El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Hola,

¿Cómo te van las cosas? ¿te acuerdas de mi?, hace ya tanto tiempo que no me extrañaría que te hubieses olvidado, no del todo, pero seguramente no pienses en mi ya tan a menudo como hace unos años. Espero que no sea demasiado poco… yo todavía me acuerdo de ti aunque no sea siempre. Es curioso, me vienes súbitamente a la memoria, de repente, como si esos momentos fuesen hechos para ser vividos los dos juntos y el universo no tolerase que estemos separados… o algo así. No me hagas mucho caso, se me ocurren muchas cosas raras desde que vivo solo, será que tengo mucho tiempo para pensar. El otro día pensé que a veces las personas estamos conectadas, que nos conocemos aunque no nos hayamos conocido nunca. ¿No te ha pasado nunca?, a mi me pasa a veces. Hablo con alguien que acabo de conocer y me da la impresión de que hemos jugado de pequeño juntos o que nos hemos peleado o incluso me ha pasado que creo saber el sabor de sus labios como si hubiésemos sido amantes en otro tiempo y lugar. Y todo esto nada más vernos por primera vez. ¿Me estaré volviendo loco? un poco seguro que llevo estándolo desde hace tiempo, pero no le des demasiada importancia, son tonterías que se me ocurren.

Últimamente las cosas me van bien, te escribía para contarte esto mismo, porque de alguna manera me gustaría que lo supieras, quería compartir este momento contigo, esta vez aposta. Ya sabes que llevo en Japón unos años, más de los que se sienten en realidad, vivir aquí es tan fácil… Seguramente no te podrás imaginar cuanto porque no has estado nunca y a eso tenemos que ponerle remedio cuando antes. ¿Te conté que me mudé?, ahora tengo dos habitaciones y sitio más que de sobra para que me visites siempre que quieras, ni que decir tiene que te recibiré con los brazos abiertos porque siempre ha sido algo muy bueno verte y seguro que lo será sentirte cerca de nuevo como en los viejos tiempos.

Además que tienes que conocer a Chiaki. No sabría decirte cómo me ha cambiado la vida desde que la conocí porque es probable que no sea plenamente consciente. Solo sé que ahora me preocupo por dejar de sonreír queriendo porque resulta que siempre lo estoy haciendo y parezco mucho más tonto de lo que creo que soy, que mi corazón parece que lata sólo para contar lo que falta hasta que vuelva a ver a esos ojos mirándome desde tan adentro. ¿Ya sabes que nos vamos a casar?, ojalá puedas venir a la boda el año que viene. Ahora estamos con el papeleo, ¿te quieres creer que tengo una entrevista en la embajada?, una de esas en las que se aseguran que el matrimonio no es de conveniencia. Entiendo que tengan que hacerlo, pero me parece tan humillante, tan insultante que alguien que no sabe absolutamente nada de nosotros tenga que juzgarnos… Si fuese por mi, les sacaba de dudas pronto porque claro que me conviene tenerla a ella cerca, por lo menos por lo menos hasta que me muera. La quiero tanto…

Últimamente, además, no dejo de pensar en cómo serán nuestros hijos. Ojalá que se parezcan lo más posible a su madre, pero si pudiese elegir, me gustaría que tuviesen algo de mi hermano Javi, una pizca de esa ingenua y preciosa felicidad que a veces se le escapa cuando rie. También me pregunto que idioma hablarán, si seré capaz de enseñarles castellano a la vez que aprenden japonés e inglés… quizás sería bueno que yo le hablase siempre en mi idioma y Chiaki en el suyo, y así los tres aprenderíamos. No dejo de emocionarme viviendo ya esta vida que parece que pronto será la mía. Me siento tan privilegiado… bueno, que te voy a contar a ti que ya llevas casado algunos años.

