El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

No, si yo es por comentar… que el lunes que viene es San Walantain, si si, otro año más, ya, tan pronto…

Que ya puedes espabilar, que siempre te pasa lo mismo y acabas comprando lo primero que pillas y quedando reguleramente como tú sólo sabes…

Peru-Lago Titicaca.jpg

Que si, venga, que claro que eso de quererse durante el año está muy bien y es muy bonito, pero que el detallico de San Valentín es la guindica al asunto, pos también lo sabemos tu y yo…

Chile-Isla de Pascua.jpg

Que si una corbata, que si colonia… buff, madre del amor hermoso, cómo andamos de originales, ¿eh?, ya puestos cómprale otra bufanda para ver si ya se le deja de ver del todo!

Chile-Isla de Pascua5.jpg

¡¡ No preocuparse más, mozos y mozas !!

Todos sabemos lo que es eso de no tener ni zorriquica idea de qué regalar, que me vais a contar a mí que soy quedamal acreditado con honores… Weno, pues el caso es que en Ikusuki, que somos como el Señor Lobo, os solucionamos la papeleta, así que ahora que todavía estáis a tiempo, seguid instrucciones:

1- Elegid camiseta para vuestro amorcico querido, y nos pasáis el nombre para que le hagamos una pedazo de etiqueta personalizada que se va a quedar chato/a, de amor, si, pero chato/a.

Entrega copy.jpg

2- Aprovechad el viaje y si os pedís otra para vosotros, los gastos de envío nos los comemos con patatas (ojo! estamos hablando de 6 euros menos, esto es la locura del amor que nos afecta aquí al meloncio!!). Con que nos indiquéis en el pedido el lío, nosotros ya lo hacemos todo en condiciones (bueno, Bea, que a mi me pilla un poco a desmano…)

¡¡ Al que no le quieren más es porque no quiere !!
:gustico:

Chile-Isla de Pascua2.jpg

Ahí va un post de esos de poner cuatro letras y un vídeo que ha hecho otro y quedarse sentao a esperar cieneces de comentarios que no nos hemos merecido por tener la osadía de airear nuestros floridos tamagos-manzana aportando lo mismo a la red que ponerle intermitentes a la Yamanote.

100% :regulero: flavour

Al lío que tengo reputación regulera que mantener y rascables que han de ser rascados. Total, que en Nara hay ciervicos por allí a su pedo lo saben hasta en Albacete, pero el caso es que resulta que aparte de zamparumiar, últimamente han aprendido a cruzar la carretera, ojo, cuidao aquí. Yo sólo estuve una vez visitando al tito Fla cuando vivía por allí cerca, y me acuerdo de ver un ciervo a punto de ser atropellado al pasar a toda hostia delante de un coche que frenó de milagro evitando que cenaran misobambi los lugareños esa noche.

Pues bien, veamos el vídeo, que ahora van y se me esperan en el paso de cebra (prima-hermana del ciervo), y no pasan hasta que no cambia el semáforo:

Deer crossing the street in Nara, Japan from Catherine Davis on Vimeo.

Yo creo que más que a descifrar el semáforo lo que han aprendido es que la gente está esperando y cuando les ven pasar, pasan ellos, lo que no deja de ser acojonante, ojo!!!! cualquier día les vemos cambiando árboles por totos!

Mi experiencia con los ciervos de Nara se resume entrañablemente a partir del minuto 2:14 de este bonico vídeo…

Ikusuki y Flapy por Nara from ikusuki on Vimeo.

Y no podría quedarme más a gusto que un arbusto sin despedir el post regulero con una sabia reflexión #turismoBisbal (también plagiada, por supu)

Anda, si Cristiano Ronaldo es de Madeira!!!, como Pinocho!!!

Otro hito, otro momento especial a señalar a fuego en alguna neurona para tratar de que su recuerdo siga ardiendo cuando a su alrededor hayan muerto la mitad. Que cuando sea de las últimas en morir, que lo haga echando humo para que se sepa que ahí se forjó algo importante.

No fue especial en el sentido que imaginé. Lo cierto es que a Suzuki Sensei se le olvidó completamente, pero ayer no aguanté más y pregunté por él, por el diploma que certifica que empezando desde cinturón blanco hace tres años y medio logré sacarme el segundo dan de Karate en el cuartel general de la SKIF en Tokyo, con Kanazawa Kancho de examinador.

Con el karategi empapado, un tobillo dolorido y barba de tres días llamé a la puerta de los profesores apenas esbozando un sumimasen en un tono mezcla de vergüenza, respeto y ya impaciencia.

– “Siento ser maleducado, pero es que todavía no tengo el título de segundo dan”
– “Eh, ¿no te lo hemos dado todavía?, ¡ya nos vale!, espera que lo tengo aquí, perdón, perdón”
– “No no, no importa, pero es que tengo muchas ganas de verlo”

Debajo de dos o tres títulos creo ver mi nombre en Katakana, quizás del puño de Kanazawa Kancho. Suzuki Sensei se hace más Sensei, lo coge con las dos manos y me lo da con una reverencia:

– “Enhorabuena. Oss”
– “Arigato gozaimashita. Oss”

Y ahí me quedo un rato, con la cabeza agachada y los brazos adelantados sujetando aquél papel con las dos manos mientras trato de contener las lágrimas. Como ahora. O más porque ahora no hay nadie delante.

– “Ahora a por el tercero”
– “Oss” –alcanzo a contestar y me voy al vestuario. Rápido porque aunque nadie iba a decir nada, mis lágrimas sólo las veo yo desde atrás, no son para enseñar a quien no toca.

Recompongo el gesto mientras me cambio de ropa y empiezo a pensar, de nuevo, en un futuro en el que haya gente que quiera aprender todo lo que me están enseñando. Me pregunto si seguiré delgado y en forma o me habré abandonado al hastío descuidándome y descuidando parte de lo que éste arte significa por culpa de haberlo enrutinado. Pienso que quizás le pondría la misma pasión que Suzuki Sensei o la disciplina de Murakami Sensei o quizás la dureza física de Tanaka Sensei, o una mezcla de todos y ninguno con mi alma por método. Sueño, una vez más, con ser anfitrión de los que ahora son mis profesores a los que apenas devolver la deuda de hospitalidad contraída día tras día, mes tras mes, año tras año, mae-geri tras mae-geri.

Y así, viviendo entre nubes por una noche, regreso a casa a dejar de soñar para empezar a dormir.

Yo me echaba colonia todos los días, era costumbre y la importé aquí hasta que una vez saliendo del combini que hace esquina, vi que la dependienta estaba moviendo la mano delante de su nariz aireando la pestuza que por lo visto habíamos dejado yo y mi primo CalvinKlein.

Ahí empecé a sospechar que igual esto de perfumarse no tenía el mismo efecto seductor que en mi pueblo (más bien ná porque nunca me he comido un rosco, aunque estoy homologao porque todo el mundo sabe que en Euskadi nosefo… ¿tufo? pues nosotros nofo, es así la cosa).

Un día me olieron y me dijeron la frasecica del título, “Gaijin poi”, que viene a decir algo así como “al estilo extranjero”. Dejé de echarme, porque soy bastante tonto pa estas cosas y me da vergüenzica llamar la atención sobrio. Y desde entonces cada vez que voy por la calle y apesta a colonia, cuando me giro veo a un extranjero el 95% de las veces. Vamos, que es costumbre nuestra y no de ellos, lo que no quita pa que en ambos equipos haya excepciones, ojo. Peeero se nos asocia el asunto a los extranjeros.

Hay más gaijinpois, más gestos o asuntos típicos que desencadenan la frasecica que tal y como yo la entiendo no viene a dar por saco, sino que te la dicen en plan curiosidad como diciendo “fíjate tu lo que hacéis que nosotros no!! hay que ver como sois!!”.

Ahí va una lista de las que me han tocado a mi:

– Llevar gafas de sol
– Llevar pelo corto engominao a lo pincho parriba o crestica
– Cuando empezó a venderse el iPhone hace unos años tener un iPhone era un gaijinpoi del copón (ahora lo tiene todo Cristian)
– Dejarse patillacas y u o perilla
– Ir en manga corta en invierno (esta no me la han dicho a mi que soy el más friolero del reino y duermo con leotardos, pero si sobre otros rascayús que no se si eran rusos pero los tenían amandarinaos)
– Sacar fotos a gente poniéndoles la cámara prácticamente en la jeta sin pedir permiso
– Decir “arigatoooooo” en plan kawaii como si fueses una gyaru shibuyense. Aquí también aplica decir todo el rato “chooo” y algo en plan “mucho, muy grande” exagerando (chooo ooki), y acabar todas las frases con un “yo” (soooooou da yoooo). Todo esto es gaijinpoi y maricapoi.
– Dar las gracias al recoger las vueltas en un combini (esta me sorprendió cuando me la dijeron, por lo visto casi nadie lo hace)
– Beber mucho alcohol y muy rápido (que no significa pimplarse más rápido, el asunto suele ser al revés cuando se está con amigos japoneses)
– Parejas dándose besos, digamos acuosos, en la calle.

En fin, apariencias, comportamientos, maneras de ser que por alguna razón coinciden entre los extranjeros que vivimos aquí y que provoca la consabida frasecica con la que ya me he echado yo más de unas risas más de una vez.

Por supuesto, también está la del “Nihonjin-poi” que lo mismo la decimos nosotros que nos la dicen según hagamos algo que pinte más japonés que guiri, pero esa… esa pa otro día!

5404629056_d9a7f02c22_o.jpg

Haced bondad!

:ojetepalinvierno:

Aunque cada vez tengo más claro que somos muy iguales aquí mis primos de Japón y yo, si que hay mucho de distinto en vivir aquí. Aunque si cambiamos coche por moto, parque de Zamudio por Aoyama y castellano por inglés/japonés, mi día a día no es tan diferente al que tenía en Bilbao. Se hacen más o menos las mismas cosas aunque sea de otra manera. Por ejemplo: zampo de taper o salgo fuera según me de el aire, esto es igual que allí pero con comida distinta (sushi, ramen, onigiris en vez de alubias, ensaladilla rusa o un bocata lomo), delante del ordenador hago poco más o menos lo mismo… la rutina es rutina, aquí y en Teruel.

Últimamente me ha dado por pensar que yo he vivido toda mi vida en un pueblo donde si andas más de veinte minutos te sales, y si cambiar Zalla por Bilbao ya tuvo su miga, vivir en Tokyo supone no sólo adaptarse a la cultura de otro país, sino al ritmo y velocidad de una de las ciudades más tochas del mundo. Aquí hay mil millones de cosas más que hacer, sería prácticamente imposible probar todos los restaurantes no ya de la ciudad, sino de un sólo distrito. Siempre hay un templo que visitar, un barrio nuevo que ver, un izakaya que nomihodear. Supongo que un tío que venga de Pekín, o de Nueva York, no notará tantísimo cambio como aquí el Zalluco que les escribe (es chica lo que echo de menos mi pueblo a veces, por cierto).

Bueno total, a lo que iba. El caso es que digo yo que por ser la ciudad que es y vivir la pila de almas que viven, aquí lo que hay es un mercado de segunda mano del copón. Están los mercadillos normalmente cerca de algún templo donde cualquiera puede ir con una esterilla de esas azules a vender lo que les sobra por casa (en cuanto ponga el bar, ahí estaré yo con todo lo que se enchufe y tenga pantalla). También es bastante habitual ver tiendas de segunda mano por ahí, que suelen tener de todo y amontonao: lo mismo te venden una pecera con un cangrejo dentro que un ejército de mamacharis.

Centrémonos en el asunto internet. La moto la compré porque el Chiqui contactó con un australiano medio pirao que vende motos poniendo anuncios a través de una web. Las dos pantallas que me traje del curro anterior las vendí poniendo un anuncio en otra web y quedando con un par de pavos para hacer el trapicheo cerca de mi estación. La lavadora-secadora se la pillé a un italiano que me las instaló en casa mientras contaba chistes de franceses, y al que contacté por un anuncio en la metrópolis.

Así que me he vuelto un adicto a esto de la segunda mano y todas las mañanas me recorro mis recursos segundamaniles, más por curiosidad que por realmente acabar comprando nada. Y así, café en mano, me voy pasando por:

GaijinPot: donde conocimos al rascayú que nos vendió las motos, y que todos los días tienen un montón de anuncios nuevos de todo tipo.

Metrópolis: donde abundan los Sayonara Sales que últimamente molan muchísimo porque se ha puesto de moda crear álbumes en Picasa con todo lo que pillan por casa para vender

Craigslist Tokyo: no sale el de Bored to Death (inmenso Ted Danson), pero este es el sitio que más se actualiza con diferencia, incluso tienen una aplicación para el iPhone que abro justo después de la de ver el tiempo cada mañana (mes y pico sin llover en Tokyo, ja, toma ya amortizamiento de la moto!)

Después hay más que ya no miro tanto, sólo si de verdad ando buscando algo concreto… pero ¿esas tres de antes?, ¡esas todos los días! y menudo peligro tiene el asunto, que más de una vez a punto he estado de comprar gilipolleces supinas, menos mal que todavía me controlo… (aunque ando dándole vueltas a una máquina de esas de hacer pan …).

Es curioso como poco a poco nos vamos conociendo todos. El mundo es como Facebook pero sin ordenador (jodé, menudas comparaciones hago últimamente… que ganas tengo de dejar de rascar teclas y poner un bar!).

Bueno, total, que yo seguía blogs de gente que vivía aquí desde hace tiempo, y no les conocía en persona cuando anunciaron el libro de “Soñar con Japón”. Lo cierto es que todavía me falta uno por conocer, pero a los otros cuatro les tengo ya calaos:

Ale
Flapy
Héctor
David
– Y Javi que es al que no conozco todavía

Pues estos cinco señores vaciaron encima de la mesa el cajón con las mejores fotos que habían sacado hasta ese momento y empezaron a liarla. Me consta que tenían un curioso sistema en el que uno no elegía cuales de sus fotos iban a ser publicadas, sino que eran los demás los que votaban, así salieron las que mejor les parecieron a la mayoría de cada uno, y sacaron el libro que seguro que ya os suena:

Yo conseguí un ejemplar gracias al tito Fla, y bueno yo soy bastante subjetivo a la hora de valorarlo así que sólo susurraré un escueto y tímido:

¡¡Mola del copón!!
:gustico: :copon: :gustico:

En esas estamos, ¿no?, viendo el libro y va y resulta que después un tal Capitán Urias, que es un tío cachazuno más largo que un día sin onigiri cinamayo, se vino para hacer un reportaje de los suyos cuestionándose porqué tamagos Japón resulta un país tan atractivo para los occidentales, y nos hizo entrevistas ahí a unos cuantos. Está mal que yo lo diga, pero quedamos todos bien majicos y salaos ahí cada uno con su copla:

El documental se ha estado proyectando en salones relacionados con Japón por toda España, contando en una ocasión con Marc Bernabé que nos presentó uno a uno hasta que llegué yo y no acertó ni una, jajaja.

Ojo que la historia está lejos de acabar. David y el capi se arrejuntaron una tarde digo yo que por internet, y dijeron “coño, pues si al final todo está relacionado, ¿porqué no hacemos algo para dar un DVD de Crónicas desde Cipango junto con el libro?”. Y aunque del dicho al hecho hay un trecho, como el capi tiene las patas largas, éste trecho se recorrió rápido. No perderse la promoción destamagante!!

Pues ahora va ikusuki y mete el hocico en todo el jaleo éste que me tienen montao, y hemos decidido que molaría que los que compren alguna ikucamiseta y les interese el pack libro+DVD, tengan alguna ventajica…

¡¡ Pues ala, 1 euro menos si vas de nuestra parte !!
:vainas: :vainas: :vainas:

La cosa funciona así: si os interesa el pack y tenéis ikucamiseta, pinchando en el banner y haciendo el pedido a través del formulario Ikusuki Flavour os costará el asunto un eurico menos. Vamos que antes de mandar libro ni DVD ni nada, miraremos bien si os tenemos en la base de datos como ikuclientes, y si es el caso, entonces si!!! y si no es el caso entonces no!!!!

Es más, nos hemos emocionao del tó y tanto para los que son ikuclientes como para los que no, las cinco siguientes camisetas que se pidan, sean cual sean, además de poder aprovecharse del descuento en el pack libro + DVD si quieren…

¡¡ Se llevan un fuurin de regalo !!
¡Por aquí se pide el asunto!

Quedan
5
4
3

2 fuurins

:gustico: del bueno mode

Hacía mucho que no salía de casa de noche, no le apodaron los chinos a éste país como le apodaron en vano porque el sol no se despierta nunca más tarde de las seis y si que nace si, vaya si nace.

Pero a esta hora manda la luna, que es un queso, o una sandía porque me tiene enamorado y se me antoja dulce aunque se convierta en una naranja con los últimos ronquidos del sol. Si dijese todo lo que sabe temblaríamos más de uno, menos mal que se calla las noches que tenemos a medias.

No equivoco la ruta, que en moto tiene más miga, y llego a tiempo para el saludo inicial justo cuando Suzuki sensei empieza a escribir en su cuaderno los nombres de los asistentes. Muchos niños, más que otros años, y dos extranjeros más, los dos que mejor me caen, aunque hablen francés.

– No necesitas la chaqueta, hombre -me dice el chico belga, en japonés, cuando algunos se la ponen por encima del karategi y saco yo la mía.
– ¡Claro que no! -contesto en el mismo idioma prestado, y la vuelvo a dejar en la taquilla, envalentonado, bravucón como parece que soy cuando me achuchan.

No son ni las siete de la mañana y ya llevamos un rato corriendo. Es un ritmo lento, se lleva bien a pesar del frío y vamos siguiendo a Daizo Sensei que se vuelve de vez en cuando y vigila que ningún niño salga demasiado a la carretera. Daizo Kanazawa, que iba para jugador de baloncesto hasta que le dió por seguirle el juego a su padre y hermanos y empezó a sacarse danes el que más tarde de todos. El mismo que no se limita a un breve saludo cortés y siempre me pregunta si estoy bien cuando coincidimos. Creo que le caigo bien, él también a mi y siempre agradezco sus palabras esforzándome por ponerle el “masu” en vez del “ru” a mis verbos por aquello de sonar educado. Me he quedado con ganas de darle un abrazo un par de veces que supo hablarme en horas bajas.

Cuando vamos llegando de nuevo al dojo, los mayores tomamos posiciones y en cuanto Daizo Sensei esprinta, le seguimos a todo lo que dan las piernas. Suelo ganar yo, hoy no ha sido el caso. Mañana el café será doble.

Entramos, nos descalzamos y empieza una clase de Karate de unos cuarenta minutos sin parar. Técnicas básicas: paradas, puñetazos… primero diez despacio luego poniéndole lo que quede dentro…

La clase la da Tanaka Sensei, y el resto de profesores hacen de alumnos esta vez. Todo un privilegio dar patadas a su lado, desde la mayor de las motivaciones dadas las circunstancias. ¿Había madrugado yo hoy? que poco importa en ese momento.

Hacemos todas las katas básicas más una superior, dos veces cada una, despacio y con fuerza, asentando conocimientos y aventando garra, respectivamente o no. Para mi todo está mezclado, más de mí no hay, que yo sepa.

La única fila habitual de las clases hoy se divide en tres. Nos arrodillamos al acabar en posición de seiza, como en la ceremonia del té, como en algunos izakayas, y saludamos gritando las gracias y cerramos los ojos para meditar un rato hasta que el dojo kun en japonés pone el punto y final a la clase, y abre comillas de la historia todavía por pasar del nuevo día.

Gracias a la moto tengo tiempo de sobra, así que estiro mientras los chavales van dejando libre el vestuario. Wakisaka Sempai me dice que el título de segundo dan está preparado, que si voy a venir el domingo. Le digo que no puedo, que sólo puedo los martes hasta que me doy cuenta en el vestuario que en realidad me había dicho domingo y no lunes. Me vuelvo a poner el cinturón, porque entrar al dojo sin él es una falta de respeto, y le digo que me había liado, que si que voy. Por éstas que voy, con un poco de suerte el diploma me lo dará Kanazawa Kancho, aunque de mano de cualquiera de los profesores me honraría igual.

Sólo en el vestuario empiezo a cambiarme pensando ya en seguirle el juego a la vil rutina de oficinas y horarios. Entonces entra Daizo Sensei.

Oskar san, genki?
Genki desu, okagesamade

Kangeiko, el entrenamiento de invierno, es una tradición que todavía se practica en muchos dojos de Japón, e incluso en el extranjero. Se trata de desafiar al vil invierno entrenando durante días consecutivos a primerísima hora del día. Desde antes de la guerra, el kangeiko tradicionalmente incluye ejercicio en la calle con el mismo traje del arte marcial que se practica, despuntándole el rocío a la mañana a base de coraje. Dicen que el entrenamiento es más para la mente que para el cuerpo, yo tengo claro que es así.

Hay quien dice que estoy loco por levantarme viernes, sábado y domingo a las cinco de la mañana para ir a correr con el karategi por la calle junto a unos cuantos como yo. En la oficina algunos compañeros me han mirado con respeto cuando lo he contado a la hora de la comida, aunque han sido los menos. La hipótesis de mi inestabilidad mental ha cobrado más protagonismo que habitualmente cuando el respetable se ha enterado de la gripe A que pillé el año pasado.

¿Y yo? ¿que pienso yo de todo esto? pues yo me veo dentro de una película de artes marciales, rodeado de japoneses codo a codo con los hijos de Kancho Kanazawa inaugurando las calles, devolviendo los saludos de los comerciantes cercanos que se saben la historia que se cuenta allí cada año y se paran para animarnos quizás recordando juventudes pasadas. Obviaré caras de sorpresa de los que descubren al extranjero que lucha contra el frío como uno más entre la marea de trajes blancos y cinturones negros que corre más por lo que se gana en el camino que por llegar a la meta. Volveré a casa con el tiempo justo para ducharme e ir a la oficina, pero ¿sabéis? no veo la hora de que suene mañana el despertador.

Pocos, muy pocos conocerán esa sensación, la de sentir el alma más viva a costa de obligarle a la mente a que siga mandándole no parar al cuerpo sin que ninguno de los dos quiera seguir. La de que respirar sea tan difícil que el pecho arde mientras el cuerpo muere de frío tres veces por aliento. La de acabar tan exhausto que sólo queda ya dormir y aguantar agujetas y sabañones con la nunca más cierta satisfacción de sabernos mucho más vivos.

Ojalá me sigáis llamando loco por muchos años. Eso es que sigo por buen camino.

Soy un disaster de proporciones daibutsuíticas, lo reconozco y pido perdón por ello. Llevo recibiendo fotos de gente con camisetas de Ikusuki ni sé desde cuando pero como tengo los colganderos como mandarinas, ahí estaban criando polvo 2.0. que no se iba ni con Ajax.

¡¡ Hasta ahora !!
:copon:

Empezamos con la moza que venía a sentarse a la cajonera cuando se cansaba de darle al cobol verdinegro, que no sólo ha comprado absolutamente todas y cada una de las ikucamisetas, sino muchas más que ha regalado a los que le rodean. De lo maja que es, si no la han hecho santa ya es porque dice tacos.

¡Miralá, miralá! ¡atiende como lucen la Kotoba la Nago y el Andrés!

El tito Robe que va a dejar la informática y va a montar un dojo conmigo pero que él todavía no lo sabe, un día se fue a San José por ahí por Almería y al Bisbal no sé si le llegó a ver, pero la IkuEki se la llevó y se saco una fotaca en plan pose nocturnense que Dios tirita!!!!

IMG_20100822_220046.jpg

El que si que tiritó tuvo que ser el que le sacó la foto al Neki en el Valle de Arán, que sale con el boquino ahí que parece que le va a arrancar la mofletada al fotógrafo!!! Paisaje y barbas impresionantes en una foto bonica del tó que me hace añorar el verano más todavía. Ah! y con la Kurosuwado! (jaja, si no pongo el nombre de la cami, a ver ande coño enchufo el link a la web!!!):

100_0214.JPG

Otro que me mandó una foto cuando todavía quedaba verano fue Quicoto, que se fue a Estoril con la Cienpiés de color cyan. Toallas no se si compró, pero miraló que lozano me sale aquí, miraló!!

David aprovechó que Héctor se fue a Barcelona para una charla de las suyas esas que da y pensó que estaría gracioso sacarse una foto con la Kotoba y con él. Sin desmerecer a Héctor, que todo lo que tiene de largo lo tiene de majetón, David aquí hay que reconocer que sale atractivo y guapetón guapetón!!! Ojo que van dos fotacas!!

Nacho y Adela siempre hacen viajes chulos chulos, de esos de decir: pues mira que viajecico oyeeeeee. Y lo que es mejor es que siempre se acuerdan de llevarse las ikusetas y afotarse para envidia del ikupersonal. Las poses de espaldas de Nacho son todo un clásico ya, ¿donde nos dará la espalda la siguiente vez?, jejeje. Adela guapísima, como siempre. Dentro enlaces: Ikufuji y Kotoba. Y dentro fotos en Teotihuacán, Palenque y Chichen Itza respectivabeibol:

Erick se pilló también la Ikufuji, por cierto menuda gaita fue subir el Fuji, o bajarlo… el otro día se vino Jairo de Korea y estuvimos recordándolo, ¡¡suplicioooorrrr!!.

Total! que Erick dice que le llegó la cami a casa, no como el paquete de embutidos que me mandó mi madre para Navidades, que todavía no ha llegao, tiene huevos cómo se habrán puesto en Osaka los carteros….

Bueno!! que le llegó la cami y dice que le queda guay y que está súper chula, y nosotros más contentos que ni sé!!! Ojo a la foto espaldera IkuFuji estilo Nacho!!

Erick.jpg

¡El mundo es nuestro!
:gustico:

:gustico:
:vainas: :vainas:

Toca ikupromoción del día para celebrar que me he desmandarinao un poquico publicando lo que tenía pendiente:

¡Las cuatro camisetas siguientes
que se pidan por la web
van con una mini-alfombrilla
para el ratón de tatami!

DSC08381.jpg

¡Quedan 4
3
1
0 !
¡campana y se acabó!
:vainas:

:ojetepalinvierno:

Llevo una temporada dándole vueltas a la cabeza con una idea que está tambaleando todo mi mundo conocido y el de los que me rodean, que los estoy volviendo locos a todos. El caso es que con todo el lío del año pasado de buscar un nuevo currele, no puedo evitar la sensación de que mi trabajo es mentira, que no vale para nada, que no es real. Y cada día que pasa, la cosa va a peor.

A ver si soy capaz de explicarme y de paso me aclaro y oriento el asunto este de ver cómo voy a vivir lo que queda de aquí para adelante.

Llevo haciendo páginas web prácticamente desde que volví de Japón la primera vez. Ya lidiaba con el IE unos cuantos años antes de que salieran Firefox, Safari o Chrome, me curraba validaciones de formularios en javascript puro bastante antes de que existiesen Mootools o jQuery, y trataba de cuadrar todo con tablas y después con CSS hasta que me he visto estos días programando especificamente para smartphones.

Aunque me da bastante igual, es un hecho que la gran mayoría de las páginas que he programado en empresas anteriores ya no están en internet: han sido actualizadas o simplemente borradas por sus dueños, así que poco hay que pueda enseñar a quien quiera saber de mi trabajo. Es más: aunque estuviesen ahí, tendrían un aire rancio que no se yo si sería menester airear. Ocurrirá lo mismo con las que estoy haciendo ahora: pasarán algunos meses y dejarán de cumplir su función, porque su utilidad es tan temporal que asusta. A su manera, siento lo que hago como una mentira que me importa más bien poco.

En su momento todas cumplían los requisitos del cliente, cuando a éste le importaba, y por regla general siempre había unos plazos más bien estrictos que cumplir y mil quebraderos de cabeza. Aunque luego la pagína no la visitara ni Blas y el cliente pasase mil de actualizarla. Trabajo entregado, dinero cobrado y aquí paz y después gloria (o bit y después pixel). Total: una farsa.

Tuve, todavía tengo, la oportunidad de ser parte de un proyecto de red social muy ambicioso cuyo desarrollo está llegando a su fin. No hay clientes que satisfacer (o padecer), sino usuarios de todo el mundo y lo que se trata es de ofrecer el mejor y más rápido servicio para que sigan entrando y el número aumente. Aunque es un concepto distinto a las webs de toda la vida, tengo el mismo sentimiento: es mentira. Aunque nos hagamos ricos, que no creo que pase, seguiré teniendo esa sensación de que no estaré orgulloso de ello, que me da igual.

Pero mira, el caso es que todos los días paso por delante de la frutería-pescadería de un matrimonio de japoneses de edad muy muy avanzada, tanto que a veces parece mentira que ella sea capaz de mover cajas de un lado a otro con tanta agilidad. Esta gente no tiene página web ni internet, dudo que sepa mandar mensajes con el móvil, pero venden fruta y pescado en una pintoresca mezcla de tienda. Todos los días vendrán los vecinos y compartirán un par de historias además de la compra y el cambio, se conocerán a los niños del barrio y les verán crecer. No les afectan ni los permisos de los directorios, ni los navegadores, ni demás historias de ese otro mundo de ordenadores para adentro que es una capa adyacente al mundo real en que se mueven, en el que nos hemos movido siempre pero que cada vez olvidamos más. Un mundo que sirve de ayuda para hacer más fácil el mundo real, pero nunca es la realidad en sí como se me está convirtiendo a mi porque mi trabajo es este.

Lo mismo con los dueños del ryokan de Nikko que suben a sacarte el futón del armario mientras cenas y te vuelven a dejar otro par de bombones de chocolate en la mesa de noche.

O mi profesor de Karate de los martes que es capaz de repetir la explicación de un movimiento hasta que todos lo entendemos y sale de allí sudando como el que más, y seguro que el pecho se le hincha un poco cuando alguno de nosotros es capaz de hacer algo más que antes de haber entrado.

Hace unos meses, un vecino puso un puesto de nikuman en la puerta de su casa de dos pisos. El mismo señor de aire huraño que me cruzaba de vez en cuando con traje y corbata, es el que ahora me vende de tarde en tarde bollos de carne y me arranca tres o cuatro carcajadas con frases que ha buscado en castellano por ahí desde que le conté de donde venía.

Hoy han llegado dos pedidos de camisetas, y esta noche le pediré a Beatriz la mía junto con las de amigos de Tokyo. Ponerme esa camiseta hará que me sienta mil veces más orgulloso que el “well done” de mi jefe cuando le enseño la web que me encargó. La camiseta me da dos o tres euros de beneficio, lo segundo me permite vivir en Tokyo a costa de tragarme ocho horas al día de mi vida haciendo algo que me da igual.

Algo está fallando aquí. Me niego a resignarme.

Me alegro darme cuenta ahora que todavía puedo cambiar las cosas (una vez más). Seguiré jugando el juego, actuando en la comedia, pero no descarto yo dar la campanada y cambiar radicalmente de vida a la que se me presente la oportunidad, dándole el empujón definitivo al mundo este que se me tambalea desde hace unos meses.

De mientras, sigamos bien al acecho sin perder ni una: aprendiendo el que más en Karate, por si la cosa fuese por ahí o diseñando más camisetas, o yo que sé… algo pasará por delante y ahí estaré yo para saltarle encima.

Ojalá nunca me falten ganas.