El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!



:cocinicas:

STAFF
A los mandos de la cámara, los Nerelorcos.
Con el plato en la mano acojonaíco perdío, el Chiqui.
La casa, la de Sara.
La camisa, la de los domingos.




Amigos, amigas, chatos todos, hoy vengo aquí a hablaros sobre el teletrabajo, palabra soñada por muchos y ansiada por otros, quimera casi imposible de conseguir, la tierra prometida del informático, la grandísima mierda pinchada en un palo que me ha estado dando por el saco más de medio año.

He de reconocer que empecé esta nueva aventura pletórico de ilusión, motivado hasta las trancas, deseando decirle adios al despertador y al sieso carapán del acomplejado medio pirao de mi antiguo jefe que lo mismo ni te miraba a la cara durante dos semanas que te traía un regalo al día siguiente. Estaba hasta los huevos del aire acondicionado de la oficina que ni un sólo día acondicionó en condiciones, de ver la luz del sol un ratito sólo por las mañanas, de tener que hacer cola para expeler los tés que tengo a bien tomarme porque sólo había un baño para quince personas.

¡¡¡¡ Ay Toscanito, no sabías de que te quejabas,
pero es que no tenías ni puta idea !!!!



Peleé por no convertirme en un ermitaño, todos los días pasaba religiosamente por la ducha y ponía a la Gilette a currelar antes de sentarme delante del ordenador. Me preparaba casi casi como si fuese a la oficina: desayunaba temprano y cumplía mi horario a rajatabla. Por cierto, ¿de donde coño vendrá la expresión esta de cumplir a rajatabla?, ¿había un rascayú que rajaba las tablas más puntual que nadie?, ¿y pa qué tamagos vale una tabla rajada?.

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Bueno, total, que era como estar en una oficina pero sin jefes ni chorradas del estilo de por medio: estaba yo y un trabajo por hacer, y sólo tenía que sentarme y tenerlo hecho para el viernes que es cuando toca actualizar el servidor y mandar un email contando lo que mis dedos han tenido a bien teclear durante la semana.

Bien, pinta bien: no gasto dinero en trenes, cumplo mis horas y al acabar me piro a Capoeira o a Karate en bici sin tener que andar pensando si al resto de los de la oficina les importa o no que me pire yo antes. Esto se sostiene algunas semanas y parece funcionar, te sientes afortunado cuando ves entrajetados pasando por la calle a través de la ventana, estás como un nivel por encima de la masa aborregada, has hecho la de Darwin y ellos no, eres el puto amo de tu vida.

Si si puto amo…

Se empiezan a dar momentos raros… la cosa empieza a fallar… se perturba la fuerza y ya a veces te entra pereza y pasa como cuando tienes exámenes en la universidad: que haces de todo menos estudiar. Yo tengo hasta las legumbres ordenadas alfabéticamente en la cocina ya: Alubias, Arroz, Lentejas… de izquierda a derecha y de grano grande a pequeño (ya sé que el arroz es un cereal, Jordis Hurtados!!), hasta plancho los calzoncillos, no os digo más, que anda que no da gustico ponérselos cuando están todavía calenticos.

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De repente empiezas a darte cuenta, de alguna manera, que tus obligaciones están un poco diluidas, que no pasa nada porque un día te pires a ver un matsuri a Asakusa porque ya recuperarás el tiempo a la noche, que te vas a sacar fotos con el día que hace… y así, como si nada, una mañana te descubres a ti mismo levantándote a las doce de la mañana todos los días porque te has acostumbrado a hacer el trabajo hasta las tantas por las noches y ya no hay Dios que te haga dormirte antes de las dos. Eres Bill Compton, cara palo incluida pero sin la Sookie (gracias a Dios!!).

Te conviertes en una ojera con cuerpo debajo, te sientes cansado, somnoliento todo el puto día. Como te levantas tarde, incluso aunque al final del día hayas trabajado más horas de las que harías en una oficina, te sientes mal, tienes la sensación de no estar cumpliendo tus responsabilidades. El mismo ordenador que antes tenía la misión principal de entretenerte y servirte para hacer tus cosas, ahora es el que casi te grita que deberías estar trabajando, que cierres el Facebook, que dejes de procesar fotos, que te olvides de editar vídeos… prácticamente olvídate de lo que hacías en tu tiempo libre, porque ya no se sabe lo que es tiempo libre y lo que no, apenas eres consciente de que llueve o hace sol porque lo mismo da que da lo mismo.