También hemos casi acabado de escribir el libro. Bueno, yo lo he acabado de escribir y Fran de diseñar, ahora estamos revisando cosas aquí y allá. Te sonará a otra ñoñería de las mías, pero ese libro es lo más cerca que he estado y estaré nunca de airear mi alma abriendo las ventanas tan de par en par: melancolía de la buena y de la mala, amor, resignación, odio, muchas lágrimas, amagos de felicidad desleída en ríos de tristeza… ahora diría que ternura en cada una de las páginas que parecen tamizar lo que me tocó sentir desde que aterricé en Tokyo aquella fría mañana de febrero. Tenía tanto miedo de que no me volviesen a abrazar nunca más… Pero mira, ahora han cambiado mucho las tornas, fíjate que iba a titularlo “Un sueño desafinado” porque pensé que venir aquí era algo así como cumplir un sueño pero que al hacerlo sabiendo que huía de mi yo de antes era como empezar a soñarlo ya de malas… parecía un sueño que no podía acabar bien de ninguna manera. Ahora la cosa es distinta, lo voy a titular “Afinando un sueño”, porque al final he sabido pintar los colores que le faltaban a mi vida y lo que ha quedado es una cálida melodía que escuchar cada día de estas horas en las que siento que ahora si, que ya soy feliz casi del todo.

“Afinando un sueño”… si, creo que le pega bastante bien… ojalá la editorial a la que lo enviamos nos responda pronto y pueda salir adelante, eso si que sería algo que resoñar muchas noches.

Yo ya te imaginarás que sigo con lo mío: trabajo, karate, fotos… aunque se me cruzan aventuras por delante, porque al final no dejan de ser locuras que estoy viviendo a mis treinta y cinco, como escribir y contar un monólogo junto a Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes. ¿Te has enterado?, de esto hace ya una semana, pero ha sido el mayor disparate quizás de mi vida y encima salió bien. Ha sido genial conocerles, son gente tan maja, tan normal. Joaquín no dejaba de decir “ay que majica Chiaki, ay que majica”, jaja, y Ernesto, el gañán que tantas veces he visto por la televisión, me felicitaba por mi monólogo. Que especial ha sido todo, que increíble.

No sé que más contarte… sólo se me ocurre sacarme este sentimiento de culpa y pedirte perdón por no escribirte más a menudo. Uno se deja llevar por los días y aunque se acuerda a veces de los que están lejos, se olvida al de un rato, encima yo, que me distraigo con cualquier cosa. Bueno, me despido ya, espero que sigas bien y ojalá que vengas pronto. Te mando un abrazo de los de que te pongas morado de no poder respirar, me encantaría dártelo en persona pero no va a poder ser de momento.

Hazme el favor de cuidarte y que nunca se te olvide que no me olvido de tí. Aunque lo parezca la mayoría de las veces.

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Y épico fin de semana, que empezó el jueves por la noche y todavía está por acabar.

Innumerables preparativos: el micrófono en el centro, las luces las subimos que si no, no se os ve la cara, habla que ajuste el sonido… la chuleta la pego aquí en el suelo y si se me olvida algo le echo un ojo, a ver si no se nota mucho.

Desde mi sofá miro para atrás y no veo más que gente; muchos conocidos, muchos totalmente desconocidos, supongo que todos paisanos menos la minoría japonesa, claro está. Infinitos nervios, esto está por empezar, en cuanto la señal acordada con Chiqui aparezca, en cuanto las luces del fondo se apaguen, ahí me subo yo a hablar.

Empiezo hablando sin saber muy bien lo que digo, mecánicamente, repitiendo el guión ensayado como quien hace un examen de historia: todo seguido antes de que se olvide. Hasta que de repente el público se empieza a reír, tanto y tan pronto que me descoloca, me sorprende. Mi misión era soltar todo de un tirón, pero he de parar a esperar a que acaben de descojonarse, incluso de aplaudir dos o tres veces. Esto no estaba en el guión, me pierdo, intercalo partes y me olvido un par, pero las que suelto ya soy consciente de que las estoy soltando y actúo, les doy forma, ya no es sólo recitar, es sentirlas, es contar los chistes que se me ocurrieron hace tiempo para gente que me está siguiendo el juego totalmente. Madre mía que sensación más escalofriante, esto es la hostia.

Cuando presento a Joaquín Reyes, prácticamente huyo del escenario y me vuelvo a mi sofá sin darme mucha cuenta de que ya ha acabado y que parece que ha salido bien. Las luces se apagan del todo y yo aprovecho para darle un beso a ella, a la que ha aguantado estoicamente mis ensayos aun no entendiendo nada, a la que todavía estoy por conocer sin apoyarme al 1000% en todas y cada una de las locuras en las que me meto. Estoy prácticamente al borde de lágrimas de alivio cuando Joaquín pide un aplauso para mi y lee un par de líneas de la chuleta que olvidé pegada en el suelo.

