Bid Kids Camp

Toma ya, entre el título y la foto que le ha puesto mi profe de Capoeira al evento, esto promete!

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Esto no tiene desperdicio, hombre, se trata de una especie de campamento militar al que nos vamos a ir este fin de semana en Chiba. Yo no me pierdo ni una gaita de éstas, que me lo paso como el enano que soy, además que seguro que hace más calor que en el entrenamiento del frío aquél.

La cosa va de dormir en una cabaña en un árbol y actividades en un bosque que incluye:

– Camuflaje
– Formaciones de ataque
– Métodos de transporte
– Cómo descansar
– Cómo cruzar áreas peligrosas
– Reacción a emboscadas
– Crear emboscadas
– Métodos de ocultación en la jungla – bosque
– Lucha con cuchillos
– Lucha con las manos vacías
– Neutralizar vigilantes

Espero que sea un poco más suave que lo de la peli aquella!!

Hombre, a mi todo esto de la guerra como que me da igual, pero todo lo que sea echarme unas risas haciendo ejercicio, bienvenido que es, y si además aprendo algo, mejor que mejor!!! El que se aburre es porque quiere!

Una siesta echaban mi mamá y mi papaaaa
mamá se dio la vuelta y le dijo a papaaaaaaa….

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¡Buen fin de semana, chavales!
:gustico: :nunchakero: :gustico:

Lo mío y de nadie más

Hay momentos de ésos que están señalados en el calendario de la ilusión, que se repiten de vez en cuando y que uno espera que lleguen con ganas, casi fantaseando con revivirlos. Si miramos para dentro, seguro que cada uno de nosotros sabe en qué latidos está echando más leña el corazón haciéndonos vivir de más equilibrando esas otras veces en que se vive de pasada.

Aquí va otra de mis teorías de filósofo de prestado, la de la importancia de lo mío y de nadie más.

Pasa mucho tiempo entremedias dejamos que la almohada descanse. Días enteros con los que pelearse antes de volver a cerrar los ojos entre sábanas. El destino, o el atino al tomar decisiones, nos habrá colocado donde estamos ahora y, elegidas o no, habrá una serie de personas que forman parte de nuestras vidas. Estará la familia, nuestra pareja, nuestros amigos… y los secundarios, como la chica de la tienda de la esquina o el jefe de estación de cuya voz de pito no logramos olvidarnos. La gran mayoría del tiempo haremos lo que se supone que tenemos que hacer en cada caso y cogeremos el coche, o montaremos en un tren que nos llevará hasta la oficina donde los de siempre nos esperarán donde siempre para hacer más o menos lo de siempre.

Claro que habrá novedades, menuda vida sería si de vez en cuando no hubiese algo distinto. Se cambia de trabajo, de casa, de pareja… la situación, la vida cambia pero siempre se vuelve a estabilizar, a enrutinar. Yo diría que al final, muchos momentos del día, si no son la mayoría, nos son robados de alguna manera. Hacemos lo que tenemos que hacer, haya o no ilusión de por medio. Las horas de oficina, por ser mayoría, están arriba del todo en la lista y eso que a mi me encanta mi trabajo.

Después hay otro tipo de momentos, están esos en los que realmente hacemos lo que queremos, o lo que nos dejan, pero con la gran diferencia de que elegimos nosotros. Al día no suele haber muchos de éstos debido a que no queda tiempo libre, aunque yo siempre he sabido encontrarlos. Ahora mismo no me cuadraría un día en el que sólo hubiese trabajado, por ejemplo, e insisto en que me gusta mi trabajo (insisto, y no porque me lea mi jefe, que el hombre no sabe castellano). Y muchos momentos de este tiempo de descuento, serán compartidos con la familia, con la pareja o con los amigos. Una película, un paseo, unas cervezas con sabor a libertad que en compañía son mejores…

Dependiendo de lo afortunados que seamos, llegará un día en que compartiremos vida con otra persona y quizás hasta tengamos hijos. Nuestra rutina ya no será sólo nuestra, sino que será compartida con todos los demás: habrá momentos de felicidad que serán más felices por ser entre más de uno, habrá problemas y habrá muchos momentos sin demasiada relevancia.

Pues aquí va mi teoría: todos necesitamos algo que sea sólo nuestro y de nadie más. Algo que nos guste, que nos llene, que nos rete a nosotros mismos para que peleemos, en solitario, por superarnos de cuando en cuando, algo que nos identifique y que nos haga sentirnos más vivos, más nosotros. Porque creo firmemente que de otra manera la balanza no estará equilibrada y acabará cayendo del lado que no se suponía que debía caer, por muy bien que parezca que estaban las cosas.

O eso me parece a mí.

Y últimamente me lo parece más después de saber que mi ex-jefe ha vuelto a tocar el piano ahora que ha cerrado la empresa, o que una amiga ha vuelto a escribir cuentos para niños ahora que le han echado del trabajo después de diez años. Los dos ya han buscado un nuevo trabajo, pero también se han reencontrado con lo que la rutina les quitó y que ahora ha vuelto a ser suyo e, importante, de nadie más. Aunque en estos dos casos se haya tenido que desmoronar mucho de lo demás para provocar que mirasen a los ojos del que sale en sus espejos a ver que faltaba, o quizás había faltado siempre en realidad.

Pues sí, lo nuestro que es nuestro y debe ser sólo nuestro. Porque luego, a parte, está todo lo demás que puede ser felizmente maravilloso o un completo desastre, pero por si acaso ahí está esa constante de felicidad que hará de múltiplo de lo bueno y de divisor de lo malo en la ecuación del paso de los años en los que la otra constante siempre es la del tiempo, y a esa no hay manera de contrarestarla.

O no, véte a saber… pero mira, el caso es que a mi me viene funcionando desde no sé cuando y me acabo de dar cuenta ahora que no podría tolerar que nada ni nadie me lo quitase porque me convertiría en una versión de mí mismo partida por la mitad. Y lo sé porque ya ha pasado.

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Reabierto Tsukiji

Zalla no tiene playa,
mi vecino era bombero,
va hoy de caballa…

… el post regulero!
:regulero:

Pues si, que resulta que habían chapao el mercado del pescado de Tsukiji por dos semanas y es noticia porque lo acaban de reabrir al público otra vez desde el lunes. Yo, que no he estado todavía pero como es el post regulero me puedo tirar el moco hablando de lo que no sé a lo fantasmico, veo un poco así eso de que se metan una manada de turistas a tocar los tamagos en medio de un montón de gente que se ha pegao un madrugón del big-cup para trabajar. Imaginaos esto mismo en España… no queda ni un guiri sin apalear!!

Bueno, pues eso, que lo han reabierto pero aplicando la medida de que sólo entran las primeras 140 personas, que la cosa iba ya por los 500 diarios, y las puertas se abren a las cuatro y media de la mañana y se cierran sobre las cinco y cuarto. Habrá que ir un día de estos, aunque me parece a mi que como no hagan una sesión de tarde…

httpvh://www.youtube.com/watch?v=UQvhSlNtqEk

¿Habéis estado en el Tsukiji legañero?
¿la gente la liaba parda o se estaba quietecica?
¿fuiste de madrugón o de gambiter mode?

Fuente: Newsonjapan.com
Tiempo empleado: 10 minutos porque va con preguntas incitacomentarios del final y no se me ocurría ninguna al principio

La chica de Enoshima (III)

Continuación de La chica de Enoshima y La chica de Enoshima II


Con cierta sensación de vergüenza por la tos, dejé de fumar. Si alguna vez he tenido estilo en algo, desdeluego no ha sido fumando, y me alegro por ello; no es un hábito que quisiera tener, se nota que no sé y después de algunas caladas me reafirmo en no querer. Lo que no entiendo es porque de vez en cuando me apetecía tener que reincidir…

Las estrellas se habían ido a otra noche y el mar sólo sonaba. Pero a ella se la podía distinguir bien, la misma chica que hace unas horas asustaba gatos, ahora velaba olas en compañía de nadie. Como yo.

Alguien se le acercó. Era otra chica, una amiga que se sentó junto a ella durante un buen rato. El mismo rato que yo tardé en vaciar la última lata de cerveza que me quedaba sin abrir y calzarme de nuevo dispuesto a cortar el sueño con tijeras.