Y mucho ojo, que esto es Tokyo. En términos teletrabajiles significa que tu ecosistema es una misma habitación que ahora resulta que es una oficina con futón. Eres un hikikomori como la copa de un sakura: duermes, te vistes, desayunas, trabajas, comes y te cortas las uñas de los pies entre las mismas putas cuatro paredes. El mismo puto sitio, todo el puto rato, estando solo… día tras día, semana tras semana, mes tras mes… Las cortinas son el equivalente al coco del Robison Crusoe, no les he pintado ojos por no tener que lavarlas después, pero yo creo que les hablo más, ¡menudas discusiones tenemos sobre el final de Inception!, cuando suena el móvil te asustas y te abrazas las rodillas balanceándote contra la pared deseando que se calle… la vez aquella que me descubrí poniéndome caras a mi mismo delante del espejo y riéndome, ya decidí que iba siendo hora de actualizar el curriculum y salir de este pozo antes de acabar tarao del todo.

Un día te da por pararte y mirarte con calma y resulta que eres un ser del que cuesta creer que tuviese piel debajo de semejante mata de pelambrera, tu cara es el culo de un koala, que hay que apartar la maleza para encontrarse la boca y meter elementos ingeribles dentro, en la lavadora sólo entran los dos pantalones de pijama y las camisetas de propaganda del súper de mi barrio, porque es tu uniforme de trabajo. En Karate y en Capoeira me llevan viendo con el mismo pantalón de chandal desde Junio, chandal que hace maratón de horas porque cuando conviene también es pijama y últimamente acojona darse cuenta que conviene mucho… hasta la chica del combini yo creo que está haciendo una colecta con sus compañeras para comprarme champú y un peine antes de que vengan los de sanidad a despiojarme…

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Pero lo peor de todo es la conciencia.

Menuda hijadeputa es la conciencia, que parece que le das esquinazo, pero no. Esta ahí… te habla… te susurra…. te putea la vida dándote martillazos en la sien a nada que te pones a hacer algo mínimamente personal, que te cuesta más levantarte e irte a Karate que si estuvieses rodeado de compañeros ponecaras en la oficina, que cuando vuelves de entrenar hecho polvo, los remordimientos todavía te empujan a sacar adelante dos o tres cosas más antes de dormir porque has estado perdiendo el tiempo viviendo un par de horas de la vida en vez de trabajar.

Parece que, por fin, he dado con un trabajo que me saque de esta tortura autoimpuesta, de esta muerte social, de esta mierda tan gorda en la que me metí antes de verano. Me costará tiempo recuperarme, puede que hasta que no tire las cortinas y me compre otras que no hablen no volveré a ser el que era antes, pero es un inicio.

Si me dais un poco de tiempo, seguramente seré capaz de volver a hablarle a la gente y dejar de hacer ruidos con la garganta. De mientras, tened un poco de paciencia conmigo e ignorarme si veis que me pongo a llorar y al minuto después estoy descojonándome dando palmas.

Es parte del proceso. Todo se andará.

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Por cierto, ya que estamos ahí sin pretenderlo, si veis que eso, votadme en el bitácoras a ver si me dan el premio ese y se me arregla un poco más el mes… aquí Flapy cuenta como se vota, digo yo que será lo mismo pero cambiando japoneando por el ikublog, y blog de viajes por personal en ataque… Pero vamos, tampoco os herniéis mucho, si os cuadra bien, y si no también.

Voy a ver si compila esto que llevo entre manos desde el martes… rezad por mi alma para que deje de ponerles nombre a los calcetines.



Mail de Bea del otro día:

Impresionante!

Mira!

Estoy ayer tomando unos potes en el casco viejo y de repente veo un tío que se mete a un bar con la cami de kotoba, pero no la nuestra, es decir no estaba impresa en nuestra cami con el borde blanco, pero eran las letras nuestras haciendo un circulo, solo que le faltaba el circulo.

Me quede tan flipada que dije, no puede ser, somos ya famosos y nos copian! somos como Loreak Mendian que los de Guru les choraron la flor!

Así que entre al bar, les dije a los que estaban conmigo, si tardo venis a buscarme que era un tío tocho e igual me parte la cara. Entro y le pregunto a ver donde la ha comprado y me dice que en el mercadillo de Madrid pero ya hace 2 3 o 4 años.

Vamos que nos copian, porque la nuestra tiene más tiempo.

Y la impresión es mala, esta también estropeada eh? pero la cami es negra y las letras son un poco más grandes, pero son nuestros hiraganas, me dice el tío que es profe de japones, me dice entiendes lo que pone y le digo, joder que ese diseño lo he hecho yo!!!!

Se queda flipado, nada hablamos un poco le digo que hacemos camis y le dejo la dirección de la web, así que igual nos dice algo algún día de estos…


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Tiene huevos el asunto… aunque tengo que reconocer que me ha hecho hasta ilusión y todo… pero bueno, da cosica que a la vez que uno compra pimientos se lleve también una cami nuestra plagiada, no, eso no hombre, maaaal, maaaaal.

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Comprádnoslas a nosotros y de paso os lleváis…

¡ Un peazo kitkat de té verde
estilo chocolatinaca única pero gorda!
:cocinicas: :gustico:



Eso si, hay que andar rápido porque a Bea le quedan sólo 5 de los que le mandé desde los Tokyos, y ella no me acaba de garantizar que me los va a respetar mucho tiempo…

Da igual que modelo de camiseta, mientras la pidáis por la web y no a la vez que compráis una cabeza de ajos y el nuevo de Shakira en el top manta!

:palizero:


Quedan
5
4
3
2
1

0
kitkases




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Tengo un tatuaje. A veces me gusta mucho y a veces me gustaría no habérmelo hecho nunca. Es lo que tiene el a veces, que a veces.

De cualquier manera, es una marca llena de recuerdos, un hito en mi vida, algo así como apuntarse algo en la mano para que no se te olvide, solo que en la espalda, que no se borra con el sudor y que en vez de la lista de la compra, lo que no se me olvida son dos montañas de vivencias y una cordillera de sentimientos. A veces me encanta recordar unos y a veces no me gusta sentir otros, y al revés según haga tormenta o sol allá en las cumbres de ambos.

A veces…

Ese día fui con un amiga a un onsen nuevo que habían inaugurado a las afueras de Tokyo. Eran unos baños que tenían zona mixta, así que podríamos estar juntos en una especie de mini-piscina del centro lo que hacía el plan bastante atractivo. Siempre he pensado que es una pena que no haya más de estos, es una gozada ir a un onsen pero siempre toca separar los pitos de la maleza, y luego esperarse a la salida sin acabar de disfrutar el asunto del todo pensando en que igual nos están esperando ya. Vamos, que uno no pone los huevos a remojo con la tranquilidad que se merecen estos respetables atributos.

En fin, que nos fuimos a un onsen y quedamos en la piscina del medio. Yo me duché, me quité la roña hasta de los codos, y partí presto a la zona compartida donde vi que mi amiga estaba ya en proceso de arrugamiento dedil. Cuando iba más o menos con el agua por la zona cero, me viene una chica del local gritando cosas:

-Okyakusama, okyakusama! señor cliente, señor cliente!!

Hombre, yo soy un tipo atractivo que no deja indiferente a nadie, sobretodo cuando estoy en bolas y se hace más evidente mi parentesco con Alf, que llevo los calentadores de las piernas y el cojín ya puestos. Pero de ahí a que vengas corriendo hacia mí…

- Que mire, que lo siento mucho, pero que no puede usted estar aquí. Que tiene un tatuaje ahí como la copa de un momiji y están prohibidos.

- Huy, perdone usted, no lo sabía, pero si es muy pequeño que casi ni se ve, ni destiñe ni nada. Y yo como que de yakuza no doy el pego, ¿no?, tengo algún amigo borroka pero poco más…

- Ya, pero de verdad que lo siento, por favor vaya a la salida y le devolvemos el dinero. Si eso para la próxima vez se pone una gasa, o una tirita un poco grande que lo tape, y ya está.

- Hombre, pues ya que hemos venido hasta aquí, que nos pilla lejos, pues voy al primer combini que vea, me compro una, y vuelvo. Perdón, ¿eh?, que no lo sabía, ahora vuelvo!

- Pues es que hoy ya no puede volver… el problema es que el resto de clientes ya le han visto, así que hoy ya no se puede. El próximo día si lo trae tapado desde el principio, sin problema, señor.

Mucho he leido yo por ahí de las razones por las que no se permiten los tatuajes, y seguro que vosotros también, así que no me voy a poner aquí a hablar de lo que no sé. Quedó demostrado que es cuestión de imagen, no es por higiene, sino que se trata de no incomodar al resto de clientes. Me supo mal por mi amiga que se tuvo que salir también, aunque me supo requetebien el quintal de cervezas que nos bebimos después con el dinero que nos devolvieron en un restaurante cercano.

Ahora siempre llevo una tiritaca enorme metida en la bolsa en caso de hacer alguna excursión, para que si se da el plan onsen, pueda taparme la calcomanía y remojar los tamagos colganderos con el gustico que se merecen.

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Al salir me dice mi amiga algo así como:

-Hostia macho, lo que tu tienes ahí no es pelo, es una manifestación de gatos pidiendo whiskas!

Eso pensaba yo… que me tenga que tapar el tatuaje para no dar el cante con el calzoncillo de felpa Toscana de pata larga que traigo de serie…



Hace un par de fines de semana fue el evento de Capoeira del año: vinieron compañeros de Okinawa y tuvimos el lujo de contar con profesores muy distintos que nos enseñaron un montón de cosas durante tres días.

Yo fui el fotógrafo oficial y también me dediqué a grabar las clases dejando la cámara en un lugar estratégico todo el rato. Ayer viendo algunos vídeos me di cuenta que salgo dando botes, y me alegro de ver que he mejorado bastante en agilidad, aunque anda que no me queda nada!!!

Lo digo y lo repito: sin haber dejado Karate, me alegro una barbaridad de haber empezado Capoeira… se complementan ambos perfectamente, las técnicas rígidas de uno, con el movimiento y la agilidad del otro…

Aquí va un mini vídeo del menda dando botes, o como me dijeron en el blog de Alain “haciendo el chimpancé”, jajaja, lo cierto es que el primer movimiento que se ve se llama “macaco”, jaja.

¡¡ Buen fin de semana !!
:gambi: :gambi: :gambi:



Últimamente me da por preguntar a amigos que me enseñen palabras raras en japonés. He aprendido a decir cojoncillos, moquera, cerilla orejera, pelotilla ombliguense… jajaja, mola mucho!!. El otro día me enseñaron cómo se decía pedo, que es “onara” por cierto, y me ha dado por ponerlo en youtube y va y me sale ahí una canción infantil que se titula algo así como “Entrenando para peerte”, con su coreografía y toda la pesca… es chica la que me llevo riendo!!!!

DO-RE-MI-FA-PUPUPUUU dice!!! jajaja, Dios, sólo ha faltao que lo hiciesen en Nara con los ciervicos y dijesen que se tiran onaras en Nara, hacen eso y me matan ya! (Otia que idea, tito Fla, apunta!)

Aquí está el vídeo también de la chica que la canta cuando la grabó, que me descojono de lo feliz que parece, ahora que anda que no tiene mérito… yo del primer puuuuuu no paso, estaría llorando de risa ya!!!!

Jodo que post más regulero!!! tiene huevos, ponte un blog pa luego coger y enchufar cosas que hacen otros, jajaja!! ten cuidao no te vaya a dar un jamacuco de tanto esforzarte, ¿eh?, que a ver si le vas a dar a la neurona y te sube la fiebre o algo!!! jajaja, luego encima quéjate de que nadie comenta y échales la culpa por ser un soso moruno!!! si es que te obligan a cerrar el blog!!! hay que ver!!!! jajajaja, ahora ves y preséntate al bitacoras!!!

:regulero:




Son despertar cuando me avisan a malas los cuervos, un café con dos de legañas, la cara del que ya tiene pintas de señor con barba y bolsas en los ojos que me mira desde el espejo, una rebanada de pan de ayer que clausura el sueño hasta que mañana toque la de hoy con algún que otro cuenco de arroz de por medio.

Mis horas son un blog que se enfada conmigo por no poder atusarle, una cuenta de correo hasta los topes de letras puestas en el idioma de los Monty Pythons, un pajarito azul que habla pero siempre es breve, un concurso al que no me presento pero salgo, una corbata cuyo nudo queda justo debajo del nudo de mi garganta.

Son cervezas robadas a la rutina, llamadas perdidas de amigos que espero no perder, sueños con ojos abiertos de par en par y esperanza en vena, millones de quieros y decenas de no puedos hasta que alguien les de la vez para el especialista del corazón, emigrar entre estaciones peregrinando por pupilas ajenas, reflejos de charcos y aguaceros de anhelo.

Mis horas van de dar la mano a desconocidos y contarles mi vida a medida que me la van perdonando, justificar pulsos pasados, defender cada coma del papel ese que lleva la cuenta de lo que llevo haciendo de 8 a 6 desde que escapé un mes como el de hoy de la universidad, hablar al 80% pero sintiendo al 200%, esquivar tontos del culo, volar de la mano del reloj sin paracaídas de sensatez.

Son dormir la mitad y soñar el doble, darle patadas al mismo aire que cada vez más me cuesta respirar, dibujar futuros fingidos, mentirme sobre qué vendrá después, odiar conclusiones, llorar conjeturas aferrándome a ilusiones del iluso con entradas en el que me he convertido con toda la honra del mundo, un botón descosido y la cremallera de la esperanza casi rota.

Mis horas ya sólo valen su peso en minutos cuando te veo y me olvido de Google, visados y alquileres, entrecorto adrede la respiración y me guardo tus besos para que duren hasta mañana. Son esas en las que ojeo tus ojos de reojo cuando veo que no miras, manoseo obscenamente tu mano sin que lo sepas, avento alientos al viento para que airee tu pelo, choco contigo cada docena de pasos mientras aprendo a quererte, queriendo, como sin querer quererte todavía y me vuelvo a casa con la luna por cara hasta que se me empañan las arterias de recordarte.



Llueve.

El verano parecía haberse hecho fuerte ahí fuera y ya llevaba reinando más tiempo de lo debido. Aún así no se fue a su exilio sin pelear y nos dejó un último día de calor tropical a finales de septiembre. Poesía pura la del sol, ya me lo va demostrando unas cuantas veces este año.

Pero ya no. De un día para otro ya no es verano y es casi invierno. Hace frío, llueve y los pantalones cortos y camisetas tienen ya esa mirada entre miedo y resignación por saber que van a ser reemplazados por sus hermanos los mayores que se toman su trabajo en serio a base de pana y lana. A las baldas, fíjate, como que se las nota contentas por el cambio de inquilinos.

Eso si, nos iremos olvidando de ver minifaldas. Y hay quien dice que odia el verano, lo que tiene que escuchar uno.

Pues eso, que entre veranos tropicales y preinviernos, amanezco yo un sábado 25 de septiembre en el que la mayor sensación que me envuelve es la de tener que estar haciendo algo, que se me acumula el trabajo, que no me puedo permitir pararme a paladear respiraciones.

Que poco me gusta estar de esta manera. Con o sin sol.

Aunque no es así, es decir, tiempo tampoco tengo tan poco. Hay una absurda pegatina en mi pasaporte que se hace eco del no menos absurdo concepto del visado, la fecha de caducidad como ciudadano bienvenido y bien hallado, aunque de prestado, en país ajeno. Visados, pasaportes, fronteras, banderas… nunca entenderé sus significados más allá de preservar la propia identidad de uno mismo, ¿no es una sinrazón dibujarle líneas al planeta?.

En fin. Las cosas son así. Tendrá su lógica, aunque prefiero no saberla porque en mi mente de niño el mundo es de todos y las personas que nacemos en un sitio determinado tenemos la misión de cuidarlo y tenerlo bonito para cuando vengan a visitarnos personas que nacieron en otros lugares porque ellos están esperando a que nos pasemos por allí. Las aduanas y los pasaportes no son más que libros de visita para que alguien sepa que nos dimos un paseo una vez por aquellas tierras visitando a sus gentes.

Hace viento, pero no es el mismo del lunes, éste viene con mala baba a cortarme los labios en cuanto salga por la puerta, que lo sé yo.

Hoy cumplo 34 años y se me acumula el trabajo. Trato de terminar el proyecto actual mientras busco nuevas vidas entre oficinas y compañeros todavía sin cara. Me disfrazo de salary man recorriendo estaciones de metro, curriculum en mano, hasta llegar a mesas con personas delante que osan preguntar cosas sobre mi vida que casi tenía olvidadas en idiomas que nunca serán del todo míos. Es un duelo a muerte, porque esto es muy serio, así que suelto mini discursos ensayados delante del espejo en la soledad de mi habitación, y los encadeno para que parezcan espontáneos en el idioma alquilado para la ocasión.

Sin éxito, por el momento, pero no me desanimo, llevo poco tiempo intentándolo, apenas dos semanas y ya he hecho casi media docena de entrevistas. A este ritmo algo tiene que salir, seguro, es matemática pura.

Malditos cuervos, ni bajo la lluvia son capaces de callarse

Trabajo acumulado. Esa es la sensación. Coger el lego y construir, pieza a pieza, una rutina en la que haya estabilidad, que las facturas dejen de esperar su turno temerosas de ser olvidadas, que con cada nuevo paso esté más cerca de que en esta casa sean sólo los yogures los que tengan fecha de caducidad, que si se posponen planes sea por tener otros, que a parte de todos los besos que me quedan, te pueda regalar la luna pintada del color que tu me pidas.

34 años cumplidos en medio de una guerra. Yo disfrazado de entrajetado contra todos los entrajetados de Tokyo. La gano fijo, por mis huevos, por mucho invierno con el que contraataquen.

De mientras, a seguir forrado, que el dinero y demás pequeños trámites insípidos ya vendrán solos.

Tío Tosca: ¡felicidades! si es que todavía te caben más…




Domingo, 19 de Septiembre de 2010. Iraila, kugatsu, septiembre… probablemente, el mes que más cosas increíbles me han pasado nunca. O no, no sé… igual es que se han juntado muchas seguidas y me lo parece, o puede que sea que desde que estoy sólo todo lo que hace contacto con la médula me da tres veces más calambre. Yo que sé…. si en realidad la mayoría de las veces no sé ni que tengo en la mollera, ponte a explicar esto.

El caso es que en Septiembre de 2010 mi hermano, el mediano que vive en Madrid, hace también los años, como cada año, y una semana después celebra su aniversario de boda, como no hace muchos.

También resulta que Google Japón ha respondido a mis emails y han accedido a concederme una entrevista de trabajo y que casi el mismo día fue el cumpleaños de la persona con la que resulta que en nada me he dado cuenta que no me importaría comparar legañas por las mañanas el resto de mi vida. Y encima, tócate los huevos si tienes y si no da palmas, es mi cumpleaños también.

Yo lo celebro, todo más bien, pero mi cumpleaños también. Celebro añadir un verano más a mi Curriculum, poder decir que la cana esta que me asoma encima de la oreja derecha me la he ganado a base de subir la guardia y que los inviernos me esperen en el recreo para aclarar cuentas a hostias. Ojo, que con los veranos nos llevamos bien, y llevaremos… por lo menos durante los 34 años que nos vamos conociendo la cosa ha ido bien.

Pero claro, estamos en Tokyo… este barrio de Bilbao que tan lejos queda de los míos: la señora María, la jefa, mi madre, cuyos “estás tonto tó, coño” todavía escucho cuando la conciencia sabe que lo que se hace no cumple el ISO Toscano de calidad, o aquél “ya te vale, titi” de Javi, mi hermano mayor que es el menor, y él sin saberlo… hoy y para siempre me doy cuenta que es la persona que más he querido y más querré en toda mi vida. Pongo los latidos de los dos últimos minutos y cientotreinta lágrimas por testigos.

Total, que no tengo un duro. A esto iba yo al empezar y me he puesto tonto a la mitad.

Gomen ne.

Sepan vuesas mercedes que he pasado el tercer fin de semana de Septiembre con dos mil yenes, que si echamos cuentas equivale a algo así como 18 Euros, tres mil pesetas de las de BUP. No es que no me haya gastado menos, sino que no tengo más.

Esta situación se venía venir desde lejos… me pagan en Euros, y si mi sueldo era del montón, con el yen por las nubes se queda todo en un chiste. También ando peleando contra el calendario en tema de visado y el casero, que es un tipo muy majo con cuatro pelos al que más bien se la plastifica todo lo relativo al mercado de divisas, tampoco es que me venga metiendo la carta del Jóker en el buzón en plan pasames.

Total, que no tengo un puto duro y estoy buscando trabajo para poder quedarme un poco más en el país en que las personas son iguales a nosotros pero con los ojos de otra manera y poco más que añadir.

Salgo nada y encima tengo que poner excusas a los colegas que rozan el límite de la honra y me suenan hipócritas aún siendo verdades como amaneceres, el 200% de lo que como me lo cocino yo, tengo las facturas apiladas y ordenadas por fechas para pagarlas el puto último día, y la gran mayoría de los planes que tenía están pospuestos hasta nueva orden económica.

Pero el caso es que no me siento mal, la situación no me engulle, sino que me es un 80% indiferente y un 20% aséptica. De repente, en Septiembre del 2010, me he dado cuenta que estoy en la mejor forma de mi vida, que, de una maldita vez por todas las intentadas, he encontrado a quien quiere contrarrestarme el invierno, que Google me dice que vaya a contarles lo que sé hacer porque lo mismo les cuadra, y a parte de Google otras cuantas más, que llevo viviendo en Tokyo casi cuatro años y, por fin, siento que sé que coño significa el aire este que se pasa de visita por el pulmón.

Son las once y media de la noche y me han sobrado 1.344 yenes. Pero, ¿sabéis qué?, pues que mañana he vuelto a quedar con la chica más guapa del mundo, y encima dice que quiere verme, que ojalá que pase pronto la noche.

Ahora mismo, no hay persona más rica que yo.

Y si la hay, me da igual. Porque seguro que no lo sabe y yo si.

Y ya, para ti el cambio.



El otro día me trajeron un omiyage de Hokkaido. Omiyage, pa’l que no lo sepa, significa regalico que aquí es bastante típico comprar algo si vas a algún lado y regalarlo a los amigos. La que se hace siempre es comprar algo de comer y llevarlo a la oficina, lo que no deja de ser curioso porque por ejemplo los días de cumpleaños la peña no suele llevar nada. Bueno, esto lo digo yo que sólo he estado en una oficina en Japón, supongo que cada una será un mundo.

Total, que me lío y pierdo tres followers por párrafo y luego oye, como que meo desganao o algo.

El caso es que una amiga más maja que los yenes con agujero me regaló un envase de esos que tienen como papel albal ahí por fuera a lo termoaislante, y yo voy y lo abro y resulta que allí había un botecico con agua y dos bolondrios verdes medio flotando medio no…



Me quedé flipadísimo!!! la movida esta son unas algas redondicas que se llaman “Marimos“, que crecen en los lagos de Hokkaido y son especie protegida. Los bichos estos están vivos y crecen!! no te lo pierdas que empiezan siendo una canica ahí y a la que te descuidas se te hacen gordos!!

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Y me vino hasta con manual de instrucciones a lo Gizmo:

1- La temperatura del agua debe estar siempre por debajo de los 30 grados
2- Hay que cambiar el agua cada diez días
3- No se debe dejar que le de el sol de pleno
4- No meter en acuarios con peces y evitar que el agua contenga aceite o jabón

Yo por si acaso lo sigo a rajatabla no vaya a ser que se convierta aquello en un Critter y me arranque la pilila a dentellazos. Hablando del tema… ¿os acordáis de la mascota paquetuda? pues resulta que es un Marimo también!!



Menudo regalo original más bonico. Yo de vez en cuando las muevo un poco a ver si hacen algo, pero ná… y crecer yo diría que medio radián o así ya han crecido, cualquier día se me echan una novieta marima y me dejan aquí sólo, que la casa se me caerá encima. Hay que ver, toda la vida sacrificándome por ellos… pero claro, ley de vida, esto es así, que le vamos a hacer…

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¡¡ En plan hermandad !!