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Fuji: cima, bajada y cierre

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Allí estaba el grupo dividido, unos por un lado, otros por otro y yo en medio de un acantilado sin saber si aplaudirle o hacerle la ola al cielo. La parte izquierda la tenía vetada a la vista porque al sol no parecía hacerle mucha gracia que estuviésemos tan cerca, los pies no encontraban terreno por el que seguir por la derecha y enfrente, así que sólo quedaba darse la vuelta y deshacer eso de saltar y trepar para volver a buscar a los demás.

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En el Fuji hay cobertura, el teléfono funciona durante prácticamente todo el camino, menos en la cima donde quizás nos juntamos demasiada gente para el invento que sea que tengan allí montado, pero hubo la suficiente como para coger una llamada de Antonio que me decía donde estaban ellos, y para allí que me fui. Por el camino me di cuenta que había excursiones organizadas cuyos guías estaban llamando a la gente por un megáfono, y éstos se iban apelotonando aquí y allá: los del autobus de Nagoya por favor, los de Nagoya… pensé en el agobio que tenía que ser no poder degustar a gusto semejante paisaje.

Me costaba reencontrarme con ellos entre tanta gente, así que decidí quedarme quieto al lado del cráter, porque el Fuji tiene un agujero ahí arriba como debe ser. Kanae, una amiga que no ha estado nunca, se moría de risa cuando le decía que tenía que haber un agujero, pues aquí está la foto que lo demuestra… todo el mundo sabe que los volcanes, como los donuts, tienen que tener un agujero!! Kanae ahí lo llevas, chata!

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Les vi a contraluz, tal cual se ve en esta foto que saqué nada más reconocerles… una imagen que incluso ahora me alivia ver porque empezaba a pensar que me iba a tocar volver sólo un buen cacho del camino hasta que funcionase la cobertura del móvil otra vez.

Nos sentamos al lado de una caseta hecha de piedras que no consiguió resguardarnos del frío, y nos pusimos a comer algo. Yo saqué unos onigiris caseros que me había currado la tarde anterior, pero no llegaron en condiciones… tenían unas babas a lo natto muy sospechosas, aquello estaba medio podrido fijo!!! aún así nos comimos algunos y eso que el arroz se te quedaba ahí pegao entre los dedos, jajaja, buagh!.

El frío pelaba y mondaba. La cosa se puso seria cuando echando una meada a una pared, el tinglao se me había convertido en un dedo meñique, así que nos fuimos en busca de refugio. Allí arribotas tienen un chiringuito donde te venden recuerdos y sopicas calientes a precio de oro. Nos hicimos fuertes en una esquinilla y nos quedamos medio sobaos al lado de Hiro Nakamura.

La leyenda es cierta: en el Fuji hay una oficina de correos donde puedes comprar una postal y enviarla, pero claro hay que hacer cola y nosotros estábamos muertos. Aunque no todos, que Cristina y Antonio si que se pusieron a esperar, la verdad es que ahora me arrepiento de no haber enviado alguna que otra, aunque sea a mí mismo a casa para tener de recuerdo.

Cuando ya entramos un poco en calor, que donde da el solete no hace rasca, sacamos la botella de whisky y los redbules que habíamos comprado la noche anterior y allí nos hicimos un botellón que debía ser como Dios manda, porque estábamos más cerca de él que nunca y no protestó. Hasta se apuntaron los que teníamos al lado.

Después foto de rigor a lo certificado oficial…

Y como Rocco Sigfredi dijo que todo lo que sube tiene que bajar, y al tito Rofre yo no le llevo la contraria, pues para abajo…

¡Dos horas mis huevos morenos! ¡¡tardamos el doble por lo menos!!. Aunque el camino empezó bien porque las vistas en versión de día eran preciosas, la verdad es que acabamos exhaustos de tanto bajar y bajar con tantísima gente de por medio por cuestas que resbalaban y no acababan nunca. Además entre que te pega el sol todo el rato y que se va levantando polvo… madre mía, que cosa más cansina fue, ¡¡si hasta tenía mocos negros!!

Nos pareció curioso que había mucha gente subiendo de día, lo que hacía que tuviésemos que esperar un poco más para bajar. Si subirlo de noche fue duro, de día con el sol tiene que ser tremendo. Aunque claro, si venimos tan bien equipados como aquí Matías, lo mismo no es tanto:

Hasta los huevos de bajar y aquello no acababa nunca. Desde que veías una estación hasta que llegabas pasaba una hora. Alguna gente se metía chutes de oxígeno de esos que te venden en las tiendas de abajo, pero aunque si que es verdad que costaba respirar un poquillo, yo no creo que sea necesario:

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Paradica de vez en cuando a echar un trago, aligerar ropa, embadurnarse de crema, hacer amigos… la mayoría de las fotos de gente son de Antonio que a mi me sigue dando palo enchufarles la cámara en toa la jeta:

Y bajar y más bajar… aquello era la bajada eterna, The Eternal Bajator… madre del amor hermoso… Mother Of The Beautiful Love, no me volveré a reír de Frodo nunca más en mi vida, I won’t laugh.. etc, etc..

Finalmente llegamos al de tres días y medio, nos pusimos en la cola del autobus y morimos la mitad, la otra mitad nos la guardamos para morirla dentro del autobus. Llegamos al coche, por fin, y ya nos dirigimos al onsen que teníamos planeado. He de reconocer que valió la pena todo lo que tardamos en llegar con atascos y mil vueltas, porque el rato que nos tiramos dentro cociéndonos nos quitó las agujetas antes de tenerlas, después de tanta paliza nos vino genial estar ahí metidos.

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A partir de ahí fue la odisea padre: teníamos que estar en Tokyo a una hora para devolver el coche que ya no llegábamos ni de coña, así que llamamos para ver si se podía entregar más tarde y lo cambiamos a las 8 pagando sólo el tiempo de más. De repente en la autopista ponía que había habido un accidente y que en menos de 4 horas no se llegaba a Tokyo, así que volvimos a llamar y lo más tarde que se podía entregar el coche era a las 10 porque si no teníamos que pagar un día entero más. También nos dijeron que podía ser en cualquier establecimiento de Toyota de Tokyo, que no tenía porque ser el mismo donde lo pilló Jairo. Eso fue la ostia, venga a buscar por el GPS y por el mapa, que si carreteras secundarias, que si el más cercano está en no se donde… na, imposible, había atascos por todos los lados aunque no nos rendimos hasta el último momento!!! Jack Bauer nunca lo habría hecho!!!

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Pero seguíamos contrarreloj ya no por devolver el coche, sino porque la peña cogiese el último tren para poder llegar a sus casas, que no todos vivimos cerca de Shibuya… al final la prueba se superó, pagando un día más de alquiler del coche y haciéndole a Alberto andar un rato largo más hasta su casa. Yo os juro que llegué a casa y mientras me estaba duchando apoyé un poco la cabeza contra la pared y me quedé dormido.

Mereció la pena, sin duda… pero:

– No se tarda lo que pone en las guías, se tarda el doble por la gente que hay. Es realmente desesperante: al cansancio y al frío físicos hay que añadirle el factor psicológico de estar tres o cuatro horas seguidas avanzando a paso de tortuga. Y tuvimos suerte de que el tiempo fue excelente, no me imagino aquello lloviendo.

– La bajada es criminal, no se acaba nunca, y hay que tener en cuenta que se hace después de no haber dormido en toda la noche, es más: de no haber dormido y haber estado haciendo ejercicio físico intenso. El cuerpo está destrozado, literalmente. Insisto en que el factor psicológico de tener que pararte y no poder avanzar a un ritmo más o menos constante, hace mella.

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Y ahora los ikuconsejos:

– Hace frío pero no es exagerado. Yo aconsejo llevar: un par de camisetas de manga corta que cambiarse a mitad de camino, una de manga larga, un jersey, una chamarra, guantes y gorro de lana. No acabaréis con todo puesto hasta estar casi en la cima, pero no os sobrará tampoco. Más ropa tampoco hace falta, ah y yo subi con las Nike de correr y divinamente.

– El palo es requisito, comprad un palo en la quinta estación porque sin él costaría el triple subir. Hay cachos en que la pendiente es flipante.

– No os salgáis del camino, y menos si subis de noche, parece que puedes ir pero la lías parda soltando piedras encima de la gente

– No hace falta llevarse un montón de comida ni un montón de agua, yo pondría tres o cuatro onigiris y una botella de dos litros. Si luego tenéis sed, siempre se pueden echar mano de las máquinas expendedoras, aunque te metan una hostia chata

– La linterna os vendrá bien, pero si se os olvida tampoco pasa nada, ya digo que se sube en manada

– El móvil funciona, llevadlo

– Si la cosa se pone turbia, en las estaciones de arriba te dan ramen y sopa caliente, así que llevad dinero. Estáis cubiertos en todo momento siempre y cuando haya chines.

– Protector solar y de labios para la bajada con el solaco, gafas de sol para ver el amanecer en condiciones.

– No hace falta una preparación física del copón, aunque parezca mentira que lo ponga después de todo lo que me estoy quejando. Cualquiera lo puede hacer a su ritmo, nosotros íbamos tarde y subimos a toda hostia, y a la bajada no nos paramos casi nada. Si vas con calma, cualquiera puede.

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Y esto es todo, creo…

Sin ninguna duda, y a pesar de los pesares, ha sido de las mejores experiencias de toda mi vida… la subida por la noche, estar por encima de las nubes, la mentira del sol saliendo… me encantaría volver a ver ese amanecer, pero no a costa de volver a pagar el mismo precio. Atesoraré las fotos como se merecen, porque una y no más, Santo Tomás.

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Ah, y sobretodo y siempre: eternamente agradecido a la compañía, todo un gustazo haber compartido semejante experiencia con Jairo, Alberto, Alain, Mayo, Cristina y Antonio…

いろいろありがとう!
:ungusto:

El idioma de los sueños

– ¿En qué sueñas? -me preguntó una amiga de Kobe que se vino a vivir a Tokyo no hace mucho- hablas español, inglés y japonés, ¿en qué idioma sueñas?

– Anda… pues no lo había pensado, digo yo que dependerá del sueño, aunque la mayoría de las veces no sueño, o sueño que duermo que para el caso es lo mismo. Pero creo que en mi idioma, porque mi familia siempre suele aparecerse y ellos no saben otro.

– ¿Y pensar? ¿aunque estés hablando en inglés, también piensas en castellano?

– Anda, pues no, la verdad es que si llevo tiempo hablando en inglés, pongamos que un día entero en el trabajo por ejemplo, parece que a uno se le hace más fácil hacer todo en el mismo idioma y la mayor parte de lo que digo lo traigo pensado ya en inglés. También creo que como me cuesta más hablar en otros idiomas, pues como que me preparo las frases por dentro para que suenen naturales. Una cosa curiosa es que en casa todo lo que tiene que ver con trabajo lo hago en inglés, incluso cuando escribo cosas por hacer en la agenda y así, ni idea de porqué…

– ¿Y el sexo? si estuvieses con una japonesa, ¿en qué idioma te manejarías para decir guarradas?

– Hombreeeee, eso no te lo voy a contar, ¡¡esas cosas hay que averiguarlas!!

– Jajaja, touché!

Fuji – la subida

Dicen por estos lares…

Hay dos tipos de necios: los que nunca han subido al Fuji y los que lo han hecho más de una vez

Si un elefante tuviese manos y pudiese cerrarlas, el puño resultante no se acercaría ni a la mitad de como de verdad es semejante dicho. Es EL REFRÁN. Me inclino ante el maese dichedor de dichos que fijo que lo soltó cuando iba por la mitad de la bajada, no como nosotros que sólo soltábamos juramentos in hebrew.

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En fin, es de tipos ordenados como yo empezar las cosas por el empiece del principio ese que queda al otro lado de cuando acaba el final, y el caso es que nuestra hazaña comienza el sábado a eso de las cinco y media cuando nos juntamos los siete magníficos en Shibuya: Alan, Mayo, Jairo, Alberto, Cristina, Antonio y el mozo que les escribe. Jairo había alquilado un coche que llevábamos hasta los topes de mochilacas, y a eso de las seis pillamos el carril Fuji del que no nos salimos nada más que para enchufarnos un ofuro de ramen y comprar churrizurpias para el camino.

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Coinciden todos los que han subido alguna vez en lo que te cuentan: hace un frío que pela así que vete abrigado, lleva linterna si subes por la noche y luego a la bajada te pega todo el sol de frente, así que llévate protector solar a cholón. Yo cumplí y añadí al kit el Aquarius de los de Bilbao:

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Alain se estuvo informando y decidimos empezar por la ruta menos concurrida de las dos más típicas, la de Fujinomiya, así que todo era cuestión de llegar hasta la quinta estación, aparcar el coche y tirar para el monte hecho a sí mismo a fuerza de echarle lavas al asunto. Pero resulta que a mitad de la subida con el coche nos para un señor guarda de la porra y nos dice que no se puede subir, que taxi o bus. Pues nada, marcha atrás y a la especie de área de servicio que había más abajo donde nos dio tiempo de milagro y de chiripa mitad y mitad, a pillar el último autobus que subía… menos mal porque después sólo se podría haber ido en taxi cuya factura habría sido chata como poco.

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Si a alguno le da por hacer esta misma ruta, en la página oficial cuentan toda la copla en condiciones.

Total, pagamos algo así como 1500 yenes por billete de ida y vuelta, y a eso de las diez y media de la noche ya estábamos subiendo con unos palos que compramos por mil y algo yenes allí mismo.

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Yo diré que empezamos muy contentos, que la siguiente estación no tardó demasiado en aparecer, que aunque había bastante gente, al principio se iba a gusto, y que aunque hacia bastante más fresquito que en Tokyo, se podía subir perfectamente en camiseta de manga corta. El Fuji por dentro empieza como un monte más, pero con arbustillos en vez de árboles que van desapareciendo a medida que asciendes. La tierra es negra y roja, y está todo lleno de rocas de todos los tamaños, de las porosas de esas volcánicas que resbalan como la madre que las parió, sobretodo al bajar. No sé en la otra ruta, pero en esta no hay más, es decir, no esperéis templicos como en el Takaosan, ni ningún adorno más allá de un par de puertas toriis: tierra, rocas y la cuerda atada a los palos que te indican el camino.

Supongo que esto ya se sabe, pero por si acaso lo pongo aquí: se sube de noche porque la intención es llegar a la cima para ver amanecer desde allí. Lo de subir al monte por la noche rodeado de gente es toda una experiencia: como casi todo el mundo lleva linternas de esas de poner en la cabeza, el camino está marcado por un reguero de lucecicas que nunca dejas de ver hasta que llegas a la cima. Mires para arriba o mires para abajo resulta que formas parte del espagueti de cabeluces que indica el camino en medio de la oscuridad, es como el pelotón bajando Covadonga pero de noche y con linternas.

En el momento que has dejado alguna estación atrás y te paras a descansar, te das cuenta de repente de que hace frío. Si, frío, esa sensación totalmente opuesta al verano de Tokyo de hace un rato. Y es que sudas, empapas la camiseta y la noche y la altitud ya hacen el resto. Lo suyo aquí es traerse no sólo ropa de abrigo que ponerse encima, sino también camisetas de repuesto que sustituyan a las que están empapadas. De paso, aprovechábamos en cada descanso para comer frutos secos y echar unos tragos de agua o Aquarius (de Bilbao o de fuera). Hay máquinas expendedoras, pero a unos precios que Buda tirita. Todos nos quejamos, pero es normal a nada que pensemos en lo que tiene que costar el invento que tengan para la electricidad y subir a reponerlas estando donde estamos. Entrar al baño tampoco es gratis: doscientos yenes por órgano megitorio. Si uno quiere, en las estaciones te ponen por cien yenes un sello en el palo, pero pasando que es pasundio y bastante tarde íbamos como para perder más tiempo.

Y uno sube y sube, y cuanto más subes, más gente hay hasta que llega el momento, bastante pronto además, en que vas haciendo cola detrás de millones de personas que van en filas de dos o tres como mucho, sin aprovechar lo ancho del camino. Vas entre rocas, así que no es como los montes a los que nosotros estamos acostumbrados, aquí hay que ir por donde te indican porque si te sales, corres el riesgo de provocar que caigan piedras liándola bastante parda. Esto lo aprendí yo de primera mano, porque me dio por atajar una curva y cuando me quise dar cuenta no me podía mover sin hacer que un montón de piedras cayesen encima de la gente. Menos mal que me ayudó Antonio a salir de ahí y la cosa quedó en nada, porque menudo gañán fui. Ahora creo que no fue para tanto el miedo que me entró, pero aún así ya me vale.

Seguimos subiendo, hombre tu me dirás a que hemos venido, pero como somos como somos lo hacemos entre risas, canciones y silencios hasta que alguien se gira y dice algo, miramos todos y gracias a la luna que era un chupachups de luz sin palo nos damos cuenta de que estamos por encima de las nubes. Aún siendo de noche, la inmensidad de lo que se tiene enfrente es perfectamente visible, es como ir en avión pero de pies, con linterna y sin peli en inglés.

Es la hostia.

Al cuerpo no solamente le estamos haciendo que suba por una cuesta interminable de rocas y escaleras, sino que encima le obligamos a hacerlo a la vez que le estamos robando el sueño a punta de sudor. El sopor viene de repente, es traicionero y te espera cuando esperas cola para subir un camino estrecho o cuando te sientas un momento a descansar. Te duermes, sin más, no importa que haga frío y estés en medio de subir el monte ese que aparecía en los carretes de fotos de 36 que llevábamos al viaje de estudios de octavo de EGB. La lucha ya no es contra quien sea que echa leña a los cuadriceps, sino contra los que se encargan de candar los párpados.

La parada más larga la hicimos en el torii desde el que parecía que no quedaba nada para llegar.

De alguna manera se pasa, nunca del todo, pero es como si el cuerpo supiese que no va a obtener lo que necesita porque lo que de verdad se le pide es que siga andando. Andando o esperando, porque las colas son cada vez más inverosímiles, aquello no avanza, se tarda la vida en llegar a la siguiente estación y uno se desespera viendo que hay partes del camino por las que podrían subir a la vez más de dos o tres personas. Sin embargo todos se esperan, todos van alineados. Nosotros no estamos por la labor, y vamos adelantando cuando podemos y vemos que no molestamos. No vamos dando codazos, pero tratamos de sacar provecho de aquellos lugares donde se ensancha la ruta. Alguna bronca nos llevamos cuando quizás apuramos demasiado, pero es que la luna hace tiempo que se ha ido a las rebajas de Marte, y el sol está ya estirando y calentando, o mejor dicho: estirando para calentar.

