El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Imagen histórica… las televisiones de Shibuya están apagadas debido al ahorro de energía por la central de Fukushima.

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Aún así, la normalidad de Tokyo es de un 90% y el otro 10% es debido a que se siguen dando réplicas, cada vez menos y ello unido al ahorro de electricidad hace que los trenes no funcionen como deberían. Todo es una cadena, al no haber trenes la gente usa coches y la demanda inusitada de gasolina hace que haya que hacer cola para repostar, pero sigue habiendo gasofa. Lo mismo pasa con la comida, el miedo hace que en algunos sitios haya menos, pero sigue habiendo casi con normalidad.

Esto de caos no tiene nada. El caos está arriba, donde el tsunami. Nosotros estamos igual que siempre, ni nos comemos los unos a los otros, ni nos hemos hecho pijamas de papel albal por si la radiación. Vale ya de tanto amarillismo, que tenéis a mi madre asustada, ¡¡copón ya!!.

El Jueves, el día anterior, me reía sobre el terremoto que al parecer todo el mundo notó pero del que yo ni me enteré. Así de habituales son aquí los temblores, dicen que todos los días hay aunque quizás no tan fuertes como para que nos demos cuenta. De éstos últimos, después de cuatro años aquí, yo diría que uno al mes. No duran nunca más de medio minuto, y suelen tener un momento álgido en el que se mueven un poco más violentamente que el resto del tiempo haciendo crujir la casa de repente. Asustar, asustan todos, pero después de tus cinco o diez primeros, como que ya te dan relativamente igual.

El Viernes, después de comer, empezó como siempre. Paré la música del iPhone, sonaba “Romance de José Etxailarena” de Marea, me quité los auriculares y empecé la ronda de miradas a mis compañeros de oficina esperando el momento en que para y nos colgamos la risa tonta volviendo al trabajo. Pero no paraba, es más: iba a más.

Una chica empezó a medio gritar, dijo “yada yada yada” tres veces muchas veces. “Joder joder joder”. Un compañero, decía “dekai” de vez en cuando, en voz baja, como para sí mismo, “dekai”, “este es gordo”… hasta que ya alguien gritó “under the table!” y rompió la tensa calma, había que hacer algo y a mi me dio por ponerme de pies y agarrar la chaqueta y el móvil. Muerto de miedo, pero sereno, consciente de la situación.

Como acabábamos de mudarnos a la segunda planta de la nueva oficina, todo estaba pulcramente colocado, no había desorden, no caían libros de las mesas porque no había libros en las mesas todavía. Los inmensos monitores de las salas de reuniones aguantaron en su sitio, no había lámparas que se balanceasen. No era ese tipo de pánico por el caos que se ven en las imágenes de televisión.

Era peor.

El inglés del departamento de diseño lo vio claro y salió corriendo hacia la puerta de emergencia, la gran mayoría hicimos lo mismo, no podíamos aguantar más la falsa balsa de aceite en la que estábamos sumergidos, había que reaccionar. Yo le aguanté la puerta a unos cuantos compañeros más hasta que uno de los filipinos trajo una silla que la mantuviese abierta. Nadie se tambaleaba, no perdíamos el equilibrio, no se nos caía nada encima, pero el suelo se movía y nos sentíamos mareados. De haber sido la octava planta del viejo edificio anterior seguro que habría cambiado el asunto.

Bajamos las escaleras, la primera vez que lo hacía, con orden. Nadie atropella a nadie, nadie se empuja, hay miedo pero no es pánico incontrolado, se mantienen las formas.

El último piso de las escaleras de emergencia da a una valla de rejas que impide la entrada de extraños al edificio… y la salida. Dos chicas de empresas vecinas están ya escalándola torpemente, yo habría podido en ese momento dar dos saltos y pasarlas por encima sin problema, pero no lo hago porque un chico de gafas está quitando el seguro que abrirá la verja. Está muy nervioso, le tiemblan las manos, diría que está llorando, pero logra abrirlo algunos segundos después de que las chicas aterrizan en el otro lado y todos retomamos la carrera hasta encontrarnos en el medio de una calle estrecha en cuesta.

Miramos a nuestro alrededor, el suelo se mueve y la sensación de mareo sigue, aunque no es difícil mantener el equilibrio, es incluso menos que ir de pies en tren. La magnitud de la situación no está en nosotros, está en los edificios que nos rodean, en los rascacielos cercanos que se mueven. No es el movimiento ajetreado que se ve en la televisión, no es un traqueteo, es un balanceo amplio, armónico, cuya suavidad da mucho más miedo. Edificios de más de treinta plantas inclinándose a un lado y al otro, y yo ahí mirándolos con los puños apretados dispuesto a correr donde sea con toda mi alma.

En la carretera cercana los coches están parados, como en esas escenas de las películas en las que los conductores se apoyan en la puerta y miran para arriba. La autopista elevada que recorre media ciudad también se está moviendo, me pregunto si los coches de encima estarán todos apelotonados en una esquina o ni siquiera se habrán movido. Allí arriba están fijos nuestros ojos, de pasar algo gordo en el lugar en el que estamos, todos parece que hemos decidido que será en esa autopista. Las farolas se mueven violentamente, temo que alguna sea arrancada por la vibración y se nos aviente encima. Curiosamente yo me encuentro apoyado en una aquí en el suelo, aferrándome a una falsa estabilidad donde en realidad no hay ninguna.

No sabría decir cuando dejó de temblar el suelo, porque la sensación de que todo sigue moviéndose duró hasta muchas horas después, pero si que pareció normalizarse. Mi primera reacción es llamar a mi novia, pero el teléfono no funciona, paso a mandar un email a su teléfono móvil que si parece llegar aunque no hay confirmación. Ella conduce habitualmente en el trabajo y me da por pensar cosas que no merece la pena pensar, de esas que te nublan la razón y azuzan los nervios. Y me separo del resto para seguir tratando de localizarla desesperadamente, 59 veces pone que lo intenté en el teléfono, ninguna sin éxito.

El mayor momento de tensión fue ese en el que yo supe estar bien pero no sabía si ella lo estaba. Los diez o quince minutos que tardó en llegar su mensaje fueron los peores.

Gracias a internet sé que todos mis amigos están bien y volvemos a la oficina. “Me vuelvo a España mañana” le digo a dos compañeras que me preguntan si estoy bien, y nos reímos exageradamente, demasiado, tanto que casi lloramos de risa los tres soltando tensión y nervios con cada carcajada. Quiero abrazar a una con fuerza, me da igual cual de las dos, pero casi no nos conocemos.

Kiwotsukete ne, tened cuidado.

Todo vuelve a temblar, no es tanto como antes pero ya no dudamos y nos encontramos en la calle de nuevo a la que nos queremos dar cuenta, aunque para cuando bajamos ya ha parado. Miro al cielo, hay nubes extrañas, o me parecen extrañas, el sol pasa a través de ellas dándoles un color entre amarillo y naranja, y no se ve ni un pájaro cuando un momento antes el cielo estaba atestado de ellos. Una chica con una cámara réflex me saca una foto y al ver que la he visto, me hace una reverencia. Alguien me roza el brazo, me giro y una marea de gente se dirige ya hacia la estación de Shibuya, por hoy parece que ya vale de oficina, todos tendrán a los suyos que querer ver.

Subo de nuevo, siempre por las escaleras, y me siento delante del ordenador sin quitarme la chaqueta en ningún momento. Las teles de las salas de reuniones están encendidas y muestran en directo una horrible ola llevándose coches y edificios por delante. Un compañero se ríe cuando un barco choca contra un parking de coches, y se permite seguir haciendo bromas un buen rato. Nadie le ríe ninguna y termina dándose por vendido, después como queriendo rectificar su inmensa estupidez dice “seguro que hay víctimas”, en este caso tampoco nadie le concede un atisbo de respuesta, tardará semanas en ganarse cualquier indicio de simpatía.

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Cuatro chicas están llorando, un compañero Australiano dice que dos amigos suyos viven justo donde el tsunami, que en un email uno dice que está bien, que les han evacuado, pero que seguramente no quede nada de su casa, del otro no sabe nada.

Alguien decide que no es bueno seguir viendo aquellas imágenes y apaga las teles.

En una situación dantesca, tratamos de normalizar la tarde y seguimos casi hasta la hora de salir delante del ordenador. Los teléfonos siguen sin funcionar, el país está completamente patas arriba pero nosotros seguimos sentados en nuestros puestos haciendo que trabajamos. Me niego completamente y me dedico a buscar noticias sobre lo ocurrido, a tratar de que alguien contacte con mi familia y les tranquilice sabiendo lo horrible que se pintará el asunto en las televisiones de allí, a tratar de dar el máximo de señales de vida por internet que pueda. Es fácil hoy en día.

“Señales de vida”, qué poco de frase hecha y cuanto de verdad.

Las líneas de tren se han suspendido absolutamente todas, el jefe por fin reacciona asimilando un poco la situación y nos dice que nos vayamos a casa como podamos, que guardemos recibos de taxis o autobuses, que nos quedemos a dormir… que lo que haga falta.

Me vuelvo en moto, no marca la velocidad, chirría, se para a veces, pero en ese momento me pareció la mejor moto del mundo. La estampa de Tokyo por la noche es un completo caos ordenado, nadie grita, no hay escenas de pánico, pero las calles están atestadas de gente que incluso anda por el medio de carreteras de coches que no avanzan. Si conducir entre coches no es lo más fácil del mundo, esquivar a personas que aparecen por cualquier lugar hace que tarde el triple del tiempo normal en volver a casa.

Pero puedo volver. Mis amigos lo hacen andando o en bici, hay quien dice que hasta cuatro o cinco horas en una noche de viento que se siente especialmente frío.

Mi casa no está tan mal como pensaba aunque la tele se ha estampado contra el suelo. Es igual, yo lo primero que hago es encender el ordenador y hablar con mi madre via Skype. Estamos nerviosos los dos y se da la ridícula situación de que es ella la que me cuenta lo que ha pasado porque “lo ha visto por la tele”, no me deja hablar, no me deja contarle lo que he vivido y yo me muero por contárselo. La dejo hablar y sólo contesto con monosílabos de “si” a sus “¿estás bien?”. Finalmente acaba con un “¿para que te has ido tan lejos?”, y la emoción nos silencia un rato.

Bajo a la tienda a comprar algo para cenar, pero no queda casi nada. La balda de las botellas de alcohol también está vacía, más que mis vecinos queriendo olvidar, supongo que las estanterías no habrán aguantado los embites.

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Ya en casa rebusco en la nevera mientras otra réplica más me replica el miedo del mediodía.

El pecho se me enfría de repente y esa sensación va subiendo por mi garganta hasta que rompo a llorar allí mismo sentado en un suelo lleno de borra de café con la nevera abierta.

Así me tiro un buen rato: achicando la tensión a fuerza de lágrimas.

Esa noche duermo vestido, de mi cama al refugio de mi barrio le calculo unos 10 minutos corriendo, si ha de pasar que no me pille quitándome el pijama.

Todo bien por aquí, acojonadico perdido todavía, pero bien. Más en twitter.

Aquí va la crónica en el correo, que miedo pasamos ayer!

Me zampo mi bento entero,
al lado del canadiense atontao,
y na más me sale del coraçao
que echaros un post
:regulero:

Iba a contar la gran odisea del terremoto de ayer que leído lo leído, por lo visto ahora Tokyo debe estar en Korea, pero como yo ni me enteré y además tampoco tengo el sobaco pa bodas, aquí suelto un post de esos de copiar algo que ya ha puesto alguien y creerme más original que un cromo de Arconada.

¿Os acordáis de la Sky Tree? ¿no?, no pasa ná, aquí os lo recuerdo yo: es el pincho moruno que se jinca en Asakusa. Mi abuela diría que no hay mejores fotos en internet que las que saqué yo (y yo a mi abuela no le llevaba la contraria nunca). Bueno, pues el caso es que ya tienen el mondadientes del Daibutsu casi pulido ya y ha salido un reportaje sobre su observatorio, que es el más alto de todo el país: 350 metros, un cacho por encima de la Tokyo Tower y la Landmark de Yokohama!!.

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Dicen que en los días sin niebla se le ve la calva a Berlusconi, no te digo más! Bueno eso no han dicho, no, ellos dicen que se verá por encima el hanabi de Asakusa, y en días claros hasta la costa de Chiba e Ibaraki!!


a bird a plane no a sky tree 投稿者 jentertainments2

Ya tengo ganas de subirme, ya…


Fuente de la que he chupao vilmente del bote: Japan Probe (Migué)
He tardao: medio taper entre que masticaba y que no… échale 10 minutos y porque me ha dao por aprovechar la regulerez pa enchufar a un huevo de entradas mías, que si no en 5 lo tenía!

Disclaimer mer: los comentarios se contestarán sólo si se tercia de los colganderos, no espereis mucha mandanga que hay que ser coherentes con el regulerFlavourStyleRulez

:regulero:

He aquí una lista de lo que se cuece en mi oficina, ese lugar repleto de peculiares seres a cada cual más rascateclas, pero todos entrañables y sencillos:

– El horario es de 10 a 7. Si llegas más tarde de las 10:15 tienes que apuntar tu nombre en una lista. Que yo sepa, nunca se hace nada con esa lista, pero uno intenta no estar en ella.

– Como yo estoy subcontratado, tengo que apuntar en una excel la hora de entrada, la hora de salida y el rato empleado en el descanso para comer, a final de mes me la firma el atontao de mi compañero que me ha tocado de responsable y la mando por fax a un señor que se llama Jumpei. Por lo demás, contacto 0 con la empresa que me contrató. La excel esa la relleno a principios de mes inventándome horas normales de entrada y salida, y me olvido.

– Para entrar tengo que meter mi clave y poner la mano en un “sensor de venas” que me escaneó al principio. Funciona la mitad de las veces y siempre acaba un compañero abriendo la puerta desde dentro. La cafetería también tiene un chisme para meter la contraseña en la puerta.

– Hasta hoy, cuatro meses después, el teléfono de mi mesa está de adorno, no ha sonado nunca, y por Jesusito bendito que siga así.

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– Hay una chica que entre otras cosas, es la encargada de cumplir las normas de privacidad / seguridad. Si alguien deja la puerta de emergencia abierta, o la de la cafetería, o algún papel con información de algún cliente visible encima de la mesa, mailbronca al canto en 0,3.

– Internet se puede usar libremente, no hay nada capado. Pero no te dejan traer “dispositivos físicos propios”, vamos, que nada que no sea de la empresa entra o sale de la empresa, ni en un pendrive ni en nada (lo que es un poco chorrada, porque se pueden mandar ficheros por email libremente, por ejemplo).

– Hay dos tipos encargados de sistemas, uno de todo el tinglao Windows, y el otro del Linux. El de Windows manda absolutamente todos sus emails con lo de prioridad alta, lo que hace que ya no los lea ni Dios, el de Linux no manda ná, yo todavía dudo si sabe hablar humano aquí el amigo Gollum Torvalds, que no se le ve ni la cabeza ahí metido en su cubícueva.

– El 80% de los emails que me llegan son sólo en japonés aunque los de “haz esto y haz lo otro” vienen siempre de mi jefe en inglés. Lo que suelo hacer es leer los japoneses usando el rikaichan en el Chrome para las palabras que no tengo ni idea (afortunadamente cada vez menos, aunque todavía hay un huevo, no me queda ná, moná).

– En mi equipo hay dos filipinos, un chino, un canadiense, una japonesa y dos japoneses, uno de los cuales es el jefe. El cretino es el canadiense y todo el mundo lo sabe, lo que me congratula sobremanera. Uno de los filipinos erupta como quien se rasca la nariz y nadie pone caras raras. El chino también pastababea comiendo con la boca abierta. A pesar de estas bobadas, me caen todos muy bien, excepto el rascayú parlapuñaos del canadiense, claro, hasta que no le vea trabajando o haciendo algo he will never have my respect.

– El equipo de diseño usa Macs, el de administración PCs, y el de desarrollo PCs y Macs que se rotan dependiendo del que esté programando para el iOS en ese momento. Yo ahora mismo tengo un PC y un Mac porque me ha tocao currelar para el iPad. También hay dos iPads, un iPhone 4, un iPhone 3GS, un iPhone 3G, una Blackberry y un Android. El tarao de mi compañero usa el Android para ver su email personal y se le olvida cerrar sesión lo que ha hecho que alguien vea emails del que creemos que es su novio. Allá cuidaos mientras a mi me deje en paz, que al tío no le gusta cosa más en el mundo que escuchar su voz, que pesao es, la virgen que de sandeces puede haber soltao al cabo del día.

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– El equipo de desarrollo se está orientando cada vez más a programar para el iPad, no son aplicaciones a vender en la App Store, sino para convencer a clientes que no necesitan cargar más con un portatil para hacer su trabajo. Me ha sorprendido ver que tienen razón, una aplicación para el iPad desarrollada a medida para un cliente le da mil vueltas en cuanto a eficiencia / usabilidad a la mejor de las soluciones web. The world is changing.

– Aproximadamente la mitad de la gente traemos la comida de casa, en la oficina anterior la cocina era bastante grande y la peña comía allí junta, ahora se forma un corro al fondo y se zampa allí. Yo, siguiendo con el ñú flavour que me caracteriza, zampo sólo delante del ordenador contestando comentarios del blog o leyendo el correo. Todo por no tener que aguantar más al protagonista de los mediodías, adivinad quien es. La razón por la que traigo la comida, más que por ahorrar dinero, es por comer sano.

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– Como tampoco quiero ser un autista y los de mi equipo me caen bien, los viernes voy con ellos a comer por ahí un menú del día. La mayoría de las veces no viene Matías, lo que mola. La gente es muy sana, los filipinos son extremadamente cordiales y uno habla igual que el indio de The Big Bang Theory, me río mucho con él a nada que dice hola.

– Si uno se queda currelando más tarde de las ocho, la empresa paga la cena, el jefe se encarga de ir mesa por mesa uno por uno preguntado qué queremos pedir (el sushi está cojonudo). Si te quedas más tarde del último tren, te pagan el taxi o un hotel. A mi solo me ha tocado una vez y volví en moto, pero quedarse hasta tarde no es para nada normal, fue una excepción. De convertirse en algo habitual, empezaría a buscar otro trabajo ya, no me importa lo que me paguen ni tampoco demasiado lo que me pongan a hacer porque hace tiempo que la informática me la refanfinfla, mi prioridad es poder seguir haciendo mis gaitas saltimbanquiles.

– Antes teníamos un proyector en la sala de reuniones, pero ahora lo que hay es una pedazo tele Sony Bravia de cientodocemil pulgadas y tres chinches enchufada a un ordenador. Poco futuro les veo yo a los proyectores ya.

– En la cafetería hay una cafetera normal, otra de esas italianas pa hacer cafés al momento, un microondas, un horno, una movida de esas de bidones de agua que siempre tiene agua caliente y fría, tres o cuatro tipos de tés, una máquina de bebidas con las bebidas a mitad de precio (en Google eran gratis!) y un chisme con snacks donde puedes coger libremente aunque pone que eches 100 yenes cada vez que pillas algo.

– Apenas hay burocracia, lo que mola mucho. Uno tiene que rellenar las hojas de horas y lo de las vacaciones con un poco de tiempo, pero poco más, no hay chorroformularios para gilipolleces en plan “solicito que se me instale el photoshop” ni tonteces varias de perder el tiempo, mandas un mail al rascayú que sea y fuera. Eso mola.

– Algunos proyectos se hacen para India o Brasil y a veces nos tenemos que quedar tarde solo para asistir a alguna reunión por videoconferencia con ellos y que coincidan los horarios. Siempre somos los de Japón los que trasnochamos, eso no mola.

– Se hacen muchos POC, “proof of concepts”, los tres proyectos en los que yo he trabajado son de ese tipo. Básicamente demostramos que hacer algo sería útil para un cliente, hacemos un prototipo y se lo enseñamos, si le gusta, hacemos el proyecto real. De los míos, dos han sido usando el nuevo API de Google Maps, y el otro lo del iPad. Eso mola, lo de investigar, proponer y desarrollar cosas nuevas. Por lo visto, el 90% de los proyectos que se consiguen son así.


Anexo

El iluminao de mi compañero no se ha ganado mi simpatía ni las de mis compañeros por manía. Pasemos a diversos ejemplos prácticos:

ej1) El tío habla bien japonés, cada vez que llega alguien nuevo a la oficina le humilla con la frase “yo no sé lo que tu sabes de japonés, pero para trabajar aquí deberías poder defenderte sin problema”. No es cierto, todo el mundo habla inglés aquí, pero él se empeña en hablar en japonés en reuniones si hay alguien que no sabe mucho (como yo mismo o uno de los filipinos) y dejar bien claro que habla bien (lo que es verdad).

ej2) Ha comprado un espejo y lo ha puesto al lado de su pantalla porque dice que le espiamos.

ej3) Se ríe diciendo “keikeikeikei”, no es “jajaja”, es “keikeikei”, como si fuese un dibujo animado. Es una risa tan artificial que a veces da hasta miedo.

ej4) Cuando llegué yo al equipo estuvo una semana quejándose con que él era el único inglés nativo, que eso no era normal. Lo decía delante de todo el resto sin importar o pensar que podia ser ofensivo para los demás (a mi me la parapapea).

ej5) Dice frases tópicas, como “vosotros los filipinos”, “vosotros los japoneses”, “vosotros los españoles”, y nunca tiene razón, aunque nadie le discute por no oírle.

ej6) Corrige absolutamente a todo el mundo cuando habla en inglés, da igual que estés hablando en una reunión delante de todos que sólo con él.

ej7) Se queja de todos los restaurantes a los que vamos, cuando se apunta, y elabora una lista con una serie de razones detalladas por las que “no vamos a volver allí”.

ej8) Cuando vió mi moto dijo: hace mucho ruido, es pequeña, tiene un espejo más arriba que otro y el cajón ese del maletero se mueve mucho. Yo no le pregunté su opinión en ningún momento.

ej9) Le dice cosas a la gente sobre su forma de vestir: “esos pantalones te quedan grandes”, “esos zapatos son muy viejos”, “ese jersey es horrible”.

ej10) Dice que entiende español porque como sabe francés, pues eso.

Buff, paro ya, que monopoliza el tontainas el post y no era mi intención…

Hay veces, algunas, en que algún sueño decide quedarse a compartir un poco de la mañana que debería haberlo sentenciado y sigue ahí, como queriendo dar a entender que la consciencia no es más que otro poco de un todo no desmadejado del todo. Y así, con la vista espesa y los pensamientos más imaginados que pensados, uno empieza el día compartiendo una realidad que se antoja menos real.

Ayer me costó un café y una ducha convencerme del todo que no estaba en Zalla, y que no había sido mi madre con sus tejemanejes en la cocina la que me había despertado, sino el casero sacando los cubos de basura a la calle principal.

Me desperté, si, pero un buen rato después de levantarme, y la sensación de estar en tiempos de Universidad con mi familia en mi casa me acompañó hasta bastante más tarde. Parecía que en cualquier momento Javi iba a abrir la puerta de la habitación para preguntarme, aburrido, que qué estaba haciendo.

De verdad que si, no me habría extrañado escuchar su voz.

Son días raros, ausentes, emotivos, tristes y al tiempo felices, nostálgicos, diferentes, más de vivir por dentro y pasar el trámite de las horas mientras se desea volver a estar solo.

Uno se mide con uno mismo; razón y corazón imponiendo a hostia limpia pensamiento contra sentimiento hasta dar con algún tipo de respuesta que calme la desazón del alma, que es la que reina en estos días tan vacíos como fundamentales.

Razones que expliquen porque un invierno y diez mil kilómetros me separan del mundo de mi sobrina en el que yo no salgo.

Respuestas que aclaren porque Javi no me tira ya de las orejas en mis cumpleaños, ni paseamos por el pueblo como hacíamos a veces, muchas menos de las que ahora quisiera recordar.

Uno pesa y sopesa los motivos que expliquen cada día no vivido cerca de los míos, trata de buscar que compensen, que cuadren los latidos al final del día y parezca, aunque sea por meros pálpitos, que lo que se está haciendo tiene alguna razón de ser, que merece la pena pasar la gran mayoría de las noches de invierno en una casa donde el que llega siempre es el mismo que la deja vacía cuando se va.

Todo se intensifica. Lo malo es horrible, lo bueno maravilloso. A veces del lado de los ventrículos y otras de las entrañas, pero todo importa porque esos días son tristes y felices a la vez hasta que llega la noche donde sólo puede ser uno de los dos.

En el último sumaron tus ojos que aunque pequeños, son dos, y son ya un poco mas míos que tuyos aunque tu no lo sepas. Tampoco sabes que contó lo chato de tu nariz multiplicado por tu boca, esa con la que me ríes, y que todo se elevó al cuadrado del calor de las manos con las que me haces olvidar el viento de enero.

No te dije nada, no te conté que esa mañana salí llorando de casa. No hizo falta porque, ¿sabes?, se me olvidó…

Pasemos al capítulo dos de la ikubiblia, ese compendio de sabiduría según San Tosca, ese manual de la vida cotidiana japonense, sin patrañas ni mentiras escritas por los reguleros mayores del condado, que da tirria leer según que cosas… la bilis se me sale por las narices, ¡la bilis!.


Trámites y papeleos

– Un extranjero que viva aquí tiene que lidiar con diversos trámites sin que deba (y a veces pueda) escaquearse: hay que sacarse la tarjeta de alien-gaijin, registrarse en el distrito donde se vive, pagar impuestos de la zona y arreglarse los papeles para pagar jubilación y seguro médico, aunque es habitual que estos dos últimos te los descuenten del sueldo directamente (te lo suelen dar a elegir cuando firmas el contrato). Absolutamente todo es un Cristo gordo como un Buda empachao, un jaleo del copón, no hay ni uno que sea fácil y prácticamente nadie habla inglés en estos sitios (que son departamentos creados para tratar con extranjeros, touch your eggs if you dare). Hay más gente que habla inglés dentro de un club de Shibuya que en cualquier oficina de inmigración, and this, my friends, is a fact. En España será peor fijo, porque encima los funcionarios son unos bordes dejaos, aquí por lo menos te sonríen y no se van al café.

– El visado hay que renovarlo con tiempo y dicen que tardan un mes en hacer el papeleo, aunque el mío tardó una semana porque soy un tipo grácil y simpático. La oficina de inmigración de Tokyo está en Shinagawa a tomar por cleta de todo en un sitio super desolado al que se llega en bus desde la estación de Shinagawa, un bus petado hasta las trancas que da más vueltas que el spaguetti que se cayó al suelo del escurridor. El máximo visado de trabajo que se puede pedir es de 3 años, otra cosa es que te lo den. Para que te lo mantengan si te piras del país de vacaciones, tienes que apoquinar dinero y pedir un permiso de reentrada. Es papeleo fácil y no es que sea caro, pero tienes que irte hasta allí, que es donde Shrek echó el erupto. Se rumorea que están a punto de ampliar el máximo visado a 5 años y quitar esto del re-entry permit, pero también decían en España que iban a quitar el límite de velocidad en las autopistas como en Alemania, y mira la gracia.

– Estás obligado a llevar en todo momento la gaijin-card bajo pena de multa… en teoría, porque a mi me han parado dos veces y no la tenía porque había ido a correr con lo puesto. Multa no he pagado, pero las dos veces la poli me “escoltó” a casa a por ella.

– Gracias a un acuerdo entre Japón y España (y prácticamente medio mundo, no nos creamos de más), es sólo cuestión de papeleo que te convaliden el carnet de conducir, aunque es un auténtico jaleo y de fácil no tiene nada por mucho que digan por ahí lo contrario. Ahora que no tenemos que hacer ningún examen, ni práctico ni teórico, lo que sería la muerte directamente, imagínate el teórico en japonés con la misma palabra esa que me usan para los colores verde y azul.

Hay un documento en concreto que es bastante cachondo: te piden que demuestres que has vivido por lo menos seis meses en el país donde te dieron el carnet después de habértelo sacado. Esto que parece obvio, es una jodienda cuando no se tiene un pasaporte que quede entre esa fecha y carece totalmente de sentido en Europa donde podemos movernos libremente por cualquier país sin que quede reflejado en ningún documento. Yo entregué el título de la Universidad de Deusto en castellano y en Euskera, no te pierdas la que se montó allí explicando que era cada cosa. Ahí va la ostia. Y pues, añado.

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– Comprarse una moto, sin embargo, es tirado, te dan un papel con el que te sacas un seguro en cualquier tienda y con ambos te dan una matrícula al momento en el ayuntamiento de tu zona. Luego aprende tu a conducir por el otro lado, descifrar los cruces y leer las mentes retorcidas de los taxistas y su uso aleatorio de los intermitentes y rayas de la carretera. La vida es un reto, amigos, retémonos!, retémonos!

– Para alquilar un piso necesitas un aval, no te lo alquilan por tu cara bonita y tu nariz griega, una de dos: o tienes un amigo japonés que firme y responda por ti, o pagas dinero a empresas que se dedican a avalar peña. Está claro: a base de pasta, to’l mundo es Gandhi. Si el piso es a través de una inmobiliaria, tienes que pagar normalmente el equivalente a un mes a esta gente por sus servicios. También se le paga al dueño una cantidad equivalente a uno o dos meses de alquiler al principio porque si, y este dinero se le suele tener que volver a pagar cuando hay que renovar el contrato. Vamos, una comedia que aquí es así y no queda más remedio. El primer mes suele ser chata la cosa, si mi renta son 73.000, pongamos que pagué 73.000 a la inmobiliaria, 73.000 de depósito en teoría reembolsable, 146.000 al dueño en concepto de “key money” (me pagas porque me sale del hidari tamago) más 73.000 del primer mes de alquiler, total: 73.000 x 6=comiendo lechuga hasta seis meses después, onigiris los domingos.

– Puedes domiciliar tus recibos por el banco o puedes recibir las facturas en casa y pagarlas en cualquier combini. Esto significa que te mandan una carta a casa donde pone un precio y una fecha límite, tu vas con eso a cualquier combini, allí lo cogen, le enchufan el lector de código de barras y te dan un resguardo. Ale, ya has pagao la luz, el teléfono, internet, el gas o el agua. Lo mismo pasa con los impuestos municipales y la seguridad social. Dado que las tiendas están abiertas las 24h, esto es una gozada, aunque es jodido no salir de allí con un kitkat o algo… ya que vaaaaas…


Y hasta aquí todo lo que me acuerdo… ojo, que esto no es una dictadura. Bueno, si, es una dictadura con los porsaquiles que vienen a tocar los huevos dejando comentarios pa dar por saco siempre, que a esos ni agua. Pero para las personas aquí como nosotros, no, así que todo lo que se desmienta o aporte algo al post será bienvenido y reeditado si es menester.

Atentos a sus kioskos, la siguiente entrega en ciernes: ¡Comida y bebida! y de regalo, una foto de un luchador de Sumo calvo!

Homenajeando (o plagiando más bien) al Zordor, aquí va mi semana resumida en imágenes, a lo informe semanal pero con el tío Tosca en vez de la Rosa Mari. Cantemos la música: tantantararaaan tantantararaaaan

El domingo me fui a un parque a ver los ciruelos en flor, ba, na del otro mundo y con el friski que hace como que se miran las flores a toda hostia y dan más igual que otro poco…

¡Buen fin de semana, compas!
:ungusto: :gambi:

Corría el año 2010 y el que les rascateclea se disponía a celebrar su cumpleaños en compañía de queridas y amadas amistades, cuando un regalo inesperado nubló con caracter retroactivo a cualquiera de los regalos recibidos desde que se tiene memoria. Básicamente era un bote de miel con tropezones, pero, ay amigos, analicemos el documento gráfico antes de nada, monada:

Prosigamos no sin antes aclarar que el salto que pegué cuando abrí el bote fue porque todavía no era segundo dan de Karate, ahora mismo no habría mostrado ni el más mínimo atisbo de sentimiento ni sorpresa siendo fiel a mi nueva condición de pequeño junco Toscanense que fluye en el viento.

Llegados a este punto, cualquier persona independientemente de su provincia natal, habrá sacado ya dos conclusiones:
1- El espejo tiene tanta mierda adherida ya al propio material reflectante, que haría las delicias de Walter toda una tarde.
2- De La Granja San Francisco esto no es.

Procedamos al desenlace: resulta que la Nere se había ido ese día de excursión al Japón profundo y me trajo este botecico lleno de abejas del tamaño del dedo gordo de mi pie. Como dijo que era para regalo, la señora de la tienda, amablemente, hizo un transvase abejorrense de botes cercanos para potenciar el factor sorpresa del momento apertura boticuero (insisto en lo del segundo dan, esto con el entrenamiento adecuado, ni pestañear).

El asunto es que tu te vas zampando la miel y cuando vayas por la mitad del bote, la rellenas con miel de toda la vida. La mezcla reacciona ahí con los abejorros que le van dando regustillo haciendo, además, que se oscurezca, cuanto más oscura, más sabor. Si ya ves que tienes el día cachondo, te puedes comer los abejorros que por lo visto deben crujir de lo lindo lirindo, ¡proteína en estado puro!.

No se ha dado el caso.

La miel está cojonuda, eso sí.

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¡Gracias Nere y Guille!
:gustico:

Anexo la explicación original recibida por email:

T hago un rasumensillo

A ve… er bote tiene miel normá y abejorrone. Pue tu te va comiendo la miel, cuando te l’akabe, le esha má miel normá. Losabehorro son lo que le va dando ergu’ttiyo a la miel. Según se vaya o’kkuraciendo, mehó sabe.

Si ere un masho de verdá, te pwé komé losabehorro, te lo huro por mi muerto’tó! Eso me diho la vieha que la vendía, asínque… sierra losohillo y pa entro!

:D

… y luego suena chan chan charachaaaaan, y normalmente empieza mi ofuro. Vamos, que hay que buscarle mañas al invierno para sobrellevarlo con la cabeza bien alta y el cuerpo bien caliente, y mi baño de las noches no me lo quita nadie. Ya puedo tener cuarenta emails esperando y diecisiete llamadas perdidas, que ese momento es mío. Bueno, mío y de Mar Amate, y de Javi Nieves, y de Jimeno y sus niños y de parejas que a veces no saben que lo son, y a veces nunca lo serán.

Vamos, que si antes aguantaba cinco minutos dentro de la bañera, ahora sólo salgo de allí con los dedos como dátiles cuando acaba el quientetienta. El de ayer salió mal, por cierto, que no le quiere ni ver decía.

No sé si por nostalgia, o por estar hasta los huevos de tanto hablar en inglés y japonés, pero les escucho porque me gusta el buen rollo que tienen, me río mucho con Javi cuando se ríe él de esa manera espontánea tan suya, tan de niño, ojalá la mía se le parezca un poco. Está claro que como a tantos otros, que lo sé yo, la voz de Mar Amate me tiene enamoradísimo, como sea en persona la mitad de simpática que en la radio… Y luego están Jimeno y sus chavales que con sus verdades, que ellos dicen que siempre las dicen, me acaban de remachar la sonrisa y así, entre todos me ponen el pijama cuando poco queda ya que sacarle a la noche más que algún que otro sueño prestado que habrá que devolverle al despertador en nada. Je, y ellos hacen el programa de madrugón, lo que son las cosas.

Total, que el otro día el programa iba de eso de lo que uno no se olvida ni pa Dios desde crío y hubo una chica que decía que se sabía la canción de Candy Candy en japonés de memoria, aún sin tener ni idea de japonés ni de lo que decía. Ahí fue donde salí yo, bueno no salí, me mencionaron, un ratito solo, pero no veáis la ilusión que me hizo cuando el tío Ro me mandó el email…

Ellos no lo saben, pero todas las noches yo les digo eso de “Buenos días Javi, buenos días Mar”, antes de irme a dormir.  

おやすみハビ
おやすみマル

Oyasumiiiii Javi y Mar