Ahí, con todos esos aplausos, es cuando empiezo a asimilar que puede que todas esas carcajadas, que lo que sonaba cuando la gente se daba con una mano contra la otra, hayan sido para mi.

Madre de Dios, que sensación. Que no acabe nunca.

Luego pues sólo quedó dejar que Joaquín y Ernesto me matasen de risa dos o tres veces por minuto durante más de hora y media… Vaya dos pedazo de genios en el escenario y que tíos más majos y encantadores en cualquier otra situación y lugar. No supe y todavía no sé como darles las gracias por dejarme formar parte de su espectáculo, menudo honor.

Y una vez más, eternamente agradecido al tito Chiqui por complicarme siempre la vida de esta maravillosa manera y hacerme partícipe de nuevo de una de sus inmensas locuras. Esta ha sido la mayor que se te ha ocurrido, macho, ya no hay límites. Eso si, que no se te olvide llamar para la siguiente, que llevo tantos fines de semana preparando el monólogo que ahora que ya lo he acabado no sé que hacer.

Bueno si, esperar al vídeo y a ver si alguien me pasa alguna foto. ¡Que ganas de verlo!

Muy buenas noches, gracias a todos por venir…

No no, Tosca, igual quedaría mejor que saludases en japonés y así ya empiezas triunfando

Konbanwa, honjitsu wa okoshi itadakimashite makoto ni arigato gozaimasu…

Bua, no queda pedante ni ná… vuelve al castellano y déjate de gaitas

Muy buenas noches, gracias a todos por venir…

Y sigue como diez minutos más. Contando lo que se me ocurrió hace un mes más o menos y que suene natural, como si no hubiesen horas de ensayo detrás ni vídeos grabados, borrados, y vueltos a grabar en la soledad de la habitación. ¡Qué difícil es ensayar esto sin nadie delante!

El día clave fue cuando el Chiqui y el Lorco me hicieron de público sentados en aquél sofá. Vi que se reían, que se reían de verdad, que incluso tenía que parar alguna vez a esperarles… ojalá pase también mañana… Después hubo lugar para las correcciones y las críticas constructivas, y al final un par de folios con la versión final que aprenderse del todo.

Y yo en un escenario con los focos enfrente y un micrófono que me separa de las noventa personas que estarán delante. Y mi misión es tratar de que se rían todas y cada una de ellas con las chorradas que soltaré como si me las acabase de inventar aunque esto esté lejos de ser cierto.

Ya ha empezado. No puedo estar más contento y motivado… menudo honor.

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Hoy me voy a las seis porque he entrado a las nueve y tenemos horario flexible. Todo el mundo lo sabe, es martes y los martes me voy a Karate. Los viernes es igual. Lo hablé con el jefe y no había ningún problema, siempre y cuando, claro está, uno sepa arrimar el hombro cuando pinten bastos. Después de cinco meses, esto no ha pasado más que un día.

Estaba sólo en la oficina cuando a las nueve y media ha venido el jefe de equipo. Hasta donde yo sé, tiene un par de críos y él también se va hoy a las seis y algo. No es lo habitual, pero tampoco es raro.

El de dos sitios más para allá es un chaval que no sé cuantos años tendrá, pero no más de 25. Quitando los martes y los viernes, raro es que me vaya yo antes que él, y yo nunca salgo más tarde de las ocho. Enfrente tiene a una chica que es madre de un crío y que tiene jornada reducida por esto mismo; a las cinco y media todos los días se va a recoger a su chaval. Me contaba su compañero, el que queda a su izquierda, que dejó su trabajo anterior entre otras cosas porque no le dejaban hacer esto de salir antes y ella quería ver crecer a su niño.

El que me lo contó aquél día resulta que ahora va a clases de ballet y ha empezado a salir un par de veces por semana a las seis de la tarde. Antes de estas clases, tampoco era raro que se pirase antes que yo la mitad de los días.

Ella no es la única que tiene hijos, hace nada otro compañero ha tenido su segundo chavalote. Tampoco le he visto quedarse hasta tarde prácticamente nunca, aunque si sé que tuvo que hacerlo durante semanas cuando el proyecto empezó y no se llegaba a los plazos. Fue un hecho puntual, no ha vuelto a pasar.

