Carteles
Lunes luneeeero cascabeleeeerooooo. Ole ahí!!
Bueno mozos, según vamos empezando la semanica moruna ésta, ahí va una recopilación de carteles y diseños que me llamaron la atención por algún simpático motivo:

















Lunes luneeeero cascabeleeeerooooo. Ole ahí!!
Bueno mozos, según vamos empezando la semanica moruna ésta, ahí va una recopilación de carteles y diseños que me llamaron la atención por algún simpático motivo:

















Menos mal que ya parece que está solucionada la liada padre ésta… en fin, pasemos sin mas dilación a la narración del bonito sobrevenido de la pisodisea que me ha acontecido las pasadas horas de nuestro señor el Daibutsu:
Resulta que cuando llegué, yo no tenía visado de trabajo, aunque vine con un contrato de una empresa japonesa bajo el brazo, así que nada más aterrizar empezamos a mover los papeles y al de mes y medio ya era oficialmente un tío encorbatao homologao ya para izakayarme después de trabajar y arrastrarme por los andenes de la Yamanote entre otras simpáticas y cercanas aficiones. Pero claro, de mientras en algún lugar tenía yo que pernoctar, así que empezamos la búsqueda de la madriguera que se tuvo que poner a nombre de mi empresa porque yo todavía no tenía el visado, y además porque soy más extranjero que la nocilla y sin un aval japonés no te alquilan.
Esto del aval tiene su truco, porque resulta que hay empresas que se dedican precisamente a avalar a extranjeros por una módica cantidad anual. Vamos, que es todo un paripé a degustar con edamame y Calpis soda. Paro aquí para hacer hincapié en mi especial simpatía hacia las inmobiliarias, y de paso señalar que se extiende con la misma cantidad de bonito amor a las aseguradoras, bancos, consultorías y al carapepino de Ben de Lost que me ponía de los nervios y bastantes pocas ostias se llevó.
En España la cosa con los extranjeros no sé como será, pero me imagino que parecida, la única experiencia que tengo yo con un alquiler de vivienda fue en Rekalde donde me eché atrás una semana después de dar mi palabra al dueño porque me salió la oportunidad de venirme a Japón, y el tío aparte de venir a la devolución de las llaves con su hija y el novio de su hija, por si me ponía yo farruco supongo, me puso a parir y me hizo pagarle un mes de alquiler cuando ni siquiera había dormido allí ni una sola noche. En fin, entiendo que hubiese que pagarle algo porque al echarme atrás les hice una faena, pero las malas maneras sobraron y lo cierto es que me acabaron de rematar en la época en la que acontecieron. Si pasase ahora otro gallo berrearía, y ni novios ni nueros que valgan, mecagüen.
Bueno, total, que el piso durante estos tres años ha estado a nombre de mi empresa anterior, la japonesa. Pero las cosas están tan mal que se van a declarar en bancarrota, es decir, que inmediatamente después de dar la noticia, los señores de hacienda van a congelar todos los activos de la compañía, y en los papeles aparece claramente un contrato de alquiler de mi piso. Técnicamente no es un activo, sino un servicio que el dueño le está dando a la empresa, pero sí que hay un dinero dado en depósito y además no queda claro si se presentaría gente aquí a hacernos mil preguntas a mi y al dueño, que vive al lado por cierto y eso no me hace mucha gracia. Lo mismo se planta aquí hacienda a embargarme la colección de revistas de El Jueves, y eso si que no.
Mi exjefe me llamó avisándome del lío ayer, y ayer mismo nos pusimos manos a la obra. Michiko, que es mi ángel de la guarda y que de tantos favores que me ha hecho ya no sé ni cuantos monumentos le tocan cuando me ponga a hacerlos, se vino conmigo y estuvimos algo así como cuatro horas de reloj en la agencia inmobiliaria contándoles la situación. En principio la cosa parecía fácil: cambiar el contrato de nombre, en la práctica nos complicaron todo de una manera que de hacer un powerpoint sólo se vería un cuadrado donde pone “persona extranjera” y cientodiecisiete flechas que acaban apuntándolo.