Como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, nos levantamos los tres a la vez y empezamos a caminar en la misma dirección, y cuando yo estaba tirando las latas a los contenedores de la puerta de la tienda, ellas entraron dentro. Su amiga era más alta, con la piel más morena pero esa misma pinta de desaliño adrede, con el pelo de cualquier manera y vaqueros rotos colgando, como si no hubiese cintura ahí debajo que los sujetase.

De nuevo el escándalo; risas y gritos que venían desde la sección de alcohol de la tienda y se escuchaban desde fuera, y eso que sólo eran dos.

Así, de sopetón, me agobié. Me dí cuenta de que si no empezaba a coger trenes, iba a tener que estar allí sólo toda la noche y el plan de estar en el banco mirando al reloj cada diez minutos no me acababa de cuadrar, así que empecé, resignado, a andar hacia la estación. Malditas las ganas que tenía de irme.

Por el camino escuché música que venía desde el mar. En medio de la oscuridad, una serie de casetas iluminaban la playa a modo de refugio de los que, como yo, no teníamos muy claro eso de que las horas que quedaban tuviesen que ser para dormir.

Me acerqué y descubrí una especie de plaza artificial repleta de mesas y sillas de plástico rodeadas de restaurantes y bares improvisados con cuatro maderas y mucha pintura. En total no habría más de treinta personas que bebían y bailaban con Bob Marley que sonaba a todo volumen entre olores de carne asada, salitre y alcohol.

Una coronita en botella, con su limón, era bastante más prometedor que mi banco de jugar a fumador, así que allí me senté más que dispuesto a olvidarme de recordar.

Hellooooo -me dijo alguien más o menos sobre la segunda cerveza, y cuando me giré había tres chicos también con Coronitas que me sonreían tratando de entablar conversación.
Hi -contesté sorprendido
Are you alone? please, come with us -me dijo otro señalando un lugar un poco más apartado donde habían juntado dos mesas alrededor de las cuales habría como siete u ocho personas más
Ehh, I feel shy, really?
Yes yes, please come come !! we invite you

Y como andábamos parejos de borrachera, me fui con ellos.

Sin saber cómo, me encontré sentado en medio de un montón de personas que no dejaban de hacerme mil y una preguntas mientras se aseguraban de que hubiese siempre algo que comer y una Coronita con limón que vaciar entre puntos que siempre eran y seguido, nunca finales. Hablamos de chicas, españolas y japonesas, de idiomas, de chicas, japonesas y españolas, de trabajos, de ropa, de chicas, de culturas opuestas y costumbres que iban de la mano… y el caso es que me pareció que todos salimos ganando.

Como no me dejaban pagar, yo aprovechaba uno de cada dos de mis viajes al baño para pedir más comida y más bebida y hacer que la llevasen a las mesas sin que Miwa, la camarera de cuyo nombre me sigo acordando gracias a esa minifalda verde, dijese de dónde venían. Al volver de mi segundo o tercer viaje de los pactados y sentarme en mi silla de plástico ennegrecido, me dijeron, entre risas y palmas, que no se me ocurriese pagar ni un yen más, que yo era su invitado y que para la siguiente pagaría como todos, pero no esa noche. Y mientras yo jugaba a que me hacía el ofendido, vi que la chica de Enoshima y su amiga venían directas hacia nosotros con sus bolsas del combini, sus pelos distraídos y su griterío que hacía enmudecer al mismísimo Marley de los altavoces.

Aquí viene Mika, por fin -alcancé a entender, y un par de chicos fueron corriendo a ayudarles con las bolsas y darles la bienvenida
She is our friend, she is coming with snacks and shochu, do you know shochu? -me dijo uno de mis nuevos amigos
Yes, and I also know her, she was in Enoshima this afternoon and she scared my cat -dije yo mientras devolvía el guiño al destino.
She did what? -dijo sin hacerme demasiado caso
Hahaha, nothing nothing

Entonces nos presentaron, yo era «el extranjero de España al que le gustaban las japonesas porque hablaban muy dulce», entre otras muchas facetas mías que yo mismo desconocía, y ella era Mikachan.

Esa noche no pude retener más nombres. Estaba Miwa, mi camarera aliada de minifalda verde.

Y Mika, la chica de Enoshima.

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Concluye aquí…

Japan – The Strange Country

Hace unos dias un amigo me pasó el enlace a una animación sobre el Japón actual que me pareció chulísima. Está hecha por un diseñador japonés llamado Kenichi Tanaka como proyecto de final de su tesis, y estaba disponible en japonés y en inglés. Digo «estaba», porque la versión en inglés ya no lo está por alguna razón. A mi me pareció tan interesante y bien hecha que le escribí preguntándole si me dejaba traducirla al castellano, pero no me ha contestado, así que me he decidido a publicar la versión japonesa que creo que se entiende bastante bien aunque no se sepa japonés.

Actualizacion!! habemus vídeo en inglés gracias a Aran!

httpvhd://www.youtube.com/watch?v=rgsbIfI0uIg

Ahí va la versión japonesa original:

Japan – The Strange Country (Japanese ver.) from Kenichi on Vimeo.

Gracias Sergio por el enlace!


Yo quería tener un amigo negro

De verdad que llegué a ilusionarme con esta idea.

Yo quería tener un amigo negro cuando era pequeño, pensaba que sería algo bonito: tener un amigo de otra raza que seguro que iba a ser igual que yo aún mientras todos parecían asumir que era distinto. Tenía esa ilusión, mira por donde, la de conocer a una persona negra, saber si sienten de otra forma, si son de otra manera.

Y no llegué a tener uno de verdad hasta que llegué a Tokyo: Eric, pero no fue como yo pensaba que iba a ser. Tenía la idea de que iba a ser algo extraordinario, algo de lo que fardar delante de los amigos. Pero no, fue el caso contrario, cuando llegué a la empresa, los «blancos» éramos minoría. Lo que son las cosas, tuve mi primer amigo negro en Japón, junto a japoneses, americanos y chinos. Además coincidió con la temporada en la que mi novia Eri era japonesa, era como si de repente ya no importase en absoluto eso de las razas o las nacionalidades… un Zalluco con novia de Nagano que era amigo de un chico senegalés que creció en Francia viviendo todos en Tokyo. Lo cierto es que siempre ha dado igual, por muchas historias que me montase yo con mi mente de pueblerino de kiosko en la plaza y pipas en un banco de madera al lado del frontón.

Aquella noche fue especialmente especial: después de una cena con la empresa nos acabamos quedando solos Eric, francés senegalés, Roxanna, canadiense de padres chinos, Akira, japonés de Yokohama, Eri, exiliada de Nagano, y yo de Zalla, el pueblo de unos diez mil habitantes de al lado de Bilbao. Y yo era el único de mi raza, el único blanquito, el resto eran asiáticos y africanos… y a mi me pareció bonito aunque no supe expresarlo por mucho que lo intenté cervezas mediante. Todos distintos y todos iguales, al fin y al cabo.

Compartíamos inglés, claro. Por fortuna, Akira y Eri habían pasado años en los Estados Unidos, con lo que destilaban acento y gramática frente a mi pronunciación de vídeos de Muzzy. Eric era y es negro, raro como él sólo porque es francés, pero negro, tal y como yo quería que alguno de mis amigos lo fuese en mis sueños de chaval de pueblo de jugar a canicas y bicis de cross de manguitos de velcro en el manillar.

El caso es que lo fui, su amigo, al menos durante año y medio llegamos a conectar, y lo cierto es que después del primer mes dejó de importar eso de tener la parte de arriba de las manos de otro tono o el grosor de los labios. Yo quería tener un amigo negro y conocí a Eric que daba igual de que color eran sus mejillas, como daba igual que Eri fuese japonesa y que Akira viniese de Yokohama. Supongo que tan igual daba como que yo vivía encima de la librería Pagazaurtundua apenas unos meses antes y que tuviese el doble de barba o dos veces mas larga la nariz.

Así que de repente, con 31 años, ya era amigo de un chico negro, de un chico japonés y mi novia era japonesa. Pero, cuidado, que resulta que todos hablábamos inglés más o menos, todos teníamos nuestros sueños por la noche y nuestras esperanzas de después del amanecer.

Yo quería tener un amigo negro.

Y lo tuve, y el color de sus muñecas, el grueso de sus labios, el contraste con las palmas de sus manos era tan irrelevante que me sentí el más tonto de los tontos del mundo.

Pero yo, de verdad, de corazón, quería tener un amigo negro.

Días extraños

Días en los que no hace ni frío ni calor, ni deja de hacer ambos, horas raras que parecen pasar sin ganas junto a otras que son segundos. Desde que trabajo desde casa, todos los días vienen con la misma cara, pero yo acepto el desafío de cambiársela haciendo trucos de magia a la rutina. Cambio horarios de Karate, de Capoeira, voy por las mañanas, trabajo por las noches y al revés o cocino cosas nuevas… todo con tal de que un día no sea igual que el anterior o me volveré loco aquí solo.

Japón está por la parte de fuera de las ventanas, anécdota irrelevante cuando uno está en su casa dándole a las teclas. Ya no hacen falta combinis, ni trenes con legañas, ni pañuelos de propaganda, ni ruidos de Pachinkos, nisiquiera cervezas de antes de volver porque ya no se sale, siempre se está aquí.

Raro es ya dar los buenos días a alguien en estos días raros donde no hay nadie.

Claro que tiene sus ventajas, sería tonto si no las viera y bobo si no las aprovechase. Hace mucho que no peleo contra el sueño delante del ordenador aparentando saber lo que estoy haciendo, si esto pasa, duermo, aquí mismo a un par de metros de la mesa, y me despierto fresco para seguir. Cada hora me levanto de la silla y preparo otra tetera, y hago algo de Karate delante de los espejos, o un poco de pesas, o trato de que me salga alguna voltereta nueva de Capoeira, es mi versión personal de «ir al café». Si en esto de programar se me complica algún problema más de la cuenta, me pongo el pantalón corto y un niki y me voy a correr por mi barrio, o hasta Honmonji y normalmente al volver veo la solución justo delante de mí.

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Ahorro dinero, mucho, en transporte y en comida, y además estoy comiendo mucho más sano: no hay visitas al combini a por comida prefabricada, hay visitas a mi nevera repleta de fruta o al cocedero de arroz siempre medio lleno, ahora mis tentempiés son cuencos de arroz y manzanas en vez de sandwiches o patatas fritas. Y no me dejo cerca de cuatrocientos yenes cada vez y mi cartera y mi cuerpo lo notan, y bastante.

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Pero también hay desventajas; la primera y más importante de todas es no ver a nadie en casi todo el día, hay veces que se siente triste que después del desayuno uno se plante ya en la mesa hasta bien entrada la tarde sin articular palabra. El sólo hecho de ir por las mañanas a la oficina ya tenía implícito el contacto humano… ya no hay miradas que se cruzan ni voces de fondo.

También he perdido el contacto con la actualidad: apenas veo la televisión, pero a nada que me acercaba al centro podía ver qué se estaba cociendo gracias, sobretodo, a los carteles de publicidad y a las televisiones del tren. Mis destinos entre semana no van más allá del supermercado y los dojos, y ambos están a menos de 15 minutos de mi casa así que ya no voy con la cámara de fotos en el bolsillo del pantalón porque no hay novedades que retratar y contar.

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Así que son días extraños. Días centrados en tres actividades sin apenas interferencias: trabajo, Karate y Capoeira.

Bien mirado, si hace unos años me hubiesen dicho que iba a vivir en un piso en Japón, que iba a trabajar programando desde casa, y que iba a poder ir todos los días, a veces incluso dos veces al día, a clases de Karate en uno de los lugares del mundo donde más saben del tema… no me lo habría creído. Y lo de Capoeira ni te cuento.

No dejan de ser horas como ajenas a mí que seguro que dejarán de serlo pronto y yo las echaré de menos porque, de mientras, me he puesto en la mejor forma de toda mi vida mientras que el trabajo sigue adelante quizás más rápido que cuando iba a la oficina.

No me quejo, no me quejo en absoluto, es cuestión de acostumbrarse. Pero sí que tengo un favor que pediros: si conocéis a alguna así como para mi que venga de vez en cuando a leerme un cuento…

Natto con miel

Si tuviera un caballo, lo llevaría al abrevadero, pero como no lo tengo…

¡¡ va post regulero !!
:regulero:

¿Os acordáis del cancarro de natto que me zampé ahí en vivo y en directo?, bueno en realidad me zampé dos, y otro que va a caer en cuanto acabe de escribir esto. Pues el caso es que en la tele el otro día lo mezclaron con miel porque decían que estaba muy bueno, pero se forma ahí una pastaca babil digna de asfaltar calles:

Al final la tía dice que sabe a «natto dulce», ese nuevo sabor lo tengo que probar yo… prometo ikuvídeo!!! pero eso será la semana que viene, que el post regulero de hoy ya está finiquitao.

Fuente: Japan Probe (el blog sobre Japón que como lo cierren, cierran cincuenta más)
Tiempo estimado: 5 minutejos (empleados en su mayoría en pensar la chorrada del primer párrafo)

¡¡ Buen fin de semana !!
:gambi: :vainas: :gambiters: :vainas: :gambi:

Alter ego

Dice el blog del Jordi Hurtado que álter ego es:

Persona real o ficticia en quien se reconoce, identifica o ve un trasunto de otra

Si tenemos en cuenta que trasunto por lo visto significa algo así como imitar, más o menos se ajusta a lo que yo creía… vamos a ver si soy capaz de explicarme.

Cuando yo andaba por segundo de BUP decidí apuntarme a Karate más que nada porque no había muchas actividades más que se podían hacer en mi pueblo. Pasó un poco lo mismo que me estaba pasando en Capoeira: de no tener ni idea, de ser más torpe que Mr. Bean con zapatos de tacón, alcancé mi primer punto de inflexión a base de tesón y a partir de ahí llegaron todos los demás. Hay cosas que nunca llegué a poder hacer, y otras que dominé sin problema, pero siempre tengo presente que el primer año fui un patán como lo es absolutamente todo el mundo que empieza algo.

Había dos clases; a partir de las ocho de la tarde se juntaban los mayores, pero una hora antes estábamos nosotros que no éramos críos pero tampoco grandes del todo. El caso es que con el paso de los años hicimos un grupo con los habituales e incluso quedábamos los sábados por la mañana para entrenar por nuestra cuenta, aunque lo cierto es que siempre acabábamos haciendo el tonto pegándonos entre nosotros. Yo aguanté en esa clase muchos años, me resistí mucho a pasarme a la de los mayores pero no era porque éstos me diesen miedo, sino porque en la de las siete había encontrado a mi álter ego: Dani, el que es uno de mis mejores amigos, era un compañero-rival, alguien que aún teniendo los dos más o menos el mismo nivel, siempre me ganaba en las competiciones o siempre se sabía un kata más. Era el que me obligaba a esforzarme, a espabilar, a superarme con ganas para que no me superase él a mí. Con los años acabamos pasándonos los dos a la clase de los mayores y la cosa continuó: compañeros de Karate, rivales en el tatami, amigos siempre.

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Bien, pues resulta que aquí ya me he buscado inconscientemente mis álter ego en Capoeira y Karate. Sin quererlo, ya he fichado a las personas que creo que tienen el mismo nivel que yo y con las que compito cada minuto de las clases que coincidimos por hacerlo mejor que ellas. En Capoeira está el chico negro que hace mejor que yo las volteretas, pero que no es capaz de pegar patadas en condiciones, pues ahí estoy yo haciendo siempre una voltereta más que él hasta ponerme a su nivel. En Karate está el chico japonés que no tiene apenas fondo, pero que se sabe todas y cada una de las técnicas de kumite que yo me estoy intentando aprender desde hace tiempo. Ayer coincidió que en la clase hicimos esas mismas técnicas, y yo seguía sin sabérmelas mientras que él las hizo perfectas, pero también hicimos combate y yo le gané porque él no podía con su alma. Se podía notar en el ambiente el coraje que uno u otro ponía en según que situación por alcanzar el nivel del contrario.

Así que mi teoría del álter ego es que es imprescindible saber elegir a la persona con la que medirse en lo que hacemos, para saber si lo estamos haciendo bien, para evolucionar al ritmo que marcamos los dos gracias a esa sana rivalidad nunca confesada, para que cada gota de sudor brote con un objetivo concreto cada vez y seguir aprendiendo con rabia el uno por culpa del otro.

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El punto de inflexión

De las cosas que más presentes tengo últimamente es que el tiempo pasa burlón al doble de velocidad de lo que pensamos. Supongo que el hecho de que el visado me caduque el año que viene y éste sea un punto que no tengo resuelto todavía, tendrá mucho que ver. Y el caso es que darme cuenta de ésto hace que intente exprimir los días al máximo, pero claro, sin faltar a mis responsabilidades. Vamos, que trabajo desde casa, y me sigue sin gustar, pero aprovecho la situación para combinar mejor los horarios de Karate y Capoeira y ésta semana, por primera vez, he podido ir a tres clases de cada uno. Una distinta cada día y las dos el viernes.

Ayer por la mañana cogí la bici y enfilé la cuesta que me separa del Dojo de Capoeira. Hacía mucho frío y confieso que me costó mucho salir de casa, pero ésta semana me la había planteado así y no quedaban más huevos, ya descansaré en el cementerio. Llegué con la nariz congelada, y cuando me estaba quitando los zapatos, Takeshi me recibió con gesto extraño pero amable:

– Ala, pues si que es raro que vengas por la mañana!! ¿hoy descansas del trabajo?
– No, es que como trabajo desde casa, me venía mejor venir a esta hora, ya me quedaré después hasta las tantas de la noche

Takeshi es otro de mis profesores de Capoeira, un chico de mi misma estatura que vivió en Nueva York unos años por lo que habla inglés, seguro que más y mejor de lo que pretende hacernos creer. Suele llevar una gorra que le da cierto estilo sesentero, y, que me perdonen los demás, en la roda se mueve como nadie.

La clase del martes fue un desastre, no fuí capaz de hacer nada a derechas. Pero en la de ayer alcancé lo que según mis teorías he bautizado como el punto de inflexión. Es el punto a partir del cual todo empieza a salir, así sin ninguna explicación, sin más, de repente sabes hacerlo y ni siquiera piensas en que una semana antes era imposible. Pues ayer sucedió, no fué brillante, no fué espectacular, simplemente supe realizar los movimientos que me habían explicado mil veces y que mi cuerpo se negaba a aceptar. Alcancé el punto de inflexión.

Una vez leí en algún sitio que todo está en nuestro cerebro, que cuando se empieza una actividad nueva, inmediatamente las neuronas empiezan a establecer conexiones aquí y allá, que no es más que el proceso de aprendizaje. A unas personas les cuesta más, a otros menos, pero el proceso está ahí y lleva su tiempo. Y si uno insiste, si no nos rendimos, llegará un momento en que, sin pensar, sabremos hacer lo que llevamos meses intentando.

Por supuesto, está el factor físico, y más en el caso de Capoeira o de Karate: el cuerpo necesita su entrenamiento, los músculos necesitan acostumbrarse a los nuevos movimientos, coger fuerza, elasticidad, fondo. Pero es que ésto mismo pasó en la ceremonia del té donde el físico importa más bien poco: un día todo sale del revés y de repente, al día siguiente, era capaz de seguir los pasos sin ningún problema, de recordarlos, o dicho de otra manera: las conexiones entre mis neuronas por fin llegaron a un estado que me permitían realizar la ceremonia con un nivel aceptable.

Pues ayer, después de medio año, por fin fuí capaz de no ser estático, de no ser Karateka, aprendí a olvidarme de lo mío, y supe hacer lo que Takeshi me enseñó como debería hacerse. No fué que de repente lo hiciese genial, no lo hice perfecto y seguro que muy lejos de estar bien, pero yo supe que había alcanzado el primer punto de inflexión de todos los que vendrán a partir de ahora. Se sabe que se ha llegado ahí porque algo cambia, el cuerpo ya sabe por donde tiene que tirar y se deja de pensar para simplemente hacer, y se siente un llenazo por dentro, se empieza a disfrutar de lo que se hace. Dos días antes fue imposible. Dos días después las neuronas se sincronizaron con los músculos y todo funcionó de sopetón, como si entre sueño y sueño siguiesen ahí a lo suyo hasta que se acabó de entender el asunto por si sólo.

Y esta, señores, ha sido mi teoría sobre el punto de inflexión, que no viene a decir más que «el que la sigue, la consigue» a lo Toscano. Cada vez me creo más que que se consiga o no es cuestión de dejarle tiempo al coco para que haga sus trapicheos aquí y allá. O no rendirse a la mínima, vaya.

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Milseisversario

Tres años y pico viviendo sólo en un recoveco de Tokyo. No siempre, a veces, las menos, acompañado por temporadas.

He sido salaryman, ciclista, fotógrafo, amigo, escritor, feliz a deshoras, karateka, pobre, bailarín, actor, miserable a destiempo, capoeirista… profesor de nadie, experto de nada, estudiante de todo.

He hecho amigos y enemigos. Han aparecido amigos de la infancia que han sabido donde estoy y de repente eran el doble de amigos por una semana, y luego desaparecen de nuevo para siempre. Hay enemigos, no míos sino yo de ellos, que ni me conocen y ni falta que les hace para ejercer de tales, por lo visto.

A otros parece ser que les he defraudado, supongo que esperaban algo de mí que no pude dar y me han tachado de su lista, así, sin avisar. Total, es más fácil ejercer de defraudado que de defraudador, o a mi me sería más fácil. Ya no te ajunto, y a por otro que la vida son dos días y un atardecer como para andar pensando en sentimientos ajenos.

Vamos, que no me faltan esas otras historias que contar: historias de malas personas, de amores de mentira que acabaron en desastres de forma y sin contenido, de traiciones ingratas a rabiar, de envidias por la espalda y falsedad por la frente, de promesas de sopicaldo y aguachirle de esas de regalar los oídos primero para hacer oídos sordos después. Cuentos e historias para no dormir que no entienden de sexos, nacionalidades, culturas ni estaturas. Malas vivencias a desvivir a base de amontonar buenas nuevas encima.

Pero esas, ¡ay amigos!, esas me las guardo para mí.

Ojo, me las guardo poco tiempo, que si algo he aprendido después de tres años mirándome el ombligo, más que nada porque no había otro al que mirar, es a no malgastar mi tiempo con naderías. Aunque de vez en cuando haya que hacer hueco con un ¡allá cuidaos!, que ya iba tocando, para seguir con mi tejemaneje, que hay que ver lo que son las cosas, que yo lo que quería era contar que hace 6 entradas que pasé de las 1000, y mira que pataleta me ha salido…

Pues eso, 1006 historias contadas, y casi ninguna de las malas.

Hay que ver.

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Bajo los cerezos

Bajo los cerezos me dijiste que te casarías conmigo, que vendrías a conocer a los míos, que aprenderías a decir que me quieres en castellano para que yo lo entendiese de una vez por todas y dejase de dejar de decírtelo yo a ti.

Bajo los cerezos nos miramos a los ojos y diluimos tristeza y felicidad en cada lágrima que el primer viento de la primavera se encargó de secar mientras nevaban pétalos de color dulce que se nos posaban como sin querer.

Bajo los cerezos bebimos y nos bebimos, nos callamos cosas de más y exageramos sentimientos de menos, nos abrazamos durante tanto tiempo que parecían años y aún hoy todavía noto una mano en mi espalda y otra en mi pelo, como si todavía fuese antes y no hubiese el después que es el ahora.

Bajo los cerezos me volviste a decir que me querías y te juro por mi alma que ésa vez sí que intenté responderte, pero mis labios no fueron capaces de encontrarse con el corazón y sólo me salían suspiros.

Bajo los cerezos te dije adiós y tú me hiciste prometerte que nunca más usaría esa palabra y te despediste con un hasta luego, aunque los dos sabíamos que pasarían años antes de que pudiésemos volver a decirnos una u otras.

Bajo los mismos cerezos camino cada noche ahora que todavía están en flor. Como hice contigo antes de que te fueses a América.

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Yozakura

Yasukuni es el templo polémico éste de los héroes/criminales de guerra, según quien lo mire. Es un lugar muy típico para hacer hanami y no creo que sea porque hay muchos cerezos, sino porque hay mucho espacio y lo tienen tan bien organizado con un montón de puestos y mesas, que no hace falta llevar nada. O eso me parece a mi.

El caso es que el otro día me pasé por la noche porque sabía que al lado hay unas vistas preciosas, y tuve la suerte de que no estaba tan lleno de gente como otros años así que me dí el gustazo de sacar el trípode y tirarme un rato sacando fotos sin molestar demasiado.

夜桜, Yozakura, está compuesto por el kanji de noche y el de sakura. Tan simple y tan bonito…

O eso me parece a mi.

Cereceando

Si nos fiamos del termómetro traidor y mentiroso, se puede decir que hoy ha sido el primer día de primavera de éste año en los Tokyos lirondos, y, lo que son las cosas, ha resultado ser un día desastroso desde por la mañana. En fin, sin dar explicaciones de sobra, digamos que he cumplido lo que tenía que cumplir y que ya he cubierto el cupo impuesto por Santo Tomás, así que pasemos página y saltemos charco, que mejor mirar para adelante que arrepentirse para atrás.

Total, que como a lo blanco de las flores le queda muy poco de reinado porque las hojas verdes ya se empiezan a hacer fuertes, he decidido intentar sacarle algo de provecho a las respiraciones que me quedaban despierto y, trípode al hombro y congoja a la espalda, a la calle me he ido a ver cómo de bien soy capaz de sacarles fotos de noche a los cerezos de mi barrio.

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Tate que en esas estaba, en lo de darle a la ruedita para que las rayas de la luz se quedasen detrás de la del centro, cuando viene un señor de unos cuarenta años con una Kirin sin abrir en la mano, una sonrisa de piano y varios grados de alcohol en la mirada.

– Please, drink it
– Oh, arigato gozaimashita
– Ala toma ya lo que escucho, ¿hablas japonés?
– Ná, un poquico sólo pa defenderme
– Oye, vente con nosotros que estamos ahí de hanami

Hay días en que ser la atracción del lugar no es lo que más me pone, pero también es cierto que lo de rechazar cervezas lo llevo muy mal, así que le sigo a un banco cuatro o cinco cerezos mas para allá. Digo yo que molaría que éste hombre tuviese veinticinco amigas dispuestas a descubrir mi caballerosidad y atractivo implícitos, tácitos e inherentes, pero en lugar de eso me encuentro a otro señor de más o menos la misma edad allí sentado enfundado en un mono de obra con menos sex appeal que Sancho Panza con ojeras.

– Ahí estaba sacando fotos con el trípode que si mira y apunta, que si apunta y dispara, y le he invitao a que venga -dice el señor 1
– Anda la leche, pues si, mira tú que cosas que aquí estamos mientras vamos -o algo parecido dice el señor 2
– Hola -digo yo mientras abro la lata y decido que me da igual todo, que la cerveza me la voy a beber muy a gusto se pongan como se pongan los tópicos, los cerezos, las isobaras y la NASA.

A partir de ahí, un poco más de lo mismo vivido mil y una veces ya: que si de donde vienes, que si flamenco y F.C. Barcelona, que si en qué trabajas, que si nihongo umai. Yo, lata en mano, mantengo la conversación casi sin pensar hasta que la cosa se pone interesante.

– ¿Pero tú porqué tienes esa napia tan grande? -dice el señor 1, a partir de ahora conocido como AL (aproximador con lata)
– Pos porque ha nacido así, anda que tienes cada pregunta que Kannon tirita -dice el señor 2, a partir de ahora conocido como SM (señor del mono)
AL: – jaja, también es verdad, yo no puedo explicar porque tengo esta cara tan rara
SM: – ni tú ni nadie
Yo: – jajajaja
AL: – míralo cómo se ríe!! ostras, cuéntale lo del mando a distancia
SM: – jajaja, ¿se lo cuento?
AL – si si, cuéntaselo que seguro que se ríe
SM: – vale, pues aquí Matías según le ves el otro día fué al curro con el mando a distancia de la tele pensando que era el móvil
Yo: – jajaja, ehhhh, jodé !!! jajajajjaa
SM: – tiene huevos!! porque tu me dirás un mando a distancia de una tele en qué se parece a un móvil!! ni el tamaño, ni pantalla…
Yo: – jajajaja, me imagino ahí cuando sacas el mando en plan: voy a llamar a casa, jajajajaja
AL: – miralo como se descojona!!! imagínate!! yo que saco el mando ahí y digo: are?, y luego llego a casa y mi mujer toda preocupada porque se había perdido el mando y no sabía cambiar la tele… no se lo conté nunca!!, hice como que lo encontré debajo de unas revistas!!!
SM: – si es que aquí AL es de lo que no hay
AL: – ¿tu conoces a alguien al que le haya pasado ésto?
Yo: – pues no, jajajajaja
AL: – esto sólo pasa en Japón
SM: – ¿qué Japón ni Japón? ¡¡ esto sólo te pasa a tí !! habrá una persona como tú de cada 10.000!!
Yo: – jajajaja -descojonándome a lágrima viva ya

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Me sigo riendo por un rato largo, esto me pilla con dos cervezas más y no paro de llorar de risa hasta el tsuyu.

SM: – Así que España, ¿ein?, pues yo una vez estuve en Francia y me parecieron muy fríos
AL: – ¿Si? ¿son fríos los franceses?
Yo: – Buff, los franceses dice…
SM: – Si, como ahí súper arrogantes todos que te miran por encima del hombro
AL: – Pero las baguettes están muy buenas
SM:– ¿qué tendrá que ver?!?!?!? perdona, ¿eh?, éste tío es raro, de verdad que no es normal, los japoneses somos mucho más normales, las baguettes dice,
Yo: – buajajajajajaja -ya he llegado al punto de no retorno, imposible parar
AL: – ¿tu te depilas las cejas?
Yo: – ¿el qué?, jajajaja
AL: – que si te depilas las cejas, yo me depilo aquí el entrecejo para que se vea que hay dos

Yo estoy gameover desde hace un rato… me duele todo ya de tanto reirme, pero saco fuerzas de yo que sé donde y le digo que no.

AL: – pues yo no me los depilaba, ni los pelos de la nariz, pero mi mujer me obliga a que me los corte y a mi me da como pena
SM: – ¿cómo te va a dar pena cortarte los pelos de la tocha? ¿pero qué me estás contando? a veces me pregunto porqué soy tu amigo!!!
AL: – que sí que me da pena, porque cuando tienes los pelos de la nariz largos se te caen menos los mocos en invierno, ¿cómo se dice moco en español?
Yo: – jajajajajajajaja, Dios!!!!, jajajajajaja, pues «moco»
AL y SM a la vez: – Moco! jajajaja, vaya palabra más graciosa!!!

De repente al SM le llega un mensaje por teléfono, se pone serio y le dice al AL que mejor ir enfilando para la estación, entonces me dan las gracias y me dicen que saque fotos chulas ahí, que a los cerezos le quedan dos telediarios, y que duerma bien.

Yo me vengo para casa, me quito los zapatos y, previo paso por el baño, me siento delante del ordenador deseando escribir esto que me acaba de pasar para que no se me olvide que no importa lo puerco que se presente el día, lo mugrientas que se vean las cosas… que tiene solución… ¡¡¡seguro!!!

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La liada del Freshness

Esto pasó hace mucho tiempo cuando Bea y yo estuvimos en el año 2001 por los Tokyos. No recuerdo si fué exactamente un Freshness pero sí que sé que no era un McDonalds, y tampoco tengo muy claro en qué barrio estábamos aunque me suena que fue cerca del estadio de Sumo de Ryogoku.

El caso es que pedimos un par de menús de los típicos con sus hamburguesicas, sus patatas y sus bebidas que nos sacaron en la bandejica esa. Yo, que soy un caballero de los que no quedamos, me dispuse a subir las escaleras con la bandeja en la mano cuando me tropecé y tiré todo a tomar por cleta. La lié parda, la bandeja por un lao y yo por otro… no me llegué a caer, pero dejé una bonita alfombra de patatas, desparramiento con ketchup de carnaca de hamburguesa, hielos y mucha mucha cocacola por todo el lugar, incluyendo paredes.

Recuerdo que me quedé blanco, que había un grupo de japoneses en una mesa que se descojonaban a carcajada limpia señalándome y que en lo que me quise dar cuenta tenía a dos o tres empleados del local limpiando el cristo que había montao. Mi primera reacción fue disculparme, claro, y la segunda ponerme a recoger con ellos para salir de allí lo más rápido posible y tratar de que mi cara recuperase su color blancuzco habitual. Para nuestra sorpresa, uno de ellos no me dejó limpiar nada, nos dió un número y nos condujo hasta una de las mesas de la planta de arriba dándonos a entender que no pasaba nada, que no nos preocupásemos. Al de un rato nos subió exactamente el mismo menú que habíamos pedido, y que yo había escanciado tan cordialmente por todo el local con mi entrañable salero moreno. Saqué la cartera para pagarlo de nuevo, pero no me dejaron, era como si no les cuadrase que quisiese pagar lo que no había podido comerme.

Nos zampamos el tinglao, seguro que a todo meter, y cuando bajamos las escaleras, que ya estaban limpísimas, yo me disculpé de nuevo pero todo eran caras amables. El grupo de japoneses que se descojonaron, se seguían descojonando señalándonos pero en plan majos como diciendo: «hay que ver el circo que has liao ahí en un momento, mozalbete chatuno!!!»

Mira por donde que a pesar de haber montao la de San Quintín, nos fuimos para casa con una sonrisa de oreja a oreja. Y así fue como nos dimos cuenta, a lo Steve Urkel, que era verdad eso que contaban de que en Japón el servicio era de otro planeta.

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La mejor foto de Diciembre

Mis segundas navidades lejos de casa, la segunda vez en mi vida sin juntarme con los míos en fechas quizás sobrevaloradas pero que son una buena excusa para volver a ver a las personas que uno quiere y que, en nuestro caso, poco tienen que ver con Jesucristos y Vírgenes Marías.

Otro año en el que yo no iba a hacer lo que todo el mundo, aunque nunca me imaginé que iba a pasar la Nochebuena en la casa antigua de los padres de una amiga en los montes de un pueblo perdido no demasiado lejos de Tokyo.

Cocinamos en el fuego del medio del salón, morimos de frío dos veces cada hora resucitando una a base de té, nos contamos historias de amigotes, de locuras, de amores, de reír y de llorar, nos emborrachamos muchas veces seguidas y tuvimos nuestra resaca del día de Navidad que tratamos de curar yendo a un onsen en medio de un bosque de bambúes.

Cuando el calendario le daba una semana de vida al 2009 yo pasé tres días en las montañas con una chica que era el doble de guapa que la más guapa del mundo. Cambié pavo por nabe, turrón por mochi… uvas por besos, y ya entre cada uno de ellos supe que aquellas Navidades eran las más especiales de toda mi vida.

Con el permiso de los míos.

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A mis queridos

– A T.M. que en lo que yo estoy haciendo ya la digestión de la comida, ella me da los buenos días desde las Hispanias a su puntual, tradicional y exquisita manera. Avatar que me pese.

– A Sokaku que siempre consigue que me descojone y al que tengo unas ganas de conocer que no me las aguanto. En Madrid, en Tokyo o en Bilbao… pero vestidos de blanco en un tatami y a hostia limpia… y sólo si me deja invitarle a los dos o siete piscolabis de después.

– Al Lorco porque es un amigo de los que se conocen cinco en esta vida perra, siempre dispuesto a todo, cervezas mediante. Y a su santa que sé que se pasa de vez en cuando a pasar lista de amoríos de los que salen entrelíneas en los posts.

– Al Pachinko, un tío que osa definir al iPhone como la extensión natural de mis dedos, que se atreve a decir que soy un despistao, y que encima me cae bien porque además de tener un pachinkillo que cuidar y mil viajes que contar, siempre aparta unos granos del reloj de arena para brindar a nuestra salud y a la de todos nuestros compañeros.

– Al Flapy porque no me habría comprado una cámara de fotos de no haber visto las suyas, y porque aunque nos vemos de Pascuas a San Pedro, ya quisiera San Pedro irse de Pascuas con él como yo.

– A Midori que nunca puede ver los vídeos, que le toca de vez en cuando exponer en el japonés de los japoneses, que no le da la vida entre oficinas y despachos, pero que nunca jamás de los jamases la verás enfadada. Ya quisieran los elefantes tener la mitad de grande el corazón. Aquí le entrego mi cheque al portador por valor de dos izakayas, tres karaokes y mil besos a cobrar cuando ella quiera. Y tiene fondos.

– A Javier I. Sampedro porque aunque está ahí, al otro lado de la ría de Bilbao en su Hong Kong coreando el «Vierneeeee» con el Lorco, se acuerda siempre de pasarse a saludar. Si esto estuviese cerrado, él tendría llave.

– A Zordor el arramplador, que le hemos perdido antes de ganarle en una espiral gambitera sin precedentes en la historia de los estudiantes del KAI. De las personas que no conocía a las que más rápido he confesado mis secretos entre futsukayois y ramens. Secretos suyos me sé unos cuantos, pero solo diré que es la única persona del mundo que sólo se come un onigiri si viene sin alga.

– A Quicoto, a cuyo nick todavía estamos buscando significado, que se sabe el WordPress de la W a la segunda S, que entre otear el eBay sección Photography y buscarle los tres pies al Lightroom todavía saca tiempos de exposición al ikublog.

– A Nuria, que me enseñó lo que es tener mecha aguantando porsaquiles, que encaró, con Hideo, el reto de buscarme moza lozana limpia, con estudios y buena familia con la condición de que pasemos los cinco tardes de paella, ribeiro y txakolí en algún txokozakaya riéndonos de los feos.

– A Winnie, mi Helen, que me llamó estirado nada más conocerme. La vida quiso que coincidiésemos de más y se las ha arreglado para seguir pululando cerca, estando siempre al ladito de mi ladito, como lo estaba en Bilbao y en Zamudio. Le debo mil abrazos y un beso mejillero de los de moratón.

– Al Captain, el eterno montador del vídeo de Zipango, tan eterno como el pago por paypal que le debo. Un tío que ha sabido crear todo un mundo que mola alrededor de su arcadia, que me regaló una camiseta talla vela de barco e hizo suya la cruzada gatostiabilítica. Los posts reguleros lo serían menos sin sus contraataques.

– A CristoMc, que tiene nombre del DJ del Vaticano, que consiguió, por fin, ser el primero en comentar a fuerza de darle a las teclas cada vez que salía un post, pero no por ello dejó de hacerlo.

– A Sol que ha hecho suya la rutina de vigilar que la Nere, el Lorco y un servidor seguimos vivos y coleando, unos más que otros, por el país ese donde su nick asoma el primero.

– A Totoro de la que tengo apuntado en una libreta que es más de macramé, que es más «romántica rústica», que es más de morcilla con tomate… vamos, que la conozco un poco «más» con cada comentario y eso mola. También tengo su nombre pegado con postit en una funda de plátano, porque se la ha ganado.

– A Dat, mi rosa de Bilbao, mi prima lejana del otro lado del email, mi ropa de abrigo contra el frío trabajo, una de las tres personas que siento que me entienden casi mejor que yo mismo cuando se trata de sacar a tender la médula. Dolor de muelas, pan de centeno.

– A Mexiñol, al que siempre busco dejes que nunca deja de la primera parte de su nombre en los comentarios. Dice que nació y creció en España, pero yo espero algún día compartir unas chelas en donde está naturalizado.

– A Itarianjin, paisano pasajero que sacó billete hace muy poco, pero que se resiste a volver a pisar el andén y se ha hecho fuerte en el vagón de atrás, pero en un asiento de ventanilla, eso si, para estar atento a las paradas, que si es San Mamés o Avigliana, en esas si que se baja.

– A Toxo que se vino conmigo a la ceremonia del té sin yo saberlo y que, sin ella saberlo, me ha endulzado muchas mañanas al dejarme la palabra «lindo» dentro del café.

– A Cosarara que siempre me sorprende fijándose en las cosas raras de los posts, que se pone a dibujar y no hay quien la pare, que a juzgar por cuando me escribe, vive a horas raras.

– A Memoriadepez que no se si se acordará de volver a Capoeira, pero rara vez pasan dos días sin noticias suyas… ¿será que tiene escrito «Tío Tosca» en un postit en la nevera?

A los caballeros que se dejan caer y tienen el detalle de saludar, a todos los que algún día se pasearon por la ikuplaya y se acordaron de pisar un poco más fuerte y así dejar su huella al barquero del malecón que se pasa todas las mañanas, café en mano, a recorrerlas una a una, a todos mis queridos comentaristas…

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Reflexión parlapuñaica sobre tu blog Ikusuki

El mundo de los blogs es un jaleo del copón. Parece que a todos les pasa lo mismo: uno empieza escribiendo para los amigos y al final acabamos con el ego por las nubes tratando de ser el gurú que todo lo sabe. Yo todavía me sorprendo cuando veo posts reguleros copiados literalmente de la wikipedia, o barbaridades rotundas que no son más que fantasmadas o mentiras cancamuseras con el fin de alimentar la leyenda que se han creado, y creído, sobre ellos mismos. Y eso cuando no centramos el blog en simplemente atacar y desprestigiar a otros blogs, que parece que esto es una competición por ver quien se lleva el mayor número de comentarios, por cierto que parece que es lo que estoy haciendo yo ahora mismo con este post y nada más lejos de Albacete.

Yo creo que esto va por fases. O yo he ido por fases. Al principio sólo ves que gente que conoces de tu vida real son los que te leen y te escriben algo, después de vez en cuando aparece alguno que no conoces y es extraño, aunque hace ilusión. De repente la balanza se desestabiliza y ya son una inmensa mayoría los que no sabes de donde han venido que se convierten en habituales, mientras que, tristemente, los del principio parecen olvidarse de uno. Ahora pienso que seguro que saber que te lee más gente también hace que escribas de otra manera, supongo que uno se piensa que tiene una misión, que hay que cumplir con toda esa gente y ya el tono no es tan cercano quizás por vergüenza, o qué sé yo.

Yo he ido por fases seguro, ahora lo veo:

– Tuve mi fase del menéame donde ponía el elefantito ahí y escribí posts pensando en lo guay que sería que miles de personas supiesen que yo existía y de paso a ver si se vendía alguna camiseta más. Se me pasó pronto, en cuanto me menearon un par de posts donde gente que no conocía de nada me ponía a parir sin, claro, conocerme a mi de nada.

– Tuve mi fase del bitácoras, donde ponía el iconico de votar y trataba de darle publicidad al asunto para ver si ahí, que parece que hay mucho más respeto, triunfaba el ikublog. Esta fase me duró bastante y tocó techo con lo de los premios, que quedé finalista con la chorrada del vídeo del gatostiable con el que me reí más que nadie, mal que le pese a algunos siesos tocahuevos que por alguna razón se tomaron la tontería esta como algo más. Esta fase se me acabó pasando también y no creo que haga nada por el premio de este año, total, hubiese ganado o no me iba a quedar igual.

– Pasé por la fase del ikuagobio, donde todo lo que tenía que ver con el blog me daba una pereza increíble porque me parecía un suplicio innecesario y muy frustrante tener que escribir todos los días, digamos que no me compensaba, no le veía sentido. Esta fase estuvo muy motivada por un par de tipos que vinieron a dar por el saco y a hacer daño… me da rabia confesar que lo consiguieron, ahora que una y no más, Santo Tomás. Gracias al Daibutsu, se me pasó muy pronto también y además me dejó con vacuna contra los cortos de miras pero largos de lengua.

– Ahora tengo la fase del allá cuidaos, y creo que me va a durar mucho porque me va mejor. Mayormente escribo lo que quiero sin mirar el número de comentarios o de visitas, sólo me guío por mi mismo, cuento lo que quiero contar en ese momento que suele definir bastante bien cómo me siento yo. De esta manera, si releo los posts de enero, por ejemplo, reviviré lo mal que lo pasé con el invierno que me tenía a punto de llorar de pena la mitad de las noches, y no me importa demasiado que me entendiesen o no las mil personas que vienen a leerme porque esto, a fin de cuentas, es más mi diario que otra cosa. Un post como el de ayer es impensable que triunfe en el menéame o genere muchos comentarios, pero no por ello voy a dejar de escribirlo porque para mi vale un millón de veces más que cualquiera de los reguleros.

Ojo, no vayamos a pensar que me dais igual porque no es así. Releo los comentarios una y otra vez, los contesto siempre que puedo y con algunos de vosotros tengo muy buena amistad, aunque no os haya visto en mi vida. Digamos que me da igual cuantitativamente lo que se genera después de escribir un post, o en otras palabras: que suban o bajen los numericos. Porque si me comparo cualitativamente con lo que uno se encuentra en otros blogs, soy un privilegiado que les gano por goleada.

O dicho a lo abuela, que es a lo que yo iba: sois unos soles como catedrales de gordos.

Y si no, vosotros me diréis cómo se puede sentir uno después de leer el email que me mandaron el otro día:

Si uno de mis amigos se fuera al polo norte a vivir, me contaría las cosas que
cuentas tu. Porque lo que transmite tu blog es humanidad, tio tienes un blog humano. Ese amigo si me contaria que esta triste por una amiga, una historia de un mendigo, una sonrisa en la ceremonia del te, una señora colgando paraguas, casitas de madera, doncellas de altos vuelos, madrugones karatekas congelados, masajeadores de espalda, orquesta china en la comida, bicipolis con palo, susurros indecentes, trenes rapidos con pegatina de novato, sobrinas pizpiretas, cucarachas y lagartijas con menos cola que la tienda de donuts, gruñones con las costillas incadas en su orgullo, 7 fotos para una casa, futones perezosos y almohadas que abrazar, peluches con paquete en lucha contra ninjas usb en la batalla de los 47 ronin…

En el banco donde el viejo hacia papiroflexia verde,te emocionaste bebiendo una pepsi sabor cinturon negro, te quiso una borracha, Zalla te perdono y el mundo conocio tus camisetas.

Gracias por dejar esas hojas en tu escritorio.

Dónde esta Tío Tosca?
viviendo

Ahí es nada…

:gustico:

Enoshima

Enoshima es el calor de tu mano, la frescura de tu voz.

Tu nariz achatada, tus ojos de ficción, tu pelo infinito. Las cosas que me confesaste, lo que quedamos en no decirnos.

Tu gesto de vergüenza, tu vergüenza fingida, tu desvergüenza. El susurro de tu caminar, el viento de tu sonrisa, el sabor de tu aliento.

Tus recuerdos distraidos, tu cara de pensar, tus labios de callar.

El lunar de tu mejilla, los vaqueros en tu cintura, tu bolso azul marino. Lo suave de tu tacto, tus abrazos escondidos, tu pecho en mi pecho, tus piernas en mis piernas.

Tu collar rojo y gris, la tortura de tu escote, la cobardía de mis manos, la valentía de tu boca.

Los besos que me diste.

Los que me dejaste a deber.

La chica de Enoshima (II)

Continuación de La chica de Enoshima


Pensé que sería bonito que me reconociese y se sentase a mi lado para hablar un rato sobre cualquier tema, aunque fuese irrelevante como los gatos de Enoshima o de lo distintos que somos, y que, como pasa en las películas, acabásemos apoyados en el muro abrazados en silencio mirando al mar.

Lo que habría dado en aquél momento por un abrazo…

Pero pasó de largo, claro, creo que ni siquiera me vió y si lo hubiese hecho, desdeluego no iba a querer acercarse a un tío que está en medio de la nada rodeado de latas de cervezas ya más vacías que por vaciar.

Menuda estampa, vaya una manera de hacer amigos… daba igual, total, el día ya vino así de roto desde casa, más bien se trataba de desescombrar lo que alguien abandonó dentro de mi corazón porque de seguir acumulándose, lo iba a quebrar todavía más y aunque maltrecho, era el único que tenía y ya iba siendo hora de que me sentase delante de él y averiguasemos entre los dos para que iba a valer que siguiese latiendo.

De repente, mientras la espalda de la chica se alejaba diciéndome adios, empecé a llorar. Lloré mucho y de muchas maneras, lloré a veces con rabia apoyando la cabeza en los brazos y haciendo más ruido del que querría y también lloré despacio, con calma y en silencio mirando al mar. Me vacié por los ojos de tal manera que sentí que me ardían, que me ardía toda la cara, que me ardía el alma como si no fuesen a quedar más que las brasas de mi.

Eran lágrimas de derrota, porque así me sentía: vencido, sin fuerzas y lo que era mucho peor, sin ganas de tenerlas.

Ya era totalmente de noche, pero yo seguía allí sentado tratando de que la brisa marina me recompusiese el gesto, de que no se notase que acababa de morir de pena unas veinte olas antes. Estaba borracho, no demasiado, pero si lo suficiente como para tener la brillante idea de querer fumarme un cigarro y de alguna manera me encontré caminando hacia el pueblo. Tiré las seis latas, una a una, al contenedor correspondiente y compré dos más, de las grandes esta vez, un paquete de cigarros mentolados, un mechero de plástico de color naranja que todavía conservo y un cenicero portátil que parecía más una pequeña cartera.

Y empecé a caminar hacia la playa de nuevo, aunque no tenía intención de bajar a la arena, sino de quedarme en uno de los bancos de al lado de la carretera. Me hice fuerte en el de más a la derecha, me descalcé y empecé a intentar acordarme de cómo se fumaba cuando vi una espalda que me resultó familiar… parece que yo no era el único que se resistía a dar por terminada aquella noche.

Continua aquí…

La Roda

Cada vez me está gustando más ir a las clases de Capoeira, poco a poco voy cogiendo un poquito más de agilidad y ya me sale algún que otro movimiento sin tener que estar pensándolo demasiado. Sigo moviéndome menos de lo que debería, herencia del Karate, apenas sé un par de nombres de golpes, no me he aprendido ninguna canción y las volteretas, que es quizás lo que más hacemos, me salen mejor aunque sigo haciendo mucho ruido al acabar. Pero tengo claro que es cuestión de tiempo, yo sé que puedo hacerlo mucho mejor y solo necesito entrenar y entrenar… y pasármelo todo lo bien que me lo paso entre medias!!

En Karate veo como estoy mucho más suelto, sobretodo a la hora de hacer combates, me cuesta mucho menos moverme y lo hago bastante más rápido. Veremos si esto tiene algún efecto en la competición del mes que viene, pero yo ya estoy mucho más que satisfecho de haber empezado a hacer algo completamente distinto que lo complemente, creo que ha sido una muy buena decisión que ya está dando sus frutos.

Bua, vaya rollo de pequeño saltamontes he soltado… y yo que lo que quería era poner un vídeo de mis compañeros haciendo Roda!!!

Vamos a ello: esto se trata de hacer un círculo no demasiado amplio dentro del cual dos participantes hacen Capoeira al ritmo de la música. Raramente hay contacto, se toca pero no se pega y las acrobacias están a la orden del día siendo importante no salirse del círculo. En nuestras clases siempre hacemos una al menos, y aunque empiezan dos, cualquiera puede entrar en cualquier momento haciendo que uno salga y continuando el combate. Yo ya he empezado a entrar de vez en cuando aunque no sepa hacer demasiadas cosas, pero está claro que esto va de practicar y si no se hace, no se avanza.

Este vídeo lo grabé el otro día, son dos de mis compañeros haciendo Roda en la academia de Magome, que está muy cerca de mi casa:

httpvhd://www.youtube.com/watch?v=ll3u0pxBEeU

Hoy toca clase otra vez, pero como a la tarde voy a ir al concierto de Miguel en Shimokitazawa, he pensado en ir a la clase del mediodía. ¡Ventajas de trabajar desde casa!

Inodoro con manguera de bomberos

Este lo tengo que poner, el post es regulero como él sólo, de éstos de copiar con el mínimo esfuerzo lo que ha hecho otro y quedar como un chulapo. Mira que no tenía pensao reincidir en regulerías, pero es que llevo llorando de risa como diez minutos… madre del amor hermoso…

:regulero: :D :regulero:

Es un vídeo de un programa de la tele en el que la gente pide cosas y ellos, si les pega la venada, lo hacen. En este caso un gachó preguntó qué pasaría si se cambiase el chorrillo ese de los baños japoneses que te limpia la bajera por una manguera de un camión de bomberos, y a Nara que se fueron a hacer el experimento en medio de una explanada!!!

Madre mía, no puedo parar de reirme todavía…. ojo a la celebración de la mascota de Nara que se pone toda contenta de los 13 metros alcanzados !!!

httpvh://www.youtube.com/watch?v=_KS8bBAMV5o
El mando a distancia del baño me ha recordao al que tiene Rodri en su nueva casa, espero que la presión sea un poco menor, que como le de al botón lo mismo aparece en Kyoto!!!

Ahí va el making of:
httpvh://www.youtube.com/watch?v=ncz4oi48tSM

Fuente: Japan Probe (para variar)
Tiempo empleado: 15 minutos riéndome, y en escribir esto ni cuatro
Reguleranking: vamos a darle sólo 3 que el vídeo es buenísimo!!!

:regulero: :regulero: :regulero:

El edificio Toyotires

Hay semanas en que vengo los cinco días a trabajar a la oficina en bici, no es lo normal porque si voy a Karate tengo que coger un tren porque me pilla lejos, así que la bici duerme en la oficina y vuelvo con ella al día siguiente que toca Capoeira. Vamos, que empiezo los lunes con mucha alegría y cuando va llegando el viernes subo las cuestas tres veces más despacio porque mis piernas no dan más de sí.

Ayer, que fué lunes, era un día de esos de ir rápido , y coincidió que me puse el pantalón de muchos bolsillos. Este dato es importante, ojo, porque si llevo ese pantalón, me meto la cámara de fotos pequeña ahí en una pierna y me da por sacar fotos a todo lo que me encuentro por el camino.

Estaba parado en un semáforo enfrente del edificio ese de las letras Toyotires cuando me dió por sacarle una foto. Es un edificio de estos de mil viviendas con la fachada llena de balcones que más parece una colmena que una casa, no se porqué es la imagen que tengo yo de Benidorm y eso que no he estado nunca. Las letras que decía están arriba del todo y pone «Toyotires», que yo supongo que serán ruedas fabricadas por Toyota, pero que igual no tiene nada que ver. Son antiguas, de las que ya no se ven que cuando se iluminan por la noche parece que estemos diez años atrás.

Pues bien, estaba sacando fotos desde el arcén de la carretera aprovechando la pausa del semáforo cuando alguien me habla desde la acera, me giro y era un señor bastante mayor que llevaba una curiosa gorra de beisbol:

– ¿A que estás sacando? -me dice sonriendo
– Ah, al edificio ese grande de las letras de publicidad
– ¿Entonces ya sabes la historia?
– Eh, no, ni idea
– Pues resulta que ese edificio es el de viviendas de ese estilo más antiguo de Shinagawa, que tiene más de 50 años y que lo van a derruir para construir uno nuevo. Si te fijas, son dos bloques de cien apartamentos cada uno ¿los ves?, son diez balcones de alto por diez de ancho a cada lado.
– Anda, es verdad, pues no tenía ni idea
– Si, pues ya les han dicho que tienen que desalojar y casi no queda nadie viviendo, todo el mundo se ha movido ya. Por eso te he visto haciendo fotos y he pensado que sabías que lo iban a tirar y que querías tener un recuerdo. Fíjate que casi no hay ropa tendida, sólo en unos pocos balcones.
– Es verdad! pues, no sabía nada, pero me parece curioso sobretodo por las letras y por eso…
– Pues menos mal que le has sacado, porque dentro de poco no lo veremos nunca más
– Si, menos mal, vaya casualidad…
– Oh, perdona, te estoy entreteniendo y el semáforo ya está en verde
– No no, nada nada, me ha parecido muy interesante, muchas gracias
– De nada, ve con cuidado

Y pienso que es un edificio de viviendas sin más, que la historia no es tampoco nada del otro mundo pero que he vivido un momento tan de la vida diaria, tan común, que me resultó gratificante precisamente por eso, por lo ordinario. Porque el hombre no me preguntó de donde venía, ni que hacía en su país, ni donde vivía… sólo quiso contarme la historia del edificio de Toyotires.

 

Ya estoy echando de menos…

Mirar al cielo por la ventana para elegir la ropa y decidir si ir o no en bici, preparar un termo con té verde que calentará mi cuerpo en los semáforos, la adrenalina refrescada por el viento al bajar la última cuesta esquivando coches con las piernas doloridas y los labios agrietados.

Los onigiris con conversación de la señora del combini, el cartero interrumpiendo nuestro trabajo a media mañana, la banda sonora del abrir y cerrar de puertas, del aire acondicionado, del microondas y la cafetera, de los cada vez más silenciosos teléfonos y la ya muda impresora.

El parpadeo de la fluorescente de la esquina, el tictac del reloj de la pared, las zapatillas de estar por casa para estar en la oficina, los tés del descanso, el contar los minutos de la última hora y salir en busca del sol que nunca está.

Pero, sobretodo, echo ya de menos, a morir, verte nada más abrir la puerta y mirar tus ojos risueños que a veces, cuando te ríes, parecen desaparecer. Darte los buenos días que son mejores porque tu estás, escuchar tu voz que no sería tuya si no sonase una risa que se intercala, cariñosa, entre frase y frase. Saberte a dos metros detrás de mí dispuesta a mirar dentro de mis palabras que pocas veces son tan bien escuchadas, haciendo tuyas mis preocupaciones, alegrando mis alegrías.

Todo lo que nos decimos sin hablarnos, todo lo que nos abrazamos sin tocarnos.

Ya te echo tanto de menos y todavía estás…

No puedo más que guardarte todos los buenos días que ya no te daré a partir de Abril, y juro, desde ahora mismo, no dejar nunca que se junten más de una docena sin que vaya a llevártelos donde quiera que estés.

Y poder seguir sintiendo, de vez en cuando, lo que siento ahora cuando te siento cerca.