A la ensalada de emociones del último tramo solo queda echarle un par de huevos. Las estrellas se han ido a empalmar la juerga con otra noche, las nubes ya no están de luto y el sol, que resulta ser maquillador, les ha pintado una raya naranja por encima. Las piernas no pueden más, pero eso decían también hace tres horas y ya no me las creo.

Llegamos los siete, pero no a la vez, unos llegan un poco antes y otros un poco después. La cima es un telón azul marino con tintes rojizos tatuado de siluetas de personas. Yo me separo del resto, salto por aquí, trepo por allá y consigo estar sólo al lado de un acantilado y dos japoneses con gafas de sol. Saco la cámara de fotos, planto el trípode encima de una roca negra que sobresale y me dedico a tratar de captar una infinitésima parte de la que tienen ahí liada Dios, Buda, Darwin o como quiera que se llame el que firma esto:

Las nubes son esponjas que absorben todos los colores al son de la pelota de luz que las perfora allí tan cerca a lo lejos. Uno no piensa en lo efímero de la vida, o en la inmensidad del espacio en comparación con uno mismo ni gaitas parecidas. Uno no piensa y ya. Todo es emborracharse hasta la médula a base de mirar luces y colores, hasta ponerse ciego, o deslumbrado más bien.

Cuando al de un rato largo empecé otra vez a darle a las neuronas, lo primero que salió fue que nunca creí que un amanecer durase tan poco. Que el sol no está y luego está, y que lo que pasa entre medias es una mentira que nunca me habían contado.

El caso es que no sabía muy bien si estaba asistiendo al funeral del sábado o al parto del domingo, pero yo estaba allí y me lo creí. Y lo que son las cosas, cada vez que lo cuento yo ahora me da por tocarme la nariz por si crece. Y es que aunque lo vi, por más que trato de describirlo, no me lo creo ni yo.

Hanabi en Asakusa

Visto uno, vistos todos. Los hanabis, digo. Aquí tienen fama de que son los mejores del mundo, pero la verdad es que a mi me aburren muchísimo. Será porque en Bilbao duran media hora como mucho y aquí se tiran hora y pico dejando además un montón de tiempo entre cohete y cohete… hasta los de mi pueblo que tiraba el amigo tragapuros tenían más vidilla!!

En fin, que me aburran los fuegos artificiales no significa que no me lo pase yo como un hobbit que cualquier excusa es buena para pimplarse unas cervecicas. Así que me enfundé el Jinbei blanco, que parezco el Luke Skywalker de Rekalde y tiré para Asakusa después de dudar mucho si pasarme por el Eisa Matsuri de Shinjuku, que también fue el sábado.

Tuve muy buena suerte porque me dio por escribirlo en twitter y me contestó Guillermo que avisase cuando llegase, que él andaba por allí. El tío nada más verme me preguntó que porqué había tanta peña, ¡¡resulta que se había ido a Asakusa de compras sin tener ni idea del hanabi del año!!. Y lo segundo que hicimos fue irnos al izakaya ese que te puedes sentar fuera. Ahí, entre cerveza(sss) y tsukune(s), estuvimos contándonos las historias de su Kendo, de mi Karate, de las que son así como pa mi pero que ellas todavía no lo saben… y de vez en cuando, pues foto al canto, y es que se me visten tan guapeteeees…

Al Guille, que estaba de cara a la gente, le saludaba alguno de vez en cuando, si es que entre la cara de majete que traía de casa y las cervezas, estábamos con la sonrisilla puesta todo el rato. Como se estaba allí divinamente y tenía pintas de que al lado del río iba a ver más gente que en el abismo de Helm (Frase hecha by Nerea, todos los derechos reservados), pues decidimos que nos estábamos un rato más y de paso contábamos cuantos melocotones era capaz de vender el de la furgoneta.

Los móviles no andaban muy católicos por el mogollonazo de gente que había…

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Luego ya cuando se hizo de noche y Nerea estaba ya con nosotros, decidimos adentrarnos un poco en el abismo y ver si éramos capaces de encontrar un hueco donde se viese un pelín del asunto. Aquello era como estar en el nivel 27 de los lemmings, pero sin el pelo verde y con cervezas en vez de escaleras en la mochila. Total: no vimos los fuegos ni vimos nada, pero lo que moló fue vivir el ambientillo una vez más: todos con Yukata, las míticas esterillas azules… otra noche mágica de verano. De las mejores: improvisada 1000% y compartida con amigos.

Camino a casa, cuando la cobertura del móvil empezó a medio funcionar de nuevo, tenía un mensaje de Alain para ir de juerga por Shibuya. Pero ya estaba muerto y es que uno no tiene veinte años, por mucho que se quiera pretender… gomen ne, Alain!

El Pachinkoncurso

Érase que se era que Pau nos mandó un email allá por Mayo contándonos que estaba pensando hacer un concurso en El Pachinko, que la cosa era que la gente le mandase fotos que tuviesen algo que ver con Japón chimpón. Decía que había pensado en que el premio fuese una Ikucamiseta, que a ver que nos parecía la idea… y a nosotros ¿que nos va a parecer? pues genial!!, claro!!.

El caso es que el concurso acabó hace unos días y he aquí la pedazo de fotaca ganadora:

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Es de Quicoto, que resulta que le conozco porque se vino a un hanami y se merece el excelente e inigualable premio porque la foto es original como pocas.

A una orden Pachinkera le mandamos la camiseta elegida, la Cienpiés Cyan, y Ricard se hizo una sesión de fotos:

¡¡ Muchas gracias Pau por contar con nosotros,
y Quicoto por el postreportaje !!



Por cierto, pasaos por el set del Flickr del concurso porque ninguna de las fotos que han participado tienen desperdicio.

:gustico:

Y nosotros que nos emocionamos enseguida a la que te descuidas y miras patrás, hemos decidido primero poner una foto mía haciendo el gamba con mi amigo el perrotrinque:

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Y segundo que…

¡¡ las siguientes cinco camisetas que se pidan
van con un kitkat de té verde de regalo !!

Que no os podéis hacer a la idea lo que nos ha costado enviarlo desde Tokyo con la ley esa rara de aduanas que ha salido nueva, la madre que los parió, nos han cobrado una pasta por impuestos de importación y lo peor es que nos retuvieron el paquete en Madrid un montón de tiempo!

:copon: :regulero: :porsaquil: :pliebre: :pirao: :otiaya:

Buenoooo buenooo, ya es igual porque ya los tiene Bea allí en los Bilbaos. Ya sabéis, las camis se piden por la web, las mandamos contrareembolso y ahora mismo todavía quedan…

5
4
3
2
1

0, se acabaron!! gracias a todos!

La cita a ciegas

Hará ya más de un año de la primera y única cita a ciegas a la que he ido en mi vida.

Ella era la amiga de un compañero de la oficina que nos lió por separado para intentar liarnos juntos y después de escasos dos o tres mensajes aparecimos en un izakaya en Shibuya un viernes por la tarde, a esa hora en que uno se empieza a acostumbrar a no tener un ordenador delante y te empiezas a hacer a la idea de que al día siguiente ya no hay que madrugar.

Ella era de Fukuoka y había venido a Tokyo a trabajar de diseñadora aunque por el camino le había tocado hacer todo tipo de trabajos temporales hasta dar con su lugar. No era demasiado guapa, pero de verlas venir tengo yo el camino más que andado, y no iba a perder la oportunidad de conocer a alguien sólo porque lo de fuera no me acabase de convencer.

Fumaba mucho y bebía todavía más. Al de una hora ya tenía montada allí la fábrica papelera y ya me llevaba muchas cervezas de ventaja… no tenía yo claro si iba a llegar a la prórroga sin poner las largas para ver mejor. Y como siempre tenía algo en la boca, fuesen cigarros, karaages o jarras, pues no hablaba mucho, claro. Así que me tocó a mi tirar de repertorio y contar las historias que en ese momento decoraban mi vida: que si Karate por aquí, que si oficina por allá, que si Yosakoi…

Yosakoi… menuda lié contándole que estaba apuntado a un grupo de Yosakoi….

– ¿Haces Yosakoi? ¿y por qué?
– Pues no sé, hacía un amigo y me parece algo como muy japonés que me llama la atención y quería intentarlo
– Muy japonés dice… bueno bueno, vale
– ¿Qué? ¿que pasa con el Yosakoi?
– No no, no digo nada, no quiero hablar más de ello

Y su tono cortante me acabó de convencer, todavía más si cabe, que en la vida iba a volver yo a quedar con semejante tipa. Ella siguió bebiendo mucho y fumando más, añadiendo a tan entrañable rutina la bonita actividad de viajar al baño cada poco tiempo mientras yo ya me limitaba a cumplir expediente. No veía la hora de irme, ya ni hacía esfuerzos por mantener ninguna conversación, más bien pretendía que se notase que me quería ir para ver si acababa ya de pedir jarras. Es más, hubo un rato largo en que decidió ignorarme por completo y se puso a mandar mensajes a medio Japón con el móvil mientras yo comía tratando de que el tiempo pasase un poco más rápido.

Hubo un momento en que, por alguna razón, la camarera no acababa de traer el último pedido y mi encantadora cita se puso a llamarla a gritos. Cuando llegó, le montó un jaleo tremendo a la pobre chica, que yo soy ella y dimito, claro está, después de meterle un bofetón a semejante amago de persona y tirarle el sushi a la cara. En vez de eso, nos trajo los platos pidiéndonos perdón con reverencias mientras ella no se dignó ni a mirarle a la cara y yo hacía lo posible por quitarle importancia al asunto.

Cuando volvió de su séptima u octava incursión al servicio, en un alarde de iniciativa sin precedentes en toda la noche, empezó una conversación:

– ¿Quieres que te diga lo que pienso de lo del Yosakoi?
– Si si, claro
– Yosakoi es la actividad a la que se apuntan los frikis de la universidad, los que no saben hacer nada, los que no tienen amigos, los raritos.
– Anda, bueno, a mi me llama la atención porque soy extranjero y me parece algo bonito.
– Además, ¿hombres bailando?, que hagas Karate me parece bien, pero que hagas Yosakoi no es normal. Seguro que tus compañeros son unos otakus de cuidao.
– Pues no, la verdad es que son gente bien maja, y también van señoras mayores y niños, me parece un grupo súper majo y además siempre me están ayudando cuando me lío con los pasos o cuando no entiendo algo.
– Yosakoi es de otakus, de raros y tu puedes decir lo que quieras, pero deberías dejar de ir ya. ¿Yosakoi? ¡lo que tengo que oir!
– Pues a mi no me lo parece y por lo menos voy a seguir yendo este año porque me gusta y porque quiero acabar lo que he empezado. Igual en Fukuoka tiene esa fama, pero aquí no creo que sea así.
– Igual, en Tokyo es igual que en Fukuoka seguro. Deberías dejarlo y hacer kendo, pero no Yosakoi, me da hasta vergüenza pensarlo.

Después acabamos de comer lo que habíamos pedido, pagamos a medias y salimos por la puerta unas dos horas y media después de haber entrado. Mientras bajábamos solos en el ascensor le dio por abrazarme y ya en la calle va y me dice que le he caído muy bien, que si nos vamos a un bar a tomar algo, que si tengo planes para después, que a ver por que zona vivo.

Y yo le digo que si, que tengo planes, que al día siguiente tengo ensayo de Yosakoi con mis compañeros los raritos y que no puedo faltar. Y sin alargar más mi agonía, cojo la cuesta camino de la estación y me marcho a paso ligero mientras le escribo un último mensaje al móvil antes de borrar su número:

– Ha sido la peor cena de mi vida, eres una borde.

– Y tu eres un puto extranjero otaku, vete a tu puto país a hacer perder el tiempo a las chicas de allí. Y deberías haber pagado tu la cena, y… -me contesta entre dos o tres frases poéticas más del estilo, poniendo gaijin tres o cuatro veces por cada una.

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Ikusuki in the world

Toma toma la liada padre con el hosting. ¿Pues no resulta que me han mandado un par de emails ultimatum ahí a lo chantaje?. Dicen que el ikublog está monopolizando los recursos del servidor, que lo arregle, que está mal hecho, que tiene movidas raras que están perjudicando al resto de webs. Hombre, yo tengo claro que el ikublog es mucho ikublog pa cualquier maquinucha ahí, ¿pues no van y me dicen que la tabla de comentarios es la que la está liando parda?, y me cuenta el tipo, que me cae fatal con ese tono de Toni Soprano, que agilice esa tabla, que borre filas.

¡¡ Y un ojete moreno pa ti que te comas !!
:porsaquil:

Si hombre, voy a borrar los comentarios del blog, que son mi tessorooooo. Lo que he tenido que hacer es desactivar chuminadas que parece que no le gustan a los señores del hosting, aunque son gilipolleces como manatís: lo de «últimos comentarios» de la parte derecha, y en el «Hasta aquí hemos llegao» he tenido que quitar el listado de posts y dejar sólo los meses (ésta última me molaba como estaba, cachis).

Lo que más me ha fastidiado de todo esto han sido las maneras: han puesto el blog offline y me han amenazado con borrarlo si en 24 horas no soluciono las queries lentas que me han ido mandando. El caso es que el blog lleva así más de año y medio y nunca habían dicho nada, y de repente me la lían parda abriéndome «abuse issues», y por supuesto el tiempo ese que ha estado inaccesible no me lo compensan de ninguna manera. Después de cada «arreglo», me dicen que me ponen a prueba dos horas perdonándome la vida un par de veces más, y si paso lo que quiera que sea que miren, me otorgan el gran privilegio de dejarme en paz.

Bueno que es igual, ya tengo mirao otros hostings por ahí y a estos les van a dar mucho por el natto en cuanto caduque el contratico.

¡¡ A lo que íbamos !!

Yo quería poner aquí un par de foticas que tengo atrasadas del tito Fla y sus viajes por el mundo pelota achatao por los polos este por el que pulula cual viento de poniente.

Hola Oskar!!

Te mando esta foto con la camiseta del cienpiés en un lugar poco común, en la zona desmilitarizada (DMZ) entre Corea del Norte y Corea del Sur, muy cerquita de la frontera entre las dos Coreas.

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Y el caso es que salió vivo de allí y como también tiene la Ikufuji, se la llevó al sitio ese que siempre están en domingo:

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¡Gracias tito Fla!
¡para quieto ya!

¡Dentro mapa!

Y para celebrar todo esto que os cuento, y de paso que los rizos del Puyol no se enredaron en el balón del gol de ayer…

¡¡Al siguiente que pida una ikucami le metemos un fuurin de regalo!!

Actualización: cami vendida y furin regalao…

Esas otras fotos

Cada vez que salimos a algún lado, raro es que no haya nadie con cámara. Aquí va una recopilación de esas otras fotos de objetivos ajenos que sustentarán los recuerdos vividos y gritarán, en otros tiempos, que hubo otros tiempos… conmigo dentro.

Excursión a Zushi

El domingo me pegué un madrugón de esos que dan miedo y me planté en Shinjuku presto y dispuesto a hacer una ruta por el monte que Héctor se sabía. Por el camino me crucé con mi vecina que venía fina haciendo すs por la acera dejando entrever su entrañable condición gambiteriana. Mientras pensaba que ole sus huevos, también me di cuenta que en mi barrio de viejicos a esas horas hay más gente por la calle que a las tres de la tarde, así que ya me tengo mirada una ruta alternativa para mis regresos domingueros. ¿Será por eso que me miraban raro en el súper?, si es que esas horas no son buenas…

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Bueno bueno, que estábamos en Shinjuku a las ocho de la mañana. Allí me planté y aunque estaba Carlos esperando en el mismo sitio, como no le conocía no le dije nada hasta que Alain llegó y nos presentó. Total, que unas ocho personas nos juntamos y después de un ratico por entre andenes y otro dentro de un bus que habla todo el rato, llegamos al principio de la ruta donde lo primero que hicimos fue cascarnos un yakisoba como la copa de un pino de bueno, ojo que Saralú saco foto:

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Héctor venía con las fivefingers de casa, yo las mías me las traía en la bolsa, pero me las calcé dentro del bus. Balance totalmente positivo: pasamos por un río metiendo el zancarrón y sin problema, subimos por un camino lleno de barro y daba igual que pisaras que que no, porque total luego íbamos a pasar por el río… aparte de para correr, queda demostrado que para ir al monte están genial.

Al principio nos acojonaron un poco con un cartel donde ponía que había serpientacas a lo V ahí acechando, y la verdad es que al principio yo creo que todos teníamos el dichoso cartel en la cabeza y andábamos atentos cuando había hierba alta.

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Como decía, el principio del camino era por un río: ibas por la orilla hasta que de vez en cuando te tocaba atravesarlo por unas piedras que tenían puestas. Fue súper chulo, lo mejor de toda la ruta!!. La segunda foto, que también la sacó Sara, me parece preciosa (y no es porque salga yo, aunque influye, jajaja):

Después cuestaca parriba llena de barro hasta que llegamos a la cumbre donde había un mirador desde el que no se veía nada por la niebla, lo que no quitó para inmortalizar el momento a lo fotaca conquistadora. Ojo a Alain que se encontró el palo de un avatar y ya no pudo parar!

Y ya tiramos pabajo y nos fuimos a comer un piscolabis a una playa que había allí al lado. Ahí paso una movida que todavía estoy yo chato. Estábamos tan tranquilos zampando unos onigiris y unos bocatas, cuando de repente baja un aguilucho a toda caña, engancha mi bocadillo con las garras dejándome el plástico de fuera, y se lo lleva. Flipante: a mi ni me tocó, pero el peazo bicho se me llevó la comida ahí en un movimiento a lo culebras que me dejó temblando. Yo lo único que vi es un mostrenco encima de mí y de repente un bicho llevándose mi merienda, ¡es que hasta lo sacó del plástico!. Menudo artista, si señor. Luego ya andaba a ver si bajaba a por la manzana, pero el muy perrete sólo daba vueltas por encima.

Luego ya, pues para casa a quitarnos los siete kilos de barro que llevábamos a base de ofuro reparador… mereció la pena el madrugón, si señor, aunque tampoco me costó demasiado porque el viernes y el sábado los dediqué a preparar el examen de Karate y no tenía el cuerpo pa mucha juerga así que el sábado me metí prontito a la cama como el chico formal, responsable y lozano que soy.

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La señora del combini

Durante dos años y medio trabajando en la oficina habré ido de media una vez al día al combini de la esquina. Hubo una temporada que me pasaba por allí para comprar el desayuno absolutamente todos los días: un onigiri o un sandwich y mi lata de café caliente que me terminaba casi antes de que el ordenador acabara de arrancar.

También era la excusa a media tarde para salir a estirar las piernas: bastaba un cruce de miradas a eso de las cuatro y Akira y yo hacíamos una excursión a aquél lugar donde lo mismo te venden unos calzoncillos que un sandwich de fresas con nata.

Alrededor de la oficina poco más había, así que siempre íbamos al mismo combini donde siempre trabajaban las mismas personas a distintos turnos. Sabíamos que después de las cinco ya dejaba de estar el señor calvo de gafas y la señora bajita de pelo corto, y llegaba la adolescente con cara de perro y el chico nervioso que daba la impresión de ponerse todavía más cuando llegaba yo con mi cara de no haber nacido en Shinjuku y mi comportamiento extraño por descubrir.

Parece una frase de viejos, pero es cierto que se me antoja que viví tres o cuatro vidas distintas aún trabajando en el mismo lugar. Tuve novia dentro de la oficina, y luego ya no. Hice dos trabajos distintos desde el mismo ordenador, según la semana fuese o no impar, y luego ya sólo uno. Había un señor que me daba una nómina todos los meses hasta que dejó de hacerlo y entonces pasé a cobrar cada ciertos meses. Dejé que las corbatas se oxidasen dentro del armario junto a trajes que ahora me vienen grandes mientras compañeros, y algún que otro amigo, se iban yendo en busca de otro futuro quizás sin tanto ego ajeno que tener que digerir.

Pero, con Akira y luego ya sin él, yo seguía yendo de vez en cuando al combini de la esquina donde, poco a poco, nos fuimos calando clientes y dependientes aún compartiendo poco más que el intercambio de dinero y la retahíla y el palabrerío tan propio como impersonal de las tiendas de Japón.

Un día de éstos en los que el sol está de buenas y las nubes se han ido a lloverle a otro cielo, decidí romper el hielo con la señora bajita que siempre llevaba vaqueros debajo del uniforme del local porque me parecía simpática:

– ¿Dónde tenéis las latas de café caliente? que me muero de frío y no las veo!, ¡no me digas que ya no vendéis!
– Ah, es que las hemos cambiado de sitio, mira, están ahí
– Ah vale vale, brrr, qué frío, rápido rápido cóbrame rápidooooo
– Jajaja, vale vale, corre corre, bébetelo rápido no te vayas a congelar, jajaja

A partir de ese día se convirtió en costumbre empezar conversaciones del estilo, siempre en tono de broma y lo cierto es que hubo mañanas que se me arreglaban sólo con ir a comprar algún trozo de arroz envuelto en algas relleno de vaya usted a saber qué.

Oye, ¿estás seguro que te vas a comer esto?, ¡que tiene natto! tu lo que quieres es un sandwich, déjate de experimentos que te veo volviendo en dos minutos
– Que ya se que es natto, jaja, que yo me como el natto y hasta me gusta y todo
– Anda la leche, que se come el natto dice, pues me dejas helada.

Las conversaciones que empezaban entre los dos se alargaban o no dependiendo de que hubiese otros clientes a los que cobrar, y muchas veces acababan participando el resto de dependientes que acabaron sabiendo prácticamente todas las historias, de trabajo o no, en las que yo andaba metido gracias a esos cinco minutos diarios de estirar y amortizar el tiempo de darme las vueltas en la caja del combini.

Un día me llegaron a presentar a la nueva dependienta como el karateka del país del fútbol que estudiaba la ceremonia del té con un kimono del Uniqlo que estaba de oferta para el día del padre, pero que me lo compré yo mismo porque daba el pego. Y todos nos reímos menos ella, que se ganó rápidamente el grandísimo honor de ser la adolescente con cara de perro del combini de la esquina que después del periodo de aprendizaje, se puso con el turno de tarde a perrearle a la gente.

Michiko como buena madre responsable, eso de gastarse los cuartos en los combinis no lo ve muy allá, con lo que era mucho menos asidua y sólo se pasaba de vez en cuando a engañar al estómago con algún pan a modo de postre o quizás algo para la oficina. Sabiendo como son las dos, no me extrañó que a pesar de no ser feligresa habitual también trabasen amistad siguiendo el dicho de que Dios, o Buda que tiene mas jurisdicción aquí, los cría y ellos se juntan.

Finalmente llegó el final de la empresa, y Michiko y yo pensamos que no quedaría muy allá que de repente desapareciésemos sin dejar rastro, y quedamos en ir al combini a contarle la situación a la señora y, de paso, volvernos con unos nikumans de pizza y curry.

Sin llegar a dar muchas explicaciones, estuvimos hablando un rato largo echándole la culpa de todo a la crisis, aunque en realidad la tuviese el Irlandés y sus payasadas de pretender ser el doble siendo la mitad. Y el caso es que ella nos contó que era la dueña del combini, que nos iba a echar de menos. Nos propuso que quedásemos una tarde los tres en un izakaya para conocernos mejor, porque, decía, que sentía que podíamos ser buenos amigos fuera de la extraña relación de tienda que nos unía. Habló de que era una suerte habernos conocido y sonó tan de corazón, que ya nos hemos puesto de acuerdo en una fecha y un lugar ahora que ya se han asentado algunos meses sin tener que fichar por las mañanas.

No te preocupes, Oskar –añadió mientras escribía su teléfono en un postit con publicidad de Asahi- que mi hija ya te conoce muy bien y dice que se viene, así que no vas a estar sólo con dos señoras mayores, que tiene más o menos tu edad. Y oye, quien sabe, que lo mismo hasta os hacéis gracia!

¡Anda, que me sale novia y todo!. Mientras que mi suegra no me haga trabajar en el combini… que a mi me da la risa con lo del atatamemaska…

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Picopalable´s day

La semana pasada, el Capi empezó a poner de acuerdo a un montón de blogs para que escribiésemos algo sobre el día del orgullo Friki, que por lo visto es hoy. El caso es que yo le dije que me iba a ir el fin de semana a ver si pillaba a algún picopalable en plena acción mamarrachenca y así por lo menos plantaba una foto, pero el fin de semana se me complicó un poquito… y hasta aquí puedo leer, ¡tarjetita!

Así que lo siguiente que se me ocurrió era enseñar mis figuritas de robotoses, mis mangas, mis colecciones de frikiplanet pero… ¡es que no tengo!. Ahí va lo más friki que he encontrao por casa, una gorra que compré en Odaiba porque me hizo gracia:

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Agarrarse los machos, que resulta que yo vivo en Japón, pero no me considero ni friki, ni geek, ni ninguna palabreja de esas. Si acaso un pataliebre como la copa de un pino, y a mucha honra que nos estamos extinguiendo.

:pliebre:

Ni entiendo, ni me gusta, ni me deja de gustar el manga, a mi me sacas de Goku y poco más me sé. Anime me dio por ver la temporada que estaba intentando aprender japonés y me puse con Naruto, pero tampoco me duró mucho, ah, también vi al carapan del Densha Otoko que me daban ganas de apalearle siete veces por capítulo, pero que no, que me sigo quedando con Qué vida más triste y El Águila Roja, por aquello de la nostalgia del castellano, supongo. Y más ahora que me he quedao chato con el final de Lost que todo el mundo dice que entiende y es mentira.

Reconozco que de pequeño me flipaban los ordenadores más que a los de mi edad, y aprendí a programar muy pronto, sobre los doce o trece años ya estaba ahí dándole al Basic en un BBC dejando a «los mayores» flipados. Esa temporada de mi vida fue quizás las más friki, mi paso a la adolescencia fueron unos cuatro años rodeado de ordenadores en un centro que abrieron en mi pueblo y al que me dejaron apuntarme tan jóven por error. Luego supongo que les hacía gracia y me dejaron seguir yendo, aunque la edad mínima eran 16 años. Y me arrepiento un poco, por una parte aprendí un montón y eso me encarriló en la vida habiendo estudiado informática (cuanto mejor habría hecho poniendo un bar), y por otra parte era el bicho raro que no estaba jugando con sus amigos en la calle por las tardes, y además me salió un michelo más bonico que todas las cosas.

Después pues vino el Karate y se diluyó el asunto un poco, aunque claro que me gustaba echar partidas con el ordenador, pero nunca tuve una consola hasta que me regalaron la PSP que sólo uso para ver películas en los aviones (como si yo viajase mucho en avión, no te fá el cancamusero este!). También tengo una NDS que sólo uso para practicar kanjis, y tengo un iPhone del que sí que no me separo, porque me tiro todo el día leyendo los emails de los comentarios del blog y twitteando las mayores tontadas que se me pasan por la chola.

Se lo crean mis padres o no, ahora si hace buen tiempo prefiero pirarme a correr o a sacar fotos que quedarme delante del ordenador prostatitando, procortizando… ¡ENREANDO como se ha llamao siempre!. Una vez jugué una partida de rol con mi primo en Basauri y no me enteré de la misa carmesí a la media elfa. Si el capi no habla del grillo ese, yo ni me entero que existe, para mi las pelis del Señor de Los Anillos mayormente se resumen en gente con pelos hasta en las uñas dando un paseico, en Star Trek sale el Dr. Spock con las orejas parriba pero yo soy más de Murdock debajo de la gorra pilotando el helicóptero, me quedo antes con el Profesor Cojonciano que con el patahierro del Gundam, prefiero mil veces darme un paseo por Honmonji que irme a Akihabara a fotografiar meidos y rebuscar cacharros y antes que comprarme una figurita de una colegiala en minifalda, me lo gasto en Kirinises que me río más.

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Pero me mola que haya frikis orgullosos de sus aficiones, me mola que haya personas a las que les dé por disfrazarse y montar el circo en Harajuku para gustico de los que van a verles, si yo veo al Danny Choo por la calle, fijo que le digo algo porque me cae genial y me he reído un huevo con sus vídeos bailando con el traje ese. Porque de verdad que mola que haya de todo en este mundo, y esto lo digo sin ironía. Así que a todos los que os consideráis frikis…

¡¡¡ Felicidades !!!!

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PD: Eso si, a los que se disfrazan y no la jincan en todo el día, pasad por recepción que tenéis un pico y una zanja reservada de tamaño proporcional a vuestros santos huevos morenos…

Cereceando

Si nos fiamos del termómetro traidor y mentiroso, se puede decir que hoy ha sido el primer día de primavera de éste año en los Tokyos lirondos, y, lo que son las cosas, ha resultado ser un día desastroso desde por la mañana. En fin, sin dar explicaciones de sobra, digamos que he cumplido lo que tenía que cumplir y que ya he cubierto el cupo impuesto por Santo Tomás, así que pasemos página y saltemos charco, que mejor mirar para adelante que arrepentirse para atrás.

Total, que como a lo blanco de las flores le queda muy poco de reinado porque las hojas verdes ya se empiezan a hacer fuertes, he decidido intentar sacarle algo de provecho a las respiraciones que me quedaban despierto y, trípode al hombro y congoja a la espalda, a la calle me he ido a ver cómo de bien soy capaz de sacarles fotos de noche a los cerezos de mi barrio.

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Tate que en esas estaba, en lo de darle a la ruedita para que las rayas de la luz se quedasen detrás de la del centro, cuando viene un señor de unos cuarenta años con una Kirin sin abrir en la mano, una sonrisa de piano y varios grados de alcohol en la mirada.

– Please, drink it
– Oh, arigato gozaimashita
– Ala toma ya lo que escucho, ¿hablas japonés?
– Ná, un poquico sólo pa defenderme
– Oye, vente con nosotros que estamos ahí de hanami

Hay días en que ser la atracción del lugar no es lo que más me pone, pero también es cierto que lo de rechazar cervezas lo llevo muy mal, así que le sigo a un banco cuatro o cinco cerezos mas para allá. Digo yo que molaría que éste hombre tuviese veinticinco amigas dispuestas a descubrir mi caballerosidad y atractivo implícitos, tácitos e inherentes, pero en lugar de eso me encuentro a otro señor de más o menos la misma edad allí sentado enfundado en un mono de obra con menos sex appeal que Sancho Panza con ojeras.

– Ahí estaba sacando fotos con el trípode que si mira y apunta, que si apunta y dispara, y le he invitao a que venga -dice el señor 1
– Anda la leche, pues si, mira tú que cosas que aquí estamos mientras vamos -o algo parecido dice el señor 2
– Hola -digo yo mientras abro la lata y decido que me da igual todo, que la cerveza me la voy a beber muy a gusto se pongan como se pongan los tópicos, los cerezos, las isobaras y la NASA.

A partir de ahí, un poco más de lo mismo vivido mil y una veces ya: que si de donde vienes, que si flamenco y F.C. Barcelona, que si en qué trabajas, que si nihongo umai. Yo, lata en mano, mantengo la conversación casi sin pensar hasta que la cosa se pone interesante.

– ¿Pero tú porqué tienes esa napia tan grande? -dice el señor 1, a partir de ahora conocido como AL (aproximador con lata)
– Pos porque ha nacido así, anda que tienes cada pregunta que Kannon tirita -dice el señor 2, a partir de ahora conocido como SM (señor del mono)
AL: – jaja, también es verdad, yo no puedo explicar porque tengo esta cara tan rara
SM: – ni tú ni nadie
Yo: – jajajaja
AL: – míralo cómo se ríe!! ostras, cuéntale lo del mando a distancia
SM: – jajaja, ¿se lo cuento?
AL – si si, cuéntaselo que seguro que se ríe
SM: – vale, pues aquí Matías según le ves el otro día fué al curro con el mando a distancia de la tele pensando que era el móvil
Yo: – jajaja, ehhhh, jodé !!! jajajajjaa
SM: – tiene huevos!! porque tu me dirás un mando a distancia de una tele en qué se parece a un móvil!! ni el tamaño, ni pantalla…
Yo: – jajajaja, me imagino ahí cuando sacas el mando en plan: voy a llamar a casa, jajajajaja
AL: – miralo como se descojona!!! imagínate!! yo que saco el mando ahí y digo: are?, y luego llego a casa y mi mujer toda preocupada porque se había perdido el mando y no sabía cambiar la tele… no se lo conté nunca!!, hice como que lo encontré debajo de unas revistas!!!
SM: – si es que aquí AL es de lo que no hay
AL: – ¿tu conoces a alguien al que le haya pasado ésto?
Yo: – pues no, jajajajaja
AL: – esto sólo pasa en Japón
SM: – ¿qué Japón ni Japón? ¡¡ esto sólo te pasa a tí !! habrá una persona como tú de cada 10.000!!
Yo: – jajajaja -descojonándome a lágrima viva ya

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Me sigo riendo por un rato largo, esto me pilla con dos cervezas más y no paro de llorar de risa hasta el tsuyu.

SM: – Así que España, ¿ein?, pues yo una vez estuve en Francia y me parecieron muy fríos
AL: – ¿Si? ¿son fríos los franceses?
Yo: – Buff, los franceses dice…
SM: – Si, como ahí súper arrogantes todos que te miran por encima del hombro
AL: – Pero las baguettes están muy buenas
SM:– ¿qué tendrá que ver?!?!?!? perdona, ¿eh?, éste tío es raro, de verdad que no es normal, los japoneses somos mucho más normales, las baguettes dice,
Yo: – buajajajajajaja -ya he llegado al punto de no retorno, imposible parar
AL: – ¿tu te depilas las cejas?
Yo: – ¿el qué?, jajajaja
AL: – que si te depilas las cejas, yo me depilo aquí el entrecejo para que se vea que hay dos

Yo estoy gameover desde hace un rato… me duele todo ya de tanto reirme, pero saco fuerzas de yo que sé donde y le digo que no.

AL: – pues yo no me los depilaba, ni los pelos de la nariz, pero mi mujer me obliga a que me los corte y a mi me da como pena
SM: – ¿cómo te va a dar pena cortarte los pelos de la tocha? ¿pero qué me estás contando? a veces me pregunto porqué soy tu amigo!!!
AL: – que sí que me da pena, porque cuando tienes los pelos de la nariz largos se te caen menos los mocos en invierno, ¿cómo se dice moco en español?
Yo: – jajajajajajajaja, Dios!!!!, jajajajajaja, pues «moco»
AL y SM a la vez: – Moco! jajajaja, vaya palabra más graciosa!!!

De repente al SM le llega un mensaje por teléfono, se pone serio y le dice al AL que mejor ir enfilando para la estación, entonces me dan las gracias y me dicen que saque fotos chulas ahí, que a los cerezos le quedan dos telediarios, y que duerma bien.

Yo me vengo para casa, me quito los zapatos y, previo paso por el baño, me siento delante del ordenador deseando escribir esto que me acaba de pasar para que no se me olvide que no importa lo puerco que se presente el día, lo mugrientas que se vean las cosas… que tiene solución… ¡¡¡seguro!!!

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De cerezada por Yoyogi

Todavía hace rasca, pero hay que reconocer que el sábado hizo un día muy bueno, aunque al final se pusiese a llover. Yo me quedo chato cuando todavía hay gente que dice que si los japoneses son como robots, que si son fríos… madre del amor hermoso, la que me lían en los hanamis no tiene nombre, menuda juerga más guapa todo el mundo ahí pimplando y zampando a la vez.

Ojo, que lo de «todo el mundo» no es una forma de hablar, es literal: TODO el mundo, que ni los móviles fonaban de tanta gente junta que había allí!!

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Concretamente éste fué, que lo afotó Alain también

A mis queridos

– A T.M. que en lo que yo estoy haciendo ya la digestión de la comida, ella me da los buenos días desde las Hispanias a su puntual, tradicional y exquisita manera. Avatar que me pese.

– A Sokaku que siempre consigue que me descojone y al que tengo unas ganas de conocer que no me las aguanto. En Madrid, en Tokyo o en Bilbao… pero vestidos de blanco en un tatami y a hostia limpia… y sólo si me deja invitarle a los dos o siete piscolabis de después.

– Al Lorco porque es un amigo de los que se conocen cinco en esta vida perra, siempre dispuesto a todo, cervezas mediante. Y a su santa que sé que se pasa de vez en cuando a pasar lista de amoríos de los que salen entrelíneas en los posts.

– Al Pachinko, un tío que osa definir al iPhone como la extensión natural de mis dedos, que se atreve a decir que soy un despistao, y que encima me cae bien porque además de tener un pachinkillo que cuidar y mil viajes que contar, siempre aparta unos granos del reloj de arena para brindar a nuestra salud y a la de todos nuestros compañeros.

– Al Flapy porque no me habría comprado una cámara de fotos de no haber visto las suyas, y porque aunque nos vemos de Pascuas a San Pedro, ya quisiera San Pedro irse de Pascuas con él como yo.

– A Midori que nunca puede ver los vídeos, que le toca de vez en cuando exponer en el japonés de los japoneses, que no le da la vida entre oficinas y despachos, pero que nunca jamás de los jamases la verás enfadada. Ya quisieran los elefantes tener la mitad de grande el corazón. Aquí le entrego mi cheque al portador por valor de dos izakayas, tres karaokes y mil besos a cobrar cuando ella quiera. Y tiene fondos.

– A Javier I. Sampedro porque aunque está ahí, al otro lado de la ría de Bilbao en su Hong Kong coreando el «Vierneeeee» con el Lorco, se acuerda siempre de pasarse a saludar. Si esto estuviese cerrado, él tendría llave.

– A Zordor el arramplador, que le hemos perdido antes de ganarle en una espiral gambitera sin precedentes en la historia de los estudiantes del KAI. De las personas que no conocía a las que más rápido he confesado mis secretos entre futsukayois y ramens. Secretos suyos me sé unos cuantos, pero solo diré que es la única persona del mundo que sólo se come un onigiri si viene sin alga.

– A Quicoto, a cuyo nick todavía estamos buscando significado, que se sabe el WordPress de la W a la segunda S, que entre otear el eBay sección Photography y buscarle los tres pies al Lightroom todavía saca tiempos de exposición al ikublog.

– A Nuria, que me enseñó lo que es tener mecha aguantando porsaquiles, que encaró, con Hideo, el reto de buscarme moza lozana limpia, con estudios y buena familia con la condición de que pasemos los cinco tardes de paella, ribeiro y txakolí en algún txokozakaya riéndonos de los feos.

– A Winnie, mi Helen, que me llamó estirado nada más conocerme. La vida quiso que coincidiésemos de más y se las ha arreglado para seguir pululando cerca, estando siempre al ladito de mi ladito, como lo estaba en Bilbao y en Zamudio. Le debo mil abrazos y un beso mejillero de los de moratón.

– Al Captain, el eterno montador del vídeo de Zipango, tan eterno como el pago por paypal que le debo. Un tío que ha sabido crear todo un mundo que mola alrededor de su arcadia, que me regaló una camiseta talla vela de barco e hizo suya la cruzada gatostiabilítica. Los posts reguleros lo serían menos sin sus contraataques.

– A CristoMc, que tiene nombre del DJ del Vaticano, que consiguió, por fin, ser el primero en comentar a fuerza de darle a las teclas cada vez que salía un post, pero no por ello dejó de hacerlo.

– A Sol que ha hecho suya la rutina de vigilar que la Nere, el Lorco y un servidor seguimos vivos y coleando, unos más que otros, por el país ese donde su nick asoma el primero.

– A Totoro de la que tengo apuntado en una libreta que es más de macramé, que es más «romántica rústica», que es más de morcilla con tomate… vamos, que la conozco un poco «más» con cada comentario y eso mola. También tengo su nombre pegado con postit en una funda de plátano, porque se la ha ganado.

– A Dat, mi rosa de Bilbao, mi prima lejana del otro lado del email, mi ropa de abrigo contra el frío trabajo, una de las tres personas que siento que me entienden casi mejor que yo mismo cuando se trata de sacar a tender la médula. Dolor de muelas, pan de centeno.

– A Mexiñol, al que siempre busco dejes que nunca deja de la primera parte de su nombre en los comentarios. Dice que nació y creció en España, pero yo espero algún día compartir unas chelas en donde está naturalizado.

– A Itarianjin, paisano pasajero que sacó billete hace muy poco, pero que se resiste a volver a pisar el andén y se ha hecho fuerte en el vagón de atrás, pero en un asiento de ventanilla, eso si, para estar atento a las paradas, que si es San Mamés o Avigliana, en esas si que se baja.

– A Toxo que se vino conmigo a la ceremonia del té sin yo saberlo y que, sin ella saberlo, me ha endulzado muchas mañanas al dejarme la palabra «lindo» dentro del café.

– A Cosarara que siempre me sorprende fijándose en las cosas raras de los posts, que se pone a dibujar y no hay quien la pare, que a juzgar por cuando me escribe, vive a horas raras.

– A Memoriadepez que no se si se acordará de volver a Capoeira, pero rara vez pasan dos días sin noticias suyas… ¿será que tiene escrito «Tío Tosca» en un postit en la nevera?

A los caballeros que se dejan caer y tienen el detalle de saludar, a todos los que algún día se pasearon por la ikuplaya y se acordaron de pisar un poco más fuerte y así dejar su huella al barquero del malecón que se pasa todas las mañanas, café en mano, a recorrerlas una a una, a todos mis queridos comentaristas…

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Reflexión parlapuñaica sobre tu blog Ikusuki

El mundo de los blogs es un jaleo del copón. Parece que a todos les pasa lo mismo: uno empieza escribiendo para los amigos y al final acabamos con el ego por las nubes tratando de ser el gurú que todo lo sabe. Yo todavía me sorprendo cuando veo posts reguleros copiados literalmente de la wikipedia, o barbaridades rotundas que no son más que fantasmadas o mentiras cancamuseras con el fin de alimentar la leyenda que se han creado, y creído, sobre ellos mismos. Y eso cuando no centramos el blog en simplemente atacar y desprestigiar a otros blogs, que parece que esto es una competición por ver quien se lleva el mayor número de comentarios, por cierto que parece que es lo que estoy haciendo yo ahora mismo con este post y nada más lejos de Albacete.

Yo creo que esto va por fases. O yo he ido por fases. Al principio sólo ves que gente que conoces de tu vida real son los que te leen y te escriben algo, después de vez en cuando aparece alguno que no conoces y es extraño, aunque hace ilusión. De repente la balanza se desestabiliza y ya son una inmensa mayoría los que no sabes de donde han venido que se convierten en habituales, mientras que, tristemente, los del principio parecen olvidarse de uno. Ahora pienso que seguro que saber que te lee más gente también hace que escribas de otra manera, supongo que uno se piensa que tiene una misión, que hay que cumplir con toda esa gente y ya el tono no es tan cercano quizás por vergüenza, o qué sé yo.

Yo he ido por fases seguro, ahora lo veo:

– Tuve mi fase del menéame donde ponía el elefantito ahí y escribí posts pensando en lo guay que sería que miles de personas supiesen que yo existía y de paso a ver si se vendía alguna camiseta más. Se me pasó pronto, en cuanto me menearon un par de posts donde gente que no conocía de nada me ponía a parir sin, claro, conocerme a mi de nada.

– Tuve mi fase del bitácoras, donde ponía el iconico de votar y trataba de darle publicidad al asunto para ver si ahí, que parece que hay mucho más respeto, triunfaba el ikublog. Esta fase me duró bastante y tocó techo con lo de los premios, que quedé finalista con la chorrada del vídeo del gatostiable con el que me reí más que nadie, mal que le pese a algunos siesos tocahuevos que por alguna razón se tomaron la tontería esta como algo más. Esta fase se me acabó pasando también y no creo que haga nada por el premio de este año, total, hubiese ganado o no me iba a quedar igual.

– Pasé por la fase del ikuagobio, donde todo lo que tenía que ver con el blog me daba una pereza increíble porque me parecía un suplicio innecesario y muy frustrante tener que escribir todos los días, digamos que no me compensaba, no le veía sentido. Esta fase estuvo muy motivada por un par de tipos que vinieron a dar por el saco y a hacer daño… me da rabia confesar que lo consiguieron, ahora que una y no más, Santo Tomás. Gracias al Daibutsu, se me pasó muy pronto también y además me dejó con vacuna contra los cortos de miras pero largos de lengua.

– Ahora tengo la fase del allá cuidaos, y creo que me va a durar mucho porque me va mejor. Mayormente escribo lo que quiero sin mirar el número de comentarios o de visitas, sólo me guío por mi mismo, cuento lo que quiero contar en ese momento que suele definir bastante bien cómo me siento yo. De esta manera, si releo los posts de enero, por ejemplo, reviviré lo mal que lo pasé con el invierno que me tenía a punto de llorar de pena la mitad de las noches, y no me importa demasiado que me entendiesen o no las mil personas que vienen a leerme porque esto, a fin de cuentas, es más mi diario que otra cosa. Un post como el de ayer es impensable que triunfe en el menéame o genere muchos comentarios, pero no por ello voy a dejar de escribirlo porque para mi vale un millón de veces más que cualquiera de los reguleros.

Ojo, no vayamos a pensar que me dais igual porque no es así. Releo los comentarios una y otra vez, los contesto siempre que puedo y con algunos de vosotros tengo muy buena amistad, aunque no os haya visto en mi vida. Digamos que me da igual cuantitativamente lo que se genera después de escribir un post, o en otras palabras: que suban o bajen los numericos. Porque si me comparo cualitativamente con lo que uno se encuentra en otros blogs, soy un privilegiado que les gano por goleada.

O dicho a lo abuela, que es a lo que yo iba: sois unos soles como catedrales de gordos.

Y si no, vosotros me diréis cómo se puede sentir uno después de leer el email que me mandaron el otro día:

Si uno de mis amigos se fuera al polo norte a vivir, me contaría las cosas que
cuentas tu. Porque lo que transmite tu blog es humanidad, tio tienes un blog humano. Ese amigo si me contaria que esta triste por una amiga, una historia de un mendigo, una sonrisa en la ceremonia del te, una señora colgando paraguas, casitas de madera, doncellas de altos vuelos, madrugones karatekas congelados, masajeadores de espalda, orquesta china en la comida, bicipolis con palo, susurros indecentes, trenes rapidos con pegatina de novato, sobrinas pizpiretas, cucarachas y lagartijas con menos cola que la tienda de donuts, gruñones con las costillas incadas en su orgullo, 7 fotos para una casa, futones perezosos y almohadas que abrazar, peluches con paquete en lucha contra ninjas usb en la batalla de los 47 ronin…

En el banco donde el viejo hacia papiroflexia verde,te emocionaste bebiendo una pepsi sabor cinturon negro, te quiso una borracha, Zalla te perdono y el mundo conocio tus camisetas.

Gracias por dejar esas hojas en tu escritorio.

Dónde esta Tío Tosca?
viviendo

Ahí es nada…

:gustico:

IkuFlapy in the world

El tito Fla que si se queda quieto dos semanas seguidas en el mismo país lo mismo le entra un reconcome, nos manda postales como el de los Fraguel dándonos más envidia que otro poco. Eso sí, luciendo lozanía gambitera allá por donde pasa, porque otra cosa no será el tío, pero jedi gambitero… ¡por el mundo entero!

Yepa Tosca! Aquí te envío algunas fotos que me hice con la IkuEki en la fábrica de Brugal en Puerto Plata (República Dominicana). A ver si nos vemos, que tengo un regalito para ti
;)

¡En la fábrica de Brugal!
¡no te digo más que luego tó lo sabes!
:gambi: :gambiters: :gambi:

(…que ganas tengo de beberme ese regalito…)

¡Dentro fotos!

¡Dentro mapa!


Ver mapa en fokik

Y para celebrar tamaña conquista y de paso que el invierno se ha ido a Parla, Bea y yo hemos decidido que las cinco siguientes camisetas que se pidan de la IkuEki tanto de chico como de chica valen 5 Euracos menos, es decir, que…

¡¡ a 15€ cada una !!
¡ala :bythesegao:!

Quedan
5
4
3
2
1

0 camis!!

:gustico:

¡No le hagáis caso al cartelico de la web que pone 20, que es que me da pereza cambiarlo, hacedme caso a mi!

Bonyushu en concierto

El jueves pasado Miguel me invitó al concierto que daba con su grupo Bonyushu en la sala CCO en Shimokitazawa, y yo fuí encantado, claro, que además se apuntaron Michiko y su madre y todo.

Siempre es un placer verles en directo y yo siento cierto orgullo viéndole allí delante del micrófono hablando y bromeando en ese japonés que a mi me suena tan bien. A veces pienso que si uno ya es capaz de hacer chistes en japonés, es que ya se domina como se tiene que dominar y a juzgar por las carcajadas de la gente, este señor lo consigue aunque yo no pille ni la mitad.

Escuché buena música, buenas canciones cantadas en castellano y japonés por un amigo en el mejor de los ambientes, saqué fotos, grabé vídeos y bebí cerveza en buena compañía… sería arrogante pedirle más a una velada.

Bonyushu son:

Miguel

Ban

Toko Chii

Y una vez más, contaron con la colaboración a la percusión de

Masakazu Tangiku

La última vez que fuí grabé prácticamente todo el concierto, pero la tarjeta de memoria se rompió y no hubo manera de recuperarlos. Ésta vez me he aplicado el cuento y los he guardado como oro en paño, que esto no puede volver a pasar.

Bonyushu en concierto por ikusuki en el Vimeo ese.

Miguel, ya estoy esperando al siguiente!

Gatostiable Hunters – La misión

El entrenamiento y la preparación fueron duros, el jóven y osado Urías puso criadillas en el asunto y llevó a cabo su misión en medio de una piara de críos de gusto revirado y padres de ésos que no ponen atención a la educación de sus vástagos. Qué vergüenza, qué sindios y qué dislate que el Gobierno no haga nada aquí. Pero, en fin, para ésto estamos nosotros…

Misiones más habrá, mi jóven Padawan de barbuda faz,

el Gatostiable ser ostiado su sino es, sin duda.

Paciencia tener debemos….oh si,

…paciencia tener debemos…

:gatostiable:

The Gatostiable Hunters

Un enemigo común

(Gatostiabilus Aboquerus Tarambanae)

Una misión noble para un hombre noble

(ArcadioUrius Grillus Barbacas)

gatostiable-hunter-teaser_v2.jpg
By Getres (Getresus Twitterus Totus)

Un entrenamiento gónadas style

(Ninjus Cojonares Maximus)

The Gatostiable Hunter (1/2) from Capitan Urias on Vimeo.

¿Cumplirá el Captain con su misión?
:gatostiable:
¿Habrá sido suficiente el entrenamiento kintamil del sempai Ninja?
:gatostiable:
¿Será el gatostiable apalizao como sin duda se merece?…
:gatostiable:

Continuará…

:pabajo :palizero: :gatostiable: :porsaquil: :pirata: :jumjum: :nunchakero: :ostiejas: :otiaya: :copon: :twisted: :pabajo

No dancing allowed!

Esta si que fue buena. Érase que se era que nos juntamos unos cuantos para ir al ガンビテル寺 (Gambiterji – Templo Gambitero). Todos sabemos que en el Gambiterji hay líquido purificador a cascoporro y feligreses variopintos que le dan el toque risueño y entrañable que le caracteriza, así que nunca está de más hacer un peregrinaje de vez en cuando para sanear el alma de los buenos pensamientos.

Yo venía de tirarme todo el día sin parar entre Karate y cena en casa de Michiko así que no tenía mucha fé en aquella velada porque venía ya con más sueño que oyendo a Maldonado dando chubascos en el litoral (el tema de la sosería implícita de Maldonado será analizado otro día, ¡tío más saborío no existe, que te ponía la misma cara pa un frente frío que pa sol en la mitad norte!). Pero el Gambiterji es el Gambiterji, así que allí nos presentamos previo paso de un servidor por un combini a redbulearme por las bandas.

IMG_0614.JPG

Nada más llegar al santo recinto nos cruzamos con gente que se iba con cara agrímarga, algo se estaba cociendo en el sacrosanto santuario. Al final una rubia se nos puso a cascar inglés a todo meter y sin subtítulos, aunque yo creo que dijo algo así…

You know what? they say you can’t dance in the place!. What the fuck? I have the solution: Roppongi!!!

… después digo yo que se iria al encuentro de los maromos que te llaman brother y las primas de Picio que te ofrecen masajes con Colajets de regalo.

Total que nosotros bajamos las escaleras y de repente un cartel ahí en la entrada:

IMG_0642.JPG

¡Ahí va la otia por lo segao!
:ahivalaotia: :bythesegao:

La cosa tenía tamagos en escabeche moreno, ¿una discoteca que no se puede bailar? :pirao: ¡tócate los tocables!. Resulta que la catedral no se ha sacado una licencia de no se qué gaitas, que les han prohibido que allí baile nadie y la poli viene de vez en cuando a controlar el asunto.

¡Qué realizados se tienen que sentir los policías de la redada bailotera!

A ver los papeles, que te he visto mover el glúteo derecho con una cadencia sospechosamente parecida al ritmo musical!!!
Tu has bailao a Biyonsí que te he visto yo!!!
Que no he bailao!!
Que si!
Que no!
Que caiga un chaparrón!! (y que no lo anuncie Maldonado, por Dios!)

Aunque bueno, pa lo que íbamos a bailar el zordor y yo… lo mismo daba que me daba lo mismo. En fin, nos achantamos y nos vamos al Gaspanic ese donde lo que había era una recua extranjeros dando voces y bailando a lo zote que parecía más una peli que de verdad. Sólo faltaba la pelea de partir sillas en la cabeza, la redada del FBI y el veterano de guerra del Vietnam tomando whiskis.

Una cerveza duramos allí…

¡y porque la habíamos pagao, no te jiba éste!
:menfadao:

El zordor, que resulta que casca italianini el muy perrete de Alpedrete, hizo de enlace con los italianos que venían con nosotros y decidimos que como el Gambiterji no hay due, que aunque no se pueda bailare, mientras haya líquido purificatore, pues que totus tus y Asahi en la de todos.

Dicho y hecho, nos plantamos en el Pure, pagamos entrada y descubrimos que allí no había ni la mitad de devotos que antes. Pintaban bastos, allí parecía que nos íbamos a aburrir más que leyendo el muro del facebook de Zapatero. Pero no hay pena que el brebaje de los monjes no diluya, tomemos posiciones.

De repente la peña se pone a bailar, y el segurata viene a todo meter a decirles que no bailasen, que estaba prohibido. ¡Jodé qué risas nos echamos de lo chorra de la situación! «por favor, no bailéis que nos ponen multa».

La gente se escondía y bailaba así de refilón por las esquinas, porque es que música había como siempre! y no es que pusieran ahí a Vivaldi, ¡que era cañera!. «Os he dicho ya tres veces que no bailéis, copón!«, jajajaja, tiene huevos, «Como lo tenga que decir una cuarta, os ato a la silla, hombre ya!»

Aquí la cuadrilla ikucaricas se ha ofrecido a escenificar lo acontecido.

¡Lucecicas! ¡Camarica! ¡Accionetis!

:secretico:
:vainas: :vainas:
:otiaya: :menfadao:
:vainas: :vainas: :vainas:
:otiaya: :copon:
:vainas: :vainas: :vainas: :vainas: :vainas:
:otiaya: :D

Pues nos salieron las cuentas que entre brebajes purificadores y bailes furtivos, nos dieron las cinco. Mira tu, de las peregrinaciones al templo que mejor me lo he pasado, si es que al final si uno se sabe adaptar, las religiones van a ser buenas y todo!!

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:ungusto: