El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

No parece que haya pasado un año. Parece que han pasado diez… o que en realidad no pasó nunca. La normalidad ha vuelto a nuestras vidas de una manera insultante, como si quisiésemos de verdad haber soñado con mares que se desaguan, como si nunca hubiesen existido las quince mil personas cuyos sueños el agua diluyó para siempre.

Uno ni siquiera hace por hacer vida normal; viviendo en Tokyo es fácil. La rutina se encarga de cogernos de la mano y tirar cuando nos paramos a tratar siquiera de empezar a asimilar lo sucedido apenas unos cientos de kilómetros al norte. Tengo que comprar café que se me ha acabado, a ver si llego a la reunión de mañana con el trabajo, que no se me olvide pagar la renta y la factura de la luz… no parece haber lugar ni tiempo para acordarse, aunque tampoco hay mucho que recordar porque no estuvimos allí.

No estuvimos allí

Nuestros recuerdos, o mejor, mis recuerdos se emplazan dentro de una oficina después de comer. Uno de tantos terremotos que ignoramos al principio hasta que va a más y a más y entonces no sabemos ya que hacer. No sabíamos que hacer. El manual de instrucciones dice que te metas debajo de la mesa hasta que pase para que no te caiga nada encima. Yo salí corriendo. Y seguramente lo volvería a hacer. Instinto, nervios, miedo, adrenalina… todo junto, supongo.

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Pero pasó y aunque seguía habiendo réplicas, nosotros el tsunami lo vimos por la tele. No estábamos allí.

Por eso cuando me preguntan, no puedo contar más, porque no sé más que cualquiera que lo viese por televisión. No sé que es tener que correr con toda tu alma colina arriba, ni siquiera puedo imaginar qué se siente al perder de una vez todo y a todos… si es que uno puede seguir sintiendo algo. Por eso tengo tres o cuatro emails sin contestar con invitaciones a programas de radio para entrevistas sobre el aniversario de aquél día, porque no sé que voy a decir, porque yo sigo con mi vida igual que siempre y no tengo nada nuevo interesante que contar porque yo estaba aquí y aquello fue allí, porque cualquier cosa que pueda imaginar o aventurar sobre el tsunami sería una falta de respeto a los que sí tuvieron que estar.

Falta de respeto a los que sí estuvieron

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El mar desgajó tantos sueños que quedaron por soñar, se llevó tanto… que no puedo dejar de pensar que fue ofensivo cómo el mundo borró su recuerdo cuando se supo lo de la central nuclear. Había, quizás todavía hay, un peligro real y fue lógico tratar de esclarecer lo que podría haber supuesto otra catástrofe de proporciones incalculables. Pero fue absurdo pasar, literalmente, de página; de la “mayor catástrofe nuclear de la historia” a “Gadafi y sus excesos”. Así, de repente. Sólo volvía a salir Japón cuando a Fukushima se le revolvían las tripas y de todas todas se olvidaba a los que sí estuvieron donde con tan mala estampa les tocó estar. A día de hoy no ha habido ni una sola víctima por radiación, pero sigue habiendo dos o tres suicidios por semana en Ishinomaki donde la situación parece estar infinitamente lejos de normalizarse… aunque claro, yo esto tampoco lo sé, porque tampoco estoy allí aunque hace tiempo que me propuse tratar de ayudar como voluntario.

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Pero yo si estuve aquí cuando todos mis amigos se habían ido ya de Tokyo. Muchos dicen que fui valiente por quedarme, pero lo cierto es que me quedé porque dejarla sola a ella ni siquiera se me pasó por la cabeza, no era una opción. Bajo la amenaza de una nube radiactiva, nosotros paseábamos por un Tokyo apenas iluminado por una de cada diez farolas tomando cafés en cafeterías que siempre estaban por cerrar por ahorrar luz.

Queriéndonos más que nunca.

Pero claro que me habría ido, a Osaka lo más cerca sólo para saber tranquilos a los míos.

Luego no pasó nada en realidad. Nunca llegó radiación en niveles perjudiciales para la salud, nosotros sólo teníamos miedo. Teníamos miedo… cuéntaselo a los de Ishinomaki, que en Tokyo teníamos miedo de la radiación mientras dormíamos calentitos en nuestras casas de siempre después de un buen baño.