Es una empresa japonesa, como las dos anteriores en las que he estado, ésta quizás más porque pertenece a un grupo grande y ese, digamos, sentimiento corporativo, se acentúa. En todas las empresas ha habido siempre mayoría de japoneses y la de ahora tampoco es una excepción. En ninguna de las tres empresas me he encontrado con nadie que viva en el trabajo, que se quede sólo por aparentar, que viva para trabajar en vez de lo contrario. Entre mis compañeros desde que llegué a Tokyo puedo contar un par que comían con la boca abierta, otros eran unos rascayús insufribles y todavía me sigo encontrando con genios capaces de hacer maravillas con un teclado. Todos somos gente con nuestras vidas, nuestras comeduras de cabeza, nuestros complejos, nuestros amores inconfesados, nuestras dietas por acabar, nuestras prioridades y nuestras tonterías. Somos personas con una renta que pagar, con una novia que nos espera dos veces por semana en algún restaurante a las ocho de la tarde, con un barrio al que ir a fotografiar o un bar que saquear sin tregua con amigos.

Clasificarnos por nacionalidades debería hacerse sólo para empezar chistes.

Confieso, no, digo con cierto orgullo que en esta empresa estoy trabajando más que nunca, primero porque me gusta lo que hago y segundo porque quiero y siento que debe ser así. Pero también digo que nunca me han obligado a quedarme hasta tarde y nunca he tenido que hacer horas extras por sistema.

Quizás es que he tenido suerte hasta ahora, o puede que haya sabido regar la flor esa que me brotó en el culo hace muchos años, pero afirmar que cualquiera que trabaja aquí prácticamente muere me parece tan absurdo que no he podido más que contar un poco de lo mío por si a alguien, quizás, le interesase saber que eso de generalizar puede que quizás no sea muy correcto.

Pero esto hay que leerlo con cuidado, porque puede que mi realidad no sea la realidad aunque a mi me lo parezca, quizás más que nada porque es la mía.

Es lo que tienen el puede y el quizás, que quizás.

O que puede.

– Me llamo Tomomi, hoy estoy a vuestro servicio y mi misión hasta que se haga de noche es que seáis felices. No importa lo que tenga que hacer, pero no pararé hasta veros reír con el corazón. 心から笑っていただいてほしいです。

En aquella habitación de aquel ryokan, una señora nos hablaba sentada en seiza con tanta pasión que resultaba difícil no sentir siquiera ganas de sonreírle a su sonrisa aunque no se entendiese japonés. Tenía tantas arrugas que se le rebosaban por los ojos como si hubiese querido reírse de todas y cada una de las horas de los días de su vida. De alguna manera le hacían juego con aquél precioso kimono verde. Sus arrugas o el moño, o el exagerado maquillaje de sus labios… todo a la vez sumaba y la cuenta le salía favorable. Seguro que de joven había robado más de un giro de más de una cabeza.

– ¿Pero tu que haces ahí sentado?, no no, ¿sabes?, en Japón el hombre es la figura importante de la pareja, el samurai. Tu tienes que sentarte aquí y dejar que nosotras las mujeres cuidemos de ti mientras tu descansas.

Incluso con esa caduca manera de pensar, o quizás por eso, uno tenía la sensación de ser un privilegiado por escucharla. Era como vivir dentro de una de tantas películas de épocas pasadas; no me habría extrañado si de repente el mundo se hubiese tornado en blanco y negro.

Por supuesto que me dejé hacer, uno no tiene siempre la oportunidad, ni la necesidad ni las ganas, de sentirse el shogún del lugar. Me levanté de al lado de Chiaki y me senté en el lugar que se suponía que me correspondía. Poco tardó ella en servirnos un té de los de preparar despacio mientras nos preguntaba por nuestra historia. Pareció que a nadie nunca le había importado como a aquella buena señora el cómo nos conocimos y el porqué decidimos no seguir separados. O seguramente es que se tomó a pecho la promesa aquella del principio de tratar de hacernos feliz y consiguió hacernos creer que de verdad daba un duro por saber cómo aquél chico del norte de España acabó con aquella chica de templo de Saitama. Nos regaló escucharnos con tanta atención que daban ganas de no acabar nunca de hablar.

– ¿Y no conocéis a ningún señor de mi edad para que me haga de novio?, sólo por un rato, no me hace falta para mucho. Seguro que tu tienes algún amigo que presentarme. Ni aprender español hace falta, porque en la cama todos nos entendemos. Huy lo que he dicho, que sois mis clientes, no se lo vayais a decir a mi jefe que me despide y a ver que hago luego, habráse visto Tomomi que no eres capaz de estarte callada!

Y como sabía de sobra que nos tenía ganados, siguió contándonos momentos de días pasados de sus años vividos.

– Yo vivía y trabajaba en Tokyo, pero me volví para Dougashima cuando me jubilé. Al principio no hacía nada más que dar paseos como los viejos, pero me moría de aburrimiento. Así que decidí hablar con el jefe del ryokan y pedirle trabajo, aunque sea temporal. Me dijo que tenía que llevar kimono, y yo encantada porque me gustan mucho los kimonos, ¿a que me queda bien?

– Estás mas guapa que guapa, yo porque tengo novia, que si no…

Sus carcajadas, y afortunadamente las de Chiaki, sólo fueron interrumpidas cuando uno de los muchos aguiluchos que sobrevolaban el lugar decidió sentar las alas en la barandilla de nuestro balcón y graznar quizás a modo de suspiro.

– ¿Miralo el aguilucho donde se ha ido a poner?. Eso es que sois buena gente, los animales saben de lejos de quien se pueden fiar y si es del lugar, este a mi ya me conoce, así que si se ha posado ahí es que le gustáis. ¡A mi también me gustáis! Da gusto ver una pareja tan joven como vosotros, que vais dando envidia.

Envidia me daba ella a mi, ojalá yo a sus años fuese, si acaso, una cuarta parte de encantador. Seguro que la adoran sus nietos, y todos los amigos de éstos.

– Pues si os digo la verdad, esto para mi no es un trabajo. Si no me pagasen me daría igual, porque sólo con poder ver todos los días las increíbles vistas de las que disfruto estando aquí ya me considero pagada. Porque vosotros habéis venido para uno o dos días, pero yo veo esto siempre. Cada anochecer, cada amanecer… por eso me fui de Tokyo, por eso volví aquí, porque seguramente no me queden muchos años más, pero los que me queden quiero sentir lo que siento cuando veo cómo el sol se esconde en el mar. Si esperais algo así como una hora, lo veréis vosotros también, yo os recomiendo que no salgáis de la habitación, que lo veáis desde aquí.

No apartó la mirada del mar en todo ese rato en que sus labios hablaron desde un corazón que se sentía latir desde lejos. Y allí se quedó un rato más, con las pupilas fijas en el agua y la mente a muchos kilómetros y años de aquella habitación con tatami. Me pareció que se le escaparon una o dos lágrimas en lo que logró volver.

– Y ahora me voy y os dejo solos, porque ya llevo sobrando desde hace mucho. Sé que os gustará lo que vais a ver porque yo soy como el aguilucho aquél, el aguilucho Tomomi. Y de sobra sé que sois de los míos.

しつれいします

Y ya sólo nos quedó soñar con aquella mentira deseando no despertar nunca porque entonces, entre legañas, nos íbamos a dar cuenta de que dejaría de ser verdad.


Es curioso como cuando sale alguna foto decente, siempre viene alguien a soltar aquello de “meh…. si, pero está retocada asín que no vale…gñ….”. Teniendo en cuenta que prácticamente el 100% de las fotos que pongo yo aquí o subo al Flickr están tratadas de alguna manera, este argumento no me parece que tenga demasiado sentido en mi caso, aunque entiendo a lo que se refieren, porque si que es verdad que algunas fotos acaban pareciendo irreales.

El caso es que no soy capaz de subir una foto si creo que la puedo mejorar utilizando las herramientas disponibles. Cuando sacas en RAW, resulta que tienes mucha información dentro de esa fotografía y que no tienes porque conformarte con cómo la cámara ha decidido mostrarla, sino que puedes moldear, dentro de unos márgenes, el resultado final de combinar toda esa información captada por el sensor y que todavía está ahí.

Hay muchas fotografías que según salen ya han quedado bien, pero yo siempre ajusto algo: a veces simplemente los niveles de negro que le dan fuerza a los paisajes, otras bajo la exposición en el cielo, que siempre suele aparecer blanco por estar sobreexpuesto, la gran mayoría hay que enderezarlas algunos grados… lo que nunca hago es “photoshopear” el asunto: no quito ni pongo nada que no estaba ahí antes, no nos confundamos.

No voy a dar lecciones de Lightroom como me dicen por ahí porque no soy ningún experto, pero si que voy a poner ejemplos de fotografías nada más horneadas por la cámara y cómo quedaron después de pasar el toscafiltro. Hay bastante diferencia!! aunque todos sepamos que el que se puso a escribir sobre gustos, nunca acabó.

Bajando el Fuji, saqué a este señor a contraluz: el cielo se ve bien, pero no se le ve el gepeto apenas. Si la cámara tiene la información, ¿porque no aumentar el brillo o la exposición de la parte inferior de la foto?. Aparte que como llevé la cámara todo el rato en la mano y el suelo del Fuji es todo gravilla, la lente se ensució bastante… ¡pues fuera esas motas que dan por saco!

Ojo a la siguiente!, un poco más abajo de donde estaba sentado el señor sonriente de cara oscura: lo de las motas de polvo es todavía más evidente al haber mucho cielo. Pues se quitan las motas, y de paso aclaramos toda la foto que está ligeramente subexpuesta y le subimos un pelín el contraste para que el blanco de las nubes sean más parecido a la realidad de aquella mañana:

La siguiente del Kinkakuji de Kyoto de no hacía falta tocarla porque ya salió bastante bien, pero lo cierto es que es la típica foto que saca todo el mundo y quería darle un toque una miaja diferente. Así que la enderecé y subí un poco los tonos azules de la parte superior de la foto y los de amarillo de la parte inferior. El resultado, en este caso, no tiene porque ser mejor que el original, pero a mi me gusta más:

Una de este siglo!! una de las recientes de la Sky Tree del post de antes. El edificio de la izquierda aparecía demasiado oscuro para mi gusto, así que aumenté la exposición de esa zona y de paso descubrí que se veían matices del cielo, así que apliqué el cambio hasta aproximadamente la mitad de la torre. También la enderecé un poco, y probé a hacer lo mismo con el cielo de la parte derecha pero me pareció que quedaba mejor si aparecía totalmente oscuro dándole gracia a la foto por el contraste.

Ala pues!!!!

¡¡ Haced bondad este finde !!
:gustico:

Gracias por las felicitaciones en el otro post!! hay que ver la de gente que se pasa por aquí!! ahora estoy hasta nervioso y todo escribiendo!! :descojoner:

Bueno, total, el otro día, después de estar tres o cuatro horas ensayando el monólogo, cogí el trípode y la cámara nueva y tiré para Asakusa a sacarle fotos al pirulo por la noche. Ya he dicho yo más veces que cuando hace calorcico, yo hago el triple de cosas, ¡coño es que apetece!, no como el asqueroso invierno que te tiene enchuminao metido en casa!!

Como era el primer fin de semana después de la inauguración, aquello estaba lleno de policías y no me dejaron sacar el trípode cerca porque había un montonaco de gente por todos los lados, y es que aunque no se puede subir arriba si no tienes entrada reservada, debajo hay un centro comercial enorme y claro, todo el mundo vino ahí al sopesquete de la novedad.

En fin, ahí van algunas de las fotos desde cerca de la base antes de que la autoridad tocacojonera me tirase de las orejas:

Luego me fui a un sitio donde no había tanta gente y me dio por darle al zoom a cascoporrer para sacar el máximo detalle posible de la antena, no quedaron mal esas tampoco, no:

Después me di un paseo hasta el otro lado del río en plan pensando “hay que ver Tosca, donde te has ido a vivir y los fregaos en que te metes, con lo bien que estabas tu en Zalla dando la vuelta a Ibarra los domingos y poniéndote hasta el ojerresque de chorizo y jamón”. Cuando me quise dar cuenta, estaba afotando al pepino otra vez!

Y ya tiré para el templo, pero ba, no sé, como lo tengo muy visto, no me entretuve mucho allí. También es verdad que tenía más hambre que la cabra un gitano, así que ni templo ni templa! pa casa a comer gyozas!

Regulerer bonus track!!!
:regulero:

Ahí va un timelapse de esos de ver pasar las nubes que abarca toda la construcción de la Sky Tree. Por supuesto, no lo he hecho yo (ni falta que hace para enchufarlo en el post y quedarse con los huevos concéntricos):

¿tu eres feliz? ¿consideras que eres feliz ahora mismo, Oskar?

