Sábado,3 marzo 2012

Mi maratón de Tokyo

El día anterior dejé todo preparado diez o doce veces: la camiseta del Athletic con el dorsal prendido con imperdibles, los calcetines con silicona por debajo para que no salgan ampollas, las mallas, la licra, los guantes… y vuelta a empezar: el dorsal, la camiseta… Si había de fallar algo, que no fuese por falta de preparación.



El domingo tenía que estar en Shinjuku alrededor de las siete de la mañana y era imprescindible un desayuno titánico, así que poner la alarma por lo menos a las cinco parecía ser algo más que una buena idea.

Cuando me desperté eran cerca de las seis y media. Resulta que había cambiado la hora de la alarma “de entre semana” de la oficina, y estábamos en domingo. Empecé el día corriendo, literalmente: mientras se cocía la pasta, pasaba por la ducha y me ponía ya el uniforme de faena. Comí de pies quemándome por no poder esperar a que se enfriasen aquellos macarrones y cuando me quise dar cuenta ya iba camino de Shinjuku con las Nike que estrené dos meses antes y la camiseta de Etxeberría que me trajeron Arantzazu, Alex y Nahia.

La idea de correr la maratón por fin aquella mañana no me puso nervioso en absoluto. Uno se pone nervioso cuando tiene que salir a hablar delante de gente o cuando te toca pegarte con alguien que no conoces en un combate de Karate, ahí si merece la pena tener nervios porque debes responder ante otros. Aquella mañana yo no estaba nervioso, estaba tremendamente ilusionado, emocionado como nunca; con ganas de empezar a poner un pie delante del otro ya de una vez porque la cosa iba conmigo mismo: si abandonaba sería cosa mía, si llegaba al final también… era yo peleando contra mi, así que todo quedaba conmigo.

En la maratón de Tokyo te dan una bolsa bastante grande donde puedes meter todo lo que necesites, y ellos se encargan de llevártela a la meta. Yo llevaba esa bolsa con orgullo mientras iba camino de la estación, como queriendo fardar de lo que me proponía hacer, como un niño que aprende a andar en bici: quería que todos mis vecinos lo supiesen. Estaba de verdad ilusionado, como hacía tiempo.

Ya en el tren pude distinguir a muchos que como yo llevaban el chip puesto en una de las zapatillas. Gracias a él, la organización sabe que has hecho todo el recorrido como debes hacerlo: sin atajos de por medio, y también cualquiera podría saber por donde ibas a través de la web oficial. Cruzamos muchas miradas sin llegar a sonreírnos abiertamente porque las caras eran de seriedad, de concentración. “Ganbatte kudasai” me dijeron más de una vez, “ganbatte kudasai” respondía yo con el corazón a pleno pulmón.

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A pesar del intento frustrado de madrugón, llegué con bastante tiempo y empecé a calentar junto a cientos, miles de locos que me rodeaban a las siete y algo de la mañana entre ráfagas de viento helado. Menuda lección de contraste era sentir el frío de fuera y el calor de dentro.

Me resistí casi hasta el límite de la hora para entregar la bolsa-mochila porque no quería dejar la chaqueta… me costó decidir si salía a correr con ella o no y si descartaba la riñonera repleta de gelatinas energéticas. Al final hice lo que ya sabía: metí la chaqueta en la bolsa, cargué con la riñonera que oculté debajo de la camiseta del Athletic, me puse los guantes y entregué el equipaje. Ya no había vuelta atrás, mis cosas estaban ahí y no podría recuperarlas hasta Odaiba.

Y estaba en Shinjuku.

Me morí de frío siete veces y resucité ocho. Estiré, calenté corriendo ligeramente por la zona, y finalmente me dirigí al bloque J que me asignaron. Salíamos los últimos aunque daba igual, como también daría igual llegar en este lugar. Esto va de uno consigo mismo, insisto, te ganas a tí mismo. Pierdes contigo mismo.

Fuimos apilándonos según nos iban indicando por megafonía. A un lado tenía a un señor que poco debía faltar para que me doblase la edad, a la derecha uno más joven, un poco más atrás un grupo de extranjeros también de distintas edades. En el cielo dos helicópteros, enfrente un semáforo que cambió, sin sentido, millones de veces de colores a pesar de que esa mañana el asfalto seguía perteneciendo a goma, si, pero de las suelas de nuestras zapatillas. Zapatillas encima de las cuales había ilusiones, sueños, escalofríos intermitentes en los huesos, miedo diluido en la médula, chispas entre los dedos de los pies. Miles de almas contenidas gritando querer salir ya. De una maldita vez, carajo, de una maldita vez, ¡que no aguantamos más!.

Se oyen fuegos artificiales a lo lejos aunque el rascacielos más grande de Tokyo sólo nos deja imaginarlos, dicen que soltaron globos pero tampoco los vimos. El grupo A ya debía estar corriendo, a nosotros nos quedaban diez minutos más aunque ya empezamos a tomar posiciones andando hacía la salida. En un balcón cercano un señor con un niño grita “ganbatteeeee” y el silencio solemne que nos unía se convierte en un grito ensordecedor. Estábamos dormidos y nos acaban de despertar. Gritamos con todas nuestras fuerzas, aplaudimos, reímos y si no volamos es porque sería trampa.

Nunca olvidaré ese momento en mi vida.

Llegamos por fin a la línea de salida, la gente descarta las últimas prendas en el espacio designado para ello: chubasqueros, jerseys… botellas vacías de bebidas isotónicas y cáscaras de plátanos se acumulan en las esquinas. Me llena el depósito que salgo ya, póngame de los de pintitas negras, que esos son los mejores.

Salgo ya. Madre mía, esto es real… está pasando

Continuará…



Rascatecleao por Tío Tosca a las 10:33
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Miércoles,29 febrero 2012

Yuki

Aunque ayer dijeron que iba a nevar por la noche, yo creo que ninguno nos esperábamos lo que hemos visto al mirar por la ventana esta mañana… ha estado nevando sin parar hasta algo así como las dos de la tarde!! estaba todo bonico bonico!!

Ahí van unas foticas de Shibuya, que es donde hago que currelo ahora:



Rascatecleao por Tío Tosca a las 14:14
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Lunes,27 febrero 2012

El Jesucristo de la maratón de Tokyo

El día de ayer fue tan increíble que todavía estoy asimilándolo, bueno, en realidad lo estamos asimilando yo y mis piernas que hay que verme bajando escaleras, menudo cuadro, parece que me han dado siete palizas. Pero la acabé, ¿eh?, ahora a ver donde están esos que decían que en cuatro meses no daba tiempo a prepararse!! gañanes!! siesos!! carapedos !!

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Total, que aquí estoy recopilando sentimientos, sudor, desesperación, lágrimas, satisfacción, rabia, felicidad, agujetas… y tratando de poner todo junto en orden para contar semejante experiencia como se merece.

De mientras aquí va un adelanto de las millones de sorpresas de ayer… un Jesucristo con su cruz y toda la pesca que se cascó la maratón como hay Dios. Doy fé de que es totalmente cierto que corrió porque le vi más de una vez, ojo al asunto y no perderse las playeras que lleva:




Efectivamente, descalzo, y en el kilómetro 35 todavía iba igual, así que en teoría corrió toda la maratón a pelete. No queda claro si convirtió el Pocari Sweat en Rioja para aguantar el asunto, todavía estamos investigándolo. Y eso por no hablar del frío que hacía, y el tío en porreters!



Eh! y llegó a la meta, que después andaba en Odaiba posando y todo el mundo ahí sacándole fotos.

¡¡ Menudo genio !!


Rascatecleao por Tío Tosca a las 12:43
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Jueves,23 febrero 2012

72 horas

¡¡ Quedan 3 días !!

。。。タタタッ。ヘ(;・・)ノ      ……\( ><)シぎょぇぇぇ      ……シタタタッ ヘ(*¨)ノ          。。゙(ノ><)ノ ヒィ


Jodé, incluso a cámara rápida se me hace el recorrido más largo que un día sin nocilla…
大丈夫かな〜?



Rascatecleao por Tío Tosca a las 00:05
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Domingo,19 febrero 2012

Ishinomaki, then and now

Vivir aquí hace que te acostumbres a los terremotos. Normalmente no pasa nada; suele empezar con las alertas de los móviles y después tiembla todo durante diez o veinte segundos. A veces hay un golpe más fuerte, un movimiento más brusco y después se para. Otras veces apenas se percibe. Tampoco te das cuenta si estás en el exterior, en los cinco años que llevo aquí no he notado nunca un terremoto mientras ando por la calle o voy en el tren, no te das cuenta. Ni tiemblan los edificios, ni la gente se cae por la calle, ni se abre la tierra. Te enteras de donde ha sido porque pones la tele o porque miras por internet.

El del año pasado fue distinto porque no paró, cada vez fue a más y a más y a más… y no nos dimos cuenta de la magnitud de lo que acababa de pasar hasta que pusimos la televisión y se veía como el mar se cansó de llegar hasta la playa y decidió meterse tierra adentro.

Paul Johannenessen es un australiano que vive en Tokyo y que ha grabado un documental en Ishinomaki. Las imágenes son impresionantes, pero lo que más me ha gustado es escuchar a personas normales contar cómo vivieron lo que les pasó, lo que les preocupaba después y lo que han ido haciendo día a día para tratar de recuperarse de semejante disparate.







Fuente: www.paulyj.com

Rascatecleao por Tío Tosca a las 03:40
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Viernes,17 febrero 2012

Cosa de dos

Aquella noche fue mentira.

Por alguna razón decidí abrir la botella de vino que guardaba para compartir a la sombra de alguna que quisiera taparme la luz de la vela que compré a la par. No se dio el caso, y hacía tiempo… ya no aguanté más. Descorché ese Rioja Siglo Saco y el alcohol desinfectó heridas que empezaban a hacer nido en el corazón, ese del que uno no hace cuenta hasta que de repente late a cañonazos gritando que como siga estando solo, va a reventar.

Cuando logré dejar de apiadarme de mi maldita estampa, estaba tan borracho que no podía ni andar.

No recuerdo demasiado el final de aquella noche, pero si sé que me dio rabia estar así, que lloré muchas veces recordando que acordarse duele cuando lo que se quiere es olvidar.

Me metí en la ducha y estuve un buen rato bajo una docena de pequeños chorros de agua fría que me horadaron las malas ideas y me enjuagaron la morriña hasta que me espabilé lo suficiente como para no dar por acabada aquella madrugada de verano tirado en el futón esperando a morirme de resaca.

Cogí la cámara de fotos y me fui al templo de al lado de mi casa.

El camino de entre cinco y diez minutos lo hice en más de media hora. Me paré a sacar fotos a todo, como si hubiese decidido que no iba a seguir aquí más y esa fuese la última vez que peregrinase a verme el ombligo por dentro entre tumbas, pagodas y cerezos. Como si ya no hubiese más que rascar y ya tocase mudarse de vida de nuevo por aquello de dejar de seguir intentando reír, porque ya saldría solo.

Cuando por fin llegué, me senté en las escaleras y miré hacia la derecha instintivamente. Desde allí se ve el monte Fuji en días claros… se me olvidó el pequeño detalle de que eran algo así como las dos de la mañana. Apoyé la cabeza en la pequeña columna de la parte superior, y empecé a revisar las veinte o treinta fotos que acababa de sacar. Borré todas, no se veían más que sombras negras entre las que asomaban tímidamente luces de alguna farola cercana. Sombras negras entre las que asoman, a veces, luces… ¿a quien me recuerda?

Cerré los ojos y me quedé dormido un rato imposible de medir, lo mismo podría haber sido un minuto que dos horas. Cuando me desperté, ya con dolor de cabeza, vi a un gato negro y blanco …negro con luces… allí sentado como a dos metros de mi. Me miraba fijamente y yo le hice gestos para que viniese, aunque no lo hizo. Sin levantarme, traté de hacerle fotos con la cámara pero cuando logré acertar a quitar la tapa del objetivo, ya se había alejado unos metros. Le seguí un buen rato tratando de no hacer ningún movimiento brusco que provocase que volviese al mundo de mentiras del que había venido, hasta que se paró justo delante del edificio principal del templo. Decidí sentarme a dos o tres metros de él, a veces le sacaba alguna foto aunque la mayoría del tiempo sólo le miraba.

Él, o ella, no se movía más que para rascarse la cabeza como dudando si se fiaba del único ser vivo cercano más grande que él.

Finalmente vino y me rodeo un par de veces antes de decidir sentarse a mi lado. Se dejó acariciar e incluso parecía querer contarme su vida de gato de templo soltando maullidos a modo de charleta desconsolada.

Agradecí su compañía, me gustó hablar con el.

Desperté al día siguiente en mi casa con un dolor de cabeza horrible. No recuerdo muy bien el camino de vuelta pero a juzgar por la laguna de recuerdos, parece que la ducha no logró contrarrestar ni de lejos los grados del Rioja.

Incluso dudé que había salido la noche anterior… hasta que vi las fotos que me contaron que aquella madrugada de verano fuimos dos los que nos lamimos las heridas.

Rascatecleao por Tío Tosca a las 17:29
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Jueves,9 febrero 2012

Otra vida más

La vida es el resultado de las decisiones tomadas en el pasado junto a grandes dosis del impredecible y muchas veces burlesco azar. La rutina del día empieza y acaba casi siempre de la misma manera aunque uno nunca sabe que va a pasar en el medio, que es donde suele estar la miga que pellizcar si uno aprende a no dejarse llevar por el vil pasar de las horas.

Elegí irme del trabajo anterior y fruto de esa decisión unido a mucha suerte de cuya magnitud quizá no soy consciente, hizo que empezase unos días después en una nueva oficina donde llevo una semana aprendiendo cómo se corta la baraja en la empresa más japonesa en la que he estado nunca. Fui yo quien decidió anteponer la ley de no tolerar jamás tratos intolerables y me fui. Pero fue el azar el que quiso que pasase de PHP y Objective-C a Ruby on Rails, de contratos temporales por sistema a condiciones en condiciones. Mi vida ha mejorado porque tome una decisión cambiando algo que debía ser cambiado en ese preciso momento, el azar hizo lo demás.

Me apunté prácticamente sin pensar a la maratón de Tokyo en la que es muy difícil que te cojan. Quise seguir adelante en serio cuando lo hicieron y de nuevo mi vida cambió radicalmente. La elección la hice yo, la suerte hizo el resto. Ahora corro durante toda la semana y miro al domingo 26 con mucha ilusión y entusiasmo porque sé que es un día que no olvidaré jamás. Pero también he tomado la decisión de no seguir por este camino porque no me gusta en qué se ha convertido esta parte de mi vida en los últimos cuatro meses. Han cambiado muchas cosas; me encuentro mucho mejor físicamente pero no es lo que quiero hacer con mi tiempo libre así que ya he tomado cartas en el asunto. Dejar de correr todos los días es sin duda una provocación al azar que seguro que cruza algo nuevo en mi camino. Por de pronto retomaré Karate con muchas ganas y estoy convencido de que la motivación con la que afrontaré este regreso al dojo traerá algo más consigo.

El otro día un viejo conocido de cerca de Bilbao me dijo que yo tenía mucha suerte, que tenía un buen trabajo, que estaba en buena forma, que hablaba idiomas, que conocía mundo, que parecía que había nacido con una flor en el culo. Este buen hombre dejó los estudios hace muchos años porque no le llenaban, llevaba muchos meses en el paro y me contaba que había engordado por culpa de la ansiedad que le provocaba la situación. Encontró trabajo, uno que dice odiar con toda su alma tanto como a la mayoría de sus compañeros, aunque tampoco va demasiado a menudo porque tiene dolores de espalda debidos a su sobrepeso que le obligan a cogerse bajas frecuentemente. Me decía que me tenía envidia, que todo me salía bien, que ojalá fuese yo.

Que ojalá fuese yo.

Cuando llegué a Japón 5 años atrás, mi vida estaba tan rota que se me escurría el alma por las grietas. Estaba tan solo entre tanta gente que me sentía triplemente vacío.

Pero por mis huevos que me aseguré de mirar una y otra vez las cartas que me tocaron y de empezar a jugar hasta que pude arrastrar o cantar las cuarenta aunque fuese de Pascuas a San Pedro. Porque la cosa va así: casi nunca se gana, lo normal es que pierdas o que te quedes como estabas.

“Que ojalá fuese yo” me dice. Y el tío, más cerca de los cuarenta que de los treinta, todavía no ha empezado ni a barajar las cartas.

Que ojalá fuese yo.

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Ilustración de Andrés Jarit




Rascatecleao por Tío Tosca a las 01:14
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Martes,31 enero 2012

IV Clase de cocina: Marmitako y Pan

Las clases de cocina para japoneses se las inventó el tío Chiqui. Todo empezó con alquilar un local en un centro social de Ikebukuro con cocinas y probar a enseñar a cocinar Paella. Chiqui me propuso hacer de traductor y aunque al principio la cosa me impuso muchísimo, la experiencia mereció mucho la pena, tanto que la segunda clase no se hizo esperar demasiado, la de Tortilla de patatas y Gazpacho andaluz.

Pillamos carrerilla, ya le teníamos pillado el truco a los preparativos previos, a organizar los equipos, a controlar el tiempo y ya fluía la traducción albaceteño-japonés aunque para la tercera clase no hizo demasiada falta, porque Mireia, nuestra profesora invitada, habla japonés bastante mejor que yo. Allí se hicieron Croquetas y Moje manchego.

Tras el parón navideño, volvemos con una nueva edición. Esta vez me he animado yo a hacer de chef preparando Marmitako y el tito Chiqui nos enseñará los secretos con los que entre fogones cocina ese pedazo de Pan que tan bien le sale:



La clase será en lkebukuro el 4 de marzo, un plan como pocos para pasar la tarde del domingo: juntarse con gente majísima, cocinar, aprender y luego comérselo todo junto regado con algún vino de nuestra tierra.


¡Y es el domingo siguiente a la maratón de Tokyo, así que no habrá prisa!

:cocinicas:




Rascatecleao por Tío Tosca a las 10:55
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Domingo,29 enero 2012

Al acecho



Visto en Ginza



Rascatecleao por Tío Tosca a las 13:51
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Viernes,27 enero 2012

Un mes para la maratón de Tokyo

Ya estamos en la recta final… después de tres meses siguiendo a rajatabla el plan de entrenamiento, ya sólo quedan cuatro semanas para plantarme en Shinjuku a tratar de llegar vivo cuarenta y pico kilómetros después a Odaiba,

Pensar en el día de la carrera es emocionante… correr junto a miles de personas por el centro de Tokyo es algo que seguro no olvidaré nunca: los rascacielos de Shinjuku por entre los que he paseado tantas veces, el palacio imperial donde vive mi primo, la Tokyo Tower, Asakusa y su nueva Sky Tree, Ginza y sus lujos… y finalmente Odaiba via Tsukiji. Me emociono sólo de pensarlo, de verdad, no veo el momento de que llegue el día.

Como tampoco veo el momento en que se acabe esto. Tener que salir a correr prácticamente todos los días de la semana con el frío que hace es muy muy duro. Al principio las distancias no eran tan largas y había días de descanso entre medias, ahora no, ahora sólo toca estarse quieto un día de los siete.

La intensidad y frecuencia del ejercicio tiene consecuencias. Algunas son sólo anecdóticas, como que me tiro todo el día poniendo lavadoras y que no hago más que comer porque tengo más hambre que el de megaupload (me han dicho que va a cambiar lo de las descargas, ahora en vez de megas va a ir por fanegas, te puedes bajar hasta 40 fanegas sin pagar).

La que no me gusta tanto es que estoy todo el día cansado, después de correr puedo dar por finiquitado el día, me suele entrar un sueñaco que me anula para cualquier otra actividad de las mías: básicamente después de trabajar y correr, me estranco en la cama a esperar al día siguiente que se presenta parecido.

Y lo que es peor: llevo como un mes y medio sin ir a Karate, y esa era de las razones más importantes por las que yo me vine aquí. Esto no puede seguir así.

Está claro que yo me lo he buscado: presentarme a una maratón sin haber corrido en serio casi nunca implica tener que apechugar si se quiere llegar en condiciones. Así que me está tocando correr por obligación la gran mayoría de los días, y así no se disfruta. Un hobby no puede ser por obligación porque entonces no es un hobby.

Resumiendo: voy a correr la maratón de Tokyo, me estoy dejando la vida en prepararme y no voy a dejar de hacerlo, por mis huevos que me planto allí con la mejor forma física de toda mi vida y que ese día lo voy a disfrutar como nunca. Que si, que seguro que es una experiencia que me cambiará para siempre, ya lo ha hecho desde hace un par de meses. Pero ojo, que dedicar mi tiempo libre sólo a correr está muy lejos de entrar en mis planes.

Cuando acabe todo esto tengo cuatro obligaciones morales:
1- Beberme todas las cervezas que me deje el del izakaya
2- Arrasar con el primer Moss Burguer que vea como si no quedasen ya vacas en el mundo
3- Volver a Karate, que es lo mío, y ponerme las pilas de nuevo enfilando el examen de tercer dan
4- Volver a vivir, coño, que esto no es vida

Y si luego apetece salir a correr una tarde, pues se sale.


Rascatecleao por Tío Tosca a las 11:17
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