El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Son despertar cuando me avisan a malas los cuervos, un café con dos de legañas, la cara del que ya tiene pintas de señor con barba y bolsas en los ojos que me mira desde el espejo, una rebanada de pan de ayer que clausura el sueño hasta que mañana toque la de hoy con algún que otro cuenco de arroz de por medio.

Mis horas son un blog que se enfada conmigo por no poder atusarle, una cuenta de correo hasta los topes de letras puestas en el idioma de los Monty Pythons, un pajarito azul que habla pero siempre es breve, un concurso al que no me presento pero salgo, una corbata cuyo nudo queda justo debajo del nudo de mi garganta.

Son cervezas robadas a la rutina, llamadas perdidas de amigos que espero no perder, sueños con ojos abiertos de par en par y esperanza en vena, millones de quieros y decenas de no puedos hasta que alguien les de la vez para el especialista del corazón, emigrar entre estaciones peregrinando por pupilas ajenas, reflejos de charcos y aguaceros de anhelo.

Mis horas van de dar la mano a desconocidos y contarles mi vida a medida que me la van perdonando, justificar pulsos pasados, defender cada coma del papel ese que lleva la cuenta de lo que llevo haciendo de 8 a 6 desde que escapé un mes como el de hoy de la universidad, hablar al 80% pero sintiendo al 200%, esquivar tontos del culo, volar de la mano del reloj sin paracaídas de sensatez.

Son dormir la mitad y soñar el doble, darle patadas al mismo aire que cada vez más me cuesta respirar, dibujar futuros fingidos, mentirme sobre qué vendrá después, odiar conclusiones, llorar conjeturas aferrándome a ilusiones del iluso con entradas en el que me he convertido con toda la honra del mundo, un botón descosido y la cremallera de la esperanza casi rota.

Mis horas ya sólo valen su peso en minutos cuando te veo y me olvido de Google, visados y alquileres, entrecorto adrede la respiración y me guardo tus besos para que duren hasta mañana. Son esas en las que ojeo tus ojos de reojo cuando veo que no miras, manoseo obscenamente tu mano sin que lo sepas, avento alientos al viento para que airee tu pelo, choco contigo cada docena de pasos mientras aprendo a quererte, queriendo, como sin querer quererte todavía y me vuelvo a casa con la luna por cara hasta que se me empañan las arterias de recordarte.



Llueve.

El verano parecía haberse hecho fuerte ahí fuera y ya llevaba reinando más tiempo de lo debido. Aún así no se fue a su exilio sin pelear y nos dejó un último día de calor tropical a finales de septiembre. Poesía pura la del sol, ya me lo va demostrando unas cuantas veces este año.

Pero ya no. De un día para otro ya no es verano y es casi invierno. Hace frío, llueve y los pantalones cortos y camisetas tienen ya esa mirada entre miedo y resignación por saber que van a ser reemplazados por sus hermanos los mayores que se toman su trabajo en serio a base de pana y lana. A las baldas, fíjate, como que se las nota contentas por el cambio de inquilinos.

Eso si, nos iremos olvidando de ver minifaldas. Y hay quien dice que odia el verano, lo que tiene que escuchar uno.

Pues eso, que entre veranos tropicales y preinviernos, amanezco yo un sábado 25 de septiembre en el que la mayor sensación que me envuelve es la de tener que estar haciendo algo, que se me acumula el trabajo, que no me puedo permitir pararme a paladear respiraciones.

Que poco me gusta estar de esta manera. Con o sin sol.

Aunque no es así, es decir, tiempo tampoco tengo tan poco. Hay una absurda pegatina en mi pasaporte que se hace eco del no menos absurdo concepto del visado, la fecha de caducidad como ciudadano bienvenido y bien hallado, aunque de prestado, en país ajeno. Visados, pasaportes, fronteras, banderas… nunca entenderé sus significados más allá de preservar la propia identidad de uno mismo, ¿no es una sinrazón dibujarle líneas al planeta?.

En fin. Las cosas son así. Tendrá su lógica, aunque prefiero no saberla porque en mi mente de niño el mundo es de todos y las personas que nacemos en un sitio determinado tenemos la misión de cuidarlo y tenerlo bonito para cuando vengan a visitarnos personas que nacieron en otros lugares porque ellos están esperando a que nos pasemos por allí. Las aduanas y los pasaportes no son más que libros de visita para que alguien sepa que nos dimos un paseo una vez por aquellas tierras visitando a sus gentes.

Hace viento, pero no es el mismo del lunes, éste viene con mala baba a cortarme los labios en cuanto salga por la puerta, que lo sé yo.

Hoy cumplo 34 años y se me acumula el trabajo. Trato de terminar el proyecto actual mientras busco nuevas vidas entre oficinas y compañeros todavía sin cara. Me disfrazo de salary man recorriendo estaciones de metro, curriculum en mano, hasta llegar a mesas con personas delante que osan preguntar cosas sobre mi vida que casi tenía olvidadas en idiomas que nunca serán del todo míos. Es un duelo a muerte, porque esto es muy serio, así que suelto mini discursos ensayados delante del espejo en la soledad de mi habitación, y los encadeno para que parezcan espontáneos en el idioma alquilado para la ocasión.

Sin éxito, por el momento, pero no me desanimo, llevo poco tiempo intentándolo, apenas dos semanas y ya he hecho casi media docena de entrevistas. A este ritmo algo tiene que salir, seguro, es matemática pura.

Malditos cuervos, ni bajo la lluvia son capaces de callarse

Trabajo acumulado. Esa es la sensación. Coger el lego y construir, pieza a pieza, una rutina en la que haya estabilidad, que las facturas dejen de esperar su turno temerosas de ser olvidadas, que con cada nuevo paso esté más cerca de que en esta casa sean sólo los yogures los que tengan fecha de caducidad, que si se posponen planes sea por tener otros, que a parte de todos los besos que me quedan, te pueda regalar la luna pintada del color que tu me pidas.

34 años cumplidos en medio de una guerra. Yo disfrazado de entrajetado contra todos los entrajetados de Tokyo. La gano fijo, por mis huevos, por mucho invierno con el que contraataquen.

De mientras, a seguir forrado, que el dinero y demás pequeños trámites insípidos ya vendrán solos.

Tío Tosca: ¡felicidades! si es que todavía te caben más…




Domingo, 19 de Septiembre de 2010. Iraila, kugatsu, septiembre… probablemente, el mes que más cosas increíbles me han pasado nunca. O no, no sé… igual es que se han juntado muchas seguidas y me lo parece, o puede que sea que desde que estoy sólo todo lo que hace contacto con la médula me da tres veces más calambre. Yo que sé…. si en realidad la mayoría de las veces no sé ni que tengo en la mollera, ponte a explicar esto.

El caso es que en Septiembre de 2010 mi hermano, el mediano que vive en Madrid, hace también los años, como cada año, y una semana después celebra su aniversario de boda, como no hace muchos.

También resulta que Google Japón ha respondido a mis emails y han accedido a concederme una entrevista de trabajo y que casi el mismo día fue el cumpleaños de la persona con la que resulta que en nada me he dado cuenta que no me importaría comparar legañas por las mañanas el resto de mi vida. Y encima, tócate los huevos si tienes y si no da palmas, es mi cumpleaños también.

Yo lo celebro, todo más bien, pero mi cumpleaños también. Celebro añadir un verano más a mi Curriculum, poder decir que la cana esta que me asoma encima de la oreja derecha me la he ganado a base de subir la guardia y que los inviernos me esperen en el recreo para aclarar cuentas a hostias. Ojo, que con los veranos nos llevamos bien, y llevaremos… por lo menos durante los 34 años que nos vamos conociendo la cosa ha ido bien.

Pero claro, estamos en Tokyo… este barrio de Bilbao que tan lejos queda de los míos: la señora María, la jefa, mi madre, cuyos “estás tonto tó, coño” todavía escucho cuando la conciencia sabe que lo que se hace no cumple el ISO Toscano de calidad, o aquél “ya te vale, titi” de Javi, mi hermano mayor que es el menor, y él sin saberlo… hoy y para siempre me doy cuenta que es la persona que más he querido y más querré en toda mi vida. Pongo los latidos de los dos últimos minutos y cientotreinta lágrimas por testigos.

