El blog sobre Japón de un tío que SI está en Japón!!

Esta historia me pasó ayer por la mañana y todavía me estoy riendo.

Vamos al lío: resulta que ando otra vez regulero de la garganta; Chiaki pilló una gripe rara y al final me la ha pasado a mi, menos mal que Kota se ha librado esta vez (raro es!). Así que entre que rascatecleaba ruby que si no, tiré para una farmacia grandota que hay no demasiado lejos de mi oficina. No es una farmacia como las que hay en España, sería más como una parafarmacia donde te venden un huevo de medicamentos pero son sin receta, “self medication” le llaman.

Luego también existen las farmacias de verdad en las que te preparan exactamente la dosis que te ha recetado el médico, lo que es un avance acojonante; por ejemplo: cinco pastillas de estas, dos de aquellas y trece de las otras, y te las dan así tal cual, sin caja ni hostias. Las parafarmacias estas además molan porque no solo te venden medicamentos sino cremicas y últimamente hasta comida, yo ya me tiro ratos buenos ahí mirando, ya.

Bueno, que me lío, joder que turras soy! (en mi cabeza tengo un streaming continuo, amigos, banda ancha!).

Total, que me fui a la tienda esta que tiene la peculiaridad de que es bastante grande justo en el centro pero luego todos los pasillos son bastante estrechos… vamos, como si fuese una plaza de un pueblo. Ahí es donde justo además han puesto las cajas para que hagamos cola, como no podía ser de otra manera. Eh! cuando digo pasillos estrechos es que son estrechos de ペロタス, de los que te cruzas con alguien y tienes que pegarte a las estanterías para que se pase; siempre y cuando no sea Hodor que entonces directamente uno de los dos tendrá que recular.

Pues bien: se me cruzaba una chica que me llevaba un carrito de bebé y yo que simpatizo con la causa, le dejé pasar porque sé lo aparatoso que es tener que comprar cualquier mierda llevando uno cuando te diseñan las tiendas para que compren bichos palo a dieta. One reverencia owned después, ella intentó dar la curva pero con el carro no hubo manera, así que decidió retroceder y dejarlo un momento en “la plaza” que es mas ancha e irse a coger lo que fuese que estaba buscando.

En el carrito había un niño, claro, bueno más bien era una niña que estaba despierta y no estaba muy de acuerdo con el concepto “ahí te aparco cual motico”, con lo que decidió hacer su trabajo: parar quieta lo mínimo dando el mayor número de voces posible.

La madre se asomaba por ahí y le decía de vez en cuando “tssss, espera, que voy ya, que ya acaboooo”.

Joder, como entiendo esa angustia, jajaja, yo es que ni entraba a comprar cuando iba con Kota así a no ser que estuviese dormido.

En esas estaba yo ya haciendo cola con mis pastillicas cuando de repente me tiran con algo que me da en la espalda, me giro y… ¡era una caja de condones! ¡de fresa además!. Iba a decir que es habitual, que me ha pasado más veces en las que siempre he respondido: “me halaga, señorita, aunque ha de saber que estoy casado”, pero no se lo cree ni mi abuela :ikufantasma:

Lo que de verdad pasaba es que la cría resulta que la habían apalancado justo en la estantería de los condones y encima es que estaban a la altura perfecta de sus brazos, así que decidió que qué mejor pasaratos hasta que volviese la madre que librar de su carga a esa estantería oprimida: allí volaban cajas de condones de todos los tamaños y sabores, geles lubricantes y hasta anillos rarunos en todas direcciones, hasta por encima de los pasillos… yo cogí al vuelo, descojonándome vivo, un par de cajas y la chica de la tienda otras tantas hasta que por fin apareció la madre con la cara más roja que he visto en mi vida haciendo reverencias ya desde el estand de los caramelos de menta del fondo.

Más apurada mi pobre que ni sé, apartó a la niña de la estantería más amena del local, recogió lo que pudo del suelo junto a la chica de la tienda y salió de allí escopeteada sin comprar nada para, presumo, jamás volver.

Yo creo que no me he reído tanto en la vida :D

Por cierto, ¿sabéis que existen condones de tallas grandes modelo “Big Boy” y que sale una foto de un caballo?, jajajaja, Dios!!

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Pues eso: mascotas que se han quedado atascadas en sitios, para que luego digas que odias tu trabajo…

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El otro día nos montamos en un taxi cerca de Shinjuku y nos encontramos con una movida nueva, un botón ahí que ponía “botón de ir despacio”. No le saqué foto, pero he encontrado algunas por ahí por el internete:

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Resulta que si ves que el taxista va muy rápido o simplemente quieres ir tranquilo, puedes pulsar este botón y el conductor irá más despacio. Me ha parecido una idea tan simple como magnífica: normalmente cuando uno coge un taxi, lo que se quiere es llegar al destino lo más rápido posible, pero hay muchas situaciones en que lo que quieres es llegar con calma, sobretodo si vas con críos. En la web de taxis identifican tres razones desde el punto de vista del cliente que les ha llevado a implementar este servicio:

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1- No sentirse cómodo con conducciones agresivas.

2- No tener prisa, preferir no ir a mucha velocidad.

3- Ir con niños, preferir una conducción amable.

El caso es que resulta que existen también desde hace unos años los “Turtle Taxis” en Tokyo, “taxis tortuga” que están pensados precisamente para esa gente que prefiere ir más suave y con más calma y no a lo puto loco como se conduce normalmente. Concretamente dice que ponen mucho esfuerzo en no dar grandes acelerones y frenar también muy muy despacio de manera que se noten los menos movimientos bruscos posibles y de paso contaminar menos. La verdad es que molaría que hubiese un efecto dominó y el resto del tráfico también se suavizase un poco…

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Más fotos en el Tumblr oficial de Turtle-Taxi.

Ya, ya sé que dije que iba a volver a subir Cristo bendito, coño, no me lo recordéis más que bastante claro lo tengo yo. Jodé, es que no dejo de acordarme de la frase aquella del jefe que tuve americano que decía eso de que había dos tipos de necios: los que no habían subido el Fuji y los que lo subían más de una vez (también es verdad que se ponía ciego en el Kentucky Fried Chicken hasta ponerse malo, pero bueno, eso es otro tema).

Pero ba, seguramente haya una tercera, no nos engañemos, Tosca, que te va la marcha.

El caso es que tardé poco en decidirme cuando me lo propusieron; más bien un par de mensajes con Chiaki para ver si cuadraba la fecha y que se quedase ella con el tío Kota, que al final es lo único que me suele hacer falta para apuntarme a lo que se tercie.

Además esta vez la cosa se puso más seria y es que en colaboración con YoitabiTravel, los señores de Decathlon Japan nos nombraron embajadores y nos patrocinaron la aventura con material de categoría: nada más y nada menos que una mochila, una chaqueta y un pantalón de montaña con lo que no solo íbamos más preparados que Jon Snow con un mechero, sino conjuntaditos que daba gloria vernos en fila india:

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La chaqueta tiene dos partes que se pueden usar independientemente, lo que la hizo ideal para el gran cambio de temperatura que hay entre la quinta estación donde empiezas a subir y la cima. Yo nunca había usado un pantalón de montaña para subir al monte, lo cierto es que uno siempre lleva ropa vieja para estas historias, pero he de reconocer que fue muy cómodo y se agradeció que tuviese tantos bolsillos para meter chocolatinas y frutos secos que ir picoteando. Y la mochila bien pegada a la espalda que casi ni te enteras que la llevas… vamos, que se nota un huevo si vas con material en condiciones, menuda diferencia, ¡gracias señores de Decathlon Japan!

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Pasemos, pues, a narrar la historia.

El principio, pues como la otra vez: en coche desde Tokyo hasta donde lo más cerca que te dejan aparcar el coche y desde ahí unos cuarenta minutos en autobús hasta la quinta estación que es ya desde donde empiezas a subir con la noche como aliada. En nuestro caso como íbamos muy bien de tiempo, zampamos algo en un restaurante que hay y la ascensión la empezamos con la calma.

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Yo, ya lo conté por ahí pero creo que no aquí en el blog, me compré un dron con la idea de que tenía que ser la hostia en verso hacer un vídeo desde la cima con el cráter desde arriba, y ahí lo llevé metido dentro de una bolsa colgado de la mochila porque era un troncho bueno aunque menos mal que no pesaba. Era un dron bastante limitadete, de los más baratos que encontré por Amazon pero que contaban por ahí que tenía muy buena cámara, un Holy Stone HS300 que apenas me costó 15.000 yenes.

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Poco duró, jajaja. Luego lo cuento, luego.

No nos encontramos con demasiada gente durante los primeros tramos; íbamos llegando a nuevas estaciones sin demasiada dificultad a un ritmo, quizás, demasiado rápido y es que esta vez cuadramos todo para subir el domingo por la noche y así evitar las hordas de gente de los fines de semana. Hasta la mitad del camino funcionó y solo nos teníamos que preocupar por resguardarnos del frío cuando parábamos a descansar y hasta nos echábamos fotos y toda la 魚.

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Al no haber luna, la vista no fue tan espectacular como la otra vez, pero tampoco estuvo nada mal.

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Pero duró poco lo de ir a nuestra bola: a medida que nos íbamos acercando a la cima nos íbamos apretujando más hasta que llegó esa absurda situación de tener que hacer cola para subir al monte. Pero cola del copón de la baraja: prácticamente andábamos cinco metros cada diez minutos. Además esta vez resulta que había grupos organizados de un montón de personas que iban en bloque, personas de todas las edades que iban a ritmo muy caribeño siendo muy muy difícil adelantarles. Un absurdo y de los gordos lo que pasa en este país con la gente. Ojo al careto de hastío gentil:

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Esta vez llegamos con mucho tiempo a la cima. Esto tiene la ventaja de que puedes coger sitio para ver el amanecer pero el inconveniente de que hace muchísimo frío arriba y apenas hay donde resguardarse. Así que allí estuvimos aguantando como titanes para ver el espectáculo:

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Yo andaba con el dron que si lo saco que si no, pero vi a uno de los guardias que le llamaba la atención a otro que tuvo la misma idea que yo y ya lo estaba volando. Lo cierto es que yo apenas lo usé un par de veces antes y reconozco que era peligroso sacar eso donde hubiese gente porque la verdad es que no me extrañaría nada que le causase alguna avería a alguien. Así que entre el guardia que andaba al loro, mi nula confianza de no liarla parda y el viento que hacía, decidí dejarlo bien guardadito.

Lo que si que hicimos fue sacar unas cuantas fotos antes de empezar el descenso:

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Yo hasta ese momento estuve genial, sin más problema que bastante sueño y las piernas un pelín cargadas, pero incluso podría haber subido más si hubiese hecho falta. Pero, joder, fue empezar a bajar con la solana de frente que me entró un dolor de cabeza y un mal cuerpo considerable, la vírgen santa qué duro se me hizo esta vez. Igual es que tenía razón Chiaki cuando dijo aquello de que “ahora no tienes el mismo cuerpo que cuando lo subiste hace 7 años”, jajaja, la madre que la parió!!

Pero es que la bajada es lo más duro con diferencia, al menos así lo creo yo: ni el frío ni nada, una bajada eterna por cuestas muy empinadas sobre suelo volcánico muy muy resbaladizo. Añádele a todo eso que no has dormido esa noche y que pasas de un friaco del copón a que te sobre toda la ropa.

Eso si, las vistas son impagables:

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En serio que se me hizo eterna la bajada… ¡¡¡ no llegábamos nunca !!!. Yo me fui acordando de todos los apóstoles con cada derrape. Hasta que en una de esas que paramos todos juntos para esperarnos en una curva y aprovechando que no había así mucha gente, decidí sacar el dron. No las tenía todas conmigo desde el principio: ya he dicho que lo he volado un par de veces y sin demasiado éxito, también es verdad que Kota le tiraba palos y uno no acababa de estar concentrado en el asunto, pero bueno. Total: lo puse allí en el suelo y lo volé, nada más empezar se dio una hostia contra una pared y cuando por fin levantó un par de metros del suelo se fue a tomar por culo que yo ya no sabía si los mandos funcionaban o qué hostias estaba pasando. Cuando logré hacerme un poco con el control, lo acerqué hacía donde estábamos nosotros con la intención de sacar algún vídeo, pero el bicho se fue a tomar por culo a una ladera cercana contra la que se estampó y se quedó patas arriba.

Total: 40 segundos en el aire, le calculo…

No estaba demasiado lejos y a por él que me fui cuando de una estación cercana salió un guarda dando voces como un puto loco: “bájate de ahí!!!!!!”. Yo sabía que en teoría no te puedes salir del circuito marcado porque hay riesgo de desprendimientos, pero en ese caso era bastante absurdo porque estaba muy cerca y no había nada debajo (la ladera quedaba apartada del camino principal). Aún así me bajé y esperé a que el tipo llegará hasta donde nosotros subido en una especie de coche-oruga, yo pensaba que me iba a echar la bronca por intentar meterme y que después sacaría un palo o algo con el que pescar al dron… si si. El tío me echó la bronca siete veces y me decía que ahí se quedaba, que no se podía coger. Cuando yo le intentaba hacer ver que estaba muy cerca y que no iba a tardar ni dos minutos en cogerlo con mucho cuidado, él me amenazaba con llamar a la policía, que eran medio millón de yenes de multa y que yo mismo, que tenían cámaras aéreas y que me empapelaban fijo y no se qué mierdas mas…

Total, que ahí se quedó el dron.

Esperamos un poco a ver si se piraba o algo, pero el tío ahí seguía, así que decidí no hacer esperar al grupo más y ba, que total, pa cuatro duros que costó no merecía la pena montar un pollo y que se liase alguna así que tiramos para abajo otra vez. Más ligero de equipaje que la hostia, eso si, jajaja.

Y esta, amigos, es la breve pero bonita historia del Toscadron que acabó estampao en una ladera del monte Fuji por los siglos de los siglos. Si subís y lo veis, echadle pilas o algo.

:triki:

De lo malo malo, empezamos pronto a ver verde y esto en el Fuji significa que ya va quedando menos para llegar.

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Cuando después de tres o cuatro eternidades logramos montarnos en el autobus de nuevo, yo me quedé sopa al instante, joder, no podía con mi alma, menuda bajona…

Lo mejor que pudimos hacer fue meternos en un onsen y… ¡mano de santo, amigos!.

¡¡¡Así que ya puedo decir
que he subido
el Fuji dos veces!!!
:gustico: :gustico:


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Conclusiones

De la otra vez sabía que hacía mucho frío arriba así que fui preparado con licras que tengo de ir con la bici de esas pegadas de invierno, una auténtica gozada, nada que ver.

– También sabíamos que iba a haber un montón de gente cerca de la cima, así que tampoco me pilló por sorpresa aunque es cierto que poco se puede hacer más que resignarse y ponerse a la cola.

– La ruta de esta vez fue distinta, por lo visto la otra fue “Fujinomiya” y esta fue la “Yoshida”. No encontré mayores diferencias entre las dos. Quizás me quedaría con la primera porque la puerta torii de cerca de la cima da bastante juego con la cámara por la noche.

– La bajada fue infinitamente más dura y no acabo de entender la razón o qué podría haber hecho para evitarlo… ¿quizás comer y beber más antes de empezar a bajar? ¿llevar un bastón de soporte para evitar las caídas?. Mi problema fue que de repente tenía un mal cuerpo horroroso con bastante dolor de cabeza y hasta ganas de vomitar.

– Volví a casa jurando en hebreo que no iba a volver a subir en mi vida por esto mismo, pero después de ver las fotos… probablemente en cuanto vuelva a darse la oportunidad…

– El onsen del final con los colegas comentando la jugada… eso no tiene precio.

Agradecimientos

No queda otra que agradecer de nuevo a Decathlon Japan (gracias Vicente!) por proveernos de material y a Yoitabitravel (peazo de web, ¿quién la habrá hecho? yo le contrataría por todo mi dinero) por liarse a organizar la historia. También, por supuesto, a Iñaki, Haruka, Rafa, Chiqui y David por hacer que este disparate se convirtiese en una excursión de amigos entre risas. Ah! y Chiaki que dice que gracias al señor del Fuji por evitar que metiese otra vez el bicho ese en casa y taladrase las paredes del salón haciendo el monguer.

Y por supuesto a todos vosotros por seguir leyendo y comentando aquí mis historias aunque las escriba sin criterio ninguno!!!

:ungusto:


Todas las fotos en el álbum de Flickr.
Fotos de la otra vez en este otro álbum.
Posts de la otra vez:
Fuji, la subida
Fuji, cima, bajada y cierre
El Fuji-video

Estaba yo ayer lidiando con las agujetas de subir por segunda vez al Fuji, que casi me arrastraba por el supermercado (por cierto, que estampé el dron contra una ladera del peazo del volcán y ahí se quedó para siempre… si os portáis bien os lo cuento algún día de estos…. ;) )

Bueno, que me lío: el caso es que Chiaki me había encargado unas movidas para Kota y como complacer sus deseos es mi misión en esta vida, allí que arranqué a por las manzanas y los plátanos. Entre pasillos iba yo con un frío de pelotas, que ponen el aire acondicionado en modo atodopedo, que una vez fui al baño y tenía la picha como un segundo ombligo, acabé encaminando mis pasos hacia la charcutería para ver si tenían un poco de choricico rico. Ya me piraba cuando me acordé que a Kota le molan mucho unos helados que hay que tienen forma de tajada de sandía y empecé a rebuscar.

De sandía no encontré, pero un producto salvaje apareció:

¡¡ Helado de lechuga !!
:pirao: :ahivalaotia: :pirao:

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Compré uno, por supuesto, y ayer mismo a la noche nos lo zampamos a pachas entre los tres. Chiaki dice que psi, psá, Kota lo escupió directamente en el sofá y mi veredicto decisivo de pruebamierdas-supremas-expert es que: ¡coño! ¡pues si que sabe mucho a lechuga!! pero vamos, un logro del I+D japonés que no prosperará, porque aunque el sabor a lechuga lo tiene y bastante, también hay que decir que precisamente una lechuga pelada no es el halago que todo paladar añora.

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Remirando un poco por internet, resulta que la movida viene de Kawakami, que se ha hecho famoso aquello precisamente por el helado este; bien mirao no ha estado mal jugado esto, no: aquí estamos hablando de la historia.

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(las dos últimas fotos son de este blog)

Ala pues! voy a seguir con el rascatecleo! :flipanderer: :rascatecler:

 

Sip, tal y como suena. No sé si sabéis, y si no ya os lo cuenta el tío Tosca, que el I+D de Nestlé Japan está desatado completamente y todos los años se cascan unos sabores, digamos, muy de quedarse culiplater. Echemos un ojete a algunos gracias a los señores de Kotaku que se han cascado un recopilatorio:

Fresa


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Mezcla de cítricos


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Pera


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Manzana


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Edamame (habas de soja)


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Boniato


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Chili japonés


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Galleta de canela


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Tarta de queso y fresa


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Arándanos


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Té verde matcha


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Té verde tostado (hojicha)


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Sirope de azúcar moreno


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Alubia roja (el anko famoso de aquí)


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Wasabi


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Y muchos más que hay, como el de sakura o el de melón, si le echáis un ojo a la página correspondiente de la Wikipedia veréis el maravilloso disparate que es esto. Yo creo que he probado todos menos el de pera y el de galleta de canela. El de wasabi estaba bueno de cojones y el de hojicha también, mejor que el de matcha incluso.

Weno, total, que ahora para seguir con ese complejo de attetionwhore que me llevan encima, han sacado uno con sabor

Pastilla para la garganta
:pirao: :desquiciao: :pirao:

“のど飴味” (nodo ame aji) en japonés, efectivamente contiene un 2.1% por chocolatina de polvo de pastillas para la garganta. Según esta gente, al intercalar este polvillo entre las capas de chocolate blanco, la chocolatina obtiene un “sabor estimulante y fresco”, habrá que tocarse los huevos un ratejo.

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Como imagen de la nueva serie, que por cierto se vende ya en Japón desde antes de ayer como anunciaron en el twitter de KitKat Japan, han puesto a un tal Yasutaro Matsuki que por lo visto es un ex-jugador famoso de fútbol que ahora se ha metido a comentarista deportivo y parece que ser que le mete mucha pasión a las retransmisiones dejándose la garganta a grito pelao. Por ahí parecen ir los tiros: cuando se resienta la garganta, kitkat de este y a dar más voces!

(Jajaja, tengo que confesar que no tenía ni puta idea de quien este tipo, pero que ya me cae guay)

Cuando lo pruebe, ya diré algo a lo mejor.

Ala pues!! :triki:

Atsuki Segawa es un diseñador al que le ha dado por coger ukiyo-e tradicionales japoneses y meterles animación con bastante gracia.

Ahí van unos cuantos con mucha chispa:

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044_歌川国輝「遠藤武者盛任-河原崎権十郎-渡辺左衛門-坂東彦三郎」(ロゴなし)_840_627.gif

031_東洲斎写楽「二世沢村淀五郎の川つら法眼と坂東善次の鬼佐渡坊」.gif

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Si queréis ver más, en su web :triki:

Hace unas semanas ya que me contactó un paisano mío de Zalla que es locutor de radio en Onda Vasca para hablarme de una sección de su programa en la que hablan con vascos que están viviendo en otros países. Me hizo mucha ilusión porque además resulta que nos conocía del pueblo y me contó incluso anécdotas de mi hermano Javi que yo no sabía.

Hubo una temporada en la que hablaba por la radio cada poco colaborando en distintos programas y la verdad es que lo echaba mucho de menos a la vez que me puse bastante nervioso los minutos antes de recibir la llamada. Luego ya me solté bastante y como se puede comprobar en la grabación, no hubo huevos a que me callase, jajaja.

A mi me hace bastante gracia escucharme, ¡a ver qué os parece a vosotros!

:pirata:

¡¡ Muchas gracias Alex !!
:gustico:

Llevaba un par de días regulero con la garganta y el jueves a mediodía decidí volverme a casa porque me subió la fiebre y no sabía hacer ya el Javascript ni con un canuto. Por la mañana, como cada dia, había ido en bici, pero a la vuelta y después de dudar bastante, pensé que mejor no arriesgar a ponerme peor con la sudada y la dejé aparcada ahí en los Shibuyas volviéndome en el tren chuchú. La cosa es que aunque aquí no suele pasar nunca nada, andaba yo ya inquieter: no me gusta un pelo que mi pobrecita pase la noche solica por ahí… aguanta, orbeica mía, que ya vuelvo a por ti en cuanto me ponga bien!! no te hagas caso de las gyarus pelandruscas!!

El viernes, que aquí fue fiesta y ya por la tarde estaba yo bastante recuperado, volví a montarme en el tren para ir al encuentro de mi amor biruedil. De paso, como ando al loro siempre para comprarme la Nintendo Switch y los viernes a mediodía corre el rumor de que son los “restocks”, llevé la cartera con bastante dinero por si sonase la flute.

Ba, ni pa Dios… no tengo claro si estos de Nintendo son unos putos genios del marketing, que nos tienen en ascua viva por comprarles en cuanto tengan más, o los mayores desastres planificando a este lado del río Sumida.

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Me recorrí las tiendas habituales a contar cartelicos como el de arriba y enfilé cabizbajer y tristonero al parking de bicis. Hostias, por cierto, cuanta gente hay siempre en Shibuya, la madre que parió a Peneke, qué disparate y que sindios, mira que estoy por aquí todos los días y no me acostumbro todavía. Lo único bueno que le veo es que si te tiras un cuesco, a ver quien tiene cojones de señalar a alguien!

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Total, que acabé por fin con mi bici que estaba enterica y reluciente, le puse las luces que llevaba en la bolsa, la funda acolchada para el sillín en pos de que no sufriese mi excelso nalgar, y casco en melón, pillé la cuesta del 109 a la izquierda enfilando ya para casica. Me desvié un par de kilómetros con la intención de pillar unas hamburguesacas para la cena que Kota andaba con antojo, pero cuando llegué y justo antes de pedir, me di cuenta de que no tenía la cartera…

:peneke: :copon: :peneke:

Lo primero que pensé, pardillo de mi, fue que no la había cogido, así que le pregunté a Chiaki por si me la había dejado olvidada encima de la mesa o por ahí. La estuvo buscando un rato pero me decía que o se la había comido Kota, o allí en casa no estaba….

:peneke: :copon: :peneke:

Me volví para casa a buscar yo también, ya que, total, estaba bastante cerca… pero nada, ni pa Dios: lo más probable es que se me hubiese caído en Shibuya cuando saqué el casco de la bolsa.

¡¡ Maldita mochila-mierder que no tiene bolsillos y va todo junto ahí !!

En fin, no quedaba otra que tirar para Shibuya otra vez… segundo viaje en bici, trayecto que hice a todísima hostia folladísimo en do menor pensando en todo el jaleo que iba a ser cancelar las tarjetas de crédito, sacarme de nuevo el carnet de conducir, el DNI de aquí con mi recién estrenada visa permanente, liar a la de recursos humanos de la empresa para la tarjeta de la seguridad social… bufffff, jodé, pensaba mientras pedaleaba, dono mi huevo menos peludo con tal de encontrarme la cartera con todos los documentos, el dinero ya me la refulfla!!

Total, que llego con una sudada que ni Paquirrín con un cuaderno de rubio, rebusco y rebusco por allí y tampoco aparece. Ya medio desesperao voy donde el guardia del parking y resulta que está sentado en una silla de camping ahí sobao entero el gachó. Era una escena curiosa, porque tenía un chaleco de esos reflectantes que usan aquí pero con luces rojas que parpadean a todo meter; es decir: era un señor durmiendo al que se le veía desde la MIR.

Di un par de vueltas otra vez y como seguía sin aparecer, me fui a despertarle a semáforo-man con un par de sumimasens a cada cual más alto.

– Sumimasen
– SUMIMAsen
– Eh, hai haaaai
– Perdone, que es que hace una hora o así yo pa mi que se me ha caído la cartera por allí, no la habrá visto, ¿verdad?, o alguien que se la haya dado o algo…
– Pos no… pero lo mejor es que preguntes en la comisaría a ver…

Dicho & hecho, lo cierto es que ya iba yo con esa idea también, señor árbol de Navidad, pero total, tenía que intentarlo también, perdón por despertarle.

Tiro para comisaria, la que queda al lado de la estación, vamos, donde hay más gente que en el Aeropuerto del Prat (mwahaha) pero siempre. Dejo la bici ahí en la puerta y sale un policía al momento a echarme la bronca ya:

– Aquí no se puede aparcar, chato moreno, tira pallá.
– Ya ya, pero es que vengo a preguntar a ver si por un casual de Buda han visto ustedes mi cartera que se me ha perdido probablemente por allí por donde el parking de bicis
– Ah, vale, tira padentro
– Voy
– Pero canda la bici, alma de ピッチャー
– Ah, si si -esto lo hace para ver si no he mangado la bici, no es la primera vez que me para un policía y me dice que abra y cierre el candado para ver si tengo la llave, qué profesional, la vírgen, qué profesional.

Dentro de la comisaría, que no había estado nunca, resulta que había un huevo de policías, pero a mi me tocan tres. El que me habla todo el rato, que es un tío probablemente más joven que yo, más serio que el único enano paseando por la playa nudista llena, luego uno neutro que ni fú ni fá, y el tercero que equilibraba la ecuación que no hacía más que hablar medio riéndose y gesticulando un huevo.

Me habla el serio:

– Por favor, tu tarjeta de residente.
– Pues es que estaba dentro de la cartera -tío soseras
– ¿Puedes escribir japonés?
– Un poquejo, tampoco me pidas mucha historia

Interrumpe el sosaína:

– No te preocupes, con que sepas escribir tu nombre y dirección y poco más ya valdría.
– Ah, vale

Me dispongo a rellenar una hoja donde efectivamente se me piden mis datos y luego una lista con lo que he perdido: cartera, color, tamaño, marca, cuanto dinero tenía, qué tarjetas más o menos…

Habla el enfarlopao:

– Hostia puta! (Sugoi!) si sabes escribir japonés de puta madre (sugeee jyouzu jan!!), ¿cuanto llevas aquí?
– Algo más de diez años -le digo intentando concentrarme en lo que estoy escribiendo lo que para un crío japonés sería tirao, pero para mi es el puto pasapalabra
– ¿Y has estudiado por tu cuenta? ¿has ido a la universidad? ¿en qué trabajas?
– Eeettooo, pues …

Interrumpe Paco Umbral:

– Por favor, acaba de escribir

Y se hace el silencio con el que, mira tu, el neutrex parece estar más cómodo, hasta le cambió el color de las mejillas y todo, como mas asonrosao.

El seriales me empieza a hacer más preguntas pero ya en plan interrogatorio muy serio, que donde lo he perdido, que a qué hora, que qué tarjetas tenía y cuanto dinero, que qué hacía en Japón, que cual era mi trabajo… y después me volvía a preguntar, como el que no quiere la cosa, por cuanto dinero y las tarjetas para ver si me contradecía o algo… Todo esto, por cierto, hablándome bastante cerca y en keigo, pero lo peor fue que tenía las cejas depiladas y, joder, me costó aguantar ahí sin descojonarme vivo… poco faltó para hacerme un Rajoy y soltarme…

Después de las preguntacas, que las contesté sin dudar porque, coño, era todo verdad, el neutrales saca una bolsa transparente con mi cartera dentro y yo pego un bote porque no me esperaba que la tuviesen:

– ¡¡Esa es!!, ¡¡¡toma toma toma toma!!!! pero falta la tarjeta azul de la oficina, que estaba en el bolsillo de fuera… -empiezo a decir dándome un poquillo igual, todo sea dicho

De repente salta el exaltao:

– ¡¡ no te preocupes !!, cuando la han traído he tenido que listar todo lo que había y después he metido todo dentro, me acuerdo de esa tarjeta, está dentro con el dinero, están los 30.000 como dices que había, ¡está todo! ¡qué suerte!, ¿eh? ¿eh?, ¡que bien! ¡Japón es muy seguro! ¡omotenashi!

Yo ya me reía abiertamente:

– Jajaja, jodé que si, os debo la vida, mil millones de gracias

El neutro neutraba a su aire más callao que Eduardo Inda con un detector de mentiras, pero el serio cejastrinque cortó todo atisbo de alegría con su voz ajusticiadora, joder, cualquiera diría que estaba resolviendo el caso del siglo:

– Rellene, por favor, este otro formulario como que le hemos entregado la cartera

Y vuelta a empezar: otra hoja con mis datos y mi firma certificando que estaba todo y que ale, a pastar por la sombra.

Salgo de la comisaría de culo haciendo reverencias deluxe plus, quito el candado de la bici y cuando me voy a pirar salta el toloco:

– Cuidao con la bici, ¿eh?, nada de llevar los auriculares esos que tienes colgando del cuello, ten mucho cuidao que hay mas accidentes que ni sé de bicis últimamente y encima ahora por la noche más todavía, ten cuidado, ¿eh? y no pierdas la cartera más, que es importante, ten cuidao.

Unos cuantos gracias gracias si si gracias gracias si si después ya estaba yo tirando pa casa otra vez, pero con la cartera bien guardaíca, la sonrisa puesta y el culo y las piernas que ni las sentía ya cuesta parriba cuesta pabajo.

Curioso país de locos en el que estamos, Tosca, curioso, disparatado, pero sin duda maravilloso país.

:gustico:

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Chiaki no andaba muy católica el domingo. Ya, ya sé que es budista, pero coño, ya me entendéis. Y como Kota entre cuatro paredes es el demonio de Tasmania on steroids, decidí llevármelo a un parque que hay cerca de casa y que así ella descansase y de paso el pequeño Toscano se desfogase a todo lo que le diesen esas canillas blancurrias que me gasta.

Estoy acostumbrado: quiero decir que Chiaki hasta hace muy poco trabajaba todos los sábados, con lo que siempre nos hemos quedado los dos solos desde que ella dejó la baja; recuerdo perfectamente que Kota empezaba a ponerse de pies y daba algunos pasos a duras penas. Creo que es una situación quizás no tan habitual en los tiempos que corren: lo de que haya un día fijo a la semana para nosotros dos solos, sin nadie más. Por una parte prácticamente todos los planes de mis amigos son en sábado, con lo que no se puede contar conmigo para nada, pero por otra pasamos días que son especiales y que sé que añoraré sin excepción. Me enorgullece y me emociona que pueda vivir tanto tiempo con él de su infancia más allá de verle un par de horas por la mañana y por la noche a toda prisa entre desayunos, guarderías, baños y cenas.

Bueno, total, que fuimos al parque. Me enrollo un huevo para decir dos cosas y media… empalago de padre cuarentón, no me lo tengáis en cuenta.

Esta vez llevamos la bici que le compramos además de las palas y el cubo para jugar con la arena, y estuvimos un buen rato practicando parque arriba parque abajo. Es de esas minibicis pequeñas sin pedales que se monta y corre con sus propias piernas a lo Picapiedra; todavía le falta para coger velocidad, pero ya le va pillando el truco. Miedo me da y miedo anticipo viendo el nervio que tiene, que no para quieto ni durmiendo, y esto, amigos, es literal: el otro día apareció no ya fuera del futón, sino tirado en el suelo con medio cuerpo fuera de la habitación.

Hay que ir merendado a jugar con él. Quiero decir que lo mismo te echa una carrera, que sale corriendo detrás del balón camino de la carretera, que se tira de cabeza por el tobogán sin conocimiento alguno. No esperes estar solo a verle jugar, porque la cosa no va así; coño, que hay que cumplir, que hay que dar la talla y estar a todas con el, ¿sabéis porqué?, porque llegará un día, más pronto que tarde, en que ya no querrá bajar al parque con nosotros y hasta entonces, amigos, no perderé ni uno solo porque esos momentos suman tanta vida… pero tanta vida…

Lo que no quita para que acabes agotado y no sólo físicamente: diría que uno desarrolla un sentido arácnido y no es que huelas, sino que paladeas el peligro: es como si analizases, a lo JARVIS, todas las posibles combinaciones en las que el resultado es invariablemente que se abra la cabeza: el muro de al lado del columpio, la barra de detrás, los críos mayores jugando con el balón de la izquierda, el árbol…

Bah, como si me costara, anda que me va poco la marcha a mi… lo paso yo a veces casi mejor que él subiéndome a los árboles o trepando por los columpios como el tarado que realmente siempre he sido y que recupero ahora con la excusa perfecta de estar con él.

El caso es que el sábado estuvimos solos en el parque un buen rato, lo que es algo poco habitual. Supongo que siendo Agosto como es, la mayoría de la gente se habrá ido fuera de Tokyo de vacaciones…

Esto estaba pensando cuando en lo que estábamos haciendo una montañaca de arena, apareció otro crío con su correspondiente padre también. Era un chaval de la misma edad que Kota aunque bastante más paradete. Su padre sería un poco más joven que yo, pero diría que tampoco demasiado… no fiarse, que ya se sabe que con los japoneses uno no acierta ni con pistas.

El muchacho en cuanto se bajo de la bici de su padre, salió corriendo a los columpios y allí trato de subirse a uno sin demasiado éxito. Su padre llevaba un rato sentado en un banco mirando el móvil pasando, por supuesto, de todo ojete ajeno al suyo.

Kota decidió tirar la pala por encima de su cabeza, llenándome la mía de arena, y corrió a subirse al tobogán. Al bajar, decretó que había subirse por el lado de deslizarse y volverse a tirar y cuando hizo esto dos veces, desterró el tobogán, de momento, para echar a correr hasta esconderse detrás de un árbol y gritar “papaaaaa me he idoooo” a grito pelado en perfecto japonés.

Yo hice como que le buscaba debajo del tobogán, detrás de uno de los bancos… hasta que por fin le “encontré” detrás del árbol. “¡Te cogí!”, dije en castellano, y entonces echó a galopar descojonándose vivo camino de la montaña de arena otra vez. Allí estaba el chaval, todavía con el casco de la bici puesto, de pies, quieto sin hacer nada, sin otra preocupación que mirarnos en silencio. Quería esbozar una sonrisa, se le notaba desde el árbol de al lado de los columpios, pero su timidez le paralizaba desde las comisuras a los tobillos.

Kota le habló: “holaaa, ¿cómo te llamas? ¿qué haces aquí parado? ¿no tienes palas? qué casco más bonito, ¿cómo te llamas?, ¿qué haces? ¿vas a la guardería? ¿cómo te llamas?” en su japonés ametralladora de los domingos por la tarde.

El niño no contestó. Solo hacía por aguantar la sonrisa y, sobretodo, las ganas de echar a correr y esconderse detrás de algún árbol con alguien que hiciese por buscarle.

Su padre ya no sostenía el móvil con las dos manos en el banco, ahora solo lo hacía con una porque en la otra aguantaba un cigarrillo entre los dedos.

“Hola”, le dije yo en japonés, “¿quieres jugar con nosotros? ¿hacemos una montaña más grande todavía?”. Asintió con la cabeza y casi creí ver que se reía. Entonces Kota le acercó la pala amarilla, porque la roja es suya y nadie puede osar tocarla. Pero el niño, cuyo nombre no supimos nunca, no la acababa de coger, así que Kota, con su habitual paciencia de dos segundos, me la dio a mi para que se la diese yo y se dispuso a cavar con la suya.

Me acerqué al chaval, pala amarilla en mano, cuando, yo que sé de donde, apareció el padre con la cara avinagrada, nos hizo un par de reverencias sin mirarnos ni hablarnos, le cogió en brazos, le montó en la bici y se lo llevó por donde había venido diez minutos después.

El chaval nos miraba y nos decía adios con la mano mientras se alejaba.

– “Se tenían que ir, ¿verdad?, a ver si otro día juega con nosotros”, me dijo Kota.

– “Si”, contesté yo, “otro día, a lo mejor juega”.

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