Esta mañana un buen amigo me ha hecho esta pregunta. Así, de sopetón.

Que si soy feliz.

Le he contestado enseguida, le he dicho que no sé si soy feliz, pero que sé que estoy mejor que nunca. Podría decirse, quizás, que soy más feliz que antes, que cualquier otro antes de mi vida. Que el Oskar de ahora es la mejor versión, que ningún Oskar de antes es capaz de superarle… ni siquiera el veinteañero, sin entradas, que se comía el mundo con el piercing en la ceja y década y media menos de viejo.

Antes de que nadie diga nada, no creo que vivir en Japón sea tampoco decisivo a este respecto, estoy convencido de que sería parecido viviendo en cualquier otra parte del mundo porque esta sensación, esta manera de mirar la llevo yo por dentro.

El trabajo me motiva, me entusiasma, me reta. A la vez, estoy en la mejor forma de mi vida gracias al entrenamiento para la maratón, me siento fuerte, ágil, capaz. Sigo teniendo ilusión por hacer cosas, sigo con la agenda llena de cuentos en los que salgo yo de una u otra manera en algún capítulo. Cuentos, fábulas, historias por escribir cuyos hipotéticos desenlaces me siguen teniendo en vilo cada mañana: ¿cómo saldrá la clase de cocina? ¿qué pasará en Karate hoy, de que país nos visitarán? ¿se me olvidará el monólogo delante de tanta gente?. Me meto en lo que sea menos quemar mi vida metido en casa delante de una pantalla, sea de televisión o de ordenador.

Y seguramente seguirá siendo así en cualquier otro lugar del mundo.

El baremo es totalmente distinto. Los valores que me guían poco tienen que ver con los de antes. Por ejemplo: tengo tres veces menos tiempo libre que el que tenía en Bilbao y he llegado a estar mucho mejor económicamente… hasta tenía coche y un piso de tres habitaciones frente a la única habitación de veinte metros en la que vivo ahora.

Pero no importa, o importa poco, o en su justa medida que es que da más o menos igual.

Apenas tengo bienes materiales más allá de los cuatro caprichos que me facilitan la vida: ordenador, iPad, la scooter… Pero si no los tuviese daría igual, quiero decir que no sería mucho menos feliz, no me importan tanto, antes me importaban mucho más. Vivir en un piso tan pequeño hace que no acumules nada; no lo hago: tiro lo que no uso o no me vale para nada empezando por ropa y acabando por libros que ya leí. No guardo nada, no tengo más que antes, no quiero tener como tenía antes. Si hubiese un incendio y se quemase todo lo que hay en mi casa, no me iba a durar la pataleta mucho: no tengo nada aquí dentro que considere imprescindible, ni siquiera que se acerque a ese concepto. Si el ordenador explota y me quedo sin fotos, ya sacaré otras mejores. Si la moto deja de andar, pues cojo el tren. Y de corazón digo que no me llevaría ningún disgusto de más.

Yo lo que quiero es ver más a mi familia porque les echo de menos a morir. El resto es simplemente perfecto.

Pero si. Sin duda soy más feliz que antes. Que sea poco o mucho decir será otra cosa.

Puede que el hecho de que me case el mes que viene tenga también algo que ver…

Yo conocí al Chiqui aquella noche en la que nos vino a ver el campechano cazador de elefantes. Sin duda fue un hito en mi vida, no lo del rey que a mi este personajillo ni gracia me hace ya, sino el haberme juntado con semejante liante manchego.

Fruto de esa almendra asandiada que tiene por melón han salido innumerables liadas, todas pardas sin excepción: las clases de cocina, la conquista de Japón de los de Albacete y la más reciente: organizar una noche de monólogos en pleno Tokyo.

Lo de los monólogos se quedaría en una anécdota más del simpático albaceteño si no fuese porque se vienen ni más ni menos que parte de la muchachada:

¡¡ Ernesto Sevilla
y
Joaquín Reyes !!

:yahaaa:

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Y como yo me dejo liar muy fácil, que la verdad es que estoy deseando siempre meterme en fregaos, ahí voy a estar de presentador con un par de mini-monólogos que ya tengo escritos y que será menester perpetrar a la audiencia presente. Lo mires como lo mires, el asunto merece la pena: para verme a mi hacer el más espantoso de los ridículos en un escenario con mi primera incursión monologuista, o para partirse el ojal viendo a dos genios como son estos. Estamos hablando de una noche de monólogos al más puro estilo del club de la comedia, en Tokyo… no creo yo que haya muchas más oportunidades…

Si estás por estos lares sobre el seis de Julio, ya puedes espabilar porque las entradas son muy limitadas!!!

