Hay semanas en que vengo los cinco días a trabajar a la oficina en bici, no es lo normal porque si voy a Karate tengo que coger un tren porque me pilla lejos, así que la bici duerme en la oficina y vuelvo con ella al día siguiente que toca Capoeira. Vamos, que empiezo los lunes con mucha alegría y cuando va llegando el viernes subo las cuestas tres veces más despacio porque mis piernas no dan más de sí.
Ayer, que fué lunes, era un día de esos de ir rápido , y coincidió que me puse el pantalón de muchos bolsillos. Este dato es importante, ojo, porque si llevo ese pantalón, me meto la cámara de fotos pequeña ahí en una pierna y me da por sacar fotos a todo lo que me encuentro por el camino.
Estaba parado en un semáforo enfrente del edificio ese de las letras Toyotires cuando me dió por sacarle una foto. Es un edificio de estos de mil viviendas con la fachada llena de balcones que más parece una colmena que una casa, no se porqué es la imagen que tengo yo de Benidorm y eso que no he estado nunca. Las letras que decía están arriba del todo y pone «Toyotires», que yo supongo que serán ruedas fabricadas por Toyota, pero que igual no tiene nada que ver. Son antiguas, de las que ya no se ven que cuando se iluminan por la noche parece que estemos diez años atrás.
Pues bien, estaba sacando fotos desde el arcén de la carretera aprovechando la pausa del semáforo cuando alguien me habla desde la acera, me giro y era un señor bastante mayor que llevaba una curiosa gorra de beisbol:
– ¿A que estás sacando? -me dice sonriendo
– Ah, al edificio ese grande de las letras de publicidad
– ¿Entonces ya sabes la historia?
– Eh, no, ni idea
– Pues resulta que ese edificio es el de viviendas de ese estilo más antiguo de Shinagawa, que tiene más de 50 años y que lo van a derruir para construir uno nuevo. Si te fijas, son dos bloques de cien apartamentos cada uno ¿los ves?, son diez balcones de alto por diez de ancho a cada lado.
– Anda, es verdad, pues no tenía ni idea
– Si, pues ya les han dicho que tienen que desalojar y casi no queda nadie viviendo, todo el mundo se ha movido ya. Por eso te he visto haciendo fotos y he pensado que sabías que lo iban a tirar y que querías tener un recuerdo. Fíjate que casi no hay ropa tendida, sólo en unos pocos balcones.
– Es verdad! pues, no sabía nada, pero me parece curioso sobretodo por las letras y por eso…
– Pues menos mal que le has sacado, porque dentro de poco no lo veremos nunca más
– Si, menos mal, vaya casualidad…
– Oh, perdona, te estoy entreteniendo y el semáforo ya está en verde
– No no, nada nada, me ha parecido muy interesante, muchas gracias
– De nada, ve con cuidado
Y pienso que es un edificio de viviendas sin más, que la historia no es tampoco nada del otro mundo pero que he vivido un momento tan de la vida diaria, tan común, que me resultó gratificante precisamente por eso, por lo ordinario. Porque el hombre no me preguntó de donde venía, ni que hacía en su país, ni donde vivía… sólo quiso contarme la historia del edificio de Toyotires.