El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Mail de Bea del otro día:

Impresionante!

Mira!

Estoy ayer tomando unos potes en el casco viejo y de repente veo un tío que se mete a un bar con la cami de kotoba, pero no la nuestra, es decir no estaba impresa en nuestra cami con el borde blanco, pero eran las letras nuestras haciendo un circulo, solo que le faltaba el circulo.

Me quede tan flipada que dije, no puede ser, somos ya famosos y nos copian! somos como Loreak Mendian que los de Guru les choraron la flor!

Así que entre al bar, les dije a los que estaban conmigo, si tardo venis a buscarme que era un tío tocho e igual me parte la cara. Entro y le pregunto a ver donde la ha comprado y me dice que en el mercadillo de Madrid pero ya hace 2 3 o 4 años.

Vamos que nos copian, porque la nuestra tiene más tiempo.

Y la impresión es mala, esta también estropeada eh? pero la cami es negra y las letras son un poco más grandes, pero son nuestros hiraganas, me dice el tío que es profe de japones, me dice entiendes lo que pone y le digo, joder que ese diseño lo he hecho yo!!!!

Se queda flipado, nada hablamos un poco le digo que hacemos camis y le dejo la dirección de la web, así que igual nos dice algo algún día de estos…


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Tiene huevos el asunto… aunque tengo que reconocer que me ha hecho hasta ilusión y todo… pero bueno, da cosica que a la vez que uno compra pimientos se lleve también una cami nuestra plagiada, no, eso no hombre, maaaal, maaaaal.

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Comprádnoslas a nosotros y de paso os lleváis…

¡ Un peazo kitkat de té verde
estilo chocolatinaca única pero gorda!
:cocinicas: :gustico:



Eso si, hay que andar rápido porque a Bea le quedan sólo 5 de los que le mandé desde los Tokyos, y ella no me acaba de garantizar que me los va a respetar mucho tiempo…

Da igual que modelo de camiseta, mientras la pidáis por la web y no a la vez que compráis una cabeza de ajos y el nuevo de Shakira en el top manta!

:palizero:


Quedan
5
4
3
2
1

0
kitkases




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Tengo un tatuaje. A veces me gusta mucho y a veces me gustaría no habérmelo hecho nunca. Es lo que tiene el a veces, que a veces.

De cualquier manera, es una marca llena de recuerdos, un hito en mi vida, algo así como apuntarse algo en la mano para que no se te olvide, solo que en la espalda, que no se borra con el sudor y que en vez de la lista de la compra, lo que no se me olvida son dos montañas de vivencias y una cordillera de sentimientos. A veces me encanta recordar unos y a veces no me gusta sentir otros, y al revés según haga tormenta o sol allá en las cumbres de ambos.

A veces…

Ese día fui con un amiga a un onsen nuevo que habían inaugurado a las afueras de Tokyo. Eran unos baños que tenían zona mixta, así que podríamos estar juntos en una especie de mini-piscina del centro lo que hacía el plan bastante atractivo. Siempre he pensado que es una pena que no haya más de estos, es una gozada ir a un onsen pero siempre toca separar los pitos de la maleza, y luego esperarse a la salida sin acabar de disfrutar el asunto del todo pensando en que igual nos están esperando ya. Vamos, que uno no pone los huevos a remojo con la tranquilidad que se merecen estos respetables atributos.

En fin, que nos fuimos a un onsen y quedamos en la piscina del medio. Yo me duché, me quité la roña hasta de los codos, y partí presto a la zona compartida donde vi que mi amiga estaba ya en proceso de arrugamiento dedil. Cuando iba más o menos con el agua por la zona cero, me viene una chica del local gritando cosas:

-Okyakusama, okyakusama! señor cliente, señor cliente!!

Hombre, yo soy un tipo atractivo que no deja indiferente a nadie, sobretodo cuando estoy en bolas y se hace más evidente mi parentesco con Alf, que llevo los calentadores de las piernas y el cojín ya puestos. Pero de ahí a que vengas corriendo hacia mí…

- Que mire, que lo siento mucho, pero que no puede usted estar aquí. Que tiene un tatuaje ahí como la copa de un momiji y están prohibidos.

- Huy, perdone usted, no lo sabía, pero si es muy pequeño que casi ni se ve, ni destiñe ni nada. Y yo como que de yakuza no doy el pego, ¿no?, tengo algún amigo borroka pero poco más…

- Ya, pero de verdad que lo siento, por favor vaya a la salida y le devolvemos el dinero. Si eso para la próxima vez se pone una gasa, o una tirita un poco grande que lo tape, y ya está.

- Hombre, pues ya que hemos venido hasta aquí, que nos pilla lejos, pues voy al primer combini que vea, me compro una, y vuelvo. Perdón, ¿eh?, que no lo sabía, ahora vuelvo!

- Pues es que hoy ya no puede volver… el problema es que el resto de clientes ya le han visto, así que hoy ya no se puede. El próximo día si lo trae tapado desde el principio, sin problema, señor.

Mucho he leido yo por ahí de las razones por las que no se permiten los tatuajes, y seguro que vosotros también, así que no me voy a poner aquí a hablar de lo que no sé. Quedó demostrado que es cuestión de imagen, no es por higiene, sino que se trata de no incomodar al resto de clientes. Me supo mal por mi amiga que se tuvo que salir también, aunque me supo requetebien el quintal de cervezas que nos bebimos después con el dinero que nos devolvieron en un restaurante cercano.

Ahora siempre llevo una tiritaca enorme metida en la bolsa en caso de hacer alguna excursión, para que si se da el plan onsen, pueda taparme la calcomanía y remojar los tamagos colganderos con el gustico que se merecen.

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Al salir me dice mi amiga algo así como:

-Hostia macho, lo que tu tienes ahí no es pelo, es una manifestación de gatos pidiendo whiskas!

Eso pensaba yo… que me tenga que tapar el tatuaje para no dar el cante con el calzoncillo de felpa Toscana de pata larga que traigo de serie…



Hace un par de fines de semana fue el evento de Capoeira del año: vinieron compañeros de Okinawa y tuvimos el lujo de contar con profesores muy distintos que nos enseñaron un montón de cosas durante tres días.

Yo fui el fotógrafo oficial y también me dediqué a grabar las clases dejando la cámara en un lugar estratégico todo el rato. Ayer viendo algunos vídeos me di cuenta que salgo dando botes, y me alegro de ver que he mejorado bastante en agilidad, aunque anda que no me queda nada!!!

Lo digo y lo repito: sin haber dejado Karate, me alegro una barbaridad de haber empezado Capoeira… se complementan ambos perfectamente, las técnicas rígidas de uno, con el movimiento y la agilidad del otro…

Aquí va un mini vídeo del menda dando botes, o como me dijeron en el blog de Alain “haciendo el chimpancé”, jajaja, lo cierto es que el primer movimiento que se ve se llama “macaco”, jaja.

¡¡ Buen fin de semana !!
:gambi: :gambi: :gambi:



Últimamente me da por preguntar a amigos que me enseñen palabras raras en japonés. He aprendido a decir cojoncillos, moquera, cerilla orejera, pelotilla ombliguense… jajaja, mola mucho!!. El otro día me enseñaron cómo se decía pedo, que es “onara” por cierto, y me ha dado por ponerlo en youtube y va y me sale ahí una canción infantil que se titula algo así como “Entrenando para peerte”, con su coreografía y toda la pesca… es chica la que me llevo riendo!!!!

DO-RE-MI-FA-PUPUPUUU dice!!! jajaja, Dios, sólo ha faltao que lo hiciesen en Nara con los ciervicos y dijesen que se tiran onaras en Nara, hacen eso y me matan ya! (Otia que idea, tito Fla, apunta!)

Aquí está el vídeo también de la chica que la canta cuando la grabó, que me descojono de lo feliz que parece, ahora que anda que no tiene mérito… yo del primer puuuuuu no paso, estaría llorando de risa ya!!!!

Jodo que post más regulero!!! tiene huevos, ponte un blog pa luego coger y enchufar cosas que hacen otros, jajaja!! ten cuidao no te vaya a dar un jamacuco de tanto esforzarte, ¿eh?, que a ver si le vas a dar a la neurona y te sube la fiebre o algo!!! jajaja, luego encima quéjate de que nadie comenta y échales la culpa por ser un soso moruno!!! si es que te obligan a cerrar el blog!!! hay que ver!!!! jajajaja, ahora ves y preséntate al bitacoras!!!

:regulero:




Son despertar cuando me avisan a malas los cuervos, un café con dos de legañas, la cara del que ya tiene pintas de señor con barba y bolsas en los ojos que me mira desde el espejo, una rebanada de pan de ayer que clausura el sueño hasta que mañana toque la de hoy con algún que otro cuenco de arroz de por medio.

Mis horas son un blog que se enfada conmigo por no poder atusarle, una cuenta de correo hasta los topes de letras puestas en el idioma de los Monty Pythons, un pajarito azul que habla pero siempre es breve, un concurso al que no me presento pero salgo, una corbata cuyo nudo queda justo debajo del nudo de mi garganta.

Son cervezas robadas a la rutina, llamadas perdidas de amigos que espero no perder, sueños con ojos abiertos de par en par y esperanza en vena, millones de quieros y decenas de no puedos hasta que alguien les de la vez para el especialista del corazón, emigrar entre estaciones peregrinando por pupilas ajenas, reflejos de charcos y aguaceros de anhelo.

Mis horas van de dar la mano a desconocidos y contarles mi vida a medida que me la van perdonando, justificar pulsos pasados, defender cada coma del papel ese que lleva la cuenta de lo que llevo haciendo de 8 a 6 desde que escapé un mes como el de hoy de la universidad, hablar al 80% pero sintiendo al 200%, esquivar tontos del culo, volar de la mano del reloj sin paracaídas de sensatez.

Son dormir la mitad y soñar el doble, darle patadas al mismo aire que cada vez más me cuesta respirar, dibujar futuros fingidos, mentirme sobre qué vendrá después, odiar conclusiones, llorar conjeturas aferrándome a ilusiones del iluso con entradas en el que me he convertido con toda la honra del mundo, un botón descosido y la cremallera de la esperanza casi rota.

Mis horas ya sólo valen su peso en minutos cuando te veo y me olvido de Google, visados y alquileres, entrecorto adrede la respiración y me guardo tus besos para que duren hasta mañana. Son esas en las que ojeo tus ojos de reojo cuando veo que no miras, manoseo obscenamente tu mano sin que lo sepas, avento alientos al viento para que airee tu pelo, choco contigo cada docena de pasos mientras aprendo a quererte, queriendo, como sin querer quererte todavía y me vuelvo a casa con la luna por cara hasta que se me empañan las arterias de recordarte.



Llueve.

El verano parecía haberse hecho fuerte ahí fuera y ya llevaba reinando más tiempo de lo debido. Aún así no se fue a su exilio sin pelear y nos dejó un último día de calor tropical a finales de septiembre. Poesía pura la del sol, ya me lo va demostrando unas cuantas veces este año.

Pero ya no. De un día para otro ya no es verano y es casi invierno. Hace frío, llueve y los pantalones cortos y camisetas tienen ya esa mirada entre miedo y resignación por saber que van a ser reemplazados por sus hermanos los mayores que se toman su trabajo en serio a base de pana y lana. A las baldas, fíjate, como que se las nota contentas por el cambio de inquilinos.

Eso si, nos iremos olvidando de ver minifaldas. Y hay quien dice que odia el verano, lo que tiene que escuchar uno.

Pues eso, que entre veranos tropicales y preinviernos, amanezco yo un sábado 25 de septiembre en el que la mayor sensación que me envuelve es la de tener que estar haciendo algo, que se me acumula el trabajo, que no me puedo permitir pararme a paladear respiraciones.

Que poco me gusta estar de esta manera. Con o sin sol.

Aunque no es así, es decir, tiempo tampoco tengo tan poco. Hay una absurda pegatina en mi pasaporte que se hace eco del no menos absurdo concepto del visado, la fecha de caducidad como ciudadano bienvenido y bien hallado, aunque de prestado, en país ajeno. Visados, pasaportes, fronteras, banderas… nunca entenderé sus significados más allá de preservar la propia identidad de uno mismo, ¿no es una sinrazón dibujarle líneas al planeta?.

En fin. Las cosas son así. Tendrá su lógica, aunque prefiero no saberla porque en mi mente de niño el mundo es de todos y las personas que nacemos en un sitio determinado tenemos la misión de cuidarlo y tenerlo bonito para cuando vengan a visitarnos personas que nacieron en otros lugares porque ellos están esperando a que nos pasemos por allí. Las aduanas y los pasaportes no son más que libros de visita para que alguien sepa que nos dimos un paseo una vez por aquellas tierras visitando a sus gentes.

Hace viento, pero no es el mismo del lunes, éste viene con mala baba a cortarme los labios en cuanto salga por la puerta, que lo sé yo.

Hoy cumplo 34 años y se me acumula el trabajo. Trato de terminar el proyecto actual mientras busco nuevas vidas entre oficinas y compañeros todavía sin cara. Me disfrazo de salary man recorriendo estaciones de metro, curriculum en mano, hasta llegar a mesas con personas delante que osan preguntar cosas sobre mi vida que casi tenía olvidadas en idiomas que nunca serán del todo míos. Es un duelo a muerte, porque esto es muy serio, así que suelto mini discursos ensayados delante del espejo en la soledad de mi habitación, y los encadeno para que parezcan espontáneos en el idioma alquilado para la ocasión.

Sin éxito, por el momento, pero no me desanimo, llevo poco tiempo intentándolo, apenas dos semanas y ya he hecho casi media docena de entrevistas. A este ritmo algo tiene que salir, seguro, es matemática pura.

Malditos cuervos, ni bajo la lluvia son capaces de callarse

Trabajo acumulado. Esa es la sensación. Coger el lego y construir, pieza a pieza, una rutina en la que haya estabilidad, que las facturas dejen de esperar su turno temerosas de ser olvidadas, que con cada nuevo paso esté más cerca de que en esta casa sean sólo los yogures los que tengan fecha de caducidad, que si se posponen planes sea por tener otros, que a parte de todos los besos que me quedan, te pueda regalar la luna pintada del color que tu me pidas.

34 años cumplidos en medio de una guerra. Yo disfrazado de entrajetado contra todos los entrajetados de Tokyo. La gano fijo, por mis huevos, por mucho invierno con el que contraataquen.

De mientras, a seguir forrado, que el dinero y demás pequeños trámites insípidos ya vendrán solos.

Tío Tosca: ¡felicidades! si es que todavía te caben más…




Domingo, 19 de Septiembre de 2010. Iraila, kugatsu, septiembre… probablemente, el mes que más cosas increíbles me han pasado nunca. O no, no sé… igual es que se han juntado muchas seguidas y me lo parece, o puede que sea que desde que estoy sólo todo lo que hace contacto con la médula me da tres veces más calambre. Yo que sé…. si en realidad la mayoría de las veces no sé ni que tengo en la mollera, ponte a explicar esto.

El caso es que en Septiembre de 2010 mi hermano, el mediano que vive en Madrid, hace también los años, como cada año, y una semana después celebra su aniversario de boda, como no hace muchos.

También resulta que Google Japón ha respondido a mis emails y han accedido a concederme una entrevista de trabajo y que casi el mismo día fue el cumpleaños de la persona con la que resulta que en nada me he dado cuenta que no me importaría comparar legañas por las mañanas el resto de mi vida. Y encima, tócate los huevos si tienes y si no da palmas, es mi cumpleaños también.

Yo lo celebro, todo más bien, pero mi cumpleaños también. Celebro añadir un verano más a mi Curriculum, poder decir que la cana esta que me asoma encima de la oreja derecha me la he ganado a base de subir la guardia y que los inviernos me esperen en el recreo para aclarar cuentas a hostias. Ojo, que con los veranos nos llevamos bien, y llevaremos… por lo menos durante los 34 años que nos vamos conociendo la cosa ha ido bien.

Pero claro, estamos en Tokyo… este barrio de Bilbao que tan lejos queda de los míos: la señora María, la jefa, mi madre, cuyos “estás tonto tó, coño” todavía escucho cuando la conciencia sabe que lo que se hace no cumple el ISO Toscano de calidad, o aquél “ya te vale, titi” de Javi, mi hermano mayor que es el menor, y él sin saberlo… hoy y para siempre me doy cuenta que es la persona que más he querido y más querré en toda mi vida. Pongo los latidos de los dos últimos minutos y cientotreinta lágrimas por testigos.

Total, que no tengo un duro. A esto iba yo al empezar y me he puesto tonto a la mitad.

Gomen ne.

Sepan vuesas mercedes que he pasado el tercer fin de semana de Septiembre con dos mil yenes, que si echamos cuentas equivale a algo así como 18 Euros, tres mil pesetas de las de BUP. No es que no me haya gastado menos, sino que no tengo más.

Esta situación se venía venir desde lejos… me pagan en Euros, y si mi sueldo era del montón, con el yen por las nubes se queda todo en un chiste. También ando peleando contra el calendario en tema de visado y el casero, que es un tipo muy majo con cuatro pelos al que más bien se la plastifica todo lo relativo al mercado de divisas, tampoco es que me venga metiendo la carta del Jóker en el buzón en plan pasames.

Total, que no tengo un puto duro y estoy buscando trabajo para poder quedarme un poco más en el país en que las personas son iguales a nosotros pero con los ojos de otra manera y poco más que añadir.

Salgo nada y encima tengo que poner excusas a los colegas que rozan el límite de la honra y me suenan hipócritas aún siendo verdades como amaneceres, el 200% de lo que como me lo cocino yo, tengo las facturas apiladas y ordenadas por fechas para pagarlas el puto último día, y la gran mayoría de los planes que tenía están pospuestos hasta nueva orden económica.

Pero el caso es que no me siento mal, la situación no me engulle, sino que me es un 80% indiferente y un 20% aséptica. De repente, en Septiembre del 2010, me he dado cuenta que estoy en la mejor forma de mi vida, que, de una maldita vez por todas las intentadas, he encontrado a quien quiere contrarrestarme el invierno, que Google me dice que vaya a contarles lo que sé hacer porque lo mismo les cuadra, y a parte de Google otras cuantas más, que llevo viviendo en Tokyo casi cuatro años y, por fin, siento que sé que coño significa el aire este que se pasa de visita por el pulmón.

Son las once y media de la noche y me han sobrado 1.344 yenes. Pero, ¿sabéis qué?, pues que mañana he vuelto a quedar con la chica más guapa del mundo, y encima dice que quiere verme, que ojalá que pase pronto la noche.

Ahora mismo, no hay persona más rica que yo.

Y si la hay, me da igual. Porque seguro que no lo sabe y yo si.

Y ya, para ti el cambio.



El otro día me trajeron un omiyage de Hokkaido. Omiyage, pa’l que no lo sepa, significa regalico que aquí es bastante típico comprar algo si vas a algún lado y regalarlo a los amigos. La que se hace siempre es comprar algo de comer y llevarlo a la oficina, lo que no deja de ser curioso porque por ejemplo los días de cumpleaños la peña no suele llevar nada. Bueno, esto lo digo yo que sólo he estado en una oficina en Japón, supongo que cada una será un mundo.

Total, que me lío y pierdo tres followers por párrafo y luego oye, como que meo desganao o algo.

El caso es que una amiga más maja que los yenes con agujero me regaló un envase de esos que tienen como papel albal ahí por fuera a lo termoaislante, y yo voy y lo abro y resulta que allí había un botecico con agua y dos bolondrios verdes medio flotando medio no…



Me quedé flipadísimo!!! la movida esta son unas algas redondicas que se llaman “Marimos“, que crecen en los lagos de Hokkaido y son especie protegida. Los bichos estos están vivos y crecen!! no te lo pierdas que empiezan siendo una canica ahí y a la que te descuidas se te hacen gordos!!

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Y me vino hasta con manual de instrucciones a lo Gizmo:

1- La temperatura del agua debe estar siempre por debajo de los 30 grados
2- Hay que cambiar el agua cada diez días
3- No se debe dejar que le de el sol de pleno
4- No meter en acuarios con peces y evitar que el agua contenga aceite o jabón

Yo por si acaso lo sigo a rajatabla no vaya a ser que se convierta aquello en un Critter y me arranque la pilila a dentellazos. Hablando del tema… ¿os acordáis de la mascota paquetuda? pues resulta que es un Marimo también!!



Menudo regalo original más bonico. Yo de vez en cuando las muevo un poco a ver si hacen algo, pero ná… y crecer yo diría que medio radián o así ya han crecido, cualquier día se me echan una novieta marima y me dejan aquí sólo, que la casa se me caerá encima. Hay que ver, toda la vida sacrificándome por ellos… pero claro, ley de vida, esto es así, que le vamos a hacer…

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¡¡ En plan hermandad !!




Ya me quedan menos…

Por cierto, recordando a la penemascota que tienen, ¡miedo me da la que le pongan a la Sky Tree que es el doble de grande y gorda!

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- Suenas a kawaii que das un mal rollo importante -va y me suelta la tía- y eso no puede ser

24 años de japonesa florida, 2 en Irlanda, 22 por los Tokyos con escapadas a Korea de picospardos, algunos meses rondando mi vera, como pasando, así, de pasada. Minifaldas de tortura, pantaloncitos con el bajo justo para albergar los bolsillos y desalbergar unas piernas que hacen arte del camino, escotes de exhibición, maquillaje de competición, morritos de comer helado sin manos, pestañas de kilómetro, ojos de denuncia.

Bendito verano.

Eso tiene que ser porque seguro que la mayoría de las veces que hablas en japonés lo haces con chicas y se te pega la forma de hablar, y pareces marica -desdeluego no se cortaba, no- pero no te preocupes que yo te arreglo eso si tu me enseñas algo de Español, por la cuenta que te trae.

Cobró sentido de repente la vez aquella que en Karate me preguntaron si era gay. Joder, había que hacer algo con mi japonés de chica de Shibuya pero ya, así no podíamos llegar nada lejos. Tiene huevos que me entere después de cuatro años… aquí, con mi prima la resalá de Ginza.

Pero claro, la tía se las sabía todas y dos más. De haber una boda, a ella mirarían todos cuando lo de que hable ahora. Todo lo que tenía de bajita lo tenía de irreverente, a lo extranjera maleducada pero en japonesa, y esa sinceridad, con tacones quieroynopuedo, me atormentaba la misma líbido que ella ponía en entredicho.

Vamos, que me ponía.

La madre que la fue a parir.

-Uno, dos, tres, cuatro… -y ella lo repetía y se lo aprendía, así hasta que llegó a veinte pronunciando hasta las erres. No, si lista era un rato largo. De otras cualidades también entendía otro poco.

Su parte del trato pasó por quitarme, a base de descojonarse de mí, los nes y dayos de final de frase, me corrigió la entonación, me enseñó a dejar de ser kawaii porque…

lo que no puede ser es que seas mas kawaii que yo -después dijo algo que sonó a copón, y entre borderías y puñetazos, que me dejó el brazo morado, aprendí a dejar de parecer el Boris Izaguirre de Nishi Magome.

Nunca nos llegamos a liar. Bueno, no del todo, o sólo un poco, o no sé lo que sería prudente contar aquí… pero vamos, total, que la cosa no fue a más e inesperadamente nos convertimos en amigos de recámara, de esos que quedan de Pascuas a San Pedro cuando se tercia que la luna se ve muy sola estando solo.

El otro día fuimos a ver Inception. Yo hablé a lo macho cabrío de Hokkaido, bajé el tono todo lo que pude, aposta me dejé los dejes, esos que cuesta cuestas quitárselos, y cuando de repente salió un tren en medio de la película a toda hostia formando una escandalera en Dolby Surround o la madre que lo parió, yo me asusté.

- Maricón -me dijo en el más borde de los japoneses

- Mierda -pensé yo