NOCHE DE MONÓLOGOS CON JOAQUÍN REYES Y ERNESTO SEVILLA EN TOKIO
BAR ROMARAKUDA
VIERNES 6 DE JULIO DE 2012
20:30 HORAS
Precio: 2,500円

RESERVA YA TU ENTRADA EN: ferpisan@hotmail.com

En la Golden Week volví a España a ver a los míos. Ahora que parece que el trabajo se ha estabilizado, me propongo guardarles los abrazos y los besos como mucho un año… tocará decidir si Navidades o Golden Week, pero allí iremos a saldar deudas.

Esta vez decidí ir a visitar a mis padres a Extremadura en vez de pasar por Zalla y aprovechando que el pueblo de mis padres no queda demasiado lejos, cogimos el coche y nos fuimos a pasar un día a Sevilla. Ya había estado una vez, pero ¡no la recordaba tan bonita!.

Aparcamos en Triana y ya fuimos andando aprovechando el buen tiempo, menudo paseo más chulo nos dimos. Cerca de la catedral, después de hacer la culebra y el matrix a dos o tres gitanas, un chico que vendía no se qué me preguntó si entendía español. Me dí cuenta que al ir con Chiaki, bien pasaba yo por guiri, así que aproveché el asunto y empecé a contestar “sorry no españolo” cada vez que me hablaban… ¡y me dejaban en paz!.

:bailongo:

Al ladito del barrio de Santa Cruz, Chiaki se atrevió con un gazpacho y una de pescaíto frito y yo me puse tibio con unas lentejas de las que no te ponen precisamente en Shibuya. Una vez más, se cambiaron las tornas y fui yo el que traducía menús y recomendaba platos aunque ella lo tuvo claro desde el principio… ¿será aquél que el tío Txiki nos enseñó a preparar que dejó huella?.

Menudo lujo pasear cerca de la giralda, la catedral, el alcázar, la torre del oro… peeeero sin duda me quedo con la Plaza de España. Me impresionó muchísimo la primera vez que la vi y me volvió a impresionar esta vez. Menudo sitio más bonito hay aquí al sur de Bilbao, y yo sin pasarme con la bici, ¡la hostia!.

Mi padre resulta que hizo la mili en Sevilla y le tocó hacer guardia una noche en la Plaza de España. Me contaba que le habían encargado guardar la maquinaria que mueve la fuente y que allí tuvo que estar hasta las tantas de la madrugada. En esas estaba intentando no dormirse, cuando un par de gachís totalmente borrachas pasaron por allí y les dieron por ponerse a tontear con el soldadito… jaja, lo que hubiera dado yo por ver esa escena!!

Al volver de allí enfilando el barrio de Santa Cruz, volvimos a pasar por cerca de la catedral y resulta que había dos cocheros discutiendo. Uno llevaba a dos guiris ya, y cuando el otro le gritó “hiho la gran puta”, éste tiró de las riendas parando el caballo en seco, se bajó del carruaje y se fue donde el otro gritando maravillas del estilo de “me vi a cagá en tós tus muertos, hihoputa, poz no me va a vení a mí a tocarme los cohone a estas alturas, te mato, fíhate lo que te digo, ¡¡¡te mato!!!”. El otro no te creas que se echó atrás: “no si encima querrás tener razón, pedazo de hiho puta, que te saco las tripas a dentellás que ya te tengo calao desde hace tiempo yo a ti”. A todo esto, los dos guiris todavía sentados en el carro en medio de la calle flipando en colores. Yo me moría de risa, ¡que viva España!. Yo me imagino que el tío en vez de hacer cola, se agenció dos clientes así por el morro y se lió parda…

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Luego paseíco por Santa Cruz y para Badajoz otra vez con el coche, Chiaki de copiloto con el mapa y yo al volante repitiéndome por dentro “por la derecha, por la derecha, aquí se conduce por la derecha” cada vez que venía un cruce.

¡¡Buen finde, chat@s!!
:gustico: :gambiters: :gustico: