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Ese es el dorsal que me han dado para el campeonato nacional de la SKIF (Shotokan Karate International Federation). Llevo entrenando exactamente 84 clases desde que llegué a Japón, empecé con cinturón blanco de nuevo por distintas razones, tengo el marrón y el mes que viene me examino de cinturón negro por fin.


Pero el caso es que este sábado me presento al campeonato de Japón en las modalidades de Kata y Kumite como un alumno más de la escuela de Kugahara. Lo primero significa que tengo que hacer dos Katas: uno el que lleve preparado, y otro que no lo sabré hasta el último momento que es cuando levantarán un banderín con el nombre .

En Kumite me tocará pelear con gañanes de mi mismo cinturón, y siempre menores de 40 años que es donde empieza la siguiente categoría. Esto significa que se me puede poner delante lo mismo un adolescente de estos con las hormonas en Shinkansen y brazos colgando que me mirarán desde ahí arriba. Es igual! yo me tomo esto como el reto que es y pondré todo de mi parte, espero que si Neki se esmera con la cámara, podáis ver algún video.

Así que si estáis por Tokyo, como Neki, y os apetece venir a ver cómo uno de cerca de Bilbao se hace pasar por japonés y se mete en un cuadrao a repartir, no tenéis más que bajaros en la estación de Harajuku el sábado a eso de las 10 de la mañana e ir al estadio olímpico de Yoyogi, al pequeño, pero con la condición de que pegueis gritos bien daos. Después pueden pasar dos cosas: que gane y entonces tenga que ir el domingo a la siguiente ronda, o que no gane con lo que nos iremos a un izakaya todos juntos a celebrar que lo he intentao! Ah, y la entrada es gratis!

Qué Beijing ni qué cuentos chinos!!

La patada en los huevos

Pues si, esto es lo que recibí ayer en Karate, un patadón en los mismísimos que me puso la cara del mismo color que el kimono.

Paso a contaros la apasionante y emocionante historia de cómo me hicieron tortilla:

Ayer fue mi primer día con mi cinturón marrón, así que la gente me felicitaba por haber aprobado el examen. El señor mayor me miró con desdén, como siempre, y me dijo en inglés: «that looks good on you» y seguidamente me dio la espalda. Vamos, todo según lo previsto.

Hubo novedades, como que ya no estaba a la izquierda del todo de la fila al empezar y acabar la clase (ahora ya estoy más para el medio tirando a la derecha), y ya no tengo que ir a por el cubo de agua, aunque de lo de pasar trapo no se libra nadie.

Entonces el profesor nos puso por parejas. Eramos impares, así que a mi me tocó con un chico que tendrá unos 16 años y su madre, que aparenta 10 más como mucho (tendrá 20 más). Los dos de cinturón blanco, y recuerdo que él se presentó al examen, aunque ayer comprobé que sin éxito porque no cambió de color.

La cosa era que, por turnos, uno ponía la mano y el compañero le marcaba una patada en la palma. Yo puse la mano primero, y el tío empezó a darme unas ostias como tortos en el brazo. Se suponía que era sólo marcar, pero el tío se estaba pasando. Aún así, era algo que yo todavía podía aguantar, con lo que traté de no inmutarme aunque dolía. En ese punto no sabía si es que no controlaba o lo estaba haciendo queriendo. En mi turno, lo hice como se supone que hay que hacerlo: sin fuerza aunque con velocidad.

Entonces volvimos a cambiar, y se alternaban su madre y él. Cada vez me daba más fuerte, y su madre y los compañeros cercanos se dieron cuenta, ya que los golpes sonaban a ostia de Bilbao. Así que su madre le echó la bronca un par de veces por lo bajini diciéndole que qué coño estaba haciendo.

Yo no decía nada.

Hasta que cambiamos de técnica y entonces se suponía que la patada tenía que ir al estómago. Aquí yo creo que más queriendo que sin querer, me dio una patada en los huevos que me dejó doblado en el suelo!!Jodé hasta me mareé!!!.

Cuando me pude recuperar medianamente y fue mi turno, el profesor nos dijo que atacásemos como quisiésemos. Así que todavía con los bajos boqueando pidiendo Aquarius, me dediqué a darle patadas en la cara, pero sin hacerle daño, simplemente marcándole mientras él intentaba pararlas sin éxito. Creo que esperaba ostio-réplica, pero no iba a darle esa satisfacción.

Al acabar la clase su madre vino donde mi y me pidió perdón con reverencias de esas que duran un rato cabeza abajo. Yo le resté importancia y le dije que fue un accidente, que no se preocupase, que no pasaba nada aunque tenía los redondos desbarataos. Y, sorpresa, al acabar de pasar trapo, el chico vino y me dijo en un inglés muy básico «I’m so sorry» con la cara más roja que la caja de Nestlé, contestando yo lo mismo que a su madre (y acordándome mucho de ella, por cierto).

El chico se marchó sin pasar por el vestuario, supongo que vivirá cerca, no necesita cambiarse y trataba de evitarme, pero la madre me esperaba a la salida y le estaba haciendo reverencias al profesor. ¡¡ Le estaba pidiendo disculpas por su hijo !!, aunque el profesor ni se había enterado, así que le contó lo que había pasado. Entonces el profesor vino y me preguntó si estaba bien, le dije que si, que sin problema (supongo que con voz de tenor). Y ella me volvió a hacer dos reverencias de esas largas pidiéndome perdón en japonés muy muy formal, mientras yo me sentía bastante incómodo.

En el tren camino a casa me dio por pensar que creo que le dio rabia que yo pasase de cinturón blanco a marrón directamente y él ni siquiera cambiase de color. O yo no le caigo bien por algún motivo.

No se, me siento bien pensando que no perdí la calma.

Aunque perdiese los huevos.

Imagen arramplada de www.canonistas.com


Examen de Karate

En la despedida de Josep, me enteré que había un examen de Karate el día 22 de este mes y he decidido presentarme, aunque mi trayectoria no se puede decir que sea muy normal:

Empecé con catorce o quince años en Zalla, y estuve practicando por unos diez años durante los cuales acabé dando clases a niños, y no tan niños, tanto en mi pueblo como en algunos de los alrededores.

Después nos vinimos a Japón seis meses, y encontramos un anuncio en una revista de segunda mano donde se vendía una nevera. Cuando fuimos a recogerla, el señor tenía fotos suyas en su casa con el traje de Karate, así que le preguntamos y al lunes siguiente ya estaba en Tokyo pegando patadas (gracias Tsuneo!).
Esto duró unos cuatro meses, el karategui que compré era de tela de niki del mercadillo y me quedaba grande y me lo pisaba, pero aún así la experiencia mereció la pena.

Y entonces volvimos, y empecé en un sitio distinto, en Santoña. Allí Carlos, el profesor, daba también clases de Kick Boxing, con lo que lo mezclaba un poco con las de Karate sin querer y era un poco bestia. Ya nos dimos nuestras palizas Carlos y yo allí, ya.

Después empecé en Bilbao, en Rekalde, pero duré poco. Estuve menos de medio año porque no alcanzaba a encontrar mi sitio, y eso que no me cuesta demasiado adaptarme, mirad donde estoy!

Y entonces pasaron algunos años sin practicar, tres o así, y me vine a Japón de nuevo y he podido empezar otra vez. Pero he querido hacerlo con cinturón blanco, y no con el negro que saqué tiempo atrás. Tengo muchas razones, pero la fundamental es que con tanto jaleo, ya no sabía ni por donde me daba el aire.

Así que el día 22 para mi será el momento en el que los que más saben de Karate del mundo me dirán, con un color, lo que piensan de mis pataditas. Motivante, que no?

Hay un señor mayor al que todos tratan de profesor, aunque nunca le he visto dar clases. Se da aires de superioridad, devuelve los saludos casi con desdén, trata a la gente bruscamente, echa broncas… Yo he intentado no dar demasiado la nota (dificil siendo extranjero), así que hasta hace un par de semanas nos hemos ignorado durante meses.

Pero el otro día después de la clase, se me acercó y me habló en japonés:

– Oskar-san, ponte en zenkyusu-dachi (una posición de karate)
– Hai!
– Esa posición está muy mal, dobla más las piernas!. Y levanta la cabeza, que parece que tienes miedo!.
– Hai!
– Ponte siempre así, no te quiero volver a ver hacerlo mal (y me da la espalda y se va)
– Hai! Oss! Arigato gozaimasu!

Esto se ha venido repitiendo durante las dos últimas semanas casi todos los días. Cuando no es una posición, es un kata o un movimiento, pero siempre de malas maneras.

Ayer yo estaba en la ducha y él no lo sabía, y le escuché en el vestuario que hablaba con el profesor:

– Creo que Oskar lo está haciendo muy bien, se esfuerza mucho.
– Si, eso parece, ya lleva un tiempo aquí, ¿verdad? ¿seis meses?
– Si. Se va a presentar al examen del día 22. Yo creo que su nivel es de cinturón negro, se lo merece.
– Sou desu ne…

Por dejarle seguir guardando las apariencias, no salí de la ducha hasta que supe que se había ido (fue una de las duchas más largas de mi vida).

Para mi ya ha merecido la pena haber empezado desde cero.

El chico que se ganaba a la gente

No recuerdo que día era, pero está entre lunes, martes o miércoles. Fui a Karate, como habitualmente, pero ese día llegué mucho antes. Me cambié de ropa, con rapidez y teniendo cuidado de ponerme de espaldas a la pared para no mostrar mi tatuaje, y salí al tatami o dojo, como realmente se llama.

Fue un poco raro, yo era el primero, así que me limité a ponerme en una esquina y estirar un poco los músculos, que falta me hace desde que voy a la oficina en bici.
Poco a poco fue entrando gente y empezaron los saludos. Aquel día había un chico nuevo, él era alto, moreno y con la piel quizás también un poco morena. Me saludó, como a uno más, y se fue a un rincón a hacer lo que todos.

Pero entonces entró una chica japonesa de las habituales, y fue donde él y le dijo en castellano «¿hola, como está?». Lo siguiente que pasó es que le pregunté de donde era y él me contestó que de Castellón. Por mi cabeza pasaron muchos pensamientos en cadena, la verdad es que no todos los paisanos que he conocido aquí me caen bien, ni mucho menos. Y además en Karate yo tenía la exclusiva hispana y no me esperaba un competidor.

Aún así, me hizo ilusión. No todo iba a ser aguantar el monopolio de franceses, por fin iba a poder hablar con alguien en mi propio idioma, y esto, señores, es algo que nunca parece que se va a echar de menos hasta que todo el mundo a tu alrededor habla en inglés o en japonés. Es una especie de valla que se tiene delante y que no te permite expresar lo que realmente quieres, o no con la libertad habitual. Yo no soy 100% yo, y me he resignado a ello.

Desde aquel día habremos coincidido cinco o seis clases más, como mucho. Él está de vacaciones en Tokyo, y procura ir todos los días. Yo llevo nueve meses aquí y dosifico mi tiempo y esfuerzo, pero él es un habitual.

Las horas de oficina no me han dejado volver en semana y media, hasta hoy, y la verdad es que pensaba que él ya había vuelto a España. Pero la suerte ha querido que hoy fuese su último día, y después de la clase, hemos ido todos juntos a cenar.

De repente, le han empezado a hacer regalos. La gente le ha empezado a hablar en castellano, quizás cuatro o cinco palabras: hola, como estás, mi nombre es… Y todo el mundo se ha querido sacar fotos con él.

De vez en cuando hablábamos los dos en nuestro idioma, y la gente se sorprendía al saber que yo también vengo del mismo país.

El miércoles se va, y ha estado en Japón un mes y medio. Yo llevo nueve meses, de los cuales los últimos siete he ido al menos tres días a la semana a Karate. Hoy la mayoría de la gente se ha enterado de donde vengo, y hoy han empezado a hablarme. Él llevaba un mes y medio y se ha ganado a todo el mundo, le han hecho una mini fiesta de despedida a pesar de ser lunes, y le han hecho muchos regalos.

Es una de esas personas que sabe ganarse a la gente. Y los dos abrazos que nos hemos dado hace menos de una hora han sido realmente sinceros, también me ha ganado a mi.

Espero que algún día nos volvamos a ver… en Tokyo, Castellón, Bilbao o China… seguro que estarás rodeado de gente y no te faltará con quien hablar.

 

Pasar trapo, secar trapo

Pasar trapo, secar trapo

Pasar trapo, secar trapo
Pues si señores, vengo de mi séptima clase de Karate en Japón (de ésta tanda, que la otra vez también estuve, cuidao conmigo que soy peligroso!, jaja).

Y creo que puede ser curioso contar cómo es una clase típica para un extranjero en uno de los Dojos más famosos de todo el mundo.

Os pongo en antecedentes, porque no creo que mucha ikusukigente sepa sobre Karate. Resulta que existía desde hacía muuuucho tiempo, pero un tal Gichin Funakoshi (japonés de pura cepa), fundó el estilo Shotokan. Este buen hombre hace mucho tiempo que dejó de pegar patadas, pero su foto no puede faltar en los gimnasios de todo el mundo:

El caso es que murió en 1957, por lo que todavía quedan discípulos directos de él que están vivos. Uno de ellos es Hirokazu Kanazawa, que, mira tu por donde, es el presidente del Dojo al que estoy yendo yo a poner poses. Eh, a que acojona?!?!?

Pero vamos a lo que pasa un día normal: salgo de currelar pronto, y cojo un metro que me lleva a Kugahara en unos 20 minutos. Hay clases todos los días de la semana, menos los jueves, incluyendo sábados y domingos. Yo, por salud mental y física, intento ir tres días a la semana (no siempre lo consigo).

Entonces, nada más llegar, es cuando empiezan las «normas/reglas/más vale que lo hagas si no quieres ser el raro»:

  • Si hay alguien en la puerta, o ya cambiado, tienes que ir donde él, hacer una reverencia y decir «Osss». Cuanto más baje uno la cabeza y más alarguesss la esssse (estilo Gollum), mejor!
  • Entonces uno se quita los zapatos, como en todos lo sitios aquí. Esto puede parecer una tontería, pero tiene sus implicaciones:
    • Los calcetines no pueden tener tomates, así que a las mañanas hay que tener muuucho cuidado de despegarse las legañas antes de elegir.
    • El factor «ir-de-traje» trae consigo que uno lleva zapatones, y los zapatones no se caracterizan precisamente por su elevada transpiración. Aquí Axe ayuda mucho, sobretodo antes de salir de la oficina.
    • En la entrada hay casilleros para dejar los zapatos. Pero en todos hay un nombre puesto y yo, que soy un poco extranjerillo, no tengo ni idea de donde dejar los míos y tampoco quiero ocupar el sitio de algún tipo importante, así que los dejo en el suelo. Esto hace que me miren pensando «tío raro!» pero no me importa demasiado… mejor «tío raro!» que «roba casilleros!»

 

  • Ahí es cuando ya, por fin, entramos en los vestuarios. Yo siempre suelo ser el primero porque me hice un tatuaje con dos kanjis cuando era jóven e inexperto, y sobretodo cuando no pensaba que iba a volver a Japón. Y como me da mucha verguenza que me lo vean, trato de cambiarme lo más sólo posible. Aquí también funciona el asunto del «osss», así que si estás a mitad de ponerte los pantalones y entra un tío, tienes que hacerle la reverencia… cuanto menos ropa, más graciosa la situación.
  • Y ya salimos al tatami, que no es tatami, que es un suelo de madera propicio 100% para criar ampollas tamaño melocotón (las acciones de la empresa de tiritas han tenido que subir conmigo).
  • En una clase típica de Zalla o Bilbao, uno espera al profesor sentado hablando con algún compañero o, en un alarde de deportista, estirando un poco. Pero aquí no!!! aquí resulta que tienes que ir donde unos trapos que hay y hacer como que limpias el suelo de lado a lado!!! Cuanto más bajo sea tu cinturón, más pasadas hay que hacer. Y es una comedia, porque el suelo siempre está limpio, pero ¡hay que hacerlo!. Así que vas viendo a la gente que según va entrando coge un trapillo y hace el paseillo (después de ir uno por uno con el «oss», claro).
  • Y empieza la clase! nos ordenamos todos por colorines cinturoniles, saludamos tres veces (una al profesor, otra a la foto de Funakoshi y la otra no preguntéis porque todavía no lo he pillado), y entonces el alumno con cinturón más alto empieza la parte de calentamiento. Hoy ha sido especialmente curioso, porque nos ha dado la clase una niña de unos diez años, que es cinturón negro. Ha estado muy seria y lo ha hecho genial!! Me miraba mucho y decía lo que había que hacer mucho más alto como para que yo lo entendiese (parece el chiste del taxista y el español hablando despacio en inglés, jaja).
  • Por alguna extraña razón del ADN japonés, no se ha dado la situación en que un profesor de Karate me llame por mi nombre. En el 2001 yo era «Michael» (jaja, como el del coche fantástico), y ahora soy «Carlos». En fin…
  • No os voy a contar el resto de la clase (dura hora y media), porque bastante me estoy enrollando. Sólo un par de detalles: es entera en japonés, se aprende muchísimo, se hace ejercicio y se tiene la eterna sensación de ser extranjero allá donde vaya uno.
  • Acaba la clase! vuelta al ordenamiento cinturonil y al trisaludo. Aquí hay una variante, que es recitar de memoria el Dojo Kun (una serie de «mandamientos» del practicante de Karate). Menudo playback me casco yo aquí!!! muevo los labios y no digo nada, jajaja. Pero juro y prometo aprendermelo para el mes que viene!.
  • Y ahora viene el momento cubo!!! Los que tenemos «oficialmente» el cinturón más bajo, tenemos que coger un cubo, ir al vestuario y llenarlo de agua, para hacer la misma comedia de los trapos, pero en versión húmeda. Después hay que dar un par de vueltas al ruedo con un trapo, enjuagarlo, ponerlo a secar y vaciar el agua negra negra que queda! nunca me acostumbraré a esto!.

Puede que todo esto que hayáis leido os parezca un suplicio, pero la verdad es que se quedan en meras anécdotas ante todo lo que estoy aprendiendo. Y poco a poco voy conociendo a mis compañeros, que ya se dignan a hablarme, y hoy mi triunfo ha sido que el profesor se ha enterado que no soy Americano (y además el tío ha estado en Bilbao), así que ya me tiene hasta medio pelota!

Ossss!!!!