Total, que no tengo un duro. A esto iba yo al empezar y me he puesto tonto a la mitad.

Gomen ne.

Sepan vuesas mercedes que he pasado el tercer fin de semana de Septiembre con dos mil yenes, que si echamos cuentas equivale a algo así como 18 Euros, tres mil pesetas de las de BUP. No es que no me haya gastado menos, sino que no tengo más.

Esta situación se venía venir desde lejos… me pagan en Euros, y si mi sueldo era del montón, con el yen por las nubes se queda todo en un chiste. También ando peleando contra el calendario en tema de visado y el casero, que es un tipo muy majo con cuatro pelos al que más bien se la plastifica todo lo relativo al mercado de divisas, tampoco es que me venga metiendo la carta del Jóker en el buzón en plan pasames.

Total, que no tengo un puto duro y estoy buscando trabajo para poder quedarme un poco más en el país en que las personas son iguales a nosotros pero con los ojos de otra manera y poco más que añadir.

Salgo nada y encima tengo que poner excusas a los colegas que rozan el límite de la honra y me suenan hipócritas aún siendo verdades como amaneceres, el 200% de lo que como me lo cocino yo, tengo las facturas apiladas y ordenadas por fechas para pagarlas el puto último día, y la gran mayoría de los planes que tenía están pospuestos hasta nueva orden económica.

Pero el caso es que no me siento mal, la situación no me engulle, sino que me es un 80% indiferente y un 20% aséptica. De repente, en Septiembre del 2010, me he dado cuenta que estoy en la mejor forma de mi vida, que, de una maldita vez por todas las intentadas, he encontrado a quien quiere contrarrestarme el invierno, que Google me dice que vaya a contarles lo que sé hacer porque lo mismo les cuadra, y a parte de Google otras cuantas más, que llevo viviendo en Tokyo casi cuatro años y, por fin, siento que sé que coño significa el aire este que se pasa de visita por el pulmón.

Son las once y media de la noche y me han sobrado 1.344 yenes. Pero, ¿sabéis qué?, pues que mañana he vuelto a quedar con la chica más guapa del mundo, y encima dice que quiere verme, que ojalá que pase pronto la noche.

Ahora mismo, no hay persona más rica que yo.

Y si la hay, me da igual. Porque seguro que no lo sabe y yo si.

Y ya, para ti el cambio.



El otro día me trajeron un omiyage de Hokkaido. Omiyage, pa’l que no lo sepa, significa regalico que aquí es bastante típico comprar algo si vas a algún lado y regalarlo a los amigos. La que se hace siempre es comprar algo de comer y llevarlo a la oficina, lo que no deja de ser curioso porque por ejemplo los días de cumpleaños la peña no suele llevar nada. Bueno, esto lo digo yo que sólo he estado en una oficina en Japón, supongo que cada una será un mundo.

Total, que me lío y pierdo tres followers por párrafo y luego oye, como que meo desganao o algo.

El caso es que una amiga más maja que los yenes con agujero me regaló un envase de esos que tienen como papel albal ahí por fuera a lo termoaislante, y yo voy y lo abro y resulta que allí había un botecico con agua y dos bolondrios verdes medio flotando medio no…



Me quedé flipadísimo!!! la movida esta son unas algas redondicas que se llaman “Marimos“, que crecen en los lagos de Hokkaido y son especie protegida. Los bichos estos están vivos y crecen!! no te lo pierdas que empiezan siendo una canica ahí y a la que te descuidas se te hacen gordos!!

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Y me vino hasta con manual de instrucciones a lo Gizmo:

1- La temperatura del agua debe estar siempre por debajo de los 30 grados
2- Hay que cambiar el agua cada diez días
3- No se debe dejar que le de el sol de pleno
4- No meter en acuarios con peces y evitar que el agua contenga aceite o jabón

Yo por si acaso lo sigo a rajatabla no vaya a ser que se convierta aquello en un Critter y me arranque la pilila a dentellazos. Hablando del tema… ¿os acordáis de la mascota paquetuda? pues resulta que es un Marimo también!!



Menudo regalo original más bonico. Yo de vez en cuando las muevo un poco a ver si hacen algo, pero ná… y crecer yo diría que medio radián o así ya han crecido, cualquier día se me echan una novieta marima y me dejan aquí sólo, que la casa se me caerá encima. Hay que ver, toda la vida sacrificándome por ellos… pero claro, ley de vida, esto es así, que le vamos a hacer…

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¡¡ En plan hermandad !!




Ya me quedan menos…

Por cierto, recordando a la penemascota que tienen, ¡miedo me da la que le pongan a la Sky Tree que es el doble de grande y gorda!

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- Suenas a kawaii que das un mal rollo importante -va y me suelta la tía- y eso no puede ser

24 años de japonesa florida, 2 en Irlanda, 22 por los Tokyos con escapadas a Korea de picospardos, algunos meses rondando mi vera, como pasando, así, de pasada. Minifaldas de tortura, pantaloncitos con el bajo justo para albergar los bolsillos y desalbergar unas piernas que hacen arte del camino, escotes de exhibición, maquillaje de competición, morritos de comer helado sin manos, pestañas de kilómetro, ojos de denuncia.

Bendito verano.

Eso tiene que ser porque seguro que la mayoría de las veces que hablas en japonés lo haces con chicas y se te pega la forma de hablar, y pareces marica -desdeluego no se cortaba, no- pero no te preocupes que yo te arreglo eso si tu me enseñas algo de Español, por la cuenta que te trae.

Cobró sentido de repente la vez aquella que en Karate me preguntaron si era gay. Joder, había que hacer algo con mi japonés de chica de Shibuya pero ya, así no podíamos llegar nada lejos. Tiene huevos que me entere después de cuatro años… aquí, con mi prima la resalá de Ginza.

Pero claro, la tía se las sabía todas y dos más. De haber una boda, a ella mirarían todos cuando lo de que hable ahora. Todo lo que tenía de bajita lo tenía de irreverente, a lo extranjera maleducada pero en japonesa, y esa sinceridad, con tacones quieroynopuedo, me atormentaba la misma líbido que ella ponía en entredicho.

Vamos, que me ponía.

La madre que la fue a parir.

-Uno, dos, tres, cuatro… -y ella lo repetía y se lo aprendía, así hasta que llegó a veinte pronunciando hasta las erres. No, si lista era un rato largo. De otras cualidades también entendía otro poco.

Su parte del trato pasó por quitarme, a base de descojonarse de mí, los nes y dayos de final de frase, me corrigió la entonación, me enseñó a dejar de ser kawaii porque…

lo que no puede ser es que seas mas kawaii que yo -después dijo algo que sonó a copón, y entre borderías y puñetazos, que me dejó el brazo morado, aprendí a dejar de parecer el Boris Izaguirre de Nishi Magome.

Nunca nos llegamos a liar. Bueno, no del todo, o sólo un poco, o no sé lo que sería prudente contar aquí… pero vamos, total, que la cosa no fue a más e inesperadamente nos convertimos en amigos de recámara, de esos que quedan de Pascuas a San Pedro cuando se tercia que la luna se ve muy sola estando solo.

El otro día fuimos a ver Inception. Yo hablé a lo macho cabrío de Hokkaido, bajé el tono todo lo que pude, aposta me dejé los dejes, esos que cuesta cuestas quitárselos, y cuando de repente salió un tren en medio de la película a toda hostia formando una escandalera en Dolby Surround o la madre que lo parió, yo me asusté.

- Maricón -me dijo en el más borde de los japoneses

- Mierda -pensé yo



La mañana no se pudo esperar y le dio un golpe de estado a la noche interrumpiendo sueños de nivel uno. Busco la cámara de vídeo a modo de tótem y pasillo de madera y papel mediantes, llegamos a un altar donde dos monjes ya están cantando en sánscrito o algo. Extremeño seguro que no era.

Nosotros no entendíamos muy bien que estaba pasando, pero no perdíamos detalle por si acaso aquello no se volvía a vivir.

Curioso cuanto menos.

Después tocó el desayuno con los amigos comentando la jugada… decían que me viniese a vivir de monje aquí hasta que aprendiese a volar como ellos. Y es que dicen que de noche, cuando todos duermen, ellos siguen haciendo sus cosas pero sin pisar el suelo. Será por no armar ruido, digo yo. O será un sueño de nivel 2. Vete a saber.

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© Héctor’s eye-pixel interface 1.0


Por si alguien se anima:
Templo Shojoshin-in, a una hora de Osaka. 9.600 yenes por persona con cena y desayuno vegetarianos y rezos a las seis de la mañana para todo el que quiera asistir. Uno de los monjes, al menos, habla inglés perfectamente y no aceptan tarjetas de crédito. Ah! y hay wifi, no se si será santa, pero es wifi.
Teléfono: 0736-56-2006




Aquí, al igual que allí, hay planes de esos de “hay que hacerlos alguna vez”. Yo lo compararía con la bajada del Sella, el camino de Santiago o la ruta del Cares. Son esos planes que hay que organizar con un poco más de cuidado cuadrándolos con algún fin de semana largo o días de vacaciones. Yo de los tres anteriores he hecho dos, me queda el camino de Santiago que lo haré fijo, hombreeeee que lo hago.

Bueno total, que aquí también los tenemos, y si subir al Fuji, más bien bajarlo, fue uno de los desafíos morales más grandes, la ruta del Koyasan nos dejó las piernas para Tudela. Pero ¡había que hacerlo alguna vez!

Era el cumpleaños de una amiga, que visto que el año pasado se subió también al Fuji, parece que le ha entrado la genial manía de celebrarlos lo más lejos de Tokyo posible. Y como le tenía echado el ojo al Koyasan, pues nos lo propuso y nos apuntamos sin dudarlo. El plan era coger un autobus nocturno cerca de la estación de Tokyo que nos iba a dejar en Osaka por la mañana. Yo creía que no iba a dormir nada, pero es que estos buses están preparados flipantemente para que vayas sobao todo el viaje: los asientos se reclinan muchísimo, tienen una especie de almohada pequeñica, una manta, y, ojo al asunto, tienen unas capuchas que te las bajas ahí y quedas aislado como si fueses en una silla de ruedas de bebé!!! De precio estamos hablando sobre unos 7000 yenes la ida y 5000 la vuelta, supongo que la diferencia es porque los viernes hay más demanda que los domingos que te presentas en los Tokyos el lunes por la mañana que hay que currelar.



El tinglao es que apagan las luces del todo y sólo paran un par de veces en áreas de servicio, aunque el bus tenía baño estilo al de los aviones que cuando le das al botón aquello parece que se va a formar un flashforward. Total, que nos quedamos dormidicos y una vez en Osaka tiramos para la estación Kudoyama, desde la que se empieza a andar hasta el templo Jison-Jin, que es donde el monje salao sin flequillo nos contó la verdadera historia, o no, del perro Hachikero en comparación con el Gonchan suyo.

Y desde ahí uno empieza a andar subiendo y bajando montañas por un camino marcado por 180 hitos de piedra hasta que se llega a Daimon después de 23.5 kilómetros. Es un camino muy bonito por el monte, pero muy cansado porque siempre estás o subiendo o bajando, rara vez es llano y eso es un rompepiernas importante. En una de esas que bajas del monte, paramos a comer en un restaurante donde hicimos acopio de ingeribles y bebiles, y después de un rato descansando, tiramos para el último monte. Esto fue un poco deja vu, porque íbamos a dormir en un templo y la cena la daban a las cinco y media, así que íbamos otra vez contrarreloj como cuando la subida al Fuji.

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Peeeeero llegamos al templo sobre las seis de la tarde, y después de llevarnos a las habitaciones, nos acompañaron a la sala donde se cenaba, y pedazo de cena!!! todo ahí super sano y bonico:

Aunque lo mejor sin duda fue la sala que era espectacular con sus tatamis, anda que no dio juego ni ná… ojo a las fotos de Kirai:

Dentro del templo al final es como estar en un ryokan con su ofuro y todo, no sabes que es un templo hasta que no sales a la calle o si pasa un monje de vez en cuando con su calvica… pero hay que reconocer que el sitio era muy bonito.

Y luego al día siguiente tocaban rezos mañaneros, a las seis menos diez el monje gongero le daba palos a un gong ahí formando escandalera por todo el templo, y a las seis un par de monjes rezaban ahí durante algo así como media hora…

Después desayunaco del mismo pelo que la cena y ya nos fuimos a ver el cementerio. Es que ojo, que el intringulis de todo esto es que es la sede central de la secta Budista Shingon, que la fundó un señor que resulta que también inventó el hiragana y toda la pesca. El caso es que el lugar se ha declarado patrimonio de la humanidad, y es que no me extraña, es un sitio precioso, primero por que hay algo así como medio millón de tumbas estimadas en el medio de un bosque, y segundo porque el complejo de templos es flipante. Así que los adeptos de la secta esta hacen el peregrinaje que hicimos nosotros hasta llegar al cementerio, aunque a nosotros ni nos iba ni nos venía el asunto, que lo hicimos por la experiencia. Yo, cómo no, me perdí por ahí sacando fotos en el cementerio y me costó un rato largo volver a encontrarlos porque no había cobertura en el móvil… hombre miedico no dio porque había mucha gente, pero de noche ya habría echado unos sprints, ya!

Luego buscamos un sitio para comer y con la panza llena, nos dedicamos a visitar los templos cercanos. Sin llegar a ser un Nikko o un Kamakura, el lugar no desmerece en absoluto:

Y luego ya aprovechando que había tiempo antes del bus, pues nos acercamos a Osaka a dar una vueltica sin resaca:

En Osaka resulta que no estaba la gente gritando a lo loco por la calle, ni eran tan abiertos que nos venían a dar abrazos como dice la peña, pero hay que reconocer que la vidilla es de otra manera. Para empezar, por la zona por la que cenamos, los restaurantes están a la misma altura que la calle, y eso mola… no como Tokyo que para todo hay que salir de un ascensor.

En fin, otro pedazo de fin de semana a recordar de por vida: bus capuchino, caminata de morirse, dormimiento templil, cementeriaco, templerismo y de propina un paseo por Osaka…

….ah….

:gustico:




Horas extras de la nevera, termómetro hasta los topes, sed en la mirada, lastre en los andares.

Abolición de las mangas, sudar por decreto solar, querer con pereza, pensamientos al baño María, soledad de pantalón corto y chanclas. Nadie al otro lado de la wifi, vacaciones Santillana pero no Tokyo, muerte social, planchamiento horario, internet a medio fuelle, banda estrecha de capa caída.

Natsu 夏, verano, chicharras de gira 2010, kakigoris en regla, surcos en la camiseta, desodorantes sin jurisdicción, telarañas en la balda de los jerseys, sábanas pegajosas, besos que empalagan, vivir x 1.5, mosquitos de juerga con barra libre, cuerpos que resbalan, lagartijas que envidiar, cucarachas de kilo y medio.

Intimar con el sol, negar todo frío conocido, aire con condiciones pactadas, grifos sin agua fría, piel que anochece de día, cerveza de exterior, barba que pica, calcetines que agonizan, siestas transpiradas, tés que queman, flexiones de menos, pulsaciones de más, poros de par en par, flequillos con la permanente de gratis, codos que gotean, pelos omnipresentes que ahora sobran, hielos con corta esperanza de vida, ir y no llegar nunca.

Minifaldas XS que figuran mas que estar, escotes de kilowatios que yo los bendigo, piernas de kilómetro y medio, ojos que meten horas, mentes desbordando imaginación, roscas que nunca se come uno aunque cuente diez, soñar despierto a razón de tres enamoramientos por hora.

Fuegos de esos que vuelan y están hechos por el hombre, yukatas, kimonos, abanicos, yakitoris callejeros, esterillas azules con gente encima, asahis, sapporos, kirins, ebisus, cielos rojos, estrellas sobreexpuestas, viento tibio, horizontes con lipotimia, lunas venidas a más.

Tus cuatrocientos treinta y tres atsuis por hora, mi risa cosida y tonta, tus orejas enrojecidas, mi pelo menos negro y más marrón, tus ojos todavía más pequeños, nuestras manos escurriéndose por los dedos, tu llámame, mi te llamo.

Te conocí este verano y tu no lo sabes, pero hace tiempo que te estoy liando para que durante el otoño te decidas a compatir mi invierno, ese infame achaque traidor mío que me seguirá matando más cada año si no te aclaras a quedarte de una vez.





:D ¡donde las dan, las toman! :D