Así que con esta sensación, no tengo claro si hablar por la radio. No parece tener demasiado sentido contarles precisamente a ellos que mi mayor problema fue tranquilizar a mi familia por teléfono porque sus primos los de la televisión y los periódicos se empeñaron en exagerar la situación hasta el disparate. ¿Que voy a decir? ¿que parece que todo está bien?, si no tengo ni idea, si lo que sé lo veo por la tele o por internet… lo que yo diga no tiene mayor interés, creo yo. Que viva en Tokyo, a estos efectos, me acredita experto del tema igual que a uno que viva en Seoul: nos pilló el asunto al lado, pero nada más. Podría soltar una de poco a poco, Japón recupera la normalidad, se puede ver en las caras de las gentes… claro, claro.

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Y me vienen con prisas, los de la radio y los de la tele. Me mandan mensajes el viernes, que conteste rápido si cuentan conmigo el domingo para salir en antena, que grabe vídeos, que lo necesitan ya me dicen. Hace un año de esto y ahora que se acuerdan, ahora que parece que toca acordarse… por Dios, que disparate es todo. Así va la cosa. Oskar, contéstame cuanto antes que estamos fuera de tiempo. Y me mandan el mensaje dos días antes, con prisa, con urgencia, para preparar un programa sobre algo que pasó hace un año.

Yo hoy, once de marzo del 2012, no estoy para circos. Yo hoy tengo una cita con la chica más guapa del mundo. Mi máxima preocupación es afeitarme para no pinchar y tratar de no pasarme con la colonia. Ni que decir tiene que iremos cogidos de la mano aunque hoy sólo podré reprimir uno de cada cinco besos, porque hace mucho que no nos vemos por culpa de la influenza esa. Seguramente estaremos en uno de los muchos homenajes a las víctimas que se harán por todo Tokyo, y probablemente tendremos que volver a ver, con la garganta tiritando y los ojos húmedos, imágenes y más imágenes de programas especiales que se emitirán en todas las cadenas de televisión.

Y mañana volverá un lunes, un lunes totalmente normal en Tokyo, un lunes de madrugón, trenes y oficina, de cafés y bento. Nos acordaremos de los que hoy se homenajean hasta el miércoles o jueves y después nada.

Hasta que un año después llegue otro email con prisas.

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Algunos datos:

– El terremoto fue de escala 9 al que sucedieron más de 1000 réplicas, siendo unas 60 de escala 6 o superiores. El sistema de detección de terremotos envió alertas un minuto antes.
– El tsunami inundó unos 560 kilómetros cuadrados de tierra y se cobró más de 15.000 vidas. Casi 4.000 están todavía oficialmente desaparecidas. Unos 260.000 supervivientes siguen viviendo en emplazamientos temporales como pabellones prefabricados, tienen un límite de dos años para encontrar una casa por su cuenta.
– Se evacuó a unas 70.000 personas que vivían a menos de 20km de la central de Fukushima. Todavía no pueden volver y seguramente no puedan ya mientras vivan. El mayor problema de los evacuados no está causado por la radiación, sino por el trauma psicológico que supone estar como están lejos de sus hogares.
– La situación en Fukushima es estable, aunque el plan trazado por Tepco para limpiar totalmente la zona se mide en décadas.

Eventos hoy en Tokyo:

Parada de los trenes de Tokyo a las 2:46
Manifestación anti nuclear
Concentración “Peace on Earth” en Hibiya
Encendido de velas cerca de la Tokyo Tower
Concierto “Nihon Kizuna one year later” en Shinjuku

Algunos enlaces:

Primeras imágenes del aniversario
Video retrospectiva de los acontecimientos del año pasado por The Guardian
20 fotos del tsunami por National Geographic
Fotos de la central nuclear por National Geographic
Algunos testimonios de evacuados por la central
Recopilación de fotos: Japan Earthquake, one year later por TheAtlantic.com
Más fotos del antes y después de un año del Nationalpost
Fotos del antes y después de la BBC
Presentación con mapas de antes y después del tsunami
Proyecto Ishinomaki 2.0
Documental independiente sobre la situación actual en Ishinomaki
Documental “Japan’s children of the earthquake” de la BBC
Vídeo con todos los terremotos ocurridos durante el año pasado en Japón
Vídeo grabado desde un rascacielos de Shinjuku en el momento del terremoto
Trailer de “We all are radiactive”
Documental “Japón, la fuerza de un gigante”
I love you Japan, vídeo de ánimo desde América
Vídeo explicando la situación de Fukushima a los niños

Algunas ideas y percepciones totalmente personales:

– En Tohoku no parecen estar nada contentos con la actuación del gobierno, apenas les llegan ayudas y todo el trabajo de reconstrucción se está llevando a cabo con voluntarios que vienen de todo el país.
– En Fukushima están igual, no acaban de decirles que no van a poder volver nunca y ni el gobierno ni Tepco les dan alternativas reales a su situación.
– El alcance del problema de Fukushima quizás no se sepa nunca, pero está claro que el agua radiactiva vertida al mar y las fugas en las tierras de alrededor traerán consigo consecuencias a muy largo plazo. Se van, y se irán encontrando alimentos con radiación más alta de lo normal durante muchos muchos años. Es de esperar que siga habiendo controles estrictos.
– Ya no parece que haga falta ahorrar electricidad, todo funciona con normalidad en este sentido.
– Últimamente está habiendo terremotos con bastante frecuencia en la zona de Tokyo, lo que nos tiene preocupados por si viniese el temido y esperado gran terremoto de Kanto, cuya probabilidad se ha incrementado después del de Tohoku. No es que estemos en un sinvivir, pero si que lo tenemos presente.

De mientras sigo escribiendo la segunda parte del maratón, ahí va un post regulero estilo enchufar algo en dos minutos y quedarse like a blogger-sir con el dedo meñique estirado.

:regulero:

El caso es que el 29 de Febrero, que este año es #bisiester, dieron por finiquitada la Sky Tree, que es la torre más alta del mundo con 634m puestos uno encima del otro.

A mi este mostrenquer ni me iría ni me vendría si no fuese porque conocí a la futura madre de mis siete hijos en una excursión que incluía visitar el troncho este a medio construir, así que de vez en cuando volvemos por allí a darnos un paseíco y recordar cuando la vida era una cuarta parte de bonita que ahora.

Total, hay va un vídeo de la Sky Tree grabado en distintas fases de su construcción y montado con muchísimo gusto, tanto que me da hasta cosica arramplarlo para ponerlo aquí:

Para que la cosa no sea tan tan regulera, ahí dejo un enlace a fotos que saqué yo en su día: enlace a fotos que saqué yo en su día 笑.



Fuente: Darwinfish105.blogspot.com
Post escrito en: lo que dura la cabecera de Walking Dead, como un minuto y medio o algo así…

ヘ(0Д0ヘ) (メ◆◆)

El día anterior dejé todo preparado diez o doce veces: la camiseta del Athletic con el dorsal prendido con imperdibles, los calcetines con silicona por debajo para que no salgan ampollas, las mallas, la licra, los guantes… y vuelta a empezar: el dorsal, la camiseta… Si había de fallar algo, que no fuese por falta de preparación.

El domingo tenía que estar en Shinjuku alrededor de las siete de la mañana y era imprescindible un desayuno titánico, así que poner la alarma por lo menos a las cinco parecía ser algo más que una buena idea.

Cuando me desperté eran cerca de las seis y media. Resulta que había cambiado la hora de la alarma “de entre semana” de la oficina, y estábamos en domingo. Empecé el día corriendo, literalmente: mientras se cocía la pasta, pasaba por la ducha y me ponía ya el uniforme de faena. Comí de pies quemándome por no poder esperar a que se enfriasen aquellos macarrones y cuando me quise dar cuenta ya iba camino de Shinjuku con las Nike que estrené dos meses antes y la camiseta de Etxeberría que me trajeron Arantzazu, Alex y Nahia.

La idea de correr la maratón por fin aquella mañana no me puso nervioso en absoluto. Uno se pone nervioso cuando tiene que salir a hablar delante de gente o cuando te toca pegarte con alguien que no conoces en un combate de Karate, ahí si merece la pena tener nervios porque debes responder ante otros. Aquella mañana yo no estaba nervioso, estaba tremendamente ilusionado, emocionado como nunca; con ganas de empezar a poner un pie delante del otro ya de una vez porque la cosa iba conmigo mismo: si abandonaba sería cosa mía, si llegaba al final también… era yo peleando contra mi, así que todo quedaba conmigo.

En la maratón de Tokyo te dan una bolsa bastante grande donde puedes meter todo lo que necesites, y ellos se encargan de llevártela a la meta. Yo llevaba esa bolsa con orgullo mientras iba camino de la estación, como queriendo fardar de lo que me proponía hacer, como un niño que aprende a andar en bici: quería que todos mis vecinos lo supiesen. Estaba de verdad ilusionado, como hacía tiempo.

Ya en el tren pude distinguir a muchos que como yo llevaban el chip puesto en una de las zapatillas. Gracias a él, la organización sabe que has hecho todo el recorrido como debes hacerlo: sin atajos de por medio, y también cualquiera podría saber por donde ibas a través de la web oficial. Cruzamos muchas miradas sin llegar a sonreírnos abiertamente porque las caras eran de seriedad, de concentración. “Ganbatte kudasai” me dijeron más de una vez, “ganbatte kudasai” respondía yo con el corazón a pleno pulmón.

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A pesar del intento frustrado de madrugón, llegué con bastante tiempo y empecé a calentar junto a cientos, miles de locos que me rodeaban a las siete y algo de la mañana entre ráfagas de viento helado. Menuda lección de contraste era sentir el frío de fuera y el calor de dentro.

Me resistí casi hasta el límite de la hora para entregar la bolsa-mochila porque no quería dejar la chaqueta… me costó decidir si salía a correr con ella o no y si descartaba la riñonera repleta de gelatinas energéticas. Al final hice lo que ya sabía: metí la chaqueta en la bolsa, cargué con la riñonera que oculté debajo de la camiseta del Athletic, me puse los guantes y entregué el equipaje. Ya no había vuelta atrás, mis cosas estaban ahí y no podría recuperarlas hasta Odaiba.

Y estaba en Shinjuku.

Me morí de frío siete veces y resucité ocho. Estiré, calenté corriendo ligeramente por la zona, y finalmente me dirigí al bloque J que me asignaron. Salíamos los últimos aunque daba igual, como también daría igual llegar en este lugar. Esto va de uno consigo mismo, insisto, te ganas a tí mismo. Pierdes contigo mismo.

Fuimos apilándonos según nos iban indicando por megafonía. A un lado tenía a un señor que poco debía faltar para que me doblase la edad, a la derecha uno más joven, un poco más atrás un grupo de extranjeros también de distintas edades. En el cielo dos helicópteros, enfrente un semáforo que cambió, sin sentido, millones de veces de colores a pesar de que esa mañana el asfalto seguía perteneciendo a goma, si, pero de las suelas de nuestras zapatillas. Zapatillas encima de las cuales había ilusiones, sueños, escalofríos intermitentes en los huesos, miedo diluido en la médula, chispas entre los dedos de los pies. Miles de almas contenidas gritando querer salir ya. De una maldita vez, carajo, de una maldita vez, ¡que no aguantamos más!.

Se oyen fuegos artificiales a lo lejos aunque el rascacielos más grande de Tokyo sólo nos deja imaginarlos, dicen que soltaron globos pero tampoco los vimos. El grupo A ya debía estar corriendo, a nosotros nos quedaban diez minutos más aunque ya empezamos a tomar posiciones andando hacía la salida. En un balcón cercano un señor con un niño grita “ganbatteeeee” y el silencio solemne que nos unía se convierte en un grito ensordecedor. Estábamos dormidos y nos acaban de despertar. Gritamos con todas nuestras fuerzas, aplaudimos, reímos y si no volamos es porque sería trampa.

Nunca olvidaré ese momento en mi vida.

Llegamos por fin a la línea de salida, la gente descarta las últimas prendas en el espacio designado para ello: chubasqueros, jerseys… botellas vacías de bebidas isotónicas y cáscaras de plátanos se acumulan en las esquinas. Me llena el depósito que salgo ya, póngame de los de pintitas negras, que esos son los mejores.

Salgo ya. Madre mía, esto es real… está pasando

Continuará…


Aunque ayer dijeron que iba a nevar por la noche, yo creo que ninguno nos esperábamos lo que hemos visto al mirar por la ventana esta mañana… ha estado nevando sin parar hasta algo así como las dos de la tarde!! estaba todo bonico bonico!!

Ahí van unas foticas de Shibuya, que es donde hago que currelo ahora:


El día de ayer fue tan increíble que todavía estoy asimilándolo, bueno, en realidad lo estamos asimilando yo y mis piernas que hay que verme bajando escaleras, menudo cuadro, parece que me han dado siete palizas. Pero la acabé, ¿eh?, ahora a ver donde están esos que decían que en cuatro meses no daba tiempo a prepararse!! gañanes!! siesos!! carapedos !!

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Total, que aquí estoy recopilando sentimientos, sudor, desesperación, lágrimas, satisfacción, rabia, felicidad, agujetas… y tratando de poner todo junto en orden para contar semejante experiencia como se merece.

De mientras aquí va un adelanto de las millones de sorpresas de ayer… un Jesucristo con su cruz y toda la pesca que se cascó la maratón como hay Dios. Doy fé de que es totalmente cierto que corrió porque le vi más de una vez, ojo al asunto y no perderse las playeras que lleva:

Efectivamente, descalzo, y en el kilómetro 35 todavía iba igual, así que en teoría corrió toda la maratón a pelete. No queda claro si convirtió el Pocari Sweat en Rioja para aguantar el asunto, todavía estamos investigándolo. Y eso por no hablar del frío que hacía, y el tío en porreters!

Eh! y llegó a la meta, que después andaba en Odaiba posando y todo el mundo ahí sacándole fotos.

¡¡ Menudo genio !!

¡¡ Quedan 3 días !!

。。。タタタッ。ヘ(;・・)ノ      ……\( ><)シぎょぇぇぇ      ……シタタタッ ヘ(*¨)ノ          。。゙(ノ><)ノ ヒィ

Jodé, incluso a cámara rápida se me hace el recorrido más largo que un día sin nocilla…
大丈夫かな〜?

Vivir aquí hace que te acostumbres a los terremotos. Normalmente no pasa nada; suele empezar con las alertas de los móviles y después tiembla todo durante diez o veinte segundos. A veces hay un golpe más fuerte, un movimiento más brusco y después se para. Otras veces apenas se percibe. Tampoco te das cuenta si estás en el exterior, en los cinco años que llevo aquí no he notado nunca un terremoto mientras ando por la calle o voy en el tren, no te das cuenta. Ni tiemblan los edificios, ni la gente se cae por la calle, ni se abre la tierra. Te enteras de donde ha sido porque pones la tele o porque miras por internet.

El del año pasado fue distinto porque no paró, cada vez fue a más y a más y a más… y no nos dimos cuenta de la magnitud de lo que acababa de pasar hasta que pusimos la televisión y se veía como el mar se cansó de llegar hasta la playa y decidió meterse tierra adentro.

Paul Johannenessen es un australiano que vive en Tokyo y que ha grabado un documental en Ishinomaki. Las imágenes son impresionantes, pero lo que más me ha gustado es escuchar a personas normales contar cómo vivieron lo que les pasó, lo que les preocupaba después y lo que han ido haciendo día a día para tratar de recuperarse de semejante disparate.



Fuente: www.paulyj.com

Aquella noche fue mentira.

Por alguna razón decidí abrir la botella de vino que guardaba para compartir a la sombra de alguna que quisiera taparme la luz de la vela que compré a la par. No se dio el caso, y hacía tiempo… ya no aguanté más. Descorché ese Rioja Siglo Saco y el alcohol desinfectó heridas que empezaban a hacer nido en el corazón, ese del que uno no hace cuenta hasta que de repente late a cañonazos gritando que como siga estando solo, va a reventar.

Cuando logré dejar de apiadarme de mi maldita estampa, estaba tan borracho que no podía ni andar.

No recuerdo demasiado el final de aquella noche, pero si sé que me dio rabia estar así, que lloré muchas veces recordando que acordarse duele cuando lo que se quiere es olvidar.

Me metí en la ducha y estuve un buen rato bajo una docena de pequeños chorros de agua fría que me horadaron las malas ideas y me enjuagaron la morriña hasta que me espabilé lo suficiente como para no dar por acabada aquella madrugada de verano tirado en el futón esperando a morirme de resaca.

Cogí la cámara de fotos y me fui al templo de al lado de mi casa.

El camino de entre cinco y diez minutos lo hice en más de media hora. Me paré a sacar fotos a todo, como si hubiese decidido que no iba a seguir aquí más y esa fuese la última vez que peregrinase a verme el ombligo por dentro entre tumbas, pagodas y cerezos. Como si ya no hubiese más que rascar y ya tocase mudarse de vida de nuevo por aquello de dejar de seguir intentando reír, porque ya saldría solo.

Cuando por fin llegué, me senté en las escaleras y miré hacia la derecha instintivamente. Desde allí se ve el monte Fuji en días claros… se me olvidó el pequeño detalle de que eran algo así como las dos de la mañana. Apoyé la cabeza en la pequeña columna de la parte superior, y empecé a revisar las veinte o treinta fotos que acababa de sacar. Borré todas, no se veían más que sombras negras entre las que asomaban tímidamente luces de alguna farola cercana. Sombras negras entre las que asoman, a veces, luces… ¿a quien me recuerda?

Cerré los ojos y me quedé dormido un rato imposible de medir, lo mismo podría haber sido un minuto que dos horas. Cuando me desperté, ya con dolor de cabeza, vi a un gato negro y blanco …negro con luces… allí sentado como a dos metros de mi. Me miraba fijamente y yo le hice gestos para que viniese, aunque no lo hizo. Sin levantarme, traté de hacerle fotos con la cámara pero cuando logré acertar a quitar la tapa del objetivo, ya se había alejado unos metros. Le seguí un buen rato tratando de no hacer ningún movimiento brusco que provocase que volviese al mundo de mentiras del que había venido, hasta que se paró justo delante del edificio principal del templo. Decidí sentarme a dos o tres metros de él, a veces le sacaba alguna foto aunque la mayoría del tiempo sólo le miraba.

Él, o ella, no se movía más que para rascarse la cabeza como dudando si se fiaba del único ser vivo cercano más grande que él.

Finalmente vino y me rodeo un par de veces antes de decidir sentarse a mi lado. Se dejó acariciar e incluso parecía querer contarme su vida de gato de templo soltando maullidos a modo de charleta desconsolada.

Agradecí su compañía, me gustó hablar con el.

Desperté al día siguiente en mi casa con un dolor de cabeza horrible. No recuerdo muy bien el camino de vuelta pero a juzgar por la laguna de recuerdos, parece que la ducha no logró contrarrestar ni de lejos los grados del Rioja.

Incluso dudé que había salido la noche anterior… hasta que vi las fotos que me contaron que aquella madrugada de verano fuimos dos los que nos lamimos las heridas.

La vida es el resultado de las decisiones tomadas en el pasado junto a grandes dosis del impredecible y muchas veces burlesco azar. La rutina del día empieza y acaba casi siempre de la misma manera aunque uno nunca sabe que va a pasar en el medio, que es donde suele estar la miga que pellizcar si uno aprende a no dejarse llevar por el vil pasar de las horas.

Elegí irme del trabajo anterior y fruto de esa decisión unido a mucha suerte de cuya magnitud quizá no soy consciente, hizo que empezase unos días después en una nueva oficina donde llevo una semana aprendiendo cómo se corta la baraja en la empresa más japonesa en la que he estado nunca. Fui yo quien decidió anteponer la ley de no tolerar jamás tratos intolerables y me fui. Pero fue el azar el que quiso que pasase de PHP y Objective-C a Ruby on Rails, de contratos temporales por sistema a condiciones en condiciones. Mi vida ha mejorado porque tome una decisión cambiando algo que debía ser cambiado en ese preciso momento, el azar hizo lo demás.

Me apunté prácticamente sin pensar a la maratón de Tokyo en la que es muy difícil que te cojan. Quise seguir adelante en serio cuando lo hicieron y de nuevo mi vida cambió radicalmente. La elección la hice yo, la suerte hizo el resto. Ahora corro durante toda la semana y miro al domingo 26 con mucha ilusión y entusiasmo porque sé que es un día que no olvidaré jamás. Pero también he tomado la decisión de no seguir por este camino porque no me gusta en qué se ha convertido esta parte de mi vida en los últimos cuatro meses. Han cambiado muchas cosas; me encuentro mucho mejor físicamente pero no es lo que quiero hacer con mi tiempo libre así que ya he tomado cartas en el asunto. Dejar de correr todos los días es sin duda una provocación al azar que seguro que cruza algo nuevo en mi camino. Por de pronto retomaré Karate con muchas ganas y estoy convencido de que la motivación con la que afrontaré este regreso al dojo traerá algo más consigo.

El otro día un viejo conocido de cerca de Bilbao me dijo que yo tenía mucha suerte, que tenía un buen trabajo, que estaba en buena forma, que hablaba idiomas, que conocía mundo, que parecía que había nacido con una flor en el culo. Este buen hombre dejó los estudios hace muchos años porque no le llenaban, llevaba muchos meses en el paro y me contaba que había engordado por culpa de la ansiedad que le provocaba la situación. Encontró trabajo, uno que dice odiar con toda su alma tanto como a la mayoría de sus compañeros, aunque tampoco va demasiado a menudo porque tiene dolores de espalda debidos a su sobrepeso que le obligan a cogerse bajas frecuentemente. Me decía que me tenía envidia, que todo me salía bien, que ojalá fuese yo.

Que ojalá fuese yo.

Cuando llegué a Japón 5 años atrás, mi vida estaba tan rota que se me escurría el alma por las grietas. Estaba tan solo entre tanta gente que me sentía triplemente vacío.

Pero por mis huevos que me aseguré de mirar una y otra vez las cartas que me tocaron y de empezar a jugar hasta que pude arrastrar o cantar las cuarenta aunque fuese de Pascuas a San Pedro. Porque la cosa va así: casi nunca se gana, lo normal es que pierdas o que te quedes como estabas.

“Que ojalá fuese yo” me dice. Y el tío, más cerca de los cuarenta que de los treinta, todavía no ha empezado ni a barajar las cartas.

Que ojalá fuese yo.

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Ilustración de Andrés Jarit

Las clases de cocina para japoneses se las inventó el tío Chiqui. Todo empezó con alquilar un local en un centro social de Ikebukuro con cocinas y probar a enseñar a cocinar Paella. Chiqui me propuso hacer de traductor y aunque al principio la cosa me impuso muchísimo, la experiencia mereció mucho la pena, tanto que la segunda clase no se hizo esperar demasiado, la de Tortilla de patatas y Gazpacho andaluz.

Pillamos carrerilla, ya le teníamos pillado el truco a los preparativos previos, a organizar los equipos, a controlar el tiempo y ya fluía la traducción albaceteño-japonés aunque para la tercera clase no hizo demasiada falta, porque Mireia, nuestra profesora invitada, habla japonés bastante mejor que yo. Allí se hicieron Croquetas y Moje manchego.

Tras el parón navideño, volvemos con una nueva edición. Esta vez me he animado yo a hacer de chef preparando Marmitako y el tito Chiqui nos enseñará los secretos con los que entre fogones cocina ese pedazo de Pan que tan bien le sale:

La clase será en lkebukuro el 4 de marzo, un plan como pocos para pasar la tarde del domingo: juntarse con gente majísima, cocinar, aprender y luego comérselo todo junto regado con algún vino de nuestra tierra.

¡Y es el domingo siguiente a la maratón de Tokyo, así que no habrá prisa!
:cocinicas: