El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Vivo solo desde hace casi cuatro años en el segundo piso de una casa de dos. No es el típico bloque de apartamentos, sino una casa en la que sólo hay cuatro viviendas siendo la mía la más grande de todas, lo que es decir bien poco dado que sólo pasa un par de metros cuadrados de los veinte.

La puerta de la calle da a la cocina donde una puerta corredera descubre la habitación en la que como, duermo, veo la televisión y trabajaba hasta hace apenas unas semanas. Luego también hay un baño, claro, de esos prefabricados de plástico con desagüe en el suelo, con su bañera que uso prácticamente cada día de este alter ego mío que es el invierno.

No es mía, la casa digo, así que no me molesto en tener la alfombra más cara o el mejor sofá que quepa, es más todo lo contrario: mientras sirva su función, me da bastante igual que la mesa donde como haya costado 2000 yenes porque cuando se rompa, compraré otra del mismo precio y de mientras no me preocupo si se raya o dejan marcas los vasos.

Una cosa no quita la otra, y como tengo pánico a las cucarachas que tanto abundan por aquí en cuanto se va el invierno, limpio la casa a fondo prácticamente todos los fines de semana. Tampoco es mucho decir, en pasar la aspiradora no se tardan más de diez minutos ni aposta. De la misma manera, me he rodeado de utensilios que me hacen la vida más fácil como la lavadora-secadora o el cocedero de arroz, el objetivo es tener más tiempo para lo que de verdad me importa minimizando el necesario para, digamos, vivir con dignidad. Podría resumirlo en que nada de lo que tengo, materialmente hablando, me importa de más.

Tengo dos espejos de cuerpo entero y nada en medio de la habitación, esto es porque muchas veces me dedico a dar patadas de Karate o intentar piruetas de Capoeira delante de él y me encanta tener espacio para ello. También tengo muchos libros de Karate desperdigados por el suelo, una pelota de esas de hacer abdominales, pesas, lastres, un pulsómetro y playeras para correr y me niego a comprar sofá, mesas o sillas porque la mayor parte del tiempo que paso delante de la televisión lo hago tirado en el suelo haciendo estiramientos.

En la nevera siempre hay fruta, verdura, tofu y huevos y todas las mañanas saco pechugas de pollo o piezas de salmón del congelador para cenar por la noche. Normalmente la regla es no beber alcohol ni comer nada malo entre semana, regla que se olvida los fines de semana donde todo está permitido. No soy un monje y de vez en cuando cae un McDonalds o me pongo ciego a chocolate un martes, aunque no es lo habitual. Y nunca, nunca, diré que no a una cerveza con amigos, sea jueves o fiesta nacional.

No es raro que desayune un cuenco de arroz, lo raro es que sean tostadas. Sólo bebo un café al día que es el de nada más levantarme, sin leche, porque no me gusta su sabor, y desde hace un año, sin azúcar, digo yo que la edad hace que me gusten más los sabores amargos. Al llegar la noche podré haberme bebido perfectamente diez tazas de té verde. En la oficina siempre hay agua hirviendo disponible en una máquina y me levanto de media dos veces cada hora a la cocina a hacerme uno.

Desde que me compré la moto, me he olvidado de trenes y de la hora y pico que tardaba antes, ahora en veinte minutos estoy en la oficina. El dueño me deja aparcarla en el mismo edificio por 2000 yenes al mes, y si le sumamos a la cuenta que llenarla una vez por semana cuesta unos 800 yenes, podemos decir que la cosa ha salido redonda. La moto es bastante cutre y últimamente no marca la velocidad, pero aplicamos la ley de la mesa de 2000 yenes de casa.

Evito a la gente que no me aporta nada, que me cansa, que siempre ve el lado negativo de todo, que se está siempre quejando. No aguanto a los que creen saber de todo, a los que no escuchan, a los vagos que no hacen nada, a los que centran su vida en compararla con las de los demás, no soporto a los que se dedican a criticar todo y a todos sin prácticamente saber nada ni conocer a nadie. Me caen mal los que sólo son capaces de ver los errores de otros sin reconocer ni uno de sus logros, sea la proporción cual sea.

Desde que vivo en Tokyo no me gusta hablar por teléfono, me da pereza, quizá verguenza, me siento mucho más cómodo comunicándome con mensajes o por email, esto hace que tenga el teléfono lleno de llamadas perdidas que supongo que provocarán malentendidos entre mis amigos, no es mi intención, pero no lo puedo evitar.

Un día me planteé reírme de todo lo que es reíble, y descubrí que lo es la gran mayoría de lo que compone mis días, empezando por mi mismo. Duró poco, lo de reírme queriendo, y ahora ya me río de verdad y creo que eso ha hecho que sea un poco más feliz adrede. Como todo el mundo, tengo preocupaciones y he tenido problemas serios, pero he sabido reírme de ellos aún tomando las medidas adecuadas en cada momento. No ser serio no significa no ser responsable.

Muchas veces me olvido de que soy extranjero porque la mayor parte de lo que hago es rodeado de japoneses. No me gusta hacer cosas de extranjeros ni ir donde van ellos, tampoco me gusta que hagan distinciones por serlo, aunque es inevitable dado el envoltorio.

Me gusta decir lo bueno de lo que siento sobre otras personas, lo malo me lo callo y muchas veces desearía no hacerlo, evito todos los enfrentamientos que puedo, quizás soy un cobarde, o puede que simplemente me den igual.

Lloro más que antes, mucho, demasiado, a veces creo que no es normal aunque la mayoría de las veces no es de pena, me emociono muy fácilmente.

Envidio a algunas parejas, matrimonios de amigos muy cercanos, me gusta la relación que tienen, cómo se tratan delante de mí, la amistad que destilan entre ellos y con los demás, como si se multiplicase una con otra.

A mis 34 años veo bien, no necesito gafas, tampco me duele nada, no tengo ningún dolor que se repita como el típico de la espalda o las rodillas o del estilo. Lo curioso es que unos años antes si los tenía, supongo que mantenerme activo físicamente me los ha quitado.

Aunque no me preocupan demasiado, tengo entradas que trato de tapar dejándome el pelo largo, y tengo más pelo en el cuerpo del que me gustaría. Hace unos años odiaba ser bajo, ahora me gusta, me siento más ágil y rápido.

Alguien me preguntó hace poco sobre mi vida aquí y esto me ha salido, poco más se me ocurre. Poco más hay que añadir, excepto una reflexión de última hora, y es que sé que Tokyo me ha cambiado mucho, pero también sé que de volver a Bilbao no creo que mi vida cambiase casi nada.

Jodé, nos ha costao la vida… aquí ahora me pongo yo a poner que si el año pasao no se qué, que si paquí, que si pallá… ¡ná!, pa que ponerme con excusas baratas si el asunto es que ya tenemos el diseño nuevo enchufao en una cami!!!

Origami según San Iku Bailón

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Origami es el arte de plegar papel y componer figuricas, ‘Papiroplexia’ que dirían en Cuenca.

La grulla, de papel, con sus grullitas, de papel… tormenta por venir… señal de advertencia…

¡¡ Esperemos que pase de largo !!

En japonés pone Origami, ¡tal cual!

Pues eso, año nuevo, cami nueva. Ojo a la pinta:

¿Como? ¿que queréis una?

Jodé y yo también, no te digo, que la he pintao yo y todavía no tengo! Suerte tenéis que vivís más cerca y Bea os la manda en lo que la pedís por la web

¿Ein? ¿que queréis regalar a alguien para reyes?

Copón, me leéis el pensamiento, miedico me dáis!. Pues suerte seguís teniendo porque si pedís dos camisetas, entendiendo que una es para vosotros y otra para vuestra persona amada, querida y venerada, además os metemos en el pack una típica señal japonesa que decorará vuestro hogar con originalidad sin par. Con que pongáis a la hora de hacer cualquiera de los dos pedidos la que os gusta, ahí os la metemos y ya nos encargamos nosotros de que vaya todo en el mismo paquete:

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Esto del regalico vale para cualquier combinación de camis, no hace falta que sea la nueva mientras sean dos, pero eso si, si es pa reyes daros vida que estamos a día cuatro ya y los carteros en España no tienen fama de correcaminos precisamenて!!!

Origami chico
Origami chica
:gustico:

Ah! si vives en Tokyo, o cerca, y te ape tener alguna, cuéntamelo porque Bea está a punto de mandarme la mía y aprovechamos el viaje para meter las vuestras. Después ya os las hago yo llegar como sea, si puede ser en un izakaya con birus de por medio, mejor que mejor.

Ala pues!

Desde que tenía algo así como quince o dieciséis años empecé a hacer Karate, más por ver como era aquello que por tener ningún interés por las artes marciales o Japón. Después la cosa fue por sí sola a más; de no enterarme de la misa a la media, fui poco a poco aprendiéndome la copla y le pillé el truco al asunto de pegarse disfrazado. No es que fuese de los mejores de la clase, ni falta que hacía, pero me gustaba poder ir al menos tres veces por semana a darle patadas al aire con los amigos.

Millones de risas y recuerdos, como las competiciones entre nosotros en el frontón del pueblo, aunque con lo que mejor me lo pasaba yo era preparando exhibiciones con Dani… más que solamente técnicas de Karate, simulábamos peleas revolcándonos por el suelo y rara vez nos volvíamos a casa sin moratones. Bendita juventud, que me siga durando hasta los 80, por Dios.

Las páginas naranjas del suplemento del correo me llevaron a Japón y pude intuir cómo se leía la historia por estos barrios. Me gustó, diría que impresionó, la seriedad con la que se llevaban las clases, me extrañó que se descansara tanto entre técnica y técnica y la ausencia total de combates en los entrenamientos. De repente me vi haciendo katas que sólo había visto en PDFs que conseguíamos Dani y yo por el internet del modem de conectarse después de las seis, y dejé de tirarme la mitad de las clases haciendo flexiones y abdominales lo poco que duró aquello.

Escasos cinco meses, si llegó.

Volví a Zalla y aterricé en el dojo de Santoña donde la cosa cambió completamente, en muchos aspectos para bien: había mucho contacto, había que tener respeto por el que se te ponía delante porque sabías que de no cubrirte, era bastante probable que te fueses a casa con la cara de otra manera porque resulta que aunque entre amigos, las hostias siguen doliendo igual. Clases distintas, sin duda, que echo de menos muchas, quizás demasiadas veces. Más físicas, quizás más reales y efectivas.

Pasé después a vivir en Bilbao y de nuevo me mudé con el pijama y el karategi de equipaje, tenía claro que había que seguir con aquello. Y lo intenté, de verdad que lo hice, pero no acabé de cuadrar en aquel lugar donde el entrenamiento estaba completamente enfocado a que dos o tres compañeros ganasen campeonatos y el resto hacíamos poco más que servir de sparrings. No me importan demasiado las metas de los profesores o del resto siempre y cuando yo siga aprendiendo y llevándome algo con cada clase, pero no fue el caso y acabé dejándolo por un gimnasio de fitness donde las patadas que dábamos eran en chandal al ritmo de Beyoncé.

Divertido, pero triste. Mucho de cada aunque lo segundo dolía al hacer balance, sobretodo en los días de resaca.

Durante dos o tres años me olvidé de katas, técnicas, combates y sudores de interior. El karategi pasó a formar parte de mi vida anterior, los cinturones se perdieron en algún trastero entre Zalla y Bilbao, al lado de los tebeos de Mortadelo y las cintas de música TDK de 90.

Luego fue la vida y mira por donde que quiso no quererme, así que me tuve que alquilar otra en otro lugar. Poco tiene el azar que ver con que fuese Tokyo aunque hubo mucho de suerte en que pudiese mudarme aquí. Hubo mucho que solucionar antes de que pudiese volver a pisar un dojo de nuevo y pasaron algunos meses que me hicieron pensar en que poco sentido tendría presentarme en la casa de la figura viva más representativa del arte de la mano vacía, con mi cinturón que era negro sólo por fuera pero repleto de recuerdos olvidados por dentro.

Empecé de nuevo, casi a la vez que a probarme la nueva vida que me había comprado unos meses atrás, y me vi rodeado de japoneses en el dojo de Kugahara con un pantalón de chandal gris y una camiseta de manga corta tratando de destacar menos del 90%.

A fuerza de hostias, desengaños, sudores y mi orgullo por bandera, decidí examinarme y me dieron el cinturón marrón aunque no tuviese ningún carnet detrás. Mi karate eran las patadas mil veces repetidas con Jose con una mano en la barra, los katas aprendidos de Dani que siempre nos llevaba dos por delante al resto, los combates con Carlos a punto de atravesar el cristal de la puerta de la entrada con la espalda… toda una mezcla de estilos y maneras de entender, o liar, lo mismo. Y puliendo más las entendederas que los músculos, conseguí el cinturón negro. Lo celebré en la soledad de mi habitación desahogándome con lágrimas de rabia y alivio, dos a una hasta mil. Ya me iba tocando a mi ser el que mirase por encima del hombro a las horas.

Hoy con una vida asentada y las cosas más cerca de por donde creo que deberían andar, siento, digo… grito que me siento orgulloso de haber conseguido el segundo dan. De haberlo hecho el día de Navidad, vestido con el karategi que me regalaron los AMIGOS que me acompañan en esta etapa de mi vida.

De que haya sido Suzuki Sensei el que me hiciese seguir órdenes, bajo la atenta mirada de Hirokazu Kanazawa, haciendo lo que venía preparando desde antes de verano, desde muchos veranos antes en realidad: movimientos que el cuerpo recuerda más que la mente de tanto desgastar músculos, gritos de perseverancia y tesón, saltos de querer volar, reverencias de gratitud sin límite, de osada y desafiante humildad.

Al saber el resultado, una niña lloró dando las gracias entre sollozos, otro bajó la cabeza y lo hizo de rabia, hubo uno que no pudo evitar un grito de alegría apenas ahogado entre nuestros aplausos.

Yo callé, y no fue hasta que Kanazawa Kancho me felicitó con un apretón de manos que empecé a creer que me había empezado a ganar estar allí.

El año que más mentira me parece que sea Navidad, quizás porque no se parece en nada a ninguna de las anteriores. Para bien y para mal.

Para bien porque no estoy solo, creo que casi no lo he estado desde que llegué aún sintiéndome así muchas veces porque poco tardaron en adoptarme. Y últimamente no me siento así casi nunca, a pesar del frío.

Para mal porque mi familia está lejos y sólo conozco a mi sobrina de dos años por pixeles que a veces vienen en colores a enseñarme a quien se parece, y otras en forma de letras que su padre junta para contarme cosas de ella que me suenan a cuento, a fábula que odio no estar viviendo.

Para bien porque aquí la vida no se para, y el día de Navidad tengo el examen de segundo dan de Karate con Hirokazu Kanazawa lo que hará que si apruebo, sea, como poco, el día de Navidad más especial y original de mi vida.

Para mal porque nochebuena no se sentirá como tal, ni yo aquí, ni mi familia allí. Y ya van tres.

Para bien porque tengo la agenda llena de noches a compartir con gente de aquí a año nuevo, todas las noches con personas distintas, todos amigos de los de llamar amigo.

Para mal porque no hay paga extra, ni chocolate con churros, ni turrón de Suchard.

Para bien porque tengo con quien comerme las uvas una a una, mano a mano hasta doce, beso a beso hasta mil.

Para mal porque no podré quitárselas a Javi mientras se las come él y me perderé sus carcajadas.

Para bien porque estoy feliz, porque quiero a los míos más que nunca a pesar de la distancia y ya hay planes para volver a verles, porque me salen los sueños y la mayoría de las veces siento que estoy jugando a vivir meciéndome por los meses, riéndome con cada hora.

Para mal porque tardaré un poco más en conocer a Beñat y me pasaré otro año sin volver a ver tantas caras que querría ver, tantas… que sería de mal gusto nombrar sólo algunas.

Para bien porque yo venía a escribir sólo un párrafo para enseñar un vídeo que grabé sobre un espectáculo de luces y música que tienen aquí montado, y me ha salido todo esto que ya el vídeo da igual.

Para mejor porque no se me ocurren más para males.

Una nueva vida, ya enrutinada pero distinta cada vez, mucha gente nueva a la que pillarle el sonsonete cada día. Encuentros fortuitos, o de los otros, ¿cómo distinguirlos con sólo dos meses?, si apenas me sé ningún nombre más allá de un par de mesas desde la mía.

Primeras frases compartidas con el nuevo que inician la imparable e inevitable cadena de forjar primeras impresiones que le acompañarán a uno hasta mucho tiempo después sin que importe lo acertadas que seguramente no serán.

Uno hace lo que puede por mantener alto el listón. Al fin y al cabo, es todo un arte ostentar el cargo de farolo sin que se le despeine a uno la dignidad.

– Okar
– Jaja, no, no, Oskar, como los de Hollywood
– Orkas
– Oskar, con S después de la O y acabando en R

– ¿Tu mujer es japonesa, verdad?
– ¿Mujer? no no, si yo no estoy casado, ¿tan mayor me ves?
– Pues mujer no tendrás -de repente se pone muy seria-, pero novia tienes que tener seguro. ¿Es americana o española?
– No, es japonesa, pero tengo desde hace cuatro días, no te creas.
Yappari, ya sabía yo. ¿Y porque no te has casado todavía? ¿tienes muchas novias más y no sabes con cual?
– Ehh, pues claro que no, no no, que voy a tener!
– Hai hai

– Osukal
– Casi! sólo que al final es una R. Oskarrr, aunque tampoco importa! RRRR
– RLLLLLL

– Estamos aquí comentando en el equipo… ¿tu eres vasco, no?, vamos que tu no eres Español
– Jodé, ¿hasta aquí va a llegar la gaita?
– Porque Bilbao es España, pero tu no crees que lo sea, ¿no?
– Pues mira, yo nací allí pero mis padres son de Extremadura, el sur de España, así que fíjate tu lo que me importa a mi toda esta historia
– ¿Esto no es como lo de Irlanda?
– Jodé macho, ¿y si nos ponemos con el API de Google Maps?
– Ya sabía yo que tenía razón y tu no eras de España
– Ala pues

– Muzukashii naaaa.
– Ah ya sé, mira, aquí en la tarjeta del banco lo pone en Katakana
– OSUKARU DIASU TOSUKA-NO. O-SU-KA-RU… Osukaru, Osskarr
– Así!! esa última ha sonado muy bien! pero no te preocupes mucho que no importa, eh?
– ¿Pero que es TOSUKA-NO? ¿porqué tienes tres nombres?
– …

– Mesa, silla, cuchara, reloj -en perfecto castellano me dice palabras uno de los compañeros filipinos
– Jodo! ¿pero tu me entiendes cuando hablo?
– No, pero hay muchas palabras que decimos igual, seguro que mi abuelo era pariente de tu abuelo o algo así.
– Vaya historia, que curioso
– Camiseta, Zapatos, Cabrón, Puta
– Jajaja, también te sabes las palabras útiles, ¿eh?
– ¿Cómo se dice tetas? -entiéndase que lo pregunta en inglés
– Pues tetas
– ¿Y tetas grandes?
– Tetas grandes
– “Tetas grandes” “tetas grandes” -y se pira corriendo a contárselo al otro compañero filipino descojonándose por el camino

– Díaz es por parte de mi padre y Toscano por parte de mi madre, en España es así la cosa
– ¿Y para que quieres dos family names?
– No es que los quiera, pero la verdad es que me gustan los dos, es como un poco más de identidad que sólo nombre y apellido, ¿no?, no sé
– ¿Pero Toscano no es italiano? ah vale! tu naciste en Italia y te fuiste a España después.
– …

– Hola buenos dias chingado -me dice el chico alto de Oregon en castellano con acento de México
– Jaja, ¿y eso?, empezamos bien tu y yo
– Hijo de la chingada, cabrón, mi casa tu casa
– No si al final la vamos a tener tu y yo
– Eso es todo lo que sé de español, ahora que estás tu aquí lo mismo me pongo a estudiar otra vez
– Pues ándale

– Tío te vistes que parece que vas a una cena de gala
– Jodo! ¿por llevar camisa?
– Camisa y zapatos, aquí ya sabes que no hace falta ir elegante, ¿no?, que puedes llevar vaqueros
– Si si, ya veo, pero la verdad es que tengo ropa “de oficina” que prefiero ponerme entre semana porque de la otra no tengo tanta, y ahora en invierno con camisa se está mejor
– Ah, ya veo, ya -y se marcha a su sitio. Cada día al entrar me hace un análisis de arriba a abajo y no digo yo que no tenga un RopaOskar.xls creado en su ordenador.

– ¿Qué tal tu primer mes en la ofi? ¿te vas acostumbrando?
– Es muy raro todo, desde levantarme por la mañana pronto, coger el tren lleno de gente… pero me estoy acostumbrando muy rápido
– Ah que tu trabajabas desde casa antes, es verdad, para la empresa de Irlanda, ¿no?
– Jodo, ¿y tu como sabes eso?
– Err, bueno, yo, es que, me tengo que ir que he medio quedao -y así me di cuenta que mi curriculum lo había leído hasta el conserje

– Mi madre y el padre de mi madre tenían el apellido Toscano, y por eso lo tengo yo, pero que se sepa no somos de Italia, aunque vete a saber.
– ¿Pero con tanto nombre, cómo te tenemos que llamar entonces?
– Lo normal siempre es llamar a la persona por el nombre propio, vamos, Oskar
– Okar
– Eso! Okar!

Parto de la base de que seguramente no me creerá nadie, pero hace unos cuantos domingos vi a Obama, el de verdad, el de las Américas, el del hai dekiru.

El caso es que nos fuimos a Kamakura porque se nos había antojado ir al Hasedera, y cuando llegamos a la estación de Hase había montado allí un cristo que el Daibutsu tiritaba. Estaba todo lleno de policías, que no te dejaban pasar prácticamente por ningún lado, yo no he visto tanto policía junto en mi vida, que además no daban abasto con lo del APEC ese que hubo en Yokohama y habían venido grupos desde Kyoto y toda la pesca.

Tenían Kamakura sitiado, partido en dos, la parte de los templos y el Daibutsu por un lado y el resto por el otro. Llamaré Kama a la primera parte y Kura a la segunda siguiendo mi reconocido instinto gramáticodivisor. Total, que en Kura pa ver no hay nada, las cuatro casas donde estaban los vecinos acojonados por ver a tanta gente junta por los alrededores y un restaurante de curry petado hasta las trancas. Haciéndose la Kama estaba Obama (poroporoporoporo-chanchán!, redoble de tambores!!, festival del humor!!, llevaba preparándola todo el párrafo!!, tintirutin chim-pón!).

Como aquello no se movía, nos piramos pa la playa para darnos por lo menos un paseíco viendo la mar salada, pero mira tu que nos la tenían cerrada también!!! No we can’t!!

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Ya decidimos quedarnos para ver si le veíamos, y cuando estaba llegando grabé este vídeo donde NO se le ve, pero casi. Yo si le vi, lo juro, pasó en el segundo cochazo negro ese y estaba mirando a la gente sonriendo, no saludaba ni ná. No perdáis tímpano a la voz de gilipollas que me sale cuando le veo, es gratis:

Después el tío se piró y vimos por la tele al Daibutsu y a él mano a mano, anda que no. Ahora que por lo menos no nos chustó el domingo del todo porque nos cascamos una comilona chata…

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OJO! REGULERO PART ALERT!!
:regulero:

Ahí va un vídeo que ha hecho otro metiendo mil horas y yo enchufo en 2 segundos. Es la crónica de la visita, tiene huevos que se zampó un helado de té verde (matchá en japonés) y ahora le han cambiado el nombre y lo venden como Obamachá!

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Me gusta ver que hacen otros que están en situaciones parecidas a mí, curiosear a que se dedican cuando no están currelando… lo que les gusta o deja de gustar, los sitios a donde van… Así saco mis conclusiones, por ejemplo podría decir que la mayoría de los que estamos aquí somos aficionados a la fotografía y más o menos todos tenemos una cámara que no es de las chiquiticas y nos gusta salir por ahí a sacarle los colores saturados a los Tokyos. Cuando digo los que estamos aquí no me refiero a todos los extranjeros del mundo, sino a los que me pillan cerca: amigos y conocidos, del resto ni idea.

El caso es que me ha dado por pensar que resulta curioso que estando donde estamos, sólo un ínfimo porcentaje de los que me rodean se interesan o hacen algo relacionado con la cultura de este país más allá de conocer todos los bares que se pueda (noble y nunca bien ponderado arte, por cierto). Quitando a los tres o cuatro extranjeros que van conmigo a Karate, está David que practica Taiko y toca la flauta Shinobue más bien que bien hasta donde yo he podido escuchar, después estaba el americano de mi anterior empresa que hacía Judo en el famoso Kodokan de Tokyo y Jorge con el que me juntaba yo para ir al Yosakoi. Hasta donde puedo recordar ahora mismo, no hay más que rascar.

Esto no es bueno ni malo, que allá cuidaos cada uno con su vida, ojo no nos equivoquemos que a mí me da igual lo que haga cada uno o deje de hacer. Es más, seguramente si nos ponemos en el caso contrario, no creo yo que todos los japoneses que fuesen a Bilbao se pusiesen a aprender el aurresku, esto va más dentro de los intereses, aficiones o ganas que tenga cada uno de hacer cosas nuevas (aunque mi profesora japonesa iba al Euskaltegi a aprender Euskera con dos tamagos).

Total, que me enrollo, hay que ver lo chapas que me vuelvo con los años… a lo que voy es que es cierto que cuesta acceder de alguna manera a estos mundos, que hay barreras que superar empezando por el idioma y acabando por la vergüenza o miedo que le dé a cada uno ponerse a hacer algo nuevo codo propio con codo ajeno. Así que me alegré muchísimo cuando Guille dijo que se había apuntado a Kendo, de alguna manera sabía que iba a tener oportunidades para ver un poco más en profundidad cómo se practica en Tokyo una de las actividades japonesas más tradicionales.

Y aunque siempre iba dejando lo de ir a verle, que mejor que su examen de cinturón negro para aprovechar y tratar siquiera de intuir de que va eso de las armaduras y las espadas de bambú.

Veo normas de cortesía, saludos, rituales antes, durante y después de cada combate. Mucho y nada que ver con Karate. Escucho gritos, algunos fingidos y otros tan de verdad que parecen multiplicar la dureza de la espada de madera empequeñeciendo al adversario, a los jueces, al mundo.

Me veo dentro de una película con Guillermo de protagonista, único extranjero, aire humilde pero valiente, nervioso a ratos, semblante amable desde el minuto uno en que le conocí, el día que le vea enfadado temblaré porque se acabará el mundo o se caerá la luna.

Por el número adivinamos que le toca salir, pero no sabemos muy bien quien es… Nerea mira los pies porque dice que se los conoce y cuando le identifica a ese es al que seguimos. Yo no las tengo todas conmigo, pero en cuanto suelta su primer grito, se me quitan las dudas. Que fácil parece y todo lo que habrá tenido que sufrir para estar donde está, rodeado de los que está, siendo quien es.

Con dos cojones, y hay tristes que dirán que es suerte.

Acaban los dos combates y yo no sé si habrá aprobado o no, pero me ha encantado. Le he visto ágil, fuerte, asentado… parecía saber lo que se hacía y aunque se ha llevado más de un golpe, también ha repartido lo suyo. No le haremos enfadar cuando lleve paraguas.

Viene un rato, poco, nos dice que lo ha hecho bien, que está contento, que esa parte la ha pasado, pero que le quedan katas. En mi mente de karateka visualizo a alguien en el medio atrayendo todas las miradas hacia una serie de movimientos aprendidos y repetidos, supongo que con una espada. Pero no, los katas de Kendo son por parejas, uno ataca, el otro defiende y contraataca, como lo nuestro de kumite, quizás puntuando lo mismo: técnica, sensación final…

Vuelve a salir y casi no me da tiempo a grabarle, la cámara hace rato que dice que no puede más pero consigo exprimirle un par de minutos a la batería. Esta vez tengo claro quien es, porque sin nada cubriéndole la cabeza anda que no destaca.

Ha aprobado, eso nos parecía a todos, pero está bien saberlo oficialmente porque ninguno de los que estábamos allí entendíamos mucho. Toca celebrarlo y ver las fotos y los vídeos con calma, y felicitarle muchas veces para que siga motivado, no lo deje nunca y me siga invitando a verle. Las cervezas aparecerán solas en la mesa, como siempre pasa con este hombre.

¡Enhorabuena de nuevo, campeón!

Viernes viernero,
a ver si recupero,
la gran tradición
de echar a traición
un post regulero

:regulero: :regulero: :regulero: :regulero:

Ya iba tocando un post de esos de cortapegar, que es menester hacerlo hasta que no queden ces ni uves visibles en el teclado y quedar como un señor, que no todo va a ser pensar y esforzarse, hombre. Total, que llevo unos cuantos días leyendo gilipolleces supinas sobre que me molesta esto, que me molesta lo otro, que si dicen que todos los japoneses tal, que todos los españoles cual, que si los latinos esto… ¡venga ya, copón!, a veces me da la impresión de que tenemos cuatro años todos, ¿todavía no estáis por encima de tanta payasada?, ¿no tenéis una vida que vivir así como pa vosotros sin preocuparos por las payasadas ajenas?.

Pos se ve que no, hay que ver. Resulta que llevan vendiendo no se cuantos años una tontada de disfraz que me tiene ofendidos a un huevo de extranjeros. Es un kit que se llama “Hello Gaijin-san” donde te venden una nariz grande postiza y unos ojos azules, en plan estereotipo del bárbaro blanco de allende los mares. A mi me parece simpático, coño, somos distintos, tenemos la tocha más grande y los asiáticos no tienen los ojos claros ninguno, esto es así, ¿porqué no hacer un disfraz?, yo si en Halloween hubiese visto alguno me habría descojonado vivo!

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Pues no, como somos medio tontos y no somos capaces más que de ser unos vinagres, pues vamos y nos mosqueamos protestando por semejante producto racista. Así va el mundo, que hasta han puesto un teléfono y un enlace al formulario de contacto de la compañía que lo fabrica para quejarse y que dejen de hacerlo. Madre del amor hermoso.

Ala, buen fin de semana, yo me iré a ver al Guille el domingo dar palos!

:gambi: :ojetepalinvierno: :gambi:

Mucho ha pasado desde aquella semana en que se lío pardísima en mi empresa anterior, no me había vuelto a acordar hasta hace un rato que revisando fotos para el ikulibro me he encontrado con las de la tarjeta de visita que dejó uno de los policías en mi mesa.

Que iba a haber lío se veía venir desde que llegó el irlandés, un tipo lleno de complejos acentuados por su propio ego que trataba de ocultar con palabrería vacía. Incomprensiblemente, me lo hicieron jefe del departamento de diseño, lo que tampoco era decir mucho en una empresa tan pequeña. El tío era un borde, con todo el mundo, no era capaz de tener una palabra amable con nadie, su manera de conversar era hablando más alto que el otro en vez de dejar que acabase y no digo yo que no tuviese talento para el diseño, pero yo la verdad es que no se lo acabé de ver.

Por aquél entonces yo cometí uno de los errores más gordos desde que llegué aquí, y es que me eché novia dentro de la empresa. Ella hablaba inglés veinte veces mejor que yo, tenía muchísimo genio y aunque a veces era algo bonito trabajar juntos, lo cierto es que acabamos por no saber distinguir los compañeros de trabajo de dentro de la pareja de novios que éramos fuera. Total, que tampoco viene al caso, porque el caso es la que se lió. Ella fue la primera, mi novia, la primera que se cansó de aguantar a un tarado que parecía estar enfadado siempre y le contestó, le contestó muy mal, le montó un circo que no digo yo que estuviese justificado siendo él su jefe, pero que tenía que acabar montándose de alguna manera. Y la echaron, directamente, sin darle tiempo a disculparse, al día siguiente le dijeron que no volviese.

Ella las pasó putas, esto lo sé yo mejor que nadie porque me tocó muy de cerca, pero bueno, en la empresa pronto le encontraron sustituta, una chica recién salida de la universidad que parecía no enterarse de la misa a la media y que ponía todo su empeño en sacar las cosas adelante.

El otro estaba más calmado, como si el sacrificio de la anterior hubiese aplacado su ira al estilo de los Dioses… poco duró el asunto, día si día no le acabó por hacer la vida imposible a la otra pobre que más de una vez salió a la calle con la lágrima asomando. Así hasta que la vimos un día sacando fotos de la oficina: a su ordenador, al del jefe, a los papeles del presidente… hasta que alguien le preguntó qué andaba haciendo y entonces ella se fue para no volver, así tal cual.

Los que si que volvieron fueron tres sindicalistas que parecían más yakuzas que otra cosa. Entraron en la oficina por las malas exigiendo hablar con el presidente, le llevaron unos papeles por los que decían a gritos que debían darle una indemnización a la chica por maltrato en el trabajo, que hasta que no los firmase de allí no se iban. Y no se iban, no… se dedicaron a pasar por las mesas de cada uno de nosotros en plan provocando, sin llegar a tocarnos ni tocar nada, pero riéndose y hablando entre ellos con un tono despectivo que acojonaba. Yo pensaba que como me tocasen, soltaba una hostia y salía corriendo, por mucha razón que creo que tuviese la chiquita… la cosa estaba muy tensa.

Hasta que llegó el presidente y la tuvieron gorda, gordísima que casi se pegan. A grito limpio en japonés se llamaron de todo, se empujaron, llegaron a las manos y a los pies, pero de allí no se iban. Entonces llamaron a la policía, y llegaron cuatro, dos detectives con traje y dos policías de uniforme y se dedicaron a hacer preguntas a todo Cristo mientras echaban a los semimafiosos. Sacaron fotos de todo y de todos, nos interrogaron uno por uno y a mi me tocó contar en japonés todo lo que supiese sobre la situación, lo cierto es que me explicotee como pude, que seguramente fue poco y mal. A partir del día siguiente por miedo a que volviesen, la puerta de la empresa estaba cerrada y sólo los que teníamos llave podíamos entrar.

Al de unos días llegó una citación judicial y por lo que sé, la empresa tuvo que pagar finalmente indemnización por la forma en que hicieron las cosas con esta pobre mujer, que demostró tener unos huevos como Daibutsus. Yo tuve movida gorda porque comentando la jugada por el messenger con otra compañera de trabajo, resulta que estaban monitorizando todas las conversaciones y el susodicho irlandés llegó a leer poco más o menos que le llamé hijo de la gran puta, merecidamente por cierto. El presidente me “sugirió” que le pidiese perdón, pero yo no lo hice nunca porque me tomé que me espiasen como una ofensa personal. Al de un mes dejé la empresa, al de tres meses cerraron y entonces yo seguí trabajando en el proyecto desde casa, el resto más o menos ya lo sabéis. Ahora estoy felizmente empleado en otro sitio que parece normal, hasta el momento, tocaremos tofu por si acaso.

Hay que ver. Ya es la segunda oficina en la que estoy que pasan movidas gordas, una en Bilbao y otra en Tokyo. ¿Seré yo? madre mía… de momento el messenger no me lo he instalao, no vaya a ser que nos soltemos…

:ojetepalinvierno:

En Ibaraki, a hora y pico de Tokyo, está la ciudad de Hitachi donde desde que se descubrió cobre allá por el año 1600, no se han parado de crear fábricas e industria alrededor del metal. A mi me sonaba el asunto por la empresa de mismo nombre, y es que se fundó en esa ciudad y parece ser que después del gran terremoto de la región de Kanto de 1923, fue de las pocas que quedaron en condiciones así que la ciudad prosperó muchísimo. Luego ya vinieron los americanos que sabían que era un punto importante, y se dedicaron a tirarles bombas durante la segunda guerra mundial, pero bueno eso es otro tema.

Pues en el mismo sitio donde después de la guerra los americanos se quedaron una campa para seguir practicando bombardeos, ahora tenemos un parque enorme que queda al lado del mar. Cuando digo enorme, es enorme, tanto que hay un tren-autobus que te va llevando por los distintos lugares porque no hay tutía de recorrérselo andando. Nosotros fuimos porque nos llamó mucho la atención unas fotos de una especie de colina con unos arbustos rojos que parecían de otro planeta, y para allá que tiramos aprovechando un domingo.

Lo primero que vimos fue un parque de rosas, muchos tipos de rosas distintos, la mayoría gabachas, que por lo visto son famosas, no si los gabachos al final van a tener de todo, sólo les falta nacer desencabronaos:

Yo sacando fotos a las flores y a un perro, Dios santo, en qué demonios me he convertido, que alguien venga a darme bofetones ya!!!! en el nombre del padre! en el nombre del padre! sal de mi cuerpo!!

En fin, después había un pequeño parque de atracciones para la chavalería, y menos chavalería también que yo estaba deseando montarme en todo!

Y ya después, por fin, llegamos a la colina marciana, la pequeña montaña llena de gizmos agachaos que te deja con miedo mirando al cielo no vaya a ser que llueva y se líe parda:

La cosa pilla lejos, como hora y media desde Tokyo entre tren y autobús, pero a nosotros nos mereció mucho la pena. Yo en mi vida había visto unos arbustos de este color puestos así, de verdad que parecían animales con pelo ahí recostados. Nosotros llegamos un poco tarde, parece ser que un par de semanas antes estaban todavía más rojos. En cualquier caso, salimos muy muy impresionados de allí, era como estar en otro planeta!

:ojetepalinvierno: