuloBostezos», así que mejor dejamos las cosas como están.

Sábado 10 de Octubre – The virginity loss :gustico:

Después de dormir como trescientas veinte horas me levanto fresco cual grácil cogollo Tudelano, no tengo fiebre, pero sí unas barbucias y unas bolsas en los ojos que parezco el hermano flaco jóven y con pelo de Bud Spencer.

Me enducho y hago ronda por todos los botes que encuentro: champú, acondicionador, jabón, crema para las ojeras… hasta un líquido azúl que yo creo que es loción hidratante pero que nunca he tenido claro, hasta eso me echo que huele bien.
Afeitao y con medio bote del desodorante ese que no fona muy bien en cada alerón salgo de casa camino de Ikebukuro. Más nervioso que un oso en Corporación Dermoestética, vete a saber lo que va a pasar ahí.

El responsable de mi fila me llama por teléfono porque ya voy llegando un minuto tarde, madre mía, empezamos bien. Allí está todo kiski ya. Nos vamos a cambiar a unas escuelas o algo parecido, allí un compañero me escancia un bote de gomina por la cabeza y me pone cresta a lo Ford Fairlane, que empitono hasta por la nuca, que me ve Elvis y hace pucheros. Después una compañera me maquilla los ojicos y la gente dice que estoy kawaii, (de kakkoii nada, vaya cruz).

Vamos a un parque, estiramos y ensayamos el baile, ojo que todo el mundo tenga claro a qué número hay que levantarse y qué parte del triángulo ese hay que hacer.

¡Ojo ojo, no vayamos a liarla que nos está viendo todo el mundo,
mecagüen la okaasan que parió a Penekechan, tengamos ojo aquí!
:copon:

Ya nos toca bailar. Estoy nervioso, mucho, me tiemblan hasta los pelos de las orejas. Pero al segundo de empezar la coreografía, la cosa fluye sola. De refilón veo al público que sonríe y algunos nos señalan: «anda, extranjeros, qué cucos» pensarán, yo sonrío más. Pongo cara de encabronao en los movimientos que son bruscos y me río mucho en los demás. Me doy cuenta de que estoy disfrutando como nunca y cuando toca el paso ese en el que nos juntamos todos agachados corriendo, grito «ike ike ikeeeee» desde la parte más baja del estómago, madre mía, no es que esté metido en el papel, es que el papel me lo he comido con patatas hace un minuto, no te acerques que muerdo.

¡El jibun no kimochi Tosca style!
Sore sore sore soreeeeee

 

Acaba el primer baile y con él mi bautismo yosakoiero publiquense. La gente aplaude, gritamos «arigato gozaimashita» salimos corriendo saludando al público, que sigue aplaudiendo. Me siento pletórico, los nervios hace tiempo que se han evaporado, deben andar persiguiendo al tifón camino de Korea, a ver si no le llueven encima al Kim no vaya a ser que se ponga más cardiaco todavía y le dé al botón de tirar pepinos.

Al primero le siguen un puñado más de bailes con gritos, sudores, emociones y huevos en proporciones aleatorias. Ya dejaremos eso del cansancio y las agujetas para otro día, que ahora toca sentir otras cosas que hace tiempo que no sentía, o que quizás nunca había sentido. Y me gusta, vaya si me gusta.

Nerea, Guille y Miguel están ahí de soporte, otra razón más si cabe para hacer las cosas lo mejor que se pueda aunque sé que yo ya tengo trofeo asegurao: las cervezas de después, porque una biru es una biru esté uno vestido de Obispo o no.

Cuando ya llego a casa y cuelgo el traje en la percha, me siento en el suelo y me quedo mirándolo sonriendo. Pasa no sé cuanto tiempo y por fin me puedo quitar, un poco sólo, la cara de tonto. Me meto en el futón y doy por clausurado el día cerrando los ojos lo más fuerte que puedo para intentar soñar que las ocho horas que voy a dormir se pasan en una y que en un poquito, en seguida, en nada estoy otra vez dando saltos y voces y sudando, de contento, por los poros.

¡ Y todavía queda el mejor día, el Domingo! :vainas:

:ungusto:

 

Y eso de Japón… (III)

En breves se viene un tifonaco a los Tokyos, así que vamos a seguir un poco más de la historia de cómo aparecí yo aquí antes de que aparezca volando en Korea.

La primera y la segunda parte se podrían resumir en tres frases:

  • Nada más acabar la uni, me dieron una beca del Gobierno Vasco por la cual me iba a Tokyo 6 meses, y que era la primera y última vez hasta la fecha que ésa beca tuvo como destino Japón.
  • Beatriz dejó su curro en Bilbao y se vino conmigo con visado de turista. Al de dos semanas ya estaba trabajando en una empresa de informática con la que consiguió un visado de 1 año
  • La beca se acabó y nos volvimos con el shippo entre las piernas

Bea dice que ella no, pero yo me acuerdo que volvía convencidísimo de que iba a regresar a Tokyo muy pronto. Estaba emocionadete por volver a ver a mi familia y amigos, deseando darles la chapa con todas las historias que viví en todo ese tiempo que al principio parecía una eternidad, pero que se pasó en un estornudo y dos sonadas de mocos. Y vaya si la dí, la chapa digo… preguntad preguntad.

Lo siguiente que tocaba era ver si habría algún tipo de continuidad con la empresa de Vitoria con la que obtuve la beca, y todo parecía indicar que sí. Después de unos días de descanso, me ofrecieron un trabajo de comercial encargado de Asia, eso significaba estar en la oficina dándoles soporte, pero también viajar de vez en cuando a Japón, Korea y China para asistir a ferias y eventos.

Por otra parte, Beatriz estuvo durante el último mes en Tokyo de reuniones con un cliente que quería que le hiciesen una aplicación y viendo que el proyecto se iba a quedar colgado, intentaron convencernos de que nos quedásemos unos meses más. Pero claro, mi visado era de sólo seís meses y se acababa. Así que lo siguiente que hicieron fue proponer que se sacara el proyecto teletrabajando desde Bilbao.

Después de mucho rehablarlo, decidimos hacer el proyecto entre los dos, así que le conté la situación a los de Vitoria con la esperanza de que me guardasen el puesto y nos tiramos los siguientes siete u ocho meses programando en Filemaker a pachas. Nunca sabré si la decisión fue la correcta o no, pero pintaba mucho más emocionante: la segunda vez que «trabajo» e iba a ser desde casa para un proyecto de Japón, madre mía qué vida más rara…

Yo mantenía relación con Takeshi y Natsuyo y hacía algún que otro trabajo temporal para los de Vitoria como el manual de usuario de la aplicación en inglés e historias parecidas, todo esto a la vez que el currele de Tokyo. Era una época extraña currelando con emails y todo en inglés mientras estábamos en nuestro mundo «de siempre».

Cuando finalmente el proyecto se acabó, nos vimos los dos en la calle sin otra cosa que hacer que buscar trabajo. Yo arranqué donde los de Vitoria y me dijeron que me cogían… hasta que en el último momento recibí una llamada diciéndome que si por la crisis habían tenido una reunión de urgencia y no se qué gaitas, pero que no me podían contratar, ni de comercial de Asia ni de programador ni de nada. Algo raro pasó por ahí de lo que nunca me enteraré.

Lo de volver a Japón se volvió imposible, de hecho ya ni lo intentábamos, aunque yo empecé a estudiar japonés por mi cuenta. Todos los días intentaba aprenderme el hiragana, katakana y algunos kanjis. La cosa fué a más hasta que saqué el nivel 4 del Noken, que no es decir gran cosa pero era motivante.

Después me enteré de una chica japonesa que vivía en Bilbao y daba clases y estuve con ella una temporada hasta que lo dejó. Seguí a mi aire otra temporada hasta que dí con otra chica, Yuka, que me estuvo aguantando otra temporadilla y acabé sacando el nivel 3, que tampoco es decir gran cosa.

Vamos, que teníamos mucha más afición por todo lo que venía del país donde los cerezos más famosos son los que no dan cerezas: veíamos películas, doramas, escuchábamos música… como mucha otra gente, pero con la diferencia de que nosotros ya habíamos vivido allí.

Así que después de haber vivido una de las experiencias más increíbles de mi vida, de repente me desperté y me encontré empezando desde lo más bajo haciendo un curso en Coritel donde me obligaban a ir con traje y hasta tuvieron los santos huevos de mandarme a programar un proyecto real a un cliente en Bilbao sin hacerme contrato, ni pagarme un duro. No había otra cosa, así que mientras buscaba mi dignidad por debajo de los zapatos de aquellos entrajetados cancamuseros seguí su comedia una temporada.

  • Tú no digas que estás de becario -me dijo la jefa- tu dí que eres de Accenture y que estás asignado al cliente
  • O sea que me hacéis venir en traje, no me pagáis un duro, estoy sin contrato ¿y encima queréis que mienta?

A mi me hervía la sangre y se me coagulaban los higadillos, se lo contaba a mis padres y no se lo creían. El día en que me pidieron que me quedase hasta tarde para acabar el proyecto, me llevé a la jefa a una sala y le dije que me iba a casa, que hasta ahí habíamos llegado, que se fuesen a pisotear a otro. Me levanté y me fuí para no volver más a ese cliente. El siguiente día que me pasé por Coritel me dijeron que ya me iban a hacer contrato, pero les dije que no me interesaba y me fuí.

A parte de para intentar soplarle un poco a mi dignidad para tratar de que no estuviese tan deshinchada, me fuí porque encontré otro trabajo en un cuchitril donde, por lo menos, me hicieron contrato y me pagaban. Quiero creer que tuve mala suerte y que se puede currar en un sitio decente en Bilbao, porque pasé por cada sitio que si cuento lo que hacían no me cree nadie.
Al final la suerte volvió y aparecí subcontratado en el Parque Tecnológico de Zamudio para un cliente de los grandes del País Vasco donde parecía que iba a tener, al menos, muchísima más estabilidad.

Ya véis, buscando estabilidad, y es que lo de Japón estaba más que olvidado. Ya habían pasado como dos años desde que volví y sólo nos planteábamos, si acaso, ir de vacaciones.

Entre medias Bea y yo seguíamos dándole a la cebolla para intentar hacer algo relacionado con Japón y la idea que nos venía una y otra vez fue la de intentar traer turistas japoneses a Euskadi, hacer de enlaces, ir a buscarles al aeropuerto, llevarles aquí y allá enseñándoles una parte del país que es totalmente desconocida para ellos, pero que sabíamos que les iba a encantar.

Nos quitaron la ilusión pronto, en cuanto nos negaron un par de subvenciones. En otras había que ir a cursos de formación que requerían que dejásemos de ir al trabajo…. Así que tiramos por lo de las camisetas, que nos parecía algo bastante chulo que podíamos hacer por nuestra cuenta y con eso seguimos hasta hoy.

Como la vida nunca sabes por donde te va a salir, y por razones que sólo Bea y yo sabemos y que nunca contaré aquí, se separaron nuestros caminos con la gran suerte de que conseguimos mantener una excelente relación, tanto que ella ha sido uno de mis mayores apoyos desde que me vine aquí ésta segunda vez.

Ikusuki sigue, como sabéis, y es ella la que se encarga de lidiar con los de la imprenta, hacer los pedidos y enviaros las camisetas envasadas. Yo sigo con los diseños, el blog y la web.

Así que ahí estábamos, con un buen trabajo pero con la vida destemplada.

Sólo me queda contar cómo después de tres años volví a Japón a intentar montar, pieza a pieza, ventrículo a ventrículo, el saco ese rojo que se empeña en seguir su rutina, la de mantener el pulso pase lo que pase de pupilas para afuera. Y esperemos que tarde muchos años en aburrirse de ella.

Concluirá…

 

Ya tenemos tonadilla

Bueno, pues como hoy se ha publicado otra clasificación provisional de los premios de Bitácoras, y el ikublog sigue estando ahí en la atama al mejor blog personal, seguimos con la historia que, por cierto, cada vez me está acojonando más… (Mamaaaa mándame un cargamento de Almax!!!)

Recordemos las promesas:

1- Zampar un bote de wasabi… :pirao:
2- … cantando una canción que ya se ha decidido: :roll:


De 192 votos, ha ganado Desde Santurce a Bilbao
:peneke:

Bueno pues de mientras sigo desayunando guindillas para ir haciendo al estómago voy a ir también aprendiéndome la letra, que la verdad es que no tengo ni idea de más allá del frescueeeee. Aunque zampando el susodicho elemento verdítico no sé yo si voy a ser capaz de llegar al estribillo (¿tiene estribillo?)

Como habéis seguido votándome, pues qué menos que añadir una tercera variable a configurar por vuesas mercedes, si es menester:

Nota: necesito un centrador de encuestas de polldaddy,
esto no lo saca de la izquierda ni el barbacas balbucero!

Votar en los Premios Bitacoras.com
Mejor Blog Personal
:ikugracias:

La introducción del libro

Finalmente he empezado a escribir el libro, ya hice unas pruebas hace tiempo, pero ahora es cuando lo retomo en condiciones.

La idea es recopilar todas las historias ya escritas en el blog, corrigiendo textos, añadiendo conclusiones y reflexiones bajo la perspectiva del tiempo. Y completándolas con fotografías que quizás todavía no han sido tomadas.

No sé qué saldrá de todo esto, pero sí puedo decir que estoy motivado como hacía tiempo y que pondré todo mi kokoro en ello.

Esta idea es más vuestra que mía, a mi ni se me habría pasado por la cabeza hacerlo, así que sería todo un honor que formaséis parte de ella. Lo que se me ha ocurrido es ir enseñando poco a poco distintos puntos por aquí y pediros vuestra opinión no sólo en cuanto a textos, sino sobre todo: maquetación, colores, tamaños, temas…

Empiezo con la introducción que escribí y reescribí ayer para qué veáis por donde van los tiros. El título provisional del libro es «Un sueño desafinado», porque vivir aquí lo era, lo es, aunque no ha resultado ser tan maravilloso como yo lo soñaba. Es un sueño desteñido, desafinado y ya un poco marchito que yo no quiero dejar de soñar.

Mil gracias a todos por leerme y por empujarme a hacer esto, de corazón.

:ikugracias:

Un sueño desafinado

A las 22:45 de la noche, casi una semana después de celebrar mi segundo cumpleaños fuera de casa, empiezo a escribir ésta introducción de lo que va a ser, si no me rindo antes, mi libro. ¡Cómo suena eso! mi libro… no está mal como inicio de este 33 cumpleaños, mejor que el de Jesucristo sin duda.

Muchos latidos han sonado desde aquél marzo de 2001 en el que Beatriz y yo cogimos un avión en Bilbao que nos dejaría en Tokyo pasando por el Frankfurt ese de gente alta y rubia que habla usando muchas efes. Mi primer viaje en avión y tenía que ser a Japón, diría que así somos los de Bilbao si yo lo fuese.

Seis meses aprendiendo a olvidar el castellano, a comer con dos palos que no están unidos ni por un hilo ni nada, a estar rodeado de mucha gente casi siempre y de nadie casi nunca. 24 semanas rompiendo el muro cultural a base de cabezazos y descubriendo un poco más de un nuevo mundo con cada grieta abierta.

Y justo cuando estábamos a puntito a puntito de acostumbrarnos, va la beca y se acaba haciéndonos volver al universo anteriormente conocido como Bilbao y alrededores.

Cuando la mayoría de la gente interesada sueña con viajar a Japón después de pasarse años admirando su cultura, resulta que yo voy casi de casualidad sin saber y ni siquiera pensar en padecer. Y es al volver cuando empiezo a aprender japonés y a orientar de alguna manera mi vida hacia ese país que nos acogió lo justo para hacerse echar de menos.

Muchas hojas emborronadas de kanjis, cientos de horas de lecciones de japonés escuchadas en el coche camino de la oficina y dos títulos del idioma después me encontraba llorando a moco tendido camino de Narita otra vez. Triste por venir con un único ventrículo dejando las otras tres partes del corazón desperdigadas entre Bilbao, Zalla y Madrid. Con lágrimas que de ser analizadas contendrían miedo en su mayoría junto a una mezcla de soledad, emoción, desconfianza y entusiasmo en proporciones directamente dependientes a que llueva o haga frío.

Menuda historia. Un Zalluco sólo en Tokyo con el propósito oficial de desarrollar un proyecto de internet que sería el sueño de todo informático por la originalidad y modernidad de su planteamiento pero que ha resultado ser lo menos importante de todo lo que llevo ya soñado en estos dos años y medio de vida. O vivido en estos dos años y medio de sueños, pesadillas y noches en vela, según se quiera valorar.

Y resulta que he descubierto que no éramos tan distintos estos señores japoneses y yo, con lo raros que me los pintaban siempre por ahí y mira por donde que lo que abundan son personas normales con sus vidas que vivir, que poco tienen que ver con la fama de estrafalarios que se empeñan en colgarles.

Con timidez, pero con decisión, que aunque suenan contradictorios se pueden combinar, he ido poco a poco entrando cada vez más en su cultura atacando especialmente al idioma y apuntándome a clases de Karate, de ceremonia del té y más recientemente de Yosakoi con mejor o peor resultado y a veces encontrando las ganas de casualidad, pero insistiendo al menos en buscarlas.

Este libro empieza con un blog, el de Ikusuki, la aventura que Beatriz y yo empezamos un día y que todavía dura después de 3 años. El blog de Ikusuki tiene la misión de dar a conocer las camisetas que diseñamos y vendemos por internet a través de ikusuki.com. Pero aún con el mismo fin, la perspectiva cambió con mi llegada a Japón donde empecé a utilizarlo, con el permiso de Bea, como diario de a bordo de mi nueva vida en el país de los onigiris.

Las primeras entradas podría decir que son calcadas a las primeras entradas que escribiría cualquier persona que viva aquí: choque cultural, curiosidades, anécdotas… pero según fue llegando el frío del invierno, al corazón solitario del que escribe le costaba cada vez más templarse por las mañanas. Me acuerdo de un día especialmente duro en el que no tenía ropa de cama suficiente y pasé tanto frío que acabé tomando un baño caliente en mitad de la noche.

Momentos como esos hacen que los sentimientos se muden a vivir más cerca de la piel que de los huesos, más si cabe al estar en un país que no es el propio, lejos de cualquier referencia conocida. Y empecé a escribir sobre ello, sobre lo que me he ido encontrando en el ir y venir de los días desde el punto de vista del alma, ésa que ha resultado ser tan vulnerable que de haberla ignorado, hace tiempo que se habría roto.

Y empecé a contar lo que sentía, a describir soledades, amores, alegrías, lágrimas, encuentros, penas y gozos, todo sin perder entusiasmo detrás de una melancolía tácita que todavía no he sabido desabrocharme.

En esos posts, los del kokoro (corazón en japonés), es en los que gente que no conocía me recomendaba que escribiese un libro. Unos decían que me inventase una historia sobre Japón, que conocía el escenario y la cultura y que me dejase llevar. Otros decían que daba igual de qué escribiese, pero que no dejase de hacerlo. Y yo que me dejo hinchar el ego muy fácilmente, he decidido revivir todos y cada uno de los relatos ya escritos y plasmarlos aquí, añadiendo nuevos, revisando textos, completándolos con reflexiones, conclusiones y mucho mucho kokoro.

Así que en esto estamos, componiendo la melodía de este libro con notas de soledad que se mezclan a veces con otras de felicidad sobre la partitura del alma de un pueblerino que aterrizó en una de las ciudades más pobladas del mundo sin saber muy bien cómo se hace eso de vivir pero intentándolo como el que más.

Jueves, 1 de Octubre de 2009
Oskar Díaz Toscano
En una de las comisuras de Tokyo, Japón

¿Y eso de Japón…? (II)

Últimamente estoy arreglao con todos los jaleos en los que me meten o me meto, o qué sé yo. Está claro que, bueno, que cada uno es como es, pero me parece que es más importante saber cómo no se es y cómo no se quiere ser.

Yo creo que lo intuyo, más o menos, así que seguiré haciendo lo que yo pienso que está bien aunque de vez en cuando alguien se «quede patrás» que dirían los Celtas Cortos. No se puede caer bien a todo el mundo, ni siquiera pretenderlo y siempre habrá cosas que haga, que escriba o que diga que le sentarán mal a alguien.

Como la solución no creo que sea dejar de hacer, de escribir o de decir, aquí sigo con lo mío, capeando el temporal y tirando por donde no está sembrao, no vayamos a liarla todavía más.

Con esto dicho, que ya iba tocando, vayamos con la segunda parte de la historia de…

¡ Cómo acabé yo en los Tokyos con mi amigo el pastababas y su buen yantar !

Lo habíamos dejado en que Bea y yo aterrizamos en Nakano sin saber ni papa de japonés y que nos había tocado un piso donde tenía pintas de haber cucarachas como el gato Paco de grandes. No tuvimos el placer de ver ninguna, pero tampoco nos quedamos mucho a esperarlas. Cuando aquél día al abrir la persiana apareció un sapo en el mini jardincico que parecía el elefante Manuel, ya hubo consenso en la decisión de huir de allí echando ostias a dos manos.

Justo enfrente de mi oficina había una agencia inmobiliaria que nos llamaba la atención por el muñecote de la entrada. Así que entramos con nuestro gran conocimiento de la lengua japonesa a ver qué tenían. Total, que llamaron a un indio de la India que hablaba inglés y que se llamaba Khan Feroz. Era un pedazo moreno, alto y fuerte que hablaba un inglés muy raro pero que nos ayudó tanto que nos hicimos amigos y hasta un día fuimos a cenar a su casa con su mujer y su hija, anda que tuvo que aguantar pocas bromas por su apellido, pobre!!

Duramos en el primer piso entre mes y medio y dos meses, y nos cambiamos a uno cincuenta mil veces mejor, más grande y… más caro. En Vitoria decían que era muy caro y que ellos no me lo pagaban entero, pero llegamos a un acuerdo poniendo algo de nuestro bolsillo y por fin empezamos a vivir en un sitio decente. Nótese que la beca era de seis meses, y ya llevábamos casi la mitad en sólo empezar a establecernos…

Total, que pasamos de esto:

A esto:

Antes de la ikumudanza, Bea hizo sus tres entrevistas llegando a los sitios como buenamente pudo. Yo como iba andando a la oficina, no sabía casi ni sacar billete, pero ella espabiló cosa fina y ya se sabía un montón de líneas de Tokyo. Una de las entrevistas las hizo en la empresa en la que yo estoy ahora mismo aquí sentado. Ese día nevaba y yo le acompañé, pero me quedé fuera esperando. Hacía un frío que pelaba, madre del amor hermoso, y ella que no salía. Cuando ya llevaba una hora que yo no sabía donde meterme, me dió por ir a la máquina de bebidas y comprarme latas de café calientes que me iba metiendo en los bolsillos para calentarme. Llegué a juntar cuatro latas de las que no me bebí ninguna.

Ella al final les contó que yo estaba fuera y dejaron entrar al carambanito Toscano que se había quedao pegao a cuatro latas de café y que tenía los labios el doble que Carlos Baute despues de un paquete pipas con sal.

Allí no había ni un japonés, y aunque no entendí ni jota de lo que me hablaban en inglés, me parecieron gente maja. Bea fue totalmente sincera y ellos sabiendo que sólo ibamos a estar en Tokyo seis meses la cogieron y hasta le pusieron clases de japonés por las mañanas.

Sin ninguna duda, ella estaba viviendo mucho más lo que es el día a día de Tokyo. Yo vivía a cinco minutos de la oficina, me levantaba a las tantas, iba y venía andando, comía en casa, me echaba la siesta… todo hasta que ella volvía y me contaba lo que había visto: que si el tren petao, que si Shinjuku, que si no se qué… y encima la tía ya empezaba a leer hiragana y katakana dejándome a la altura del betún!

Ejerciciorilmente hablando yo iba a correr algunas veces por la noche, pero poco más. Hasta que un día nos pusimos a mirar anuncios y vimos un Sayonara Sale de estos en el que un tal Tsuneo vendía una nevera y muchas otras cosas. Quedamos con él una tarde, fuimos a su casa y nos dijo que echásemos un ojo a lo que tenía por si nos interesaba algo más. En esas que vi un corcho con fotos de él haciendo Karate y me dije ¡esta es la mía!. Allí le estuve interrogando sobre dónde y como en mi inglés de Zalla, y al lunes siguiente ya estaba yo pegando pataditas con mi cinturón blanco y un kimono que parecía de papel de fumar de lo cutre que era.

Y así iba el asunto: Bea mucho más integrada que yo que me limitaba a lo mío y a buscar excursiones para hacer los fines de semana. Ella hacía deberes de japonés, me contaba sus días de la oficina y me daba envidia leyéndome los carteles. Los míos eran un poco siempre lo mismo, aunque había días en que lo pasaba mal porque Take me metía una presión ahí medio chantaje sentimental del copón y me tenía que quedar hasta tarde, pero esto pasó muy poco. Hasta tal punto no tenía ni idea de japonés que cuando entraba en una tienda y me gritaban el «irassaimasseeee» yo contestaba «irassaimasse» también pensando que en vez de «bienvenidos» me decían «buenos días». Así me miraban como me miraban…

Entre excursiones primero por Tokyo y luego un poco más lejos como Nikko o Hakone, fueron pasando los meses hasta que yo me puse enfermo. Empecé tosiendo y con fiebre y el médico decía que era infección de garganta. Aquello iba cada vez a peor, mucha más fiebre en pleno verano Tokyota que me tenían sudando pero tiritando de frío, y después empezaron los vómitos que eran como muy violentos y venían de repente. Dice Bea que deliraba y decía tonterías (más)… Como aquello no iba a mejor, fuimos al hospital y me pusieron suero. Yo todo mareado le decía a la enfermera que era la primera vez que me ponían y ella que no entendía castellano, obviamente, me decía «hai hai» y me acariciaba el pelo, vamos que viendo que me daba la razón como a los locos pensaba que me iba a morir en 0.2 sino estaba muerto ya porque recuerdo que había un japonés que me hablaba en italiano y que se parecía a San Pedro.

Cuando finalmente me salieron granitos, el médico dijo que tenía sarampión (mira que listo el tío) y ya me dieron la medicación adecuada. Aquella fue la vez que peor lo he pasado estando enfermo en mi vida, y seguro que Bea también lo llevó mal que la pobre no podía poner el aire acondicionado en pleno agosto…


El día que nos tocó coger el avión de vuelta yo estaba como en un sueño todavía y pensaba que aterrizaría en Bilbao para decir hola y volver al de un mes a seguir con esa vida tan pintoresca que no había ni siquiera empezado a vivir.

Pero la cosa fué muy distinta. Aquél otoño del 2001 volvimos a Bilbao para quedarnos.

Continuará…

Get your hands fucking out of me

Sobre las diez de la noche, apenas cuarenta minutos antes, estaba esperando el tren en la estación de Ikebukuro. Venía hasta Meguro donde, bici mediante, voy a volver a casa a dormir después de escaquearme de Karate y darme el placer de una buena cena en compañía de todavía mejor gente.

Llega el tren, es el marrón de la Yamanote que celebra los cien años de la línea patrocinado por chocolates Meiji. Por fin lo veo, y justo he traido la cámara así que cuando me baje tendré tiempo de sacarle alguna foto antes de que se vaya. Con eso en mente me pongo al lado de la puerta para salir de los primeros y tomármelo con toda la calma que pueda.

Saco el móvil e intento sacar una foto de dentro del tren con la publicidad del chocolate, pero sale toda movida y la descarto. Como estamos en marcha, decido curiosear el email y de repente se escucha un ruido raro, como alguien imitando el canto de un pájaro. Miro y no veo quién es, y en mi intento me cruzo con miradas de otras personas en busca de lo mismo. Por fin lo veo, detrás de un tipo negro enorme hay una chica de amarillo con los ojos cerrados que casi se está apoyando encima de él, y hace ese ruido raro todo el rato.

Se le nota incómodo, a él, y pasa de tener la espalda apoyada en el respaldo a incorporarse haciendo que la chica cabecee al perder parte de su apoyo. Abulta mucho, no es que sea demasiado alto pero está cuadrado y tiene la cabeza rapada, como el típico marine de las películas que grita cosas y mete «man» entre frase y frase.

Se vuelve a oir en el vagón el ruido que hace la chica, como diciendo RRRR todo el rato tratando de imitar a un pájaro. Es molesto, pero tampoco demasiado y sólo provoca que el resto nos miremos entre nosotros y sonríamos sobreentendiendo que está borracha y le ha dado por ahí.

Get your hands out of me! -grita el chico

Todos miramos sobresaltados, él lo repite

Get your hands out of me!
Get your hands fucking out of me!!!
What the fuck? get your hands out of me!!

Va elevando la voz repitiéndolo cada vez más enfadado. Ella sigue con los ojos cerrados, ya no hace ruido pero está totalmente apoyada en el hombro de él y no se sabe muy bien si tiene las manos en su pecho o no.

– GET YOUR HANDS FUCKING OUT OF ME!!! – explota él, y le empuja de la cabeza con mucha fuerza haciendo que la chica se estrelle con la sien contra la barra produciendo un sonido que tardaré muchos meses en olvidar… su cara chocando contra el hierro de la barra.

Todos miramos sorprendidos, los ojos de todo el vagón están en él lo que hace que se sienta todavía más incómodo. Ella tiene las dos manos tapándole media cara y cuando las aparta yo respiro aliviado al ver que no está sangrando.

Un japonés va donde él, señala a la chica y le dice: «dame«, que se podría traducir como: «las cosas no son así«.

– What the hell dame, she is touching me all the time, this has nothing to do with me !! -le grita él levantándose, encarándole.

Ella se levanta también y va donde él, no se sabe muy bien si a disculparse o a pedirle cuentas, pero él está demasiado enfadado quizás porque todos le estamos despreciando con la mirada y cuando la tiene cerca la coge del cuello y la empuja con fuerza, tanta que arrastra al señor japonés y ambos caen al suelo.

– She is so annoying, this has nothing to do with me !!– se repite él medio en gritos

Una chica y yo nos acercamos tratando de hacer algo y al entrar en escena, él me reconoce como extranjero y quizás un aliado que no va a tener y me empieza a dar explicaciones:

– She was touching me, you saw it man, she was touching me, she was fucking touching me and I told her to stop !!

El va elevando el volumen con cada palabra, y yo trato de que simplemente se vaya y deje a la chica en paz, le pongo la mano en el hombro todavía no se porqué y le hablo:

– Just let it go, she is drunk, leave her alone, just let it go -no se me ocurre qué mas decirle, sólo quiero que se vaya, no busco pelea en absoluto aunque instintivamente pongo las dos manos entre él y yo por si se le ocurre hacer algo más que gritar, y mientras me grita a mi no la toma con ella por lo menos. El resto de gente del vagón se hace invisible a mis ojos.

– She is so fucking annoying, I told her to get her hands the fucking out of me but she doesn’t listen, SHE DOESN’T LISTEN!! -me grita, a mi, a todo el vagón, para que sepamos que él no tiene la culpa de ser un auténtico hijo de la grandísima puta, que son las circunstancias. Me pongo mucho más nervioso pero le mantengo la mirada y ya no digo nada más, si le da por pegarme me mata.

Ella yace en el suelo, una chica trata de incorporarla pero ella parece que se ha desmayado. A él lo estamos rodeando entre tres japoneses y yo para que no pueda acercarse a ella. Yo pienso que como vaya a por ella poco podremos hacer por agarrarle, es el triple que cualquiera de nosotros. Llegamos a la siguiente estación, Shin Okubo, él decide bajarse dándose cuenta de la situación, huyendo pero marmeando tacos en inglés y totalmente convencido de que tiene razón.

Hablamos entre nosotros, incorporamos a la chica que parece bastante ida, ya no está claro si estaba borracha o es que su cabeza no funciona todo lo bien que debería. En cualquiera de los casos es totalmente injustificable lo que ha pasado. Junto a la chica que no parece enterarse muy bien de donde está, nos bajamos unas seis personas más en Shinjuku, que es la siguiente estación y le contamos todo a los del andén. Toman notas, y tres dicen que es Billy Blanks, un tipo americano que se hizo famoso en medio mundo por unos DVDs de ejercicio, y que, además, está casado con una japonesa. Yo busco su foto por internet, se la enseño y les digo que se parece pero que no creo que sea porque además no hablaba absolutamente nada de japonés y si fuese él digo yo que algo sabría teniendo la mujer que tiene. Alguno asiente, el resto sigue en sus trece.

– Es verdad, tu has intentado hablar con él en inglés, ¿qué te ha dicho? -pregunta el señor que unos minutos antes estaba en el suelo
– Le he dicho que lo dejara pasar, que se fuera, pero él seguía cada vez más enfadado diciendo que ella no le dejaba en paz -lo digo con todo el tacto que puedo para que la chica no se sienta más dolida de lo que tiene que estar

Los de la estación toman notas y cuando nos queremos dar cuenta llega otro tren. La chica apenas habla y se quiere subir, se quiere ir, no quiere saber nada de lo que ha pasado. Ellos le dicen que si no quiere denunciarle, ella dice que no, y se va. Es extraña. El que asegura que el malnacido es el Billy Blanks dice que esa chica no puede estar borracha, que es así, que está loca. El resto no dice nada, aunque yo también lo creo un poco.

La chica se va. Nosotros seguimos dando todos los datos que podemos: la ropa, la altura, su acento era americano sin duda y llevaba auriculares de esos grandes de color plata. Me acuerdo de la foto que saqué del interior del tren y que estaba movida, quizás se le vea. Busco, pero ni siquiera la he guardado, la borré…

– Podéis poner una denuncia si queréis -dice el que creo que es el jefe de estación, nos rodea gente pero nadie más que nosotros sabe muy bien qué ha pasado
– Si, pero eso lleva mucho tiempo -dice el que está convencido que es el tal Billy –yo tengo que volver a casa. Ha sido terrible ese gaijin -dice despectivamente, pero acto seguido se da cuenta – Tu eres una buena persona, te has bajado para ayudar, ne?.

Yo le miro esbozando media mueca y no contesto.

– ¿Tu crees que es Billy Blanks? -me pregunta directamente el que parece estar al cargo de la estación
– No, se le parece y está muy fuerte como él pero no lo creo, aunque al de verdad sólo le he visto por la tele alguna vez – el que acaba de hacer el comentario racista no está de acuerdo
– Es él seguro, seguro seguro: negro, fuerte, pelo rapado… -yo no contesto, ya he dicho lo que creía y parece que tienen en cuenta más mi opinión.
Yo hago la denuncia -dice el señor de gafas que cayó al suelo a la vez que la pobre chica- no me importa lo que se tarde -hace una reverencia y todos se la devolvemos, nadie parecía dispuesto y finalmente él se ha decidido.

Él se va con el personal de la estación de Shinjuku, los demás se van andando a buscar sus trenes y el del comentario racista y yo nos montamos a la vez en el tren para seguir nuestro camino. Se siente mal y lo noto, eso me vale como disculpa así que rompo el incómodo silencio:

– No hacía falta hacer lo que ha hecho, ne, ella estaba molestando pero con levantarse e irse habría bastado
– Es verdad. Ha sido terrible. Ella no estaba borracha creo, para mi que estaba un poco loca -vuelve a decir, entre eso y lo de que es Billy tiene las cosas claras
– Si, hacía ruidos raros y molestaba, pero él se ha pasado mucho, no hacía falta llegar hasta ahí

Durante un rato tratamos de normalizar la situación y hablamos de qué hago yo en Japón, en qué trabajo y dónde y otras preguntas típicas tópicas del estilo. Cuando voy llegando a mi parada, que sabe cual es porque me lo ha preguntado un par de minutos antes, me dice:

– Pero de verdad que era Billy, cualquiera se mete con él…

Salgo de la estación todavía temblando. Me acuerdo de la chica, del golpe contra la barra, de la manera de hablar de él. Me pregunto si la policia siquiera le buscará por Shin-Okubo cuando avisaron desde la estación de Shinjuku, creo entender que es fácil identificarle porque llamaba mucho la atención, pero ¿le cogerán?, ¿le harán algo?…

Veo a la chica una y otra vez, y lo que es peor: no dejo de escuchar ese sonido.

Sigo nervioso. Me voy a casa. Por hoy ya he tenido bastante.

Ikubitacoreando

¿Os acordáis del día aquél que me puse a intentar clasificar el blog este?. Al final dejamos la cosa en blog personal y tiramos por ahí en los premios de Bitácoras. Yo prometía en plan políticomendigavotos que si ganaba, grababa un vídeo en el que me zampaba un bote wasabi mientras cantaba la canción de La Bamba.

El wasabi con el que me saqué las fotos estaba caducao y lo tiré pensando en que no iba a tener que comprar más. Pero luego resulta que en la primera clasificación parcial iba ganando y toda la sakana. La pamplina se está empezando a poner seria porque acaban de sacar la segunda clasificación parcial y ahí seguimos…

Y como de perdidos al kawa, y la de La Bamba la dije por decir una, os dejo elegir canción. De momento ahí van unas propuestas con la posibilidad de sugerir nuevas que iré metiendo como opciones según vayan llegando a ná que se sugieran un par de veces:

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Mejor Blog Personal
:ikugracias:
Y eso de Japón…

Y eso de Japón…

A ver por donde empiezo, que me estoy metiendo en un berenjenal chato con este post… el caso es que últimamente me he encontrado con antiguos amigos que no sabían que yo estaba en los Tokyos y me preguntan poco más o menos que

:peneke: :ahivalaotia:
¡¿¡¿¡ y tu qué haces ahí, chato moreno !!!?!?

 

Esto unido a todas esas personas que siempre me preguntan sobre cosas de las que no tengo ni idea, como cual es la mejor manera de venirse a vivir aquí y así, ha hecho que me decida a contar un poco la historia de cómo amanecí yo un día en el país del sube que te empujo, entra que te estrujo.

Todo empezó una bonita tarde del final del verano del 2000 en Isla, Cantabria. Yo había acabado la carrera de Informático en Deusto y estaba ya tratando de olvidarme de todas las tonteces que me habían metido en la cabeza durante cinco años a base de playa y sol. Pero como uno tiene conciencia por ahí en algún lado entre los riñones y la nuez, ojeaba muy, pero que muy muy muy por encima la sección de empleo del periódico. Por aquél entonces había más ofertas en las hojas esas naranjas que en el infojobs, se lo crean vuesas mercedes o no. Y resulta que allí apareció un «Se busca becario para Japón» entre muchos anuncios de consultoras y liendres de la misma calaña que no son más que invernaderos de informáticos esperando ser subcontratados por grandes empresas que no nos cogen directamente no vaya a ser que descubramos que tenemos dignidad o algo y se nos suba a la cabeza.

 

Yo hacía bastantes años que andaba con mi Karate pero tampoco es que me atrayese Japón mucho, de hecho no tenía ni idea ni de japonés, ni sabía de más dibujos animados que la calva de Krilin (que no tenía tampoco el pobre pero mira, así ganó al Bacterian, ¡anaricil como era!).

Pero vamos, la cosa tenía guasa, así que envié mi CV que estaba tan vacío que el clip del word parecía una animadora de no saber ya ni qué gestos hacerme para que pusiera algo más (en el gremio ésto se conoce como clipleader). Y más gracioso fue cuando me llamaron para una entrevista y me planté en el Parque Tecnológico de Miñano, en Vitoria, con un amigo que me acompañó (gracias Dani!) presto a defender mi potencial laboral.

Así a grandes rasgos, era una empresa que hacían un software de CAD/CAM que tenía bastante éxito en Europa y América y querían introducirlo en Japón, que es donde estaban las máquinas de cortar chapa más sofisticadas del mundo. La copla era que el Gobierno Vasco otorgaba cierto dinero para unas Becas de Internacionalización que organizaban junto con empresas que tenían oficinas fuera de Euskadi, y ese año era la primera vez que salía Japón, aunque el destino más normal de Asia siempre había sido China. Creo recordar que había diez tipos que se iban donde la murallaca y en una esquina estaba yo con mi sol nacientinín.

 

La entrevista fue curiosa, total, no tenía nada que perder y tampoco me interesaba demasiado el trabajo. Vamos, que fuí por probar y me daba cierta pereza tener que empezar a trabajar ya tan pronto después de haber acabado la carrera apenas unas semanas antes (esto no se lo digáis a mi madre). Y ya cuando el que me hizo la entrevista me empezó a preguntar cosas en inglés supe que no me cogían ni a la de two, yo con mi inglés de Muzzy que Aznar hablaba como Eminem a mi lado.

Contra todo pronóstico me cogieron, ¡picuetos nos quedamos!, hasta el clip del word se acabó yendo a vivir con un imán del que no se separaba nunca (aunque a mi no me caía muy allá desde que se cambió el nombre por iMan cuando salió el iPhone, ¡vaya :ikufantasma: !, ¡tan atractivo no era!).

Los detalles se concretaron un poco más: el Gobierno Vasco me daba un dinero suficiente para vivir allí y la empresa me pagaba el piso y el viaje. La beca duraría nueve meses, estando los tres primeros en Vitoria aprendiendo sobre la empresa y los otros seis en Tokyo, concretamente en la oficina de Nakano junto a Takeshi y Natsuyo, dos compañeros japoneses.

 

Durante esos tres meses tomé contacto con Take y Natsuyo por email y empecé a darles soporte por internet, que era lo que después iba a tener que hacer en persona en los Tokyos. Bea primero dijo que no venía ni de coña y que ahí me las entendiese yo con los palillos. Después acabamos decidiendo que si encontrábamos un trabajo para ella, que se venía también así que las dos primeras horas de cada día los dediqué a buscar empresas de informática en Tokyo y a enviarles su CV contándoles la situación. Estoy convencido que envié más de mil emails, el clip del word hasta se medio oxidó de la sudada, el muy truhán que se había separao del iMan porque decía que no tenía término medio: o le agobiaba o se daba la vuelta y le rechazaba. Se aburría desde entonces y no hacía más que quejarse, así que le dí trabajo: ¡ala campeón, a pegar sellos! (cuentan que en Microsoft le rescindieron el contrato porque de tantas cabezadas que se dió contra la pared parecía más un shuriken que otra cosa)

Resultado: tres entrevistas concertadas durante las dos primeras semanas que llegábamos a Japón, y con la cuenta atrás de los tres meses del visado de turista de ella muy en mente. Yo tenía un visado cultural por seis meses que me tramitaron desde la embajada y con el que entré como un rey sin medio problema, pero cuando a ella en Narita le preguntaron a qué venía y contestó que a trabajar, se lió parda. ¿Cómo que a trabajar sin visado? ¿cómo es eso si vienes de turista pelá?… pero, curioso, en cuanto dijo que venía conmigo y vieron el peazo de sello del embajador japonés se les puso roja la frente de dar reverencabezadas pidiendo perdón.

Se juntaron muchas primeras veces ahí:
– La primera vez que fuí a Madrid: en autobús a hacer los papeles del visado a la embajada, estuve tres horas de reloj en la capi y me fuí acojonadísimo
– Mi primer sueldo: un millón de pesetas que me pagaron de una vez (qué chungo fué eso de tener tanta pasta de repente después de haber estado pelao durante toda mi vida, ¡qué insulto al verbo administrar!)
– La primera vez que montaba en un avión: para ir a Tokyo

¡Toma Geroma!

 

¿Nuestra estancia en Nakano? pues imaginaos: yo vine de becario con lo que venía predispuesto a no meter ni un minuto extra de más, no teníamos ni idea de japonés y no nos complicábamos la vida en absoluto yendo a comer al McDonalds la mayoría de las veces por miedo a entrar en cualquier sitio. Pero es que hasta pidiendo Big Macs nos salían decimales con las preguntitas de rigor

¡que me des la hamburguesa ya!
:copon:

 

La de cosas que nos perdimos por no chapurrear un poquico…

 

Emocionante, pero… la cosa empezó mal porque el piso que nos habían buscado era un cuchitril horrible, que hasta a Torrente le daría cosica. En realidad lo había buscado yo por internet y Natsuyo sólo había ido a pagar la señal en mano, cosa que siempre me fastidió bastante porque estaba bastante claro que yo no iba a poder conseguir nada decente desde el ordenador de casa y lo cierto es que esperaba que fuesen ellos los que me buscasen alojamiento. Pero no lo hicieron, como también puedo entender porque tenían un huevo de trabajo, y es que lo planeamos mal desde el principio.

Ya teníamos tres misiones:

  • Preparar las entrevistas de trabajo de Bea
  • Conseguir un piso construido del siglo XX palante
  • Entender qué copones era eso del «ahivaese» que nos chillaban al entrar a todas las tiendas

Continuará…

 

 

Viernes, 18 septiembre 2009

2

¿Por qué ya no sueño? me pregunto mientras me incorporo desde el futón, ¿o quizás es que no me acuerdo?… como quiera que sea, es cierto que hace mucho que no recuerdo mis sueños, esos en los que aparecían capítulos de mi vida con personajes mezclados, que nunca se habían conocido entre ellos pero que interactuaban como si así fuese. Había sueños en los que mi madre hablaba con mi antiguo jefe y lo hacían en japonés, ella hasta con acento extremeño, y todo parecía normal.

Pero esta mañana parecía que hacía una eternidad desde el último. Sin ser bueno ni malo, sólo raro. No importaba demasiado, hoy es viernes y había quedado con Michiko y una chica que me quería presentar en Ikebukuro. Apenas sabía nada de esta historia, pero me dejé llevar hasta el punto de estar entusiasmado, tanto, que planché la camisa blanca de manga corta que tan bien creo que me queda antes de salir de casa.

Afeitado y con gomina pedaleé los cinco kilómetros que me separan de la oficina, pero hoy con calma para no sudar más de lo normal no vaya a ser que el olor del aftershave fuese anulado antes de tiempo. Cuatro, cinco, seis, nueve… cando la bici tratando de no olvidar la combinación y entro en la oficina. Saludo y de cinco personas me lo devuelven tres, no está mal, haremos una raya en la pared.

Michiko me pregunta si he leido el correo, le digo que no y entonces me cuenta que la chica no puede venir, que mañana tiene que madrugar y que mejor otro día con más calma. Miro la camisa semiarrugada y me río, le cuento lo de la plancha matutina y nos reímos juntos, después le pregunto si tiene algo que hacer, que ya me había hecho a la idea de no irme a casa después del trabajo. Me dice que si no me importa ir con ella, que encantada, le digo lo mismo, nos volvemos a reír. Nadie nos entiende porque hablamos en castellano, y con esa complicidad implícita frente al resto quedamos a las seís y media cerca de la estación de Meguro.

Llego tarde, como un cuarto de hora porque mi ordenador no va todo lo rápido que yo creía, o porque me propongo hacer más cosas de las que debería, no sabría decir. Pero llego, le pido perdón y ella le quita importancia riéndose como siempre y preguntándome por temas de trabajo. Pienso en que el mundo sería maravilloso si todo el mundo fuese como ella.

Llegamos al izakaya y nos sentamos, pedimos dos cervezas y entonces nos falta tiempo para hablar. Ponemos un poco a parir a los demás de la oficina, no demasiado, a cada cual lo que le toca como harán ellos con nosotros. Y van llegando platos, y se van vaciando las jarras y llegan otras relajando la vergüenza y relativizando el respeto.

  • ¿Te acuerdas del día que llegué? yo estaba muy cansado y me moría de sueño

  • ¡Si me acuerdo! te abrí la puerta y llevabas una playera roja con un muñeco en la espalda, y dos maletas enormes, y mientras esperabas al jefe dabas cabezadas en la mesa del sueño que tenías. Ese día no te dije nada, pero parecía que habías llorado mucho

  • Fíjate, tenía tanto miedo que el chico que había a mi lado en el avión tenía que estar asustado . Pero imagínate, dejaba atrás mi vida anterior para empezar desde cero una nueva. Ya había estado en Tokyo una vez, como sabes, pero fué acompañado. Ese día llegué sólo y no tenía ni idea de nada de lo que iba a pasar.

– ¡Qué me vas a contar que me tiré diez años en México!. Me acuerdo que Eric te acompañó al hotel al que ibas, ¿te acuerdas de Eric? ¡mira que era raro el francés!

Alguien grita al lado, es una chica que está borracha. Michiko la mira fijamente, se la nota molesta

– ¿Por qué tiene que hablar así?

  • ¿A gritos? pues estará borracha, no le hagas caso
  • No es sólo eso, dice palabras muy feas, como si fuese un hombre, ¡pendeja!

Su acento mexicano me suena bonito, casi poético. Alguien nos interrumpe, una chica vestida con escasa ropa de cuero blanco nos pregunta si fumamos, le contestamos que no y se va disculpándose por habernos interrumpido. La miro irse y me arrepiento de no fumar. Michiko me ve:

– ¿Le decimos que vuelva?

  • Es que vaya vestidito que me traía… ¡si hace falta fumar se fuma!

La miro reirse y cómo se le acentúan las arrugas alrededor de los ojos que se le empequeñecen aún más. Con alguna jarra más de cerveza, llega su turno y no sé cómo la conversación empieza a girar en torno a su vida en México. Diez años, algunos atracos, un terremoto y mucho corazón.

– Voy a volver el año que viene, aunque mi madre se enfadará -al decir ésto, sus manos hacen el gesto de poner cuernos, creo entender que es la manera de gesticular el enfado- porque dejaré a mi padre sólo, pero quiero ir aunque sean dos semanas

– Claro que si, dos semanas no van a ningún lado y te lo mereces
-me pregunto si estaré hablando más de lo que debería- desde que tu padre está en el hospital no haces otra cosa que estar pendiente de ellos, no creo que pase nada porque vuelvas y así te olvidas de todo un poco

Me da la razón y aunque siempre me la dá, ésta vez sí que creo que la tengo aunque la sensación de hablar de más sigue ahí. Vuelve la camarera, trae más platos y más jarras. No me había fijado en ella, no es que sea especialmente guapa pero sí que es resultona… pienso en que a veces me gustaría no estar tan sólo.

– Qué pena que no haya venido hoy Chiaki, creo que te habría gustado -dice como leyéndome las pupilas

– Bueno, pero si hubiese venido ella, seguro que no hubiésemos hablado de todo lo que llevamos ya hablado, así que no pasa nada

Mis dos años y medio de esta nueva vida pasan ante nosotros, recordamos muchos momentos juntos y separados, nombramos personas que ya no están con nosotros, compañeros y compañeras que compartieron parte de sus vidas con las nuestras y de los que no sabemos nada. Nos desciframos mutuamente un poquito más hasta que finalmente nos despedimos con un abrazo enfrente de personas que normalmente no se abrazan por la calle. Ella se va en tren, pero antes de doblar la esquina se vuelve y me mira diciéndome adios con las manos. Le devuelvo el saludo y me vuelvo a casa sólo una vez más.

Mirando al cielo pienso en lo distinta que sería mi vida aquí sin ella. Entonces empiezo a bajar la cuesta que me lleva hasta la bici detrás de tres japoneses con traje que están borrachos y ríen y fuman y me obstaculizan el paso. Yo rebusco en mi bolsa, pongo música al azar y Doctor Deseo me recuerda de donde vengo aún estando donde estoy.

Tuviste que decirme adios, calles hundidas a mis pies para echarte en falta hasta la muerte, y yo bailando al ritmo de mis zapatos negros como una veleta fiel al viento…

Y bajo la luz de la luna caen algunas lágrimas de mis ojos. Lágrimas de felicidad y de tristeza, de dicha y de desdicha, de amor y de soledad. Lágrimas que me recuerdan lo que tenía, lo que tengo y que anuncian, desafiantes, lo que tendré.

Y yo sigo mi camino. Con ellas.

Vamos a engañarnos y dime, mi cielo, que ésto va a durar siempre…

Llamémoslo

Anda que entre el post de ayer del caso de los votos cruzados (también llamado Gatostiable Gate por Pau) y el post de hoy va de jaleo la cosa!!. Jaja, pero vamos, que es justo y necesario que diría el cura de mi pueblo.

Al lío!, el caso es que últimamente he tenido ciertos, llamémoslos, encuentros con distintas personas. Todos siguen el mismo patrón: yo escribo, digo o hago algo y ellos me dan su visión de lo escrito, dicho o hecho de una manera, llamémoslo, directa a la que yo replico a mi manera y entonces la tenemos.

En el caso del blog, resulta que es público: cualquiera puede entrar y dejar, llamémoslo, su huella. Lees, ves y escuchas lo que el autor ha querido poner ahí y puede que te entusiasme, te guste, te sea indiferente o que directamente te parezca algo palopinchable. Totalmente respetable, el que escribió sobre gustos era un charlatán, también hay gente que escucha reggeton y yo no les chillo. Allá cuidaos.

Pero que un blog sea público no significa que su autor tenga que aguantar que, llamémoslos, invitados non gratos vengan a joder la marrana que diría mi madre. Hay blogs cuyos comentarios dan vergüenza ajena y que sigan ahí publicados significa que al autor le importan más bien poco, o que ni siquiera los lee. Esto no va a pasar con el ikublog, eso lo tengo claro y además es una de las razones principales por la que me pasé al WordPress este. Para mi este tipo de comentarios son un insulto personal hacia mi, hacia lo que hago, y eso es algo que no voy a tolerar, así que he empezado a bloquear a cierta gente que no ha hecho nada más que dar por el saco.

Desdeluego que no busco con esto dejar en el blog únicamente los comentarios esos halagadores o buenos, todo tipo de opinión es bienvenida siempre y cuando no se falte al respeto. No es lo mismo decir: «no me ha gustado para nada el video, me he mareao, cómprate un trípode» que «vaya puta mierda de vídeo y vaya pedazo de gilipoyas que sale». Eso en persona no me lo dices esperando que me quede callado, es de sentido común.

También ha habido comentarios que sin faltar al respeto, no he entendido a qué han venido o no me han parecido correctos y a esos les he contestado y se han molestado. Esto siempre me ha sorprendido, es como si la opinión del autor del blog sobre los comentarios no se tolerase, como si uno no pudiese comentar los comentarios porque entonces «no se aceptan las críticas» o «se está susceptible», incluso «eres un prepotente». Si alguien escribe algo que no me parece bien, lo diré. Esto no va a cambiar aunque luego «tengan claro que no se volverán a pasar por aquí». Allá cuidaos, una vez más.

En el mundo real me he cruzado también con personas que sueltan perlas que me dejan asustado, aunque peor es sentir la indiferencia del resto. Estos son los «sonasís», que cuando he tratado de hablar sobre ellos me han contestado «es que es así», como si eso fuese una razón que justifique su comportamiento. Es decir, que si yo empiezo a faltarle al respeto a todo kiski… ¿al final todo el mundo entenderá que yo soy así y me aceptarán?.

Por ahí no paso, para mi esa, llamémosla gente, que con la autoexcusa de ser sinceros se permiten decir cualquier cosa no son más que maleducados con una prepotencia que está elevada al cuadrado. Voy a empezar yo a decir «eres lo más tonto que existe y te lo digo porque yo soy así y no me puedo callar», ¡venga hombre!.

Lo peor es que a estos no puedo bloquearlos para que me dejen en paz.

A los del blog sí, y eso que he ganado. Así que si no te sale el comentario nada más escribirlo, enhorabuena, has tenido el honor de pasar a la lista de los ilustres porsaquiles del ikublog, a ver si os juntáis otros tres más y montamos la cuadra.

Lo que me río dándole a eliminar sus rebuznos que ahora van directos a la lista de spam no tiene precio. :jumjum:

:porsaquil:

PD: Los del menéame no merecen ni que se les mencione, eso si que es un establo… :pirao: :pirao:

Premios 20Blogs – Invalidación de votos y sanción

Estimado usuario,

Nos ponemos en contacto con usted para comunicarle que la organización de los Premios 20 Blogs ha detectado que en sus votaciones (emitidas y recibidas) se han cruzado votos. Entendemos que la fecha y hora en las que éstos se producen indican que se ha producido un intercambio consciente de sufragios, acción prohibida por las normas del concurso.

Como la cifra iguala o supera los tres intercambios, pero no alcanza los diez, su blog no será expulsado del concurso, pero si sancionado con la invalidación de los sufragios intercambiados y una reducción adicional de 10 votos.

Estos son los datos que obran en nuestro poder…

* El 13/07/09 a las 11:00 usted votó por el blog ‘Nihon mon amour’ y su autor devolvió el voto a las 11:03 del mismo día.
* El 13/07/09 a las 10:59 el autor del blog ‘La Arcadia…’ votó por su blog, y usted devolvió el voto a las 11:02 del mismo día.
* El 13/07/09 a las 12:04 el autor del blog ‘El Pachinko’ votó por su blog, y usted devolvió el voto a las 15:50 del mismo día.
* El 23/08/09 a las 06:04 al autor del blog ‘Kiensueño’ votó por su blog, y usted devolvió el voto a las 03:42 del día siguiente.

Si existe alguna circunstancia o información que pueda explicar de forma convincente estas coincidencias, no será sancionado, por lo que le animamos a presentar las alegaciones que considere convenientes.

Estimado Pablo,

No puedo más que sorprenderme ante el contenido de su email y la conclusión a la que han llegado. Le tomo, pues, la palabra y procedo a dar una explicación a lo sucedido desde mi punto de vista:

– Las tres primeras votaciones a «Nihonmonamour», «La Arcadia de Urias» y «El Pachinko» se produjeron el mismo día en que abrieron las votaciones, es decir, el día en que todos los blogueros que nos presentamos recibimos un email animándonos a empezar a ver otros blogs para decidir nuestro voto. Estoy convencidísimo de que ese día ha sido el día que más votos se han emitido de todos los que ha durado el concurso, y si a eso le sumamos que sólo votamos los blogueros los unos a los otros, no puedo más que sentirme halagado porque tres de mis votos de ese mismo día hayan decidido votarme a su vez a mi. Ni yo les he pedido el voto, ni ellos me lo han pedido a mi, ni mucho menos nos hemos puesto de acuerdo. Creo que es bastante normal que votemos a blogs que seguimos habitualmente, y a éstos tres en concreto les llevo siguiendo desde hace mucho tiempo. Si les sigo es que me gustan, y si me gustan pues claro que les voto.

– Al cuarto, el autor del «Kiensueño» no tengo ni siquiera el gusto de conocerle, simplemente ese día empleé mi tiempo en indagar en los distintos blogs de la categoría y me llamó ese la atencion, así que decidí votarle. De nuevo me halaga que él también decidiese lo mismo.

La única publicidad que he hecho del concurso ha sido el banner que he colocado en el blog y la mención en twitter de que participaba, ni siquiera escribí un post al respecto.

Visto que es simplemente cuestión de estadística y azar, quiero entender, entonces, que el modo de actuar en el futuro para que no pase esto mismo es no ejercer mi derecho a voto si recibo muchos como ha sido el caso (y de nuevo, me siento halagado, lo diré tres y muchas veces porque es el verdadero premio que me llevo de mi participación). Pero vosotros mismos nos animáis a que votemos enviándonos los lunes esos emails en los que nos informáis de las categorías en las que todavía no nos hemos decidido.

No busco que me devolváis esos diez votos porque la votación está más que decidida y me siento totalmente satisfecho del resultado sabiendo que el que está ganando en mi categoría es realmente el que se lo merece con creces. Pero si que creo conveniente enviar éste email para que quede constancia de mi opinión que creo que contrasta con sus conclusiones.

Atentamente,
Oskar

Hola Oskar,

Admitimos tus alegaciones respecto a los tres primeros votos, no tanto respecto al que emitiste en favor de Kiensueño, pues es muy improbable que esa coincidencia se produzca. Los 5.500 concursantes han dispuesto de más de 1.500 horas para emitir sus sufragios, y esos dos votos se cruzan en menos de tres horas. Demasiada coincidencia, tratándose además de un blog denunciado en varias ocasiones por propuestas de intercambio.

Como no sucede lo mismo con los tres primeros votos que emitiste, no hay denuncias de propuesta de intercambio, no serás sancionado. Deja que te comente en todo caso que sí existía una contra tí a la que no dimos credibilidad por tratarse de un supuesto mensaje de correo cuyos encabezamientos parecían haber sido cambiados. Recibimos varias iguales contra varios usuarios y nos ha llevado un tiempo descartarlas.
Como ves, no es cuestión de azar, se han probado muchos intercambios de esta forma. Seguramente otros muchos quedaron impunes (intercambios efectivos, no propuestas) pero mejor dejar marchar a un culpable que penalizar a un inocente, al menos eso pensamos por aquí.

Un saludo,

Hola Pablo,

Gracias por tu respuesta.

Me vuelves a dejar de piedra con lo de que el blog ha sido denunciado por propuestas de intercambio. Fíjate que me acabas de decir que no seré sancionado, es decir que no gano nada contestando a este email, pero creo que debo hacerlo por si puedo aportar algo que pueda siquiera ayudaros a mejorar este sistema de detección que estáis utilizando (que me creáis o no ya es cosa vuestra):

Que alguien me haya acusado de proponer intercambio de votos ya dice mucho sobre algunos concursantes, yo en ningún momento he llevado a cabo ninguna actividad de ese tipo. Es más, mi conciencia no me permitiría ganar un concurso de esa manera, o el premio no tendría absolutamente ningún valor para mi. Mis actividades han sido poner el banner en el blog y anunciar sobretodo al principio y por twitter que me presentaba al concurso, creo que eso entra dentro de los límites «legales» y sobretodo éticos del concurso.

Y aunque parezca mentira, vuelvo a decir que ha sido casualidad el voto «cruzado» de Kiensueño y mi explicación es que ese mismo día, el 24 de Agosto recibí un email vuestro instándome a seguir votando en las categorías en las que no lo había hecho. Así que siguiendo la lista, fuí a la de «Latinoaméricano» e hice mi votación después de curiosear un momento por los 10 primeros. En este caso además la diferencia horaria es más que evidente (6:04 vota él, 03:42 del día siguiente le voto yo).

Volvemos a los números:
– La mayor parte de los votos se van a producir el día en que enviáis un recordatorio
– La mayor parte de los votos emitidos en las distintas categorías van a ser a blogs que ya están entre los diez primeros. Por comodidad, por desinterés o por ambos, al menos la mayoría de mis votos han sido así aunque reconozco que no debería, pero no tengo tiempo material para recorrérmelos todos.
– Yo por aquél entonces iba primero o segundo y por el número de votos que veo que tiene él, seguramente también estaba por ahí (no lo recuerdo).

Reconozco que he leido ese blog dos o tres veces pero me llamó más la atención que el resto. Y también reconozco que no lo he vuelto a leer.

Atentamente,
Oskar

Hola Oskar,

¡Que no te preocupes! Ya te digo que hemos descartado esas denuncias, hay mucho bloguero malintencionado que como decía ayer en el podcast está dispuesto a cualquier cosa por aparecer en el primer puesto de una lista. El problema es que descartarlas nos quita un tiempo precioso para detectar verdaderos fraudes. Un saludo,

Ushiku Daibutsu

Lo acertó Diego el primero al de nada de publicar el impresionante, impactante e increible documento audiovisual bicolor que se automulticroma. El domingo, después del baile de Yosakoi, me fuí a ver

¡ El buda de Ushiku de 120 metros !
:peneke:

Recuerdo que en el pueblo de mis padres había un montón de gente con motes, había uno que era El Sartén, luego estaba La Pichichilla y también teníamos a un Budarro. Pues bien, mamá, que sepas que ya puedes ir buscando otro mote para este último porque es totalmente ilegítimo. El Budarro es el pedazo de Buda que hay plantado en Ushiku, que mide 120 metros y pesa 4000 toneladas, ese si que es el Budarro auténtico y no el señor aquél de pantalones de pana!

Me ha sorprendido mucho que casi no hay información en condiciones en Internet sobre este lugar, así que aquí está el Tío Tosca dispuesto a que el Budarro sea visitado como se merece. O lo que es lo mismo con otras palabras:

ya me pierdo yo cinco veces para que no os perdáis vosotros ninguna

Lo primero y más importante: está lejos, no demasiado, pero sí bastante, y además hay que estar muy pendiente de la hora. Me explico: hay que llegar a la estación de Ushiku en la línea Joban, y lo más fácil es que nos vayamos hasta Nippori en la Yamanote (sube que te empujo, entra que te estrujo) y cambiemos allí. Haceros a la idea que desde Shibuya se tarda unos 89 minutos en llegar a ésta estación.

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Pero después no está todo hecho, sino que hay que montarse en un autobús que te deja a los piezacos de la estatua casi casi. Aquí he leído de todo, hasta que los habían quitado….

¡Mentiraca podridaca! :copon:

Los autobuses están allí, lo que pasa es que son autobuses regulares y no pone nada claro que te lleven hasta el Buda porque es simplemente una parada más de todo el recorrido. Así que nos vamos por la salida Este o también llamada «Chateau» (¡ya están los franchutes metiendo mano!), y enfrente veremos paradas de autobús de lo más discretas, pues bien, nos vamos a la número 1:

Dentro del autobús pueden pasar dos cosas: que vaya directo al Buda o que haga algo así como cinco o seis paradas entre medias (no me lo sé justo). A mi me tocó lo segundo, tu te sientas allí y ves fijo cuando es tu parada, así que tened paciencia porque llegaréis al de una media hora y pagaréis algo así como 600 yenes. Al volver me tocó el directo que tarda menos y te cobran sólo 500 yenes.

A mi lo que más me preocupaba era que el punto azúl se fuese acercando al rojo:

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Una vez allí hay que estar atento, porque no estamos cerca de la estación de tren precisamente y el último autobús sale a las cinco y media. Esto depende de si es fin de semana o día entre semana, y también cambia dependiendo de la época del año, así que aseguraros bien de venir por la mañana o de que cuando lleguéis os fijéis bien en el cartel que tienen pegado en la misma parada de autobús:

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Después hay que pagar entrada, son 500 yenes por entrar al recinto y 300 más si quieres subir por dentro del Buda, que hombre ya de estar allí pues se pagan 800 y nos dejamos de gaitas.

Y bueno, pues aunque desde el autobús ya se vé lo que hay, estar allí a sus pies te deja totalmente impresionado… para que os hagáis una idea, 120 metros son 6 veces la altura del Gundam que había en Odaiba (y que se han calzao ya), 3 veces la estatua de la libertad y 8 veces el Buda de Nara. Aquí van unas medidas copiadas del panfleto:

Altura: 120 metros
Peso: 4000 toneladas
Palma izquierda: 18 metros
La carica: 20 metros
Un ojo: 2.5 metros
El boquino: 4 metros
La napia: 1.2 metros (los Budas son más bien chatos)
Una oreja: 10 metros (compensan con las orejicas)
Dedo índice: 7 metros

En otras palabras, como dicen ellos, el Buda de Nara que mide 14.9 metros cabría en la palma de su mano, haceos a la idea los que habéis estado en Nara!!! (y si no habéis estado, aquí se ve). Normal que tengan el récord Guiness a la estatua de Buda más grande del mundo!

Luego pues se entra dentro, te quitas los zapatos, te meten en un ascensor y vas subiendo hasta el piso cuarto donde hay miradores muy chiquititos para ver el mundo desde la pechera y los hombros, lo primero en el mundillo es conocido como pechovisión o pecherascope:

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Impresiona ver que dentro es un edificio de lo más moderno con sus ascensores, sus salas de exposición y sus tiendicas de amuletos. Y te van contando cómo se construyó con fotos del montaje de lo más curiosas.

También había una sala con 3300 estatuitas de Buda y otra para meditar contra la pared donde no había nadie meditando, pero que creí entender que dan cursillos de iniciación y así.

Por fuera, pues tenemos un jardincillo japonés que es bastante bonito con sus carpas y todo, un quemador de incienso enorme y una campana que cualquiera puede tocar y que triunfa especialmente entre los niños, que todavía tengo la cabeza temblando y el cuerpo me pide uvas todo el rato. Pero sin duda todo queda eclipsado por mi amigo el Budarro y esa pose prekamehame que como le de por tirarlo no quedan ni las cucarachas vivas!

Otra ikuexcursión más!!

La señora de los paraguas, epílogo

Llevaba ropa oscura cumpliendo esa absurda regla universal de los ancianos, incluyendo un sombrero negro que apenas lograba ocultar su pelo blanco. Una vez pensé que una cana era un sueño tan tan deseado que al no cumplirse atormentaba a la persona hasta que ésta trataba de dejar de añorarlo eliminándolo por los poros destiñiendo un poco el color que la vida tenía hasta ese momento. Hoy sé que cada cana tiene un significado diferente y que todas y cada una de ellas se sabe a pies juntillas porqué está ahí aunque a su dueño se le quiera olvidar.

A juzgar por su mirada, a ella no parecía ya importarle eso de cumplir sueños porque su vida misma lo era. Debajo del sombrero había una sonrisa que le comía la cara y lo demás carecía de importancia. Me sonreía a mi, a otros vecinos, a los perros, a los coches, a los cuervos y a las nubes… A veces me daba los buenos días y yo no dudaba en pararme y devolvérselos con una reverencia que ella correspondía para darme la espalda satisfecha y seguir moviendo su escoba de ramas olvidándose al instante de mi. Me pregunto si supo alguna vez que yo era extranjero.

Sólo recuerdo una vez que alguno de sus paraguas tuvo sentido, quizás porque ese día se olvidó de sonreirle a las nubes y éstas lloraron un poco sobre su sombrero negro que ella tapó con un paraguas del mismo color. Tengo esa imagen remachada en la memoria, la de ella vestida toda de negro mirándome quizás sin verme, y sin sonreír. Como si todos los días de su vida se hubiese estado preparando para ese momento, colocando los paraguas con cuidado sobre el guardarail hasta que por fin llovió y a ella no le pilló de improviso. En mi mente la escena es en blanco y negro como el póster de una película antigüa. El blanco, el de su pelo y el de las nubes, el negro, el de su silueta, y todo lo demás gris, para que no destaque nada más.

Después no la ví más. Las ventanas de su casa dejaron de proyectar sombras de muebles que se veían desde la calle, los paraguas desaparecieron, ella desapareció. Nevaron pétalos de cerezo al son de tambores y pasos de baile. Llovieron tifones que fueron evaporados por soles abrasadores empapando el ambiente y la tez de las gentes. La tierra tembló una, dos, tres veces removiendo las razones por las que sigo yo aquí, pero ella nunca volvió a barrer las hojas de la carretera con su escoba de ramas, no volvió a rodearse de paraguas mirando a la gente con esos ojos desorientados dibujando una expresión limítrofe con el mundo de los cuerdos.

Este fin de semana una familia se ha mudado a su casa confirmando que ella no volverá. Y yo sé muy bien que éste pelo que antes era marrón claro como todos los demás, ha perdido su color para que nunca se me olvide una de las primeras personas que no dudó en regalarme su cándida sonrisa desde que llegué. Aunque a ella sí que se le olvidase al instante cada vez.

Un día de campeonato

Un día de campeonato

Adelanto que al final no se pudieron grabar los combates en video, así que aquí va la crónica ikukaratekiana:

Con mucho sueño, alguna legaña y una mochila con un traje de karate, guantillas, tiritas y esparadrapo aparezco en la estación de Harajuku a las 8:10 de la mañana sin desayunar porque hacía 10 minutos que debería estar allí. Y es que aparte de competir, me había apuntado como miembro de la organización para ayudar en todo lo que pudiese, así que me tocaba llegar hora y media antes que los participantes.

Por el camino me encuentro con grupos de Yosakoi porque resulta que este mismo fin de semana en el mismo sitio había un festival en el que salían los de mi grupo, pero que yo no pude porque coincidía.

Entro por la puerta de atrás del estadio, me dan una camiseta roja que nos distingue como Staff, y empiezan a explicarnos qué es lo que se supone que debemos hacer en cada tatami. A mi me toca el C, junto con el francés que también se había apuntado, y seis compañeros japoneses algunos de los cuales no conozco. Le hablo a una compañera y le digo que yo no puedo leer los nombres de los concursantes, ni tampoco apuntar, pero que para cualquier cosa que crea, que por favor que me lo diga y yo lo hago. Me dice que vale, pero después de dos horas no me dice nada mientras que ellos parecen ocupadísimos preparando todo. Decido seguir el ejemplo del francés, que hacía una hora que se había ido, me vuelvo a mi sitio, y cambio el uniforme de organizador por el de competidor, asumiendo ese papel a partir de entonces viendo que yo allí no pintaba nada, y, por supuesto, aprendiendo la lección. Para el año siguiente va a madrugar Yuko la onigirera.

Horas más tarde, a las doce, me toca competir en la categoría de Katas. En el mismo grupo que yo están dos de mis profesores, así que ya tengo claro que no voy a ganar nada. En Katas tampoco me esperaba mucho, y efectivamente, nada más salir me toca una que me he aprendido en el último mes, la Kanku Dai, que hago como buenamente puedo, pero me ganan, creo yo que con bastante diferencia. Mis dos profesores, como era de esperar, se clasifican para la final.

Muchas más horas más tarde, a las cinco, me toca combate. Caliento un poco antes con unos compañeros, y finalmente entramos al tatami. Me toca competir de los primeros, y salgo extrañamente tranquilo. Empieza el primer combate y yo muy relajado me dedico a lo mío y me resulta hasta fácil ganarle aunque pensaba que me iban a descalificar porque de repente él se puso a sangrar de la nariz, y el caso es que yo no recuerdo haberle tocado la cara.

El segundo combate fue distinto, resultó casi agónico. Nos íbamos marcando puntos alternativamente, hasta que de repente se puso también a sangrar de la nariz, y de nuevo tampoco me acuerdo en qué momento provoco yo eso. Nuevamente espero la decisión de los árbitros, y nuevamente no me descalifican. Esta vez recibo yo un puñetazo cerca del ojo, no es fuerte, pero al ser en la cara me deja un poco descolocado, pero está bien marcado así que el punto se lo lleva él. Le empato, y de repente se acaba el tiempo y el arbitro nos avisa: el primero que marque gana. Ahí es cuando ya salimos los dos mucho más acelerados, y un buen rato después me marca un puñetazo que ni veo, ganando él el combate.

Nos damos la mano, saludamos al público y nos vamos. Al salir, uno de mis profesores me felicita, llego a las gradas y mis compañeros me felicitan, y yo me quedo con un muy buen sabor de boca por mi actuación. Sobretodo porque no me puse nervioso en ningún momento, y esa ha sido una diferencia enorme con anteriores competiciones, aunque sólo gané este combate.

Después llega la competición por equipos, y resulta que me toca en el mismo grupo que el que me dejo KO la última vez, que hoy lleva cinturón azul y compite a mi lado. A veces me pregunto qué cinturón tendrá este hombre en realidad, porque parece que cambia según le conviene por competición, lo que me da muy mala espina.

Sale a competir él el primero y pierde. Salgo yo, esta vez con casco, y en un combate relámpago le marco dos puntos, uno de ellos con la pierna, y gano. El tercer combate del tercero del grupo no tiene lugar porque el adversario se retira, así que nos clasificamos.

En la segunda ronda el combate de mi compañero es casi idéntico, pierde sin marcar ningún punto. En el mío me marca los dos puntos el adversario y me gana, pero de nuevo me siento muy satisfecho con mi actuación, manteniéndole a raya y estando a punto de marcarle yo. Como hemos perdido los dos combates sin hacer ningún punto, el tercero tampoco se celebra y quedamos eliminados. Me resultó muy sorprendente las veces que nos pidió perdón el compañero cambiacinturones por no haber marcado ningún punto… este chico es más raro que ni sé, porque esa seriedad no era normal…

Cuando ya por fin me cambio de ropa, veo que tengo un arañazo de lado a lado en el pecho, un moratón en la espinilla derecha que todavía sangra, dos ampollas a añadir al estropicio que ya había en la planta del pie, y que me duele bastante la muñeca izquierda. Parece que en los combates pasan muchas cosas de las que no somos conscientes en caliente. Y a pesar de todo, a pesar de haber ganado menos combates que otras veces, me siento mucho más satisfecho porque sé que la diferencia ha sido tremenda, y todo para bien. ¡Oss!

¡Gracias a Miwa por las fotos!

 


 

Un día de campeonato

 

Capitulación

  • ¿Cuántos años llevas haciendo Karate? -le preguntó el profesor al francés de ojos azules
  • En Japón llevo 21, así que unos 15 -contestó él en el japonés más acaramelado y rimbombante que he oido en mi vida- poco a poco, ne
  • Da igual -contestó el profesor- da igual que practiques otros quince porque no vas a mejorar, lo que es admirable de verdad es que sigas viniendo a pesar de todo.

Ambos, el francés y yo, buscamos desesperadamente una mueca, una sonrisa en los labios del profesor que indicase que aquello no iba en serio, pero ésta no apareció. Los cinco o quizás diez minutos siguientes los pasamos en silencio acabando la hamburguesa que habíamos pedido y que fue la primera comida que compartimos en el campamento de verano.

Ayer volvió a venir, el francés, con ese gesto de eterno disgusto, con sus extraños andares de bailarina vieja, sus ojos azules, su rostro marcado por la delgadez y sus cerca de cincuenta años en las canas. Me saludó muy serio, como casi siempre y yo le hablé un rato, porque simpatizo con él desde aquél momento, de igual manera que desempatizo, si existe tal palabra, con el profesor cuyas opiniones dejaron de tener peso para mi. Eso fue cruel, por muy francés que sea. Pensé en lo mucho que me hubiese hundido a mi, en lo fácil que es hacerme daño y deseé ser un poco como el francés, envidiando su aparente indiferencia con el mundo.

Fué miércoles, y los miércoles es el día en que Kanazawa Kancho viene. Las clases son totalmente distintas a las de otros profesores, siendo, para empezar, mucho más frecuentadas multiplicándose el número de alumnos por tres. Si las de los demás profesores siguen un orden específico: calentamiento, técnicas básicas, descanso, técnicas por parejas y katas, las de Kanazawa Kancho no. Él cambia el orden, empezamos por un kata, seguimos por técnicas por parejas y descansamos casi al final, o no. Ello, unido a sus explicaciones que van mucho más allá del mero Karate, logran recargar de energía hasta a la pila del reloj de la pared que empuja a las agujas para que giren mucho más rápido.

La clase de ayer estuvo enfocada al campeonato del fin de semana, el nacional de Japón que se celebra en el estadio olímpico de Yoyogi, el del diseño inspirado en un templo, pero el pequeño de los dos que hay. No somos muchos los que nos presentamos, así que nos hemos convertido en protagonistas de las clases de las dos últimas semanas haciendo que todo el mundo tenga que repetir los katas que hemos elegido presentar. Curiosamente no hemos hecho ni un sólo combate libre aunque es la otra de las categorías del campeonato.

De los dos extranjeros que nos presentamos, destaca el chico belga que aunque no puede venir mucho a las clases debido a su trabajo, da gusto verle moverse. Viéndonos juntos, nadie diría que únicamente tiene un dan más que yo. No es que yo lo haga tan mal, sino que él lo hace realmente bien.

Kanazawa Kancho nos enseñó una serie de técnicas de kumite, pero de las pactadas, de las de «yo hago esto y tu haces esto otro». Las practicamos con el compañero y después, nos ordenó sentarnos a todos y sacó al chico belga y a otro para que las hiciesen en el centro del tatami con todo el mundo mirando. Las hicieron perfectas. Después me sacó a mi y a un chico japones y no hice ni una bien. Las ampollas de los pies dolían el doble, los nervios no me dejaban pensar y cuanto más me equivocaba, peor lo veía. Incluso dejé de entender lo que me decía el profesor hasta que me dí cuenta de que me estaba hablando en inglés desde hacia un rato. Parecía mentira que apenas unos minutos antes las estuviese haciendo sin problemas.

Con ese desastre sobre mis hombros volví a casa. Pensé en que el sábado cuando salga a hacer mi kata, quizás me pase lo mismo y vuelva a quedarme en blanco delante de todos. Me imaginé en el examen de segundo dan sin saber si el examinador me habla en japonés o en inglés, pero sabiendo que ninguna de las dos lenguas es la mía. Ví todo negro de repente, de ese negro oscuro que entinta la razón y alquitrana la ilusión.

Y vestido de negro por dentro, paso tras otro, emprendí el camino a casa. Más cerca de mi futón que de Honmonji miré al cielo y lo ví tan cargado de estrellas que parecía mentira que fuese Tokyo. Me senté en un muro a compartir un rato con ellas y aunque de mi boca no salía sonido alguno, les hablé durante mucho tiempo sobre todo lo que sentía. Ellas me pidieron que pensara en cómo no hacía Karate hace tres años y cómo lo hago ahora. Me enseñaron un libro en el que ponía que un tal Oskar Díaz se iba a presentar al campeonato de Japón, ganase o perdiese, hiciese o no el ridículo. Me hablaron del francés, que sigue viniendo, que quizás sea verdad que no mejore, pero ahí está, desafiante e incansable. Altanero. Arrogante.

Creí entender que el color negro del cinturón es en realidad el comienzo, y que es a partir de ahora cuando hay que ir desgastándolo con cada gota de sudor hasta volverlo blanco, no importando que a veces salga mal mientras al día siguiente se vuelva a intentar. Quizás por eso, el cinturón del francés es casi blanco de nuevo, de ese blanco que encala la ilusión, blanquea la razón y se ríe de los que se ríen, sean o no profesores.

Hoy he venido a la oficina cojeando, no soy capaz de hacer el más mínimo movimiento sin que me duela algo: brazos, piernas, estómago, cuello… pero a pesar de estar más muerto que vivo, resulta que estoy más motivado que nunca y que me plantaré el sábado delante de quien haga falta a hacer lo que sé hacer.

Y todo gracias a un francés. Quién me lo iba a decir a mi.

La ikubiblia

He leído tantas chorradas sobre el tema, que he decidido arrojar un poco de luz sobre las tan mentadas diferencias entre Japón y España. Que diréis: jodé que regulero anda el Toscano, anda que no habrá posts de esos. Pues si, los hay, pero yo me he decidido, cual caballero andante, a tener la lista definitiva, el inventario indiscustible de todo aquello que nos separa cultural, gastronómica y gambiterilmente.

Además, palabra de tío Tosca, me comprometo a mantenerlo actualizado incluyendo todas vuestras revisiones y sugerencias, que serán filtradas y comprobadas meticulosamente para que lo aquí escrito sea estrictamente verídico y verídicamente aregulero.

La cosa va a ir por fascículos, a lo PlanetaAgostini iré soltando temas y los dejaré ahí sujetos al critiqueo y pejigueriamiento por parte de todos vosotros. Cortaré aquí, borraré allí y pegaré allá con lo que me digáis, y de vez en cuando soltaré otro tema. Cuando todo esté en condiciones, juntaré todas las entregas en un megapost que será

¡La ikubiblia de Japón!
:copon:

Compañeros, demos paso, pues, a la primera entrega:

De transportes y cosas con ruedas

Trenes y metros

  • Si un metro o tren llega tarde porque se ha liado alguna parda, en las estaciones de destino suele haber personal repartiendo justificantes a la gente para que los enseñen en la empresa.

  • Todo kiski en Tokyo usa las tarjetas Suica o Pasmo. Es como una tarjeta de crédito que se recarga en las estaciones y que vale para pagar metro, tren y autobús. Es IC o eso, vamos que no hay que meterla en ningún lado, basta con acercarla al sensor y ya fona. También se pueden comprar bebidas en máquinas expendedoras y en los combinis de la estación. Las máquinas expendedoras tienen una antenilla para que eso funcione. Como la cosa sólo funciona en las estaciones y alrededores, Akira y yo todavía nos estamos pegando sobre donde está la información del crédito, si en la tarjeta o en algún servidor (o en los dos). Porque si fuese en la tarjeta, no haría falta antenilla y funcionaría en cualquier lado… Valen 500 yenes y la primera vez que las compras tienes que apoquinar mil: 500 por la tarjeta, y 500 de recarga. Si las devuelves en cualquier estación, te reembolsan los 500 (no tengo ni idea de si te dan el dinero que quede o no).

  • Los empujadores existen, aunque no son tan habituales como se cree, sólo en algunas líneas y en horas punta. Por ejemplo: en la línea Inokashira en Shibuya a eso de las 6 de la tarde ahí están como campeones, y supongo que sobre las ocho de la mañana aquello será el copón de la baraja.

  • En todos los vagones de tren y metro hay asientos reservados para embarazadas, ancianos y minusválidos, y hay que apagar el móvil si uno se sienta ahí aunque nadie, o casi nadie lo hace. Además, las embarazadas llevan un colgante que las identifica, para que no tengan que andar ahí pidiendo a la gente que se levante, aunque esto si no lo cuenta Nora, yo ni me entero.

  • Dentro del tren, por megafonía van diciendo los nombres de las estaciones y las líneas en las que puedes hacer transbordo. Primero en japonés y luego en inglés. Lo curioso es que en inglés dicen el nombre del lugar pronunciado en inglés. Por ejemplo: Meguro lo dicen como «Megurouuu» a lo Aznar. Por cierto, yo estoy convencido que la chica de los trenes es la misma que la de los cajeros automáticos, la de los súpermercados, la de los autobuses y la de cualquier cacharro que hable con voz de tía (todos, hasta está dentro de mi cámara de vídeo que me habla cuando la batería se va a acabar).

  • Cuando en un tren de Tokyo parece que no cabe una persona más, caben diez.

  • Los nombres de las estaciones están escritos en japonés pero también en alfabeto romano. Las máquinas de dar billetes tienen un botón para cambiar a inglés. Ambas historias aplican en Tokyo y alrededores, a medida que uno se aleja, ya no pasa tan a menudo hasta que deja de pasar y absolutamente todo está en japonés.

  • La mejor manera de moverse por Tokyo es pasar de los mapas de líneas de trenes porque eso es un jaleo del copón, lo que hay que hacer es mirar en alguna de las webs donde pones los nombres de la estación origen y de la de destino y te dice como llegar, por ejemplo la de Jorudan, hay hasta aplicaciones para el iPhone que tienen la base de datos ya metida y no necesitan acceso a internet (dentro del metro no hay cobertura por mucho Japón que sea esto). Además si sacáis la Suica o la Pasmo, os olvidáis de tener que adivinar lo que cuesta el billete del trayecto, con la tarjeta esa entráis y salis por donde sea y ya os cobrará lo que toque.

  • Por mi propia experiencia, en las estaciones y en los trenes la gente pierde las formas: te empujan, apachurran y pisan y ahí no suele haber reverencias. Supongo que es la manera práctica de actuar cuando hay trenes tan petados en según que horas.

  • Hay personal de la estación atento a cuando llega un tren al andén, y hablan por un micrófono inalámbrico diciendo cosas muy obvias: que viene el tren, que el destino es tal y cual, que la puerta se va a cerrar, que por favor de la línea amarilla para dentro. Aunque están siempre, también hay grabaciones que se ponen y dicen lo mismo pero las suelen cortar para hablar ellos. Serían algo así como nuestros jefes de estación, pero haciendo algo más que dar billetes (que sea o no útil ya será otra cosa)

Coches y tráfico

  • En Japón se conduce por la izquierda, por el otro lao, por del revés, por donde los ingleses. Yo ahora no, pero al principio siempre me metía por la bici por el lado contrario y me llevaba unos sustos chatos.

  • Existen unos modelos de coche de menor potencia y tamaño que son más baratos y hacen el apaño. Se distinguen, a parte de porque son minicoches, porque el fondo de la matrícula es de color amarillo. Lo curioso es que los hay de todas las formas: furgonetas, camionetas, coches deportivos… pero en mini

 

  • Las puertas de atrás de los taxis se abren y cierran solas, no hay que tocarlas. Nunca se da propina, los asientos tienen bordados de puntilla y en la mayoría no se puede fumar (hay algunos que sí).

  • Los conductores de autobús tienen micrófono con pinganillo a lo Madonna, y van «cantando» las paradas. A veces, si el autobús va lleno y hay gente de pies, el conductor avisa cuando va a hacer alguna maniobra un poco brusca para que la gente se agarre bien. En una ocasión, el tío avisó cuando iba a frenar de repente porque un semáforo se estaba poniendo rojo, y además pidió perdón.

  • Los coches de la poli tienen las sirenas extensibles. Es decir, que las sirenas se elevan un cacho por encima de coche para que se vean bien, por ejemplo, en mitad de un atasco.

  • Los surtidores de muchas gasolineras cuelgan del techo, es decir, el cacharro no está en el suelo, lo que deja mucho más espacio. En Tokyo, además, en la gran mayoría no tienes que salir del coche ni para pagar, te limpian los cristales, te vacían los ceniceros y te dicen cuando no hay tráfico para que puedas salir sin problema despidiéndote, además, con reverencias.

  • En los semáforos y paradas medianamente largas, los autobuses paran el motor y lo vuelven a arrancar justo al salir.

  • Los semáforos son horizontales, de través, de lao a lao, de paquí a pallí no de parriba a pabajo

  • Algunos vehículos, como los camiones de la basura, hablan. Tienen altavoces con una voz que dice: cuidao cuidao que giro a la derecha, cuidao cuidao que giro a la izquierda y se oyen mucho.

  • Las ambulancias normalmente van con mucha precaución, vamos, que a nuestros ojos van muy despacio que parece que para cuando lleguen ya está la cosa solucionada. Y también hablan diciendo cosas como: que vamos, cuidado por favor, vamos a girar, gracias por dejar sitio.

  • Muchos conductores apagan las luces del coche si están parados en un semáforo para no deslumbrar a los peatones  y las vuelven a encender cuando el semáforo cambia y ya se van.

  • Por Tokyo, la mayoría de los conductores no paran en un paso de cebra a no ser que estés ya pasando.

  • En Tokyo no se puede aparcar por la calle, los coches siempre están en garajes o en parkings. Hay edificios enteros que son sólo parkings y que están automatizados, tu dejas el coche en un sitio y el chisme lo eleva hasta el piso que sea. Después pagas y te lo baja y te lo dejan en un sitio donde el suelo es giratorio para ponerlo derecho y que puedas salir según vas.

  • Los semáforos están muy por delante del lugar donde se tiene que parar uno y si es girando se puede pasar. Es decir, si giro a la izquierda y justo hay un semáforo en rojo, puedo tirar palante siempre y cuando no haya nadie pasando por el paso de cebra.

  • Los coches llevan una pegata para identificar a los novatos, como nuestra L, pero aquí tiene forma de hoja verde y amarilla. El símbolo resulta que se ha adoptado también para indicar lo que es fácil de utilizar («para novatos»): lo podrás ver en tiendas de electrónica al lado de modelos de cámaras de fotos, impresoras, etc…

  • También existe una L pero para los señores mayores, en esta ocasión es de color amarillo y naranja y los ponen los jubilados para que los demás los tengan en cuenta

Bicis

  • Desde hace un par de semanas te pueden meter un multón de menéate y no te agarres si vas borracho conduciendo la bici. También, en teoría, te pueden multar si vas conduciéndola con una mano (hablando por el móvil o con un paragüas), o si van dos en una bici.

  • En Tokyo es muy normal ir por la acera con la bici, nadie pone mala cara y siempre te suelen ceder el paso. Y si no, para eso está el timbrecillo.

  • No se pueden dejar las bicis en cualquier lado, hay parkings de bicicletas que suelen ser baratos. A pesar de eso, la gente las deja cerca de las estaciones arriesgándose a que les pongan multa o a que se las retiren directamente. Si esto pasa, hay que ir a un sitio a pagar por recogerla. Normalmente no te la quitan a la primera, sino que te dejan un aviso ahí pegao al manillar.

  • Existen bicis con batería que son la leche pirula. Las de los polis tienen, y la gran mayoría que he visto yo son de madres que llevan a sus hijos ahí palante y patrás. Aunque el modelo de bici que más triunfa es el «mamachari» que es la bici de paseo de toda la vida, que las hay desde poco más de 10.000 yenes.

  • Las bicis están matriculadas, es decir, te ponen una pegata con un número y te la registran a tu nombre. De vez en cuando hay controles donde te piden el carnet y comprueban que la cosa coincida (yo voy por el quinto en dos años y pico). Yo para aparcar la bici en la oficina he tenido que pagar y también tengo una pegata. En mi caso son 500 yenes al año, así que es nada.

  • Por regla general se respeta a los ciclistas, yo voy al currelo por una carretera de tres carriles para cada lado y nunca he tenido ningún susto, siempre me suelen dejar pasar y me esperan. Vamos, que me tienen en cuenta.

  • Como la bici es un medio de transporte más que un medio de hacer ejercicio o de entretenimiento, es normal ver situaciones como entrajetados con el maletín en la cesta yendo a trabajar conduciéndola mientras se fuman un cigarro.

  • Por lo mismo del punto anterior, venden todo tipo de artilugios: como cacharros para enganchar un paraguas abierto en el manillar o reposavasos para llevar latas abiertas en posición vertical. Yo llevo, además, dos luces que van a pilas, una blanca que enchufa a flashes para delante y otra roja que hace chiribitas para atrás.

 

Esperando en Shinagawa

Ayer estuve esperando a una amiga en la estación de Shinagawa. Me apoyé en una pared, me quité los auriculares y me descubrí ensimismado mirando a montones de personas que no dejaban de pasar por delante de mis ojos.

Ví cuerpos sin alma que caminaban como si morirse fuese dejar de hacerlo. Otros, sin embargo, iban iluminando la estación allá por donde pasaban con sonrisas de 1000 vatios y chispas en la mirada.

Había grupos de chicas con teléfonos móviles que hablaban a gritos entre ellas sin despegar la vista de la pantalla, y entrajetados que les miraban las piernas con descaro, y señoras con mochilas y gorros que subían y bajaban al ritmo de sus reverencias de despedida.

A mi lado había una papelera a la que alternativamente venían personas con dinero suficiente para pagar el billete y estar dentro de la estación, pero no como para comprar algo que leer, así que sacaban periódicos y tebeos rebuscando en la papelera y continuaban su camino. Sus ropas sucias y zapatos roídos no merecían apenas las miradas de los que estábamos allí, su olor, sin embargo, si.

Me giré y enfrente estaba yo reflejado en un ventanal. Me ví jóven, con el pelo más largo que nunca y pensé que últimamente me dejaba barba por bastante tiempo. En el reflejo estaban detrás de mí mis padres, él me ponía su mano derecha en mi hombro izquierdo, y ella su izquierda en el otro y me sonreían. Si me giraba no estaban, así que seguí mirando al reflejo por un rato y casí pude sentir de verdad el peso de su apoyo invisible en los hombros, esos que sirven para equilibrar la cabeza calibrando, acaso, la cordura.

Escuché risas y ví a un grupo de niños con gorros amarillos y mochilas rojas que se pegaban entre ellos mientras caminaban. Había tres chicas mayores acompañándoles. Dos reían con ellos, la otra no. Dos deslumbraban y la otra asumía el papel contrario, como si fuese el agujero negro del grupo poniendo empeño en deshilachar la alegría de todo el resto. Pensé en que si de mí dependiese, hacía tiempo que la habría despedido.

El que esperaba al lado mío dejó de hacerlo cuando aquella chica de pelo anaranjado llegó. Apenas se miraron a la cara dos segundos, pero se hicieron reverencias y se fueron caminando juntos. Pensé en que quizás eran novios, de hecho por su edad podrían perfectamente estar casados y seguro que se querían con locura, pero ni siquiera se rozaron los dedos cuando se encontraron. O tal vez simplemente eran dos compañeros de trabajo que apenas se conocían.

Alguien me estaba mirando, así que miré y era otro extranjero que estaba también esperando pero por el lado de fuera de la estación. Creí por un instante en eso de que las personas podemos sentir las miradas de otras, aunque también pensé que es simplemente casualidad como cuando miras un reloj digital y ves la misma cifra en todos los números. Mantuve su mirada justo hasta que aquella chica la interrumpió pasando entre nosotros y nuestros cuatro ojos se pusieron a caminar con ella.

Era mayor, tenía un pelo negro largo, larguísimo, que le cubría toda la espalda. Llevaba un niki blanco ajustado que publicaba su delgadez con titulares de elegancia y una minifalda que atormentaba la imaginación. Caminaba encima de unos zapatos de tacón de altura inalcanzable, como ella misma. Seguro que esta vez no fue casualidad porque mi mirada la podía notar hasta yo, así que se dió cuenta y me respondió con la suya, y me sonrió, y me iluminó el alma… me pregunto a cuantos más habría puesto a sus pies ese mismo minuto.

Me giré para intentar recordar para siempre su manera de andar mientras se alejaba, y al hacerlo me choqué con un señor mayor que se había puesto detrás de mí tal vez para hacer lo mismo que yo. Nos pedimos perdón a la vez y él se alejó unos pasos por si acaso yo me dejaba embelesar por otra y le empujaba otra vez al verla alejarse de mi.

Entonces llegó mi amiga, y me pidió perdón por llegar tarde, y dejé de ser espectador para convertirme en actor, pero de esos que se empeñan en tratar de iluminar, no vaya a ser que a alguien le dé por fijarse y yo no esté sonriendo.

 

El uso de la bici en Tokyo

Por alguna razón, cada vez que me monto en la bici me vienen a la cabeza Pantxo, Bea, Javi, Tito y hasta el Piraña silbando la cancioncita. Pero coincide que esto es Tokio y de ponerle algún color al verano, sería más bien el gris del asfalto, los edificios y hasta del cielo, que rara vez se ve azul.

Así empieza el último artículo que me han publicado en Soitu, donde trataba de contar de primera mano cómo es el uso de la bicicleta en Tokyo. Lo que me ha parecido curioso ha sido la reacción de algunos comentaristas. Yo trataba de contar cómo aquí conviven ciclistas y peatones en perfecta armonia y cómo esto es posible a pesar de no haber infraestructuras, porque todavía estoy por ver un carril bici en Tokyo. Mi conclusión era que la diferencia era meramente cultural, que no hace falta que me llenen Bilbao de carriles bici porque luego en la práctica resulta que por ahí va la gente paseando a los perros, sino que lo suyo sería que peatones, ciclistas y conductores entendiesen que es perfectamente posible coexistir siempre y cuando haya respeto mútuo.

Pero, como me temía, no estamos preparados. Y no me pongo del lado de ninguno, porque aquí soy ciclista pero en Bilbao era conductor y peatón, sino que simplemente queda bien claro que no nos respetamos y si no empezamos por ahí, mal vamos.

Quizás en Tokyo lo que pasa es que la inmensa mayoría de los peatones que van por la calle son a la vez ciclistas de diario, y claro así no hay posturas a acercar que valgan porque bien juntas y claras que están.

 


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