Últimamente no hago más que comer ramen… ¡me pongo tibier!. Tiene su explicación: como parece que es importantísimo comer carbohidratos la media hora después de correr y corro prácticamente todas las noches, cuando vuelvo llego congelado cual Gari Gari Kun. Y claro, no existe mejor carbohidrato conocido que una buena bañera de ramen con su sopa calentica y sus tropiezos fideeros.. ¡se recupera uno del copón!


El asunto es que uno de los días de las vacas de Navidad nos fuimos al museo de ramen de Shin-Yokohama a echar la tarde. Yo me esperaba un sitio donde te contaban un poco la historia del ramen: de donde vino este plato, tradicionales maneras de prepararlos, anécdotas…
¡ nanai !
Aquí lo que hay es una pequeña reconstrucción de las calles del Tokyo de después de la guerra con restaurantes de ramen que te preparan especialidades de todo Japón. En teoría son restaurantes seleccionados por su calidad, aunque tengo que decir que el ramen que se zampa en un sitio que me sé yo en Odaiba no conoce rival ni será nunca superado.










Vamos, que no te cuentan nada, allí va uno a ponerse hasta arriba de ramen, que, todo hay que decirlo, no me parece mal plan en absoluto. Además como en teoría todos los restaurantes tienen su propia receta, puedes pedir un «mini ramen» para que te de el depósito para comerte más de uno.
Luego tienen una tienda con mil gaitas relacionadas, y poco más. Está bien para pasar un rato, zampas y das un pequeño paseico por las mini calles, echas unas fotos… y te vas por donde has venido para seguramente no volver más.


Eso si, mi ramen toscanil después de las carrericas nocturnas no me lo quita nadie, que voy ahí subiendo cuestas y lo voy oliendo ya!!!
-=≡ヘ(* – -)ノ
Web: ShinYokohama Ramen Museum
Entrada: 300 pepinos
Pa aprender sobre el ramen en condiciones: Tampopo