Lunes,2 marzo 2009

Ikunejitas

No se si sabéis que me he ido con Flapy a la comarca, que es donde el gambitero de él lleva viviendo un puñao. Esto está entre Nara, Kyoto y Osaka, así que nos hemos ido de gira por estas tres ciudades a parte de otros sitios chulos chulos.

El caso es que ahora, aprovechando que se ha ido al laboratorio, os vengo a contar la que me ha liado hace unas horas, que no sé ni como le miro a la cara.

Después de una gran visita por Nara, donde está el buda más grande de todo Japón, me he quedado ávido de cultura y le he insistido a David para que me lleve a otro lugar coherente con mi interés.

Me ha llevado a Osaka, y después de dar un paseo en el que me he empapado del gracejo natural del lugar, le he seguido a un ascensor, hemos subido y cuando se han abierto las puertas, he podido comprobar lo que entiende por cultura aquí el rey gambitero.

Allí no había ciervos ni budas ni templos ni ná, lo que nos hemos encontrado son a unas gachís vestidas de conejitas que te servían de beber mientras te daban conversación. Vamos, resulta que por esa zona de Osaka hay una serie de bares que son temáticos donde lo más sexo-erótico-festivo que hay es que las camareras están vestidas de algo y ya está. En este caso eran conejitas, pero también había otros de colegialas, sirvientas… en fin, a ver quién me niega que esto no es cultural!!!







Rascatecleao por Tío Tosca a las 07:30
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Viernes,27 febrero 2009

El sandwhich de nocilla, fresa y kiwi

Imagínate que coges pan bimbo, tres rebanadillas ahí. Y entre las dos primeras le metes un chute de nocilla y dejas que se peguen bien. Luego coges la manga pastelera y le enchufas un flis poniendo todo hasta arriba de nata. Después vas y sumerges en la nata trozos de fresa, piña y kiwi, y para acabar de prepararla parda, vas y lo tapas con la otra rebanada de pan bimbo y lo vendes como el “Sandwhich de frutas y chocolate”.

Pues eso…


Pues, oyes, ¡que estaba bueno y todo!


Rascatecleao por Tío Tosca a las 00:00
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Jueves,26 febrero 2009

Comentarieros

Como tengo la cabeza tontuna, o como diría mi madre: soy un tontopelao, estoy delante del ordenador y de repente me viene un personaje a la cabeza y cuando me quiero dar cuenta, ya lo tengo enfilao en el fotochop.

Así que aquí va una recopilación de todos los amigüitos que me ayudan a convenceros de que dejéis esa galvana típica que os caracteriza y me dejéis un comentario:

shinosuke.jpg

bacteriofull.jpg

Alguna que otra chorrez más ya puse también, ya:

En fin, no sé si se puede decir que los comentarios han subido o no gracias a mis ikucolegas, pero yo me lo paso mejor que Arguiñano en un mercao!!

Por cierto, me falta Arguiñano

Rascatecleao por Tío Tosca a las 03:57
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Miércoles,25 febrero 2009

Desclasificando una noche

Llevaba coleta la chica que quiso jugar a que nos conocíamos de siempre y me agarraba de la mano sin ni siquiera saber mi nombre.

Aquella noche pasaron cosas. Hubo muchos momentos de esos que vienen a la mente añadiendo cada vez algún nuevo detalle, y de paso haciendo que se conviertan en algo más real, como siendo un poco menos recuerdo.

Fue un buen mes, el ambiente de la oficina era el mejor que había habido siempre, y que habrá, al paso que van las cosas. Así que esa tarde fuimos a la fiesta de bienvenida de Akira como el grupo que nunca debimos dejar de ser: con sonrisas sinceras y principios de lo que parecían amistades. Y comimos, bebimos, reímos, cantamos… cada uno en su idioma y en el de todos a la vez, porque el alcohol suelta lenguas y aviva ingenios.

A algunos no nos esperaba nadie en casa, así que cambiamos el último tren por el primer bar de una conocida zona de Tokyo. Y a uno siguieron otros y otros. Tampoco era tan distinto que salir por mi pueblo, salvando las distancias, e incluso no faltó el momento en el que decidí salir fuera a refrescar la vista y purificar el olfato.

Me senté en una valla, y una chica vino y se me puso enfrente. Estaba tan borracha que me gustaría saber cómo me veía, si es que lo hacía.

- Estoy tan borracha que casi no veo - me reconoció en inglés
- Ya veo ya, cuídate, ¿eh?
- Gracias, tu eres muy guapo. Te quiero
- Jaja, claro claro

Entonces vinieron dos amigas, la cogieron cada una de un brazo riéndose y se la intentaron llevar.

- Perdona, ¿eh?, es que ha bebido un poco -y al hacer el gesto de “un poco” con la mano se le escapó una carcajada
- Nada nada
- No te olvides que te quiero mucho, ¿eh? -dijo la primera sin ni siquiera levantar la vista del suelo
- No no, tu tranquila que no se me olvida

Y en lo que fue un intento desesperado por ir recto, las tres chicas se fueron caminando zigzageando por delante de la puerta del bar de donde yo había salido hacía ya un rato.

Volví a entrar, pero allí no estaban mis compañeros. Llamé por teléfono al único que tenía en mi agenda, y no tenía cobertura. El primer tren no salía hasta cuatro horas más tarde y yo era la segunda vez que salía por aquél lugar, así que la cosa pintaba, cuanto menos, emocionante porque no tenía ni idea de qué iba a hacer todo ese tiempo ni para donde tirar.

Entré en dos, quizás tres bares más buscándoles sin éxito. Así que, cansado, me senté en la entrada de algo parecido a un portal.

Como si el sentarse sólo fuese la estrategia a seguir, una chica vino y se sentó a mi lado.

- Hola, ¿estás sólo?
- Si, un poco
- Si quieres yo te doy un masaje
- Vaya, y yo que pensaba que había ligado. No no, gracias
- ¿Seguro?
- Segurísimo, no hay nada que hacer
- Ya veremos. ¿De dónde eres? tienes un acento raro
- Del norte de España, no se me da muy bien hablar en inglés. ¿Y tu? no eres japonesa, ¿verdad?
- No, soy china, aunque llevo aquí muchos años
- ¿Hablas japonés?
- Si, tendré acento supongo, pero la mayoría del tiempo hablo en japonés
- Ala, que envidia, yo ahí ando aprendiéndolo
- Bueno, al final si vives aquí acabarás hablando aunque no lo quieras
- A ver si es verdad
- ¿Porqué estás solo?
- He perdido a mis compañeros de la oficina, luego en un rato les seguiré buscando
- Pero si quieres puedes estar conmigo y así no estás sólo
- Jaja, no no, de verdad, gracias
- Para mi no sería ni trabajo, ¿eh?
- Es todo un honor, pero de verdad que no, lo siento
- Vale, pues me voy a lo mío. Que tengas suerte con tus compañeros
- Gracias, y tu con lo tuyo
- Jaja, a ver

Y la chica se fue por donde vino. En cuanto la perdí de vista, me levanté y me fui en la otra dirección, no fuese a ser que la cosa se complicase y volviese con alguien que tratase de convencerme de una manera menos agradable.

De repente estaba en un bar con un vaso de té en la mano dispuesto a quedarme allí hasta, por lo menos, que el maquinista del primer tren apagase el despertador. En el camino al baño, pisé a una chica, con fuerza, con todo el talón en el medio de sus dedos. Ella gritó, yo puse cara de circunstancia, sabiendo que le tenía que estar doliendo con ganas y le pedí perdón todo lo sentido que pude. Le quitó importancia, y me dejó seguir mi camino.

Cuando volví de mi misión prioritaria y volví a pasar por delante de ella, le pedí de nuevo perdón, y, otra vez, me dijo que no me preocupase, que esas cosas pasaban.

Pasaron muchos minutos, quizás alguna hora, yo tuve que volver al baño y en la puerta me crucé con ella que me sonreía. Yo fui a lo mío. Al salir y pasar por tercera vez a su lado, ella me tiraba besos con las dos manos. Me acerqué riéndome y le dije que si tanto le había gustado, que le pisaba el otro pie.

Ella se reía y de repente me cogió de la mano, me atrajo hacia sí y me dijo al oido:

- Tampoco me ha dolido tanto

A aquella frase le siguieron otras muchas. Hablamos durante tiempo, me presentó a sus amigos y cuando supieron que me había quedado sólo, me llevaron a otros bares, y cantamos, y bailamos, y bebimos para acabar luchando contra la futura resaca comiendo ramen.

Uno de los amaneceres más bonitos que recuerdo puso fin a aquella noche en la que sentí que, a veces, la luna juega con nosotros como si fuésemos muñecos y nos mueve y nos maneja de una manera irónicamente espontánea. Como si todo fluyese, pero así, de esa forma, como ella lo ha dispuesto.

- Dicen que si la Tokyo Tower se apaga cuando dos novios la están mirando, que entonces su amor se romperá para siempre
- Pero tu y yo no somos novios
- Claro que no, ni lo vamos a ser. Igual por eso estaba ya apagada cuando vinimos
- ¿Pues sabes qué? que me alegro de haber perdido a mis compañeros, aunque tu no me quieras besar
- Es que no te conozco
- Pero me agarras de la mano
- Si, y te tiré besos con las manos. No me preguntes porqué
- Porque te pisé y te pareció mono cómo me disculpé
- Me caiste bien… ¿sabes porque no te beso ni podemos ser novios?
- Porque ya tienes uno
- ¿Cómo lo sabes?
- Se nota, pero me da igual, yo tampoco quiero tener novia
- Eso lo dices para fastidiar
- Un poco si

Después el metro nos separó, y cuando llegué a casa me dí cuenta de que no me acordaba de su nombre, ni siquiera sé si me lo dijo. La verdad es que poco importa.

Hideo era el de su novio. Ese no se me olvida.


Rascatecleao por Tío Tosca a las 06:15
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Miércoles,25 febrero 2009

He pensao …

.. que me gustaría mucho que mis padres, aunque no tengan internet, puedan leer algo de esto que escribo, así que he decidido hacerlo a mano y enviárselo…



Deseando estoy de que venga el cartero con los comentarios…


Rascatecleao por Tío Tosca a las 00:52
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Martes,24 febrero 2009

Koishikawa Korakuen

El invierno lo que tiene es que a parte de que con el frío todo se encoge, en cuanto sale un día un pelín bueno todos salimos a la calle a recolectar rayos de sol cual lagartija lagartera. Bueno, yo por lo menos, que si volviese a nacer seguro que sería oso por eso del hiberneo (y un poco también por los pelos que me han salido en la espalda, que parece que voy mutando los días pares). Así que el domingo me fui a un parque que me quedaba por conquistar, y que resulta que es el más antiguo de Tokyo, el Koishikawa Korakuen, que aunque se abrió como parque en 1938, existía desde 1629, así que mira si era viejuno.

Uno se encuentra un parque pequeñito, cuco, nada que ver con esos otros enormes como el Hamarikyu o el Shinjuku Gyouen. Para mi no tiene nada que envidiarles, porque, para empezar, en este hay un recorrido a seguir que incluye pasar por piedras encima de un lago, subir una montañita, atravesar un puente… vamos, que no te aburres ná de ná.



Además, como es pequeño y hay más de un recorrido, te vas cruzando con la misma gente unas cuantas veces y como tienes que ceder el paso y así, los acabas saludando. Se hacen compañeros de andaduras, amigos!



También había un señor ahí pintando un cuadro que si el hombre está más serio lo mismo se ríe y le sale una grieta:



Y patos, había patos, y yo que me estoy añoñando por momentos… el domingo sacando fotos a los patos, y ayer encendí velas en casa. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Laura Pausini?, jodé, haced algo!.


Yo me quedo con las piedras del lago, creo que de los parques de este estilo es lo que más me gusta, la cosa esa de ir de piedra en piedra cual grácil ikusuki. (Dios, la cosa va a peor, será la primavera?!?!?)







Después de pasar esa zona con el puente rojo, que anda que no mola la pianola, uno da una vuelta por un lago grande en medio del cual hay una isla toda cuca:




Tampoco podían faltar los puestillos de sake caliente dulce, comida y flores que todo parque es menester que tenga para que los señores visitantes se gasten los cuartetos:



Cuando me iba yendo, resulta que en un pequeño escenario que tenían allí montado empezó un espectáculo de marionetas que estuve grabando como pude usando el trípode elevando la cámara por encima de la gente, que había allí más personas que ni sé. La historia duró bastante, pero yo lo he resumido y aquí os lo pongo, porque soy más majo que los lacasitos rojos:

Se puede visitar apoquinando 300 Yenes, que es ná, si uno va a la estación Iidabashi (líneas Oedo, JR Sobu, Tozai o Namboku). Además si uno tira un par de estaciones más se planta en Akihabara, así que tampoco es que os vayáis a un sitio desde el que luego no se pueda hacer nada.


Rascatecleao por Tío Tosca a las 01:45
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Lunes,23 febrero 2009

Mira a ver que ves





Rascatecleao por Tío Tosca a las 08:08
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Lunes,23 febrero 2009

Los palillos tuneaos

Que vienen recubiertos de silicona en la punta para potenciar el agarre

Así que es fácil arramplar con habas ahí sin dejarse el anular en el camino

Toma ya! a ver quién es el guapo que engarza un hielo sin el siliconamiento!! (ni la ikudestreza!)




Rascatecleao por Tío Tosca a las 01:31
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Viernes,20 febrero 2009

Las torres misteriosas

El otro día me pegó un frisbi al melón y nada más salir de la estación de Shibuya me puse a andar de frente dejando atrás todo el jaleo ese de pantallas y gente a puntapala, así sin rumbo fijo, por lo segao.

Llegué a una calle grande, y me dió por torcer a la derecha y seguir andando. La verdad es que no había ni una tienda ni nada, y la calle estaba en obras… vamos que aquello era más feo que el ombligo de un manatí, y yo con más hambre que el que perdió el abrelatas en Lost (anda que no le caerían yoyas a ese).

Y hablando de Lost, estaba ya desmayao cuando levanto la vista y de repente aparecen ahí unas columnacas puestas en el medio de la nada, bastante más altas que las casas de alrededor y con una pinta más rara que ni sé.

A mi lo que me vino a la cabeza fue John Locke pegando patadas a una para intentar abrirla y ver si asoma Desmond o qué…

¡¡Nooo, no son hoteles cápsula en vertical!!

Conté por lo menos cuatro torres recóndito-enigmáticas, dos atrás y dos un puñao más para delante

Columnas para una autopista no puede ser, porque la altura es tremenda

Viviendas y así tampoco porque no tienen ventanas, y eso es más estrecho que la tripa Wall-e

Eso si, una vez acaben las obras (una carretera subterránea), ahí se siguen quedando…
Así que ya me diréis qué se está cociendo aquí, porque yo me quedé chato, sobrecogido, amedrentado y estremecido a partes iguales.

Eso sí, el hambre no se me quitó, y en cuanto llegué a Shinjuku y vi un poco de civilización, me zampé un perolo de Ramén que no se lo saltó un rocín percherón.

¡Marcho, que he quedao!

Rascatecleao por Tío Tosca a las 09:56
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Jueves,19 febrero 2009

El incidente

Hay que ver cómo somos, los líos que nos hacemos en la cabeza nosotros sólos… resulta que lo pasé mal durante dos clases de Karate seguidas con el mismo profesor y desde ese mismo momento mi mente ya tomó la decisión de no volver más. Y cuanto más pensaba en ello, más terrible parecía lo que en realidad pasó. Hasta que me planté y me obligué a luchar conmigo mismo para desentrañar las razones por las que le había cogido tanto miedo a la situación, y si de verdad era para tanto.

Así que dándole cancha a la sensatez añadiéndole mucho coraje, me presenté allí el viernes pasado dispuesto a lidiar con lo que se me pusiese por delante. Porque uno tiene que hacer lo que tiene que hacer, y además a veces coincide que se encuentran las ganas.

Pero el tan temido profesor no vino, y me sorprendió ver que lejos de sentir alivio, lo que en realidad estaba era decepcionado por tener que esperar una semana más para plantarme delante de un miedo que sigue estando ahí, y que necesito que desaparezca antes de que siga creciendo.

Y resulta que cuando menos lo esperaba, este lunes, pasó algo que superó holgadamente a lo que fuera que fuese que pasó con el profesor de los viernes.

Este primer día de la semana no tiene mucho éxito, no solemos estar más de 5 o 6 alumnos mientras que el resto de días la cifra se multiplica por dos o tres. Ignoro la razón… ¿quizás los lunes hay trabajo atrasado que sacar adelante en la oficina?. Este lunes por no venir, no vino ni el profesor, así que uno de mis compañeros de clase tomó el relevo y al final de una clase bastante dura, nos mandó hacer combate entre nosotros. Al segundo o tercero, a mi me tocó con otro señor mayor y estuvimos peleando un rato hasta que le di una patada en el estómago. No fue fuerte, pero le entró de lleno y el hombre se quedó boqueando. Yo le pedí perdón y el profesor me echó la bronca porque no supe tener control, quizás no le faltaba razón.

Y a partir de ese momento, pasó lo que nunca pensé que pasaría: mi compañero empezó a insultarme, a hablarme en un japonés muy rudo gritándome que no estábamos en un campeonato del mundo, que qué me había creido. Me llamó cosas que suenan entre tonto y gilipollas (“aho”, “baka”) como veinte veces seguidas, que a quién se le ocurría pegar así, que no sabía controlar mis patadas… que yo que sé. El profesor, lejos de cortarle, aunque es cierto que también estaba sorprendido, le daba la razón y seguía leyéndome la cartilla.

Yo callaba, pedía perdón cuando había oportunidad y miraba al suelo, menuda bronca me gane.

La clase acabó, saludamos y yo me fuí directo al vestuario. Lo que quería era irme de allí lo más rápido posible porque mi paciencia estaba llegando a un límite. Pero todavía fue peor: dentro del vestuario siguió con su retahila de insultos combinados con quejidos sobre sus costillas que daba la impresión de que se las había roto en veinte cachos.

Su tono era despectivo a más no poder, tanto que parecía que me iba a escupir de un momento a otro. Aunque el momento cumbre fue cuando metió “gaijin” entre medio de alguna frase, con lo que ya lo acabó de bordar.

Él se cambió y se fue antes que yo y el resto de compañeros me miraban en silencio intentando adivinar mi reacción, que no fue otra que despedirme y marcharme con la cara muy seria, aguantándome las ganas de gritar cuatro verdades.

Estaba montándome en la bici cuando una compañera vino donde mi y me dijo que no me preocupase, yo le di las gracias y para tratar de animarme se le ocurrió darme dos plátanos de los cuatro que llevaba en la bolsa.

Al llegar a casa, recibí tres mensajes, todos diciéndome que no me preocupase lo más mínimo. Dos de dos compañeros, y el tercero del profesor.

Cené dos plátanos.

Y no dormí nada en toda la noche.

Por más vueltas que le doy, lo que ocurrió no fue más que que le di una patada a un compañero que no fue para nada fuerte aunque quizás debería haberla controlado un poco más. Y al darme cuenta que le había hecho daño, le pedí perdón con toda sinceridad porque nada más lejos de mi intención que hacer algo así a propósito.

Lo que él vió fue que un chico jóven, no tengo claro si le importó que fuese extranjero o no, le perdió el respeto a las canas con su recién estrenado cinturón negro y se atrevió a darle una patada de la que ni se dió cuenta hasta que le alcanzó. Y si eso le dolió físicamente, más le dolió en el ego ese que se ha labrado durante tantos años de desgastar el cinturón, y eso le hizo olvidarse de aquella frase del dojo kun que dice que “hay que respetar a los demás y seguir las normas de etiqueta” y se creció insultándome como no lo habían hecho nunca hasta aquél día.

Si hubiese sido otro tiempo y, sobretodo, otro lugar, habríamos acabado muy mal.

Ayer, enfrentando la situación, no fuese a ser que se convirtiese en otro miedo más, volví y la clase la dio Hirokazu Kanazawa, y sin él saberlo, me disipó de golpe toda duda que pudiese tener sobre si soy uno más allí desde hace dos años.

Por mi, ya pueden juntarse todos los que quieran y ponerse a sumar sus egos, porque no podrán con el mío. Sea viernes, lunes o fiestas de guardar.

Eso si, que luego no me vengan con historias, porque hay cosas que no se pueden olvidar.

Y si, también es por principios.






Rascatecleao por Tío Tosca a las 11:28
Enchufao en Japón, Karate, Tokyo
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