El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Unos diez meses ya aquí, en la empresa actual. Lo cierto es que de haber empezado en este garito cuando llegué a Tokyo las cosas habrían sido bien distintas, pero eso es otro cantar y pa que va a andar uno con conjeturas a estas alturas.

He ganado mucho en estabilidad aunque también hay cosas malas: todavía me escuece eso de no poder ir a Karate tres veces a la semana como antes… ¡seguiremos revolviendo el asunto!

Total, casi un año delante del mismo ordenador rascando teclas. Sin tirarme el moco, he de decir que se me da bien, no me cuesta aprender cosas nuevas y prácticamente me meto en cualquier pisto sin demasiado problema. A pesar de todo, sigo pensando que no es el trabajo que quiero estar haciendo de aquí a 10 años.

Pero no me quejo porque he dado con una empresa que me gusta, donde se hacen las cosas con cabeza, no se cobra mal y lo que es años luz más importante: la gente es buena gente (quitando al tontainas del canadiense que es para ponerle de comer en un abrevadero aparte).

Está claro que nos ha unido bastante vivir cienmil terremotos, un tsunami y todo el estrés derivado de Fukushima, los sievereres, las vasijas y la madre que lo parió a todo. Siempre hemos sabido mantener la calma y ayudarnos los unos a los otros como una pequeña falsa familia que suple a la de verdad que está lejos en la mayoría de los casos. La empresa puso mucho de su parte con las reuniones diarias y el comité “de desastres” que se encargaba de filtrar y contrastar noticias antes de darnos una visión en condiciones de lo que estaba pasando.

IMG_3439.JPG

Últimamente ha habido cambios en los equipos y nos han quitado al tontoalastresycuarto parlapuñaos calandracas. Menudo cambio… ya no se le escucha a él solo en las reuniones semanales, ahora todos contamos un poco lo que estamos haciendo e incluso planeamos cenas entre nosotros al margen del resto de la empresa. Cenas como la del viernes, donde fuimos a un restaurante “deep chinese” de Ikebukuro a comer gusanos.

La noche transcurrió entre risas y cervezas, hasta que todos estábamos ya de una manera, digamos, diferente a como entramos. Allí estábamos descojonándonos de no me acuerdo que cuando de repente se hace el silencio y se me quedan todos mirando fijamente. Después de un par de codazos, empieza a hablar la chica del grupo:

– Estoo, Oskar, que llevamos tiempo queriendo pedirte algo…
– Otia, lo que sea, a ver, a ver
– Que es quee….
¡¡¡ Que nos enseñes el pecho !!!
-grita mi jefe

Yo me quedo picueter pensando en si habré entendido justo lo que me ha dicho… esto cuadraría más que se lo pidiesen a ella, ¿no?.

– ¿Que os enseñe el qué lo qué de qué?
– Que es que siempre andamos comentando la pelambrera esa que te asoma cuando llevas camisa y estamos flipaos, que eso hay que verlo

Les miro uno a uno: es cierto que soy el único blancuzco del equipo, el resto son filipinos, japoneses y chinos… les miro los brazos y allí no hay donde ponerse a la sombra, pero coño, ¿tanto doy yo el cante?.

– Que no hombre!!!! muchas cervezas más harían falta para eso!!!!
– Porfa porfa porfa porfa porfa
– Que no, copón!!!

Me voy al baño y al volver como el que no quiere la cosa empiezan otra conversación:

– Pues estábamos pensando en ir a un hanabi, Oskar, ¿te apuntas?
– Si si, claro, por supuesto!
– Pero hay que ir con yukata, ¿tienes yukata?, si no tienes te dejamos uno
– ¡¡¡QUE NO OS VOY A ENSEÑAR LA PECHERACA!!!!!
– jajajajajajaja, ¡¡¡¡soso!!!!

Un gran amigo decía que probablemente eran lo mejor de sus viajes; los aeropuertos. Yo compartí uno con él no hace mucho porque tuvo el detalle de estar hasta el último momento con nosotros en lo que fue un día que recordaré siempre. Mientras embarcábamos, él se debió quedar por allí cazando instantes que le recordasen ratos pasados de esos que pican en la médula y pensó que quizás eran lo mejor de sus viajes.

Yo los odio. Odio los aeropuertos porque siento que me perdonan la vida en cada rincón. Odio que midan lo que pesan las ilusiones que elegí para cada uno de los míos y me miren mal si me paso un kilo o dos mientras en la primera curva de la cinta mecánica, la maleta se estrella con gran estruendo y mayor desprecio.

Me hierve la sangre cuando un policía me mete en una sala y abre mis pertenencias examinando cámaras de fotos llenas de lo que recordaré de los míos, mi ordenador con mis mentiras que sólo deberían ser mías, mi teléfono móvil derramado ya de llamadas perdidas y dos o tres encontradas… Aborrezco que me lo devuelva todo en mano sin tener la humanidad de siquiera disculparse con la mirada esperando que me vaya cuanto antes porque ahora molesto mientras lo vuelvo a meter todo en la bolsa y me agacho a recoger mi dignidad de debajo de su suela.

No soporto la idea de visados, de fronteras, de categorizar y clasificar seres humanos por cualquiera que sea el criterio. Odio que un documento con sellos sea más importante que la persona que lo porta, que me resuman en un número, en una referencia. Que me separen de ti allá donde vaya porque nacimos en sitios distintos y somos de segunda uno u otro según a donde lleguemos juntos.

Odio los aeropuertos.

Probablemente lo mejor de los aeropuertos sea salir de ellos, por tierra o por aire, pero lo más rápido que me dejen para volver a sentirme persona de nuevo cuanto antes.

Ahí vamos con las que tenía acumuladas y las que ya han empezado a llegar.

Oye!, oye!, ¿hacemos una cosa?, les voy poniendo títulos y luego cuando se cierre el plazo, votamos entre todos la mejor, decid que si, decid que si!!

:gustico:

¡¡ gustico sideral !!
:ungusto:
¡¡ más más !!

¿Habráse visto que estamos a miércoles y no he dicho ni mú todavía de la competición?,

:otiaya:

ごめぇ~ん buff, pero es que tengo el brazo que no puedo ni rascateclear… resulta que el domingo me tocó un rascayú que daba hostias como melonpanes, no me acertó ninguna pero al pararlas acabé con el brazo derecho para Hokkaido. Roto no está, pero tengo unos moretones que Dios tirita.

IMG_3358.JPG

Esta vez no vino nadie a quien dejarle la cámara así que no está grabado, pero os cuento que me eliminó el manatí este en la segunda ronda porque me acabé saliendo dos veces del tatami después de casi seis minutos de agónico combate. Estuve a punto de marcarle como siete veces, pero siempre me quedaba justo justo ahí… en fin, ojos puestos ya en el campeonato nacional que este año se vuelve a hacer en agosto en Yoyogi. A ver si hay suerte y llego entero, que últimamente estoy más azarrapastrao que ni sé entre unas cosas y otras!!

IMG_3323.JPG

¡Bueno, al lío!. Yo venía a contar que sigo moviendo hilos para poder hacer la transferencia a la Cruz Roja desde la cuenta del banco de Japón, resulta que después de presentarme en una oficina para que me volviesen a dar acceso al internet banking y firmar treinta papeles, me dicen que tardan dos semanas en habilitar el asunto de nuevo… tiene huevos. Podría ir directamente a un cajero y hacer la transferencia ya, pero yo quería grabar un vídeo para por lo menos daros las gracias por tantos pedidos y que se vea claramente que se hace… ¿me esperáis un poquito más? ya casi lo tengo, de verdad.

Y llevaba esperando a la transfe para poner en marcha el concurso en un post unificado (¡unificado!, ¡no te lo pierdas!, Toscadolfo Bécquer), pero ya no me espero más que a este paso las entradas se me convierten en halls. Os cuento la copla: aprovechando que me volví a Bilbao en la Golden Week, compré un pedazo de Totoro de peluche con la intención de sortearlo entre todas las personas que nos manden foto con alguna ikucamiseta a partir de ahora.

Ojo, que el bicho es grandecico ¿eh?, míralo que lozano:

Photo_198FC79E-F09C-9764-3EA5-E41C45AE0CCD.jpg
:gustico: :gustico: :gustico:

Ha habido gente que ya me ha mandado fotos, ¿podéis, por favor, volvérmelas a enviar a oskar@ikusuki.com?. Iré publicando todas de aquí a un mes, y después se elegirá la más original de entre todas que se llevará al bicho totorero que ya lo tiene Bea en Bilbao preparado para ser enviado donde sea menestereque.

A continuación, algunos ejemplos

(disclaimer: los artistas abajo posantes no entran en el concurso.
Todas las fotos son de Anthony Murax2)

¡¡ Las esperamos !!
:ikugracias: :ikugracias: :ikugracias:

Jodé, ya van unas cuantas!! Esta es otra de la ciudad de Oota, el mismo sitio donde me sonaron los mocos hace por lo menos un par de años.

Molaría que se viniese alguno para poder dejarle la cámara y que se grabe semejante evento ostierítico desastrofil, aunque siendo domingo por la mañana no se yo…

Weno, si a alguien le cuadra, que se pase por aquí sobre las doce:

Estadio de deportes de Oomori (大森スポーツセンター) , estación Heiwajima:


Ver mapa en gordo

¡¡ Buen finde bolanganil !!
:gustico:

“Web application programmer” ponía en el anuncio, pero el olor de aquel lugar distaba mucho de ser el de una oficina. Pongamos que era un aroma con garra; yo diría que humedad mezclada con sudor en una habitación cuyas ventanas parecían no haberse abierto en meses.

En la entrada había un teléfono junto a un mugriento papel con indicaciones de marcar el 955. Por alguna razón que todavía no me explico, decidí seguir adelante con aquel disparate y una voz al otro lado me dio la bienvenida instándome a esperar en la misma entrada. Fue una voz inesperada por lo dulce, seré yo que todavía no me he acostumbrado a la fingida afectividad femenina que tanto se prodiga por aquí en según que contextos y me las acabo creyendo siempre como el iluso que soy.

Me enamoro tres veces por hora.

Menos mal que se me pasa pronto; a la que se me airea otra por delante.

Lo primero que llegó fue un escote seguido de una chica de por lo menos una década más de los años que pretendía aparentar con esa ropa, y cinco más de los que le echaría yo.

Diaz-sama, ¿verdad?, gracias por venir, espero que hayas encontrado bien el sitio

Era medio guapa, dejando el otro medio a decidir en base a como se levantase uno de solo ese día. Hoy el ratio no le era propicio, pero caminar detrás de ese contoneo forzado me alegró el cuarto de hora que ya venía turbio desde el ascensor y además se agradecía poder degustar la mezcolanza de colonia y champú que dejaba a su paso diluyendo el asqueroso ambiente del lugar. Me estaba quitando la chaqueta cuando un microondas acabó de calentar lo que fuera que fuese y me descubrí pensando en la razón por la cual todos los microondas del mundo suenan igual. Como le de a alguien por patentarlo ya me veo yendo a por el café cuando suene un ladrido, pensé, y debí reírme de mi propia gracia.

¿Estás bien?, ¿te encuentras bien?
– Si si, perdón. Es solo que estoy un poco nervioso
-mentí
No te preocupes. Ahora va a venir el presidente para hablar contigo y después vendrá un ingeniero que evaluará tus conocimientos. Espera aquí, por favor

Se fue y sólo volvió para traerme un café que no habría probado ni cobrando, después no la volví a oler.

Oteé la habitación. Las paredes tenían grietas cerca del techo y en una esquina había una gran mancha de humedad. En el suelo había una moqueta, que ya era parte inherente del propio suelo y seguro que hace años era de un color parecido a gris claro. Creí ver una cucaracha en una esquina, pero no sabría decir y tampoco querría comprobar.

Hacía rato que había decidido que yo allí no iba a trabajar por mucho que me ofreciesen cuando entró un señor entrajetado de unos sesenta años por la puerta con cara de que yo le debía dinero. Se saltó toda formalidad y directamente empezó a hablar sin mirarme a la cara en ningún momento, en un japonés del que no entendí prácticamente nada pero asentí a todos y cada uno de sus ‘ne’ como si me fuese la vida en ello. La única pregunta que me hizo quiso Buda que la entendiese:

¿Porque quieres trabajar con nosotros?
Estoy buscando una empresa que me permita desarrollar mi capacidad como programador de páginas web y … -gracias, a Dios esta vez, me interrumpió con otra retahíla de la que ya solo paró para levantarse e irse directamente.

De los diez minutos en total pongamos que se adjudicó nueve para él perdiendo totalmente el sentido final del concepto de entrevista de trabajo. Me ahorró mi parte de la farsa.

Me entró la risa floja cuando reparé, mientras se alejaba, en que iba en traje pero con chanclas sin calcetines. Al de poco entró un chico de aproximadamente mi misma edad que parecía ser el más cabal del lugar. Por lo menos me miraba a la cara y tuvo la cortesía de presentarse. Que no era japonés estaba claro. Por el acento yo diría que entre irlandeses jugaba de pequeño.

Aquí hacemos páginas web en PHP, pero de vez en cuando hay clientes que ponen como requisito utilizar otra tecnología, y queremos a alguien que investigue antes de dar una respuesta y ver si es viable… bueno, antes de soltarte el rollo, vamos a lo que importa: ¿tu tienes trabajo ahora?
La verdad es que si, desde hace medio año más o menos
Vale, pues ya está todo hablado. Espera un momento -se levanta y cierra la puerta de la sala del todo- mira, el puesto es para un becario, te van a pagar aproximadamente cien mil yenes y te van a tener trabajando hasta tarde todos los días. Si no tuvieses trabajo seguiríamos con la entrevista, pero no te merece la pena si ya tienes algo.
Anda, me dejas de piedra. Bueno, pues nada, encantado de hablar contigo -dije pensando en poner kilómetros de asfalto de por medio
Espera espera, esto se supone que tiene que durar un rato, si no te importa esperar un poco… ¿cuanto llevas en Japón? ¿porque viniste?

Asi nos tiramos un buen rato hablando y ahogando alguna que otra carcajada hasta que por fin me acompaña a la puerta y me despide con un apretón de manos.

Ya te llamaremos para darte una respuesta -ironiza

Camino a paso ligero tratando de alejarme de allí. Durante un momento pienso en que en realidad ha sido una brillante entrevista de trabajo, que le he contado tantas cosas en ese rato con tanta naturalidad que no creo que hubiese mejor manera de conocer como es en realidad una persona en tan poco tiempo. Que todos eran actores, desde la cuarentona adolescente hasta el arrogante presidente que me hablaba con tanta soberbia.

Nah.

Aquel olor era demasiado.

Seguía con los ojos entrecerrados cuando empecé con el nudo de la corbata, abrirlos del todo era como si me patearan todavía más las sienes, aunque lo peor había sido lidiar con la camisa del traje cuando con cada mínimo movimiento las costillas me ajaban la piel por dentro. Casi era mejor que estuviesen rotas, así por lo menos alguien me obligaría a estarme quieto “oficialmente” y no me vería en estos berenjenales.

No era, ni de lejos, mi mejor día para una entrevista de trabajo. Súmale una resaca de cojones al dolor del costado y te saldrá que no habría sido un buen día ni para salir a coger billetes de 500 euros ni metiendo a Angelina Jolie en la ecuación.

Por primera vez en mucho tiempo caminé con gafas de sol. No las uso en Tokyo desde que aquella, digamos, secretaria de día, me dijo que eran de gaijin, por muy a halago que ella quisiese que sonase. Tremenda mujer, por cierto, si se pudiesen rebobinar los reflejos de esas gafas ella tendría dos o tres secretos de los que sonrojarse y yo un ego que deshinchar. ¿Habría vuelto por fin a Nagoya? ¿seguiría en Tokyo?… mejor no preguntar que las cosas están muy bien sin que se planteen dejar de estar como están.

Decidí que sería mejor para mi dolor de cabeza quitar la música, aunque sería después de aquella canción que merecía ser escuchada hasta el final. Por alguna razón, un amigo de los que no se tienen tres en esta vida, me viene a la memoria cuando el iPhone decide que ya va tocando volverla a poner. “Escucha bien, mi viejo amigo, si algún día nos volvemos a ver, solo espero que todo sea como ayer… en el límite del bien, en el límite del mal. Te esperaré en el límite del bien y del mal“.

Nos veremos dentro de poco, seguro, por mi parte todo igual, te tocará mover a ti.

La entrevista de trabajo era cerca de Shinjuku, el barrio al que otrora me acercaba cuando no sabía muy bien que hacer con algún que otro domingo de esos que salen mustios y subía al rascacielos del ayuntamiento a buscar un Fuji agazapado entre brumas. El mismo barrio donde estúpidos adolescentes juegan a ser adultos bravucones al abrigo de mafias que nadie ve, como las meigas. De perder el último tren, mejor apagar cámaras que en ciertos lugares nunca se ha de reconocer haber estado. Cualquier testigo es un enemigo y en la noche no se hacen prisioneros.

Quizás me tocase trabajar por allí cerca a partir de entonces. Por lo menos, en ello estábamos.

Cogí aire mientras el ascensor bajaba. De esto que respiras todo el que te entra y lo dejas ahí un rato como si cada segundo que aguantas parase el mundo otro tanto. No más de tres o cuatro esta vez porque el súbito traqueteo del teléfono hizo que pusiese al mundo en marcha de nuevo de un soplido. Teléfono que, para variar, no cogí. Los que me conocen ya saben que rara vez lo hago y aún así siguen cerca, no me merezco a ninguno y temo el día en que se den cuenta porque me quedaré solo. Esta vez y sin que sirva de precedente, tenía excusa. O eso decía mi conciencia para cubrirse las espaldas mientras entraba en aquel cuchitril de mala muerte disimulando no estar muriéndome de dolor.

[continuará]

Volver después de dos años a Zalla con todo lo que ha pasado últimamente, ha sido casi como soñar durante una semana con vivir mi vida anterior. Ahora, ya despierto de nuevo, casi me parece mentira que hace nada estaba paseando por el pueblo que más moretones me causó a fuerza de no parar de correr y saltar por sus calles. Más de una acera se conoce mis rodillas de memoria.

Fueron días emocionantes, sin excepción.

Me gustó mucho enseñarle a la que me acompañaba mi mundo de siempre y que fuese yo, por una vez, el que tradujese menús y recomendase platos. Camino a Gaztelugatxe, paramos en Bakio donde la camarera nos atendió con encantadora hospitalidad:

A ver pareja, ¿que os pongo aquí?. Huy, ¿tu me entiendes cuando te hablo? anda, a ver como hacemos esto porque yo chino no sé y tampoco inglés, bueno, a veces el castellano se me olvida, no te digo más
Jaja, no te preocupes, bueno ella es japonesa, pero yo le intento traducir
Ostras, perdón, no pretendía ofender, ¿eh?, pero claro, pocos japoneses se ven por aquí, para nosotros todos son chinos. ¿Le puedes decir eso?, que no quería ofenderla, ¿eh?, que perdone, que una es una ignorante como la copa de un pino.

Le comento la situación a Chiaki que se descojona y me dice que es normal, que no tiene que pedir perdón por nada.

Menos mal, buff, no os he dicho ni el menú y si ya empezamos así… no quiero ni pensar cuando probéis la comida!
– Jajaja, seguro que está todo muy bueno
– Eso espero!. Bueno, esto es lo que hay

Le traduzco, más o menos, lo que va diciendo la camarera y Chiaki se extraña con que haya que elegir tantos platos, no le cuadra lo de primer plato, segundo plato y postre, y menos que el primer y el segundo plato sean platacos y que haya una cesta llena de pan sin fondo. Acabamos decidiéndonos por el arroz con almejas, los guisantes con jamón y sendos platos de carne. Como hay que conducir, no será vino con gaseosa sino agua.

Oye, chiquito, ¿puedes venir un momento? –me dice la camarera, y me lleva a un rincón– ¿cómo se dice “gracias” en japonés?
Pues se dice “arigato”
– Arigato arigato
–practica por lo bajini poniendo el acento en la segunda a, lo que hace que suene muy gracioso, así que no le digo nada. Cuando trae el segundo plato y Chiaki hace ademán de pasarle el plato vacío, se lo casca con la mayor naturalidad del mundo.

ArigÁto –y se va
Jajaja, de nada –le dice Chiaki en castellano
Pero lo has dicho mal, oye, que vas de entendida por la vida –dice una de las señoras de la mesa de al lado– es árigato gosamas, que lo se yo, ¿a que si? ¿a que se dice así? –le pregunta directamente a Chiaki, y yo se lo traduzco
Si si –contesta Chiaki en castellano descojonándose– bien bien
Vaaaale, jodé aquí con la entendida –le dice la camarera a la señora– pues fíjate que yo no sabía si era japonesa o no y la he llamado china
– Pues anda que no se distinguen!! si está claro que es japonesa
–dice la señora, y yo se lo traduzco a Chiaki, que me dice que a veces es muy evidente que alguien no es japonés, pero que ella misma no lo sabe ni de coña a simple vista, yo no digo nada
Pues los distinguirás tu que eres una relista, pero yo ya les he pedido perdón, ¿verdad moza que te he pedido perdón?, no te me enfades, ¿eh? que una es una inculta, que le vamos a hacer

Cuando vamos por las goxuas, Chiaki me pregunta cómo se dice “estaba muy bueno todo” y yo se lo digo tal y como está escrito entre comillas en esta misma frase. La camarera vuelve:
Bueno chicos, ¿os pongo un café o algo?
– Estaba muy bueno todo
– Jajajaja, anda!! árigato árigato, que maja, ¿has oído que me ha dicho que estaba todo muy bueno?
–le dice a las señoras de la mesa de al lado– no como vosotras que nunca decís nada, sosas, que tiene que venir alguien de fuera!!!

Salimos de allí encantados con el buen trato que nos ha hecho pasar tan mejor rato. Mirando al mar respiramos profundamente, una, dos, tres veces… a ver si el aire ayuda a bajar tanta comida, que hace mucho que el estómago no está acostumbrado a estos festines de los mediodías.

Madre del amor hermoso.

Oskar –me dice Chiaki– hoy he sido tu por un rato, ¿eh?, jaja, ahora sé como te sientes cuando vamos a un izakaya
Pa que veas!

Montamos en el coche y con el cinturón de seguridad hasta los topes, arrancamos.

Próxima parada: Gaztelugatxe.

DSC_2597.jpg

Esta es la historia de un pueblo pesquero llamado Fudai, en la prefectura de Iwate, que se salvó del tsunami gracias a la determinación de uno de sus antiguos alcaldes, Kotaku Wamura, un buen hombre que aprovechó su mandato para poner en práctica una descabellada idea.

Fudai, que se sepa, sucumbió a dos tsunamis en 1896 y en 1933 que destruyeron prácticamente todo el pueblo y se llevaron más de 400 vidas. Wamura dijo que haría todo lo que estuviese en su mano para que no volviese a pasar, y en 1967 se planteó construir un muro de 15 metros y medio que obstaculizase el paso del agua de otro posible tsunami a las áreas cercanas al pueblo. Parece ser que hubo bastantes dificultades ya que el muro necesitaba esclusas que permitiesen al río Fudai desembocar al mar y los dueños de las tierras no estaban dispuestos a dejar sus terrenos para semejante barbaridad.

Wamura, de alguna manera, logró que en 1972 se comenzase la construcción de la estructura que fue finalizada en 1984 con 205 metros de lado a lado y un presupuesto total de tres billones y medio de yenes. Aquí se puede ver centrado en Google Maps:


Ver mapa en gordo

Después del terremoto de hace dos meses, las esclusas fueron cerradas por control remoto aunque hubo algunas en los laterales que se atascaron y un bombero tuvo que arreglar el asunto a mano. El tsunami de veinte metros que llegó a la costa de Fudai atravesó el muro tan sólo unos metros por encima, pero la estructura logró parar la fuerza del agua y ni siquiera las viviendas llegaron a mojarse. Tanto la playa como el puerto quedaron totalmente destrozados, pero de muro para adentro el pueblo quedó prácticamente intacto y de las 3.000 personas que viven actualmente sólo una permanece desaparecida porque tuvo la desafortunada idea de ir a ver si su barco estaba bien justo después del terremoto. Los pueblos cercanos prácticamente desaparecieron.

Otro pueblo llamado Taro también construyó un muro, pero más bajo, de 10 metros que desafortunadamente no valió prácticamente de nada el 11 de marzo.

“Si estás absolutamente convencido de algo, haz todo lo posible por llevarlo a cabo a pesar de las dificultades” decía Wamura desde su retiro. Yo creo que no puede más que estar orgulloso de haberlo defendido con uñas y dientes.

A grandes problemas, grandes soluciones. ¿Quizás se tendrá en cuenta a la hora de poner centrales nucleares al lado del mar? (si se vuelve a construir alguna aquí, claro…)

Fuentes: Newsonjapan y Seattlepi

No sé si me ha mirao el Dioni o es que soy más tonto todavía de lo que pienso que soy, que seguro que también. El caso es que llevo intentando hacer la transferencia a la Cruz Roja un mes, y como no he sido capaz todavía, creo que lo suyo es que cuente aquí en que situación estamos para que no penséis que me estoy haciendo el sueco con el asunto.

Mi idea era sencilla: una vez hecho el recuento de pedidos, hago la transferencia desde mi cuenta de aquí de Tokyo utilizando el internet banking este, y después ya haría cuentas con Ikusuki, puesto que hasta que Correos nos pasase todo el dinero de los contrareembolsos iba a pasar tiempo. Esto pintaba bien hasta que me estampé contra un Mercedes y tuve que darle todos mis ahorros hasta el momento a un pavo entrajetao con cara de sieso.

La siguiente era usar la tarjeta de crédito de Uno-e para sacar perras de la cuenta de España a la que previamente habríamos pasado el dinero de la cuenta de Ikusuki, suena fácil ¿eh?. Pues imposible: por una parte, en Uno-e me dicen que tengo que validar un teléfono móvil de España para poder hacer cualquier tipo de operación por internet (???), y por otro resulta que dejó de funcionar la tarjeta de crédito porque me habían mandado una nueva a Bilbao. Que un banco por internet me exija tener un teléfono móvil español me parece que le quita todo el sentido precisamente al concepto global de internet, pero bueno… haremos la de poner un teléfono de un amigo que me dirá por gtalk el código que le envíen para validarlo en su web (vaya seguridad de mis huevos morenos, menudo sinsentido).

Así que como iba a volver a Bilbao de vacaciones en la Golden Week, me esperé hasta estar allí para recoger la tarjeta y sacar el dinero al volver. Así lo hice, pude sacar las perras y lo ingresé en el banco japonés el fin de semana pasado. El lunes me dispuse a hacer pruebas de programas de captura para hacer el vídeo donde se viese claramente la transferencia por internet, preparé el trípode para grabar desde una cámara normal por si acaso y cuando me puse a ello, resulta que metí tres veces mal la clave y el banco japonés me ha bloqueado el acceso a las operaciones por internet…

Ayer a primera hora llamé como cinco veces por teléfono para intentar reactivarlo, pero no fui capaz de entenderme con ellos. Finalmente he pospuesto todo hasta el fin de semana que ya he quedado para que me ayuden con el banco y pueda conseguir de nuevo acceso para hacer la transferencia de una santa vez.

Es bastante fácil vivir en este país, pero a veces se te complican las cosas de una manera… hacer la menor chorrada puede ser prácticamente imposible. En fin, nos aplicaremos con el japonés, y a vosotros os pido un poco de paciencia y mil veces perdón por tardar tanto con esto que debería haber sido mucho más rápido…