Total, después de revisar mil papeles, llamar como cuatro veces al dueño de la casa (que, insisto, es mi vecino y le veo prácticamente todos los días), otras tantas llamadas al abogado de la empresa que es un señor de gafas bajito muy majo que les explicó la situación treinta veces, accedieron a hacer el cambio con las siguientes condiciones:
- Hay que cancelar el contrato actual, mi exjefe tiene que firmar un papel y traer el sello de la empresa
- Hay que hacer un contrato nuevo a mi nombre, pero como soy extranjero y no tengo una empresa que me avale (mi empresa actual sólo está en Irlanda), hace falta aval, por suerte hay una amiga japonesa que se ofreció y a la que tengo asignados un par de monumentos también (Michiko no puede porque está en el paro, pero se ofreció la primera)
- Hacer un contrato nuevo implica que tengo que volver a pagar el key money, la gaita esa que se inventan por la cual le regalas el equivalente a un mes de renta a los dueños. Esto no es por ley, es una historia que se inventó alguien hace un montón de tiempo y lo aplican cuando les da la gana a criterio de los dueños. Esto me ha dolido, y no sólo por el dinero, ¿he dicho que son mis vecinos, que me conocen desde hace 3 años y que lo más que he liado es que por culpa de la gripe A se me olvidó pagar la renta un día y lo hice al día siguiente?. ¡Si hasta me pongo auriculares para ver la tele por no armar ruido!.
- También implica cancelar el seguro de incendio porque está a nombre de la empresa anterior y hay que hacer uno nuevo a mi nombre
- Todo esto tiene ciertos gastos para la agencia que por firmar un par de papeles me clavan el equivalente a medio mes de alquiler
Es decir, que lo que yo me esperaba, o tenía olvidado porque el contrato tocaría renovar en marzo del año que viene, me ha venido ahora mismo de sopetón dejándome las finanzas temblando y los pelos como chinchetillas apoyadas de culo. Me había planteado hasta cambiarme de sitio y estar un poco más cerca del centro para poder salir a las noches y volver en bici olvidándome del último tren, pero lo cierto es que estoy en el centro geométrico de los dojos de Karate y de Capoeira, y a día de hoy es lo que mueve mi vida, así que aquí me quedo poniendo un huevo.
El martes tengo que ir con los tariles, que los tengo de milagro, y después de otras treinta y tres firmas, el contrato de alquiler estará a mi nombre oficialmente por dos años más, aunque está por ver que va a pasar el año que viene con el visado.
Y esta ha sido, oh buenas gentes, la pisodisea contada según acaeció a los ojos del que les habla. Cuentan que después de semejante sucedido, el protagonista de la historia cambió su estado espiritual por uno más acorde al fenecer de la semana recordada con hastío hasta ese momento…
Ala pues

Hoy no tengo ganas de escribir para nadie, hoy paso del blog y recupero mi diario, éste que empecé a garabatear allá por el 2007 con la pluma que Beatriz me regaló hace ya tanto que parece que haya sido siempre mía. Y es que hace mucho que no escribo nada aquí por culpa del blog, y ya iba siendo hora de guardarme algo para mí mismo, un libro secreto con lo que de verdad siento al abrigo de miradas desconocidas.
Ha sido un gran día, un día de esos que se recuerdan una y otra vez con cariño, ya casi con nostalgia a pesar de que quedan algunas horas. Tampoco es que haya pasado nada del otro mundo, o no nada que no haya pasado antes, pero yo lo he vivido de una manera especial, como si cada pequeño detalle contase un poco más que siempre, como si el agua del grifo supiese mejor, o las nubes fuesen más blancas.
Ahora, mientras escribo, tengo ganas de llorar. Estoy por parar y dejarme llevar, desahogarme y soltar por los ojos lo vivido últimamente para comenzar mañana de nuevo. Pero no, no voy a llorar, voy a escribir porque quiero escribir, quiero que quede constancia de lo que ha pasado hoy, de que, por ejemplo, he hecho mucho ejercicio a pesar del calor asfixiante y húmedo de ésta época en Tokyo. Nunca pensé que iba a volver a vivir más de una época de lluvias en Japón, y con ésta ya van cuatro. Pero claro, tampoco pensé que iba a estar aquí viviendo sólo tan lejos. Dios, qué solo me siento ahora mismo, ¿será por eso que quiero llorar?.
Me gustaría que alguien me estuviese esperando aquí, en casa, que hablásemos de cómo han ido hoy las horas de rápido o de despacio, de nuestros días separados ahora que estamos juntos otra noche más. Seguramente no estaría escribiendo, sino cenando con una jarra de cerveza fresquita y dos coloretes más en la cara, de contento. Te contaría, si tu fueses ella, que hoy en Capoeira me han salido las cosas bastante bien, que Sucuri me ha encargado el diseño de unas camisetas para la visita del maestro más famoso del mundo, que se viene a darnos un curso. Es curioso como cambia uno cuando pasa tiempo con la misma gente… es como si ahora hubiese ganado un grado más de amistad, de confianza con mis compañeros porque ya compartimos ciertas vivencias que nos han unido un poco más: un campamento, muchos entrenamientos, algunas fotos…
A pesar del calor, seguro que te abrazaría, me pondría detrás de tí y trataría de abarcarte con mis brazos mientras huelo tu pelo. No sé en qué idioma hablaríamos, pero el abrazo seguro que te lo daría, de hecho ya llevaría más de uno. Y seguiría contándote que igual que hay personas con las que me llevo mejor, otras veces me da la impresión de que no caigo bien a algunas otras, aunque no es evidente, quizás todo esté dentro de mi cabeza, o quizás no. No le doy importancia, no te creas, o no más de la debida.
¿Sabes que me lee mi madre últimamente por internet?, me acuerdo en el año 2001 cuando vine aquí por primera vez que fue capaz de hacerse con una conexión por teléfono, y crearse una cuenta de correo, y escribir algún que otro mensaje que yo leía con cariño en la oficina porque en el piso no teníamos internet. Añoro que gente que conozco me escriban emails, ya casi nadie lo hace, quizás porque yo tampoco lo hago… a veces pienso que debería pensar un poco más en cómo paso mi tiempo libre porque estoy distanciándome de la mayoría de las personas de mi vida anterior. Es normal, pero debería hacer algo porque pasase un poco menos rápido.
También he ido a Karate, otro de tantos miércoles en los que ha venido Kanazawa Kancho. Hoy ha sido ligeramente distinto, se ha parado a hablar conmigo aunque sólo han sido algunas palabras, pero en japonés. Me he emocionado mucho aunque me lo he guardado para mi, y el cansancio se ha evaporado sintiéndome más motivado que nunca. De repente me he dado cuenta que soy capaz de seguir toda la clase en japonés, que incluso en los descansos no uso otro idioma, y aunque llevo tiempo haciéndolo, hoy ha sido cuando lo he notado. Debería estudiar más japonés, no, debería volver a estudiar japonés. Algún día. Ah!, también me ha hablado Daizo Kanazawa, y con Takahashi sensei hemos estado comentando los combates de la competición. De verdad que me he sentido bien, motivado, respetado, quizás querido.
Al principio en el vestuario he coincidido con Kojima-san, que majo es este chico, a veces quiero perderle un poco el respeto y decirle que deje de fumar, pero no me acabo de atrever. Y le he dado un CD con las fotos que le saqué en la competición, junto a algunas que revelé más bien por ver cómo quedaban que por regalárselas, pero así he matado dos pájaros de un tiro. Me ha preguntado por el campamento de éste año, y yo le he dicho que no creo que vaya. Y es verdad, no lo tengo nada claro ni económicamente, ni por tiempo porque tendré que aclararme pronto si quiero seguir más en Japón o no… tendré que decidirlo antes de que el tiempo lo decida por mí.
Bueno, me parece que voy a dejar de escribir ya, aunque me ha gustado volver a coger la pluma y sentarme a la luz de la lámpara del escritorio sin ordenadores, ni cotillas desconocidos de por medio. Creo que le hará bien a mi salud mental que lo haga más a menudo… aunque tampoco me iba a venir nada mal encontrarte de verdad, y que te vinieses a prestarme tus oídos de vez en cuando a ésta hora en que el día es ya tan viejo que no sabe muy bien para donde tirar. No dejaría de escribir, pero primero te lo contaría todo a tí antes que a nadie.
Te echo tanto de menos y no sé ni quien eres….
Desde Tokyo, un día más que coincide que es Miércoles,
Oskar Díaz

Esta si que es buena, la noticia con la que estoy desayunando aquí el desayuno de los campeones. ¿Pues no resulta que un señor le ha pegao un puñetazo en la jeta a otro por hablar con el móvil dentro del tren?. Por lo visto, éste intelectual de 49 años estaba hasta los tamagos de uno que parece que estaba formando bastante escandalera hablando con el móvil, así que le ha debido decir que eso no son maneras. Hasta aquí de acuerdo, lo cierto es que a mi me molesta bastante cuando alguien va montando el circo y todos tienen que escuchar las tontás que tienen a bien compartir con todo Cristo estos mostrencos tocahuevos.
Pero ojo, que el otro le ha debido decir que nones y se han puesto a discutir. Tampoco nada del otro mundo, a nadie le gusta que le digan que molesta, supongo, aunque seguramente yo hubiese colgado la llamada. La movida es que al salir los dos del tren en la estación de Takadanobaba, el lumbreras que se quejaba le ha soltado una mirinda en la cara al otro que lo ha dejado tambaleando y, aquí viene el lío, que en lo que estaba medio grogi, el hombre se ha dado contra un tren que pasaba rompiéndose el brazo. Vamos, que si coincide un poco antes, seguramente se hubiese caído a la vía y game over teléfono, llamada y malas maneras de un plumazo.
Yo me he quedao flipao con el artista, del que por cierto publican el nombre entero en el periódico en vez de sólo las iniciales. Está claro que un mal día lo tiene cualquiera, y que hay mucho tontolnardo que no es capaz de respetar unas mínimas normas de educación, pero que llegue a pasar esto… aunque bueno, no tiene ni comparación con el vagón de los Gremlins que volvían de Zalla a Zorroza en el último tren en mis tiempos mozos, que hubo un tarao que le pegó un puñetazo a una fluorescente y se hizo un tajo en la mano que me estuve riendo diecinueve días y quinientas noches.
Leyendo los comentarios de la noticia, hay una cosa en la que tienen razón: algunas veces hay grupos de gente hablando bastante alto y aunque molestan más, da la impresión de que no es lo mismo que alguien que esté hablando por teléfono. La razón de esto es que se hace mucho hincapié, se insiste muchísimo en que se ponga el teléfono en modo silencioso a través de tantos y tantos carteles, o de decirlo mil veces por megafonía. Es como el ejemplo número uno de mala educación a combatir, aunque pensándolo fríamente sea una tontería bastante grande.
En Tokyo, en cuanto a ruidos la cosa no está muy clara de todas maneras. Aunque en el transporte público se respeta muchísimo, que hay veces que da hasta miedo, después hay una serie de eventos que se repiten cada día y que forman mucha más escandalera en la calle sin que nadie se queje. Pasemos lista, Calista:
- los políticos con los megáfonos en las estaciones, con sus cintas de Mister Talante y sus sonrisas falsificadas
- los de la ultraderecha que van con los altavoces a todo meter gritando barbaridades la mayoría de las veces de muy malas maneras y a volúmen megatrónico
- el pesado que pasa absolutamente todos los días a dos por hora con la furgonetilla de recoger electrodomésticos y la cinta puesta donde te cuenta todas y cada una de las cosas que te recogen, y te las vuelve a contar porque en lo que acaba de pasar por tu calle lo mismo le ha dado la vuelta a la cinta cuatro veces. Terebi, jitensha, konpyuta, nandemo kekko deeeeesu.
- el del tofu con la trompetilla (aunque reconozco que me mola el sonido, como el del yagaimooooooooo)
- los de las tiendas con megáfonos o a pelo gritando a lo loco aunque dudo que nadie les escuche en realidad
- las motos, que aquí las hay con sistema de audio, con lo que la música la escucha el que conduce y todos los demás
- lo que sale de los Pachinkos cuando se abren las puertas haría explotar cualquier sonotone en 10 km a la redonda
No deja de ser curioso que todo esto no parezca molestar, o que si lo hace no se le dé importancia, y sin embargo se le dé tanta a las maneras dentro del transporte público con tanta campaña de sensibilización. Ojo, que me parece genial, ojalá esto se mantenga y uno pueda contar siempre con estar aunque sea un rato tranquilito leyendo o sobao entero en el tren, siempre sin llegar al extremo del justiciero caraflauta este de la noticia.
Pero que hay cosas que no se entienden, también.
Fuente: Japan Today
Tiempo del post: hombre, éste me he tirao mi buena media horilla ahí en plan reflexión, ¿eh?, ojo

El sábado había un evento organizado en Capoeira, estábamos todos los estudiantes invitados a una Roda y después a un concierto de un señor llamado Silvio Anastacio que iba a tocar música brasileña. El gimnasio de Capoeira mola mucho porque a parte de ser amplio, tiene un bar con su barra, su dispensador de cerveza y todo, así que no es raro que nos quedemos allí los que vivimos cerca hasta las tantas tomando zumicos y bebidas isotónicas después de entrenar los viernes.




El plan prometía mucho: Sucuri, el profesor, iba a poner una serie de vídeos de Capoeira explicando algunos conceptos básicos, y después de verlos todo el mundo se cambió de ropa y pasamos a hacer una Roda, la pelea en el círculo, que duró una hora con gente entrando y saliendo cada medio minuto. Yo sólo salí una vez porque todavía no tengo nivel suficiente y la verdad es que acabo haciendo Karate siempre, pero estuvo genial y daba gusto ver a los niños haciendo con los mayores sin ningún miedo. La grabé prácticamente entera, ahí van algunos cachos, a ver si me pispiáis lo poquico que salgo:
Lo siguiente fue preparar un poco el escenario y Silvio Anastacio estuvo tocando música en directo mientras el resto nos sacrificábamos porque resulta que había excedente de zumo de cebada y Caipirinhas y no era plan de que se estropease.
Una de las cosas que más me gusta de este lugar es la cercanía, la camaradería que existe entre la gente. Todo el mundo se conoce y aunque yo no llevo casi nada comparado con ellos, lo cierto es que me siento uno más. Para mi, Capoeira aparte, el lugar se ha convertido en una especie de txoko donde siempre te encuentras a alguien con quien echar un rato aunque no haya clases y el poder hablar en castellano con el profesor es impagable.
Takeshi y Sucuri, los dos profesores, lo mismo servían cervezas que tocaban y cantaban con Silvio, y hasta William, un compañero de padre japonés y madre brasileña, se plantó con su guitarra y estuvo también tocando con ellos…





Además el lugar es perfecto para los chavales porque tienen todo el espacio del mundo para jugar y hacer el cabra…




El resto, pues nos dedicamos a gambitear todo lo que pudimos… y aunque no hubo manera de quitarme de encima la charla sobre el papel que va a hacer España en el mundial, que me interesa lo mismo que la reposición de Jara y Sedal, lo cierto es que me lo pasé genial!!





Conclusión de La chica de Enoshima y La chica de Enoshima II y La chica de Enoshima III
- Oskar san, are you ok? you look sad -me dijo el mismo chico que me invitó a la mesa en la que ahora estaba sentado y que ejercía de anfitrión
- Oh, I’m ok, don’t worry, I’m just fine!! -dije, recomponiendo cada músculo de mi cara para que pareciese verdad aunque dudo que nadie lo creyese en ese momento
Entonces me presentaron a Mika, pero ella casi ni me miró, de hecho en aquél momento cualquiera diría que no le gustaba un pelo que yo estuviese allí. Pero de expectativas tenía yo el corazón vacío desde hacía semanas, así que interpreté el papel de pretender que ella era una más y seguí con mis historias de extranjero de las Europas que no entendía ni jota de japonés, y poco más de inglés, mientras las olas hacían de teloneras de todas y cada una de las canciones del negro con rastas que llevaba toda la noche dejándome bien claro que sin mujeres, no hay lágrimas.
- ¿Has fumado marihuana alguna vez? -me preguntó Mika interrumpiendo la receta de la tortilla de patatas que trataba de contarle a otra de las chicas del grupo
- Si, si que he fumado, bastantes veces, una vez en Amsterdam me pasé de la raya y casi no podía tenerme en pie -contesté yo, dándomelas de más, como si estuviese orgulloso de ello.
- ¿Has estado en Amsterdam? ¡mola!, allí es legal la marihuana, ¿no?
Y después vino París, y Barcelona, y Madrid y Bilbao. Y así, tal cual, de repente estábamos los dos hablándonos y escuchándonos mientras el resto se iba buscando a quien hablar y escuchar. A veces nos mirábamos a los ojos, a veces no. Ella no tenía mucho que contar que no tuviese que ver con Japón, lo cierto es que no parecía gustarle mucho hablar quizás porque tenía que hacerlo en inglés. A mi cualquier cosa que me contaba me valía porque hacía rato que estar cerca de ella multiplicaba por cinco el valor, el interés, el fondo de sus palabras. Era la luna, o su olor, o sus ojos, o el mar, o mi soledad, o el alcohol, o todo junto, o nada.
- ¿Sabes que no es la primera vez que te veo hoy? -le solté de sopetón- ¿sabes que te he visto en Enoshima ésta tarde?
- ¡Lo sabía! ¡sabía que eras tú! estabas con un gato y cuando iba con mis amigas te has enfadado porque hemos asustado al gato
- Hombre, mucha gracia no me ha hecho… ¡pero no me enfadado!
- Perdónanos, son mis amigas de la universidad y casi no nos vemos, así que cuando nos juntamos estamos todas emocionadas -me dijo en un inglés adorable mientras ponía su mano en mi brazo por primera vez -y empezamos a hablar de chicos y de novios y no podemos parar!
- Jajaja, no pasa nada, no te preocupes -dije en mi inglés castizo- sólo estaba dando un paseo y el gato ese pasó por casualidad
- ¿Sabes qué? deberíamos ir a Enoshima mañana tu y yo a buscar a tu gato, seguro que está allí
- Hombre, mientras te estés callada…
Y juro que su risa olía dulce, lo juro.
Pasó el tiempo entre conversaciones a veces sincronizadas y al de un rato en las dos mesas de plástico sólo quedábamos tres personas: había un chico dormido, o lo parecía, estaba Mika y estaba yo. El resto habían asaltado el centro geométrico del lugar y hacían lo posible por parecer que bailaban al ritmo del Marley que hacía tiempo que se venía repitiendo cada hora y pico. Su mano pasó de mi brazo a mi mano, y se levantó y me hizo levantar y me dijo que quería bailar conmigo y yo, como desde hacía horas, me dejé llevar con la careta de reír y la guardia baja.
Si al atardecer era la persona más sola del universo, ahora resulta que tenía una Coronita en mi mano y en la otra la cintura de una chica con cuatro o cinco años menos que yo que me sonreía con su pinta desaliñadamente encantadora, y mi anfitrión levantaba el dedo gordo de su mano derecha aprobando lo que fuera que fuese aquella situación, y al abrigo del resto que nos ignoraba, yo la besé. Y el caso es que ella también me besó.
Así pasamos las dos o tres horas siguientes, entre bailes de mentira, cerveza de México y besos de prestado de después de la medianoche. Ni yo sabía de ella, ni ella sabía de mí, y qué más daba mientras supiésemos a qué sabíamos los dos.
Ahora calculo que el momento en el que decidimos irnos sería sobre las cuatro de la mañana, esa hora ambigua de poco antes de amanecer en la que el despertador ya está frotándose las agujas con la vil idea de no dejar ver el final de los sueños. Nos despedimos de los que quedaban, incluyendo dos parejas quizás también improvisadas y muchos borrachos como nosotros, y acabamos durmiendo el empacho de besos con limón abrazados sobre la arena.
La mañana llegó en minutos, con su resaca que no invalidó la promesa de la noche de hace un rato y volví a Enoshima, ésta vez con Mika. Olíamos a alcohol, a noche en vela, a sudor y a excedente de horas robadas al fin de semana que parecía durar ya tres o cuatro días.
Dentro del tren no quedaba muy claro qué pintaban, aunque me pareció pisar varias veces la sombra que su arrepentimiento proyectaba a mis pies, que junto a un silencio horrible y tres jubilados con sombrero, nos acompañó el resto del viaje.
Cuando empezamos a cruzar el puente que nos separaba de la isla, Mika me cogió de la mano y así, en silencio, empezamos a subir la cuesta y luego las escaleras hasta que llegamos al primer templo. No había nadie, y Mika no hablaba, sólo me cogía de la mano y andaba. El silencio duró mucho tiempo y aunque al principio me pareció incómodo, decidí compartirlo y me acabé acostumbrando, calculo que estuvimos como media hora sin articular palabra mientras subíamos y bajábamos escaleras cogidos de la mano. Fue raro, y aún a día de hoy no me ha vuelto a pasar nada parecido con nadie.
Llegamos al lugar donde el gato salió huyendo gracias a los gritos de la chica que hoy decidió callar, y nos dedicamos a buscar por entre los árboles por si decidiese volver. Por supuesto, no vino, así que nos sentamos tranquilamente en las escaleras, más por descansar que por esperarle. Yo no sabía muy bien que hacer, parecía que estaba allí forzada, que se arrepentía y eso me quemaba por dentro.
Como si me estuviese leyendo el alma, de repente me abrazó y me pidió perdón por haber espantado a mi gato y mientras yo me reía dos veces, una por ver morir al silencio y otra por la frase con la que lo mató, ella me volvió a besar.
No contaré aquí más besos, pero si diré que los hubo.
Contaré que volví a ver a Mika algunas veces más hasta que el destino se la llevó a otro país. Diré que no volvimos a Enoshima pero que me enseñó a entender que aunque la soledad siempre está rondando, se aburre y no se suele quedar mucho tiempo seguido. Contaré que creo que llegamos a querernos mientras descubríamos Tokyo de la mano desmenuzando calles y protegiendo lunas.
Confieso que he llorado a veces paseando sólo por la isla. Y que una vez sentado en las mismas escaleras, volvió el gato gordo a dejarse acariciar y juro que se me quedó mirando fijamente a los ojos como si quisiese sonreír y guiñarme un ojo porque, al fin y al cabo, se salió con la suya y todo ocurrió como él planeó desde el principio.


Por el montón de comentarios del vídeo de ayer veo que la gran mayoría estáis como yo: fue un combate raro porque no marcaron ni un punto. Hubo muchos encontronazos y golpes quizás no demasiado claros, pero también hubo otros que se ven muy bien por ambas partes y allí nadie marcó nada. Al final nos dan otro minuto más en el que el primero que marcase ganaba, pero tampoco, y ya al final me dan a mi la victoria por haber dado una mejor impresión.
Aunque en el vídeo no lo parezca, que estoy bastante sorprendido, físicamente me encontraba totalmente muerto, no podía casi ni respirar y me pesaba todo. La única explicación que le veo es que llevaba desde las nueve de la mañana sin comer nada, y los combates empezaron a eso de las dos y media. Yo tengo mucho mejor fondo y aunque está claro que los nervios y la tensión hacen que baje el rendimiento, lo que me pasó no es normal… ¡no podía con mi alma!. De todo se aprende, para la próxima me llevo unos onigiris o unas barritas energéticas… no veo otra razón por la que me dio tal bajonazo de energía.
A pesar de todo, veo que me muevo bastante más rápido que otras veces, que casi todos los golpes del contrario los veía venir así que ando mejor de reflejos y estaba mucho mucho más seguro de mi mismo. Mejorías sin duda que me indican que voy por el buen camino.
Pasemos ahora al siguiente combate, éste no dura ni la mitad del otro:
Por el cansancio, me sentía impotente, exhausto y sin ideas. En el segundo 28 y en el minuto 1:23 del vídeo se ve cómo le marco dos patadas en la cara que normalmente valdrían dos puntos, pero no me los dan, y luego ya sólo acerté a esquivar los envites del otro hasta que me salgo tres veces del tatami y pierdo. En otras circunstancias, estoy seguro que podría haber hecho un mejor papel esquivándole y contraatacando, o manteniéndole a raya con la pierna, pero de verdad que no podía con mi alma.
Rabia por la pájara rara que me entró, contento porque la mejoría es más que evidente, y orgullo porque ayer me felicitaron en la clase. Todavía mucho que mejorar y mucho que aprender y si de algo sirven las competiciones, más que ganar o perder, es a multiplicar por diez la motivación. ¡Mecagüen la madre que parió a Peneke!
¡¡ Gracias Jordi por venirte a grabar !!

Si, habéis leido bien, éste es el segundo combate, porque resulta que el primero lo gané porque no se presentó el otro.
Aquí va el combate grabado por Jordi, no digo nada sobre él para no condicionar a nadie, a ver que os parece que pasó. Sólo adelanto que fue de los más raros de mi vida porque no entendía muy bien qué estaba pasando…


Pues eso, la tercera edición de la competición de la zona de Oota a la que me presento. La primera vez gané tres combates y perdí el cuarto, la segunda vez perdí en el primero ganándome un mandoble en la mandíbula que me dejó tiritando. Como decía, ésta tercera vez voy con mucha más confianza en mí mismo, no es que antes no la tuviese, pero creo que he ganado mucho en agilidad y rapidez gracias a Capoeira. Hay que tener en cuenta que a los tres entrenamientos semanales de técnica pura de Karate ahora se le han sumado otros tres de movimiento sin parar incluyendo muchas patadas, giros, volteretas…
¡Lo que no quita para que luego pierda nada más salir, pero yo voy muy contento y en la mejor forma de toda mi vida!
Molaría que se viniese alguien a grabarme, que no queda muy lejos y así me quedo con el recuerdo de los vídeos de los combates de cuando me pegaba por los Tokyos!
Es en el estadio de deportes de Oomori (大森スポーツセンター) y la estación más cercana es la de Heiwajima de la línea Keikyu, por ejemplo desde Shibuya hay que ir en la Yamanote hasta Shinagawa y cambiar allí. Por supuesto la entrada es gratis, y aunque la competición es de nueve de la mañana a cinco de la tarde, por otros años yo calculo que saldré sobre las doce más o menos porque al principio son todo katas y categorías infantiles.
Aquí está el mapa, es bastante fácil:
¡¡Si venís dejadme un comentario aquí y así andaré al loro para pasaros alguna cámara o algo!!!
¡¡ Deseadme suerte !!
¡¡ Buen fin de semana !!
