El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Debo reconocer que la primera vez que fui a uno de sus conciertos fue por obligación. Ella era una de las mejores amigas de mi novia; “su novio toca con ella y tiene unas pintas que te van a hacer gracia” me dijo como para convencerme, aunque yo ya sabía que iba a ir por mucha pereza que hubiese que quitar del medio porque hay obligaciones que han de ser cumplidas para que al equilibrio no le salgan heridas que se acaben infectando.

Recuerdo que nos perdimos, que llegamos con el concierto a medio empezar y que ella nos guiñó un ojo desde el escenario mientras iba por la mitad de una extraña canción más hablada que cantada al estilo de “Todos menos tú” de Sabina. No sé si fue lo íntimo del lugar, pero desde el primer momento me gustó lo cambiante de su voz, cómo conseguía sonar dulce y al minuto siguiente desgarrar dos frases en el más rudo de los japoneses, ese de las erres exageradas y los omaes.

Supongo que por aquello de la erótica del poder me empecé a enamorar de ella en secreto, me encantaba cómo cerraba sus ojos y movía la cabeza al compás de acordes donde no tocaba que estuviese su voz. Me deshacía por dentro cuando en los descansos se acercaba a nuestra mesa y nos daba las gracias por venir, y nos contaba todos los planes que íbamos a hacer juntos las dos parejas. Ella con su novio el bateria, y yo con mi novia que era una de sus mejores amigas. “Es muy buena chica, cuídala” me decía tocándome la pierna, y yo asentía con cara de embobado aunque ninguna de las dos sabía por quién y lo cierto es que yo tampoco.

Todavía hoy, dos años después, soy capaz de recitar de memoria en japonés aquella primera canción gracias al CD que compré y escuché mil veces. Y sigo sin saber que dice. Ni me importa.

Confieso que me odiaba un poco más con cada concierto, y eso que no fueron muchos, pero sentía que me estaba engañando a mi, y que engañaba a la que dormía a mi lado, aunque nunca se me hubiese ocurrido confesar lo que era más una quimera que una oportunidad real. Sin dejar de querer a una, empezaba a querer a la otra del mismo modo y me perseguía la idea de perderlas a las dos. Era como si viese borroso. Ya no sabía lo que tenía y lo que no, lo que quería, lo que debía ser.

Pero me gustaba tenerlas a las dos.

Algunos de esos planes se hicieron realidad, y sin importar demasiado lo que hiciésemos, la verdad es que nos lo pasábamos muy bien juntos los cuatro. Eramos muy parecidos, nos hacían gracia las mismas cosas, mismos gustos, misma manera de mirar a la vida; a la vez, teníamos la suerte de tener pasados tan distintos que nunca faltaba de que hablar en algún cuchitril al abrigo de las noches de invierno.

Yo me sentía afortunado porque cada uno de los planes estaba pensado en su mayoría en enseñarme el Tokyo que se saben los que no escriben las guías, y quizás el momento más especial fue en aquel restaurante donde la cocinera cerró y se sentó a comer los postres con nosotros mientras mirábamos nevar en silencio. Calentándonos el alma con sake, acordándonos de ser un poco más que de estar. Siendo quienes fuésemos, estando donde estuviésemos.

Esa noche me horrorizó darme cuenta de que las quería a las dos por igual. Que sentía lo mismo cuando una me miraba que cuando la otra me sonreía, que cuando besaba a una en realidad estaba besando a las dos.

Las razones que hicieron que volviese a necesitar tres mantas ese invierno poco tuvieron que ver con su amiga la cantante, pero lo cierto es que no supimos mantener nuestra relación y nunca contaría aquí porqué.

Confieso que a veces he pasado por delante del bar donde ella sigue dando los conciertos cada dos viernes, y que la he visto a través del cristal pero nunca me he atrevido a entrar, ni me atreveré. Reconozco que la eché de menos tanto como a la que compartía mis desayunos, y que lloré la ausencia de las dos muchas veces durante ese invierno en que fui feliz odiándome mientras trataba de olvidarme de una y querer un poco más a la otra, sin saber muy bien quien debía ser quien.

Hasta que acabé por perder, de una vez, a las dos.





Ikugyoza por el iluminao del ikusuki en el Vimeo ese.



Visto uno, vistos todos. Los hanabis, digo. Aquí tienen fama de que son los mejores del mundo, pero la verdad es que a mi me aburren muchísimo. Será porque en Bilbao duran media hora como mucho y aquí se tiran hora y pico dejando además un montón de tiempo entre cohete y cohete… hasta los de mi pueblo que tiraba el amigo tragapuros tenían más vidilla!!

En fin, que me aburran los fuegos artificiales no significa que no me lo pase yo como un hobbit que cualquier excusa es buena para pimplarse unas cervecicas. Así que me enfundé el Jinbei blanco, que parezco el Luke Skywalker de Rekalde y tiré para Asakusa después de dudar mucho si pasarme por el Eisa Matsuri de Shinjuku, que también fue el sábado.

Tuve muy buena suerte porque me dio por escribirlo en twitter y me contestó Guillermo que avisase cuando llegase, que él andaba por allí. El tío nada más verme me preguntó que porqué había tanta peña, ¡¡resulta que se había ido a Asakusa de compras sin tener ni idea del hanabi del año!!. Y lo segundo que hicimos fue irnos al izakaya ese que te puedes sentar fuera. Ahí, entre cerveza(sss) y tsukune(s), estuvimos contándonos las historias de su Kendo, de mi Karate, de las que son así como pa mi pero que ellas todavía no lo saben… y de vez en cuando, pues foto al canto, y es que se me visten tan guapeteeees…

Al Guille, que estaba de cara a la gente, le saludaba alguno de vez en cuando, si es que entre la cara de majete que traía de casa y las cervezas, estábamos con la sonrisilla puesta todo el rato. Como se estaba allí divinamente y tenía pintas de que al lado del río iba a ver más gente que en el abismo de Helm (Frase hecha by Nerea, todos los derechos reservados), pues decidimos que nos estábamos un rato más y de paso contábamos cuantos melocotones era capaz de vender el de la furgoneta.

Los móviles no andaban muy católicos por el mogollonazo de gente que había…

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Luego ya cuando se hizo de noche y Nerea estaba ya con nosotros, decidimos adentrarnos un poco en el abismo y ver si éramos capaces de encontrar un hueco donde se viese un pelín del asunto. Aquello era como estar en el nivel 27 de los lemmings, pero sin el pelo verde y con cervezas en vez de escaleras en la mochila. Total: no vimos los fuegos ni vimos nada, pero lo que moló fue vivir el ambientillo una vez más: todos con Yukata, las míticas esterillas azules… otra noche mágica de verano. De las mejores: improvisada 1000% y compartida con amigos.

Camino a casa, cuando la cobertura del móvil empezó a medio funcionar de nuevo, tenía un mensaje de Alain para ir de juerga por Shibuya. Pero ya estaba muerto y es que uno no tiene veinte años, por mucho que se quiera pretender… gomen ne, Alain!



Nací hace tres décadas y pico en un pueblecito entre montañas llamado Zalla, a unos veinticinco kilómetros de Bilbao. Aunque no lo tengo muy claro, parece ser que Zalla viene de “Zaila” que significa difícil en Euskera, porque al estar entre montañas, el pueblo fue difícil de conquistar cuando vinieron los romanos a liarla parda-pardae.

Yo no sé si creérmelo mucho, pero si que es verdad que el pueblo de al lado, Balmaseda, tiene un puente como romano y calles estrechas empedradas, y en el mío lo que hay son cien pubs por metro cuadrado. Lo mismo Asterix era de mi pueblo y toda la pesca, porque a parte de no dejarnos conquistar, la poción si que la tomamos, concretamente en vaso ancho y con limón.

El caso es que fui a la escuela, como todo kiske, después al Instituto al pueblo éste que os cuento, que no sé si la idea de ponerlo en la punta de un monte también fue de algún cónsul de la Toscana o no, y ya para acabar mi gran vida estudiantil pues me dediqué a estudiar ingeniería informática en la universidad de Deusto que suena a mucho más de lo que es. Tal y como yo lo veía, se salvaban el 10% de los profesores, al resto los ponía a cavar la línea 3 del metro de Bilbao hasta que llegase a París. ¡¡ Panda de enchufados necios de ego hinchado !!.

Estudiantes, si alguna vez os dicen esa gilipollez de que la vida de estudiante es la mejor, no hagáis ni caso, es una mentira más gorda que un manatí con gases. Yo todavía tengo pesadillas y me despierto horrorizado porque al día siguiente tengo un examen y no he estudiado nada. Y eso por no hablar de que no tienes nunca un duro ni libertad para estar a tu aire. Luego resulta que cuando tienes dinero y vas a tu bola, te empiezan a doler partes del cuerpo que ni sabías que tenías y te apetece más vegetar en un sofá criando michelos, pero esto es otro tema que será abordado a su debido tiempo junto con el auge de pelos orejeros y espaldiles.

Total, que con algo así como siete asignaturas para septiembre que aprobé de un tirón el último año, acabé la carrera. Aquí me jugué vida y tres cuartos, porque mis padres pensaban que sólo había dejado dos, y se demostró que soy capaz de afrontar riesgos inverosímiles con éxito (aparte de soltar mentiras como trolebuses). Después eché la quiniela durante un par de meses para ver si la pedazo de chamba continuaba, pero se ve que no.

El caso es que estaba con Beatriz en una playa de Isla leyendo el periódico y salió un anuncio que ponía “Becario para Japón”, eché un CV que rellené poniendo todos los programas informáticos de los que alguna vez había oído hablar excepto el Sir Fred y el Sim City, y con la misma experiencia laboral que Paquirrín me presenté en la entrevista donde, además, me hicieron hablar en inglés.

Parece ser que les hizo gracia mi desparpajo inherente, o seguramente coincidió que no se presento nadie más porque me cogieron a mi y a mi inglés con boina y nos vinimos seis meses a Tokyo con el piso pagado y un primer sueldo de 2 millones de pesetas que me dieron de un tirón a lo loco. Si esto no es entrar con el culo florido en el mercado laboral, a ver que lo es.

La beca esta se acabó y nos volvimos con el rabo entre las legs, y ahí ya me enfrenté con la cruda realidad pasando por consultoras que movían más carne que el encargado de las galeras de Julio César. Hasta llegué a trabajar sin contrato metiendo horas extras, no os digo más. Bueno si, que encima me hacían ir con traje los muy cancamuseros pejigueros caraflautas, además me acuerdo que a la mayoría les dabas un lápiz y el canuto y no te sacaban la O en toda la tarde. Eso si, dales el Powerpoint y un portátil y ya sabes donde van a estar tirando su vida hasta la noche, corbata mediante.

Ahí fue cuando Bea y yo decidimos que había que intentar hacer algo que no nos hiciese olvidar la aventura japonesa, y acabamos currándonos camisetas a falta de que los organismos oficiales nos hiciesen algo de caso sobre nuestro proyecto inicial. Otros que tal bailan. Así que nos liamos la manta a la cabeza y empezamos a sacar diseños, y en ello estamos hasta hoy mismito. ¡Compradnos muchas que las hacemos con mucho amor y anda que no tenemos mérito estando una en un pino y el otro en el sexto! (aunque todo forme parte del mismo Bilbao).

Total, después de mil vueltas tanto laborales como sentimentales y gambiteras, me volví a Tokyo más solo que el faro Finisterre a intentar liarla parda con un proyecto de red social a lo Facebook pero en serio. La cosa iba para seis meses, pero ya llevo tres años y medio entre sushis y java a pachas.

Y como vine sólo y algo había que hacer, pues he hecho de todo: cosas que habré contado y otras que se las comerán los gusanillos cuando la espiche y lo mismo le aparecen a San Pedro en la Excel cuando llame al timbre, porque bueno no sé si seré, pero me lo hago al menos, y seguro que eso cuenta.

He liado desde estudiar la ceremonia del té, hacer de salaryman, fotógrafo, noviete, cocinero, escritor, diseñador… buff, ni sé las gaitas en las que he estado metido ya. Peeero principalmente estoy orgulloso de haber sido capaz de hacerme un hueco que siento como mío en una esquinilla de Tokyo, aunque me cueste 73.000 yenes de alquiler, y de tirar para adelante con Karate y más recientemente Capoeira. Lo primero me hace asimilar y considerar propias las costumbres y la cultura de este país, jugando a ser un japonés más. Lo segundo me ayuda a olvidarlo recordando de donde vengo,aferrándome a ser un poco más quien era antes de llegar, aunque sea hablando en inglés cabezabajo.

Y así, con este equilibrio que se sostiene más mal que bien la mayoría de las veces, aquí sigo intentando encontrar a alguna que cuando me vea le diga a su amiga “mira este que mono, ¿así como pa mi? ¿no? ¿no?”.

Como paciencia tengo un rato largo, pues de mientras seguiremos macerando las horas junto a personas maravillosas que la vida me ha puesto por el medio. Porque esto, lo de vivir digo, no creo yo que vaya a durar mucho más allá de otro tanto de lo que ha durado ya, así que cuando toque aparecer en la Excel, que San Pedro tenga que hacer scroll un par de veces como poco.

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Cosas que quiero hacer
Grabar un corto de peleas
Subir al Fuji
Escribir un libro
Subir al Gorbea
Comprarme una moto
Salir en una exhibición de Capoeira
Aprobar el Noken 2
Casarme y tener toscanicos
Llegar a cuarto dan de Karate
Visitar New York
Correr una maratón
Conocer a Antonio Resines
Ir a Okinawa
Aprender a hacer el mortal hacia atrás
Ir a un concierto de Utada Hikaru
Ponerme un piercing en la ceja
Poner un bar
Aprender a hacer marmitako
Teñirme el pelo de rojo
Comer Fugu
Ir al Camelot estando sereno
Pegarme con uno de Karate Kyokushinkai al KO
Hacer surf
Sacarme el EGA de Euskera
Que me paguen por mis fotos
Aprender a tocar la guitarra
Llegar al 7% de grasa corporal
Abrirme de piernas verticalmente
Abrirme de piernas horizontalmente
Ahorrar un millón de yenes
Hacer 10 dominadas bien hechas
Hacer 20 dominadas bien hechas




Todo el mundo se queja a mi alrededor pero yo estoy encantado, y es que hace un calor del copón de la baraja y una humedad que hay veces que en vez de andar parece que vas a braza, peeeeero yo estoy más feliz que ni sé, ¡ojalá fuese verano siempre!

Total que a mi este tiempo me anima muchísimo, tanto tanto que tengo la obligación moral de no quedarme encerrado en casa y el fin de semana pasado, justo el día después del paseo por el Rikugien y la noche en Odaiba, me fuí a hacer una ruta por el monte que ya me había hecho hace un par de años: la Daibutsu Hiking Course en Kamakura.

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Tu te bajas en KitaKamakura, te vas al templo Jochiji y te lías a andar y al final te enchufa con el Daibutsu, pero resulta que has ido todo por el monte. Toshiki me contó que hay un montón de senderillos por las montañas que unen templos de la zona, y que hay algunos de estos templos a los que sólo se puede acceder por alguna de éstas rutas porque están escondidos por ahí entre el bosque.

El caso es que la del Daibutsu como vas entre árboles, no te está dando el sol todo el rato y vas fresquete. Se podría decir que la mayor parte del camino es como se ve en las dos fotos siguientes: el suelo lleno de las raíces de los árboles y cuestillas para arriba y para abajo:

Yo la habré hecho como tres o cuatro veces y no es raro ver por el camino alguna ardilla, el otro día anduve rápido y pude sacarle una foto a una, aunque tenía la cámara puesta con el ISO a sietemillones, pero por lo menos la pillé a la tía lagarta:

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Después de más o menos una hora andando, llegas a una carretera que te deja a cien metros de la entrada del buda saleroso del sombrero plazatoros.



Buff, que querría decir el rascayú que escribió el cartel este… Bueno, total, que como estaba cansadete, me senté un rato largo a meditar sobre el sentido de los latidos de mi corazón y mayormente porque tenía unas ampollas al baño María, y ya que estaba me lié a sacarle fotos de cerca a lo detalle como hice con su prima de Ofuna (tanta estatua, tanta estatua, si todo el mundo sabe que Dios es Alanis Morissette)

Ay que ver el budica, creo que junto con los rascacielos de Shinjuku, es de lo que más me impresionó cuando vine aquí por primera vez. Claro, viniendo de mi pueblo donde el ascensor que más curra sube como mucho a un quinto…

Y el día estuvo muy lejos de terminar, pero mucho mucho. Luego me fui a la playa a ver anochecer en el mismo sitio donde conocí a Mika chan y la verdad es que la noche empezó muy muy parecida a aquella.

Pero esto, ay amigos, ya es otra historia…




Aquí andamos, un sábado por la mañana pasando la aspiradora en minuto y medio más o menos, fregando los cacharros y poniendo la chisma de hacer arroz para comer algo antes de ir a Karate no vaya a ser que me de un patacuatro por la caló.

Y estaba leyendo el RSS, que por cierto estoy hasta los tamagos de la lucha Apple / no Apple, habrase visto semejante disparate!!! coño si te gusta te gusta, y si no no, pero a mi dejadme en paz analizando cada pequeña chorrada, poniendo a parir a la competencia, que si los mocos de Steve Jobs son azules, que si Windows es Satán y Linux el Budismo!! vale ya copón !!! ¿estoy yo todo el día yo dando explicaciones de porque mi papel higiénico es de doble capa y no del otro? ¿pongo a parir a los otros? ¿eh? ¿os doy la chapa? ¿a que no?!!?!? pues dejadme en paz!

:copon:

… total, que me ha salido en el RSS entre setecientos posts sobre chorradas de Apple y de los que no son Apple pero lo hacen mejor (sic), una presentación sobre Japón hecha por un diseñador japonés llamado Hiroshi Tsunoda. Es un tópico andante, la presentación digo, no es todo como dice él ni mucho menos, ha tirado de lo típico que sabe que llamaría la atención por ser diferente a España, pero la verdad es que me he reído bastante porque lo cuenta con mucho arte en castellano!!

Así a lo reflexión creo que no he llegado a ver todavía un reportaje sobre este país en condiciones, uno donde no se caiga en las cuatro extravagancias que llaman la atención nada más llegar, sino donde se vea la rutina del día a día que aún siendo diferente a la nuestra, creo que es donde se entendería un poco más cómo funciona aquí todo… A ver si definimos un poco más ese pedazo de proyecto que tenemos el Lorco, el Zordor, el Jordi y el Alan…



Ahí os he echao el vídeo, a lo post regulero de esos de poner cosas de otros y quedarme como un obispo, y de paso aprovecho para cambiar el estado del blog:

:gambi: ¡¡ Buen fin de semana Flanagans !! :gambi:



Érase que se era que Pau nos mandó un email allá por Mayo contándonos que estaba pensando hacer un concurso en El Pachinko, que la cosa era que la gente le mandase fotos que tuviesen algo que ver con Japón chimpón. Decía que había pensado en que el premio fuese una Ikucamiseta, que a ver que nos parecía la idea… y a nosotros ¿que nos va a parecer? pues genial!!, claro!!.

El caso es que el concurso acabó hace unos días y he aquí la pedazo de fotaca ganadora:

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Es de Quicoto, que resulta que le conozco porque se vino a un hanami y se merece el excelente e inigualable premio porque la foto es original como pocas.

A una orden Pachinkera le mandamos la camiseta elegida, la Cienpiés Cyan, y Ricard se hizo una sesión de fotos:

¡¡ Muchas gracias Pau por contar con nosotros,
y Quicoto por el postreportaje !!



Por cierto, pasaos por el set del Flickr del concurso porque ninguna de las fotos que han participado tienen desperdicio.

:gustico:

Y nosotros que nos emocionamos enseguida a la que te descuidas y miras patrás, hemos decidido primero poner una foto mía haciendo el gamba con mi amigo el perrotrinque:

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Y segundo que…

¡¡ las siguientes cinco camisetas que se pidan
van con un kitkat de té verde de regalo !!

Que no os podéis hacer a la idea lo que nos ha costado enviarlo desde Tokyo con la ley esa rara de aduanas que ha salido nueva, la madre que los parió, nos han cobrado una pasta por impuestos de importación y lo peor es que nos retuvieron el paquete en Madrid un montón de tiempo!

:copon: :regulero: :porsaquil: :pliebre: :pirao: :otiaya:

Buenoooo buenooo, ya es igual porque ya los tiene Bea allí en los Bilbaos. Ya sabéis, las camis se piden por la web, las mandamos contrareembolso y ahora mismo todavía quedan…

5
4
3
2
1

0, se acabaron!! gracias a todos!




Existen lugares donde uno logra olvidarse de que está en Tokyo, incluso en este siglo, y sueña paseando por épocas pasadas en escenarios más propios de películas de las de antes, de esas de colores pálidos y katanas, de traiciones y venganzas donde el honor todavía se protegía por encima de todo y los valores valían.

Dentro del parque Rikugien no existen los salaryman, ni los pachinkos, ni la Yamanote. Uno se convierte en el señor feudal que mira a las carpas del lago mientras medita qué movimiento será el siguiente que permitirá ganar algunos kokus más para la familia y con ellos algo más de poder que llame la atención de los favores del Shogún.

Quizás subiendo a la colina desde la que se divisa todo el parque también se tenga una mejor visión sobre la apertura de Japón al mundo, sobre el comercio con los extranjeros sin modales que profesan esa religión cristiana suya… quizás sería bueno ser cautos de momento hasta ver si de verdad aportan algo más que ruido y malas maneras.

Mientras se pasea por caminos exquisitamente definidos como por casualidad, uno es capaz de olvidarse de que existe un mundo alternativo de ordenadores para adentro o de esos teléfonos móviles ya sin botones, y se da cuenta de que siempre ha existido el viento que se deja respirar y nunca deja parar a las nubes, o los pájaros y sus mil casas de veraneo, una por cada árbol.

Todos esos pasos perfectamente estudiados que un día llegué a intuir dentro de la habitación con tatami de un centro cívico, reivindican aquí el prestigio histórico que les corresponde. Casi me puedo imaginar tomando un té con reverencias mirando al cielo rojo del atardecer a través de la pequeña ventana de la casa de té con mi abanico y mi kimono de anchas mangas. Y trataría de distinguir cada uno de mis gestos para no desentonar como invitado mientras se me sosega el alma y se me apaciguan los pulsos ante tanto detalle, tanta finura, tanta delicadeza.

El parque Rikugien está basado en la poesía japonesa Waka propia del periodo Genroku (desde 1688 hasta 1704) y fue creado por Yanagisawa Yoshiyasu, el señor de confianza del shogún Tokugawa Tsunayoshi. En el periodo Meiji el jardín pasó a ser la segunda residencia del fundador de la empresa Mitsubishi, Iwasaki Yataro. Y finalmente en 1938 la familia Iwasaki lo donó a la ciudad de Tokyo, y en 1953 fue designado lugar de belleza excepcional e importante legado cultural.

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Para llegar a tan precioso lugar hay que ir primero a la estación Komagome de la línea Yamanote y salir por la salida sur. Después tenemos un ratillo que andar y aunque no es mucho y está bastante bien indicado por carteles, lo cierto es que la entrada está un poco escondida. Básicamente se trata de andar por la acera de la derecha de la calle grande que nos indican nada más salir de la estación, y estar atento a un poste de madera que señala que hay que girar a la derecha. Cuando yo fui había una moto aparcada justo delante y no se veía tan fácilmente, es más fácil guiarse por el combini, cuando pasemos el Sunkus giramos a la derecha:






La entrada sólo cuesta 300 yenes, tienen mapa en inglés y abren de nueve a cinco de la tarde permitiendo la entrada hasta las cuatro y media. Está cerrado desde el 29 de Diciembre hasta el 1 de Enero. Tan recomendable como el Hamarikyu o el Koishikawa Korakuen.



Bueno, en realidad fueron dos cervezas. Y parejas que miraban al agua anochecer. Y sueños todavía sin abrir. Y las esperanzas que no me dejan estar solo y se empeñan en que no las empeñe. Y una hora, quizás dos, brindando con la luna que era un gajo de una mandarina blanca, que me conoce casi mejor que el sol y por eso me sonríe inclinada desde su caserío del cielo a mano derecha de las nubes. Y el mar que me cuchichea mentiras entre olas, pero yo no me las creo porque los peces ya le tienen calado y me han dicho que no me fíe.

Y yo que me dejo vivir, no vaya a ser que el día que se acabe me pille tirado en un sofá sin hacer nada.

Una hora resumida en algo menos de tres minutos. Incontables susurros con mentiras a cámara rápida entre el sol y la luna. ¿Las olas? no os creáis ninguna, que se las inventa todas.



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Aquí va un post de esos de expresar mi individualidad, mi sensibilidad y mi talento a través del trabajo de otros.

:regulero: :regulero: :regulero:

El caso es que hay un artista japonés que se hace llamar “Tokyo Genso” (Tokyo Fantasy) que le dio por dibujar lugares famosos de Tokyo pero en plan post-apocalipsis como en el after the war del Amstrad CPC. Sale ahí Tokyo todo abandonao en ruinas ya cubierto por la vegetación que da cosica.

Pasemos pues a mi originalidad y espontaneidad expresada en un minuto a través del trabajo de días de otros:

¡Ala pues, pasen vuesas mercedes un bonito fin de semana que a mi ya me han visto el pelo hasta el martes!
:gambi: :gustico: :gambi:

Fuente: Tokyo Genso Deviantart
Tiempo: el ratico de darle al “Save as” de sus imágenes y subirlas a mi Picasa, pero expresar mi originalidad compensa con creces!