Cocacola con fanta naranja
Seguimos rescatando viejas glorias del ikublog, secciones con desparpajo ahora que el grajo vuela bajo y el frío del carajo te amarga el camino al tajo.
Hoy venimos a presentar un producto de esos que sólo tienen cabida en el país del onigiri alguítico (nótese la calidad que destilamos que no ponemos frases tan manidas como vulgares del estilo de “país del sol naciente”, eso es de sonsergas, amigos!!! sonsergas, sonsergas everywhere!!!).
Bueno, esto va así: algo nos llama la atención en la balda de algún establecimiento, se compra, se prueba, se analiza y después se exclama aquello de…
¡¡ la madre que parió a Peneke !!
… con mayor o menor intensidad dependiendo del grado de anodadamiento conseguido. En este caso no demasiado porque es algo que, como dijo Zordor, ya hacíamos de toda la vida nosotros en los cumpleaños: juntar fanta con cocacola, ¡nuestros primeros cubatas!.
Los señores de fanta han hecho esto mismo pero ya juntao, de manera que te compras el cubata preadolescente ya metido en una botellica por 120 yenes de los de antes del después de cuando aquello:


La consabida proporción cocacola-fanta no está lograda en ningún momento, el sabor es de cocacola. El servidor que les habla ha sido capaz de intuir el matiz de la fanta naranja gracias a mis conocimientos expertos del tema unidos a la excelsa sensibilidad de mi paladar, pero la cantidad disuelta ha sido a todas luces escasa, diría que incluso irrelevante. Un buen cubata de cocacola y fanta debe tener tintes anaranjados que anticipen lo atrevido de la bebida a ingerir, no es el caso y no ha sido bonito jugar con el concepto, señores. Es nuestra infancia de la que estamos hablando aquí.

Total, que a parte de lo pomposo del envase, es un producto totalmente prescindible que no le llega ni a la altura de las burbujas a nuestros cócteles de aquellas fiestas de cumpleaños en casas de amigos cuyas madres hacían tortillas y había tarta, y luego se ponía la de los Goonies en el vídeo VHS. Eso sí, con las luces apagadas, que ya éramos mayores.
En fin, añadimos el producto a la lista, pero más que exclamar, susurraremos la mención a la progenitora de Peneke.
Como mucho.








































































